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OLIVE KITTERIDGE – MINISERIE

HBO | 2014
Drama | 4 ep. de 55-65 min.
Productores ejecutivos: Jane Anderson, Gary Goetzman, Steve Shareshian.
Intérpretes: Frances McDormand, Richard Jenkins, John Gallagher Jr., Peter Mullan, Zoe Kazan, Bill Murray, Jesse Plemons.
Valoración:

La HBO de vez en cuando se lanza a adaptar novelas conocidas o historias de personajes relevantes en forma de miniserie, como John Adams, Mildred Pierce, Elizabeth I y otras pocas. Olive Kitteridge es una novela de Elizabeth Strout que narra las vidas de distintos personajes de una pequeña localidad del Estado de Maine en Estados Unidos. La representación de las gentes y la forma de vida estadounidense es un valor que persiguen los premios Pulizter, y esta obra se alzó con el mismo en el año 2009. La miniserie de cuatro horas, escrita por Jane Anderson, autora bastante desconocida (sólo tiene algunos telefilmes en su currículo), recorta muchos personajes, que la novela parece tenerlos a puñados, pero mantiene el tono desestructurado, con idas y venidas en el tiempo que van desgranando a los personajes poco a poco.

Olive es una maestra y ama de casa un tanto amargada y poco simpática, o más bien muy seca y dura, y nunca dada a recular cuando su bocaza hiere a los demás. Su marido es amable, paciente y más que un encanto resulta empalagoso. La combinación de ambos anula algunas de sus debilidades o defectos, pero no siempre, con lo que el matrimonio tiene altibajos. Ella está cada vez más deprimida, y los golpes del destino no ayudan. Él se obsesiona con ayudar a una chiquilla en problemas, sin ser consciente de que a ojos de su familia traspasa bastante la línea, en especial viendo lo poco que atiende a su propio hijo. Este crece en un entorno frío de escaso amor, lo que explica que se largue a vivir lejos, aunque las secuelas y traumas no serán fáciles de dejar atrás.

Otros pocos secundarios, como la esposa del hijo cuando crece, otro profesor, un compañero de clase del chaval y su madre loca realzan el argumento e intenciones de la serie: narrar el drama de las gentes que no son capaces de sobreponerse a sus problemas y limitaciones. Hay tragedias, penurias, lamentaciones, unos cuantos suicidios y muertes inesperadas… Y aun así consigue transmitir un tono esperanzador y resultar un entretenimiento más emotivo que doloroso. ¿El truco? Una mezcla de naturalidad con un tono irónico logradísimo que recuerda mucho a A dos metros bajo tierra.

El dibujo de los personajes, aunque parezca encorsetado cada uno en una personalidad muy marcada, es estupendo, todos resultan verosímiles y enormemente cercanos. Sientes como si estuvieras ahí con ellos en ese ambiente tan humano, tan real. Y el punto de vista con un humor ácido ayuda a suavizar los golpes duros de la vida. Todos nos enfrentamos a cosas parecidas, qué menos que no cebarse en lo lacrimógeno en plan dramón, sino mostrarlo con el punto justo de sensibilidad y desparpajo.

Pero hay un momento que rompe el equilibrio: el atraco. No me convence, aunque las secuelas se manejen bien. Se mete con calzador, es exagerado e inverosímil y la tensión forzada de la situación no me gustó lo más mínimo. Por suerte es un traspiés breve, y momentos para el recuerdo hay muchos. Mis favoritos son los siguientes: la boda del hijo, la visita a la familia de este, el acercamiento de Olive al tipo que se encuentra tirado en un banco, la conversación con el amigo del hijo de adulto y el posterior rescate de una ahogada (sutil intervención de Olive y hermoso canto a la vida).

El trabajo actoral es estupendo, destacando a los más importantes, unos Frances McDormand y Richard Jenkins sumergidos completamente en sus roles. En la puesta en escena Lisa Cholodenko, que dirige los cuatro episodios, juega con la contención. Planos medios y ritmo suave pero muy fluido dan forma a una narrativa que parece sencilla pero que sin darte cuenta te atrapa bastante, porque consigue un tono de expectación constante muy logrado. Sumado eso a un guion complejo, profundo y detallista, obtenemos una serie que roza la excelencia, un drama muy recomendable para los amantes del género.

JOHN ADAMS – MINISERIE

HBO | 2008
Drama, Histórico | 7 ep. de 63-92 min.
Productores ejecutivos: Kirk Ellis, Tom Hanks, Gary Goetzman, Frank Doelger.
Intérpretes: Paul Giamatti, Laura Linney, Stephen Dillane, David Morse, Sarah Polley, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, John Dossett.
Valoración:

Me topé con ella por casualidad. Nadie hablaba de esta miniserie en los blogs que suelo leer, todos bastante centrados en los temas de moda y las series más vistas, y aún no había pegado fuerte en los algunos premios televisivos como los Emmy (donde a pesar de la nula objetividad de los mismos arrasó de tal manera que dejó impresionado a medio mundo). Ni siquiera sabía quién era John Adams, algo que ahora me resulta increíble. ¿Por qué la historia apenas habla del segundo presidente de los EE.UU. y uno de los principales fundadores del país, así como una importante figura en la política mundial de la época? La novela del famosísimo David McCullough (editada en 2001 y que le propició su segundo premio Pulitzer) y ahora esta sensacional adaptación sirven para poner remedio a esa injusticia.

A lo largo de siete episodios seguimos la vida familiar y laboral de John Adams desde sus primeros escarceos con la política de las colonias inglesas en Norteamérica hasta su fallecimiento, pasando por supuesto por su mandato como Presidente de los recién forjados Estados Unidos. Es esta propia idea de abarcar toda su vida el único pero notable que se le puede poner a la serie, pues como era de esperar hay periodos de poca relevancia y por tanto algunos tramos de los largos capítulos ven mermados su interés. Es importante indicar que hay un gran desequilibrio entre la primera mitad de la miniserie (los dos o tres primeros episodios) y el resto: mientras que el nacimiento de los Estados Unidos es fascinante, de una intensidad abrumadora, con ese segundo capítulo extraordinario (una hora y veinte minutos de diálogos densos, de dioses de la interpretación comiéndose la pantalla), a partir de ahí la cosa va en descenso, para terminar en un final melodramático (la vejez y muerte de los protagonistas) un tanto aburrido e innecesariamente largo.

Por lo demás estamos ante una superproducción de altos vuelos que aun viniendo de la HBO (Rome, Hermanos de sangre…) sorprende por su fastuosa puesta en escena. El vestuario y el detallismo de los escenarios es fascinante, pero los grandes planos de edificios, ciudades, puertos, etc. son prácticamente indescriptibles. No se sabe dónde acaba lo real y comienzan las maquetas y lo digital (fantástico añadido de fondos por ordenador) y todo resulta tan realista y espectacular que resulta imposible apartar la mirada de las imágenes. Y como era de esperar en una obra de esta cadena la realización está a la altura de las circunstancias: las labores de dirección, fotografía e interpretación son más que sobresalientes, son casi antológicas. Destaca especialmente la fotografía por su arriesgadísimo estilo que puede confundir a más de un espectador. En una narración histórica sobre dramas familiares y política cabría esperar una puesta en escena sobria, tranquila… pero sorprendentemente optaron por formas artísticas rebuscadas: cámara en mano, constantes juegos con los ángulos (casi siempre el cuadro está inclinado)… En un principio puede descolocar por la falta de costumbre de ver algo así, pero una vez estamos introducidos en la trama la atmósfera que se vislumbra es tan perfecta como hermosa. Por lo general esta fotografía ofrece escenas y planos muy logrados, pero hay numerosos momentos en los que se obtienen imágenes sublimes que en varias ocasiones atrapan más que la propia historia que se está narrando.

Sobre el reparto no puedo sino verter halagos infinitos. Paul Giamatti es uno de los mejores actores del momento, y la amplia lista de secundarios está repleta de intérpretes brillantes. Destacan obviamente los que tienen más protagonismo: Stephen Dillane (Thomas Jefferson), que otorga al personaje un aire inquietante y distante fantástico, Laura Linney (Abigail Adams, una de las primeras damas más influyentes e inteligentes de la historia del país), tan enérgica y trágica como su álter ego lo requiere, un inmenso David Morse (George Washington), que quita la respiración a pesar de las pocas apariciones que tiene, y un siempre impresionante Tom Wilkinson como Benjamin Franklin.

Es John Adams quizá demasiado densa y lenta para el público normal, pero el seriéfilo más avezado seguramente la disfrutará, sobre todo por su inconmensurable puesta en escena, mientras que los aficionados a la historia tienen una cita ineludible.