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LOS BORGIA – TEMPORADA 2.

The Borgias
Showtime | 2012
Drama, histórico | 10 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Neil Jordan, James Flynn, Sheila Hockin, Steve Matthews.
Intérpretes: Jeremy Irons, François Arnaud, Holliday Grainger, Lotte Verbeek, David Oakes, Colm Feore, Peter Sullivan, Aidan Alexander, Sean Harris.
Valoración:

En poco difiere la segunda temporada de Los Borgia con respecto a la primera. Tiene sus mismos puntos fuertes y las mismas limitaciones que hacen de ella una serie de intrigas históricas correcta y muy bien recreada pero lejos de lo que cabe esperar de la televisión actual, capaz de dar producciones del nivel de Los Tudor o Juego de tronos. Por desgracia, el salto cualitativo que esperaba no parece haber llegado, aunque al menos esta tanda de episodios carece de altibajos notables.

Los líos personales de la familia Borgia avanzan lentamente, pero aunque se agradecería más energía y movimiento nunca llegan a aburrir. Destacan la búsqueda de marido para Lucrezia, el plan de Giuliano para envenenar a Rodrigo o la caída en desgracia de Juan. La trama bélica y religiosa es más atractiva, pues ofrece conflicto y aventuras más intensos y emocionantes. Los asedios, las tretas, los engaños, las negociaciones y demás jaleos que rodean al pulso constante que mantiene el Papa para no perder su posición añaden densidad y fuerza a los sencillos y previsibles dramas personales, y de nuevo salvan a la serie de acercarse peligrosamente a la calificación de intrasdencente o incluso fallida. En cuanto a los personajes, aunque bien perfilados en general, a todos les faltan todavía un par de puntos en su dibujo y desarrollo, quedándose a mucha distancia de lo que serían grandes roles (y vuelvo a poner Los Tudor como ejemplo). Si tengo que destacar alguno, me quedo con el inquietante asesino y torturador que Cesare lleva consigo a todas partes, Micheletto.

En el trabajo actoral seguimos obviamente en la misma situación, pues los protagonistas son los mismos. El desequilibrio entre figuras experimentadas como Jeremy Irons u otras muy bien elegidas como Holliday Grainger (Lucrezia) comparado con los flojos y por momentos pésimos papeles de otros protagonistas principales como son los de los hermanos Borgia, François Arnaud (Cesare) y David Oakes (Juan), es demasiado evidente y resta bastante calidad a la serie.

Por el lado contrario, la puesta en escena resulta de nuevo tan excelsa que suma puntos extras a la hora de su valoración global. Su aspecto de superproducción te deja boquiabierto en muchas escenas, aunque no sea de las más caras de la actualidad (la HBO tiene series que duplican el presupuesto de esta). El vestuario y los decorados son sublimes, y con ellos la vida en las calles o en los palacios son recreadas a lo grande, destacando claro está los conatos de batallas y asedios. La profesional dirección de cada capítulo, unida a una iluminación y fotografías de calidad, ofrecen un acabado visual de primerísimo nivel.

Ver también:
Temporada 1.

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LOS BORGIA – TEMPORADA 1.

The Borgias
Showtime | 2015
Drama, Histórico | 10 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Neil Jordan, James Flynn, Sheila Hockin, Steve Matthews, Darryl Frank, Michael Hirst.
Intérpretes: Jeremy Irons, François Arnaud, Holliday Grainger, Lotte Verbeek, David Oakes, Colm Feore, Peter Sullivan, Aidan Alexander, Ronan Vibert, Sean Harris.
Valoración:

Una decepción me ha supuesto la primera temporada de Los Borgia, pues esperaba no sólo una superproducción que luciera en pantalla, sino también una historia de alta calidad, una digna sucesora de Los Tudor (misma cadena, mismo estilo, algunos de los mismos productores…). En Los Tudor teníamos un gran número de personajes cada cual más fascinante que el anterior y nos enfrentábamos a varias intrigas políticas y personales más o menos entrelazadas que se desarrollaban con un ritmo muy firme y que resultaban siempre densas y sumamente atractivas. En Los Borgia los protagonistas son escasos y por desgracia salvo Rodrigo Borgia y su hija Lucrezia resultan muy poco interesantes, de hecho algunos llegan a ser considerablemente monótonos: los otros hijos de Rodrigo son anodinos, algo imperdonable al tratarse de protagonistas principales. Sus conflictos, planes y demás quehaceres se describen y desarrollan con una notable falta de garra, con una simpleza que deja un mal sabor de boca en una serie nacida en teoría para ser grande. La sensación de que todo está muy visto y no se pone suficiente esfuerzo por darle algo de densidad y atractivo es constante, tanto que los primeros capítulos terminan resultando muy aburridos.

Pero a partir de su ecuador las tramas crecen de forma notable. Los problemas matrimoniales de la pequeña Borgia ofrecen buen drama y el avance militar del rey Carlos VIII aporta considerable fuerza a la trama política y su presencia reaviva el papado haciendo que haya más actividad, rivalidades y problemas. Pero a la larga se pasa de un extremo a otro: llegan a ocurrir tantas cosas que pienso que incluso termina precipitándose más de lo debido. Qué rápido despachan la llegada a Florencia, qué poco impacto produce la resolución de estos ahora atractivos hilos narrativos. No es especialmente grave, pero un cierre más llamativo, menos forzado, le habría venido muy bien.

El trabajo actoral es igualmente irregular, cuando Los Tudor nos dejó uno de los mejores repartos de la pasada década. La única presencia imponente es la de Jeremy Irons, y por debajo de él sólo unos pocos destacan por aportar papeles muy profesionales, siendo dignos de citar la joven Holliday Grainger (Lucrezia) o el veterano Colm Feore (Giuliano Della Rovere). Obviamente el que el reparto no sea sobresaliente no es como para quejarse, pero sí lo es que dos figuras desentonen tanto en una producción de tal calibre: François Arnaud (Cesare) y David Oakes (Juan) llevan papeles principales con una desgana y falta de carisma asombrosa, empeorando sus sosos personajes.

En la ambientación y la puesta en escena sólo puedo verter halagos. Como en Los Tudor estamos ante una obra visualmente perfecta, una producción colosal cuidada con una dedicación impresionante a todos los niveles. El resultado es prácticamente inmejorable, plano a plano te deslumbran con el fastuoso vestuario, las bien elegidas localizaciones y decorados, la fotografía e iluminación brillantes, la acertada música… De hecho, si los primeros soporíferos episodios resultan mínimamente interesantes es por su embriagador aspecto visual, que incluso solapa a las propias tramas: en muchos momentos me descubrí solamente observando la belleza de las imágenes, sin hacer caso lo que parloteaban los insulsos protagonistas.

En consecuencia, es un año bastante desequilibrado, con un arranque excesivamente frío y lento que no se puede perdonar con tan pocos capítulos en juego. Cuando se lanza llega a alcanzar el nivel de notable y resulta un producto digno de la televisón privada, pero no se mantiene en esa media el suficiente tiempo o número de capítulos como para considerar que la temporada merezca semejante calificación. Es un drama bastante clásico al que no han sabido dar intensidad suficiente y que además carga con una gran diferencia cualitativa entre el contenido y el continente. Espero que se pongan las pilas en la próxima temporada.