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ALTERED CARBON – TEMPORADA 1


Netflix | 2018
Ciencia-ficción, ciberpunk | 10 ep. de 45-65 min.
Productores ejecutivos: Laeta Kalogridis, varios.
Intérpretes: Joel Kinnaman, Martha Higareda, James Purefoy, Chris Conner, Dichen Lachman, Ato Essandoh, Kristin Lehman, Renée Elise Godlsberry, Hiro Kanagawa, Waleed Zuaiter, Hayley Law, Will Yun Lee.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Casi cuatrocientos años en el futuro los humanos han alcanzado dos de sus sueños, la inmortalidad y las estrellas. Pero, como suele ser habitual, no todos, sólo los ricos. Estos pueden permitirse clones (o “fundas”) que lleven sus “pilas”, las copias de sus personalidades, a cualquier parte, y además sin muchos temores a morir, porque sólo destruyendo todas sus copias alcanzarán la muerte verdadera.

Esta producción de Netflix se basa en la novela Carbono alterado de Richard Morgan publicada en 2003 (2005 en España), si bien el canal ha pasado de traducir el título, aunque no importa mucho porque nadie sabe qué quiere decir. No ha sido especialmente exitosa hasta la llegada de la serie, pero según dicen resulta un título bastante interesante en el género del ciberpunk, esto es, ciencia-ficción donde abundan los avances biotecnológicos y las realidades virtuales y una visión del futuro pesimista y oscura. Supongo que, como pasó con The Expanse (primera novela en 2011, la serie en 2015), muchos acabaremos leyéndola. La lista de productores ejecutivos es larga, pero como creadora se acredita a Laeta Kalogridis, guionista de pocas series y películas, entre las que llaman la atención la notable Shutter Island (2010) dirigida por Martin Scorsese y por el otro lado del espectro la flojísima Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015).

Sin llegar a ser sobresalientes, los primeros capítulos de esta ambiciosa adaptación resultan bastante llamativos. Un presupuesto sin duda abultado permite que sus autores recreen un futuro asombroso, y el origen literario se nota en la introducción a un universo complejo muy atractivo. Es evidente la influencia de las obras cumbres y de los autores primordiales del género. Vienen rápidamente a la memoria William Gibson (Neuromancer -1984-, Quemando cromo -1986-), Masamune Shirow (Ghost in the Shell, 1989) y sobre todo las obras cinematográficas más recordadas e influyentes, Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la adaptación de Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995), y Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995), y recuerda también en algunos momentos al referente actual en televisión, Black Mirror (2011).

Tenemos todos los puntos en común típicos: las grandes corporaciones y los ricos poseen un enorme poder mientras el resto de la humanidad se arrastra en la miseria; las ciudades están sobrepobladas, son lóbregas y sucias, con grandes rascacielos por arriba y mucho tenderete improvisado a ras de suelo; vemos asombrosos avances en biotecnología, inteligencias artificiales y realidades virtuales en su vertiente más plausible e inquietante; y la semilla del cine negro está muy presente también, con un cuerpo de policía desbordado y corrupto y una detective protagonista que trata de desentrañar una trama farragosa mientras lidia con relaciones profesionales y amorosas caóticas.

Pero las bases tan evidentes del género quedan muy bien apuntaladas en pocos minutos y su personalidad y mitología propia se abren ante nuestros ojos con propuestas muy interesantes y grandes promesas. La idea de las pilas es muy jugosa y versátil, tanto en la trama como en los pensamientos subyacentes. Sirve como punto de partida de las historias principales (el renacimiento del protagonista, la investigación, el poder de los millonarios), da pie a giros de guion ingeniosos (gente en cuerpos de otros, clones varios), y sirven para dibujar ese futuro inmediato un tanto perturbador y que da pie a diversas reflexiones (la diferencia de clases, con los ricos inmortales).

Uno de estos millonarios quiere investigar un intento de asesinato contra él y no confía en la policía, así que se busca la personalidad de un convicto, un mercenario rebelde que trajo de cabeza al gobierno hace dos siglos. Si quiere su libertad y conservar la funda que le ha conseguido, Takeshi Kovacs tendrá que resolver el caso en un mundo que ha avanzado mucho en su ausencia, mientras lucha por adaptarse, superar su pasado y encontrar nuevas razones por vivir. Pero no tiene mucho tiempo para pararse a pensar, porque el tipo que lo ha traído de vuelva exige resultados, y además él mismo atrae los problemas allá por donde va. En su funda actual tenemos el eslabón más débil del reparto y primer punto gris de la serie: Joel Kinnaman estuvo muy bien en The Killing (2011) como detective amargado, pero aquí a pesar de tener un rol semejante anda perdidísimo. Se ve que los directores no supieron guiarlo a través de los numerosos líos emocionales que arrastra, pero es que tampoco tiene el carisma suficiente para funcionar como antihéroe de acción (algunas frases ingeniosas y socarronas salen de su boca pareciendo un tanto estúpidas). Sin ir más lejos, el cuerpo original del personaje está tan bien encarnado en los flashbacks por Will Yun Lee que en cada aparición te hace pensar en que él debería haber tenido el papel principal.

La suspicaz detective Kristin Ortega no le quita ojo al recién despertado, pues algo se huele o algo trama. Trabaja sin quejarse a pesar de estar en una comisaría y una ciudad infernal. Martha Higareda transmite muy bien su fuerza y, conforme nos adentramos en su psique, también sus penas. Poe es el dueño de un hotel con estética de las novelas del escritor del que toma el nombre, pero también es una inteligencia artificial venida a menos, así que cuando Kovacs se aloja allí y trae complicaciones puede salir de su aburrimiento. Lo encarna Chris Conner con un carisma arrollador, adueñándose en cada escena en la que aparece. Tanto Conner como Higareda son un gran descubrimiento, pues aunque tienen bastante experiencia no habían logrado papeles muy destacables, así espero que esta serie les consiga más fama.

Pronto Kovacs se busca un aliado, un tipo también en apuros llamado Vernon Elliot; Ato Essandoh ha pasado por infinidad de series, destacando Copper (2012), Elementary (2012), Vynil (2016), y Chicago Med (2016). Y en los flashbacks conocemos a sus antiguos allegados: su hermana Reileen (Dichen Lachman, desde Dollhouse -2009- vista en muchas series), y la líder de la rebelión, Quellcrist Falconer (Renée Elise Goldsberry, secundaria habitual en The Good Wife -2009-).

Laurens Bancroft es el multimillonario que quiere saber quién ha conseguido llegar a su torre inaccesible y superar casi todos los controles de seguridad para atentar contra su vida, pues al morir su cuerpo y tener que restablecer una copia hay horas que no recuerda. Lo interpreta el siempre excelente James Purefoy (Roma -2005-, The Following -2013-), que de nuevo deja claro que relegar a semejante titán a papeles secundarios es un desperdicio: pide a gritos una serie propia con un personaje tipo Tony Soprano con el que demostrar su valía. En su familia, aparte de unos pocos hijos ladinos y mimados y la abogada trepa, destaca su esposa, a la que da vida Kristin Lehman, también de The Killing, con una sensualidad y transparencias de infarto.

Los capítulos vienen siendo largos y pausados, a pesar de algunas dosis de acción, pero son bastante entretenidos y adictivos, pues combinan el drama, el policíaco, el ciberpunk y la distopía consiguiendo un relato bastante atractivo y coherente a pesar de la complejidad del mismo, y se mantiene siempre sensación de avance, de que vamos adentrándonos más en los personajes y el potente mundo presentado. El caso es intrigante, con el sabor a noir clásico del protagonista perdido en una situación que apenas entiende mientras le llueven palos por todas partes y no sabe qué hacer con su vida. Mientras, vamos adentrándonos en la deslumbrante visión del futuro, expuesta con un mimo y detallismo magnífico; por ejemplo, cabe mencionar la interesante aproximación a la religión, con el rechazo a la extensión no natural de la vida. Pero también saltamos al pasado, con la historia del huérfano Kovacs encontrando en una rebelión destinada al fracaso una familia y una vida.

Todo ello con se muestra con un envoltorio visual fastuoso. Entramos a lo grande en la serie con el renacimiento de Kovacs en la bolsa de plástico del nuevo cuerpo, y en seguida pasamos a descubrir la ciudad a través de unos impresionantes planos digitales de coches voladores y edificios que no tienen nada que envidiar a una buena superproducción cinematográfica. Los escenarios están muy cuidados también, y aunque al final te acabas cansando de ver la misma calle del hotel una y otra vez, desde luego los realizadores saben sacarles partido: la fotografía e iluminación, los decorados y el vestuario son impresionantes, la selección musical es muy atinada y, lo más importante, por lo general las labores de dirección son notables, no en vano hay talentos como Miguel Sapochnik (Juego de tronos, 2011) y Alex Graves (El Ala Oeste, 1999) tras las cámaras. Además, el tono para adultos se exprime al máximo: hay desnudos para todos los gustos (en mi caso, espectaculares Higareda y Lehman), peleas brutales y sangre por doquier. Una de las peleas finales contra una serie de clones en pelotas es alucinante, un ataque del gobierno a la rebelión, que acaba con una neblina de cenizas, está rodado con maestría aunque sea puro vacile, y el estilo de lucha de moda entre los ricos es épico también.

Sin embargo, me temo que tan seductora y prometedora como se va desarrollando en su primera mitad, a la larga los pequeños deslices y mejoras evidentes que se podían ir pasando por alto, por eso de que está empezando y todavía hay margen para madurar, van creciendo y acumulándose, y la serie empieza a torcerse y deshacerse a marchas forzadas, demasiado rápido si tenemos en cuenta que la temporada es muy corta. A partir de cierto momento comienza a hacerse un poco empalagosa, en plan me sobran flashbacks que no terminan de ir hacia ninguna parte, pero también porque una vez roto el hechizo se ven las intenciones de asombrar con lo visual (la pelea de rigor por capítulo aunque no venga a cuento) y con enredos (el interrogatorio virtual) más que con terminar de perfilar un guion con enorme potencial. Pero lo más grave es un bajón en el tramo final que resulta realmente decepcionante. Básicamente, hacen un Blade Runner. Aquella dejó de lado la sugerente línea de los replicantes y sus cuestiones filosóficas para desembocar en un policíaco del montón, con un desenlace de aburridos tiroteos y tortas. Aquí ocurre algo parecido…

Alerta de spoilers: Quizá alguno lo considere spoiler, pero tengo que comentar qué no ofrece el final a pesar de que se esperaba a lo largo del año, aunque lo hago sin desvelar las claves de lo que sí ofrece, ni giros concretos ni destinos de personajes. Pero si no quieres saber nada salta al siguiente párrafo.–

Si bien el caso se cierra bastante bien (aunque a medio camino tiene momentos que parecen enmarañados innecesariamente), es algo que creo que todos esperábamos, porque parecía servir como introducción a las historias de largo recorrido, destacando una posible guerra entre ricos y pobres, otra rebelión a la que Kovacs se uniera o incluso iniciara… Y precisamente estas esperanzas quedan en el aire sin terminar de apuntar a nada concreto, mientras que como arco final se sacan se sacan de la manga un culebrón burdo, que empieza por la sorpresa del origen de la funda actual de Kovacs pero pega un salto delirante con la pésima introducción de un nuevo villano. Sus motivaciones son de un ridículo que espanta, por artificial, inverosímil y poco meditado en una serie que hasta entonces trabajaba bastante bien la psicología de sus personajes y venía mostrando un desglose de tramas y giros no brillantes pero sí bien aprovechados. El desenlace acaba patinando del todo en un drama personal pasadísmo de rosca y en una pelea final un tanto insípida.

El cambio de tono no se entiende, y todos los lectores de la novela lo achacan a que sin venir a cuento a media temporada se apartan cada vez más de ella. El esfuerzo en darle garra con el apartado visual apenas vale para mantener el tramo final como un entretenimiento sin pretensiones, cuando en su inicio se veía venir una serie de notable o más en un género donde hay pocos títulos serios y ambiciosos que rescatar. Pero también es cierto que menos es nada, y aunque al final pueda dejar malas sensaciones, el viaje merece bastante la pena y creo que cualquier fan de la ciencia-ficción puede darle una oportunidad. Veremos si de haber segunda temporada hilan mejor el arco del año mientras expanden el universo. Yo aún tengo ganas de conocer más, de ver nuevos mundos.

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ROMA – TEMPORADA 2 Y FINAL

Rome
HBO | 2007
Drama, histórico |10 ep de 50-65 min.
Productores ejecutivos: William J. MacDonald, John Milius, Bruno Heller, Anne Thomopoulos.
Intérpretes: Kevin McKidd, Ray Stevenson, Polly Walker, Simon Woods, James Purefoy, Lyndsey Marshal, Kerry Condon, Lindsay Duncan, Tobias Menzies, David Bamber, Max Pirkis, Chiara Mastalli, Lee Boardman, Coral Amiga, Nicholas Woodeson, Alex Wyndham, Allen Leech.
Valoración:

La segunda temporada de Roma supone un bajón considerable de calidad e interés en su tramo inicial, aunque por suerte a partir de su ecuador remonta hasta conseguir que el año deje un gran recuerdo. Pero sí, da la sensación de que la inspiración de los guionistas tarda en llegar, y de hecho mi impresión es que fue la cancelación la que salvó la temporada, pues obligó a resumir y centrarse en lo más relevante, dejando de lado las historias estiradas y las que no daban la talla. Por no decir que evitó que la serie tomara un camino que no parece muy factible…

Resulta que mientras estaban escribiendo la temporada, la HBO les comunicó que sería la última, porque veían que el dinero invertido no podían recuperarlo. Bruno Heller y demás guionistas tenían planeado un arco argumental de al menos cinco temporadas: la segunda trataría de la venganza de Octavio sobre los asesinos de César (acabando con la muerte de Bruto en la batalla de Filipos), en la tercera y cuarta estaríamos saltando entre Roma y Egipto hasta la muerte Antonio y Cleopatra y el alzamiento de Octavio como Emperador, pero en la quinta nos iríamos más al Este, al jaleo judeocristiano y, atención, al parecer querían llegar a Jesucristo (aquí un ejemplo de sus declaraciones). No se sabe nada concreto de sus planes, pero desde luego parece un tanto absurdo, porque implicaría pegar un gran salto temporal, pues acabamos en el año -27 y Jesucristo muere en el +30, lo que obligaría a un cambio total en la serie: de escenario, de época y de personajes (por edad no quedaría ni uno vivo; Octavio Augusto fallece en el +14). Y bueno, luego está el tema oscuro de la realidad histórica de Jesucristo; miedo da que guionistas de EE.UU. aborden este asunto, me imagino otro peplum que toma la Biblia como literal, con milagros, resurrecciones… Tampoco veo claro cómo querían tener dos temporadas en Egipto cuando la guerra civil de César y Pompeyo les ocupó tan poco en comparación.

Ya en el inicio de esta temporada se puede observar que el alargamiento de tramas y la inclusión de la sección de los judíos no le hacen ningún bien. El ritmo e interés caen bastante, hasta el aburrimiento incluso, en los cuatro primeros episodios de los diez que consta. La fórmula parece gastada, los personajes agotados, la fascinante historia de Roma algo desaprovechada.

Las aventuras de Voreno y Pullo con el colegio (la asociación de matones del barrio) son poco llamativas, probablemente porque ocupan mucho tiempo para ofrecer una intriga muy básica y que apenas difiere de lo visto en el año previo. En aquel entonces, de un capítulo a otro teníamos nuevas historias bien enlazadas y muy atractivas, mientras que aquí las pretendían reducir y estirar. Además el drama personal sigue inclinándose más de la cuenta hacia el culebrón: qué sensacionalista y cansina resulta la historia de los hijos de Voreno, qué forzado el final de Eirene y algunos giros entre Pullo y Voreno (la predecible confrontación, tan breve como insulsa).

Mientras, la intriga de los nobles también está un poco estancada, ha perdido fuelle. Atia y Servilia están muy exprimidas y ya no sorprenden. La tortura de la primera a la segunda es excesiva se mire por donde se mire; y el final de Servilia, tras tanto sufrimiento y giros rebuscados, no me causó desazón alguna, fue más bien una liberación. Los iniciales tiras y aflojas entre Octavio y Antonio (con Cicerón de nuevo danzando entre medio sin ofrecer una personalidad concreta) y la huida de Bruto no terminan de coger rumbo y ritmo. Por suerte una parte más intensa levanta bien esta sección: los líos amorosos están mucho mejor trabajados, sin giros exagerados. La atracción de Atia hacia Antonio, que nace de necesidad política pero en la que luego también aparece el afecto, y el romance de Octavia y Agripa que deben mantener en secreto por culpa de las tradiciones, están bien llevados y ganan cuando la política se mete en medio: las bodas por conveniencia y las separaciones forzadas ofrecen un buen drama.

Pero lo peor es que la trama judía resulta un verdadero coñazo. El matón de Atia, Timon, cobra protagonismo, llega su hermano, vemos a su familia y conocemos un poco de sus asuntos culturales y religiosos, donde el ascenso del rey Herodes al poder (auspiciado por Roma) va a agitar mucho las cosas los próximos años. Pero ni estos personajes tienen el tirón de los demás ni la trama consigue ser llamativa, y además queda muy descolgada del resto.

Los saltos temporales y encuentros se cuidan aún menos que en la temporada anterior, simplemente los guionistas quieren separar y reunir a determinados personajes y lo hacen. El lapso en el que Pullo se va con Eirene y regresa es un tanto cutre, sobre todo tras el diálogo explicativo tan facilón. El tropiezo de Lyde con Pullo es vergonzoso: ¿de verdad ella no conoce el camino a su barrio de toda la vida? El viaje de Pullo tras Voreno y luego el de estos dos tras las niñas tampoco está muy bien expuesto. El crecimiento de Octavio no sabían dónde meterlo y lo cuelan al azar en un momento en que no parece haber pasado mucho tiempo (tres meses creo que dicen); de todas formas, con este cambio estaban bastante atados, y el nuevo de actor es acertadísimo.

Pero con la sombra de la cancelación deciden reescribir gran parte del año, y aceleran y concentran todo lo bueno mientras apartan lo malo. Quizá hubiera sido mejor que rehicieran la temporada entera, eliminando completamente a los judíos y demás tramas poco sustanciosas para empezar con más fuerza con las intrigas políticas, pero se ve que no quisieron desechar el trabajo realizado o no les daba tiempo porque el calendario de rodaje se les echaba encima y posponerlo o alargarlo supone un dineral. Pero menos es nada, y el nuevo rumbo que toma mejora sustancialmente.

A partir del quinto capítulo (Heroes of the Republic), cuando Octavio se siente con la confianza, poder y bazas como para empezar a jugar a lo grande, la remontada es espectacular. Desaparecen los cansinos judíos, de golpe y para siempre, y no se los echa de menos. Los colegios se limitan a un mínimo aceptable y tienen más relevancia en el conjunto con el jaleo de la escasez de grano. Pero sobre todo, gana importancia el conflicto político y vemos que lo hace incluso solventando una de sus carencias en la primera temporada: Octavio y Antonio son personajes mejor trabajados que César y Pompeyo. La guerra de intrigas que se traen los dos hombres más poderosos de Roma es más compleja y detallada, pero si gana es principalmente porque se le da más profundidad al dibujo de los dos líderes. Conocemos al detalle cuáles son sus intenciones, qué temen y desean, las emociones que los embargan en cada momento… No quedan relegados a secundarios como César, Pompeyo y Catón, sino que somos partícipes de sus vidas con mucha cercanía. De hecho adquieren tal protagonismo que casi dejan a Pullo y Voreno como secundarios, cosa que se agradece porque se reducen los giros de folletín con ellos.

Estamos de nuevo ante una intriga política multinivel donde hay muchos protagonistas que van moldeando los acontecimientos, todos ellos accionando y reaccionando a su manera. Así, para cada decisión ha habido detrás movimiento de varios hilos que la han condicionado, y a esta le siguen numerosas consecuencias. Tiras y aflojas, pactos, engaños, jugadas sutiles (sobre todo por parte del inteligente y frío Octavio), matrimonios estratégicos… Hay un montón de grandes instantes, y conforme avanza la temporada aumentan en número y calidad. La boda de Antonio con Octavia como estrategia de Octavio para manejar a Antonio y su imagen pública, el Triunvirato (con Lépido metido con calzador, pero bueno), la caída de Antonio bajo el embrujo de Cleopatra, cómo Octavio consigue poner a Roma en contra de Antonio para reforzar su propia imagen y evitar llamar al conflicto otra guerra civil, la fascinante Livia Drusilla, tan bien conseguida en tan poco espacio de tiempo (atención a la rivalidad con Atia, que le da nueva vida a esta última)… Y los mejores instantes se guardan para el desenlace: el encuentro entre Octavio y Cleopatra (leyéndose el uno al otro) y los suicidios de Antonio y Cleopatra son escenas magistrales. Tan solo hay algún desliz menor, como la forma absurda en que cae Bruto: un romano noble que ve llegar su fin muere con honor clavándose la espada él mismo, no lanzándose a que lo trinchen las tropas enemigas. Por el otro lado, la muerte de Cicerón es muy emotiva.

Todo ello se narra además con bastante fidelidad histórica, sin huecos o cambios forzados a pesar de que condensan bastante los eventos. Los saltos temporales y las escenas difíciles evitadas con elipsis (la gran batalla naval de Actium/Accio) fluyen muy bien, haciendo olvidar los tropiezos del inicio de temporada. Mientras, la parte más ficcionada, la de Pullo y Voreno, como decía parece ganar dándole menos protagonismo. Los personajes son los mismos y su evolución está bien expuesta, pero nos libramos de los giros exagerados. La pena es que su encuentro en Egipto, interesante en principio, desemboca en un desenlace un tanto forzado: Voreno va herido de Egipto a Roma, un auténtico suicidio cuando lo lógico es parar a curarse en el primer lugar medio seguro que encuentren, y Pullo comete la temeridad de meter a Cesarión en plena ciudad, cuando es el heredero más buscado del mundo y además será difícil quitarle su educación como soberano.

En cuanto a personajes secundarios, algunos funcionan muy bien pero otros no terminan de despuntar. Octavia resulta muy atractiva gracias a que le ponen problemas más realistas de las mujeres romanas y menos culebrón retorcido. El ya de por sí simpático Posca mejora al tener un viaje más variado. Agripa es un encanto, aunque por desgracia no hay tiempo para mostrar su valía como general. En cambio Mecenas queda más desdibujado, y Longino sigue siendo un relleno para cumplir con la Historia, como lo es luego también Lépido.

Los actores Kevin McKidd (Voreno), Ray Stevenson (Pullo) y Polly Walker (Atia), siguen estando soberbios, pero quienes destacan este año son James Purefoy como Antonio, Lyndsey Marshal como Cleopatra y el nuevo actor para Octavio, Simon Woods (que clava la forma de actuar del anterior), siendo estos dos últimos intérpretes nada conocidos, y de hecho no han vuelto a tener papeles que les den visibilidad. Por cierto, soy yo o Lépido (Ronan Vibert) se parece un montón a César (Ciarán Hinds), produciendo una sensación de déjà vu en sus apariciones.

En cuanto a la puesta en escena, las labores de dirección (y fotografía y música) siguen en la misma línea, manteniendo formas clásicas muy efectivas, pero en cuanto a grandilocuencia reducen un poco el nivel para ahorrar dinero. La única secuencia de gran complejidad es la esperada batalla que Filipos. El resultado es francamente bueno para una serie, más teniendo en cuenta que es la primera vez que se intenta algo así, pero lo cierto es que no impacta tanto como creo que podría: pienso que podrían haber sacado más partido al potencial que tenían a mano con tal despliegue de dinero y recursos. Tampoco deja huella el único escenario nuevo relevante, el cruce del colegio donde están Pullo y Voreno, que es de buen tamaño pero no impacta como las escenas del foro y otras calles y villas vistas desde la primera temporada. Y lo que me parece más importante es que se echa de menos una ampliación más notable de Alejandría y el palacio de Cleopatra, pero supongo que viendo que les cancelaban no la hicieron.

Siendo mucho más irregular que la primera temporada, me ha costado más aún darle nota. El tramo inicial es decepcionante, pero la remontada a partir de su ecuador impresionante y ofrece de nuevo una serie de grandes cualidades. Por su deslumbrante aspecto visual, la notable recreación de la época* y la fuerza arrolladora de algunos de sus protagonistas creo que merece un notable, aunque no evita la sensación de cierto desencanto y de que, después de todo, la cancelación quizá hizo más bien que mal, aunque en su momento los seguidores la lloramos bastante. Esto me lleva a señalar que también me parece que no es una serie que envejezca bien. Con sus destacables virtudes nos cegó ante unas limitaciones en el guion que se hacen más patentes cuanto más tiempo pasa y la comparas con otras series de la cadena que resultaron sublimes en ese aspecto y por ello el paso de los años no parece afectarlas: The Wire, Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Carnivàle… Yo la pongo al nivel de Deadwood: fascinante e imprescindible, pero no llega a conseguirse la obra maestra latente en ella.

Como decía en la presentación, se planeó realizar una película (no sé si para cine o para tv) recuperando a Pullo y Voreno (después de todo realmente no se lo ve morir), pero finalmente no se concretó nada.

* No encuentro un artículo de calidad que hable del tema, pero mi impresión es que el vestuario romano de esta temporada se excede en diseños y costuras enrevesados para aquellos tiempos y en adornos recargados. Concretamente estos últimos no eran usados por los hombres, salvo el anillo de rigor con sus siglas, pero aquí se aferran a la manía de Hollywood de ponerles brazaletes de todo tipo. Todo queda muy bonito y vistoso, pero no es del todo fiel a la Historia. Lo que sí es una cagada monumental es tener a reyes extranjeros (Cleopatra, Herodes) paseándose por el foro, es decir, dentro del recinto sagrado de la ciudad; es una transgresión absurda si pretendían ser fieles.

Ver también:
Presentación
Temporada 1 (2005)
Temporada 2 (2007)

ROMA – TEMPORADA 1

Rome
HBO | 2005
Drama, histórico | 12 ep. de 44-55 min.
Productores ejecutivos: William J. MacDonald, John Milius, Bruno Heller.
Intérpretes: Kevin McKidd, Ray Stevenson, Polly Walker, Kerry Condon, James Purefoy, Lindsay Duncan, Tobias Menzies, Indira Varma, Ciarán Hinds, Kenneth Cranham, David Bamber, Max Pirkis, Karl Johnson, Chiara Mastalli, Lee Boardman, Lyndsey Marshal, Coral Amiga.
Valoración:

La legión romana combatiendo, el espectacular campamento del ejército de César, la imponente visión del foro de Roma (el travelling que lo muestra es un vacile descarado), las villas de los nobles, el Subura o barrio de las clases bajas, el rico vestuario y atrezo… La serie más que llamar la atención te cautiva instantáneamente por la grandeza y a la vez detallismo sin igual con los que recrean esta remota civilización. Los directores no desaprovechan el material, logrando una labor de dirección muy sólida que conjuga muy bien las largas conversaciones con las escenas amplias y complejas en grandes decorados. Y no escatiman en esas secuencias de enormes proporciones: además de los citados tenemos otros momentos sobrecogedores, como el triunfo de César o la pelea de Pullo en la arena. No me olvido de destacar también la banda sonora de Jeff Beal (Carnivàle), rica y perfectamente adaptada a las imágenes, ni de los originales y elaborados títulos de crédito.

En el guion también se pone mucho esmero a la hora de describir la época. Los personajes y sus aventuras se sumergen en un contexto histórico al que se sigue con mucha fidelidad en los detalles de la vida cotidiana (religión, cultura, trabajo, estratos sociales, etc.) y bastante en el desarrollo de los acontecimientos más relevantes. Se siente el ambiente y las gentes romanas con gran credibilidad, se ve el día a día de aquellos tiempos como algo real, tangible. También hay guiños para los más cultos: se mencionan a personajes como Sila y Mario, entre otros.

Como serie coral, presenta muchos protagonistas que van moldeando los acontecimientos con sus intrigas, pero es cierto que se pueden tomar dos como referentes principales, porque el relato se narra casi como si lo viéramos a través de sus vivencias: Tito Pullo y Lucio Voreno. Esta simpática y ya memorable pareja sin duda fue el factor principal a la hora de conseguir que una serie HBO (elitista, exigente) llegara bastante bien al gran público. Su arrollador carisma y su logradísima evolución atrapan al espectador, que desea seguir sus historias más que la densa política de las clases altas. Sin duda fue un acierto incluir personajes del pueblo llano para tener una visión más completa de la vida en Roma, y además una más cercana al espectador medio.

Pullo es un soldado impetuoso y corto de inteligencia que sin el control de alguien más centrado se pierde en su salvajismo. Este mentor lo encuentra en la figura de Voreno, un centurión más cabezón que buenazo, porque su obsesión con el bien, las normas y la lealtad lo alejan de la realidad algunas veces. La combinación es explosiva, juntos entran en una dinámica compleja que resulta fascinante, aunque también llegan a tener algunos achaques dignos de mención, pues se fuerza demasiado su presencia en los eventos históricos y caen demasiadas veces el uno en la órbita del otro. Pero aun con esos fallos tenemos dos personajes muy humanos, y la progresión de ambos es magistral. Viven infinidad de aventuras, de un capítulo a otro puede haber cambiado su statu quo completamente, con lo que sus formas de ser están en continuo crecimiento, saliendo a relucir virtudes y defectos según son capaces de sobreponerse o no a la situación. Hay que recalcar que este logro es digno de elogio: pocas series (ahora más que en aquel entonces, eso sí) se lanzan a mover tanto a los personajes, sin miedo a los giros constantes, sabiéndolos controlar para que nunca dejen en esencia de ser ellos mismos.

La familia Voreno es interesante, y aunque funciona más como complemento de la pareja y recreación de la vida de la época, da buenas historias personales, mezclando bien giros casi de culebrón (el hijo secreto) con relatos más realistas (muy emotivos los primeros pasos en la relación tras años separados por la campaña). Sólo me chirria un poco la forma en que la sirvienta Eirene acaba siguiendo a Pullo tras tanta violencia.

La siguiente gran pareja la forman Atia y Servilia, dos patricias ambiciosas enfrascadas en una lucha personal que se sustenta tanto en la supervivencia (mantener la posición social, sobre todo ante la guerra civil) como en el odio mutuo. Atia es la más feroz luchadora del juego de tronos, incansable hasta rozar la obsesión: no tiene otro objetivo en la vida que sobreponerse a los demás, a ser posible aplastándolos con humillación. Servilia no era tan dura, pero el empuje de su contrincante la lleva a forzar sus límites. Eso sí, en el rigor histórico estas figuras son muy ficticias, pues se apartan bastante de lo poco que se sabe de las romanas en que se basan y tienen demasiada influencia en una sociedad que en realidad era muy machista; Atia parece inspirarse más bien en la famosa Fulvia, incluyendo la relación con Marco Antonio. Como es de esperar, en esta confrontación los hijos sufren las consecuencias. Octavia danza de un lado a otro como un títere, Bruto se ve sumergido en una conspiración que le viene grande.

Octavio es para echar de comer aparte, tanto en la Historia como en la serie. Es un pequeño genio que aprende y madura a ojos vista, regalando unas cuantas escenas fantásticas, en especial cuando está con Pullo. Otro secundario enormemente carismático es el pendenciero Marco Antonio, aunque hay que señalar que destaca sobre todo por la arrolladora interpretación de James Purefoy. No olvido a Cleopatra, que por una vez es bastante fiel a la Historia: nada de una mujer guapa y voluptuosa, era normalita y menuda; y el color de piel también correcto, qué obsesión tienen unos porque sea súper blanca (la de Elizabeth Taylor a la cabeza) y otros porque sea negra.

Un sinfín de secundarios terminan por confirmar el buen hacer de los guionistas y directores a la hora de conseguir personajes atractivos incluso cuando algunos tienen escasos diálogos. Por ejemplo, las sirvientas de Atia y Servilia siempre están en la sombra, pero se ven como personas reales, no como extras. Destacan el fiel Posca, el bruto Timon, la dulce Eirene… hasta el lector de noticias del foro es capaz de llamar la atención al espectador. El trabajo actoral es de primer orden, ofreciendo varios recitales interpretativos de los que hacen época. Los entonces desconocidos Kevin McKidd (Voreno) y Ray Stevenson (Pullo) logran transmitir un carisma nato, pero también hacen gala de un registro dramático de impresión. Polly Walker como la arpía Atia es una delicia, qué miradas de odio consigue. A James Purefoy ya lo he citado, y en la segunda temporada se les saca mejor partido al personaje y al actor. El joven Max Pirkis está estupendo como Octavio. Indira Varma captó muy bien a Niobe en sus altibajos matrimoniales. Y dos veteranos ingleses de escasa fama pero gran talento, Ciarán Hinds (César) y Kenneth Cranham (Pompeyo), realzan unos personajes más desaprovechados de lo que cabría esperar, y concretamente el segundo está fabuloso cuando Pompeyo pasa a la desesperación en sus últimos días.

La compleja trama gira alrededor de estos numerosos individuos y facciones, pero todo está muy bien estructurado, de forma que cada plan y acción tiene una respuesta y consecuencia: los hilos que mueven unos afectan al resto, y todos responden conforme a sus personalidades. La serie avanza a gran velocidad y de forma inteligible a pesar de sus muchos niveles y jugadores, ofreciendo una densa intriga que pisa varios géneros (historia, aventura, drama personal sumergido en política de altos vuelos) y resulta adictiva y emocionante, lo que se ve realzado por la férrea conexión que se consigue a través de los enormes personajes de Pullo y Voreno.

Pero a pesar de estas muchas virtudes también hay algunos fallos, pues otros pocos personajes quedan deslucidos y algunas intrigas acusan algo de desequilibrio. Resulta que con esta fauna tan llamativa de protagonistas e historias entrelazadas, y más aún con los come escenas de Pullo y Voreno, César y Pompeyo quedan algo eclipsados. Son figuras imponentes, pues se trabaja bien su aura de magnificencia, pero su dibujo no es tan profundo como el de los demás personajes, hasta el punto de que a veces me parece que son parte de la trama, no protagonistas: todo gira alrededor de ellos, pero sus acciones y consecuencias sólo las vemos en los demás, de sus pensamientos y motivaciones no sabemos demasiado a pesar del tiempo que ocupan en pantalla. Entiendo que quisieran tenerlos como secundarios para no repetirse, que hay mucha obra centrada en los últimos años de César, pero con el buen trabajo que hacen con otros roles mucho menos relevantes es una pena que estas figuras tan atractivas queden algo por debajo del resto. El mismo problema tenemos con Cicerón y Catón. ¿Quién es cada uno, cuáles son sus personalidades? Aparte de ser unos amargados no se expone mucho de sus vidas e ideas. No se hace referencia a la fama de Cicerón como abogado ni a la fuerza de Catón como político, prácticamente quedan como una oposición resentida y luchadora pero sin grandes habilidades intelectuales. Por no decir que no entiendo por qué ponen a Catón como a un viejo casi muerto cuando era más joven que César, y por qué lleva una túnica negra de luto.

También resulta evidente que se ensalza demasiado la rivalidad entre Atia y Servilia. Con Atia llegan a pasarse de largo en su cruzada por joder a los demás: a veces termina siendo cargante y algo repetitiva. Y para equilibrar parece que con Servilia también les da por llevar las cosas más allá: esa relación lésbica con Octavia llega a resultar ridícula, igual que el polvo entre esta última y su hermano, burdos intentos de montarse una serie atrevida y polémica. Pero no queda ahí la cosa, porque hay demasiadas acciones importantes movidas por peleas con mujeres: César va tras Pompeyo porque debe separarse de Servilia, y Antonio porque se cabrea con Atia; Servilia pasa a la contra de César (¡hasta el punto de planear matarlo!) porque él rompió la relación; y tenemos también demasiado lío amoroso entre Pullo y Voreno y sus hembras, de hecho incluso la caída de César se lleva a cabo usando los líos matrimoniales de este último (vaya tela que ese cotilleo llegue a los patricios).

Y la gran pareja de Pullo y Voreno se lleva la palma a la hora de situaciones forzadas, algunas incluso bastante salidas de madre. Todo el panorama político y social cambia por acciones casuales de ambos, llegando a límites de comedia tontorrona que desentonan bastante en la seriedad del conjunto. El tesoro encontrado por pura suerte, la pelea en el foro (Pullo y un borracho) que prácticamente termina de lanzar la guerra civil, el naufragio que los lleva a Pompeyo, van a por Cleopatra, Pullo la preña de Cesarión… ¿Y cuántas veces los van a perdonar? Cada falta conlleva un ascenso. Por suerte tienen un nivel tan alto de calidad y carisma que estos patinazos, a pesar de ser bastante graves, están lejos de destruir a los personajes.

Ver la serie de nuevo tras haberme leído la magnífica e incomparable saga Dueños de Roma de Colleen McCullough sin duda me aporta un extra de conocimientos que podría volverme exigente… pero creo que no lo soy, he visto muchas series como para conocer cuánto se puede contar en una temporada de forma que sea inteligible, fluida y entretenida, y aquí estoy hablando más del aspecto narrativo que de la fidelidad histórica. Matizo esto porque a partir de la citada indefinición de los nobles que dirigen la contienda surgen algunos agujeros de guion o cosas algo difusas que me parecen claramente fallos narrativos más que de adaptación de la Historia:

¿Se expone bien por qué luchan los dos bandos políticos, cuáles son las ambiciones de César, por qué termina alzándose en armas, qué teme de él el grupo de Catón? Porque la verdad es que mi impresión es que no se definen bien estos aspectos esenciales. No se menciona ningún posible cambio drástico en las costumbres y leyes si se alza uno u otro como para que tengan que llegar a una guerra civil. Siguiendo esta tónica hay otras situaciones que parecían relevantes tratadas con igual desgana. Pompeyo empieza con desventaja al no tener dinero (famoso lo de olvidarse el tesoro), pero de repente esto se omite y parece que va ganando otra vez. César dice quedarse en Egipto porque si hay guerra civil ahí podría peligrar la venta de grano a Roma… ¿Todo el grano lo adquieren de ahí?… Resulta una floja excusa argumental para mantener la trama de Egipto. Y atención a la barrabasada de meter galos en el Senado, con sus pintas tribales entre senadores togados; cuando por fin parece que van a explicar los cambios que trae César (las intenciones de dar oportunidades a distintas clases sociales, como el ascenso de Voreno por ejemplo), lo llevan al absurdo de incluir en la política a extranjeros de tribus conquistadas. Otro agujero destacable es la batalla de Útica que pone fin a la guerra… ¿Qué sucede ahí y quiénes luchan? De ver a Catón lamentarse por la derrota pasamos a ver a César en Roma reunido con aristócratas como si nada… ¿Entonces él no ha combatido? ¿Quién lo ha hecho pues? Y finalmente también pueden citarse un par de detalles sobre fidelidad histórica: César no fue asesinado en el Foro, sino en un anexo del Teatro de Pompeyo (bajo una estatua del mismo, ironías de la vida) preparado para reuniones del Senado, pues este se congregaba en distintos sitios según circunstancias; y canta mucho la constante presencia de soldados armados (parece que como policía y vigilantes) en la ciudad, cuando no estaba permitido portar armas dentro de las murallas (más concretamente, dentro del límite sagrado llamado pomerium).

Resumiendo, Roma fue una producción enormemente ambiciosa pero ejecutada con gran habilidad, de forma que el dinero y el esfuerzo lucen de maravilla en la mejor recreación de la época vista no sólo hasta su estreno, sino que sigue imbatible diez años después. Los personajes que pueblan el relato son tan carismáticos y deliciosos que los sigues con interés los sumerjan en la aventura que los sumerjan, y estas cuentan con un ritmo vertiginoso repleto de buenas historias tanto en la intriga política como en los dramas personales. Estas virtudes son tan destacables que logran ocultar bastante bien el gran contraste con algunas lagunas dignas de mención, es decir, esos momentos en los que se abusa de los giros de folletín, de algunos líos amorosos algo forzados y de varios ramalazos sorprendente inmaduros (las implicaciones de Pullo y Voreno en la Historia) comparados con el resto de sobrias e inteligentes historias.

Así, aunque haya algunos momentos que chirrían bastante, pienso que la fuerza arrolladora del conjunto justifica la nota de sobras, por no decir que se puede considerar como un hito, tanto por su impacto popular (que la sobrevaloró algo más de la cuenta) como porque supuso un punto y aparte en la forma de hacer superproducciones para televisión.

Ver también:
Presentación
-> Temporada 1 (2005)
Temporada 2 y final (2007)

CAMELOT – TEMPORADA ÚNICA

Starz, GK-TV | 2011
Aventuras | 10 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

Decepcionante es la valoración prácticamente unánime que se puede ver en internet. Al menos en boca de los pocos que aguantamos la temporada entera, porque la expectación con que nacía la serie se diluyó rápidamente en los primeros episodios, y al llegar al desenlace ya no quedaba prácticamente ningún blog comentándola. La crítica y las audiencias tampoco han sido notables, y cuando escribo esto su cancelación parece tan segura como merecida.

Camelot está claramente destinada al público adulto. Está realizada por un canal de pago, Starz, y hay desnudos y sexo en cantidad, la mayor parte descaradamente gratuitos (ni siquiera ponen excusas para que Eva Green o Tamsin Egerton enseñen carne, lo hacen y punto). También cabe decir que su estreno parecía un intento de mantener y aumentar el prestigio y éxito ganado con Spartacus (Steven S. DeKnight , 2010) y Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010). Sin ir más lejos viene avalada por el renombre de su creador, Michael Hirst, quien fuera el artífice de la excelente Los Tudor (2007). Sin embargo, parece escrita para adolescentes. Parece que Hirst sólo habrá ayudado como productor, porque todos los guiones se acreditan a Chris Chibnall, quien no ha estado a la altura de lo esperado, pues ha desarrollado un drama muy débil, con personajes planos y aburridos, tramas políticas insustanciales e historias amorosas dignas de una serie de amoríos de instituto.

A lo largo de los diez soporíferos y repetitivos episodios vemos la rivalidad entre Arturo y Morgana para hacerse con el trono, reuniendo amigos y fieles para sus causas y tratando de dirigir el reino cada uno a su manera. Las intrigas y tácticas resultan flojas y anodinas, sin intensidad alguna y en muchos casos con poca credibilidad. No hay inteligencia ni complejidad, sólo excusas torpes para pasear personajes de acá para allá y meter algo de romance y un poco de acción. Cuántas veces los protagonistas están en peligro, o hay una aldea en peligro, y de repente se olvidan y se ponen a hacer otras cosas (como fiestas), o cuántas veces Morgana va a usar el truco de cambiar su cuerpo para hacerse pasar por otros (¿es el único recurso que hay para hacer avanzar las tramas?), por mencionar sólo los desatinos más notables, que partes endebles y agujeros de guion de risa hay bastantes.

Por desgracia, los personajes están escritos con la misma ineficacia y desgana. Salvo Morgana, la única con motivaciones claras (ambición y ansias de poder) y con algo de fuerza gracias a la calidad de la actriz, el resto son figuras completamente inertes. No es de recibo que en una temporada entera no se hayan expuesto las motivaciones de los protagonistas principales (y no hablemos de los secundarios, que se diferencian porque cada uno lo interpreta un actor distinto). Arturo se apunta a todas las aventuras porque sí, sin dedicarse un segundo a explicar por qué lo hace, qué pretende o cuánto sufre internamente en el proceso de maduración y aceptación de su enorme misión. Un momento cumbre de este vulgar protagonista es el lío con Ginebra, la mujer de su gran amigo: ¿pero por qué demonios se enrollan si ni siquiera se nos muestra que tenga interés por ella?

Termina la temporada y queda la sensación de que todo sigue como en el flojo episodio piloto. No se han terminado de definir los personajes ni sus objetivos y las tramas no han narrado nada digno de mención. En estas condiciones es lógico que el ritmo sea tan lento y disperso, que los episodios pasen sin dejar huella alguna. En cuanto al mito artúrico no estoy muy puesto, así que no puedo hablar sobre como lo han tratado.

Otro chasco sorprendente en una superproducción de un canal de cable es el aparente nulo cuidado que han puesto en el casting, que resulta digno de recordar como alguna clase de grotesco hito televisivo. La parte femenina funciona francamente bien; las guapísimas Claire Forlani y Tamsin Egerton cumplen con profesionalidad y Eva Green da una lección magistral de interpretación, carisma y erotismo que supone lo único digno de recordar de la serie. Pero la sección predominante, la masculina, de infame resulta indescriptible. El reparto parece elegido para protagonizar un clon de Merlose Place: jóvenes y guapos pero pésimos actores. No ayuda que los personajes estén huecos y el maquillaje se esfuerce más por ponerlos atractivos que por hacerlos creíbles en sus roles (en todo momento parecen estar posando para una revista, siempre perfectos). Jamie Campbell Bower (el ridículo Arturo), Philip Winchester (Leontes)… bueno, para qué perder el tiempo citándolos, todos dan pena cuando no asco. Pero el premio gordo se lo lleva el veterano Joseph Fiennes (Merlín). Este hombre va al revés de lo que dicta la lógica: con el tiempo y la experiencia se va volviendo cada vez peor actor.

La puesta en escena es normalita por lo general y poco eficaz en los momentos de acción. Las escenas de peleas a espada son pobretonas, y la “batalla” final es lamentable. Y batalla va entre comillas porque otro aspecto alucinante de la serie es que parece que en todo el reino hay doscientos habitantes y la confrontación es entre dos castillos habitados por cortes y ejércitos que no superan los cincuenta miembros. Y para colmo, como el guion es cutre atacan en grupos pequeños entrando por donde los buenos han puesto las trampas y esperando entre oleadas para que los protagonistas tengan tiempo de volver a prepararse. Los únicos elementos donde se nota el dinero echado y donde encontramos gente solvente es en la música, una bonita partitura de los hermanos Danna, y en el impresionante nivelazo del vestuario y atrezo, que resulta incluso demasiado bueno para una producción que en conjunto luce tan poco.

Lo cierto es que Camelot no llega a ser realmente mala, pero resulta un quiero y no puedo constante en el que no merece la pena perder el tiempo. Lo peor es la citada sensación de desencanto, de que se esperaba muchísimo más.

-Actualización: la serie no fue renovada, quedándose en una única temporada.

CAMELOT – EPISODIO PILOTO

Starz, GK-TV | 2011
Guion: Chris Chibnall, Michael Hirst.
Dirección: Ciarán Donnelly.
Intérpretes: Jamie Campbell Bower, Joseph Fiennes, Claire Forlani, Eva Green, Sebastian Koch, Peter Mooney, Sean Pertwee, James Purefoy.
Valoración:

La enésima versión del mito de Arturo y Camelot viene avalada por tener entre sus productores a Michael Hirst, autor de Los Tudor (2007), aquel magnífico drama de corte histórico con el que nos deleitaron durante cuatro años en Showtime. Camelot se ha gestado sin embargo en Starz, cadena incipiente pero con bastante potencial, como empezó a demostrar con la más que correcta Los pilares de la Tierra (John Pielmeier, 2010), otra ficción ambientada en el medievo que guarda notables parecidos con la que aquí comento. Pero el primer capítulo sabe mucho a decepción. En ningún momento se ve la huella de Hirst ni el abultado presupuesto que anuncian luce tanto como se esperaba.

No entiendo muy bien qué interés puede tener el recuperar una y otra vez una historia tan trillada, pero lo que desde luego no es de recibo es que se aborde con una presentación tan esquemática y simple de la trama y los personajes. No hay nada que llame la atención o sea digno de recordar en cincuenta rutinarios minutos que pasan por las etapas más predecibles de cualquier relato de reyes y conspiraciones por el poder y que se narran a través de unos personajes apenas dibujados. El dibujo de Arturo es sonrojantemente pobre, se apunta a todo porque sí sin dejarse entrever alguna motivación y maduración. Sólo el personaje de Morgana cala algo, y ello porque Eva Green borda su papel. Pero en principio es la única digna en un reparto que oscila entre lo mediocre, con el soso Arturo de Jamie Campbell Bower, y lo directamente infame, con un Joseph Fiennes que nos deleita con el peor Merlin posible. Aquí cabe hacerse unas cuantas preguntas: ¿quién llevó la selección de actores, que no vio el papelón de Fiennes en Flashforward (2009), y cómo demonios logró pasar las audiciones? Qué falta de presencia, de carisma, de dotes interpretativas, de soltura… Llega a provocar risa con su cabeza torcida y sus miradas de abajo a arriba.

La realización llama rápidamente la atención por su fotografía torpe y su montaje caótico que denotan claramente una nula planificación de las escenas. ¿De verdad Ciaran Donnelly dirige esto, con lo bien que lo hizo en Los Tudor? Cada vez que la cámara intenta torpemente encontrar un personaje que al moverse se ha salido del encuadre me saca completamente de la narración. Tengo esperanzas en que en este aspecto mejore, porque acreditados para la temporada tenemos algunos de los mejores directores de la televisión, como Jeremy Podeswa.

El vestuario es excelente y los decorados cumplen aunque todavía no hayamos visto ninguno de gran nivel. Sin embargo, la caracterización de los personaje me ha rechinado bastante: no me resultan creíbles, pues de lo limpios y arreglados que aparecen en cualquier circunstancia parecen gente disfrazada.

Sin ofrecer una pizca de tensión y emoción y desde luego incapaz de despertar interés, Camelot es una apuesta bastante dudosa. Mucho tendrá que mejorar para eliminar la sensación de serie menor y nada prometedora que ha mostrado en este inicio.