Archivo de la etiqueta: Chris Messina

HERIDAS ABIERTAS – MINISERIE


Sharp Objects
HBO | 2018
Drama, suspense | 8 ep. de 50-65 min.
Productores ejecutivos: Marti Noxon, Jean-Marc Vallée, varios.
Intérpretes: Amy Adams, Patricia Clarkson, Chris Messina, Eliza Scanlen, Matt Craven, Henry Czerny, Taylon John Smith, Madison Davenport, Sophia Lillis, Elizabeth Perkins.
Valoración:

Un crimen macabro en un pueblecito. Una periodista criada allí que huyó en cuanto pudo de las maldades de su familia y del ambiente inmovilista, los secretos y las mentiras del resto de la población, es enviada por su jefe para que escriba artículos del caso porque conoce el lugar, pero también porque sabe que arrastra heridas abiertas y es buena ocasión para cerrarlas.

Con la sinopsis queda claro que la premisa está muy, muy vista, y la sensación se agrava al iniciar el visionado. El pueblo raro y lleno de misterios a lo Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost, 1990), el dramón tratado por infinidad de telefilmes, el thriller policíaco de siempre. ¿Qué tiene para ofrecer esta nueva aproximación? No mucho, aunque al menos lo intenta con bastante ahínco. No sé si en la exitosa novela homónima en que se basa, publicada por Gillian Flynn en 2006 (autora también de Perdida -2012-, que tuvo versión en cines en 2014), funciona mejor, pero esta miniserie de la productora y guionista Marti Noxon (inició su carrera en Buffy, La cazavampiros -1997-) y el director Jean-Marc Vallée (pasó de cosechar premios en el cine –Dallas Buyers Clubs, 2013- a tenerlo en televisión –Big Little Lies, 2017-) es un quiero y no puedo. Según la paciencia y el corazón del espectador puede ser una obra dramática intensa con la que sufrir o una de misterio artificial y plomiza con la que aburrirse. Yo me he quedado en un término medio.

Sabiendo que los conflictos emocionales internos, las tragedias no superadas, los problemas de familias disfuncionales y demás aproximaciones al drama humano cotidiano han sido muy tratados, los autores intentan realzarlos mostrándonos en primera persona la mente de la protagonista, Camille (Amy Adams), mediante una puesta en escena que materializa todas sus emociones, penas y anhelos. Las miradas o diálogos de Camille van acompañados de un plano que termina de enfatizar su estado de ánimo, o un breve plano a un detalle de su entorno nos lanza a un fugaz recuerdo que señala la conexión emocional entre etapas de su vida, es decir, qué ha influido en su infancia para que ahora se comporte y sienta de una forma u otra. Por ejemplo, un ventilador le trae a la memoria una vez que estuvo enferma y convalecía al lado de uno, y eso se asocia con la madre cuidándola, lo que nos lleva a la sobreprotección, y todo confluye en que la situación que esté viviendo ahora estará marcada los sentimientos que han emergido.

Esto implica mucha contemplación, mucha construcción metódica de las escenas, mucho flashback… Pero si bien el concepto narrativo es llamativo y prometedor, sus autores no son capaces de llevarlo a cabo con la armonía suficiente. Lo sugerente se convierte muchas veces en subrayado en exceso, y otras directamente cae en el sensacionalismo. El rimo metódico y detallista funciona menos de lo pretendido, y pronto se torna en un relato lento, sobresaturado por fuera pero inane por dentro. En otras palabras, las cosas no avanzan, damos vueltas en círculos, y el efectismo se impone a una historia que, después de tanto enredo sensitivo, termina siendo igual de predecible y vulgar que siempre. Incluso el alcance de las interesantes protagonistas principales se ve afectado: nos tiramos casi todos los capítulos atascados en los mismos recuerdos y lamentos (por ejemplo, pronto te preguntas por qué si Camille sufre tanto en casa de mamá no se va a un puñetero motel), y tras tanta fachada se olvidan de trabajar la progresión global, sobre todo a la hora de transmitir incertidumbre por el desarrollo de los acontecimientos, con lo que no hay realmente mucha intriga por el porvenir de ningún personaje.

Aun así, Camille y su madre Adora logran emerger por encima de los fallos enganchando con bastante intensidad. Son una versión cruel pero verosímil de traumas reales y llegan con mucha fuerza, en gran parte por las estupendas interpretaciones de Amy Adams y Patricia Clarkson. Pero el resto de habitantes del pueblo quedan en anodinos estereotipos puestos a su servicio. El detective rechazado, el sheriff conservador, la niña modosita en casa pero rebelde fuera, la amiga con secretos, la animadora tonta con ganas de fama rápida y los sospechosos de siempre componen un mosaico que apuntaba a una buena descripción de una sociedad incapaz de sobreponerse a sus heridas, de un pueblo ahogado en sus miserias, pero acaba siendo una repetición estéril de lo ya contado mil veces. La única que destaca es Amma, la hermana adolescente de Camille, pero por protagonismo e importancia (es el reflejo y repetición de lo ocurrido con otra hermana fallecida cuando ella era joven) y el también correcto papel de Eliza Scanlen, porque el rol resulta demasiado inestable a conveniencia del guion como para resultar verosímil, es decir, al final también es un complemento y no un personaje que respira con vida propia.

Como extensión de los problemas, el caso nunca llega a despertar el más mínimo interés. Es cierto que la serie versa más sobre la formación como personas y la influencia de los traumas en la infancia en el proceso, pero no puedes pretender que la investigación criminal sustente el viaje de los personajes si no la tratas con dedicación suficiente. No vemos una investigación consistente, sólo repetición de escenarios (las mismas conversaciones en el bar con el detective una y otra vez), intentos puntuales de reforzar el misterio muy artificiales (la cabaña metida con calzador a media temporada), y amagos con apuntar con la sombra de la sospecha temporal a uno u otro personaje que resultan trámites pesados. Al segundo episodio ya tenía en mente cómo se desarrollaría todo, y no hay ni un camino o giro que discurra distinto a lo más fácil y evidente.

El final, con el destino de las protagonistas en vilo, funciona más por el esfuerzo en la puesta en escena que por lo narrado en sí, que se ve venir de lejos. Pero entonces te das cuenta de que tenían un giro final más original y con posibilidades de resultar efectivo, pero no sabían cómo incluirlo y lo cuelan en flashes rápidos entre los títulos de crédito. Así que, si ya cuesta acabar el visionado, hacerlo con un ese mal trago puede empeorar las sensaciones.

Anuncios

THE NEWSROOM – TEMPORADA 3 Y FINAL

HBO | 2014
Drama | 6 ep. de 52-64 min.
Productores ejecutivos: Aaron Sorkin.
Intérpretes: Jeff Daniels, Emily Mortimer, John Gallagher, Alison Pill, Thomas Sadocki, Dev Patel, Olivia Munn, Sam Waterston, Marcia Gay Harden, Chris Messina.
Valoración:

Por fin Aaron Sorkin se centra y logra la serie que se esperaba desde un principio. Pero llega tarde, porque es el último año, aunque eso sí, fue pactado entre él y la HBO. Se ve que se puso las pilas para conseguir un cierre de nivel, pero eso implica que también será doloroso: justo cuando elimina todos sus errores se nos va, y además con una temporada más corta (seis capítulos). Y para rematar anda diciendo que probablemente no volverá a trabajar en televisión. ¿Harto de malas críticas? Pues haber hecho bien las cosas desde un principio. Y sí, muchas eran injustas y exageradas (sobre todo las que tuvo contra Studio 60), pero también es evidente que sin ellas seguramente no hubiera encarrilado esta serie.

El año empieza por todo lo alto y no pierde fuelle en ningún momento. Capítulo tras capítulo vemos al Sorkin que todos sus fans queremos, el que es capaz de narrar con un ritmo endemoniado y diálogos sin fin historias intensas y adictivas en las que conjuga muy bien el sentido del humor, el drama, la evolución de los protagonista e incluso el análisis y crítica sociopolítico. Nos sumergimos en la gestión de un programa de noticias con historias que abarcan los puntos clave de la profesión: el día a día del trabajo y las relaciones laborales y personales, pero sobre todo los dilemas éticos y periodísticos, las limitaciones impuestas por las cadenas, el tratamiento de noticias delicadas…

Sorkin usa de nuevo eventos reales (como el atentado en la maratón de Boston) para criticar qué falla en el periodismo y en el mundo en general. Tal y como hacía en El Ala Oeste, se inclina por idealizar la realidad para forzar el contraste, y a pesar de que muchos lo critican esto funciona de maravilla si, como en esta temporada y la serie recién citada, el equilibrio no se inclina hacia el adoctrinamiento o la moralina barata (algo que ocurrió en parte de Studio 60 y de la primera temporada de la aquí analizada). Se tratan temas peliagudos con bastante tacto, como el de la violación, que para variar los críticos en EE.UU. lo usaron para verter bilis contra él inventándose chorradas de machismo, cuando muestra muy bien un tema sin solución clara: si la justicia no ha podido ayudarte, desde luego no es mejor ir a un programa amarillista a lloriquear con tu caso. Siguiendo con la crítica a los medios, defiende a capa y espada y también con buenas historias (como el “trabajito” que hicieron los usuarios de reddit inventando terroristas tras el mencionado atentado) la supremacía del periodista profesional y el medio objetivo sobre la locura de dejar la información al populacho en internet. En esta línea la compra de la cadena y el intento de cambiar el modelo de noticias por algo más comercial analiza muy bien qué nos depara el futuro de la información si seguimos por este camino.

Y la trama más importante del año es el gran conflicto que todo medio teme: una conspiración de espionaje que te ponga en la mira del gobierno. El clímax de tensión e intriga que monta Sorkin es espectacular y te mantiene en vilo todo el año, superando a la fantástica la trama de Genoa de la etapa anterior. La persecución legal, la postura de Will de no ceder y vender el periodismo a la caza de brujas del gobierno, lo que sufren todos los personajes…

Además, entre todo el jaleo estos protagonistas han seguido ganando enteros. Maggie y Jim no llegan a ser redondos del todo, pues no se quitan ese regusto a romance de serie juvenil, pero ya no son repelentes, sino cada vez más humanos y en algunos momentos incluso encantadores. Además, el crecimiento de Maggie como persona y profesional estaba evolucionando muy bien, así que es una lástima que no veamos más de ellos. Don y Sloan ya son secundarios de calidad, sin los altibajos anteriores, porque hacen gracia en su vena cómica pero no por ello se descuida su dibujo y progresión. Will y Mac no tienen giros sensibleros, son una pareja fuerte con una dinámica muy sorkiniana. El ya mítico Charlie Skinner termina siendo el favorito de casi todo espectador, sobre todo por su lucha ante la posible compra de la cadena. Los secundarios aportan lo justo: el petardo de Neal casi no aparece, la abogada es genial, el resto cumple y ya está, que no había tiempo para más.

Momentos a recordar ha dejado un puñado: la entrada del FBI en tropel en la redacción, Sloan dando una paliza intelectual al friki que lleva una sección online abominable, las discusiones y peleas entre los dueños de la cadena, la aparición del topo, Will plantando cara hasta acabar en la cárcel…

El capítulo final se centra exclusivamente en despedir a los personajes, y a los que sacan fallos de todo tampoco les ha gustado el giro, a pesar de que es tan necesario como bien ejecutado. Solo falla la ñoña cancioncita en grupo, el resto deja el poso justo de emoción y sensación de adiós. Un adiós que después de varias temporadas muy irregulares ha terminado dejando un hueco más grande del esperado: esta última y magnífica etapa casi hace grande a la serie.

Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2012)