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BLACK MIRROR – TEMPORADA 3

Netflix | 2016
Drama, ciencia-ficción | 6 ep. de 52-90 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Alice Eve, Cherry Jones, James Norton, Wyatt Russell, Alex Lawther, Jerome Flynn, Gugu Mbatha-Raw, Mackenzie Davis, Sarah Snook, Kelly Macdonald, Faye Marsay, Benedict Wong.
Valoración:

A finales de 2015, Netflix se hizo con los derechos para producir nuevos capítulos de Black Mirror que tenía previamente la productora independiente Endemol Shine UK. Pero no quedó ahí la cosa, porque el canal que la emitía hasta entonces, Channel 4, también perdió pocos meses después la puja por los derechos de emisión. Eso sí, Netflix soltó la nada desdeñable cifra de 40 millones de dólares en esto último. No encuentro cuánto en lo primero ni cuál fue el presupuesto de la temporada, pero está claro que barata no ha salido la jugada, aunque viendo su éxito probablemente haya merecido la pena.

Desde el primer capítulo se nota el aumento de dinero, se ve que han intentado darle a la serie más categoría contratando a algunos directores bastante o muy conocidos y dejándoles algo de libertad creativa y un buen monto con el que imaginar los distintos futuros. Así, la estética (dirección, diseño artístico, fotografía) y la música (donde también fichan a varios talentos) cambian en cada episodio mucho más que antes y encontramos exteriores y escenarios más numerosos y mejor trabajados.

Lo que no hace Charlie Brooker es contratar guionistas que traigan nuevas ideas (no cuento los que han terminado bocetos suyos), amplificando el problema de las primeras temporadas: la irregularidad se hace más notable, pasando de un capítulo muy inpirado y cuidado a fondo a otro hecho con cuatro trazos mal dados sobre una idea basta. Si no fuera porque los aciertos resultan deslumbrantes está claro la serie no habría llegado tan lejos, pero aun así no se puede perdonar que en temporadas tan cortas haya episodios regulares o incluso malos.

Nota: En España han dejado sin traducir unos títulos y otros los han reinventado de mala manera. Yo he preferido seguir una traducción más fiel.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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GUERRA Y PAZ – MINISERIE

War and Peace
BBC | 2016
Drama | 6 cap. de 60-90 min.
Productores ejecutivos: Andrew Davies, Bethan Jones, Faith Penhale, Simon Vaughan.
Intérpretes: Paul Dano, Lily James, James Norton, Jessie Buckley, Jack Lowden, Aisling Loftus, Tom Burke, Tuppence Middleton, Callum Turner, Adrian Edmondson, Rebecca Front, Greta Scacchi, Aneurin Barnard, Mathieu Kassovitz, Stephen Rea, Brian Cox.
Valoración:

Da la impresión de que en la BBC, en colaboración con la Weinstein Company, han buscado una adaptación sencilla y comercial, porque no se ve gran ambición en esta enésima versión de Guerra y paz. El guion elude la complejidad de la obra de Tolstoi, sobre todo en la política y lo bélico, y se queda con las historias de amor en su concepto más básico, que además son condensadas en tan sólo seis capítulos. Entre lo resumido que está todo y la falta de profundidad en el dibujo de personajes y tramas, la miniserie resultante es simple pero a la vez tosca y artificial, es decir, queda un culebrón previsible y sensacionalista: personajes estereotipados, situaciones tirando a cutres y giros predecibles y exagerados son soltados sin esfuerzo por buscar fluidez, naturalidad, coherencia.

Como hay que mostrar todos los clichés de las historias de amores no correspondidos, tragedias lacrimógenas y reencuentros felices o tristes, los protagonistas son comodines para ir saltando de uno a otro, con lo que nunca llega a construirse una personalidad concreta. En otras palabras, no se trabaja lo más mínimo sus evoluciones: la transición entre una decisión o evento al siguiente, la maduración, los condicionantes que lo llevan por un camino u otro. Por poner un ejemplo concreto, que hay muchos, en un solo capítulo una de las nobles, Natasha Rostova, pasa de ser una adolescente risueña a una dama enamorada, para enseguida encapricharse de otro con locura y en breve acabar en depresión, y todo ello sin explicar qué la lleva a tomar decisiones tan drásticas ni exponer cómo aparecen los distintos sentimientos, de hecho la pataleta que la da cuando le explota en la cara el conato de aventura es incomprensible. También se abusa de los encuentros imposibles. Pase lo que pase, sea cuales sean las distancias temporales y físicas, todos acaban tropezándose en el momento justo; algunos de estos instantes llegan a dar algo de vergüenza ajena.

Son los actores los que logran que los protagonistas aguanten el tipo lo suficiente para que la aventura sea medianamente aceptable como entretenimiento, pues materializan sus emociones con gran energía y logran que nos interesemos por ellos. El reparto es amplio pero está lleno de excelentes intérpretes ingleses: veteranos de gran renombre, jóvenes ya muy asentados, y nuevas promesas. Entre los primeros llaman la atención figuras como Gillian Anderson, pero lo cierto es que su personaje es anecdótico, prescindible (lo comento porque fue una de las razones por las que me lancé a verla). Son Brian Cox, Adrian Edmondson (a este yo no lo conocía), Stephen Rea y sobre todo el colosal Jim Broadbent quienes destacan. De los que se van haciendo un hueco en el panorama está la ya bien asentada Lily James, que deslumbró en Downton Abbey y está dejando huella en cine también (con Orgullo y prejuicio y zombis y Cenicienta, por lo que parece se va a quedar anclada en papeles de época) y Paul Dano, que si tengo que elegir un solo nombre en el reparto, me quedaría con él, aunque hay más dignos de citar, como Tupence Middleton. Luego tenemos muchas sorpresas: James Norton, Jack Lowden y Jessie Buckley tienen un futuro muy prometedor.

La descripción de la vida en la época se limita a los temas matrimoniales. Es decir, la prometedora recreación histórica más que somera parece inexistente. Las distintas clases sociales y formas de vivir y pensar, el vuelco que trae la guerra, las nuevas maneras de ver el mundo… Ninguno de esos aspectos esenciales de la novela se tratan en profundidad. Si hay una cita sobre el empobrecimiento de una de las familias protagonistas es para relacionarlo con la trama romántica de turno. Inicialmente con Pierre Bezukhov parecía que sí iban a introducirse en la historia y la filosofía, pero se quedan en unas frases sueltas para definirlo como rarito y fuera de lo común y no ahondan más a pesar de todo lo que le ocurre a lo largo de los años; vamos, que deambula de acá para allá sin que se relate con él nada concreto más allá del amor no correspondido. La política apenas aparece en un par escenas sobre la guerra, centrada en alguna breve disputa entre comandantes. Pero la guerra en sí queda también al servicio del dramón pasional. Si vemos un amago de batalla es para mostrar a tal o cual protagonista echando de menos a su amada, huyendo de su matrimonio agobiante, o lo que sea.

Los avances prometían más nivel en el aspecto visual, haciendo pensar incluso en grandes batallas. Cuatro planos de extras y ejércitos digitales es lo que vas a ver, porque los enfrentamientos son bastante pobretones, con un acabado y unas limitaciones propias una serie de principios del siglo. Es problema de la escasa calidad de la puesta en escena más que de recursos, porque los escenarios naturales vistosos, los correctos decorados y vestuario de la época y los extras en cantidad, aunque no sean dignos de una gran superproducción sin duda daban para más. Rutinaria, es la palabra. Debería deslumbrar, y resulta monótona, sin personalidad. Dirección sin savia, fotografía ramplona (el intento de iluminación natural no funciona del todo)… y la música en concreto llega a cansar: parece que solo hay dos temas, el épico-trágico (con algo de coros) y el romántico-tristón (unas repetitivas notas de piano que valen para todo).

Sólo se la recomiendo a los amantes de los dramas románticos de época, pero no esperes ver algo ágil, inteligente, emocionante e impecable en lo audiovisual como Downton Abbey.

HAPPY VALLEY – TEMPORADA 1

BBC | 2014
Drama, policíaco | 5 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Sally Wainwright, Nicola Shindler.
Intérpretes: Sarah Lancashire, George Costigan, James Norton, Charlie Murphy, Siobhan Finneran, Adam Long, Steve Pemberton, Joe Armstrong.
Valoración:

En una pequeña localidad de Inglaterra el cuerpo de policía local no tiene grandes complicaciones más allá de unos pocos problemas relacionados con el consumo de drogas. Pero eso no implica que las vidas de sus habitantes sean idílicas. La sargento Catherine Cawood arrastra los efectos de un caso sin resolver: su hija fue violada y no soportó criar al hijo que vino después, así que se suicidó. Por otro lado, un contable deja salir su ira contra su jefe planeando el secuestro de su hija, que llevarán a cabo unos traficantes del lugar… entre ellos el violador que no fue condenado por su acción. Catherine se verá envuelta en un oscuro y trágico caso que además la toca muy de cerca.

La mayor virtud de la serie es que el drama, por muy lacrimógeno que pueda ser en algunos tramos, nunca es sensacionalista o manipulador como ocurría en la popular Broadchurch. El conflicto familiar de la protagonista se trata con realismo, los personajes implicados transmiten cercanía y todo se desarrolla con verosimilitud. Además estamos ante un personaje central redondo, casi fascinante, con el que se conecta con intensidad. Lograr esto era esencial, por su importante conexión con el desarrollo de la trama. Si Catherine hubiera sido intrascendente, o peor, cargante, la serie se hubiera hundido. Crucial es también la lograda interpretación de Sarah Lancashire, que capta muy bien la compleja progresión emocional de la agente de policía.

Catherine tiene una buena réplica con los delincuentes, sean los casuales (el contable cabreado), o los más profesionales, con un jefe inteligente y dos soldados muy diferentes, uno torpe y cobarde, el otro, el violador, un psicópata calculador. Pero, y aquí empiezan los puntos flojos, los otros habitantes del relato no están tan bien confeccionados. El resto de policías no pasan de figurantes, algunos superiores no se presentan muy bien, y el investigador que aparece al final para llevar el secuestro es muy soso. La familia más presente (hermana y nieto) funcionan correctamente, pero el resto aburren, tanto el amante (¿qué aporta este?) como en especial ese hijo con el que no se hablaba, que aparece al final para exponer otro problema: en el desenlace rompen el equilibrio abusando del drama.

El caso avanza sin sorprender, pero también sin fallar: como narración clásica tira por lo realista, con esfuerzo personal tangible (investigación policial pateándose las calles), con los jefes incompetentes de turno, y sobre todo manteniendo en primer plano las repercusiones de los eventos en los protagonistas. Hay buenos golpes de efecto, como el destino de la joven agente, algo de inteligencia en momentos puntuales, como las disputas con los jefes (aquí tenemos una de mis escenas favoritas: si pretendes que haga la vista gorda con tu registro ilegal de una casa, ¿esperas que yo no la haga con los deslices de otro superior?), y en líneas generales el ritmo e interés se mantienen en un buen nivel.

Pero el capítulo final es un bajón. Gracias a la solidez del caso y sus protagonistas principales todo funcionaba francamente bien a pesar de ser un relato bastante previsible, pero en el último momento dan marcha atrás. El sensacionalismo y los clichés manidos asoman la patita en un clásico desenlace con secuestro de familiar querido y momentos de tensión que de forzados no transmiten nada, por no decir que sin venir a cuando se les va la mano con el drama en una cena familiar innecesaria a estas alturas del relato. La serie habría acabado perfectamente en el asalto al sótano (dándole algo más de empaque, eso sí), el dramón en el cumpleaños y el secuestro son añadidos forzados y malogrados.

A tenor de las buenas críticas recibidas (aparece en muchas listas de lo mejor del año) esperaba encontrarme con una obra si no excepcional sí notable, pero basta un primer vistazo para ver que no tiene ni potencial ni intenciones de dejar huella, que simplemente busca entretener con una fórmula clásica. Por suerte, como indicaba, esta fórmula se aprovecha bien: buen equilibrio entre policíaco y drama, todo ello conducido por un rol central que está cerca de resultar enorme, ofrecen un título que no calará en la memoria pero se ve con agrado.

PD: hay un alegato bastante cutre contra las drogas, por ser una visión muy simple y además errónea (ponen al cannabis como algo que vuelve loca y violenta a la gente), que resulta exagerado incluso en el estilo conservador de la serie.
PD2: nació como miniserie, pero el éxito ha empujado a estirarla.