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GUERRA Y PAZ – MINISERIE

War and Peace
BBC | 2016
Drama | 6 cap. de 60-90 min.
Productores ejecutivos: Andrew Davies, Bethan Jones, Faith Penhale, Simon Vaughan.
Intérpretes: Paul Dano, Lily James, James Norton, Jessie Buckley, Jack Lowden, Aisling Loftus, Tom Burke, Tuppence Middleton, Callum Turner, Adrian Edmondson, Rebecca Front, Greta Scacchi, Aneurin Barnard, Mathieu Kassovitz, Stephen Rea, Brian Cox.
Valoración:

Da la impresión de que en la BBC, en colaboración con la Weinstein Company, han buscado una adaptación sencilla y comercial, porque no se ve gran ambición en esta enésima versión de Guerra y paz. El guion elude la complejidad de la obra de Tolstoi, sobre todo en la política y lo bélico, y se queda con las historias de amor en su concepto más básico, que además son condensadas en tan sólo seis capítulos. Entre lo resumido que está todo y la falta de profundidad en el dibujo de personajes y tramas, la miniserie resultante es simple pero a la vez tosca y artificial, es decir, queda un culebrón previsible y sensacionalista: personajes estereotipados, situaciones tirando a cutres y giros predecibles y exagerados son soltados sin esfuerzo por buscar fluidez, naturalidad, coherencia.

Como hay que mostrar todos los clichés de las historias de amores no correspondidos, tragedias lacrimógenas y reencuentros felices o tristes, los protagonistas son comodines para ir saltando de uno a otro, con lo que nunca llega a construirse una personalidad concreta. En otras palabras, no se trabajan lo más mínimo sus evoluciones: la transición entre una decisión o evento al siguiente, la maduración, los condicionantes que los llevan por un camino u otro. Por poner un ejemplo concreto, que hay muchos, en un solo capítulo una de las nobles, Natasha Rostova, pasa de ser una adolescente risueña a una dama enamorada, para enseguida encapricharse de otro con locura y en breve acabar en depresión, y todo ello sin explicar qué la lleva a tomar decisiones tan drásticas ni exponer cómo aparecen los distintos sentimientos, de hecho, la pataleta que la da cuando le explota en la cara el conato de aventura es incomprensible. También se abusa de los encuentros imposibles. Pase lo que pase, sea cuales sean las distancias temporales y físicas, todos acaban tropezándose en el momento justo; algunos de estos instantes llegan a dar vergüenza ajena.

Son los actores los que logran que los protagonistas aguanten el tipo lo suficiente para que la aventura sea medianamente aceptable como entretenimiento, pues materializan sus emociones con gran energía y logran que nos interesemos por ellos. El reparto es amplio pero está lleno de excelentes intérpretes ingleses: veteranos de gran renombre, jóvenes ya muy asentados, y nuevas promesas. Entre los primeros llaman la atención figuras como Gillian Anderson, pero lo cierto es que su personaje es anecdótico, prescindible (lo comento porque fue una de las razones por las que me lancé a verla). Son Brian Cox, Adrian Edmondson (a este yo no lo conocía), Stephen Rea y sobre todo el colosal Jim Broadbent quienes destacan. De los que se van haciendo un hueco en el panorama está la ya bien asentada Lily James, que deslumbró en Downton Abbey y está dejando huella en cine también (con Orgullo y prejuicio y zombis y Cenicienta, por lo que parece se va a quedar anclada en papeles de época) y Paul Dano, que si tengo que elegir un solo nombre en el reparto, me quedaría con él, aunque hay más dignos de citar, como Tupence Middleton. Luego tenemos muchas sorpresas: James Norton, Jack Lowden y Jessie Buckley tienen un futuro muy prometedor.

La descripción de la vida en la época se limita a los temas matrimoniales. Es decir, la prometedora recreación histórica más que somera parece inexistente. Las distintas clases sociales y formas de vivir y pensar, el vuelco que trae la guerra, las nuevas maneras de ver el mundo… Ninguno de esos aspectos esenciales de la novela se tratan en profundidad. Si hay una cita sobre el empobrecimiento de una de las familias protagonistas es para relacionarlo con la trama romántica de turno. Inicialmente con Pierre Bezukhov parecía que sí iban a introducirse en la historia y la filosofía, pero se quedan en unas frases sueltas para definirlo como rarito y fuera de lo común y no ahondan más a pesar de todo lo que le ocurre a lo largo de los años; vamos, que deambula de acá para allá sin que se relate con él nada concreto más allá del amor no correspondido. La política apenas aparece en un par escenas sobre la guerra, centrada en alguna breve disputa entre comandantes. Pero la guerra en sí queda también al servicio del dramón pasional. Si vemos un amago de batalla es para mostrar a tal o cual protagonista echando de menos a su amada, huyendo de su matrimonio agobiante, o lo que sea.

Los avances prometían más nivel en el aspecto visual, haciendo pensar incluso en grandes batallas. Cuatro planos de extras y ejércitos digitales es lo que vas a ver, porque los enfrentamientos son bastante pobretones, con un acabado y unas limitaciones propias una serie de principios del siglo. Es problema de la escasa calidad de la puesta en escena más que de recursos, porque los escenarios naturales vistosos, los correctos decorados y vestuario de la época y los extras en cantidad, aunque no sean dignos de una gran superproducción sin duda daban para más. Rutinaria, es la palabra. Debería deslumbrar, y resulta monótona, sin personalidad. Dirección sin savia, fotografía ramplona (el intento de iluminación natural no funciona del todo)… y la música en concreto llega a cansar: parece que solo hay dos temas, el épico-trágico (con algo de coros) y el romántico-tristón (unas repetitivas notas de piano que valen para todo).

Sólo se la recomiendo a los amantes de los dramas románticos de época, pero no esperes ver algo ágil, inteligente, emocionante e impecable en lo audiovisual como Downton Abbey (Julian Fellowes, 2010).

WOLF HALL – TEMPORADA 1

BBC | 2015
Drama, Histórico | 6 ep. de 59-90 min.
Director: Peter Kosminsky.
Escritor: Peter Straughan.
Intérpretes: Mark Rylance, Damian Lewis, Claire Foy, Thomas Brodie-Sangster, Mark Gatiss, Anton Lesser, Jonathan Pryce.
Valoración:

Enésima producción basada en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra, seguramente el monarca más representado en el arte, sea literatura, teatro, cine o televisión. De hecho, estamos ante una adaptación de una trilogía de novelas en las que la autora Hilary Mantel, para tratar de diferenciarse un poco de tantas versiones, opta por mostrar los eventos desde la perspectiva de Thomas Cromwell, siendo Enrique un secundario. Pero esto tampoco es realmente original, porque en 1966 Fred Zinnemann dirigió el filme Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons) con Thomas More (o Tomás Moro) como protagonista.

En las novelas no sé qué tal funciona la idea, pero en la serie se quedan cortos a la hora de construir un relato con la suficiente intensidad e interés como para resultar recordable. El principal problema es su falta de savia, y esto proviene en parte de su esquema narrativo y en parte del superficial dibujo de los personajes que confecciona el guionista Peter Straughan (El topo, La deuda). Para acercarnos al ascenso de Cromwell (la caída queda pendiente para una posible segunda temporada) en tan pocos capítulos opta por saltar de momento importante en momento importante, pero lo hace sin darle a cada uno de estos instantes cruciales la relevancia y garra suficiente como para que resulten algo más que anécdotas. Es decir, parece un resumen, no una historia completa. Hay ocasiones en que se pierde por completo en este estilo: muchas cosas ni siquiera llegan a verse, las cuentan los personajes cuando mejor le parece al escritor; también recurre a texto en pantalla antes de cada capítulo para rellenar los huecos. ¿Pero cómo esperas que me interese por los sucesos o incluso que pueda seguirlos sin perderme si los narras por encima, sin dotarlos de la trascendencia y calado necesarios?

Y para empeorar la cosa tenemos unos protagonistas de escasa complejidad. ¿Cómo Cromwell, un personaje que copa todas las escenas, tiene un dibujo tan limitado y superficial? Su descripción es tan somera que nunca sabemos qué piensa, qué espera, cuánto sufre, qué lo motiva… ¿Quiere ascender o le cae todo encima y sigue adelante sin más idea que tener un trabajo y sobrevivir? ¿Es luterano o papista? ¿Y si es luterano por qué es tan suave con Moro? Así pues, el individuo avanza por la serie como la propia trama: sin rumbo claro, sin la consistencia necesaria para llegar al espectador y dejar un recuerdo. Por no decir que conta tanta indefinición el Cromwell resultante queda descrito como demasiado bueno y calmado, cuando se supone que era un arribista bastante desalmado. Su expolio de los templos cristianos y su feroz lucha para vencer (y ejecutar si podía lograrlo) a sus enemigos es buena prueba de ello. Parece ser que la serie se ha llevado alguna crítica por ello.

El actor Mark Rylance, que proviene de una larga carrera en teatro, es bueno, se nota en la intensidad de su mirada… pero con semejante rol poco registro puede mostrar, y lo único que hace es recitar sus líneas y echar un par de miradas contenidas que realmente no sabemos qué dicen, porque el guion no lo explica y el director no parece haber tenido libertad para ir más allá, para imponer algo más de visión a un libreto algo limitado. Es comparar con el Cromwell que vimos en Los Tudor, que aprovechó magistralmente James Frain, y me da lástima ver la oportunidad perdida.

Como es esperable en esta situación, los personajes secundarios acusan más aún la falta de calidad. Básicamente tenemos al rey Enrique, a Tomás Moro y a Ana Bolena, porque el cardenal Wolsey dura poco. El resto son indistinguibles entre sí, la mayoría son sólo un nombre para cumplir con la Historia: las familias Suffolk, Bolena y demás figuras relevantes de la corte (Lady Rochford, Cranmer, etc.) pasan sin pena ni gloria a pesar de tener a algunos actores británicos de gran expereciencia, como Mark Gatiss, Jonathan Pryce, Bernard Hill

He llegado a leer que es más fiel que Los Tudor… En cierta manera se puede decir que sí: muestra eventos clave sin inventarse o cambiar nada. Pero es que no hace nada más, sólo cita esos sucesos, no desarrolla lo más mínimo. En Los Tudor narraban numerosos años de Historia a través de gran número de personajes y tramas, es difícil ser fiel en todo momento cuando tienes entre manos algo tan complejo, y más cuando su guionista sufrió una espantada de actores que dejó roles cruciales sin intérprete. En lo que sí ponen más esmero es en el vestuario. Con los torsos y mangas hinchados y los grandes abrigos para dar sensación de magnificencia (en especial en Enrique) son mucho más fieles a la Historia, pues en Los Tudor pusieron un vestuario más relajado e incluso anacrónico a veces. Eso sí, al final también terminan acobardándose con el calzado: en vez de los zapatitos sencillos también se empeñan en colarnos botas de cuero que parecen de motero, seguramente para disimular las mallas y el calzado simple. Quizá pensaron que resultaría extraño hoy en día, pero entonces cabe preguntarse por qué no aplican el mismo baremo al resto de la estrafalaria vestimenta. No puede ser que vayas de serio y de repente metas esta broma de mal gusto. Así pues, otra serie que se queda corta cuando tenía en su mano ser realmente fiel.

La puesta en escena apuesta por una cámara en mano suave que sigue a los protagonistas por los pasillos y amplias salas de las buenas localizaciones de interiores elegidas. El ritmo que imprime el director es contemplativo, de dejar que la escena hable a través de los personajes… y obviamente esto no puede funcionar, con lo que resulta una narrativa más que pausada lenta, con tramos incluso aburridos. La fotografía es buena, en especial en la estupenda iluminación, y la música es sutil y muy efectiva.

Debo decir que Wolf Hall no llega a meter la pata en ningún momento, simplemente se queda corta y en la superficie de un relato con muchísimo más potencial. Se puede ver si te va el género, pero no esperes algo impactante. Me parece mejor realizar un revisionado de Los Tudor, la verdad.

HAPPY VALLEY – TEMPORADA 1

BBC | 2014
Drama, policíaco | 5 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Sally Wainwright, Nicola Shindler.
Intérpretes: Sarah Lancashire, George Costigan, James Norton, Charlie Murphy, Siobhan Finneran, Adam Long, Steve Pemberton, Joe Armstrong.
Valoración:

En una pequeña localidad de Inglaterra el cuerpo de policía local no tiene grandes complicaciones más allá de unos pocos problemas relacionados con el consumo de drogas. Pero eso no implica que las vidas de sus habitantes sean idílicas. La sargento Catherine Cawood arrastra los efectos de un caso sin resolver: su hija fue violada y no soportó criar al hijo que vino después, así que se suicidó. Por otro lado, un contable deja salir su ira contra su jefe planeando el secuestro de su hija, que llevarán a cabo unos traficantes del lugar… entre ellos el violador que no fue condenado por su acción. Catherine se verá envuelta en un oscuro y trágico caso que además la toca muy de cerca.

La mayor virtud de la serie es que el drama, por muy lacrimógeno que pueda ser en algunos tramos, nunca es sensacionalista o manipulador como ocurría en la popular Broadchurch. El conflicto familiar de la protagonista se trata con realismo, los personajes implicados transmiten cercanía y todo se desarrolla con verosimilitud. Además estamos ante un personaje central redondo, casi fascinante, con el que se conecta con intensidad. Lograr esto era esencial, por su importante conexión con el desarrollo de la trama. Si Catherine hubiera sido intrascendente, o peor, cargante, la serie se hubiera hundido. Crucial es también la lograda interpretación de Sarah Lancashire, que capta muy bien la compleja progresión emocional de la agente de policía.

Catherine tiene una buena réplica con los delincuentes, sean los casuales (el contable cabreado), o los más profesionales, con un jefe inteligente y dos soldados muy diferentes, uno torpe y cobarde, el otro, el violador, un psicópata calculador. Pero, y aquí empiezan los puntos flojos, los otros habitantes del relato no están tan bien confeccionados. El resto de policías no pasan de figurantes, algunos superiores no se presentan muy bien, y el investigador que aparece al final para llevar el secuestro es muy soso. La familia más presente (hermana y nieto) funcionan correctamente, pero el resto aburren, tanto el amante (¿qué aporta este?) como en especial ese hijo con el que no se hablaba, que aparece al final para exponer otro problema: en el desenlace rompen el equilibrio abusando del drama.

El caso avanza sin sorprender, pero también sin fallar: como narración clásica tira por lo realista, con esfuerzo personal tangible (investigación policial pateándose las calles), con los jefes incompetentes de turno, y sobre todo manteniendo en primer plano las repercusiones de los eventos en los protagonistas. Hay buenos golpes de efecto, como el destino de la joven agente, algo de inteligencia en momentos puntuales, como las disputas con los jefes (aquí tenemos una de mis escenas favoritas: si pretendes que haga la vista gorda con tu registro ilegal de una casa, ¿esperas que yo no la haga con los deslices de otro superior?), y en líneas generales el ritmo e interés se mantienen en un buen nivel.

Pero el capítulo final es un bajón. Gracias a la solidez del caso y sus protagonistas principales todo funcionaba francamente bien a pesar de ser un relato bastante previsible, pero en el último momento dan marcha atrás. El sensacionalismo y los clichés manidos asoman la patita en un clásico desenlace con secuestro de familiar querido y momentos de tensión que de forzados no transmiten nada, por no decir que sin venir a cuando se les va la mano con el drama en una cena familiar innecesaria a estas alturas del relato. La serie habría acabado perfectamente en el asalto al sótano (dándole algo más de empaque, eso sí), el dramón en el cumpleaños y el secuestro son añadidos forzados y malogrados.

A tenor de las buenas críticas recibidas (aparece en muchas listas de lo mejor del año) esperaba encontrarme con una obra si no excepcional sí notable, pero basta un primer vistazo para ver que no tiene ni potencial ni intenciones de dejar huella, que simplemente busca entretener con una fórmula clásica. Por suerte, como indicaba, esta fórmula se aprovecha bien: buen equilibrio entre policíaco y drama, todo ello conducido por un rol central que está cerca de resultar enorme, ofrecen un título que no calará en la memoria pero se ve con agrado.

PD: hay un alegato bastante cutre contra las drogas, por ser una visión muy simple y además errónea (ponen al cannabis como algo que vuelve loca y violenta a la gente), que resulta exagerado incluso en el estilo conservador de la serie.
PD2: nació como miniserie, pero el éxito ha empujado a estirarla.

SHERLOCK – TEMPORADA 3

Sherlock
BBC | 2014
Suspene | 3 ep. de 90 min.
Productores ejecutivos: Mark Gatiss, Steven Moffat.
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Una Stubbs, Rupert Graves, Mark Gatiss, Louise Brealey, Amanda Abbington.
Valoración:

Cada nueva temporada de esta creación de Mark Gatiss y Steven Moffat (colaboradores también en Doctor Who) adaptando el clásico personaje de Arthur Conan Doyle es un éxito mayor de audiencias. El fenómeno Sherlock es imparable. Incluso en el hiato de dos años entre la segunda y tercera temporadas (imposible rodar antes por las ocupadas agendas de los actores) la expectación y el fandom no se ha desinflado, sino que han ido creciendo. Y lo cierto es que me sigue pareciendo año tras año una respuesta excesiva. Es una serie entretenida, pero normalita y con muchos altibajos. Pero ya se sabe que las modas son impredecibles.

Esta tercera etapa muestra en sus tres episodios de hora y media lo mejor y lo peor que puede dar la serie. Por ello esta vez voy a comentar los capítulos por separado.

301. El coche fúnebre vacío
The Empty Hearse

Guion: Mark Gatiss.
Dirección: Jeremy Lovering.
Valoración:

El inicio de la temporada nos trae obviamente el retorno de Sherlock tras su falsa muerte. Un tema peliagudo, porque prometía ser el máximo exponente de los giros rebuscados y tramposos de la saga Sherlock Holmes, que en esta serie se maximizan a veces hasta límites ridículos y molestos. Pero a sabiendas de que el público sería muy crítico con el truco de Sherlock para desaparecer, pues cada uno espera una respuesta perfecta, algo imposible de satisfacer, los guionistas se ríen de ello mostrando varias posibilidades sin dar una como válida, y por si fuera poco también critican el fenómeno fandom, con ese grupo friki de seguidores del detective.

El problema es que cada explicación se alarga demasiado. La idea se capta a la primera, no hay que dedicar tanto metraje a ello. Y así aparece el problema del capítulo, un problema habitual en la serie: le cuesta ir al grano. La dinámica entre Sherlock y Holmes funciona, y los choques del detective en su retorno son divertidos, sobre todo cuando ve a su amigo prometido a una mujer. Pero se dedica demasiado tiempo a recalcar cosas obvias, y mientras tanto no hay una trama, un hilo conductor claro que lleve la narración hacia adelante. El tema de los terroristas parece una excusa para montarse hora y media de chistes entre la pareja de detectives, y si bien la mayor parte son bastante eficaces es evidente que el ritmo se resiente.

302. El signo de los tres
The Sign of Three

Guion: Steve Thompson.
Dirección: Colm McCarthy.
Valoración:

Si el primero está en la media estándar de la serie, este segundo cae a lo más bajo que puede llegar. Todo en él es desastroso. El concepto mismo está destinado al fracaso: Sherlock hablando sin parar en la boda de Holmes mientras se intenta humanizar al personaje. Difícil en esa situación dar ritmo y vida al argumento, y difícilmente contentaría a los seguidores ablandando tanto al detective.

El proceso de humanización sale bastante mal parado, deja en todo momento la sensación de forzado, de tener diálogos y situaciones poco inspirados. Aunque el problema principal es que se alarga y alarga hasta el infinito. Y mientras, Holmes queda muy diluido: se pasa todo el rato sentado poniendo muecas.

La trama está más ausente que en el primero: tarda en aparecer, resulta trivial y no impacta lo más mínimo. Todo el tiempo se dedica a tonterías banales estiradas hasta el hartazgo. Hay momentos de vergüenza ajena, como la borrachera o la escenita de los ordenadores, con Sherlock chateando con un mogollón de ellos como si no pudiera tener varias ventanas de navegadores abiertas en un solo aparato. Y en general la narrativa es horrible: arrítmica, bacheada, realmente fallida en muchos tramos. El episodio se hace larguísimo, tanto que no fui capaz de terminarlo en un solo día. Parece que tenían material para media hora y el resto lo improvisaron. Teniendo tan solo tres capítulos, aunque sean largos, es imperdonable que no se esfuercen en construir una buena historia, y peor aún que el relleno esté tan poco trabajado.

Acorde al tono salido de madre del capítulo está la puesta en escena: se abusa de montajes extraños, ángulos forzados, imágenes borrosas… Resulta confuso y mareante en varios momentos.

303. Su último voto
His Last Vow

Guion: Steven Moffat.
Dirección: Nick Hurran.
Valoración:

Parece que es la tónica habitual de la serie decepcionarte para luego ganarte de nuevo. Me parecía realmente imposible que tras tal bajón pudiera recuperar la fe en ella… Pero este capítulo lo consigue a lo grande. Sin duda es el mejor de la serie, y una muestra de lo alto que podría llegar.

La trama se presenta desde el primer minuto y no se abandona en pos de recesos cómicos estirados como chicles. La dinámica de Sherlock y Watson se mantiene entre medio con mucho tacto, y hay lugar tanto para el humor como para el drama, con la revelación relativa a la esposa de Watson. Y la ligera humanización de Sherlock es muy efectiva.

Es el caso más difícil al que se han enfrentado, y eso se transmite muy bien en cada momento, manteniendo un nivel de tensión e intriga constante. Sherlock llega a estar perdido ante semejante barbaridad de villano (o no-villano), y termina optando por una solución radical. Todas las sorpresas, giros y revelaciones están muy bien encajadas y explicadas. No hay lugar para trampas absurdas ni resoluciones imposibles. La sorpresa con la esposa se explica a la perfección, y las reacciones de los personajes son creíbles. El villano está a la altura en todo momento… De hecho Magnussen maximiza lo mal que les salió Moriarty: es creíble, imponente, temible, y el actor y la interpretación que le piden están acorde a lo que se espera de semejante enemigo, todo lo contrario que ocurrió con el caricaturizado Moriarty.

El ritmo y la intensidad del capítulo son impresionantes, te mantiene pegado al asiento todo el rato. Hasta la puesta en escena vuelve a ser perfecta, sin enredos absurdos y con su fotografía tan cuidada. No tiene ni un solo desliz… hasta el epílogo, un burdo anuncio de la siguiente temporada donde nos venden la reaparición de Moriarty de nuevo convertido en una especie de villano-payaso, volviéndote a recordar los excesos de la serie, augurando lo peor para la próxima tanda de episodios.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
Temporada 2 (2012)
-> Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2016)

SHERLOCK – TEMPORADA 2

BBC | 2012
Suspense | 3 ep. de 90 min.
Productores ejecutivos: Steven Moffat, Mark Gatiss, Beryl Vertue.
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Martin Freeman, Una Stubss, Rupert Graves, Mark Gatiss, Loo Brealey, Andrew Scott, Laura Pulver.
Valoración:

El éxito de Sherlock es espectacular, pues casi se habla más en internet de esta serie de Steven Moffat y Mark Gatiss que de las películas de Guy Ritchie. En este mundillo ha sido una de las producciones más de moda de los últimos años, levantando pasiones, lanzando la carrera de Benedict Cumberbatch y asentando la del veterano Martin Freeman. El éxito ha llevado incluso a la cansina manía de realizar un remake en Estados Unidos, dejando en el aire la pregunta de para qué cojones lo hacen si tienen la original, la que está de moda. Pero aunque entiendo su tirón, pues es una aventura sumamente entretenida, lo que no comparto son las críticas que la ponen por las nubes. Porque más allá de ser una producción simpática no tiene muchos valores.

El año mejora ligeramente respecto al primero en dos factores cruciales. Primero, la química entre Sherlock y Watson se ha potenciado notablemente, y la pareja de intérpretes la exprime con maestría, formando un duo de personajes de gran nivel con relación que resulta curiosa a la par que encantadora. Segundo, las historias tienen algo más de empaque, y si bien vuelven a fallar en momentos clave, como el desenlace de la temporada, dan muchos buenos instantes en general y un primer episodio bastante llamativo. La aventura es emocionante y divertidísima, lleva muy buen ritmo, los protagonistas se desenvuelven en ella muy bien y posee algunos momentos cumbre muy interesantes, como la aparición de Irene Adler (aunque por el contrario su salida es una fantasmada del quince).

Sin embargo, de rebuscada y tramposa a través artificios huecos y trucos de guion baratos resulta otra temporada poco creíble, demasiado exagerada, demasiado grandilocuente. Y en su desenlace se va de madre de forma fatídica. El personaje de Moriarty de excesivo termina resultando tan ridículo que echa por tierra toda la credibilidad de su trama, y el actor Andrew Scott es un fallo de casting garrafal, pues este niñato sobreactuado no pega nada como genio del crimen, lo que agrava el asunto. Para rematar el año, la falsa muerte de Sherlock no hay por dónde agarrarla, es una parida que sabe a broma de mal gusto.

Así pues, aunque sea un entretenimiento muy agradable, su falta de consistencia y su irregularidad marcada por los enormes excesos impiden que sea también serie de primer nivel.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
-> Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2016)

SHERLOCK – TEMPORADA 1

BBC | 2010
Suspense | 3 ep. de 90 min.
Productores ejecutivos: Steven Moffat, Mark Gatiss, Beryl Vertue.
Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Martin Freeman, Una Stubss, Rupert Graves, Mark Gatiss.
Valoración:

Sherlock es una serie de la BBC que como es habitual en la cadena cuenta con temporadas cortas (esta primera tiene tres episodios de 90 minutos cada uno) que se ven ampliadas a otros años según el éxito que obtengan, sin seguir un calendario ni número de episodios concretos. En ella se reinterpreta el personaje de Sherlock Holmes siendo fieles a los escritos de Arthur Conan Doyle (de hecho, se basa directamente en algunas historias del escritor) pero adaptando los sucesos a la época presente. El resultado me parece bueno en cuanto a personajes, pero las tramas apenas han despertado mi interés.

La presentación de la pareja progatonista es más que eficaz, definiendo muy bien su personalidad en unas pocas y acertadas secuencias, como el estupendo prólogo destinado a Watson o sus primeros encontronazos con el peculiar carácter de Holmes. Su desarrollo o evolución es también bastante bueno, mostrando con habilidad el acercamiento de ambas figuras y el vínculo que forjan haciéndose prácticamente dependientes el uno del otro. Los diálogos que rodean numerosas situaciones dan la talla y dejan algunos notables momentos humorísticos, como el espléndido final del primer capítulo, donde Sherlock deduce la intervención de Holmes y luego echan unas risas, escena que además continúa con el encuentro con ese intrigante individuo que dice ser la némesis del detective, donde se consigue una sorpresa fantástica.

Por supuesto, ayuda mucho que hayan escogido un actor de tanta experiencia como Martin Freeman (quien seguramente ahora verá relanzada su carrera al haber sido escogido para interpretar a Bilbo Bolsón en El Hobbitt) y al haber acertado de pleno poniendo a Benedict Cumberbatch en la piel de Sherlock. Este último es capaz de pasar de la mayor de las apatías al éxtasis total sin gesticular demasiado, sin apartarse del tono críptico del personaje. Por cierto, en algunos momentos no he podido dejar de pensar que hubiera sido una elección fantástica para hacer de Doctor Who que Matt Smith.

Sin embargo, fallan en el último momento en un personaje crucial y probablemente más importante en el futuro: el actor para Moriarty, Andrew Scott, ha sido muy mal elegido, es demasiado joven y ofrece una labor tan sobreactuada que hace una caricatura del personaje, con lo que queda totalmente increíble como el mayor genio del crimen que debe ser. Además, entre esto y que la escena final carece de garra, el desenlace de la temporada ha sido malogrado y anticlimático.

Si la pareja protagonista da la talla sin problema alguno, no ocurre lo mismo con los casos en los que participan, donde los creadores y guionistas Steven Moffat y Mark Gatiss no están tan resueltos y acertados. Las historias me han resultado simples en el fondo pero enrevesadas demasiado para obtener el tono habitual de la saga de Conan Doyle. Resultan irregulares en ritmo, con muchos tramos donde deja la sensación de que no se va hacia ninguna parte, artificiosas hasta lo absurdo (todo lo que deduce Sherlock del móvil de Holmes es tan increíble que resulta ridículo). Para ser una miniserie de supuesto nivel y de tan solo tres partes, apenas consigue pasar de un entrenimiento intrascendente, y hasta eso le cuesta. Cualquier procedimental tipo CSI tiene por temporada muchísimos más capítulos y de la mitad de duración pero con más inspiración y ritmo.

La puesta en escena es magnífica, eso sí. Sigue un estilo semejante al de Paradox y Luther, otras dos producciones detectivescas realizadas con un aspecto visual vanguardista. La dirección, fotografía y montaje son de alta calidad y muy hábiles a la hora de obtener un estilo modernista, rompedor, valiente. Encuadres atípicos y juegos de cámara fascinantes levantan el interés en aventuras un tanto fallidas.

La temporada ha sido muy bien recibida por la audiencia británica, así que contará con un segundo año. Pero en mi opinión es un visionado bastante prescindible.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
Temporada 2 (2012)
Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2016)

DOCTOR WHO – TEMPORADA 5


BBC | 2010
Ciencia-ficción, aventuras, drama | 13 ep. de 42-65 min.
Productores ejecutivos: Steven Moffat.
Intérpretes: Matt Smith, Karen Gillan, Alex Kingstom.
Valoración:

Al final el cambio de productor ejecutivo de Russell T. Davies a Steven Moffat no se ha notado tanto ni en estilo ni en calidad como algunos auguraban. Obviamente la serie no iba a ser modificada hasta quedar irreconocible, pero sabiendo que Moffat fue autor de los mejores momentos de las temporadas anteriores y que por mi parte estaba cansado de algunos de los tics de Davies, la verdad es que esperaba más novedades. Sí, hay algunas leves modificaciones que aportan mejoras sutiles, pero también algunos aspectos que han perdido ligeramente.

A los problemas que arrastraba Davies ya me referí en varias ocasiones. Su manía de ir en algunos tramos, sobre todo en los finales de temporada, a por la situación más grande e imposible acababa afeando el tono distendido y aventurero de la serie. Pensaba que con Moffat nos habíamos librado por fin de ello, y sin embargo en el desenlace de este año también se orquesta una historia grandilocuente y exageradísima que me ha supuesto una decepción enorme. ¡Por qué tú también! Una cosa es que el Doctor deba lidiar con planetas y razas y amigos en peligro inminente y que como buen héroe resuelva magistralmente la situación. Es entendible porque es la premisa de la serie. Pero, ¿de verdad hay que destruir o poner al borde de la destrucción la Tierra y el universo entero en cada final de temporada para luego salvarlo con un término tecno-mágico o un giro generalmente insatisfactorio que deja todo tal y como estaba antes? Desgraciadamente, de nuevo tenemos un universo que desaparece, un Doctor que lo salva con un momento de lucidez más o menos ridículo, todas las razas que han salido anteriormente en la serie pululando por ahí de golpe, y por supuesto no faltan largos y aburridos minutos que pretenden ofrecer lacrimógenas pseudo-despedidas.

Pero, al igual que en sesiones anteriores, el resto del año está en un tono mucho más ligero y eficaz, con historias más sencillas donde se trabajan más los personajes y las situaciones en vez de perder el tiempo forzando aparatosos clímax. He notado algo más de frescura en las tramas y tengo la sensación de que Moffat se esfuerza más por presentar los universos que imagina (algunos están muy bien descritos, como el de La bestia de abajo), y los personajes secundarios introducidos en cada nueva aventura los borda; muchos de estos caracteres los recuerdo con agrado incluso a meses de haber visto sus episodios, como los protagonistas del díptico sobre los reptilianos o la recreación de Van Gogh.

Moffat además sigue desarrollando una pequeña historia dentro de este universo donde el Doctor se encuentra repetidas veces con una mujer misteriosa, River Song (interpretada con entusiasmo por Alex Kingston), quien fue presentada en la temporada cuatro en los extraños Silencio en la biblioteca y El bosque de los muertos y vuelta a traer aquí en la confrontación con un enemigo fascinante creado por el propio Moffat, los ángeles. El episodio doble donde se da este encuentro está bastante bien (El tiempo de los ángeles y Carne y piedra), pero para mi gusto el que abría el año ha sido el más redondo (La décimo primera hora), y salvo el aburrido La victoria de los Daleks o el tontorrón El inquilino, que tuvieron pocas cosas salvables, el resto mantiene un ritmo y calidad muy correctos en todo momento. Finalmente, hay que destacar también el asombroso nivel de producción, donde debido al enorme éxito de la serie cada vez tienen más recursos que son excelentemente aprovechados; las recreaciones de distintas épocas y lugares son cada vez más impresionantes.

Al cambio de los actores me adapté rápidamente. El Doctor sigue siendo el mismo personaje; un poco más joven y despreocupado, pero es normal al renacer. Matt Smith sigue pareciéndome feísimo y aunque es prácticamente imposible alcanzar el nivelazo dejado por David Tennant se desenvuelve con soltura, adaptándose perfectamente a la forma de ser del misterioso alienígena, a sus tics y cambios de humor. En cuanto a la acompañante, es deliciosa, tanto la actriz (Karen Gillan es hermosísima y ofreciendo una interpretación grácil y adorable) como el personaje. Es divertida, encantadora, curiosa y decidida, un perfecto complemento para las necesidades del Doctor: lo ayuda mantenerse en la realidad y bien animado, que sabemos que se puede perder fácilmente. Pero por desgracia, a pesar de lo mucho que promete y lo bien que me cae, el personaje no se exprime debidamente a lo largo de la temporada. De todas las acompañantes es prácticamente la que menos juego da, la que menos aporta y evoluciona conforme vive aventuras y peligros. Queda como una chica simpática y poco más que ni por asomo llena el enorme hueco dejado por Donna. Una lástima que no se aproveche todo el potencial de una actriz tan carismática y resuelta. Y por si fuera poco, vuelve a fallar la innecesaria inclusión de algún familiar suyo, en este caso su novio. La pareja es sencillamente increíble, insostenible. No hay química, no se ven razones por las que se puedan amar, y como lo fue en su momento el novio de Rose, resulta un lastre insoportable que a todas luces sobra cada vez que aparece. Además, su muerte es cutre de narices y su reaparición muy forzada y lastimera. ¿Por qué les cuesta tanto introducir correctamente caracteres relacionados con la acompañante, y por qué se empeñan en hacerlo? Solo el abuelo de Donna funcionó.

Así pues, en general la temporada no se aparta de lo que ha dado esta generación de Doctor Who hasta ahora: diversión y entretenimiento a raudales, historias llenas de acción, humor, dilemas morales excelentes (¡sublime el momento de la ballena espacial!), personajes con los que es fácil conectar y emocionarse, etc. No me extraña que sea un éxito enorme en Inglaterra, pues incluso con los peores altibajos que ha tenido en todas sus temporadas es en general una serie muy adictiva.