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BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 4


AMC | 2018
Drama, suspense | 10 ep. de 42-61 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Rainer Bock.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo la temporada bastante a fondo. —

Better Call Saul remonta por fin, pero no como para dar la gran serie que había latente. Con cuatro años a cuestas va siendo hora de admitir que ya no tiene sentido esperarla, más que nada porque sus principales carencias provienen de su concepción inicial. Pero al menos empieza a dejar atrás el estancamiento en que estaba enquistada.

En cierta manera, mis plegarias se han escuchado. Decía en la etapa anterior que Vince Gilligan y Peter Gould seguían empeñados en tener a Jimmy dando vueltas alrededor de la abogacía legal a través de personajes y tramas bien gastados, hasta el punto de que la temporada era una prácticamente repetición de la segunda. Señalaba también que era una pena que no exploraran más el lado ilegal de Jimmy, que tenía mayor potencial de historias que el gremio de los abogados. Y en esta ocasión se mueven un poco en ese sentido.

Incapacitado durante un año, a Jimmy McGill no le queda otra que buscar otros trabajos, y la dificultad de la situación, sumada al aburrimiento de algunos de los puestos que encuentra, lo llevan a trapichear y estafar de nuevo, a acercarse a su alter ego, Saul Goodman. La diversidad de escenarios, los timos y enredos en que se mete, son muy amenos y van cimentado una evolución más clara que antes: la relación con Kim se resiente, se aleja cada vez más de los bufetes normales, su ya de por sí débil brújula moral se va resquebrajando…

Pero el lastre que tenemos desde la primera temporada sigue ahí: hay otra serie paralela de mucho menor interés. Las intrigas de Mike Ehrmantraut, Gustavo Fring, Héctor Salamanca y Nacho Varga no tienen sentido, no enlazan lo más mínimo con las vivencias de Jimmy, no aportan nada a lo visto en Breaking Bad (2008). Es muy absurdo coger unos personajes secundarios con historias ya terminadas y que al acabar aquella serie ya empezabas a olvidar, y contar con ellos aventurillas irrelevantes que ocupan más o menos la mitad de todos los capítulos. Se salva porque Mike es una figura bastante magnética, pero también da tumbos sin dirección clara.

Hacia el final, una de estas historias es más entretenida. El lío de Mike, Fring y los alemanes para construir el laboratorio que usarían luego en Breaking Bad es más movidito y se ve una relación más clara con dicha serie… pero estamos en las mismas, pretenden darle una relevancia muy artificial a un detalle menor y ya superado: todo lo que había que contar de ese lugar y los implicados ya se ha hecho. Y claro, en esas circunstancias no sorprende que tiren de artificios para tratar de que impacte más. El conflicto con el jefe de la obra es muy predecible, y se remata con la forzada inclusión de un tipo de la banda de los Salamanca, que por bien que lo haga el actor, sabe a truco barato para potenciar peligros que en realidad no llegan a transmitir nada.

Me temo también que la parte de Jimmy no llega a cumplir del todo, que al final pierde bastante fuelle. Parece que por fin va a salir expulsado del ambiente legal después de tantas vueltas, que acabará en los márgenes de la ley como Saul Goodman, pero llegamos a ese esperadísimo punto de inflexión de una forma muy anticlimática y confusa, no quedando claro del todo si ha pasado lo que tanto esperábamos pero han fallado al narrarlo o si ha sido una especie de introducción torpe y luego lo desarrollarán más. Tras varios amagos cutres (qué cansinas y predecibles han sido las audiencias para devolverle la licencia) aparece por fin Saul, así sin más. Viendo cómo ocurre, podía haberlo hecho en cualquier otro momento de lo que llevamos de serie. Sabemos de sobra que Jimmy siempre juega en la frontera de la ética y la ley, pero por inercia y empuje social trataba de mantenerse en una vida considerada normal, así que lo más lógico y esperable es que hubiera una catarsis que lo expulsara por la fuerza de una vez por todas. Con Fring y demás narcotraficantes presentes, con sus propios líos personales y con sus puntuales movidas ilegales, había margen de sobra para desarrollar el ansiado momento cumbre de su vida. Pero ninguno de los grandes reveses que ha sufrido lo ha provocado, la conexión con el mundo del crimen ni amaga con realizarse, y cuando parece recuperar la compostura, la estabilidad y la licencia de abogado, de repente elige ser Saul Goodman sin motivo alguno. Cuatro temporadas esperando un clímax y han pasado de él. Más les vale que hayan ideado una transición más elaborada, porque desde luego por ahora la decepción es importante.

En la puesta en escena sigue siendo una serie de muy buena factura, pero también se nota que llevan tiempo sin la pasión que mostraban en sus inicios y en Breaking Bad. De nuevo hay muchas transiciones con montajes elaborados que parecen incluir porque es el sello de la saga, no porque transmitan algo esencial, y en cuestión de fotografía no se lo trabajan tanto como antes. Hay un momento crucial que me dejó muy malas sensaciones: la principal pelea entre Kim y Jimmy, cerca del final, en un aparcamiento elevado, tiene una puesta en escena lamentable.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
-> Temporada 4 (2018)

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BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 3


AMC | 2017
Drama, suspense | 10 ep. de 55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Giancarlo Esposito, Mark Margolis, Tina Parker.
Valoración:

Alerta de spoilers: Más o menos describo todo el argumento, pero sin entrar en detalles y sorpresas… y como realmente no hay novedades, no creo que se pueda considerarse muy revelador.–

Podría copiar el comentario de la segunda temporada enterito, porque el panorama es el mismo. Y obviamente, tras otros diez capítulos de estancamiento, la sensación de decepción pesa más. Lo que hemos avanzado desde el final de la primera sesión cabía en un par de episodios. Los guionistas hacen malabares para intentar disimular que no tienen material, con repetición de escenarios y vueltas en círculos que en realidad dejan ver demasiado sus costuras. Hay multitud de situaciones, incluso capítulos enteros, que los podríamos colar en medio del segundo año y no se notaría diferencia alguna.

Jimmy quiere ser un tío legal, trabajar desde una ética digna, caer bien. Pero el mundo, y más el sistema capitalista estadounidense (de nuevo la crítica que emerge del relato es bastante inteligente), le ponen mil trabas, a lo que se suma su torpeza para verlas venir y su inclinación por traicionar sus intenciones cuando las cosas se ponen difíciles. Pero todavía no vemos a Saul (sólo de dónde sale el nombre, un caramelo insuficiente), todavía Jimmy lucha incansablemente aunque todo se ponga en su contra, aunque sea incluso consciente de que muchas veces es él mismo quien termina de labrarse su tortuoso camino.

Y sus allegados sufren las consecuencias. Chuck es otro con debilidades concretas, y Kim se enfrenta también al capitalismo extremo. Sólo los más fuertes, los que no cometen ningún fallo, los que saben sortear las trampas del sistema y pisotear a los demás, logran salir adelante. Cayendo en la órbita de Jimmy, con sus deslices y desmanes, estos dos se vuelven aún más vulnerables. Chuck es obsesivo compulsivo, y cuando su mundo de adoración ciega a la ley se derrumba acaba refugiándose en una enfermedad mental. El rechazo hacia su hermano, siempre muy bien justificado, muy verosímil, es la gota que colma el vaso: con él cerca no parece que pueda librarse de su paranoia. Kim, por muy capaz y entregada que sea como abogada, no logra salir del bache laboral, y menos si cualquier problema externo te puede hundir el negocio (e incluso la vida) en un sistema económico, laboral y social propio del salvaje oeste. Y Jimmy la arrastra hacia unos cuantos baches.

Precisamente por ello la serie se sostiene: Jimmy es un protagonista enorme y está muy bien secundado. Nos adentramos a fondo en la psique de cada uno, resultando unos personajes muy reales y cercanos: conocemos sus sentimientos en todo momento, nos implicamos a fondo en su lucha diaria… Y el trabajo actoral termina de ganarte por completo: Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Michael McKean están fantásticos. Pero me temo que hay tan poco movimiento en sus historias que no basta. Los tibios avances, los poquísimos puntos clave, no justifican los veinte capítulos que llevamos atascados en bucle.

Otra vez nos encontramos con flashbacks de Jimmy recordando sus viejos tiempos de timador, donde no sentía remordimientos y vivía al día sin preocuparse por nada. Otra vez tenemos un amago con ir a un bar y empezar a estafar de nuevo… pero resulta que lo meten en el armario. O sea, que en vez de avanzar retrocedemos. Otra vez con trabajillos y pequeños chanchullos para intentar salir adelante, la mayor parte repetidos hasta el hartazgo. Los líos con los anuncios y con las ancianas son los puntos álgidos de su nueva caída e intento de levantar cabeza… ¡pero si es lo mismo que llevamos viendo desde la primera temporada! Sinceramente, por esto me han dado ganas de olvidar las virtudes que quedan en la serie y darle un suspenso. El único momento original es cuando va a mirar un problema con el seguro de abogado y se le ocurre una forma de putear al hermano, pero es un oasis de inspiración en un año bien seco.

La dinámica con Chuck está bloqueada en la misma escena, la misma disputa, con la que nos la presentaron. La única novedad es el juicio que parecía apuntalar el final de la relación, pero se alarga de mala manera a pesar de que se ve de lejos todo su recorrido. La autoparodia con que la solución llega en plan Perry Mason (y todos los procedimentales legales antiguos) no oculta lo obvio: que es Perry Mason y semejantes, un truco muy viejo, muy fácil, que muestra la falta de ideas, la incapacidad para progresar. Porque, después de todo, el dichoso juicio no ofrece un cierre concreto, todavía damos otras pocas vueltas a pesar de tener el destino bien claro desde que empezó la serie. Cuando por fin llegamos al punto de inflexión, este no supone una revelación, un shock impactante, porque ya hace mucho que teníamos asumido lo que ocurriría, ya es tarde para que pueda sorprender.

El viaje de Kim es exactamente el mismo que hemos ido viendo. Es la colega laboral y social de Jimmy. Como follamiga, se apoyan y consuelan entre ellos en los malos tiempos; la relación es bonita, creíble… pero no muestra ningún movimiento. En el trabajo lucha por sacar adelante un caso que le viene grande, por eso de que hay que darlo todo para poder triunfar. Pero el único cambio que hemos visto en tres años es, literalmente, una fachada: el nombre de la compañía para la que trabaje en cada momento. El resto de retos, problemas y dilemas son siempre los mismos. Y acabamos igual, con un receso que huele a reinicio poco disimulado por mucho que hayan querido exagerar el giro para hacerlo espectacular.

Con Jimmy estamos en la misma tónica. Empezó desde abajo en un gran bufete, el de su hermano, pasó a uno más que pequeño, y luego acabó montándose una oficina propia con Kim. ¿Tenemos que exprimir a fondo cada escenario del mundo de los abogados, aunque en el fondo las desventuras, los conflictos y el aprendizaje sean los mismos, para dejar claro que no es capaz de trabajar desde dentro del sistema? Y, como decía, para colmo finalizamos con otro intento redentor, otra vez con Jimmy asumiendo sus errores e intentando encarrilar su vida. De nuevo a la casilla de salida. ¿Qué ha cambiado en él en estas dos últimas temporadas? Nada. ¿Qué ha cambiado en la relación con sus seres cercanos? Más bien nada, porque se deja en el aire, y además no es nada que no esperáramos desde hace mucho. ¿Qué ha cambiado en su relación con el mundo? Nada.

La cosa se agrava con la fallida sección de Mike… bueno, ya en realidad ni es suya, está repartida entre Nacho Varga, Hector Salamanca y Gus Fring. Este grupo forma parte de una serie cada vez más apartada, y aunque está igual de estancada, resulta mucho peor en cuanto a interés: un cero en originalidad, un cero en desarrollo, y, como es esperable, cero atractivo por lo que vendrá. Todo lo que nos cuentan con ellos son anécdotas irrelevantes, escenas sueltas que no muestran ninguna dirección, y aunque lo hicieran, ¿cómo pretendes que me enganche a una historia que parte de subtramas de Breaking Bad ya cerradas? Recalco eso por si no ha quedado claro el error de concepto que supone intentar vivir de las rentas: son subtramas ya agotadas por completo en la serie madre, ¿qué sentido tiene recuperarlas aquí en su mínima expresión? Y encima el punto álgido se basa en un recurso muy usado allí: envenenamiento.

En el primer año Mike molaba y daba la impresión de que trataban de unir su destino y el de Jimmy. Pero a partir del segundo se han ido separando y su parte está cada vez más diluida, de forma que sus apariciones parecen cada vez menos justificadas. De nada sirven los montajes típicos de Breaking Bad (muchos ubicados como prólogos) que resumen situaciones con un estilo visual distintivo, o sea, en plan videoclip, porque ninguno deja huella, muestran acciones muy simples adornadas con demasiado enredo (la búsqueda de un localizador en el coche se hace eterna) o canta mucho que buscan el efectismo inmediato por encima de la verosimilitud (es imposible que la droga de las zapatillas colgadas cayera en el parachoques trasero del camión… de hecho, tienen que evitar el plano general para intentar disimularlo).

Con este grupo enlazo también con la obsesión por el homenaje y la referencia a Breaking Bad. Parecen esforzarse más en incluir guiños y dar cabida a personajes de aquella, por muy intrascendentes que fueran (como la secretaria), que en desarrollar tramas originales. Eso sí, hace las delicias de los seguidores que tienen tiempo para buscar hasta el detalle más insignificante, como el logo de una empresa que sale aquí y allá. A mí no me convence. La unión de dos obras en un mismo universo debe ser orgánica, no tan forzada en aspectos relevantes (recuperar personajes con sus historias terminadas) y tan rebuscada en el detalle. Por no decir que no tengo ganas de volver a ver Breaking Bad para tenerlo todo fresco y poder pillarlo todo. Lejos de la sobrevaloración delirante a la que fue sometida por la explosión mediática alcanzada en sus últimas temporadas, fue una serie terriblemente irregular y caótica, y muy basada en la sorpresa, es decir, no tiene alicientes para echarle de nuevo tantas horas habiendo tantas series nuevas (muchas muy superiores) que ver. En resumen, me gustaría que Better Call Saul fuera una producción con entidad propia, como parecía que pretendían en su primera temporada. No quiero volver atrás para recordar aspectos de personajes que habían acabado su recorrido, ni me parece lógico tener que poner tanto esfuerzo en la atención al detalle cuando precisamente la perspectiva global se ha perdido.

Uno de sus puntos fuertes sigue presente, pero no en tan buena forma como antes. La labor de fotografía y dirección ofrece un acabado cinematográfico de primer orden… Pero se ve cierto acomodamiento, no hay escenas que quiten la respiración, e incluso se puede señalar que el tempo narrativo tan pausado se va convirtiendo en contraproducente, que requería un poco más de vidilla, porque sin contenido real la obra resultante va pasando de contenida pero fascinante a lenta y aburrida.

A estas alturas me parece más que claro que, a pesar de que la notable primera temporada parecía apuntar bastante alto, Vince Gilligan y Peter Gould se equivocaron con el planteamiento inicial, y más cuando es de esperar que la cadena les exigiría al menos cuatro o cinco temporadas si iban teniendo éxito. Han elegido una premisa muy básica y limitada y encima con la mitad del argumento ya conocido, y se están ahogando ahí. Desde un principio deberían haber puesto a Jimmy en otro escenario más elaborado y versátil (qué obsesión con mantenerlo dando vueltas en círculos en la abogacía), con más personajes y tramas latentes que permitieran temporadas con arcos largos más consistentes y entretenidos, de forma que el postergar la evolución hacia Saul Goodman se disimulara mejor. Tanto mencionar su pasado de timador, ¿por qué no haberse planteado esta etapa con él metido en alguna o varias estafas de largo recorrido? Quizá no sorprendiera, pero desde luego hubiera sido mejor que repetir con el intento de ser abogado, la más que previsible caída, y el proceso de levantarse otra vez mediante los mismos recursos (los ancianos y los anuncios). Y por supuesto, no debería tener una presencia tan grande la sección del narcotráfico, que a todas luces es irrelevante en la trayectoria de Jimmy, al menos en este punto. Quizá haya suerte y en la próxima temporada se unan las dos líneas, pero teniendo en cuenta que una está muy gastada y a la otra no le consiguen sacar sustancia, no sé yo sí podrán traer algo novedoso. Si quieren darle unos años más de vida necesita un cambio total de rumbo, algo difícil porque romper con el espíritu original a estas alturas puede ser incluso peor si no se hace muy bien.

Ver también:
Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
-> Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 2

AMC | 2016
Suspense, drama | 10 cap. de 42-50 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould, Melissa Bernstein, Mark Johnson.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Michael McKean, Patrick Fabian, Michael Mando, Ed Begley Jr., Mark Margolis.
Valoración:

Alerta de spoilers: De haber alguno, son detalles nimios de la trama.–

Se ha visto enturbiado el entusiasmo con que empecé la serie en su notable presentación, porque esta segunda etapa se ha estancado en una dinámica que anula ligeramente algunas de sus virtudes. Por resumirlo en una frase, tras diez nuevos capítulos seguimos exactamente igual que en el final de la primera temporada. Jimmy McGill quiere trabajar desde la honradez y el esfuerzo pero el sistema le pone muchas zancadillas y su forma de ser le impide saber sortearlas si no es con triquiñuelas que bordean la ilegalidad. Tras unas cuantas aventuras poco trascendentales si no fuera por la calidad de los personajes y del acabado visual, terminamos con avances muy tibios en la posición del abogado en cuanto a espectro moral e independencia laboral. Ojo, no espero que veamos a Saul Goodman tan pronto, pero sí que la odisea de Jimmy deje un poso más claro en su evolución. Bob Odenkirk sigue captando muy bien al personaje, eso sí.

Con ese estancamiento aparece el inevitable desgaste. Entre que ya no hay factor sorpresa y el viaje de Jimmy no tiene episodios muy llamativos, a lo que hay que sumar que las apariciones de Mike Ehrmantraut son descaradamente para que no nos olvidemos de él, pues interés y relevancia no tiene, la temporada en su conjunto no impresiona lo más mínimo, no deja huella. Por suerte, la combinación de varios factores realza el producto, ofreciendo con un año que resulta durante su visionado más sólido y entretenido de lo que parece en una análisis posterior del conjunto. Y es que los guionistas, aunque hayan perdido inspiración, son hábiles e inteligentes y, sobre todo, los directores le otorgan una fuerza a la narración que se hace imprescindible para disimular la lentitud y escasez de historias dignas de mención. O dicho de otra forma, tenemos una temporada parca en contenido y con un ritmo más apagado de la cuenta (los capítulos cuarto, quinto y sexto se hacen algo largos y poco sustanciosos), pero su narrativa aguda y su acabado formal impecable no han desaparecido y consigue resultar por lo general entretenida y sugerente, y en momentos puntuales bastante ingeniosa.

Por ejemplo, uno de los líos de Jimmy en el nuevo bufete se podría haber resuelto en dos minutos, pero le dedican una sucesión de escenas con tono de humor ligero hasta lograr un tramo bastante divertido: el tema de los trajes, la gaita y demás. Y así en todos los capítulos. A veces no funciona tan bien, con lo que parecen transiciones o rellenos malogrados, como cuando para un autobús de ancianos y se tira ahí minutos y minutos hablando, o uno de los anuncios que graba (¿de verdad eran necesarias esas largas escenas ante el avión y en el colegio?), o el camión cruzando la frontera… Pero otras muchas valen para ir pasando el rato aunque no haya un destino claro.

Otro punto fuerte es que algunos los secundarios ganan en presencia e interés, con lo que no se agota tanto a Jimmy y dan más vidilla a su entorno. Sobre todo me ganó Kim Wexler, que no acababa de despuntar en la primera sesión. Aquí tiene una trayectoria personal que, por eso de ser nueva, pues la de Jimmy es repetición, resulta muy interesante. Sus esfuerzos por levantar cabeza, la indecisión sobre su futuro, y alguna escena de compañerismo estupenda con Jimmy (los dos timos en bares), aportan correctas historias del día a día con las que conectar con intensidad. Por no decir que Rhea Seehorn hace un papel bastante bueno y espero que consiga relanzar su hasta ahora nada vistosa carrera.

Chuck con su locura y la también correcta interpretación de Michael McKean resulta entrañable y lastimero a la vez, y el conflicto con su hermano va creciendo adecuadamente, formando en el tramo final por fin una trama centrada en algo concreto. Sin embargo, está a punto de patinar al tornarse muy previsible en sus giros clave, y es aquí donde más se nota como los guionistas no han encontrado una historia llamativa pero sí han sabido exprimir lo que tienen, es decir, el soso capítulo final se salva por lo bien que manejan los detalles y lo mundano para construir con sutileza situaciones y personajes. Así, el flashback a la muerte de la madre define, resume y matiza muy bien la trayectoria de los dos hermanos, resaltando con habilidad el punto álgido del conflicto actual. Vemos a ambos en la esencia de lo que son: Jimmy impaciente, incapaz de centrarse en la vida que tiene delante, Chuck celoso y con complejo de inferioridad, incapaz de ver sus propios puntos fuertes y apoyar a su hermano cuando tropieza. Así comprendemos plenamente sus acciones y casi sentimos formar parte de sus vidas, con lo que esta resolución poco densa en contenido resulta bastante potente en cuanto a emociones. Pero hay otras tanta sutilezas muy logradas, como Jimmy incapaz de sentirse a gusto en el coche de lujo por tonterías como el posavasos, que en realidad es su subconsciente diciéndole que en esa vida no encaja

Pero con otros personajes secundarios también encontramos irregularidades y fallos, pues como decía no han sabido mantener a Mike con algo más sustancioso (por mucho que jueguen a enlazar con personajes de Breaking Bad), y para colmo su sección no acaba con un cambio digno de mención en su evolución, mientras que Howard Hamlin, a pesar de aparecer bastante, no logra quitarse de encima la sensación de ser un mero objeto alrededor del que hacer girar a los verdaderos protagonistas.

El único aspecto que no ha perdido ni una pizca de fuelle es el gran nivel de la puesta en escena, que ensalza bastante este relato por dentro irregular, desaprovechado. La fotografía e iluminación son espectaculares, la composición de cada escena muy cuidada, y hay muchas partes donde se combina magistralmente con el sutil guion y resulta crucial para describir situaciones, o mejor dicho, sensaciones. Por ejemplo, la recaída de Chuck en el tramo final se hace durísima gracias a lo bien que nos sumergen en su estado de ánimo.

Pero claro, esas virtudes que quedan no son suficientes para mantener el nivel, y menos para hablar del esperable y exigible crecimiento de la serie. Los desvíos innecesarios y los tramos faltos de garra, sumados a la sensación de caminar hacia ninguna parte, muestran que el potencial que prometía con su primera temporada, donde parecía que la maduración de sus autores con lo andado en Breaking Bad iba a dar sus frutos en una obra mucho más equilibrada e inteligente, se ha visto mermado, los temores de que hubiera improvisación, experimentación y rellenos como en la serie madre han vuelto a hacerse notar bastante. Eso no significa que Better Call Saul se haya estrellado, pero sí que puede hacerlo si no vuelve a remontar, si sus autores no consiguen encarrilar y enfocar sus grandes aptitudes.

PD: Las iniciales de los capítulos forman el anagrama “Fring’s Back”, anunciando el retorno del gran villano de la saga, Gus Fring. Lo cual ha sido un gran engaño, porque ni siquiera llega a aparecer…

Ver también:
Temporada 1 (2015)
-> Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)

BETTER CALL SAUL – TEMPORADA 1


AMC | 2015
Drama, suspense | 10 ep. de 42-55 min.
Productores ejecutivos: Vince Gilligan, Peter Gould.
Intérpretes: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Patrick Fabian, Michael Mando, Michael McKean.
Valoración:

En la creación de Breaking Bad sus autores, con Vince Gilligan a la cabeza, experimentaron mucho con las fórmulas narrativas y los personajes. De ahí la evidente irregularidad en ritmo e interés que arrastraron los tres primeros años. La serie tardó en madurar, en encontrar el equilibrio entre los excesos de Walter White y los recesos para posicionar las tramas y los demás caracteres. Pero a medida que lo fue haciendo halló gran coherencia entre los momentos más brutales y el desarrollo más pausado y velado, de forma que cada vez manejaban mejor los arcos (tanto emocionales como argumentales) más largos y se desvanecía la improvisación. Pero además convirtió en una de las series que mejor ha manejado los golpes de efecto, los giros que cambian completamente la vida de los personajes: los guionistas se atrevían a todo pero sin dejar atrás la coherencia ni la esencia del relato. Con este crecimiento terminó regalándonos una de las mejores temporadas finales de series de la historia y un cierre memorable.

Pero ni con esas esperaba que Better Call Saul diera buenos resultados. Me costaba creer que pudiera salir una buena historia de una figura de Breaking Bad que más que secundaria parecía complementaria y además casi era un receso cómico entre tanta miseria y maldades. ¿Cómo esperaban que este mindundi aguantara una comparación con un protagonista tan fascinante y ya mítico como Walter White? Me parecía innecesario también extender una serie tan original y que alcanzó picos de calidad muy altos. Lo mirase por donde lo mirase, sólo veía un intento de exprimir el éxito. Muy difícilmente aferrarse a la fórmula hubiera funcionado, por desgaste, por transmitir la sensación de engaño comercial. De hecho, el propio Gilligan constató sus miedos al fracaso del producto, y algunos retrasos en la producción parecían señalar cierta improvisación.

Sólo había dos puntos clave que, combinados, podrían apartar la serie de la imitación innecesaria. El primero es que la experiencia adquirida por sus autores, si sabían dirigirla bien, podría permitir que en calidad y equilibrio narrativo tuviera un inicio más sólido y potente. Segundo, como extensión de esa madurez, sus creadores también podían optar por buscar un estilo propio en vez de montarse un clon. Pero, ¿serían capaces de hacerlo, lo intentarían siquiera, les permitiría la cadena tanta libertad? Por suerte, bastan un par de episodios para comprobar que tiene su estilo propio bien definido, de forma que no sabe a repetición de la jugada, y bien delimitado, por eso de que la práctica evita experimentos narrativos. Obviamente tiene un aire a su madre, por el entorno (Albuquerque, desiertos) y el estilo visual, pero en el argumento y la narrativa es una serie muy distinta. En cuanto a la madurez, esta se nota bastante en algunos aspectos, pero no llega al punto de dar una temporada redonda, porque también tiene algunas limitaciones.

Es tan sutil y detallista como Breaking Bad en sus mejores momentos, pero comienza con un ritmo más contenido y cohesionado que sus primeros años, es decir, prácticamente no hay altibajos tan marcados y carece de excesos salidos de madre. Pero no se alcanza un equilibrio perfecto, primero, porque sí hay un bajón digno de citar, y segundo, porque hay que admitir que se echa de menos alguno de los excesos más controlados, esos giros inesperados y espectaculares que te dejaban a cuadros y sobre los que en seguida se veía que los guionistas trabajaban bien sus secuelas. Así, Better Call Saul no es una tormenta de emociones ni una montaña rusa en ritmo, lo que tiene su parte buena (armonía, sensación de ir hacia un sitio concreto), pero también su parte mala, porque carece de los golpes de efecto que hicieron destacar con fuerza a Breaking Bad. Pero claro, con esa idea de ir con más control, quizá los giros, cuando lleguen, sean incluso más espectaculares. Habrá que esperar a ver el desarrollo a largo plazo para hacer una comparación más completa. Y además hay que señalar que, si digo que es una serie muy diferente, no es coherente buscar exactamente las mismas virtudes. Better Call Saul no persigue el impacto directo, no experimenta con los límites (de narrativa, de emociones, de la moral), se marca otras metas y las persigue con determinación y sabiduría. Así, como decía destaca por su desarrollo más meditado y controlado. Esto ve se en un aspecto que promete muchísimo: se adivina un proceso de crecimiento del personaje más planificado y cuidado y menos dejado a la lluvia de ideas.

Una vez vista la temporada entera no hay dudas sobre esa acertada dedicación a la evolución de la personalidad y vivencias de Jimmy McGill, luego conocido como Saul Goodman. Estos diez capítulos narran un capítulo concreto de su vida, uno que ha sido planeado al detalle para que no haya huecos y narrado con gran inteligencia, mostrando una evoloción precisa y llamativa a través de un proceso complejo y bien mesurado. Así, Jimmy resulta un protagonista tan profundo como magnético. Está lleno de interesantes aristas, sus sentimientos llegan claros al espectador, y nos hace partícipes en una fascinante lucha contra sus limitaciones y contra las zancadillas que le pone el mundo en una vida que resulta humana y verosímil incluso en los momentos más exagerados (el secuestro por parte de Nacho Varga, el plan con el anuncio gigante). Las aventuras que vive son muy variadas, y hasta las tramas más secundarias no parecen de relleno porque aportan muchos matices a su personalidad. Por ejemplo, no importa qué es de los patinadores, sino qué pretende Jimmy, cómo le salen las cosas, cómo trata de resolverlo y qué aprende de todo ello.

Pero esa ausencia de una trama impactante implica que, en cuanto Jimmy no esté sumergido en alguna situación que accione con fuerza su trayectoria emocional, el ritmo e interés prometen resentirse… Y así ocurre. La temporada empieza muy fuerte, pero en el tramo final baja un pelín la intensidad. Llegados a cierto punto se ve venir que el viaje interno de Jimmy está acercándose a un momento clave evidente, y los guionistas no han encontrado una forma de disimularlo un poco y de convertir el cambio en su vida en una catarsis emocional que se transmita con la fuerza necesaria al espectador. Hay que recalcar que el bajón es ligero, no echa por tierra la fuerza y solidez de la temporada, simplemente se espera que haya un aumento paulatino del interés y el ritmo, pero se estanca en un receso que, comparado con otras de sus historias, parece poca cosa: el reencuentro con el amigo timador no da mucho de sí, la elección final de Jimmy, siendo tan importante, debería haber salido de una trama bastante más relevante y sobre todo más contundente.

El único punto débil que se repite respecto a Breaking Bad son los personajes secundarios, que por ahora sufren la misma ligera carencia en sus primeros pasos: ponen tanto empeño en la figura principal y su compinche (Mike Ehrmantraut) que estos terminan eclipsando al resto. No es que alguno llegue a acusar la sensación de ser inerte o un mero comodín de la trama, pero en algunos momentos se acercan bastante, y además viendo la calidad de los principales cabe pensar que podrían haberles dotado de una personalidad más compleja y con algo más de empaque. Por ejemplo, cualquier secundario de Los Soprano resultaba enormemente carismático. En Breaking Bad tardaron mucho en conseguir que Skyler, Junior y sobre todo Hank te llegaran tan hondo como Walter y Jesse. Aquí los secundarios empiezan incluso más abajo. Sólo Chuck apunta maneras, pero no termina de despuntar. La amiga, Kim, no deja huella alguna. El abogado contrincante, Howard, es un tanto monocromático. Villanos en la onda de Gus no hay todavía, esto es Jimmy contra el mundo.

También es ineludible alabar el acertado cambio de tono. Esta serie se inclina más hacia la comedia negra ligera, jugando bien con algunos chistes absurdos (el caso que abre el año es el mejor ejemplo: la trastada de insólito mal gusto de unos niñatos con un cadáver), y exprimiendo el patetismo de sus protagonistas y las delirantes situaciones en que se ven inmersos. Destaca también el punto irónico y gamberro, que oscila sin miedo entre lo desarrollado con tranquilidad e ingenio (me parto de risa con cómo termina Jimmy trabajando para ancianos) y lo directo y casi surrealista (el hermano loco, la clienta cabezona que no quiere admitir su crimen). Además, a través de Jimmy se hace una ingeniosa parodia del timo que resulta el gran sueño americano, eso de que el sistema capitalista está hecho para que los que se esfuerzan triunfen. Entre las trabas administrativas (el chiste recurrente del vale del aparcamiento), la competencia feroz (el bufete del hermano), los que se conocen los agujeros y atajos del sistema (leyes principalmente) y las propias limitaciones personales (Jimmy es pequeño desastre), no hay manera de levantar cabeza, de encontrar trabajo, no digamos ya de triunfar. Jimmy quiere ser honrado, quiere ganar dinero como se supone que debe hacerse, con esfuerzo y tesón. Pero el sistema sólo permite crecer a unos pocos elementos, los más fuertes, los empresarios sin escrúpulos con vena de psicópata, los criminales que retuercen o rompen las normas a su favor.

En este punto está claro que la diferencia con Breaking Bad se acentúa al comparar la trayectoria de los protagonistas. Walter se convirtió en monstruo porque su ego explotó y disfrutaba con lo que hacía. Jimmy es empujado por las circunstancias hacia una posición en que juega con un pie fuera de la ley, pero siempre trata de imponerse un tope moral y legal, conoce los límites y sabe que está mal traspasarlos. Ya vimos cómo su encuentro con Walter fue demasiado para él.

Y esto último me lleva a señalar la ventaja inicial más obvia con la que cuenta Better Call Saul: el universo ficticio que tiene detrás no es complejo, pero aun así le otorga un poso que parece que van a aprovechar muy bien. Es decir, hay referencias, guiños y conexiones con Breaking Bad en cantidad, y obviamente la intriga de cómo caerá Jimmy en la órbita de Walter (dentro de unas cuantas temporadas, a menos que las audiencias bajen y obliguen a acelerar las cosas) le da un punto extra de interés. La principal conexión, acertadísima además, es Mike Ehrmantraut, ese fascinante matón que terminó siendo uno de los mejores secundarios de Breaking Bad. Aquí aparece desde el principio, explicándose poco a poco su historia y su acercamiento a Jimmy, con quien sabemos que terminará trabajando. Se atreven a dedicarle un capítulo entero en plan trama paralela, y funciona muy bien.

En la puesta en escena destaca la riqueza de recursos de sus realizadores, el acertado empeño por buscar no sólo un aspecto visual de primerísimo nivel, sino uno que resulte virtuoso, deslumbrante, arrebatador, pero todo ello sin engullir al guion, sin ponerse por encima de él… aunque al final termina haciéndolo, porque el guion todavía no es perfecto, pero la labor de dirección es sublime. Bajo la batuta de Gilligan, que también dirige algún capítulo, la plantilla de directores (entre los que destacan Michelle MacLaren o Peter Gould) buscan una expresión artística más que refinada aparentemente excesiva, pero controlada con gran sabiduría, pues no hay un solo plano que deje la sensación de resultar innecesario o abusivo. La fotografía es brillante, destacando porque en pocas series se cuida tanto la iluminación. El tempo narrativo es absorbente, su manejan mucho las de sutilezas: como en Breaking Bad, juegan con los silencios, las transiciones y las formas visuales (tanto un encuadre concreto como un plano de un objeto pueden ser cruciales en la escena) para asegurarse de que la emoción del personaje o el peso de la situación que vive calen con intensidad. Con este excelente trabajo se realzan bastante los capítulos menos sustanciosos, los tramos más pausados, aunque no hasta el punto de lograr una temporada redonda.

Finalmente, se cumple con otro aspecto esencial para lograr que la serie empiece con fuerza y apuntando muy alto: el inmenso personaje central está rematado a lo grande con la fantástica interpretación de Bob Odenkirk, que capta a la primera un individuo fracasado, atormentado y que sufre vaivenes emocionales de todo tipo. Jonathan Banks como Mike en cambio no tiene tanta pegada, quizá porque el rol de tipo silencioso y frío no da mucho margen; se ve algo más de registro interpretativo en el tramo con su hija, pero no como para deja huella.

La temporada inicial de Better Call Saul no es tan impactante como la de Breaking Bad, pero es más sugerente, más de degustar con tranquilidad analizando y disfrutando su profundidad, detallismo y soberbio acabado. Es, en definitiva, una serie distinta, con sus propias virtudes y fallos.

Ver también:
-> Temporada 1 (2015)
Temporada 2 (2016)
Temporada 3 (2017)
Temporada 4 (2018)

FARGO – TEMPORADA 1

FX | 2014
Drama, suspense, comedia | 10 ep. de 47-69 min.
Productores ejecutivos: Noah Hawley.
Intérpretes: Billy Bob Thornton, Martin Freeman, Allison Tolman, Colin Hanks, Bob Odenkirk, Keith Carradine, Joey King, Oliver Platt, Susan Park, Joshua Close.
Valoración:

En algún momento alguien dijo, “vamos a hacer una serie de Fargo“, y en seguida saltaron las alarmas. ¿Cómo vas a coger un título de culto como este, una obra de referencia de los hermanos Coen, y vas a conseguir mantener su originalidad, su estilo, su esencia y fuerza? Parecía destinado al fracaso. Olía a sacar réditos de una obra de renombre. Y la sorpresa fue mayúscula cuando se estrenó. La creación del poco conocido guionista Noah Hawley (Bones, The Unusuals) logra ser fiel y a la vez novedosa, mantiene todas sus características sin saber a imitación barata. Es una adaptación excelente a la par que una reinvención genuina, y otro ejemplo del buen estado de las series de televisión.

Su inicio es muy potente, enlazando varios capítulos magistrales que enganchan con tal contundencia que acabarás viendo la temporada en modo maratón. Quien fuera con las garras afiladas buscando compararla con el original y ponerla a parir se quedaría a cuadros. Desde los primeros minutos se ve el tono y la atmosfera captados a la perfección. Los personajes raritos, medio lelos o salidos de madre, el pueblo donde no pasa nada y todo va despacio, los crímenes llevando a los protagonistas por un sendero de maldad sin aparente retorno, los diálogos extraños (ese “heck” en vez de “fuck” -algo así como “córcholis” en vez de “joder”-), el humor negro único… Y se remata todo con numerosas referencias al particular universo de los Coen, como el cartel con el ruso blanco (la bebida favorita de El gran Lebowsky) o la escena del aparcamiento que homenajea a la propia Fargo, entre otros.

El elemento que más sobresale es sin duda su grupo de personajes. El dibujo es complejo y detallista, de forma que hasta gestos sutiles y situaciones del entorno (historias del pasado, relaciones) son imprescindibles para ir definiendo y moldeando sus personalidades a través de evolución muy bien expuesta. Y en ellos destaca ese punto socarrón, ese humor negro deudor del original y tan bien captado: todos son peculiares, excesivos en algún sentido, lo que los hace realmente característicos y carismáticos. Lester no es el primer ser humano en caer en los crímenes pasionales, ni Lorne Malvo el primer asesino despiadado, ni Molly la primera policía competente en una comisaría llena de patanes y vagos. Pero todos tienen algo que los convierte en personajes únicos que enamoran desde sus primeras apariciones. Incluso el temible psicópata de Malvo se gana admiración eterna a pesar de su vena hijoputa, su afán por cachondearse y torturar psicológicamente a la gente. Suyas son muchas de las mejores escenas, como cuando es capaz de espantar al joven policía solo con palabras amenazantes, cuando finge ser un cura, cuando asusta al niño con historias de fantasmas…

Martin Freeman está bien en su rol, pero quien haya visto más del actor verá que en los últimos años no hace sino repetir los mismos tics, como si hubiera llegado a un tope. Puedes coger una escena de El Hobbit o de Sherlock y ponerla en medio, que no se notaría diferencia en la interpretación. Por suerte ese histrionismo es justamente lo que necesita Lester Nygaard, y funciona francamente bien aunque en algunas escenas sobreactúe demasiado. Billy Bob Thornton como Lorne impone respeto a la vez que divierte con su vena gamberra, mostrando un carisma impresionante. Y la desconocida Allison Tollman (la agente Molly) arrasa con una interpretación muy natural y creíble gracias a su extraordinaria capacidad para traslucir lo que está pensando y sintiendo solo con el gesto y la mirada. Por cierto, ¿por qué ese empeño en presentarla a los premios de la temporada como actriz secundaria? ¡Es la maldita protagonista! Aunque sabiendo el sinsentido que son me da igual si al final gana o no: su papel quedará para la posteridad con o sin Globos y Emmys.

El resto de personajes no se quedan atrás, resultan todos deliciosos. El joven policía cobarde (Gus, muy bien interpretado por Colin Hanks) y su simpática hija, el padre de Molly (Keith Carradine), el nuevo jefe de policía (un fantástico Bob Odenkirk -el abogado de Breaking Bad-), el gran Oliver Platt como el rey del supermercado, la espectacular Kate Walsh como zorra atontada… Hasta la aparición más secundaria y anecdótica tiene algo que aportar en estilo y gracia, como por ejemplo los compañeros de trabajo de Lester.

En lo visual también alcanza muy buen nivel, con una labor de dirección completamente cinematográfica apoyada en una fotografía soberbia. La banda sonora es peculiar y con personalidad, realzando precisamente la gran personalidad que logra la serie en su conjunto. Solo pondría como pega que algunas escenas resueltas con efectos especiales digitales (la niebla, la nieve -nunca moja, oye-, los peces, la sangre) cantan bastante y sin duda hubieran quedado mejor con trucajes clásicos.

Pero no todo son maravillas, pues algunas pequeñas imperfecciones son evidentes, sobre todo porque estamos ante un producto por lo general cuidado hasta el más mínimo detalle. Hay algunos gazapos y trampas argumentales que no me han gustado. Por ejemplo: en el crimen que da pie a la trama, ¿qué hace Nygaard con los cartuchos de escopeta que tenía en la mano?… no los esconde, desaparecen sin más; el agujero que hace el taladro de hielo es mucho más grande que su diámetro, porque sino no cabía el cuerpo… podían haberlo disimulado mejor; me sobra el mensaje de hechos reales en cada capítulo, que resulta cansino… el chiste ya está hecho, deja de exprimirlo; a veces ponen flashbacks para tontos, de esos que te dan mascadita la unión entre escenas, aunque la escena anterior haya ocurrido hace diez minutos (menos mal que ocurre pocas veces); en el final, la pistola de Lester debería haber disparado, no es necesario sacar cada casquillo cual escopeta, con lo que queda como un truco barato y tramposo para que el otro personaje siga vivo.

Pero el problema más importante es que conforme avanza la temporada da la impresión de que se va estirando el argumento, dando más vueltas de la cuenta sobre algunas tramas. Por ejemplo el tema del rey del supermercado está demasiado alargado para ser algo tan secundario o ajeno al resto, y la introducción de los agentes del FBI podría haberse agilizado. Termina resultando evidente con el salto temporal, a partir del cual parece otra temporada u otra historia. El guionista se empeña en añadir más en vez de en rematar bien lo que había, y la intriga y la fuerza del relato se diluyen bastante. Llega al punto de tener un episodio de transición aburrido con unas pocas escenas completamente sobrantes, como el cuento del inmigrante perdido, que resulta tedioso y no aporta nada. Describir la nueva situación de Lester y Lorne y lo lentamente que se relanza la aventura va minando el interés, y cuando por fin llega a algo resulta además predecible, porque llevamos varios capítulos viendo a los personajes dirigirse hacia esas situaciones.

Con mejor ritmo, los giros de la trama y los pasos finales de los protagonistas habrían impactado más, pero me temo que se empeñan en hacer una miniserie larga (diez en vez de cinco o seis capítulos). Eliminando ese cambio de juego innecesario y con un cierre más potente probablemente hubiera sido una obra maestra. He dudado mucho sobre qué nota darle. Por un lado, es original hasta resultar única, sus personajes son inolvidables, la puesta en escena excelente, el tramo inicial memorable. Por el otro, se estira hasta acabar casi decepcionando, casi rompiendo el hechizo. Al final me parece que se puede considerar sin problemas como una “genialidad imperfecta”, que tiene cualidades de sobra para considerarla una de las grandes del año y un visionado imprescindible para cualquier seriéfilo.

Su éxito ha empujado a que rueden otra temporada, pero por suerte no exprimirán las mismas situaciones y personajes, sino que será otra aventura distinta pero del mismo estilo, como American Horror Story o True Detective.

Ver también:
-> Temporada 1 (2014)
Temporada 2 (2015)

BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 2 Y FINAL

AMC | 2013
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser, Jesse Plemons.
Valoración:

Alerta de spoilers: Siendo la temporada final es imposible no analizarla a fondo revelando todo lo que ocurre en ella.–

LA TEMPORADA

Hacer dos temporadas de ocho episodios cada una (dieciséis en dos bloques en vez un año de trece) fue una estrategia obligada por la cadena AMC, que no quería desaprovechar el éxito de la serie en una sola tanda de episodios, pues rodar con más tranquilidad reduciría gastos y tener audiencia y premios dos años y durante más capítulos exprimiría el éxito. Nos han mareado de lo lindo a los espectadores con esta estrategia (la temporada 5 está editada en dvd, pero ahora resulta que hay otra temporada 5), y en muchos sitios se refieren a ella como temporada 6, que es lo que es (rodaje y estreno un año después, es sí o sí otra temporada), pero seguiré la designación oficial porque los sitios más importantes (imdb.com y semejantes) la usan, para no complicarlo más.

Eso sí, por suerte la cadena no impuso una disparatada opción que se presentó por sorpresa: el poderoso productor Jeffrey Katzenberg (presidente de Dreamworks) se enganchó a la serie y, creyéndose el rey del mundo (como muchos de su gremio), ofreció 75 millones de dólares (más de lo que cuesta una temporada entera de la superproducción Juego de tronos) para que realizaran aunque fueran tres capítulos más; además pretendía que se emitieran en extractos de seis minutos y cobrar por ellos para recuperar con creces la inversión. Menos mal que nadie se vendió al dinero en esta ocasión.

Vince Gilligan resolvió la quinta temporada parte 1 como pudo: se notaba que tenía bastante relleno, pero no decayó el nivel como para poner el grito en el cielo. Y se guardó todo lo bueno para el arco final, que resulta memorable, el mejor año de la serie justo cuando más difícil lo tenía y más se esperaba de ella. No se acobarda tirando por algo facilón y blando, ni se le va la pinza con el sensacionalismo barato al que muchos se inclinan para tratar de dar un cierre a lo grande, y desde luego no pierde el control sobre su criatura, sabe perfectamente hacia dónde llevarla y cómo debe hacerlo. Como en sus mejores momentos, la serie es arriesgada pero consecuente con todo lo que narra (nada de giros tramposos que luego se deshacen como si nada), y avanza con firmeza en direcciones más o menos impredecibles pero bien planificadas y teniendo siempre en cuenta que, a pesar ofrecer bastante acción y una narrativa que maneja los ritmos y emociones de forma muy visual, son los personajes los verdaderos y únicos protagonistas.

Nos encontramos, por dividir la crítica en elementos claros, ante las siguientes tramas. Una es el enfrentamiento con Hank, que no por obvio y esperado resulta menos trascendente e impactante. Otra es qué rol jugaría Jesse en esta guerra, que se presentaba como la gran incógnita del año. Otra es el conflicto familiar en el que se halla inmerso Walter, abocado a acabar mal pasara lo que pasara. Y finalmente podríamos citar como otra historia esencial el destino de Heisenberg, el cómo el rey de la droga que se esconde tras Walter White acabaría al finalizar la serie, arco que se presentaba también bastante impredecible. En todas estas secciones el año ha resultado sobresaliente, o como poco, simplemente perfecto. Solo tiene un par de claroscuros, pero no graves como para afear una sesión sobresaliente, digna de citar entre las mejores últimas temporadas de la historia.

Empiezo por lo único un tanto insatisfactorio a lo largo del desarrollo del año (los detalles sobre el capítulo final los comento luego). La empresaria Lydia no me termina de convencer. No me parece un rol con verosimilitud suficiente, ni su historia me resulta realmente llamativa o necesaria en el conjunto. Parece que querían un nuevo villano o contrincante para Heisenberg, pero entre que nace de tramas muy exageradas en la temporada anterior (todo el lío con ella y el asesinato increíble de no sé cuántos sicarios en diversas cárceles fue excesivo), que es una pija demasiado improbable en ese mundo y que su sección queda por lo general un poco descolgada, siempre he tenido la impresión de que el personaje no salió del todo bien.

El resto de lo que surge en ausencia de Heisenberg funciona de maravilla. Los nazis paletos que contrató Walter en sus crímenes han visto el potencial de su droga ahora que se ha retirado, y el chaval Todd, que trabajó Walter y Jesse un tiempo, intenta alcanzar su nivel sin lograrlo. Con la presión de conseguir un producto de la calidad esperada terminan secuestrando a Jesse. Este no tenía suficiente con su miserable vida, y ahora lo esclavizan. El dolor de ver sufriendo tanto a un personaje tan querido es palpable en cada instante, ya incluso desde antes del rapto. Su personalidad estaba casi completamente destruida tanto por el daño que causa el mundo de las drogas (desde el consumo a la violencia) como por el desgaste psicológico que sufrió al lado de Walter. Solamente quiere separarse de semejante monstruo, pero de vez en cuando cae en su maldita órbita. Imposible confiar en él, imposible creer una sola palabra de quien sólo suelta mentiras y manipula sin parar para lograr sus objetivos. Uno de los momentos más impresionantes y duros es cuando Walter le indica que es su familia y haría cualquier cosa por él, pero aun así vemos que lo intenta traer hacia su lado con engaños sutiles. Una vez encadenado, sólo quedaba esperar qué destino deparaban los guionistas para el pobre desgraciado.

El enfrentamiento con Hank, íntimamente relacionado con el lío familiar, es el plato fuerte de la temporada, y en todo momento está a la altura, de hecho está a un nivel sublime. Los primeros pasos del descubrimiento son desgarradores para Hank y Marie, y los guionistas no escatiman en lágrimas, dolor, frustración… Se vive con estos dos personajes todo lo que significaría descubrir que tus seres queridos son en realidad monstruos despiadados, criminales de la peor calaña que te han mentido durante años y te han puesto en grave peligro constantemente. El proceso de respuesta de Hank a la situación era complicadísimo, pero Gilligan lo escribe sin fallar en ninguna coma del guion. Marie cobra una fuerza y determinación que el hundido Hank tarda en recuperar, de hecho es admirable lo que ha crecido ella, cuando en los primeros años me resultaba una secundaria bastante simplona. Cuando Hank intenta pensar, las decisiones son todas demasiado difíciles y traen demasiadas consecuencias difíciles de controlar y sin duda cargadas de más dolor. La opción más lógica y ética, recurrir a la DEA, llega en su momento justo, cuando la pareja ha recorrido todo el tétrico proceso que provoca esta situación. Pero el hábil Gilligan nos da en la cara con otro sorpresón: el video de Walter no es una declaración de culpabilidad, sino un chantaje que impide a Hank moverse como esperaba.

En la familia directa, la reacción de Skyler también sigue un camino realista pero no por ello menos espectacular. Su mundo, ya de por si inestable, se empieza a derrumbar. La escena en que repite “¿Estoy detenida?” a Hank cuando él le revela que lo sabe, es demoledora. Y ella, como antes, no ve más opción que aferrarse a Walter, porque si no su familia será destruida.

A partir de cierto momento se ve como algo inevitable la caída de Hank, pero como decía, no por evidente es menos intensa y trascendente. Todo el jaleo que se monta con los barriles de dinero es brutal, y la muerte de Hank en el tiroteo resulta tremendamente impactante. Además Gilligan llena de simbolismo estas escenas: todo ocurre en el lugar del desierto donde Walter y Jesse cocinaron por primera vez en la caravana. El Walter oscuro, Heisenberg, nace y muere ahí, pues con el asesinato de Hank y el secuestro de Jesse ha fallado por completo en el único límite que se ponía: proteger a su familia. Cuando Skyler y Junior descubren lo que ha hecho, ya no hay mentiras, ni fantasías, ni esperanzas que puedan sostener una vida al lado de esa abominación. La escena en que lo rechazan, que acaba en pelea, es de las más grandes de la serie: el corazón en un puño, los brazos aferrados al asiento, la respiración contenida esperando que la mayor tragedia que ha vivido la familia no empeore mientras los golpes vuelan, los cuchillos apuntan (qué grito ahogué cuando parecía que alguien terminaría herido o muerto), los corazones se rompen y los lazos familiares se resquebrajan por completo. A Walter no le queda otra que huir.

No me olvido del apreciado secundario Saul Goodman, el abogado nervioso, ni de su guardaespaldas Huell, dos roles más sencillos pero también muy atractivos y cruciales en momentos clave. Hay que citar como excelentes detalles el momento en que el gordo Huell realiza otro sutil robo en el bolsillo de Jesse y la posterior secuencia en que Jesse, esperando el coche del tipo que le dará una nueva vida, de repente se da cuenta del asunto, le llega un momento de revelación y decide quedarse.

Tras un descanso, tras meditar aislado de todo en una cabaña perdida, Walter planea su retorno. En realidad está claro que iba a hacerlo sí o sí, pues él no se da por vencido, pero hasta que no se tranquiliza y le llega una buena idea (al ver a los amigos millonarios en la televisión) no sabía cómo hacerlo. El episodio final se inicia con el único instante en que el azar o la providencia salva al inteligente y minucioso Walter y le permite iniciar su plan redentor: la escena de las llaves cayendo del parasol es otra que consigue que aguantes la respiración durante varios minutos.

EL EPISODIO FINAL

El último capítulo, por su condición de final, obliga y limita algunas cosas, y por ello no es tan espectacular como los momentos más intensos, los grandes giros y locuras que ha dado la temporada y la serie en general. Resulta sin duda un excelente desenlace, ligeramente predecible en algunos aspectos porque el flujo lógico de acontecimientos se puede ver venir en cuanto asientan la línea narrativa que lleva a él, pero muy perdonable porque prima la coherencia y el darle una última puntada a los personajes sobre el efectismo sensacionalista. Así, quienes esperaban lo más de lo más en espectacularidad han quedado defraudados. Es lo que pasa cuando las expectativas se basan en lo más grande que puedes soñar, en vez de disfrutar del relato que se te ofrece tal y como es, sin señalarle faltas que no ha cometido. De todas formas, un par de detalles sin duda discutibles se pueden señalar.

Walter se redime por los pelos en los últimos instantes, únicamente gracias a que ha ganado un poco de autoestima en algunos de sus objetivos: el sustento de su familia y la liberación de Jesse, también considerado familia. Obligando a sus examigos triunfadores y multimillonarios Walter fuerza que Skyler y Junior acepten su dinero sin saber que viene de él, pues sino no lo querrían. Pone así un parche al rechazo y odio de su hijo, y afianza la justificación a la que se aferró durante mucho tiempo para mantener su imperio de la droga. En cuanto a Jesse, el rescate es lo único que puede hacer para reconciliarse algo con él: devolverle la vida y la libertad. También juega un papel fundamental el aceptar el camino que ha andado: seguramente porque es obvio que el perdón de sus seres queridos no puede alcanzarlo de ninguna manera, admite ante su mujer, en otra escena inolvidable, que todo lo que hizo fue por gusto, porque se sentía vivo, porque daba rienda suelta a su ego y se sentía realizado y superior. ¿Sin estas pequeñas victorias Walter habría terminado tan en paz como acaba? Yo tengo claro que no. Ahí estuvo Gilligan muy hábil: había poquísimos eventos en el mundo que pudieran sobreponerse a Heisenberg y traer de vuelta a White; por poco el guionista no se ata de manos y pies de forma que no hubiera podido escribir este final de forma creíble.

En cuanto a los aspectos criticables, son dos detalles importantes que se han comentado mucho entre los seguidores. Primero está la única concesión poética facilona que cuela el guionista en una serie que nunca ha sido de esas características. El plan de Walter para salvar a Jesse está demasiado improvisado y le sale demasiado bien, y queda todavía más forzado que mueran todos los objetivos tan rápidamente… menos los que tienen que hacerlo a manos de los protagonistas en un previsible y sensacionalista momento de venganza y liberación. También es muy evidente el recurso de la bala que alcanza a Walter, que le deja vivir el tiempo justo para redimirse ante Jesse y morir de la forma más perfecta posible. La idea subyacente a la escena, forjar la leyenda de Heisenberg como el rey de la droga (pues cae en el laboratorio donde Jesse fabricaba su producto), sí funciona a la hora de rematar la mitología del personaje y de la serie, pero es inevitable pensar que habría bastantes formas menos simplonas para llegar al mismo objetivo. También se puede argumentar que ambas secuencias simplifican tramas e ideas complejas y las centra en pocos minutos, que sirven como catalizadores del destino de los personajes de forma bastante eficaz. Así pues, queda en manos de cada espectador disfrutar más o menos de las escenas finales. En lo que a mí respecta, el rescate y la muerte de los enemigos sí me parece un tanto facilón y tramposo, pero la caída de Walter tiene fuerza de sobra para justificar cómo se produce.

El segundo punto negativo es que no queda nada claro cómo cuela Walter el sobre de veneno para Lydia. No le hace un cambio en plan trilero, porque ella no lo suelta, así que estaba ya en la mesa. ¿Adivina la mesa (juraría que no es donde ella se sienta casi siempre), o lo pone en varias, arriesgándose a que cualquiera se lo tome? Resulta un poco confuso y forzado cuando algo tan importante debería queda bien claro y creíble, y en este caso no encuentro justificación alguna, con lo que lo considero un fallo notable en un momento crucial.

Enfrentarse al final de una serie tan compleja era muy difícil, y Vince Gilligan ha estado a la altura. La trama final está muy bien expuesta, y aunque tenga esos dos deslices citados se usa muy sabiamente para llevar a los personajes hacia su destino último, y ese cierre en la vida de los protagonistas ha sido magnífico, emocionante y simbólico hasta resultar inolvidable. Hay que citar por enésima vez la extraordinaria labor de varios actores, como Anna Gunn y Aaron Paul, pero destacando sobre todo al inmenso Bryan Cranston, que ha dado uno de los mejores papeles de la historia de la televisión. También muy remarcable es la labor de los numerosos directores y equipo técnico (fotografía, localizaciones, música…) que han pasado por esta producción tan singular y arriesgada sabiendo estar siempre a la altura con una puesta en escena excelsa.

Para terminar, quiero dejar una reflexión sobre la desmedida recepción de la serie. La gente se ha entusiasmado tanto con la última temporada que la citan como una de las diez mejores series de la historia, y muchos incluso se atreven a decir que es la mejor. Basta pararse a pensar un poco, hacer una lista en plan rápido, para ver que no cabría ni en un top veinte. Quizá se quedaría a las puertas, y sin duda es una producción de enorme calidad y digna de citar como imprescindible, pero hay muchas obras maestras, y Breaking Bad no lo ha sido nunca. Parece que con este gran año final se han olvidado de que las primeras temporadas, aunque muy llamativas, distaban de ser perfectas, no digamos ya sobresalientes. Es una falta de perspectiva nada objetiva. Supongo que el tiempo la pondrá en su lugar.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
-> Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 1

AMC | 2012
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser.
Valoración:

Breaking Bad siempre se ha caracterizado por ser sumamente irregular. De episodios de gran calidad pasaba a otros lentos y poco sustanciosos que se hacían largos, obteniendo temporadas con demasiados altibajos pero que en conjunto conseguían causar gran impacto. Curiosamente, en esta quinta sesión adquiere mayor regularidad… pero lo hace perdiendo la magia de los grandes momentos. En consecuencia, este año resulta menos intenso y atractivo que los anteriores. Y lo hace en un momento en que se esperaba mucho de la serie: la cuarta temporada puso el listón altísimo, tanto en calidad como en argumento, y se esperaba que las tramas fueran más allá, que el desenlace del relato sobre el paso al lado oscuro de Walter White tuviera emoción y espectáculo a raudales. Y no ha sido así. Se nos ofrece una sesión que parece un epílogo, una extensión, una trama paralela con poca conexión con todo lo visto hasta ahora. Mucho me temo que al obligar la cadena AMC a Vince Gilligan a extender la serie un par de años en vez de cerrarla aquí como él deseaba le ha forzado a alargar y desacelerar la trama.

Tras la caída de Gus, el ego de Walter le lleva a tratar de dominar el mundo de la droga. El señor Heisenberg, una vez desatado, no tiene control sobre sí mismo, siempre quiere ir más allá, empujado por una mezcla de rabia acumulada (el relato sobre cómo se salió de una empresa que luego triunfó es algo ya conocido) y egoísmo desenfrenado que le lleva a querer demostrar que es el mejor. Este proceso psicológico es consecuente con lo visto hasta ahora, pero da poco de sí. Tenemos prácticamente ocho episodios que muestran el día a día en la construcción del imperio, pero sin ofrecer mucha trascendencia y regalando pocas partes con garra. Ya sabemos cómo cocinan, no necesitamos casi una temporada entera para recordarlo. Hay algunos detalles interesantes, como usar las casas en fumigación para montar el laboratorio, pero se diluyen entre otras muchas nimiedades y subtramas no muy bien hilvanadas. Por ejemplo, el invento de los nueve nombres me parece un anexo sin solidez suficiente como para no oler a idea apañada sobre la marcha para meter contenido, por no decir que tiene momentos muy salidos de madre, como sus asesinatos, un desenlace tan precipitado como poco creíble. Esa parte solamente se salva por Lydia, cuya actriz lo borda, porque ni siquiera la conexión alemana, que puso a Hank sobre una pista sólida, termina de llevar a alguna parte.

La tensión constante, el ritmo trepidante, los personajes y situaciones al límite… nada de eso brilla como lo hacía antes, de forma que te dejaba pegado al asiento y te abofeteaba unas cuantas veces con momentos de enorme intensidad y espectacularidad. Ni los clímax cumbre, como el robo al tren o la fantasmada del imán, funcionan, porque no aportan mucha esencia para lo estrafalarios que resultan. Y para rematar, los golpes de efecto otrora tan sorprendentes aquí fallan estrepitosamente: el asesinato del niño no cuela, de forzado y poco sopesado hace aguas por todas partes.

Pero estamos hablando de Breaking Bad, una de las series mejor realizadas y con algunos de los mejores personajes de los últimos años. Y ese poso es muy sólido como para que el haber perdido algo de energía lo eche a perder. Como ocurre en años anteriores, incluso las partes menos trascendentes mantienen un buen nivel y muestran unos roles magistralmente confeccionados e interpretados. Las evoluciones de todos ellos van por un camino muy atractivo con varios instantes de los que dejan huella. Tenemos figuras que han crecido muy bien, como Mike, convertido en un protagonista más y con instantes excelentes como el abandono de su nieta; la dinámica entre Jesse y Walter se mantiene, y a pesar de que el chaval pierde bastante protagonismo tiene momentos inolvidables, como cuando se da cuenta del monstruo que es Walter cuando tras mucho decir este que siente lo del niño se pone a silbar despreocupadamente; y finalmente, el proceso en que Skyler se ve atrapada en un matrimonio inmerso en peligros que lo dirigen inexorablemente hacia una tragedia segura, con esa sublime frase “No soy tu esposa, soy tu rehén”, recuerdan que Breaking Bad tiene todavía calidad de sobra, y todo ello aunque se empañe en los momentos finales, con la facilona salida de Walter del negocio o la parte en que Skyler manda a sus hijos con Hank y se sienta a esperar, algo que retuerce demasiado un personaje que parecía bastante más inteligente, que había empezado a forjarse su propia vida con su trabajo y mostraba mucha más fuerza.

Esta Skyler resume muy bien el problema de la temporada: el relleno o alargamiento poco meditado provoca pérdida de interés y genera pequeños deslices. Después de varios episodios más que correctos pero no del gran nivel que se espera, en el sosísimo desenlace por fin Hank encuentra una pista que le dirige hacia quién es Heisenberg, quién es W. W. Como indiqué al comentar la temporada cuarta pero aquí vemos que se ha postergado debido al éxito de la serie, ahora queda esperar el enfrentamiento final entre Walter y Hank, con la duda de dónde estará Jesse en esa situación. Esperemos que este receso no haya desgastado a los guionistas o creado incongruencias que luego lamentemos.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
-> Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)