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EL TERROR – MINISERIE

The Terror
AMC | 2018
Drama, aventuras, suspense, histórico | 10 ep. de 42-56 min.
Productores ejecutivos: David Kajganich, Soo Hugh, varios.
Intérpretes: Jared Harris, Tobias Menzies, Ciarán Hinds, Ian Hart, Paul Ready, Adam Nagaitis, Nive Nielsen, David Walmsley, Ronan Raftery, Greta Scacchi, Alistair Petrie, Liam Garrigan.
Valoración:

LA HISTORIA

En el siglo XIX todavía había rincones del mundo por explorar, fronteras que reclamar, rutas y tesoros que descubrir para tu nación y, sobre todo, atraía el honor y la gloria de ser el primero en lograr tamañas aventuras. El Paso del Noroeste fue una deuda pendiente de Reino Unido durante décadas. Esperaban abrir una ruta comercial hacia Asia que les diera ventaja estratégica y económica, y exploradores como John Franklin querían rematar sus carreras con ese hito. Pero las frías tierras entre Groenlandia, el polo Norte y Canadá se les resistían a los intentos en barco y a pie. El mismo Franklin salió por los pelos de su intento más serio en 1819, donde acabaron comiendo el cuero de sus botas y el musgo de las rocas, y con habladurías de que hubo canibalismo entre algunos de sus hombres. Otros como James Ross y Francis Crozier también lo tantearon en varias ocasiones.

En 1945, la Marina Real puso en marcha la expedición considerada definitiva. Dos navíos veteranos en estos viajes, el HSM Erebus y el HMS Terror, fueron equipados como nunca antes para superar el hostil clima, con la proa reforzada, un motor de locomotora a carbón para mover la hélice con fuerza suficiente para romper hielo ligero, y víveres para tres años por si el año previsto se alargaba si tenían que pasar algún invierno atrapados en inhóspitos lugares. La tripulación era de 134 hombres, aunque con las primeras bajas médicas encararon el ártico 129. John Franklin estaba al mando y capitaneaba el Erebus, y otro experto de los polos, Francis Crozier, era su segundo al mando del Terror. Partieron en mayo, y en su ruta fueron avistados por última vez en agosto por un par de navíos balleneros entre las costas de Groenlandia y la isla de Baffin. No se los volvió a ver, y costó 170 años y numerosas expediciones desvelar el destino de ambos barcos y sus tripulantes.

Alerta de spoilers: Si no quieres conocer cómo se desarrolló la historia real antes de ver la serie, salta al apartado de la novela.–

EL ACIAGO DESTINO

Los primeros viajes de rescate se dieron a partir de 1848 tanto por tierra (por ríos de los Territorios del Noroeste que podrían haber tomado como refugio y camino hacia el sur) como por mar, por la rutas que se suponía iban a seguir, pero debido a las condiciones meteorológicas se quedaron lejos. Tras varios intentos, incluidos los capitaneados por James Ross, fue en 1854 cuando por fin se acercaron más y encontraron pistas e inuits (esquimales) que testificaron lo ocurrido, pero ya era tarde, tras años de agonía habían muerto todos los tripulantes. En las siguientes dos décadas hubo otros pocos viajes para buscar diarios y notas, pero no se volvió a tomar en serio hasta la era moderna, a finales de 1980, y desde entonces ha habido investigaciones cada pocos años según esta apasionante historia despertaba el interés en alguna organización o persona. Los relatos de los inuits de la época y los restos que han ido hallándose desde entonces componen una odisea espeluznante.

Al encarar el ártico, los dos navíos no pudieron adentrarse suficiente y pasaron el invierno de 1945-1946 en la isla de Beechy, consumiendo víveres y teniendo las tres primeras bajas por tuberculosis. Lo poco que avanzaron ese verano los dejó atrapados en una sólida placa de hielo cerca de la Isla del Rey Guillermo (por aquel entonces se pensaba que era una península) durante un año y medio. Viendo que un segundo verano se avecinaba sin señales de deshielo, decidieron abandonar los barcos y huir a pie hacia Canadá en abril de 1948. Entrando por el río Back hasta el primer asentamiento del hombre blanco conocido había más de mil kilómetros arrastrando botes (por si se abría el hielo), víveres y enfermos, pero la otra opción era esperar la muerte. También llevaban un montón de objetos personales inútiles, se ve que todavía tenían grandes esperanzas de sobrevivir.

Sin embargo, la decisión de huir llegó tarde, porque estaban muy debilitados por enfermedades y la pobre dieta, la caza escaseó en esos fríos años, y además no sabían atrapar animales habituales como las focas. Los que no tenían la suerte de haber muerto en ese periodo (24 tripulantes, incluyendo al capitán Franklin en junio de 1947) fueron sucumbiendo en una lenta agonía a las inclemencias del tiempo, las enfermedades comunes (escorbuto, tuberculosis, neumonía) y otras desconocidas que los tenían al borde de la muerte constantemente (pudo haber envenenamiento por plomo de las latas de conservas y los tanques de agua), y sobre todo actuó la desnutrición, hasta el punto de que recurrieron al canibalismo. Un grupo amplio, de 35-40 miembros, pudo sobrevivir quizá hasta 1950 en la boca del río Back, y otros pocos deambularon por zonas cercanas, pero los cientos de kilómetros que había hasta la civilización les minaría las últimas fuerzas, y ahí agonizaron, algunos comiéndose a otros, hasta que no quedó nadie. Hay tenues indicios que podrían apuntar a que Crozier, quizá con un acompañante, sobrevivió y llegó más al sur que nadie.

Los dos navíos fueron empujados por el hielo hasta que naufragaron. El Erebus fue hallado en 2014 y el Terror en 2016.

Para apoyar y complementar la lectura de la novela y el visionado de la serie basta un buen mapa, como este, que indica los hallazgos de las distintas expediciones, y para ampliar información creo que es suficiente con ir a la Wikipedia (mejor en inglés, como siempre más completa).

LA NOVELA

La lectura de El Terror (2007) de Dan Simmons (al que ya conocía por la obra maestra de Los cantos de Hyperion -1989-) me apasionó como pocas novelas lo han hecho. Hizo una reconstrucción histórica minuciosa para retratar con verosimilitud una época, un ambiente extremo, y una aventura cuyo misterio tenía por entonces todavía muchas incógnitas. Son ochocientas páginas de puro sufrimiento, así que no es apto para todos los lectores. El frío te cala los huesos y pasarás hambre, las miserias que sufre cada protagonista se hace muy tangibles. Ahora bien, le falta algo para la obra maestra que podía haber conseguido. Le sobran al menos cien o doscientas páginas de saltos hacia Inglaterra (menciones a las esposas de los capitanes y a las siguientes expediciones), que rompen el ritmo sin necesidad, y sobre todo, le sobra un monstruo que mete de por medio y lastra sobre todo el tramo final. Con tanta vivencia real como había para contar, no hacía falta un giro hacia el terror fantástico.

LA MINISERIE

Cuando se anunció una adaptación de tan fascinante odisea me entusiasmó la idea. Es un relato muy cinematográfico, y bien hecho puede ser espectacular. El temor a que no tuvieran medios suficientes, no fueran fieles o intentaran algo demasiado comercial se desvaneció en su estreno. Han conseguido una miniserie muy fiel a la novela y a los hechos, muy bien escrita y rodada con talento. El esfuerzo se ha saldado con un notable éxito, hasta el punto de que han anunciado nuevas temporadas en plan antología, esto es, nuevos personajes e historias. La segunda será en un campo de prisioneros japonés, con otro ente maligno acosando a los ya de por sí desesperados presos.

Se gestó entre la cadena AMC y la productora de Ridley Scott, con David Kajganich y Soo Hugh al mando, aunque hay otros pocos guionistas y productores. El primero sólo tenía un par de dramas menores en su currículo, y el segundo ha participado en Invisibles (2015) y La cúpula (2013), entre otras series. En los directores, el más conocido es Sergio Mimica-Gezzan, de Battlestar Galactica (2003), Los pilares de la Tierra (2010) y otras.

Lo primero que saltó a la vista fue la elección de un reparto de estrellas y veteranos de la televisión británica. Ciarán Hinds (Roma -2005-) encarna a Franklin, Jared Harris (Mad Men -2007-, The Expanse -2015-) a Crozier, Tobias Menzies (Roma también) es James Fitzjames, tercero en rango, Paul Ready (Utopia -2013-) es el cirujano Henry Goodsir, Ian Hart (El último reino -2015-) es el experto en hielo Thomas Blanky. Y encontramos un sinfín de secundarios muy competentes, destacando a Adam Nagaitis (Happy Valley -2014-) como Cornelius Hickey y Alistair Petrie (El infiltrado -2016-) como el doctor Stanley.

Tenemos el acabado visual que necesitaba esta propuesta. Con una sólida direccción y una estupenda fotografía que exprime el magnífico diseño artístico, el ártico resulta gélido y hostil, tan bello como terrorífico, y la vida en los barcos es tremendamente realista. La recreación de los navíos es brutal, a escala real y cuidando hasta el más mínimo detalle, algo que extendieron al vestuario, basado en los restos hallados, es decir, los personajes llevan ropas y objetos como los que llevaron los tripulantes. El rodaje tuvo lugar en decorados en Hungría, con los barcos y escenarios que emulan el hielo sobre pantallas verdes para recrear el ártico, y en la isla Pag de Croacia para las partes en la Isla del Rey Guillermo, cuyo parecido es impresionante. Lo único que se queda corto es la criatura hecha por ordenador y una banda sonora correcta pero no impactante.

La narración lleva muy buen ritmo, los autores no se amilanan ante la dificultad de tener tantos personajes y pasar muchos capítulos atascados en el hielo y otros tantos en una isla yerma. Hay tantas historias cruzadas que te llama para revisionarla de vez en cuando y sacarle más partido, aunque por el otro lado, también he encontrado espectadores que se agobian con tanto nombre y personaje secundario y no conectan con ella.

Entramos en la historia con los roces entre un capitán (Franklin) pagado de sí mismo y uno que carece de autoestima (Crozier). Sus personalidades quedan muy bien definidas en el primer capítulo, pero sus motivaciones y demonios internos se matizan con flashbacks a Inglaterra. Estos destacan porque retratan muy bien la época: la escalera social, con la fama y los matrimonios como eje, dirige sus vidas. Los oficiales también tienen su propia forma de ser y su momento de valía o bajeza: Fitzjames, Little, Irving… Los marineros sufren vivencias de todo tipo, manteniendo ese realismo histórico: la ignorancia y los miedos de la época, los problemas laborales, los motines… En esto último destaca el insidioso y ladino Hickey, un individuo al que cogerás un asco tremendo, pues es uno de los personajes más repelentes de los últimos años. Por el otro lado, los que se llevarán sin duda el agrado de cualquier espectador son Crozier, con su gradual despertar y dedicación contra viento y marea, contra motines y traiciones, y Goodsir, el científico moderno y de inquebrantable moral.

Estamos ante un relato clásico del hombre enfrentado a la naturaleza y a la muerte, empujado así a sacar lo peor y lo mejor de sí mismo, como poca veces hemos visto en el cine o televisión recientemente. No en vano los referentes más mencionados son Master and Commander (Peter Weir, 2003) y La cosa de John Carpenter (1982). La crudeza del clima, la lucha constante por salir adelante en tierras yermas y los problemas logísticos de todo tipo se mezclan con los conflictos personales, sean dilemas internos, riñas laborales, o la locura y violencia que emergen en las situaciones supervivencia extrema. Siempre está pasando algo, siempre hay un reto para los numerosos protagonistas. La combinación de aventura, suspense, y drama es impecable. La serie te absorbe y zarandea, te deja helado y sobrecogido.

Cambios respecto al libro hay pocos. La relación de la inuit era con Crozier, no con Goodsir, pero es un acierto, porque el primero tiene líos de sobras con el mando y así el segundo gana protagonismo en partes donde de otra forma tendrían que haberse inventado otra cosa. Me alegro de que incluyan tramas muy secundarias que podrían haber sacrificado, como la relación del marinero anciano y culto, Bridgens, con el joven Peglar, que lo admira y ama, o un capítulo bastante complicado, el loco carnaval, que está muy bien ejecutado. También hay que señalar que los saltos a Inglaterra están mucho mejor aprovechados, pues en el libro resultaban más bien tediosos e irrelevantes.

Sólo se le pueden poner un par pegas que arrastra de la novela: el monstruo no parece necesario y el final es un tanto anticlimático. Había desventuras de sobra con la historia real, añadir un elemento externo tan artificial resulta un tanto forzado. Aunque es innegable que la criatura tiene muchos buenos momentos (el aguardo, Blanky, la irrupción en el campamento entre la niebla), no se libra de la sensación de que por lo general entra y sale en el relato según los guionistas quieran matar gente. El clímax final no me convence del todo, tanto por el monstruo como porque Hickey pasa de superviviente cruel a iluminado; me hubiera gustado que se centraran más en el conflicto humano. Y el epílogo con los esquimales se hace un poco largo y falto de garra.

GUERRA Y PAZ – MINISERIE

War and Peace
BBC | 2016
Drama | 6 cap. de 60-90 min.
Productores ejecutivos: Andrew Davies, Bethan Jones, Faith Penhale, Simon Vaughan.
Intérpretes: Paul Dano, Lily James, James Norton, Jessie Buckley, Jack Lowden, Aisling Loftus, Tom Burke, Tuppence Middleton, Callum Turner, Adrian Edmondson, Rebecca Front, Greta Scacchi, Aneurin Barnard, Mathieu Kassovitz, Stephen Rea, Brian Cox.
Valoración:

Da la impresión de que en la BBC, en colaboración con la Weinstein Company, han buscado una adaptación sencilla y comercial, porque no se ve gran ambición en esta enésima versión de Guerra y paz. El guion elude la complejidad de la obra de Tolstoi, sobre todo en la política y lo bélico, y se queda con las historias de amor en su concepto más básico, que además son condensadas en tan sólo seis capítulos. Entre lo resumido que está todo y la falta de profundidad en el dibujo de personajes y tramas, la miniserie resultante es simple pero a la vez tosca y artificial, es decir, queda un culebrón previsible y sensacionalista: personajes estereotipados, situaciones tirando a cutres y giros predecibles y exagerados son soltados sin esfuerzo por buscar fluidez, naturalidad, coherencia.

Como hay que mostrar todos los clichés de las historias de amores no correspondidos, tragedias lacrimógenas y reencuentros felices o tristes, los protagonistas son comodines para ir saltando de uno a otro, con lo que nunca llega a construirse una personalidad concreta. En otras palabras, no se trabajan lo más mínimo sus evoluciones: la transición entre una decisión o evento al siguiente, la maduración, los condicionantes que los llevan por un camino u otro. Por poner un ejemplo concreto, que hay muchos, en un solo capítulo una de las nobles, Natasha Rostova, pasa de ser una adolescente risueña a una dama enamorada, para enseguida encapricharse de otro con locura y en breve acabar en depresión, y todo ello sin explicar qué la lleva a tomar decisiones tan drásticas ni exponer cómo aparecen los distintos sentimientos, de hecho, la pataleta que la da cuando le explota en la cara el conato de aventura es incomprensible. También se abusa de los encuentros imposibles. Pase lo que pase, sea cuales sean las distancias temporales y físicas, todos acaban tropezándose en el momento justo; algunos de estos instantes llegan a dar vergüenza ajena.

Son los actores los que logran que los protagonistas aguanten el tipo lo suficiente para que la aventura sea medianamente aceptable como entretenimiento, pues materializan sus emociones con gran energía y logran que nos interesemos por ellos. El reparto es amplio pero está lleno de excelentes intérpretes ingleses: veteranos de gran renombre, jóvenes ya muy asentados, y nuevas promesas. Entre los primeros llaman la atención figuras como Gillian Anderson, pero lo cierto es que su personaje es anecdótico, prescindible (lo comento porque fue una de las razones por las que me lancé a verla). Son Brian Cox, Adrian Edmondson (a este yo no lo conocía), Stephen Rea y sobre todo el colosal Jim Broadbent quienes destacan. De los que se van haciendo un hueco en el panorama está la ya bien asentada Lily James, que deslumbró en Downton Abbey y está dejando huella en cine también (con Orgullo y prejuicio y zombis y Cenicienta, por lo que parece se va a quedar anclada en papeles de época) y Paul Dano, que si tengo que elegir un solo nombre en el reparto, me quedaría con él, aunque hay más dignos de citar, como Tupence Middleton. Luego tenemos muchas sorpresas: James Norton, Jack Lowden y Jessie Buckley tienen un futuro muy prometedor.

La descripción de la vida en la época se limita a los temas matrimoniales. Es decir, la prometedora recreación histórica más que somera parece inexistente. Las distintas clases sociales y formas de vivir y pensar, el vuelco que trae la guerra, las nuevas maneras de ver el mundo… Ninguno de esos aspectos esenciales de la novela se tratan en profundidad. Si hay una cita sobre el empobrecimiento de una de las familias protagonistas es para relacionarlo con la trama romántica de turno. Inicialmente con Pierre Bezukhov parecía que sí iban a introducirse en la historia y la filosofía, pero se quedan en unas frases sueltas para definirlo como rarito y fuera de lo común y no ahondan más a pesar de todo lo que le ocurre a lo largo de los años; vamos, que deambula de acá para allá sin que se relate con él nada concreto más allá del amor no correspondido. La política apenas aparece en un par escenas sobre la guerra, centrada en alguna breve disputa entre comandantes. Pero la guerra en sí queda también al servicio del dramón pasional. Si vemos un amago de batalla es para mostrar a tal o cual protagonista echando de menos a su amada, huyendo de su matrimonio agobiante, o lo que sea.

Los avances prometían más nivel en el aspecto visual, haciendo pensar incluso en grandes batallas. Cuatro planos de extras y ejércitos digitales es lo que vas a ver, porque los enfrentamientos son bastante pobretones, con un acabado y unas limitaciones propias una serie de principios del siglo. Es problema de la escasa calidad de la puesta en escena más que de recursos, porque los escenarios naturales vistosos, los correctos decorados y vestuario de la época y los extras en cantidad, aunque no sean dignos de una gran superproducción sin duda daban para más. Rutinaria, es la palabra. Debería deslumbrar, y resulta monótona, sin personalidad. Dirección sin savia, fotografía ramplona (el intento de iluminación natural no funciona del todo)… y la música en concreto llega a cansar: parece que solo hay dos temas, el épico-trágico (con algo de coros) y el romántico-tristón (unas repetitivas notas de piano que valen para todo).

Sólo se la recomiendo a los amantes de los dramas románticos de época, pero no esperes ver algo ágil, inteligente, emocionante e impecable en lo audiovisual como Downton Abbey (Julian Fellowes, 2010).