Archivo de la etiqueta: Chad L. Coleman

THE ORVILLE – TEMPORADA 2

Fox | 2019
Ciencia-ficción, drama | 14 ep. de 48 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Jessica Szohr, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

En la primera temporada de The Orville dije que su inicio era bastante desalentador, pero que maduró rápidamente y terminó ofreciendo una correcta combinación de drama, humor y ciencia-ficción. Pero lo cierto es que tenemos otro año irregular que no sigue madurando como esperaba. Es una serie con cierta personalidad, unos protagonistas simpáticos y muy buen acabado, pero le sigue faltando algo de equilibrio y solidez.

Se profundiza en los personajes y las relaciones entre ellos, y a veces con historias como se espera de una hija espiritual de Star Trek, tocando temas morales y culturales trascendentales, pero otras muchas es a costa de exceso de dramones y repetición de argumentos. Pronto acabarás harto de los líos familiares de Bortus, plomizos y atascados siempre en lo mismo, y la relación en tensión entre el capitán Mercer y la comandante Grayson da demasiadas vueltas, con situaciones un tanto infantiles. Pero a la vez, el conflicto moral de las tradiciones del pueblo de Bortus es muy jugoso, y el lío amoroso tiene tramos muy logrados: el episodio de las refugiadas huidas su planeta es bastante bueno, y la doble joven de Grayson da para una correcta tragicomedia.

La relación que sí sale redonda de principio a fin es la de Claire con Isaac. El choque entre una doctora y madre que tiene que manejar muchos sentimientos y responsabilidades con una inteligencia artificial seca y fría que está aprendiendo lentamente tiene muchos momentos divertidos y otros tantos muy inteligentes que dejan buenas lecciones sobre amor, familia, conocerse a uno mismo, etc.

Además, esta parte enlaza directamente con la entrada en acción de la civilización de Isaac, los Kaylon. Esta versión de los borg de Star Trek con toques de los cybermen de Doctor Who trae las mejores historias de la temporada. Tienen buenas partes de acción pero también relevancia argumental: todos los personajes sufren su envite, la humanidad enfrenta un reto único, Isaac fascina y asusta a la vez… Pero también exponen las limitaciones en que se atasca la serie: una vez expuesta la premisa no son capaces de ofrecer buenos giros, todo se ve venir de lejos y se desarrolla con cierta sensación de dejadez, de ir con la inercia puesta. Las disputas morales en los cuarteles de la Unión son bastante parcas, por ejemplo.

Con este conflicto recuperan también el de los krill (el trasunto de los romulanos), que tras prometer bastante se había quedado un poco estancado. Religión, cultura, política, guerra… se mezclan varios temas jugosos aceptablemente bien, pero como en todo el año, dejando la impresión de que material había para mucho más.

Vuelven a experimentar también con capítulos de ciencia-ficción más ajena a la línea de Star Trek, acercándose de nuevo a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011) y también con sabor a clásicas distopías literarias. Impresiones duraderas (211) trata de como el teniente Gordon Malloy se enamora de una representación virtual de una mujer hecha con los datos de sus redes sociales. Como es de esperar, se mete en un buen entuerto que acaba con la moraleja de vivir en el mundo real. En Todo el mundo es un pastel de cumpleaños (205) hacen un primer contacto con una especie de utopía que pronto muestra ser lo contrario, una sociedad dictatorial a base de costumbres racistas y clasistas absurdas. Pero incluso estos paréntesis que resumen historias complejas en un solo episodio se muestran las fallas persistentes. Pesa la falta de ritmo, la sensación de que no son capaces de exprimir el potencial de cada historia, y también de que el humor cada vez tiene menos presencia y carece del ingenio necesario, mientras el drama romántico toma demasiado protagonismo.

Hay otro mal trago ajeno a los creadores: la partida de Halston Sage, la teniente Alara Kitan de seguridad, en busca de mejores papeles, justo cuando se estaba convirtiendo, si no lo era ya, en la favorita de la mayoría de los seguidores. La joven actriz había hecho suyo a un personaje con muchas aristas y un recorrido dramático muy bien trabajado, y se nos larga sin más. Además, su despedida es en un capítulo (Hogar, 203) con guion de telefilme de suspense muy tonto, lo que agrava el mal sabor de boca. Para sustituirla fichan a Jessica Szohr (vista en Gossip Girl -2007- y Shameless -2011-), que interpreta a la teniente Talla Keyali. Lo cierto es que de entrada parece una imitación descarada del personaje: misma raza, físico parecido… Pero por suerte, en un par de capítulos vemos que se han currado un rol muy distinto y la actriz es la mar de competente, y pronto se gana su hueco.

Volviendo a Star Trek, la esencia está ahí, y los homenajes también (destacando el final en plan El Enterprise del ayer), pero cada vez hay menos parodia y buscan más su propio camino, y eso a pesar de que hay implicados varios autores y actores de aquella. Brannon Braga sigue como productor ejecutivo y dirigiendo episodios, Jonathan Frakes dirige otro esta temporada (también uno en Discovery, pero ahí los enredos narrativos que usan se le atragantaron y le salió un galimatías), y Joe Menosky entra como coproductor ejecutivo y guionista de un capítulo. Entre los actores destaca Roberto Picardo, el doctor de Voyager (1995), Marina Sirtis, la consejera de La nueva generación (1987), Tony Todd, un secundario recurrente en aquella, el klingon Kurn… Y no faltan los cameos camuflados, como el de Bruce Willis poniendo voz a un alien-planta.

En cuanto a los actores principales, Seth MacFarlane (el capitán) sigue quedando por debajo del resto, pero al menos tiene bastante química con sus compatriotas, y Adrianne Palicki (la comandante), Penny Johnson Jerald (la doctora) y Scott Grimes (el piloto) están estupendos. La puesta en escena vuelve a ser bastante buena. Como en el resto de la saga clásica, buscan la sobriedad, dejar que las historias hablen por sí solas. Aun así, con el buen presupuesto del que dispondrán se permiten algunos planos llamativos del puente de mando y unos espectaculares escenarios imaginarios y rodar en parajes naturales vistosos. Y de nuevo cabe destacar el amor de MacFarlane por la música de cine, donde la labor de Joel McNeely y John Debney sigue siendo muy llamativa; en cambio, me temo que esta vez no han contado con Bruce Broughton.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
-> Temporada 2 (2019)

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THE ORVILLE – TEMPORADA 1

Fox | 2017
Comedia, drama, ciencia-ficción, aventuras | 12 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Seth MacFarlane, Brannon Braga, varios.
Intérpretes: Seth MacFarlane, Adrianne Palicki, Penny Johnson Jerald, Scott Grimes, J. Lee, Peter Macon, Mark Jackson, Halston Sage, Chad L. Coleman, Norm MacDonald.
Valoración:

No me terminaba de gustar Seth MacFarlane, un guionista que saltó a la fama con Padre de familia (1999) y desde entonces todo lo que ha hecho en cine (la insoportable Mil maneras de morder el polvo -2014-) o televisión (todo derivados de la citada serie) sigue el mismo estilo de humor que combina lo bruto y zafio con referencias culturales metidas con calzador en guiones donde no suele encontrarse ingenio y tramas mínimamente elaboradas. En Padre made in USA (2005) y en Ted (2012) se nota la colaboración con otros escritores, que da más cohesión a personajes e historias, pero en solitario su fama no está a la par que su talento. Y como actor de voces en animación es la mar de competente, pero en imagen real muestra una falta de registro y carisma muy importante.

Por ello recibí con celos The Orville a pesar de que la ciencia-ficción es mi género favorito, el resto del reparto prometía y en lo visual también. Las críticas fueron feroces inicialmente, sobre todo las profesionales, pero al terminar la primera temporada ya iba siendo mejor considerada y tenía un buen grupo de fans, en especial trekkies que ven en ella un buen homenaje a Star Trek (Gene Roddenberry, 1966). Y en la segunda temporada el recibimiento está siendo bastante bueno, así que me he lanzado a verla.

Los dos primeros capítulos son un tanto desalentadores. Se caracterizan por ofrecer una parodia básica de Star Trek con dosis desganadas del humor MacFarlane, o sea, burradas y referencias frikis soltadas sin ton ni son, peor no en plan saturación como en Padre de familia, sino con cuentagotas. Pero la cosa mejora a ojos vista en los siguientes, y al final del año la maduración es bien patente, ofreciendo una buena mezcla de drama, aventuras y comedia y unos personajes muy simpáticos.

Se nota el cariño que tiene MacFarlane al género y más concretamente al universo Star Trek, el empeño en tratar de hacer un buen homenaje y una buena serie. Para ello ha buscado la colaboración con gente muy implicada en la saga, con quienes ha ido encontrando un tono más maduro para tras la simpleza inicial. Jonathan Frakes, que aparte de interpretar al comandante Riker de La nueva generación (1987) fue director de varios capítulos y películas, aquí también dirige uno. Y más importante aún, Brannon Braga, un guionista que creció en la sala de guionistas de aquella y luego saltó Voyager (1995) y Enterprise (2001), ejerce como uno de sus principales productores, escritores y directores. En lo visual también se nota su pasión: aparte de la influencia en el diseño artístico, MacFarlane defendió el uso de maquetas para las naves en los planos cercanos.

Los protagonistas crecen a ojos vista, pasando de estereotipos ramplones a figuras con vida propia, de hecho, hacia el final algunos resultan entrañables. Tenemos al capitán un tanto inmaduro, Ed Mercer, y la exnovia que no sabe muy bien lo que quiere de él, la comandante Kelly Grayson. MacFarlane encarna al primero, y no sorprende, pues le falta registro y carisma, pero como interpreta a un tontorrón bien intencionado por lo general convence lo justo. Adrianne Palicki (Friday Night Lights -2006-, Agentes de SHIELD -2013-) está bastante bien como una comandante joven pero competente. Muestra bien los momentos de duda y las peleas con Mercer, y tiene algunos momentos dramáticos muy buenos en el último episodio, muy centrado en ella y la relación.

En el resto de la tripulación encontramos de todo. El piloto idiota y loco pero muy hábil Gordon Malloy, que interpreta alguien que sí desborda personalidad, Scott Grimes (Urgencias -1994-, Hermanos de sangre -2001-). El navegante John LaMarr, con un desconocido J. Lee haciendo de negrata de barrio y tonto como puede pero aun así probablemente te saque de tus casillas en los primeros capítulos y no se recupere hasta que hacia el final le dan un arco más serio. A Mark Jackson no se le ve la cara tras Isaac, un avanzado robot (aunque de diseño retro, en otro homenaje al género), pero su voz es hipnótica, y el personajillo, el equivalente a Spock, un tipo serio y críptico que intenta entender mejor a la humanidad, resulta cada vez más interesante. La doctora Claire Finn, en manos de la veterana Penny Johnson Jerald (24 -2001-, El show de Larry Sanders -1992-, algunas apariciones en Espacio Profundo Nueve -1993-), es más secundaria, aunque el capítulo centrado en ella y sus hijos varados en un planeta con Isaac es de lo mejor de la temporada. Bortus es el tercero en rango, un alienígena serio y hosco pero competente, en la onda del klingon Worf; Peter Macon consigue expresarse a través de mucho maquillaje. La que más recorrido tiene este año es Alara Kitan, una chica muy joven metida a jefa de seguridad porque es de una de las razas más fuertes de la galaxia; Halston Sage saca todo el partido de los muchos conflictos personales y laborales que tiene. Y mención aparte merece Yaphit (voz de Norm MacDonald), un ser de consistencia gelatinosa (hecho por ordenador bastante bien) que parecía un chiste recurrente pero termina siendo un secundario de los que esperas su aparición en cada capítulo.

Aparte, en apariciones esporádicas tenemos algunos rostros muy conocidos en cine o televisión, como Victor Garber, Ron Canada, Kelly Hu, Jeffrey Tambor, Charlize Theron, Liam Neeson y un irreconocible Rob Lowe como el alienígena azul que siembra la cizaña en la relación de la pareja protagonista. También cabe destacar que el primer episodio lo dirige Jon Favreau (Iron Man -2008-). O hay mucho trekkie queriendo participar o MacFarlane tiene muchos amigos.

En las historias tenemos por lo general los roces abordo, tanto en el trabajo como fuera de él, y la misión de turno. Estas aventuras están en la mejor tradición de Star Trek, combinando la fascinación por descubrir nuevas cosas en el universo con diversos choques culturales, donde encontramos algunas lecturas morales muy efectivas. Hay conflictos éticos y políticos con otras especies, destacando su particular versión de los Romulanos, los Krill. Hay dilemas con la norma de no interferir en culturas atrasadas (en la onda de la famosa Primera Directiva), pues se encuentran con distopías, religiones, y demás que la ponen a prueba. También tenemos aventuras de supervivencia más clásicas pero que desarrollan temas jugosos con bastante gracia. Por otro lado, hay un episodio que se acerca más a Black Mirror (Charlie Brooker, 2011): aquel sobre un planeta donde la ley funciona por lo que vote la gente en la red; quizá podían haber sacado algo más de él, pero no está mal.

Conforme entramos en la temporada cada vez hay menos chistes infantiles y diálogos breves, la fórmula MacFarlane de soltar la gracia en medio de cualquier situación en vez de trabajar esta para que provoque risa en su conjunto va disminuyendo. Se sigue echando de menos algo más de ingenio, y el equilibrio entre drama, aventuras y comedia no termina de ser perfecto, pero tras el flojo inicio los protagonistas dejan de ser recipientes para verbalizar los chistes y hay escenarios más elaboradas, gracias de largo recorrido (destacando algún pique entre personajes), eficaces bromas recurrentes (el alien que quiere poner un hilo musical en el ascensor) y, sobre todo, se va cogiendo el punto al humor de la vergüenza ajena y la sátira (aunque esta no sea deslumbrante) de los temas socio-culturales tratados.

Todo se remata con un acabado visual bastante espectacular: vestuario, maquillaje, decorados y efectos especiales son de muy bien nivel. Eso sí, en el maquillaje me refiero a la creación de alienígenas, porque el de los humanos está un tanto sobrecargado y hay planos donde parecen payasos. MacFarlane también ha aprovechado la oportunidad para dar rienda suelta a otra de sus aficiones: la música de cine. En la banda sonora ha tirado la casa por la ventana con una gran orquesta y fichando nada más y nada menos que un titán como Bruce Broutghton (Silverado -1985-, El secreto de la pirámideYoung Sherlock Holmes, 1985-), a un veterano como John Debney (La isla de las cabezas cortadas -1995-, La pasión de Cristo -2004-) y a Joel McNeely, no muy destacable como compositor pero un reconocido director de orquesta. Los tres han seguido el tono de homenaje a Star Trek, sonando muy a James Horner, Jerry Goldsmith y a Dennis McCarthy, pero también se oyen referencias a La guerra de la galaxias, Alien

Por todo ello, no hay trekkie que no considere que es mucho mejor entrega de Star Trek que la fallida presentación de Discovery (Alex Kurtzman, Bryan Fuller, 2017), tanto en respeto a la saga, como en guion, como en acabado, y eso que aquella habrá costando cuatro veces más.

The Orville no aspira a ser una gran serie, sino un entretenimiento muy agradable, y a pesar de algunos baches y carencias por ahora va muy bien encaminada. Y Seth MacFarlane está empezando a caerme muy bien.

THE EXPANSE – TEMPORADA 3

Syfy | 2018
Ciencia-ficción, drama, acción, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Frankie Adams, Terry Chen, David Strathairn, Cara Gee, Chad L. Coleman, Shawn Dyle, Fançois Chay, Elizabeth Mitchell, Byron Mann, Martin Roach, Nadine Nicole, Andrew Rotilio, Monica Stuart.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sólo presento las tramas de la temporada. —

En la segunda temporada de The Expanse acabé decepcionado. En vez de aumentar el nivel de complejidad y calidad como se esperaba, hubo un importante estancamiento en tramas y personajes y también la sensación de que el abultado presupuesto que se supone que tiene no lucía como debería. Pero los guionistas se han puesto las pilas a lo grande y el equipo técnico y los directores han exprimido cada céntimo, logrando un año redondo, espectacular.

Tiene dos partes bien diferenciadas, tanto que parecen temporadas distintas, pero ambas son tan buenas que el abrupto cambio de escenario no afecta al ritmo y el interés. Tan buenas que hubiera preferido un año completo dedicado a cada parte, pero quizá los autores veían la sombra de la cancelación sobre sus cabezas y aceleraron la historia para dejarla en un punto y aparte que pudiera servir como final. Ha sido una serie demasiado ambiciosa y cara para Syfy, un canal en el que desde el éxito de la adulta y oscura Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2003) por alguna razón prefirieron apostar por series menores y por lo general más bien juveniles. Finalmente, se cumplieron los malos augurios, y acabó cancelada al termina la emisión de esta etapa. Pero por suerte son otros tiempos, y todos esperábamos que Netflix, su principal distribuidora fuera de EE.UU. y Canadá, siguiera con ella… pero en una maniobra inesperada ha sido Amazon quien ha adquirido los derechos para continuarla.

Como resultado, tenemos en una temporada lo mejor de los dos subgéneros habituales de la ciencia-ficción espacial: la ficción político-social y la fantasía de exploración. Pero el cambio de rumbo también renueva casi por completo las tramas y muchos personajes, algo insólito en una serie, y cambia la acción por el suspense. La primera parte del año se centra en la inevitable conflagración bélica en el sistema solar, la segunda, en la revelación final de la protomolécula. Ambas prometen cambiar el curso de la historia de la humanidad para siempre.

La guerra trae mil frentes abiertos, planes desbaratados por factores inesperados o traiciones, batallas y muerte por doquier. Vemos las tribulaciones políticas del gobierno de la Tierra, con la ambición del pelele de Gillis alentada por el corrupto de Errinwright: el secretario general sopesa la difícil disyuntiva de actuar con prudencia y esperar que las cosas se calmen o aprovechar el conflicto y hacerse un nombre en la historia. Conocemos las dudas de lealtad de los almirantes principales y algunos capitanes, donde se suceden disputas y motines que desmiembran la flota, mientras la armada de Marte, con su fanatismo, se mantiene unida. Todo parece abocado al desastre a pesar de la presencia de la pacifista reverenda y doctora Anna Volovodov (Elizabeth Mitchell), una vieja conocida de Gillis que este ha contratado para asesorarlo; pero la mujer se encuentra en un nido de víboras con poco margen de maniobra.

La protomolécula, por más esfuerzos que ha hecho la tripulación de la Rocinante, ahora renombrada como Pinus Contorta, sigue en manos de Jules Pierre Mao. Pero por ahora su prioridad es encontrar a Mei, la hija del botánico Meng, y no inmiscuirse en el conflicto bélico, que bastante problemas han tenido ya. Pero niña está en el núcleo de la tormenta, y así que acaban sorteando batallas y teniendo relevancia en el desarrollo de los eventos lo quieran o no. La secretaria Avasarala, con su guardaespaldas Cotyar y la marciana Bobbie, tratan de desenmascarar el complot de Mao y Errinwright, pero cayeron en su trampa y tienen que luchar a tiros por salir. ¿Lograran revelar pruebas de que la guerra ha sido provocada por intereses particulares?

El ritmo más que trepidante es demencial, no hay respiro, siempre surge un nuevo peligro, Los protagonistas principales recuperan el tono después de perder algo de fuelle. Cabe destacar la fantástica relación entre Amos y Meng, pero todos resultan de nuevo personajes llenos de matices y con gran magnetismo, y los actores están muy implicados. Muchos secundarios cobra mayor relevancia. Los almirantes Nguyen (Byron Mann) y Souther (Martin Roach) y sus principales oficiales ofrecen algunos de los momentos más tensos del año, pero tenemos un sinfín de historias menores con otros capitanes y soldados que potencian ese detallismo y realismo con el que se describe la historia del sistema solar.

En la segunda parte, la protomolécula salta a primer plano, habiendo creado en Venus un artefacto de propósito desconocido. Todo el sistema solar pone sus ojos en ello, pero la tensión en el aire es palpable, hay demasiadas heridas abiertas y rencillas pendientes, y juntar todos los bandos en un mismo sitio con tantos peligros y tanto miedo garantiza un polvorín. ¿Podrá la fascinación que despierta el objeto impedir la extensión de la guerra?

Conocemos a nuevos capitanes de Marte y la Tierra, más asesores varios, y el cinturón vuelve a requisar la nave generacional de los mormones y la envía llena de su gente al mando de Camina Drummer y el veterano comandante, pirata y terrorista Klaes Ashford. La tripulación de la Pinus Contorta acaba también metida en el meollo, con Jim Holden teniendo unas visiones extrañas justo cuando, por la fama adquirida, tienen unos periodistas abordo.

La inteligencia con que los escritores integran en la narración distintas visiones de lo que ocurre es digna de alabanza. La religión, la ciencia, la política, lo personal… todos los puntos de vista chocan ante una situación desconcertante que promete cambiar el entendimiento del universo. Cada personaje tiene una forma de reaccionar, y todos juntos mueven los acontecimientos. Mi sección favorita, aparte del grupo de Holden, son los líos de Ashford y Drummer y su población de cinturianos que comprende desde obreros resentidos a terroristas, todos con generaciones de odio a cuestas contra los planetas interiores por la larga historia de expolio y ninguneo. ¿Podrán la nueva situación aplacar la ira y dejar paso a la reconciliación? Dos colosos interpretativos, el conocido David Strathairm como Ashford y la joven pero sorprendete Cara Gee como Drummer, se alzan como los personajes secundarios del año, los comepantalla por excelencia: todas sus escenas, riñas y problemas son memorables.

Aquí también tenemos pequeños relatos que enriquecen la perspectiva global. Me ha encantado la del “saltador” (esos que hacen carreras de velocidad entre planetas y lunas), muy bien concentrada en pocos minutos y con un final alucinante, pero el capitán prudente de la nave insignia de la Tierra y la rica que se cuela en ella con Volovodod para estar en primera línea de los acontecimientos también son muy interesantes.

El único aspecto negativo, el único hilo suelto, es la presencia de Clarissa Mao (Nadine Nicole), otra del clan de los Mao que aparece para meter cizaña a su manera. Sus motivaciones no son nada verosímiles, por muy obsesionada que esté con la venganza por lo sufrido por su familia, no resulta creíble su viaje e intenciones. Pero aunque sea un personaje que rechina bastante, su interacción con los demás, los eventos que provoca con sus acciones, son muy variados. Por otro lado, cabe mencionar que el líder de la OPA, Dawes (Jared Harris), no aparece a pesar de que se lo menciona mucho y cabía esperar que dada su importancia estuviera presente; pensaba que sería por problemas de agenda del actor y que Ashford era un personaje creado para sustituirlo, pero por lo visto en los libros también se va dejando de lado.

En el aspecto visual prometió mucho en la primera temporada para, como señalaba, no crecer como se esperaba en la segunda. Pero este año es deslumbrante. Cada pocos capítulos aparecen nuevas naves con decorados muy elaborados y vistosos, de forma que parece una superproducción de cine. La puesta en escena maneja muy bien el ritmo ágil y la acción con muchos frentes abiertos a la vez, de forma que la historia fluye muy bien. Y hay con partes muy intensas en los escenarios bélicos y otros poblemas abordo, como el caos en que se sumerge la nave insignia de la Tierra con el frenazo. Las batallas espaciales no son tan numerosas como en Babylon 5 (J. M. Strackzynski, 1993) o Battlestar Galactica, pero resultan espectaculares, y eso a pesar del afán por hacerlas realistas.

La temporada resultante es colosal, con una ambición y realismo fascinantes como no se ha visto en el género desde Babylon 5. Sólo temo que después de este punto álgido no vuelva a tener historias tan llamativas, pero veremos qué nos ofrece, porque a partir de ahora no sabemos por dónde nos pueden llevar, salvo que obviamente hayas leído los libros, que van bastante por delante.

Ver también:
Temporada 1 (2017)
Temporada 2 (2015)

THE EXPANSE – TEMPORADA 2


Syfy | 2017
Ciencia-ficción, drama, suspense | 13 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Frankie Adams, Florence Faivre, Jared Harris, Shawn Doyle, Terry Chen, Nick E. Tarabay.
Valoración:

Alerta de spoilers: Creo que no hay nada que pueda considerarse revelador.–

Llegué a la segunda temporada de esta prometedora serie de ciencia-ficción con muchas expectativas y ganas. Dada su notable presentación esperaba que siguiera creciendo, como se espera de cualquier serie, y más en este caso al tener tanto potencial al apoyarse en una fuente bien asentada, una saga de novelas que ya va por siete entregas (planeadas nueve por ahora), más algunas novelas cortas y relatos como anexo. Era de suponer que el repertorio de estupendos personajes se vería ampliado, las historias sobre la vida en el sistema solar ganarían en complejidad, y la intrigante trama iría aumentando el nivel. Pero aunque inicialmente va manteniendo el tipo, eso sí, sin crecer tanto como hubiera sido deseable, a partir de su ecuador va perdiendo fuelle, anquilosándose poco a poco en todo elemento donde antes brillaba: los personajes conocidos se enganchan en un bucle, los nuevos carecen de interés, la historia conjunta del sistema solar se frena y pierde globalidad en pos de unas aventuras personales cada vez más sencillas… En el ambiente huele la sensación de decepción, de que los guionistas han llegado a su tope y han empezado a ir con la inercia, siguiendo malamente los libros y sobreviviendo porque las bases sentadas en ese primer año son muy sólidas.

Tenemos más capítulos, hasta trece contra los diez anteriores, pero a pesar de la cantidad de material que habrá en las novelas parece que les han sobrado varios. En la primera mitad se centran en cerrar la trama actual, la que nos ha llevado a Eros pero sobre todo ha servido para presentar la vida en el sistema solar, las distintas facciones, los problemas entre ellas, el turbio asunto de la protomolécula, y cómo todo salpica a unos pocos personajes que sin comerlo ni beberlo han acabado en el ojo de la tormenta. Pero no puedo dejar de pensar que el clímax principal, sin ser malogrado, es lo más endeble, y que si el conjunto se sustenta es por la calidad de los personajes y sus historias del día a día. Ocurre igual que en el primer libro (El despertar del leviatán, 2001), que es el que abarca este arco argumental: el asunto de Eros se cierra inclinándose demasiado por una ciencia-ficción muy fantástica (situaciones exageradas sin explicación detrás) y una solución dramática un tanto cursi (Miller, Julie Mao). Si no fuera por la trama política, el conflicto entre el grupo de Holden, las aspiraciones de Fred, la Tierra y Marte, que se desarrolla con infinidad de situaciones, habría sido muy insustancial; tanto misterio con la protomolécula y sus creadores, y al final los reducen a un mero macguffin con un par de deus ex machina demenciales. Y luego resulta que hay más promolécula por ahí… No sé cómo lo llevarán en los libros, que sólo he leído el primero, pero no puedo dejar de pensar en lo de siempre: en el aire queda la impresión de que cada vez que quieran ampliar la historia saldrá un nuevo caso de protomolécula, una nueva forma o una nueva conspiracón.

Como indicaba, más que el destino, la resolución de la trama, es la dinámica global, las variadas aventuras que van ocurriendo hasta llegar ahí, lo que mantiene el nivel. Cada elección y movimiento de los protagonistas se ve influido por la situación conjunta: las acciones de otros, cada cual con sus intereses personales e ideológicos, los problemas logísticos, mecánicos y demás, y sobre todo sus creencias, experiencias y esperanzas. El carácter de Holden, un capitán joven pero con determinación, la entereza de Naomi, las disputas sobre moral entre ambos, la fiereza y fidelidad de Amos, el matón mejor conseguido que he visto desde Jayne de Firefly (Joss Whedon, 2002), la simpatía del piloto Alex, y el variado viaje del carismático detective Miller garantizan un núcleo de protagonistas muy sólido donde hay gran margen para jugar con sus esfuerzos y emociones: todo lo que les cae encima los va afectando y agregando nuevas capas. Y la sección política, sea la independentista o casi terrorista del cinturón, con el fascinante Fred Johnson, el inquietante Anderson Dawes y demás fauna (el simpático Diogo, la llamativa segunda de Fred), o la más espesa de la Tierra, con Avasarala y Errinwright, mantiene muy bien el tipo, exponiendo con bastante tacto un universo ficticio muy complejo, detallista, y todavía muy prometedor. De hecho, es muy de agradecer que no se vea la improvisación habitual que suele lastrar el género, donde lo habitual es que los guionistas vayan reinventando la estructura sociopolítica y las peculiaridades diversas (tecnologías, lugares, etc.) conforme ven qué gusta o no al público; hasta grandes series, como Farscape (Rockne S. O’Bannon, 1999), siguieron esta fórmula a pesar de las enseñanzas de Babylon 5 (Joe Michael Straczynski, 1994); y más recientemente, la última exitosa del género, Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004), acabó pronto engullida por ese mal hacer; en estos momentos la otra destacable de ciencia-ficción espacial es Dark Matter (Joseph Mallozzi, Paul Mullie, 2015), que sigue a rajatabla esta forma de escribir, aunque por ahora lo haga bastante bien.

Pero en este mismo tramo empieza también a verse algo de desgaste, más concretamente en la poco efectiva presentación de los nuevos personajes. Para empezar, son poquísimos, implicando que el esperado aumento de protagonistas y la expansión del universo no llega a explotar del todo. No conocemos a los marcianos como suponía que iba a ocurrir, como pedía el argumento, y en la Tierra no llegamos a ver ninguna perspectiva nueva tampoco. Sólo tenemos algún embajador de los primeros y algún general en los segundos, todos secundarios sin especial atractivo y que no sirven para ampliar la descripción de cada pueblo. Sólo uno adquiere relevancia, la soldado Roberta Draper, alias Bobbie, que trabaja en una nave de guerra marciana. Pero me temo que esta no da mucho de sí. Su presentación, tirando de clichés de compañerismo y xenofobia, resulta poco satisfactoria, más bien cargante, y aunque la intención de mostrar a una soldado raso estrecha de miras y con el cerebro lavado por sus superiores podría haber sido un interesante punto de partida para tener un rol que evolucione poco a poco, lo cierto que es que su viaje es poco o nada sustancioso y sí muy predecible, con lo que no llega a causar mucha impresión. Pero lo peor es que el casting, siempre acertado anteriormente, estuvo muy errado con la elección de la intérprete: Frankie Adams lo hace fatal.

Los problemas serios explotan a partir del ecuador de la temporada. Una vez resuelto el conflicto alrededor de Eros la serie entra en un estancamiento evidente. No estoy hablando de algo especialmente grave, pero sí lo suficiente como para fastidiar las expectativas, pues en vez de explorar todas las posibilidades latentes de este rico universo nos retrotraen hacia una narrativa bastante más básica. Lo único rescatable que se me ocurre es el lío de los inmigrantes, que aporta un poco de profundidad al verosímil entramado social y sirve también de reflejo y crítica del mundo real. Pero aunque hay algunos amagos, sobre todo con Naomi, los protagonistas no terminan de entrar del todo en la nueva situación. La escalada en la crisis del sistema solar es previsible a estas alturas y no tiene giros que aporten novedades y sorpresas, de hecho, acaba centrándose demasiado en personajes concretos, olvidando la complejidad global en post de un punto de inflexión muy simplón: ese tiroteo tonto en la nave de Jules-Pierre Mao corta bastante el rollo, la falsa despedida de un personaje con su hijo para luego meter un giro sorpresa bastante forzado no me ha gustado nada. El drama personal también acota más de la cuenta sus ambiciones, acabando todos, absolutamente todos los personajes, dando vueltas en círculos durante esta segunda mitad del año. Queda lo suficiente de ellos como para tener roles reconocibles y carismáticos, pero hemos dejado de andar hacia adelante, todos se atascan en su característica más reconocible: Holden obstinado, Naomi dudando, Amos bruto…

En cuanto a los nuevos, los generales y políticos finalmente no dan nada de sí, resultan simples objetos de la trama. Pero conocemos otros dos secundarios que aportan algo más de enjundia, aunque ninguno deslumbre. El hombre para todo de Avasarala cae bien, pero no se sabe si es un administrativo, un matón, un agente secreto o un delegado político, hace de todo y todo lo hace bien, eso sí, todo fuera de pantalla, así que lo único que deja son las divertidas conversaciones con ella. A los chicos de la Rocinante se une un refugiado de Ganímedes, un botánico que busca a su hija; pero su drama está muy trillado y como miembro del grupo no entusiasma lo más mínimo.

En estas condiciones no sorprende que, en lo que queda de temporada, lo poco que hay se va dilatando malamente hasta un tramo final de tres o cuatro capítulos ahogados en un bucle, llenos de escenas estiradas hasta la extenuación, que claramente se deberían haber resumido en un solo episodio para en el resto avanzar en la trama o empezar una nueva, para así levantar el interés. Pero como no lo han hecho y los momentos álgidos son bastante pobres, llegamos cansados a un desenlace bastante aburrido y decepcionante. No hay más que comparar el intrascendente clímax final, echar de la Roci a un intruso, lo que se expone con escenas alargadas cosa mala a pesar de la poca chicha que tienen (y además aquel llegó ahí en las mismas condiciones: todo un episodio buscándolo entre los restos, ¡qué interesante!), con el clímax del primer acto, asaltar una instalación secreta, que nos regaló una batalla espacial espectacular y un combate a tiros muy efectivo, todo ello a la vez que los personajes estaban sumergidos en dilemas y problemas varios y el desarrollo de la propia situación influye en el conjunto de acontecimientos del sistema solar. Si es que hasta se deja de lado la seriedad de la física espacial: pasamos de esa realista pero memorable batalla al ridículo viaje entre lunas de Alex, con todos los satélites juntitos y la nave llegando en segundos de uno a otro.

Desde mi punto de vista, la serie iba siendo mejor que la primera novela (la única en castellano hasta la fecha), de hecho, había pensado no leer más libros para disfrutar más de la serie. El lenguaje de Daniel Abraham y Ty Franck (aunque firman como James S. A. Corey) es algo pobre, el ritmo mejorable, y el tramo final pierde bastante fuerza, mientras que la adaptación encabezada por Mark Fergus venía mostrando un guion muy certero, más complejo (un acierto incluir a Avasarala desde el principio, Fred y Dawes están mejor explotados) y a la vez fluido, y la puesta en escena es muy buena, más teniendo en cuenta las limitaciones y dificultades del género (requiere mucho dinero y mucha visión). Pero a la hora de saltar al siguiente libro (o libros, no sé cuánto abarcan a partir de la mitad de esta temporada) la serie ha patinado bastante, y si va a continuar flojeando lo mismo vuelven a cambiarse las tornas a favor de los libros. Esperemos que este bajón sea un bache y no la tendencia a seguir, porque toda una temporada con el nivel de estos últimos episodios seguramente acabaría con una serie que va muy justa en audiencias y cuesta bastante rodar.

PD: El flashback al tipo que inventó los motores actuales (Epstein) es innecesario (muy anticlimático) y roza la vergüenza ajena (no sé cómo será en los libros). Cómo esperan que me crea que llega un tipo, improvisa un arreglo en un motor cuyos límites físicos están bien determinados, y sin darse cuenta consigue una evolución tecnológica que cambia el futuro de la humanidad. Sería como conseguir que un avión de pasajeros estándar superara varias veces la barrera del sonido: no, sus motores no pueden dar una potencia para la que no están preparados, la estructura del avión no soportaría esa aceleración, y mil imposibilidades más. Por no decir que el núcleo dramático de su historia es que va muy rápido y no puede pulsar el botón de frenado…

Ver también:
Temporada 1 (2016)

THE EXPANSE – TEMPORADA 1

Syfy | 2015
Ciencia-ficción, drama, suspense | 10 ep. de 44 min.
Productores ejecutivos: Mark Fergus, Hawk Ostby, Naren Shankar, varios.
Intérpretes: Thomas Jane, Steven Strait, Cas Anvar, Dominique Tipper, Wes Catham, Shohreh Aghdashloo, Chad L. Coleman, Athena Karkanis, Paulo Costanzo, Jay Hernandez, Florence Faivre, Jared Harris, Lola Glaudini, Shawn Doyle, Kevin Hanchard.
Valoración:

The Expanse (la expansión) es una serie de novelas escritas por Daniel Abraham y Ty Franck bajo el pseudónimo compartido de James S. A. Corey. La primera entrega, Leviathan Wakes, se publicó en 2011, y apuntan en principio hasta un total de nueve. En España está prevista su llegada a finales de 2016. La adaptación nace en el canal Syfy a manos de Mark Fergus y Hawk Ostby, autores de guiones del calibre de Iron Man (2008) e Hijos de los hombres (, 2006). Pero también cuentan con la experiencia de un veterano como Naren Shankar, que empezó en Star Trek: La nueva generación (1987) y ha pasado por varias del género (Farscape -1999-, Más allá del límite -1995-) además de por C.S.I. Las Vegas (2000).

Desde el primer capítulo se notan los orígenes literarios en la complejidad y detallismo del universo presentado y la valentía de tener varios frentes muy distantes en espacio y tiempo (está claro que tardarán bastante en unirse), pero también en estilo. Cada sección es prácticamente un género y una historia por separado donde se describen distintos aspectos fundamentales del trasfondo en que se está gestando la trama global, una conspiración que amenaza con alterar el precario equilibrio político y social de todo el Sistema Solar.

En Ceres (el asteroide más grande del cinturón, denominado ahora como planeta enano) tenemos una intriga de detectives que aborda temas sobre diferencia de clases, lucha obrera y terrorismo. La vida se retrata en profundidad: los cinturianos tienen su propio lenguaje y gestos, sus problemas (escasez de agua, deformaciones por la baja gravedad), sus tipos de ciudades, ambientes y trabajos. Cabe destacar que la miseria y el odio creciente contra la Tierra y Marte por explotarlos sin miramientos son el caldo de cultivo para que la aceptación de una banda terrorista esté aumentando entre la población. Pero en todo ese embrollo no se olvidan de la esencia del cine negro, con un detective, Joe Miller, por lo general sombrío y a veces abrumado por los hechos, pero también capaz y resistente hasta la desesperación de sus enemigos y superiores. Y no le falta el sombrero y cierto cinismo, en la onda del gran Humphrey Bogart de El halcón maltés (John Huston, 1941) y El sueño eterno (Howard Hawks, 1946). El carisma nato de un actor tan desaprovechado como Thomas Jane (La niebla -2007-, Hung -2009-) termina de perfilar este protagonista clásico pero de gran magnetismo, y el caso, seguirle la pista a una joven rica descarriada, avanza con su intriga combinada muy bien con esa elaborada descripción del lugar y la acertada exposición de su particular grupo de personajes secundarios.

A bordo de un carguero de hielo que vuelve de Saturno empezamos a conocer a su tripulación, aunque quienes se alzarán como protagonistas no serán quienes esperas de primeras, en uno de los giros donde más se nota el origen literario: los realizadores no tienen miedo a la hora de presentar a los protagonistas con tranquilidad y denotando una prometedora planificación futura. Nos encontramos con que, tras discutir sobre si realizar un salvamento (por eso de que podrían ser piratas), una nave desconocida destruye el carguero. Se salvan de milagro los pocos que fueron en la lanzadera de rescate, unos voluntarios, otros obligados. Y esta es la otra gran sección de la temporada: la aventura de supervivencia de unos desgraciados que sin comerlo ni beberlo se han topado con parte de un extraño complot. Porque no sólo deberán sobrevivir en el implacable espacio, sino que serán rifados por cada bando político, siendo acusados por unos y buscados por otros para ver qué saben de la misteriosa nave causante del lío y que parece querer provocar una guerra.

Su odisea va dibujando cada rol y afianzando la dinámica del grupo, aprendiendo cada uno las habilidades y limitaciones de los demás, teniendo sus momentos de confianza y desconfianza. Jim Holden (Steven Strait -visto en Magic City, 2012-) es el más inteligente y moralista: se para a analizar toda situación, pensando en las implicaciones a corto y largo plazo de las acciones que proponen seguir. Esto desespera a Amos Burton (Wes ChathamThe Unit, 2006, Los juegos del hambre: Sinsajo, 2014-), el bruto cabeza hueca, que saltándose el rango de aquel se alía con Naomi Nagata (Dominique Tipper en su primer papel relevante), una superviviente nata que actúa con más determinación. Alex Kamal (Cas Anvar -infinidad de papeles secundarios-) queda un poco en tierra de nadie, pero su gran valía como piloto impide que sea ninguneado. Todos tienen un pasado con secretos que se irá desvelando poco a poco, terminando de definir sus formas de ser.

Este viaje sirve también para profundizar en el espectro político: vemos cómo funciona la maquinaria bélica (impresionante la parte de la nave de guerra marciana), se matizan los roces entre estados y nos presentan otros bandos menores. En sus numerosos cambios de escenario buscando respuestas y salidas destaca la estación Tycho, donde conoceremos a Fred Johnson (Chad L. ColemanThe Wire, 2002, The Walking Dead, 2010-), otro jugador importante del tablero que actúa de forma independiente. Y de refilón vemos a los mormones y su nave gigante de colonización, que parece más bien una hégira. ¿Qué relevancia tendrán en el conjunto de acontecimientos?

En la Tierra terminamos de adentrarnos de lleno en la política al seguir las andanzas de la secretaria de estado Chrisjen Avasarala (Shohreh Aghdashloo24, 2001, Grimm, 2011-), cuya posición en las altas esferas pero no demasiado arriba le permite estar metida en todos los berenjenales sin exponerse demasiado. Es una veterana de los juegos a dos bandas, de los secretos y las intrigas, y acaba hasta el cuello con ellas en el lío al que los gobiernos de la Tierra, Marte y el cinturón están siendo empujados. ¿Quién está agitando el avispero y con qué intenciones? ¿De quién es esa nave hostil que son incapaces de identificar y encontrar? ¿En quién puede confiar?

En lo visual también muestra una ambición que no se veía en Syfy (el único canal que a veces apunta hacia el espacio) desde Battlestar Galactica (Ronald D. Moore, 2004). Muchos escenarios con decorados de todo tipo, incluyendo varios interiores de navíos, bastante efecto digital de calidad y una buena labor de vestuario reconstruyen los distintos lugares y ambientes con bastante realismo. Destaca la recreación de Nueva York, protegida por diques para no acabar bajo el agua, el diseño verosímil de las naves, el contraste entre zonas ricas y pobres… Y supongo que en próximas temporadas veremos más localizaciones (¿conoceremos Marte al fin?). Eso sí, en comparación no veo que supere a Galactica. No hay cifras confirmadas, pero los rumores dicen que aquella costaba unos dos millones de dólares por capítulo y que The Expanse estaría por encima de los cuatro, con lo que cabe pensar que podría lucir mejor. Ahora bien, como digo el acabado es impresionante y carencias tiene pocas. Solo una podría citar, y precisamente por todo este estupendo trabajo me mosquea bastante: ¿por qué pusieron tan poco esfuerzo en diseñar los puentes de mando? Hasta el acorazado marciano se maneja con una mísera tableta que vale para todo (por no decir que el puente es un cubículo puesto en medio de lo que parece un almacén). ¡Quiero pantallas, botones y gente currando!

El mimo que ponen los realizadores también se aplica a la autenticidad de la física espacial. La gravedad sólo funciona cuando una nave está en aceleración, y por ello estas tienen forma de cohetes y no de barcos y aviones como acostumbra el género. Las batallas son hiperrealistas en movimiento, distancias (las naves no se ponen a cien metros para dispararse, pues pueden hacerlo desde miles de kilómetros, y sólo se acercan para el abordaje) y efectos varios (las explosiones, descompresiones e ingravidez dan para un sinfín de escenas emocionantes). Eso sí, hay molones efectos de sonido, y a mí me parece estupendo.

Aun así, la dificultad de rodar tanta escena compleja termina mostrando algunos fallos: estanterías que claramente no sujetan bien los objetos, mesas con cosas puestas que saldrían flotando en cuanto dejen de acelerar, y alguna situación que no parece tener lógica. Resulta que, en una pequeña lanzadera con un habitáculo no más grande que una habitación, la exclusa falla y se abre, y se tiran un rato arreglándola, cuando está claro que el aire habría salido por completo en segundos. Y la más llamativa, cuando están reparando algo en el casco una herramienta de repente sale despedida a toda velocidad como si la nave estuviera en una aceleración que no afecta a los trabajadores, que se sientan en el casco como si no se encontraran en perpendicular respecto a la supuesta fuerza ejercida, ni a otros escombros que flotan alrededor. Aparte, hay un fallo de edición llamativo: en los capítulos 102 y 107 vemos una escena breve repetida, la de Miller yendo al puerto de Ceres y tropezando con un transeúnte (minutos 10:14 y 33:56 respectivamente, por si te da la curiosidad).

Pero salvo por esas minucias la puesta en escena no está nada mal. No tiene una labor de dirección que deje huella, pero cumple de sobras y la fotografía es bastante buena, destacando que los juegos de filtros e iluminación varían según donde estemos. Sólo he echado de menos una banda sonora con más personalidad. En cuanto a los títulos de crédito, se han currado unos bastante majos que resumen la colonización del sistema solar de forma artística, pero los episodios van tan ajustados de duración que sólo aparecen en dos o tres y en el resto sólo vemos el logo de rigor. Y finalmente, aunque también sin deslumbrar, el reparto convence a la primera, todos se hacen rápido a sus roles y muestran con veracidad las penurias constantes a las que se enfrentan.

Viendo esta presentación de The Expanse está claro que estamos ante una serie de ciencia-ficción con una complejidad muy de agradecer en un género, por desgracia para los fans, poco explotado en este sentido. Babylon 5 (Joe Michael Straczynski, 1994) y para de contar, porque Battlestar Galactica fue puro humo, desde la primera temporada se vio que todo estaba improvisado de mala manera, y Farscape (Rockne S. O’Bannon, 1999) y Firefly (Joss Whedon, 2002) eran más de aventuras, sin un universo elaborado ni grandes tramas políticas. Con la atractiva exposición gradual de este futuro ficticio, la jugosa intriga global que alcanza a tantos bandos e individuos, la certera descripción de estos y sus atractivas y variadas aventuras, The Expanse resulta imprescindible para el fan de la ciencia-ficción, pero también es muy recomendable para el que busque un buen thriller político. Su calidad es bastante alta y su potencial enorme, aunque en esta primera etapa no llega a explotarlo del todo debido a algunas limitaciones. Nada grave, pero da la sensación de que se queda a las puertas de lograr una temporada monumental.

El principal lastre es el ritmo inestable, que corre unas veces más de la cuenta y otras se frena demasiado. El proceso en que Miller acaba encaprichado de la chica misteriosa que persigue me parece un tanto forzado, así como su decisión final de buscarse nuevos aires. La dinámica de la tripulación en formación parece condensar demasiados eventos sin permitir que estos calen del todo en los personajes; donde más se nota es cuando llegan por fin a un sitio donde pueden decir lo que saben y esconderse para que no los molesten, pero de repente, sin una transición adecuada, los vemos meterse por voluntad propia aún más en todo el jaleo. Y sobre todo, la política en la Tierra es más pesada de la cuenta: tiene escenas que dan muchas vueltas para llegar a cosas obvias, de hecho hay algún momento que peca de rebuscado, como la visita a la madre de un protagonista (esa que vive en una casa en la nieve). En otras palabras, Avasarala habla demasiado, ocupando un tiempo que podría haberse empleado en describir mejor a los secundarios de esta sección así como el funcionamiento y las maquinaciones del gobierno.

Eso sí, no veo bajones acusados, más grave me parece la velocidad excesiva de algunos acontecimientos. Creo que le habría venido muy bien más capítulos para tratarlo todo con mayor tranquilidad, dejando que se asienten mejor los personajes y las historias, para lo que podrían haber incluido alguna trama secundaria, que espacio para moverse por este vasto universo tienen de sobra. Por otro lado, esa velocidad, esa lluvia de información, permite ver la temporada varias veces sin que acuse desgaste.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 4

The Wire
HBO | 2006
Drama, policíaco | 13 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, Chad L. Coleman, J.D. Williams, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe, Jermaine Crawford, Maestro Harrell, Julito McCullum, Tristan Wilds, Reg E. Cathey, Robert F. Chew.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento las tramas y personajes lo justo para poder hablar de los temas y mensajes de la temporada.–

En el cuarto año de The Wire David Simon sigue ampliando las miras y objetivos de su titánico análisis sobre las sociedades del primer mundo, pues como he indicado en artículos previos, a pesar de que retrate un país y ciudad concretos la mayor parte de lo mostrado es extrapolable a muchos otros lugares. Esta vez nos lleva a las entrañas del sistema, a los dos sectores clave en el funcionamiento del modelo social vigente: las escuelas que deben formar a los futuros ciudadanos y los políticos que en teoría trabajan para el pueblo.

Para mostrar los aspectos negativos del sistema escolar Simon elige como es lógico un ejemplo de colegio público de los que están muy afectados por el negocio de la droga y la ineficiencia gubernamental. En este lugar el nuevo grupo de protagonistas, profesores también pero sobre todo alumnos, servirá para reflejar una gran gama de situaciones, inspiradas en hechos reales como siempre, desde las que analizará todas las carencias y fallas de la administración (en todo su rango, desde las escuelas y el ayuntamiento al Estado de Maryland) tanto en la educación como en la lucha contra las drogas, pero sobre todo señala nuestro fracaso como sociedad en general. Los numerosos chavales que ahora comparten protagonismo con los policías y criminales ya conocidos nos enseñarán cada uno un modelo de las vidas de este mundo, pero todos tendrán con un punto en común: un futuro prácticamente negado por un sistema podrido del que es casi imposible salir.

Uno puede decir qué día es por sus caras. El mejor día es el miércoles. Es cuando están más lejos de casa, de lo que esté pasando en las calles. Entonces se ven sonrisas. El lunes hay ira. Los martes, están atrapados entre lunes y miércoles, así que podría ir en cualquier dirección. Los jueves sienten que llega el fin de semana. El viernes de nuevo es malo. -Una profesora.

Duquan (Jermaine Crawford) crece en la pobreza en un país con ayudas sociales escasas e inefectivas, y aunque es inteligente y aplicado, de nada sirve si tienes todas las papeletas de acabar cayendo por las grietas. Randy (Maestro Harrell) parece un buen sobreviviente en un ambiente sin violencia, en especial por su habilidad para los pequeños negocios, pero en esta cultura que exige ser siempre implacable y desalmado muestra sus debilidades: una cobardía aquí, un chivatazo allá, y estarás marcado de por vida. Namond (Julito McCullum) se forma en la droga, pues su padre, Wee-Bey, es de los grandes del negocio, y su madre está acostumbrada a vivir montada en el dólar sin dar un palo al agua, así que con el esposo en la cárcel le exige que continúe su negocio. Pero el chicho es gentil, amigable, y rehúye la violencia. A veces el entorno no consigue doblegar la personalidad, y veremos si es capaz de aprender como se le pide o cae en el intento, porque salir de ese mundo en las condiciones existentes, como digo, es algo en lo que ni pierden el tiempo soñando. Michael (Tristan Wilds) es el más maduro y duro, tanto que llama la atención de los narcos del barrio; pero no quiere seguir un camino de violencia, con lo que se enfrenta a una disyuntiva semejante al anterior, aunque con una perspectiva muy distinta. Por supuesto hay muchos más, porque Simon no escatima a la hora de incluir más de una decena de personajes nuevos, ampliando el nivel de complejidad, profundidad y realismo del relato. El niño que roba coches, el chiquinajo que da miedo, el grupo que va al aula especial de Colvin, los profesores que lidian como pueden con el desastre…

Se podría decir que desde ves el viaje en que están embarcados los chicos se puede intuir bastante bien la ruta que seguirán, pero es evidente que la idea es representar los estereotipos más comunes del panorama, igual que en la primera temporada Stringer, Barksdale y D’Angelo ejemplificaban las distintas formas de entender el negocio del narcotráfico. Y además hablamos de The Wire y David Simon. El dibujo de todos ellos es complejo y profundo, muestra unas figuras tan humanas que parece que estamos viendo un documental en el que han grabado vidas reales. Nunca se ha visto en cine o televisión un reflejo tan verosímil de la juventud y adolescencia… y resulta demoledor, porque estamos ante casos muy tristes. Además hay que destacar el papelón que consiguen todos. Es increíble el trabajo de casting y dirección de actores que han logrado los realizadores, pero sobre todo lo bien que se adaptan los críos a sus papeles a pesar de no tener mucha experiencia: ninguno se queda corto a la hora de ofrecer una interpretación de gran naturalidad y llena de matices.

El tono de gran parte de la temporada es melancólico, más trágico que de costumbre. Nunca la miseria que nos ha ido mostrado Simon llega tan hondo como en esta etapa, porque viendo este ensayo sobre el crecimiento y formación de las personas eres más consciente que nunca de que son eso, personas, de que nadie nace siendo un asesino o un narcotraficante, sino que en su mayor parte es el entorno el que dirige nuestras vidas y pocas veces nuestras decisiones son tomadas en total libertad, conciencia y conocimiento de lo que nos deparará lo elegido. Todos los niños están atados a un negro porvenir por muchos factores: el barrio donde han crecido, la familia (espeluznante la madre de Namond mandándolo a la esquina y la de Michael pidiéndole dinero para drogarse) y sobre todo el sistema, que no es capaz de ofrecerles un camino mejor y termina abandonándolos. Los procedimientos de acogida dan miedo. Todos temen acabar en una residencia social, que es el salto final a la selva: rodeado de cientos de menores desamparados y violentos, casi parece más segura la esquina, donde al menos tienes a tu banda. Los colegios son un desastre terrible, ni tienen dinero ni un modelo eficaz, y el entramado de administración y gobierno es incapaz de dar soluciones. Lo que se hace es parchear, rebajar expectativas, disimular la realidad con diversas técnicas.

-Si les enseñamos a los chicos las preguntas de examen, ¿qué se evalúa con ello?
-Nada. Nos evalúa a nosotros. Si las notas de los exámenes suben, pueden decir que las escuelas están mejorando. Si las notas siguen bajas, no pueden.
-Es manipular las estadísticas.
-¿Cómo dice?
-Convertir los robos en hurtos, hacer desaparecer las violaciones… confunde las estadísticas y los Mayores se vuelven Coroneles. Ya había estado aquí.
-Adondequiera que vayas, allí estás.

-Prez y otra maestra.

-La escuela recibe cierta cantidad de dinero por cada chico que aparece un día en septiembre y un día en octubre.
-¿Un día?
-Después de eso, no pierden el dinero del gobierno, así que terminamos.

-Cutty y el Oficial de novillos.

Con este panorama se encuentra Roland Pryzbylewski, Prez para los amigos y Prezbo para los alumnos, quien después de fracasar como policía se mete a profesor. Parece que los niños se lo van a comer vivo, de lo blando que es. Sorprendentemente consigue cierta conexión tratándolos con cercanía y sinceridad… pero claro, se topa con todas las barreras del sistema y poco puede hacer. En vez de enseñarles cosas con las que puede despertar su interés debe machacarlos con tests repetitivos para falsear las estadísticas. Hay que señalar que el viaje de Prez, así como gran parte de las historias, está directamente inspirado en el segundo guionista de la serie, Ed Burns, pues pasó de agente desencantado a profesor para ver si podía hacer más bien a la sociedad, pero vio que no y terminó escribiendo con David Simon (empezando con el libro The Corner) para denunciar toda esta mierda.

A las escuelas llega también Bunny Colvin, el que se montó el experimento de legalizar las drogas. Se encuentra con un proyecto universitario bien subvencionado que pretende buscar un modelo alternativo para los chicos más problemáticos. Así, Simon tanteará con qué se podría hacer para mejorar las cosas, pero como siempre ofrece una perspectiva diversa y verosímil. Separan a los chavales con más problemas para darles un toque más cercano y personal, para tratar de entenderlos y sacar algo de ellos. Al poco de estar ahí Bunny se da cuenta de lo obvio, y suelta una demoledora frase que define muy bien la situación:

Sabéis que esto, toda la maldita escuela, el modo en que os comportáis, es entrenamiento para la calle. El edificio es el sistema, nosotros somos la policía. Venís aquí todos los días y practicáis escaparos, tratáis de ejecutar distintos tipos de planes. Es práctica para la esquina, ¿no? No hay verdaderos policías. No hay verdadero peligro. Pero todos sacáis algo de esto. -Colvin.

Pero en el otro gran arco argumental de la temporada aparece una gota de esperanza. En el año previo conocimos a los altos mandos policiales y el ayuntamiento. En esta etapa se acercan las elecciones, y el concejal Thomas Carcetti tiene una versión fresca, incorrupta y decidida para la ciudad. Trae muchas promesas, sobre todo para el maltrecho cuerpo de policía… Pero eso si gana las elecciones. El alcalde Royce es un duro rival, tiene a la ciudad bien agarrada con sus largos tentáculos de amiguismo y corrupción. Así, la campaña es larga y jodidamente complicada.

En esta historia conocemos más a fondo cómo funciona la política estadounidense, que a la hora de la verdad es tan corrupta e incompetente como la española, pero también es bastante más democrática que aquí, más centrada en personas concretas que en partidos, y más cercana al pueblo (las presidenciales son un mundo aparte, eso sí). Vecinos, comunidades, religiones, gremios y otros tantos grupos defienden los intereses de sus zonas y miembros, y tanto los cargos electos como los que se presentan tienen que mantener el contacto y las promesas con ellos, escucharlos y ganarse su respeto si quieren que estos apoyen sus nombres para que el ciudadano termine votándolos. En España un concejal y un alcalde puede ser presionado por la asociación de comerciantes local, pero poco más, y desde luego más arriba de la cadena la separación es ya total: aquí un diputado autonómico vive en otro mundo, sin contacto con las bases, sólo se debe a su partido.

No nos olvidamos por supuesto de los dos grupos protagonistas desde el inicio de la serie, los policías y los narcotraficantes. Marlo es quien domina ahora el Oeste, pues de la banda de Barksdale sólo queda Bodie en las calles. Es insaciable e intratable, y a Proposition Joe le cuesta llegar a él para exponerle su idea de la cooperativa, eso de que cada rey de la droga de Baltimore se reúna con los demás para compartir beneficios: la mejor droga, defensa común ante nuevos jugadores, buenos contactos, etc. Chris y Snoop siguen siendo sus fieles perros de presa y dos personajes que a pesar de ser asesinos resultan entrañables. El plan de esconder los cuerpos en casas desocupadas y tapiarlas de nuevo está dando frutos, pero las técnicas policiales son conocidas también en otros ámbitos: ya no usan teléfonos móviles.

Como los cuerpos no aparecen, a pesar de que sin duda se ha ganado su posición por la fuerza, la Unidad de Delitos Mayores anda muy perdida. Lester sigue trabajando incansablemente, pero el grupo está reducido a Sydnor y Kima. Y como siempre, las trabas políticas y las agendas de los altos mandos ponen en peligro al grupo, hasta el punto de desbaratarlo de nuevo. Lester y Kima acaban en homicidios, algo nuevo para ella (creció en narcóticos), con Bunk y otros secundarios que siempre andan por ahí aunque no recuerdes sus nombres (el sargento Jay el más destacable). McNulty está de patrullero y saliendo con Beadie (la agente portuaria de la segunda temporada), y ha aplacado sus demonios internos: la ira por un trabajo difícil y sin resultados reales lo empujaba al alcoholismo. Herc no es capaz de ascender estudiando (el pobre es bastante cortito) y espera que trabajando como chófer en el ayuntamiento lo consiga… pero tendrá tanto golpes de suerte como grandes meteduras de pata. Carver en cambio sigue demostrado ser un buen policía y va escalando la cadena de mando. Y mejor oficial es Cedric Daniels, quien poco a poco va aprendiendo a jugar con la política, y en quien se fija Carcetti para tener a alguien igual de incorrupto entre los altos mandos, porque Burrel y Rawls le lamen los pies al alcalde o guerrean entre ellos. La fiscal Rhonda continúa siendo el contacto con los tribunales, y su futuro también le depara sorpresas.

En la calle tenemos otros pocos muy queridos que terminan de redondear este inconmensurable y fascinante mosaico de tramas y personajes. Omar acaba enfrascado en otro pique personal con el rey de turno, Marlo. El vagabundo Bubbles sobrevive el día a día con sus miserias: la pobreza y la adicción. Toma un joven pupilo bajo su cargo, pero la cosa no termina de ir bien, sobre todo cuando un matón empieza a acosarlos. Y Dennis Wise, alias Cutty, está triunfando con el gimnasio para jóvenes de la calle que se montó, aunque como era de esperar se enfrenta a problemas que traen estos de fuera.

Entre los muchos grandes momentos me resultan especialmente inolvidables los siguientes. La escena inicial del año, con Snoop comprando una pistola de clavos hablando de pegar tiros ante el atónito dependiente. La cena de Colvin con los alumnos del grupo especial, mostrando cómo el entusiasmo choca con las barreras sociales. McNulty haciéndose amigo de Bodie. La cadena de acontecimientos que acaba jodiendo la vida de unos de los niños (el ataque a su casa). Lester deduciendo sobre las casas abandonadas y cerradas. El agujero que se encuentra Carcetti en los presupuestos y que condiciona todas sus promesas. Bubbles tocando fondo. Los destinos de todos los chicos, la mayoría horribles…

El equilibrio de relato es como siempre impecable, pues a pesar de su indescriptible complejidad y profundidad resulta más que entretenido adictivo, te atrapa con todas las historias personales, te conmueve con la certera descripción del mundo. Pero esta vez, como indicaba, el tono es más oscuro que de costumbre, llegando a tener momentos desoladores.

Cuándo cambiará esta mierda -Colvin.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 3

The Wire
HBO | 2004
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Idris Elba, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, J.D. Williams, Chad L. Coleman, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la historia del año para poder analizar su mensaje y alcance, y cito la trayectoria general de los personajes intentando no caer en cosas reveladoras ni giros importantes.–

Una nueva etapa se está gestando en la ciudad de Baltimore. Vientos de cambio se aproximan para los grupos que nos conciernen, políticos, policías y nacrotraficantes. David Simon utiliza este nuevo curso para exponer otras perspectivas sobre el fracaso legal, social y político de la lucha contra el narcotráfico, destacando el planteamiento de una cuestión no por antigua menos delicada: la legalización de las drogas.

El otro tema central es la cadena de mando. Ya vimos cómo trabajan los detectives y policías a pie de calle, y los altos mandos sólo aparecían para dar órdenes y fastidiar. Ahora conoceremos a fondo la estructura del cuerpo de policía en sus rangos superiores: mayores, capitanes, coroneles, comisarios y finalmente concejales y alcalde. Este alcalde, Royce (Glynn Turman), está hasta el cuello de homicidios, que van camino de batir récords, y mete presión para bajar esa cifra. Se esperan 275 asesinatos para el fin de año en una ciudad de dos millones de habitantes; como indican los personajes, si ese ritmo se diera en New York serían… ¡4.000 homicidios al año! El subcomisario Rawls y comisario Burrell son el nexo de unión del cuerpo de polícía con el ayuntamiento, y quienes se comen el marrón. Pueden rodar sus cabezas si no arreglan una situación que conocen muy bien como imposible de mejorar con el presupuesto y el personal disponibles. Pero aun así presionan con fuerza a los líderes de los distintos distritos de la ciudad, esperando un milagro imposible porque su visión es tan conservadora como la del resto de políticos y de gran parte de la sociedad. Se aferran a lo conocido, luchan con las mismas herramientas de siempre. Si antes nada de eso funcionaba, no lo va a hacer ahora.

Pensé en legalizar las drogas -Bunny Colvin.

Pero una mente inquieta emerge. Alguien asqueado del conservadurismo, la estrechez de miras y las tácticas obsoletas, alguien que no tiene nada que perder (está al borde de la jubilación) y decide experimentar a lo grande. El Mayor Bunny Colvin (Robert Wisdom), de una comisaría del distrito Oeste, decide seleccionar zonas deshabitadas y forzar que todo el tinglado de la droga se concentre ahí, prometiendo a los narcotraficantes más visibles (los que tienen fichados de las esquinas) que sus policías harán la vista gorda al tráfico en esas secciones pero serán implacables fuera de ellas. No será fácil, pero la respuesta no tarda en llegar: los vecinos de las zonas habitadas viven mejor, los crímenes de la lucha por territorio, es decir, la causa principal de los homicidios, descienden en picado. Y los drogadictos y vendedores hacen su agosto. Hamsterdam lo llaman.

Huelga decir que Colvin será visto como una oveja negra, como un lunático, en vez de aprovechar su visión para estudiar una vía que no pocos defienden con argumentos de peso. Sin ir más lejos, incluso otras personas también abiertas a nuevos conceptos sociales (humanistas, colaboradores en organizaciones sociales y religiosos implicados en las miserias el pueblo llano) le recriminan que lo ha hecho a lo bruto, sin pensar en las consecuencias ni explorar opciones adyacentes que podrían mejorar su plan: los niños que ya no son vigilantes y corredores de la droga quedan desamparados, la higiene no se cuida (agua potable, preservativos, agujas limpias), no hay ayuda para drogadictos en un sitio donde se podría llegar con fuerza a muchos de ellos, etc.

Además su acción supone un giro brutal a la ética vigente que chocará con las mentes simples. Sus agentes, encabezados por nuestros conocidos Carver y Herc, son completamente fieles y tienen mucha fe en él, porque resulta ser uno de los pocos superiores que se gana el respeto de sus hombres no siendo un hijo de puta que mira únicamente por sí mismo. Pero la situación atenta contra todo lo que conocen, supera a su escasa educación y su limitada visión del mundo. Es lastimero por ejemplo el momento en que Carver intenta que los jefes de las esquinas aporten dinero para ofrecer alternativas a los niños que se han quedado sin el trabajo que les daban, y Herc le recrimina que eso es comunismo, como si estuviera haciendo algo inadecuado o inadmisible. El capitalismo lava bien lavado los cerebros del populacho.

A más de diez años de esta temporada está pasando algo impensable: algunos estados están experimentando con la legalización total de la marihuana, viendo llegar pronto los esperables beneficios para la salud pública y el aumento de recaudación por impuestos. No puedo considerar a Simon un revolucionario sin parangón porque esto se lleva pidiendo muchos años, incluso en algunos lugares medio se hacía (Países Bajos), pero sí fue enormemente visionario e inteligente al ofrecer un análisis tan concienzudo del asunto. Episodio a episodio va removiendo conciencias sin forzar mensajes o una ideología concreta, solamente mostrando un complejo “y si…” que estudia todas las caras posibles de la situación. Como en toda la serie, la perspectiva es gris y se inclina hacia el fracaso sencillamente porque es un retrato realista de nuestro fracaso como personas y como sociedad, pero deja un gran poso para que pienses por ti mismo qué falla y qué se puede arreglar en el mundo.

El concejal Carcetti es otro con visión de futuro y aspiraciones. No acepta pasar al olvido en un puesto de segunda y sin poder para cambiar las cosas, y más mientras el alcalde se aferra al cargo sin mirar realmente por la ciudad, presionando al cuerpo de policía sin ofrecer alternativas tangibles. Así que empieza a tantear la posibilidad de presentarse a la carrera por la alcaldía. Lo tendrá difícil por ser blanco en una ciudad de mayoría negra, pero también por estar fuera de los círculos de influencia y poder habituales. Tiene que hacerse notar con su carisma nato, y es inteligente de sobras para escuchar consejo, plantearse las cosas paso a paso, buscar alianzas provechosas, esperar el momento oportuno… ¿Tendrá posibilidades ante la hegemonía de Royce? ¿Podrá su buena fe acabar con la infamia de la corrupción? Carcetti se alza desde sus primeras escenas como otro personaje de enorme magnetismo, siendo por lo general uno de los principales favoritos del público (tras McNulty, Omar y Stringer, el trío de oro, seguramente sea el siguiente). La interpretación entusiasta de Aidan Gillen (ahora conocido por su Meñique en Juego de tronos) es crucial, pero aprovecho para decir que como es habitual todos los actores están espléndidos y es difícil destacar a alguno, si se recuerdan unos más que otros es porque su personaje tiene algo que lo hace más apetitoso.

En las calles que conocíamos las cosas también están llegando a un punto de inflexión. Nos encontramos que, con Avon en la cárcel, Stringer ha tomado las riendas y está dirigiendo el mundo de la droga hacia algo nunca visto, una mafia más inclinada hacia la gestión económica que hacia el crimen. Con las torres que dominaban derruidas por un nuevo proyecto de construcción, hay que buscar nuevos territorios, y hay una opción mejor que liarse a tiros: ofrecer un producto de tal calidad que no sea rival para la competencia. Para ello cuenta con Proposition Joe, el proveedor mejor establecido, con quien sienta las bases de una alianza con los líderes de las distintas zonas de la ciudad. Mientras, también maneja otros planes a largo plazo: lavar el dinero de la droga y moverse hacia negocios más legítimos, o al menos mejor vistos, como las inversiones inmobiliarias y los sobornos políticos para ascender en la ciudad. Ahí se enfrentará a capos que juegan de una forma que no conoce, los políticos corruptos. Parece llegar un futuro muy próspero… pero varios jugadores y nuevos factores prometen desestabilizar este sueño…

Marlo (Jamie Hector) es el ambicioso y beligerante líder de una nueva banda con intenciones de hacerse un nombre en la ciudad, pero su estilo es a la antigua usanza, la violencia en la calle, por lo que no le atraen los beneficios de la cooperativa de Stringer. Huelga decir que él y su séquito (Snoop –Felicia Pearson-, Chris –Gbenga Akinnagbe-) forman otro grupo de personajes maravillosos que atrapan desde sus primeras apariciones. El otro problema es que Avon Barksdale sale de la cárcel y mantiene también su mentalidad callejera: como Marlo, su visión del mundo se limita a la pistola y la esquina, su vida es el éxtasis de la guerra, le domina el hambre de poder ganado por la fuerza. Lo que estaba construyendo Stringer choca con el método de Avon, y el liderazgo parece dividirse.

Sin un capo que deje un reguero de muertos, en el destacamento de Cedric no tienen a quien investigar, y matan el tiempo con intentonas infructuosas y acercamientos a otros individuos con perfil medianamente atractivo. Pero la inminente guerra con Marlo empieza a traer víctimas y su suerte podría cambiar… si no fuera porque se enfrentan a nuevos escollos. Los criminales aprenden con cada varapalo que les trae la policía. Las cabinas telefónicas y los buscas ya están obsoletos, son objetivos fáciles de las escuchas policiales. Ahora utilizan móviles prepago, y cómo no, manteniendo una cadena de mando muy estricta donde no se sueltan nombres. La tecnología del departamento y la ley en general van lentos adaptándose a estos cambios, y la habilidad de Stringer para no ensuciarse las manos es notable, poniendo ante los agentes retos muy complicados.

En esta situación McNulty se desespera, pues Stringer es su objetivo y su obsesión, no desea otra cosa que atraparlo. Tenemos una escena fantástica cuando Lester se harta y le echa en cara que su vida se limita a perseguir a Stringer y que quedará vacía cuando acabe la misión. ¿Conseguirá madurar? Mientras, Kima está convirtiéndose en McNulty: deja de lado la familia, miente, se emborracha más de la cuenta, trabaja para huir de la vida… El resto de personajes están en terreno conocido, pero también tienen mucho que decir. Lester y Prez hacen un fantástico trabajo de oficina, pero en cuanto este último pisa la calle mete la pata a lo grande. Cedric sigue lidiando con los superiores y Rhonda con la ley y los jueces, donde encuentran nuevos problemas (el lío de los prepago) pero también nuevas cosas buenas (su relación amorosa).

Como siempre, tenemos otras historias secundarias tan interesantes y hábilmente relacionadas con el resto que resultan deliciosas aunque de primeras no se sepa muy bien hacia dónde van. Por ejemplo el viaje de Cutty es una presentación muy larga de algo que se desarrollará en la cuarta temporada: el acercamiento a los jóvenes y niños. Este es un antiguo y famoso soldado que tras cumplir una larga condena sale para enfrentarse a un mundo que ha seguido adelante sin él. Los trabajos precarios lo llevan de nuevo a lo que conoce, el crimen, pero ahí se da cuenta de que matar ya no es lo suyo, y comienza un proyecto para devolver algo a la sociedad. Esta sección está bastante apartada del resto, por no decir que lo está por completo, pero Simon es un maldito genio y ni una de sus apariciones ralentiza el ritmo o baja el interés: la construcción del personaje es como siempre excelente, el actor Chad L. Coleman lo hace suyo inmediatamente, la historia interesa y enseña mucho sobre la vida. Tampoco olvidamos a otros viejos conocidos. Omar sigue su cruzada de asaltos varios mientras espera una oportunidad para vengarse de Avon y Stringer; su encuentro con Bunk o el choque con el asesino de la pajarita son muy emocionantes. Bubbles continúa su odisea del drogata, es decir, conseguir dinero para la dosis del día y sobrevivir un día más; y sus colaboraciones con McNulty y Kima son tan encantadoras como siempre.

En cuanto a los mejores instantes de la temporada, aparte de alguno que he ido citando, como también es habitual tenemos unos cuantos por capítulo. Qué menos se puede esperar de una genialidad de tal calibre. Menciono los que más recuerdo, pero se podrían poner muchos más. Avon cruzando el patio de la cárcel mientras los demás reclusos dejan de hacer deporte y esperan a que pase; el juego de las corbatas cortadas que se traen los detectives en una comisaría y el de las latas lanzadas al tejado en otra, que tardarás en ver explicado; la historia que cuenta Bunny sobre la bolsa de papel para esconder la bebida; las tensas reuniones del alto mando sobre cómo va el crimen en la ciudad; Cutty dejando la banda, y en otro momento pidiendo dinero a Avon; la fugaz visita de McNulty a Beadie; la tensión entre Avon y Stringer mostrada en varias escenas magistrales (la del piso es memorable); Stringer conociendo de primera mano la corrupción política y flipando en colores; cuando un esquinero novato intenta vender sin darse cuenta de que es el coche de un policía de alto rango (la radio encendida, el traje puesto); Cheese detenido y cantando por un asesinato que resulta ser su perro de peleas…

Esta temporada es tan colosal que el adjetivo de obra maestra se queda corto, es complicado describir tanta magnificencia con palabras. Su valiente análisis social, complejo y conmovedor hasta el punto de que parece que estás viendo la realidad misma. El grandioso mosaico de personajes, todos tan humanos y cautivadores que te interesas hasta por los más secundarios, pero los más queridos se hacen un hueco en tu corazón para siempre. La densa pero fascinante trama policíaca y criminal, con infinidad de historias, giros y detalles nunca vistos y sin perder nunca ese gran nivel de veracidad. El amplísimo reparto de actores enormes que se adaptan férreamente a sus roles, y a los que te enganchas tanto que eres capaz de ver otras series sólo porque salen ellos. Y finalmente la en apariencia sencilla puesta en escena, que hace gala de un tempo narrativo envidioso y desgrana la historia con gran fluidez. No hay serie más difícil y a la vez mejor ejecutada que The Wire, y las temporadas tres y cuatro suponen una cima creativa que parece inalcanzable.

PD: Robert F. Colesberry, aparte de interpretar al detective Ray Cole (uno de esos secundarios que pululan por la comisaría), era uno de los principales productores ejecutivos. Falleció por problemas de corazón y en la serie no se olvidan de matar al personaje, aunque fuera de escena. Su nombre se mantiene en los créditos toda la temporada.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.