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EL TERROR – MINISERIE

The Terror
AMC | 2018
Drama, aventuras, suspense, histórico | 10 ep. de 42-56 min.
Productores ejecutivos: David Kajganich, Soo Hugh, varios.
Intérpretes: Jared Harris, Tobias Menzies, Ciarán Hinds, Ian Hart, Paul Ready, Adam Nagaitis, Nive Nielsen, David Walmsley, Ronan Raftery, Greta Scacchi, Alistair Petrie, Liam Garrigan.
Valoración:

LA HISTORIA

En el siglo XIX todavía había rincones del mundo por explorar, fronteras que reclamar, rutas y tesoros que descubrir para tu nación y, sobre todo, atraía el honor y la gloria de ser el primero en lograr tamañas aventuras. El Paso del Noroeste fue una deuda pendiente de Reino Unido durante décadas. Esperaban abrir una ruta comercial hacia Asia que les diera ventaja estratégica y económica, y exploradores como John Franklin querían rematar sus carreras con ese hito. Pero las frías tierras entre Groenlandia, el polo Norte y Canadá se les resistían a los intentos en barco y a pie. El mismo Franklin salió por los pelos de su intento más serio en 1819, donde acabaron comiendo el cuero de sus botas y el musgo de las rocas, y con habladurías de que hubo canibalismo entre algunos de sus hombres. Otros como James Ross y Francis Crozier también lo tantearon en varias ocasiones.

En 1945, la Marina Real puso en marcha la expedición considerada definitiva. Dos navíos veteranos en estos viajes, el HSM Erebus y el HMS Terror, fueron equipados como nunca antes para superar el hostil clima, con la proa reforzada, un motor de locomotora a carbón para mover la hélice con fuerza suficiente para romper hielo ligero, y víveres para tres años por si el año previsto se alargaba si tenían que pasar algún invierno atrapados en inhóspitos lugares. La tripulación era de 134 hombres, aunque con las primeras bajas médicas encararon el ártico 129. John Franklin estaba al mando y capitaneaba el Erebus, y otro experto de los polos, Francis Crozier, era su segundo al mando del Terror. Partieron en mayo, y en su ruta fueron avistados por última vez en agosto por un par de navíos balleneros entre las costas de Groenlandia y la isla de Baffin. No se los volvió a ver, y costó 170 años y numerosas expediciones desvelar el destino de ambos barcos y sus tripulantes.

Alerta de spoilers: Si no quieres conocer cómo se desarrolló la historia real antes de ver la serie, salta al apartado de la novela.–

EL ACIAGO DESTINO

Los primeros viajes de rescate se dieron a partir de 1848 tanto por tierra (por ríos de los Territorios del Noroeste que podrían haber tomado como refugio y camino hacia el sur) como por mar, por la rutas que se suponía iban a seguir, pero debido a las condiciones meteorológicas se quedaron lejos. Tras varios intentos, incluidos los capitaneados por James Ross, fue en 1854 cuando por fin se acercaron más y encontraron pistas e inuits (esquimales) que testificaron lo ocurrido, pero ya era tarde, tras años de agonía habían muerto todos los tripulantes. En las siguientes dos décadas hubo otros pocos viajes para buscar diarios y notas, pero no se volvió a tomar en serio hasta la era moderna, a finales de 1980, y desde entonces ha habido investigaciones cada pocos años según esta apasionante historia despertaba el interés en alguna organización o persona. Los relatos de los inuits de la época y los restos que han ido hallándose desde entonces componen una odisea espeluznante.

Al encarar el ártico, los dos navíos no pudieron adentrarse suficiente y pasaron el invierno de 1945-1946 en la isla de Beechy, consumiendo víveres y teniendo las tres primeras bajas por tuberculosis. Lo poco que avanzaron ese verano los dejó atrapados en una sólida placa de hielo cerca de la Isla del Rey Guillermo (por aquel entonces se pensaba que era una península) durante un año y medio. Viendo que un segundo verano se avecinaba sin señales de deshielo, decidieron abandonar los barcos y huir a pie hacia Canadá en abril de 1948. Entrando por el río Back hasta el primer asentamiento del hombre blanco conocido había más de mil kilómetros arrastrando botes (por si se abría el hielo), víveres y enfermos, pero la otra opción era esperar la muerte. También llevaban un montón de objetos personales inútiles, se ve que todavía tenían grandes esperanzas de sobrevivir.

Sin embargo, la decisión de huir llegó tarde, porque estaban muy debilitados por enfermedades y la pobre dieta, la caza escaseó en esos fríos años, y además no sabían atrapar animales habituales como las focas. Los que no tenían la suerte de haber muerto en ese periodo (24 tripulantes, incluyendo al capitán Franklin en junio de 1947) fueron sucumbiendo en una lenta agonía a las inclemencias del tiempo, las enfermedades comunes (escorbuto, tuberculosis, neumonía) y otras desconocidas que los tenían al borde de la muerte constantemente (pudo haber envenenamiento por plomo de las latas de conservas y los tanques de agua), y sobre todo actuó la desnutrición, hasta el punto de que recurrieron al canibalismo. Un grupo amplio, de 35-40 miembros, pudo sobrevivir quizá hasta 1950 en la boca del río Back, y otros pocos deambularon por zonas cercanas, pero los cientos de kilómetros que había hasta la civilización les minaría las últimas fuerzas, y ahí agonizaron, algunos comiéndose a otros, hasta que no quedó nadie. Hay tenues indicios que podrían apuntar a que Crozier, quizá con un acompañante, sobrevivió y llegó más al sur que nadie.

Los dos navíos fueron empujados por el hielo hasta que naufragaron. El Erebus fue hallado en 2014 y el Terror en 2016.

Para apoyar y complementar la lectura de la novela y el visionado de la serie basta un buen mapa, como este, que indica los hallazgos de las distintas expediciones, y para ampliar información creo que es suficiente con ir a la Wikipedia (mejor en inglés, como siempre más completa).

LA NOVELA

La lectura de El Terror (2007) de Dan Simmons (al que ya conocía por la obra maestra de Los cantos de Hyperion -1989-) me apasionó como pocas novelas lo han hecho. Hizo una reconstrucción histórica minuciosa para retratar con verosimilitud una época, un ambiente extremo, y una aventura cuyo misterio tenía por entonces todavía muchas incógnitas. Son ochocientas páginas de puro sufrimiento, así que no es apto para todos los lectores. El frío te cala los huesos y pasarás hambre, las miserias que sufre cada protagonista se hace muy tangibles. Ahora bien, le falta algo para la obra maestra que podía haber conseguido. Le sobran al menos cien o doscientas páginas de saltos hacia Inglaterra (menciones a las esposas de los capitanes y a las siguientes expediciones), que rompen el ritmo sin necesidad, y sobre todo, le sobra un monstruo que mete de por medio y lastra sobre todo el tramo final. Con tanta vivencia real como había para contar, no hacía falta un giro hacia el terror fantástico.

LA MINISERIE

Cuando se anunció una adaptación de tan fascinante odisea me entusiasmó la idea. Es un relato muy cinematográfico, y bien hecho puede ser espectacular. El temor a que no tuvieran medios suficientes, no fueran fieles o intentaran algo demasiado comercial se desvaneció en su estreno. Han conseguido una miniserie muy fiel a la novela y a los hechos, muy bien escrita y rodada con talento. El esfuerzo se ha saldado con un notable éxito, hasta el punto de que han anunciado nuevas temporadas en plan antología, esto es, nuevos personajes e historias. La segunda será en un campo de prisioneros japonés, con otro ente maligno acosando a los ya de por sí desesperados presos.

Se gestó entre la cadena AMC y la productora de Ridley Scott, con David Kajganich y Soo Hugh al mando, aunque hay otros pocos guionistas y productores. El primero sólo tenía un par de dramas menores en su currículo, y el segundo ha participado en Invisibles (2015) y La cúpula (2013), entre otras series. En los directores, el más conocido es Sergio Mimica-Gezzan, de Battlestar Galactica (2003), Los pilares de la Tierra (2010) y otras.

Lo primero que saltó a la vista fue la elección de un reparto de estrellas y veteranos de la televisión británica. Ciarán Hinds (Roma -2005-) encarna a Franklin, Jared Harris (Mad Men -2007-, The Expanse -2015-) a Crozier, Tobias Menzies (Roma también) es James Fitzjames, tercero en rango, Paul Ready (Utopia -2013-) es el cirujano Henry Goodsir, Ian Hart (El último reino -2015-) es el experto en hielo Thomas Blanky. Y encontramos un sinfín de secundarios muy competentes, destacando a Adam Nagaitis (Happy Valley -2014-) como Cornelius Hickey y Alistair Petrie (El infiltrado -2016-) como el doctor Stanley.

Tenemos el acabado visual que necesitaba esta propuesta. Con una sólida direccción y una estupenda fotografía que exprime el magnífico diseño artístico, el ártico resulta gélido y hostil, tan bello como terrorífico, y la vida en los barcos es tremendamente realista. La recreación de los navíos es brutal, a escala real y cuidando hasta el más mínimo detalle, algo que extendieron al vestuario, basado en los restos hallados, es decir, los personajes llevan ropas y objetos como los que llevaron los tripulantes. El rodaje tuvo lugar en decorados en Hungría, con los barcos y escenarios que emulan el hielo sobre pantallas verdes para recrear el ártico, y en la isla Pag de Croacia para las partes en la Isla del Rey Guillermo, cuyo parecido es impresionante. Lo único que se queda corto es la criatura hecha por ordenador y una banda sonora correcta pero no impactante.

La narración lleva muy buen ritmo, los autores no se amilanan ante la dificultad de tener tantos personajes y pasar muchos capítulos atascados en el hielo y otros tantos en una isla yerma. Hay tantas historias cruzadas que te llama para revisionarla de vez en cuando y sacarle más partido, aunque por el otro lado, también he encontrado espectadores que se agobian con tanto nombre y personaje secundario y no conectan con ella.

Entramos en la historia con los roces entre un capitán (Franklin) pagado de sí mismo y uno que carece de autoestima (Crozier). Sus personalidades quedan muy bien definidas en el primer capítulo, pero sus motivaciones y demonios internos se matizan con flashbacks a Inglaterra. Estos destacan porque retratan muy bien la época: la escalera social, con la fama y los matrimonios como eje, dirige sus vidas. Los oficiales también tienen su propia forma de ser y su momento de valía o bajeza: Fitzjames, Little, Irving… Los marineros sufren vivencias de todo tipo, manteniendo ese realismo histórico: la ignorancia y los miedos de la época, los problemas laborales, los motines… En esto último destaca el insidioso y ladino Hickey, un individuo al que cogerás un asco tremendo, pues es uno de los personajes más repelentes de los últimos años. Por el otro lado, los que se llevarán sin duda el agrado de cualquier espectador son Crozier, con su gradual despertar y dedicación contra viento y marea, contra motines y traiciones, y Goodsir, el científico moderno y de inquebrantable moral.

Estamos ante un relato clásico del hombre enfrentado a la naturaleza y a la muerte, empujado así a sacar lo peor y lo mejor de sí mismo, como poca veces hemos visto en el cine o televisión recientemente. No en vano los referentes más mencionados son Master and Commander (Peter Weir, 2003) y La cosa de John Carpenter (1982). La crudeza del clima, la lucha constante por salir adelante en tierras yermas y los problemas logísticos de todo tipo se mezclan con los conflictos personales, sean dilemas internos, riñas laborales, o la locura y violencia que emergen en las situaciones supervivencia extrema. Siempre está pasando algo, siempre hay un reto para los numerosos protagonistas. La combinación de aventura, suspense, y drama es impecable. La serie te absorbe y zarandea, te deja helado y sobrecogido.

Cambios respecto al libro hay pocos. La relación de la inuit era con Crozier, no con Goodsir, pero es un acierto, porque el primero tiene líos de sobras con el mando y así el segundo gana protagonismo en partes donde de otra forma tendrían que haberse inventado otra cosa. Me alegro de que incluyan tramas muy secundarias que podrían haber sacrificado, como la relación del marinero anciano y culto, Bridgens, con el joven Peglar, que lo admira y ama, o un capítulo bastante complicado, el loco carnaval, que está muy bien ejecutado. También hay que señalar que los saltos a Inglaterra están mucho mejor aprovechados, pues en el libro resultaban más bien tediosos e irrelevantes.

Sólo se le pueden poner un par pegas que arrastra de la novela: el monstruo no parece necesario y el final es un tanto anticlimático. Había desventuras de sobra con la historia real, añadir un elemento externo tan artificial resulta un tanto forzado. Aunque es innegable que la criatura tiene muchos buenos momentos (el aguardo, Blanky, la irrupción en el campamento entre la niebla), no se libra de la sensación de que por lo general entra y sale en el relato según los guionistas quieran matar gente. El clímax final no me convence del todo, tanto por el monstruo como porque Hickey pasa de superviviente cruel a iluminado; me hubiera gustado que se centraran más en el conflicto humano. Y el epílogo con los esquimales se hace un poco largo y falto de garra.

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ROMA – TEMPORADA 1

Rome
HBO | 2005
Drama, histórico | 12 ep. de 44-55 min.
Productores ejecutivos: William J. MacDonald, John Milius, Bruno Heller.
Intérpretes: Kevin McKidd, Ray Stevenson, Polly Walker, Kerry Condon, James Purefoy, Lindsay Duncan, Tobias Menzies, Indira Varma, Ciarán Hinds, Kenneth Cranham, David Bamber, Max Pirkis, Karl Johnson, Chiara Mastalli, Lee Boardman, Lyndsey Marshal, Coral Amiga.
Valoración:

La legión romana combatiendo, el espectacular campamento del ejército de César, la imponente visión del foro de Roma (el travelling que lo muestra es un vacile descarado), las villas de los nobles, el Subura o barrio de las clases bajas, el rico vestuario y atrezo… La serie más que llamar la atención te cautiva instantáneamente por la grandeza y a la vez detallismo sin igual con los que recrean esta remota civilización. Los directores no desaprovechan el material, logrando una labor de dirección muy sólida que conjuga muy bien las largas conversaciones con las escenas amplias y complejas en grandes decorados. Y no escatiman en esas secuencias de enormes proporciones: además de los citados tenemos otros momentos sobrecogedores, como el triunfo de César o la pelea de Pullo en la arena. No me olvido de destacar también la banda sonora de Jeff Beal (Carnivàle), rica y perfectamente adaptada a las imágenes, ni de los originales y elaborados títulos de crédito.

En el guion también se pone mucho esmero a la hora de describir la época. Los personajes y sus aventuras se sumergen en un contexto histórico al que se sigue con mucha fidelidad en los detalles de la vida cotidiana (religión, cultura, trabajo, estratos sociales, etc.) y bastante en el desarrollo de los acontecimientos más relevantes. Se siente el ambiente y las gentes romanas con gran credibilidad, se ve el día a día de aquellos tiempos como algo real, tangible. También hay guiños para los más cultos: se mencionan a personajes como Sila y Mario, entre otros.

Como serie coral, presenta muchos protagonistas que van moldeando los acontecimientos con sus intrigas, pero es cierto que se pueden tomar dos como referentes principales, porque el relato se narra casi como si lo viéramos a través de sus vivencias: Tito Pullo y Lucio Voreno. Esta simpática y ya memorable pareja sin duda fue el factor principal a la hora de conseguir que una serie HBO (elitista, exigente) llegara bastante bien al gran público. Su arrollador carisma y su logradísima evolución atrapan al espectador, que desea seguir sus historias más que la densa política de las clases altas. Sin duda fue un acierto incluir personajes del pueblo llano para tener una visión más completa de la vida en Roma, y además una más cercana al espectador medio.

Pullo es un soldado impetuoso y corto de inteligencia que sin el control de alguien más centrado se pierde en su salvajismo. Este mentor lo encuentra en la figura de Voreno, un centurión más cabezón que buenazo, porque su obsesión con el bien, las normas y la lealtad lo alejan de la realidad algunas veces. La combinación es explosiva, juntos entran en una dinámica compleja que resulta fascinante, aunque también llegan a tener algunos achaques dignos de mención, pues se fuerza demasiado su presencia en los eventos históricos y caen demasiadas veces el uno en la órbita del otro. Pero aun con esos fallos tenemos dos personajes muy humanos, y la progresión de ambos es magistral. Viven infinidad de aventuras, de un capítulo a otro puede haber cambiado su statu quo completamente, con lo que sus formas de ser están en continuo crecimiento, saliendo a relucir virtudes y defectos según son capaces de sobreponerse o no a la situación. Hay que recalcar que este logro es digno de elogio: pocas series (ahora más que en aquel entonces, eso sí) se lanzan a mover tanto a los personajes, sin miedo a los giros constantes, sabiéndolos controlar para que nunca dejen en esencia de ser ellos mismos.

La familia Voreno es interesante, y aunque funciona más como complemento de la pareja y recreación de la vida de la época, da buenas historias personales, mezclando bien giros casi de culebrón (el hijo secreto) con relatos más realistas (muy emotivos los primeros pasos en la relación tras años separados por la campaña). Sólo me chirria un poco la forma en que la sirvienta Eirene acaba siguiendo a Pullo tras tanta violencia.

La siguiente gran pareja la forman Atia y Servilia, dos patricias ambiciosas enfrascadas en una lucha personal que se sustenta tanto en la supervivencia (mantener la posición social, sobre todo ante la guerra civil) como en el odio mutuo. Atia es la más feroz luchadora del juego de tronos, incansable hasta rozar la obsesión: no tiene otro objetivo en la vida que sobreponerse a los demás, a ser posible aplastándolos con humillación. Servilia no era tan dura, pero el empuje de su contrincante la lleva a forzar sus límites. Eso sí, en el rigor histórico estas figuras son muy ficticias, pues se apartan bastante de lo poco que se sabe de las romanas en que se basan y tienen demasiada influencia en una sociedad que en realidad era muy machista; Atia parece inspirarse más bien en la famosa Fulvia, incluyendo la relación con Marco Antonio. Como es de esperar, en esta confrontación los hijos sufren las consecuencias. Octavia danza de un lado a otro como un títere, Bruto se ve sumergido en una conspiración que le viene grande.

Octavio es para echar de comer aparte, tanto en la Historia como en la serie. Es un pequeño genio que aprende y madura a ojos vista, regalando unas cuantas escenas fantásticas, en especial cuando está con Pullo. Otro secundario enormemente carismático es el pendenciero Marco Antonio, aunque hay que señalar que destaca sobre todo por la arrolladora interpretación de James Purefoy. No olvido a Cleopatra, que por una vez es bastante fiel a la Historia: nada de una mujer guapa y voluptuosa, era normalita y menuda; y el color de piel también correcto, qué obsesión tienen unos porque sea súper blanca (la de Elizabeth Taylor a la cabeza) y otros porque sea negra.

Un sinfín de secundarios terminan por confirmar el buen hacer de los guionistas y directores a la hora de conseguir personajes atractivos incluso cuando algunos tienen escasos diálogos. Por ejemplo, las sirvientas de Atia y Servilia siempre están en la sombra, pero se ven como personas reales, no como extras. Destacan el fiel Posca, el bruto Timon, la dulce Eirene… hasta el lector de noticias del foro es capaz de llamar la atención al espectador. El trabajo actoral es de primer orden, ofreciendo varios recitales interpretativos de los que hacen época. Los entonces desconocidos Kevin McKidd (Voreno) y Ray Stevenson (Pullo) logran transmitir un carisma nato, pero también hacen gala de un registro dramático de impresión. Polly Walker como la arpía Atia es una delicia, qué miradas de odio consigue. A James Purefoy ya lo he citado, y en la segunda temporada se les saca mejor partido al personaje y al actor. El joven Max Pirkis está estupendo como Octavio. Indira Varma captó muy bien a Niobe en sus altibajos matrimoniales. Y dos veteranos ingleses de escasa fama pero gran talento, Ciarán Hinds (César) y Kenneth Cranham (Pompeyo), realzan unos personajes más desaprovechados de lo que cabría esperar, y concretamente el segundo está fabuloso cuando Pompeyo pasa a la desesperación en sus últimos días.

La compleja trama gira alrededor de estos numerosos individuos y facciones, pero todo está muy bien estructurado, de forma que cada plan y acción tiene una respuesta y consecuencia: los hilos que mueven unos afectan al resto, y todos responden conforme a sus personalidades. La serie avanza a gran velocidad y de forma inteligible a pesar de sus muchos niveles y jugadores, ofreciendo una densa intriga que pisa varios géneros (historia, aventura, drama personal sumergido en política de altos vuelos) y resulta adictiva y emocionante, lo que se ve realzado por la férrea conexión que se consigue a través de los enormes personajes de Pullo y Voreno.

Pero a pesar de estas muchas virtudes también hay algunos fallos, pues otros pocos personajes quedan deslucidos y algunas intrigas acusan algo de desequilibrio. Resulta que con esta fauna tan llamativa de protagonistas e historias entrelazadas, y más aún con los come escenas de Pullo y Voreno, César y Pompeyo quedan algo eclipsados. Son figuras imponentes, pues se trabaja bien su aura de magnificencia, pero su dibujo no es tan profundo como el de los demás personajes, hasta el punto de que a veces me parece que son parte de la trama, no protagonistas: todo gira alrededor de ellos, pero sus acciones y consecuencias sólo las vemos en los demás, de sus pensamientos y motivaciones no sabemos demasiado a pesar del tiempo que ocupan en pantalla. Entiendo que quisieran tenerlos como secundarios para no repetirse, que hay mucha obra centrada en los últimos años de César, pero con el buen trabajo que hacen con otros roles mucho menos relevantes es una pena que estas figuras tan atractivas queden algo por debajo del resto. El mismo problema tenemos con Cicerón y Catón. ¿Quién es cada uno, cuáles son sus personalidades? Aparte de ser unos amargados no se expone mucho de sus vidas e ideas. No se hace referencia a la fama de Cicerón como abogado ni a la fuerza de Catón como político, prácticamente quedan como una oposición resentida y luchadora pero sin grandes habilidades intelectuales. Por no decir que no entiendo por qué ponen a Catón como a un viejo casi muerto cuando era más joven que César, y por qué lleva una túnica negra de luto.

También resulta evidente que se ensalza demasiado la rivalidad entre Atia y Servilia. Con Atia llegan a pasarse de largo en su cruzada por joder a los demás: a veces termina siendo cargante y algo repetitiva. Y para equilibrar parece que con Servilia también les da por llevar las cosas más allá: esa relación lésbica con Octavia llega a resultar ridícula, igual que el polvo entre esta última y su hermano, burdos intentos de montarse una serie atrevida y polémica. Pero no queda ahí la cosa, porque hay demasiadas acciones importantes movidas por peleas con mujeres: César va tras Pompeyo porque debe separarse de Servilia, y Antonio porque se cabrea con Atia; Servilia pasa a la contra de César (¡hasta el punto de planear matarlo!) porque él rompió la relación; y tenemos también demasiado lío amoroso entre Pullo y Voreno y sus hembras, de hecho incluso la caída de César se lleva a cabo usando los líos matrimoniales de este último (vaya tela que ese cotilleo llegue a los patricios).

Y la gran pareja de Pullo y Voreno se lleva la palma a la hora de situaciones forzadas, algunas incluso bastante salidas de madre. Todo el panorama político y social cambia por acciones casuales de ambos, llegando a límites de comedia tontorrona que desentonan bastante en la seriedad del conjunto. El tesoro encontrado por pura suerte, la pelea en el foro (Pullo y un borracho) que prácticamente termina de lanzar la guerra civil, el naufragio que los lleva a Pompeyo, van a por Cleopatra, Pullo la preña de Cesarión… ¿Y cuántas veces los van a perdonar? Cada falta conlleva un ascenso. Por suerte tienen un nivel tan alto de calidad y carisma que estos patinazos, a pesar de ser bastante graves, están lejos de destruir a los personajes.

Ver la serie de nuevo tras haberme leído la magnífica e incomparable saga Dueños de Roma de Colleen McCullough sin duda me aporta un extra de conocimientos que podría volverme exigente… pero creo que no lo soy, he visto muchas series como para conocer cuánto se puede contar en una temporada de forma que sea inteligible, fluida y entretenida, y aquí estoy hablando más del aspecto narrativo que de la fidelidad histórica. Matizo esto porque a partir de la citada indefinición de los nobles que dirigen la contienda surgen algunos agujeros de guion o cosas algo difusas que me parecen claramente fallos narrativos más que de adaptación de la Historia:

¿Se expone bien por qué luchan los dos bandos políticos, cuáles son las ambiciones de César, por qué termina alzándose en armas, qué teme de él el grupo de Catón? Porque la verdad es que mi impresión es que no se definen bien estos aspectos esenciales. No se menciona ningún posible cambio drástico en las costumbres y leyes si se alza uno u otro como para que tengan que llegar a una guerra civil. Siguiendo esta tónica hay otras situaciones que parecían relevantes tratadas con igual desgana. Pompeyo empieza con desventaja al no tener dinero (famoso lo de olvidarse el tesoro), pero de repente esto se omite y parece que va ganando otra vez. César dice quedarse en Egipto porque si hay guerra civil ahí podría peligrar la venta de grano a Roma… ¿Todo el grano lo adquieren de ahí?… Resulta una floja excusa argumental para mantener la trama de Egipto. Y atención a la barrabasada de meter galos en el Senado, con sus pintas tribales entre senadores togados; cuando por fin parece que van a explicar los cambios que trae César (las intenciones de dar oportunidades a distintas clases sociales, como el ascenso de Voreno por ejemplo), lo llevan al absurdo de incluir en la política a extranjeros de tribus conquistadas. Otro agujero destacable es la batalla de Útica que pone fin a la guerra… ¿Qué sucede ahí y quiénes luchan? De ver a Catón lamentarse por la derrota pasamos a ver a César en Roma reunido con aristócratas como si nada… ¿Entonces él no ha combatido? ¿Quién lo ha hecho pues? Y finalmente también pueden citarse un par de detalles sobre fidelidad histórica: César no fue asesinado en el Foro, sino en un anexo del Teatro de Pompeyo (bajo una estatua del mismo, ironías de la vida) preparado para reuniones del Senado, pues este se congregaba en distintos sitios según circunstancias; y canta mucho la constante presencia de soldados armados (parece que como policía y vigilantes) en la ciudad, cuando no estaba permitido portar armas dentro de las murallas (más concretamente, dentro del límite sagrado llamado pomerium).

Resumiendo, Roma fue una producción enormemente ambiciosa pero ejecutada con gran habilidad, de forma que el dinero y el esfuerzo lucen de maravilla en la mejor recreación de la época vista no sólo hasta su estreno, sino que sigue imbatible diez años después. Los personajes que pueblan el relato son tan carismáticos y deliciosos que los sigues con interés los sumerjan en la aventura que los sumerjan, y estas cuentan con un ritmo vertiginoso repleto de buenas historias tanto en la intriga política como en los dramas personales. Estas virtudes son tan destacables que logran ocultar bastante bien el gran contraste con algunas lagunas dignas de mención, es decir, esos momentos en los que se abusa de los giros de folletín, de algunos líos amorosos algo forzados y de varios ramalazos sorprendente inmaduros (las implicaciones de Pullo y Voreno en la Historia) comparados con el resto de sobrias e inteligentes historias.

Así, aunque haya algunos momentos que chirrían bastante, pienso que la fuerza arrolladora del conjunto justifica la nota de sobras, por no decir que se puede considerar como un hito, tanto por su impacto popular (que la sobrevaloró algo más de la cuenta) como porque supuso un punto y aparte en la forma de hacer superproducciones para televisión.

Ver también:
Presentación
-> Temporada 1 (2005)
Temporada 2 y final (2007)