Archivo de la etiqueta: BBC Two

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 3

BBC Two | 2016
Drama, suspense | 6 ep. de 54-58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes:Cillian Murphy, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Sophie Rundle, Finn Cole, Joe Cole, Aimee-Ffion Edwards, Harry Kirton, Natasha O’Keeffe, Kate Phillips, Paddy Considine, Packy Lee, Ned Dennehy, Gaite Jansen, Tom Hardy, Jan Bijvoet.
Valoración:

No sé si el creciente éxito de la serie tuvo algo que ver ni si se encarrila en las siguientes temporadas, pero su productor y prácticamente único guionista Steven Knight apunta demasiado alto en esta etapa partiendo de unas bases que no permiten tanta ambición, y termina sufriendo un gran tropiezo.

Con seis capítulos por temporada, un presupuesto ajustado y pocos personajes dio forma en sus dos primeras temporadas a un sencillo y entretenido relato sobre las intrigas criminales de una mafia de barrio. Pero la maduración a la que apuntaba en la segunda, con los personajes secundarios ganando profundidad y ofreciendo en general historias más variadas que las predecibles aventuras con que había empezado, no ha seguido su buen curso.

Manteniendo el número de episodios, con ocho personajes mal contados y tres escenarios y medio (la casa de apuestas, la mansión, la calle, una fábrica) no da para sostener semejante coloso, así que se la temporada se cae a pedazos, resulta artificial, descabellada, caótica… Saltamos entre dramas personales inestables, con giros sensacionalistas que salen de la nada y cuyas consecuencias se despachan con trazos mal dados, e intrigas rebuscadas sin que nada llegue a desarrollarse por completo, sin que calen los hechos en la situación criminal y psicológica de los protagonistas, y desde luego sin que resulte creíble de cara al espectador.

Los Peaky Blinders han pasado de luchar a mamporros con otras bandas locales por unos pocos pubs y fábricas y las apuestas de la zona, a controlar Birminghan sobre todos los rivales italianos, judíos, gitanos y demás, y a tener todo negocio bajo su control. Han pasado de tener en nómina a unos pocos policías de la zona a subyugar comisarías y meter mano en la política. Y no me lo creo. No se ha visto cómo han logrado tales hazañas ni cómo las mantienen en pie, no resulta verosímil en ningún momento. Son una pequeña familia con un puñado escaso de matones a sus órdenes, no se ve un entramado criminal de grandes proporciones que haga posible tal dominio. Lo mismo se aplica a los nuevos enemigos y el plan criminal principal de este año, donde Knight se ha flipado cosa mala y termina haciendo bastante el ridículo.

Thomas Shelby se encuentra entre la espada y la pared cuando una organización secreta afín al gobierno le exige ejecutar un complot de grandes proporciones. Este entramado supuestamente temible y de largos tentáculos lo representa un solo personaje, un cura interpretado por Paddy Considine. Ni el actor ni el rol dan la talla como genio del mal, ni mucho menos hacen tangible la supuesta fuerza de esa organización. Nos hemos de creer porque sí sus amenazas de que controla el país a su antojo y la rebuscada combinación de planes anticomunismo, lazos rusos, confabulaciones para desestabilizar gobiernos extranjeros… Nada de esto se ve realmente, sólo se oye en boca de Tommy. Si yo fuera uno de sus hermanos pensaría que está loco, porque sólo él ve esas cosas.

En cada capítulo parece que va a ocurrir algo grande y espectacular, pero casi todo se resuelve fuera de pantalla, en plan “He ordenado que corten las calles y detengan a los soldados de la banda enemiga, así que hemos ganado”, “Para ejecutar este robo imposible hemos convencido a todas las fábricas de ir a la huelga”, etc. Muchas veces vemos solamente cosas triviales, como a Tommy mirando a la nada con temores y dudas o la enésima disputa con los hermanos, y en la escena siguiente aparece con esa frase que resuelve todo. La guerra con los italianos, la organización secreta manejando los hilos, los rusos que unas veces parecen unos muertos de hambre y otras se supone que tienen gran poder, diversas fases de los planes de enviar armas y robar joyas… Todo son vaguedades que no llegan a concretarse.

El carisma de los personajes no sirve esta vez para tapar huecos, porque estos son muy grandes y a veces los engullen. Tommy pasa por mil fases sin que se terminen de desarrollar los eventos y tratar las consecuencias adecuadamente. Otrora un personaje con motivos claros, un rumbo de acción determinado y un esfuerzo personal visible en todo momento, ahora es un ente hueco dando bandazos según le viene al escritor. La relación con Grace sigue siendo un desastre, no hay química entre los actores ni trabajo desde el guion que le otorgue forma, y el giro que cambia las cosas es de un ridículo que espanta. Entre los momentos más fallidos cabe destacar esa parte en la que Tommy está medio muerto de una paliza (cráneo fracturado y todo) y, tras señalarnos que ha estado meses hospitalizado, vuelve al juego sin que el paso del tiempo haya perjudicado a su poder ni cambiado nada. Entonces, ¿para qué tanto enredo?

La dinámica con los hermanos es totalmente volátil, un día son una banda de fidelidad inquebrantable, al siguiente todo recelos y peleas. La disputa con el cura maligno es delirante, bastaba con pegarle un tiro a la primera de cambio. Tras resultarme muy atractivo en su presentación, me ha sentado muy mal que Michael esté desaprovechado casi todo el tiempo y al final salte a primer plano con uno de esos virajes tan poco meditados: “pues ahora me acuerdo de que ese cura abusó de mí cuando era un crío”, y ahora de repente quiere formar parte de las acciones criminales y matarlo. Polly tiene un romance cansino con un tipo anodino que no lleva a ninguna parte, y eso que Alexander Siddig es un gran actor. Al final, de la familia de Tommy sólo Arthur mantiene cierto nivel, porque a John siguen sin desarrollarlo y las mujeres son de adorno. Pero al principio descoloca un montón, porque aparece casado con una católica irredenta que intenta controlarlo… ¿Cómo se ha enamorado y atado a alguien así? Por ello, su arco de buscar redención y dejar de pecar parece muy forzado.

Lo único rescatable, aparte del magnetismo de Cillian Murhpy y el cada vez mejor papel de Paul Anderson como Arthur, es Gaite Jansen y su alocada y seductora princesa rusa. También destaca el estilo audiovisual cada vez más. Aunque la dirección es mejorable en muchas ocasiones, la fotografía es un deleite, y la música con temas rock modernos muy bien fusionados con las imágenes ya es un sello inconfundible.

Peaky Blinders venía siendo bastante interesante a pesar de su escaso alcance, pero la tercera temporada pega tantos tiros al aire que no termina de formar una historia coherente y amena. Se me ha hecho muy pesada y decepcionante, no entiendo que la crítica se volcara tanto con ella y el público encontrara una serie supuestamente asombrosa y adictiva.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2016)

Anuncios

THE LAST KINGDOM – TEMPORADA 2

BBC Two, Netflix | 2017
Aventuras, histórico | 8 ep. de 56-59 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Ian Hart, Harry McEntire, Simon Kunz, Thure Lindhardt, Millie Brady, Eliza Butterworth, Cavan Clerkin, Arnas Fedaravicius, Christian Hillborg, Mark Rowley, Toby Regbo, Tobias Santelmann, Adrian Bouchet, Björn Begntsson, Perl Baumeister, Eva Birthsitle, Gerard Kearns, Erik Madsen, Magnus Samuelsson, Alexander Willaume, Ole Christoffer Ertvaag.
Valoración:

Tras su colaboración en la victoria del rey Alfred de Wessex contra los daneses, Uthred esperaba tener mejores posibilidades de recuperar su tierra natal, Bebbanburg, y hallar a su hermana, esclavizada por los vikingos Kjartan y su hijo Sven. Pero el destino le tiene preparado nuevos retos.

Los planes del soberano de aunar los distintos reinos en una utópica Inglaterra implican echar a los invasores nórdicos que campan en algunos de ellos y hacer alianzas con los estados libres. En lo bélico no puede dejar ir a un recurso tan valioso como Uthred, así que le exige mantenerse a su servicio. Pero las intrigas constantes de Alfred limitan su libertad, y para el rey, el impetuoso pagano roza la traición muchas veces, con lo que la relación nunca va del todo bien.

Tienen a los belicosos hermanos Erik y Sigefrid como inminentes rivales en la liberación de las tierras conquistadas, la nueva alianza con el torpe rey Guthred (Thure Lindhardt) y su pequeño estado de Cumberland que colinda con esos territorios, y la proyectada mediante el matrimonio de la princesa heredera, Aethelflaed (Millie Brady), con otro vecino noble, Aethelred (Toby Regbo).

Así pues, se amplían los frentes respecto a la primera temporada. Los planes de cada facción se entrecruzan, chocando o avanzando a la vez hasta que un nuevo obstáculo aparece, pero tampoco olvidemos a la omnipresente religión, que mete baza según sus intereses, y los conflictos personales, donde cada jugador del tablero piensa por sí mismo. Y en todo el meollo Uthred aguanta como puede, poniendo siempre su independencia y experiencia por delante aunque sea a costa de quedar mal con todos.

Pero también vivirá otras aventuras muy variadas, porque la temporada abarca de todo, pero todo con muy buen ritmo y coherencia. Nada se precipita, cada evento cala, incluso los saltos temporales y las historias que parecen secundarias, como el invierno que Uthred pasa esclavizado en Islandia o el romance del vikingo con la noble secuestrada, se trabajan con esmero, con secundarios potentes, y dejan secuelas. Y no todo son palos para el joven, porque mantiene amigos (el padre Beocca, la monja Hild), hace otros nuevos (los soldados Halig, Finan, el danés Sithric…), y encuentra un nuevo amor en la hija de Guthred, Gisela (Peri Baumeister). Y no me olvido de su hermano adoptivo, Ragnar, y su amiga en común, Brida, que tendrán también sus momentos.

Se sigue cuidando muy bien el entorno histórico, tanto en la fidelidad a eventos y personajes como en la forma de actuar de las gentes. La influencia de religión, la forma de entender el mundo y expectativas de cada individuo según su clase y entorno, y el desarrollo de las invasiones son de nuevo mucho más fieles que en la exitosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), donde la fidelidad se diluye o deforma en un espectáculo vacuo con personajes estrafalarios.

Con mayor número de escenarios tenemos también más decorados. Aquí se nota menos dinero que en Vikingos, pero dista de parecer una serie cutre. Sin embargo, es cierto también que le sigue faltando una puesta en escena de alta calidad que aproveche el potencial del género: todo son parajes naturales o decorados y el vestuario es estupendo, pero la forma de rodar es muy sencillita. Eso sí, hay un momento inesperadamente inspirado: el ataque al campamento donde secuestran a la princesa, narrado cámara en mano, es sobrecogedor. También cabe señalar que la música de John Lunn va ganando presencia, con mención especial para la voz de Eivør Pálsdóttir.

En cuanto a actores, destaco otra vez a David Dawson como Alfred, el estupendo idiota que consigue Thure Lindhardt en Guthred, el carisma de los vikingos Erik y Sigefrid, en manos de Christian Hillborg y Björn Bengtsson, y la veteranía de algunos secundarios como Ian Hart (Beocca) y Simon Kunz (Odda).

PD: Netflix se metió como coproductora junto a la BBC en esta segunda temporada, pero para la tercera ha adquirido la serie entera y sus derechos de emisión.

Ver también:
Temporada 1 (2015)

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 2


BBC Two | 2014
Drama, suspense | 6 ep. de 58 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Joe Cole, Harry Kirton, Paul Anderson, Helen McCrory, Spophie Rundle, Sam Neill, Finn Cole, Tom Hardy, Charlotte Riley.
Valoración:

Se va materializando esa maduración de la que sus cada vez más numerosos seguidores anuncian, pero todavía me parece poco para hablar de una gran serie. Lo primero es que se observa es más esfuerzo en profundizar en la familia Shelby, pues en la primera etapa me quejaba de que los hermanos quedaban muy descolgados. Cada uno de ellos gana dimensión, vamos conociendo algo más allá de sus formas de ser, sus demonios internos, sus esperanzas sobre el futuro… Los problemas de Arthur para centrarse y su viaje con las drogas son muy interesantes, por ejemplo. Pero incluso con esas al final les roba protagonismo un nuevo personaje, un hermano dado en adopción tiempo atrás y que ahora quiere entrar en la familia. La historia del joven deslumbrado por el dinero y poder no es nueva, pero Michael, eficazmente interpretado por Finn Cole en su primer papel principal, es un rol que no deja la sensación de ser un estereotipo, sino que resulta atractivo y te interesas por su porvenir.

También hay mejora en las tramas, un tanto encorsetadas en la presentación de la serie, pero ahora algo más originales y elaboradas. Los planes de Thomas siguen siendo ambiciosos, de forma que los Shelby plantan cara a varios frentes y también se buscan otros nuevos, pero con su inteligencia y talante los va sacando adelante a pesar de los numerosos obstáculos. Entre ellos destacan los roces familiares, donde debe acallar voces y mantenerlos a todos cohesionados, en especial a su tía Polly.

La temporada es corta pero trepidante. Hay tantos planes, intrigas y giros inesperados (atención a la escena de un protagonista cavando su tumba) que engancha bastante y permite volver a verla, o incluso lo requiere, si te has perdido en alguna de las muchas maquinaciones cruzadas. Vuelve a destacar el papelón de Cillian Murphy, bien secundado por Helen McCrory, y la puesta en escena (cámara en mano, iluminación natural, escenarios sucios) que tan bien nos sumerge en el ambiente de la época. Momentos épicos hay unos cuantos, como la pugna entre Thomas y Alfie Solomons, encarnado por un imponente Tom Hardy, que ofrece un par de escenas inquietantes, la entrada gradual de Michael en la familia, la tensión creciente en el asalto al hipódromo…

Pero sigue habiendo aspectos mejorables y algunos giros un tanto pasados de rosca. Me ha dejado muy malas sensaciones el rival mafioso, el italiano. A pesar de contar con un buen actor como es Noah Taylor el personaje no impone, se queda en un villano de relleno dibujado con cuatro trazos, y palidece al lado del gran Alfie. Pero lo más grave es que incomprensiblemente nos traen de nuevo lo peor de la primera temporada cuando parecía que nos habíamos librado de ello. El pesado del detective Cambpell, ahora mayor, vuelve con el acento forzado de Sam Neill y su historia tan sensacionalista, con momentos de vergüenza ajena, como la violación. Y para rematar, también tenemos a Grace y la sosa Annabelle Wallis, con la relación amorosa en tensión más floja que recuerdo en años.

Así pues, Peaky Blinders todavía tiene mucho margen para mejorar.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
-> Temporada 2 (2014)

PEAKY BLINDERS – TEMPORADA 1

BBC Two | 2013
Suspense, crimen | 6 ep. de 55-60 min.
Productores ejecutivos: Steven Knight, Jamie Glazerbook, Frith Tiplady, varios.
Intérpretes: Cillian Murphy, Sam Neill, Helen McCrory, Paul Anderson, Annabelle Wallis, Iddo Goldberg, Sophie Rundle, Joe Cole, Alfie Evans-Meese.
Valoración:

El guionista inglés Steven Knight se ha ganado bastante renombre en el cine gracias a algunos éxitos como Aliados (Robert Zemeckis, 2016), Un viaje de diez metros (Lasse Hallström, 2014), El caso Fisher (Edward Zwick, 2014) y sobre todo Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). En televisión empezó a hacerse notar con Los detectives (Nic Phillips, 1993-1997), pero pegó el pelotazo con Taboo (Chips Hardy, Tom Hardy, y el propio Knight, 2017), que sin ser extraordinaria ha causado bastante impacto, quizá por el tirón de su protagonista, Tom Hardy. Antes de ella creó Peaky Blinders (2013), que ha ido ganando adeptos con el tiempo, más aún con la llegada de Taboo.

La serie se inspira en la mafia que le da título, los Peaky Blinders, que operaba en Birmingham, Reino Unido, desde finales del siglo XIX. Nos embarcamos en sus aventuras en su momento álgido, en el período de entreguerras, siguiendo las andanzas de una familia ficticia que la dirige, los Shelby. El joven Thomas vuelve de la Gran Guerra con fuerza y experiencia pero sobre todo con una gran ambición que lo empujarán a hacerse con el poder e ir expandiéndose. Su hermanos y su tía no conocen otra forma de vida, y darán todo por seguirlo en los negocios donde mejor florecen estos criminales, como las apuestas. Pero el hacerse notar también implica ganarse nuevos enemigos, sean otras familias o el gobierno, que envía a un duro detective contra ellos.

La premisa expuesta en los dos primeros capítulos no es muy alentadora. El dibujo de la familia mafiosa obedece a todos los clichés del género, recordando demasiado a Los Soprano (David Chase, 1999) y especialmente a Hijos de la anarquía (Kurt Sutter, 2008). La pugna del joven con visión contra los veteranos obtusos, la matriarca que ha tomado las riendas ante un padre ausente (aquí recuerda muchísimo a las andanzas de los moteros), la riña con la familia contrincante, los negocios típicos, las peleas, las fuerzas de la ley intentando darles caza… Lo peor son el policía, con Sam Neill forzando acento irlandés en un rol demasiado arquetípico, y la chica infiltrada, que resulta muy aburrida, en especial por la pobre interpretación de Annabelle Wallis.

Así pues, no parecía una obra con aspiraciones y potencial suficiente para destacar. ¿Qué me hizo seguir? Principalmente las críticas que hablan de gran subidón en las siguientes temporadas, pero también que posee bastante personalidad. La sociedad de la época queda bien retratada, destacando la dura vida de los barrios bajos. La puesta en escena logra un buen un aspecto visual sin alardes (no hay mucho dinero): las pocas calles y locales que vemos están muy bien ambientados, la iluminación y la cámara en mano consiguen una inmersión muy efectiva, y aunque no llegue a ser deslumbrante sí tiene muchos buenos momentos y algunos planos excelentes. Pero lo mejor es que Thomas es un personaje central muy jugoso, y la interpretación de Cillian Murphy magnífica desde el primer momento. Los traumas de la guerra le dan un poso dramático muy interesante, su determinación e inteligencia resultan bastante atractivos, y su lado humano, aunque sea con el predecible enamoramiento con la infiltrada, termina de formar un rol complejo que evoluciona a ojos vista y promete mucho más.

El problema es que no terminan de desarrollar a los demás protagonistas, a pesar de centrar algunos episodios en varios de ellos. El dibujo de los hermanos es mejorable, incluso cuesta saber cuántos son. De hecho, la pandilla crece y decrece según se necesite gente para una historia u otra. Lo peor es que el policía y la chica resultan cansinos, y su desenlace es lo más predecible en un repertorio de historias nada novedosas.

En conjunto resulta un entretenimiento muy digno. Los capítulos son largos, de una hora todos, pero siempre hay movimiento y sensación de que cada intriga y plan tendrá repercusiones, de forma que, aunque estas se vean venir, no hay tiempo para que aparezca el aburrimiento. Y Thomas sostiene la serie con un magnetismo arrollador, siempre quieres saber más de él, si superará los traumas de la guerra, si levantará a la familia, si será capaz de mantener la trama criminal, si vencerá al insistente policía… Deja algunas escenas bastante potentes, como cuando pone a prueba a la prometida de su hermano u obliga a otro a casarse para unir familias. Estas recuerdan que hay bastante potencial por explotar e invitan a seguir viendo la próxima temporada.

EL ÚLTIMO REINO – TEMPORADA 1

The Last Kingdom
BBC America, BBC Two | 2015
Aventuras, histórico | 8 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Stephen Butchard, Gareth Neame, David O’Donoghue.
Intérpretes: Alexander Dreymon, David Dawson, Adrian Bower, Ian Hart, Emily Cox, Rune Temte, Thomas W. Gabrielsson, Tobias Santelmann, Amy Wren, Sean Gilder, Brian Vernel, Simon Kunz, Harry McEntire, Eliza Butterworth, Charlie Murphy, Nicholas Rowe, Eva Birthistle.
Valoración:

Estamos en el siglo IX, cuando los vikingos ponen los ojos sobre los reinos sajones (Inglaterra) en busca de gloria, riqueza y tierras. Una partida de daneses ataca un castillo y toma como rehén al joven heredero, Uthred, que será educado ahora como uno de ellos. Su vida da otro vuelco cuando, ya de adulto, su actual familia es masacrada por las rivalidades entre clanes. Entonces huye de vuelta hacia los reinos sajones, esperando recuperar las tierras que debería heredar, aunque encontrará dificultades para ser aceptado de nuevo, al ser considerado medio danés. Por otro lado, busca también venganza por la masacre de su familia adoptiva.

La serie parte de las novelas The Saxon Stories (Historias sajonas) de Bernard Cornwell, que narran las aventuras de un ficticio habitante (Uthred) del castillo de Bebbanburg (hoy en día Bamburgh) en un contexto histórico bastante realista. Y esta fidelidad la mantiene el guionista Stephen Butchard en la adaptación, que resulta mucho más verosímil que la más famosa Vikingos (Michael Hirst, 2013), que se apoya demasiado en una figura muy mítica y toma excesivas licencias. Lo más notable es el esfuerzo por ser fieles en el vestuario, lo que le ha ganado incluso alguna crítica absurda de “parece cutre”. Se ha instalado demasiado en la retina del espectador los fantasiosos cueros negros y peinados extravagantes de Los Tudor (Hirst, 2007) y Vikingos y muchas películas, y cuando se encuentran con una obra que respeta la sencillez y pobreza propia de esos siglos les parece anacrónico o insuficiente.

Los movimientos y conflictos de reyes y nobles ingleses y líderes vikingos también se mantienen cerca de lo que se conoce, y aunque Uthred anda siempre metido en todo es una presencia más, no cobra un protagonismo excesivo como los de Pullo y Voreno en Roma (Bruno Heller, William J. MacDonald, John Milius, 2005). En el retrato de la época se van exponiendo distintos aspectos de forma muy orgánica. Se dibujan bien las diferencias entre las clases nobles y el pueblo llano, y se respeta la ignorancia y vulgaridad de las gentes, que esto es otra cosa que se suele pasar mucho por alto, es decir, en el género (cine o series) los personajes muchas veces parecen sacados del presente, y la religión, crucial en esa época, no parece existir. Aquí cada individuo actúa según dónde y cómo se ha criado, y se muestra muy bien la sombra de la religión en todo momento. Los autores son capaces incluso de exponer el cambio gradual en la sociedad y la política a pesar de lo corta que es la temporada. El contraste entre la forma de pensar de los vikingos y los ingleses es palpable, y la intriga e inquietud por el único dios cristiano se ve crecer en los primeros poco a poco: las matanzas vikingas iban seguidas de alianzas y bautizos que los integraban. Donde no ponen mucho esmero es en los idiomas, todos parecen hablar inglés; en Vikingos sí trataron muy bien este tema.

Uthred es un joven con demasiadas ambiciones y poca experiencia, así que se lleva bastantes palos. Pero también es inteligente y hábil y aprende rápido. ¿Conseguirá alcanzar alguna de sus muchas metas? La primera, volver a ser aceptado por los ingleses, es la principal en esta temporada. Ha de lidiar constantemente con las intrigas palaciegas del rey Alfred de Wessex, donde todos recelan de sus intenciones. Este rey luego sería conocido como El Grande, pues ante el envite vikingo imaginó unos reinos sajones unidos, pero ahora vemos a un líder prudente, piadoso, lo que choca con el pagano e irreflexivo Uthred. En la corte encontramos al religioso Beocca, que conoció a Uthred en su infancia y es el único que, no sin dudas, lo intenta ayudar; a los Odda, el padre fiel consejero del rey, y el hijo un trepa ambicioso y pronto rival de Uthred; y a otros pocos condes y religiosos. Pero quien más deslumbra es el soldado Leofric, uno de esos secundarios que roba escenas a todos los demás, incluso al protagonista; la relación con Uthred pasa por muchas fases sin atascarse en estereotipos. Aunque también merece una distinción Aethelwold, heredero al trono echado a un lado por inútil, que resulta un secundario cómico muy efectivo. Entre los vikingos tenemos a Ragnar, el hermanastro de Uthred, con quien planea la venganza por la masacre de su familia; Brida, la esclava con la que escapa, amante y amiga intermitente, por eso de los cambios de bando constantes de Uthred; y Guthrum y Ubba, algunos de los reyezuelos más importantes de la época y causantes de los principales infortunios de Uthred.

Pero hay más secundarios que dejan buena impresión a pesar de su breve presencia, como la monja o Skorpa, pues la serie se distingue más por mostrar unos habitantes muy verosímiles y atractivos que por elaborar tramas complejas. Sí, es cierto que es de aventuras de supervivencia más que de política, pero el principal problema de la temporada es que resulta muy, muy predecible. Es fácil ver venir el resultado de cada nueva etapa en la odisea de Uthred, y por mucho que le pase es difícil creerse que no saldrá airoso: no hay giros hábiles que sorprendan ni intrigas absorbentes que ofrezcan un poco más de densidad y suspense. Pero, con ese esfuerzo puesto en los protagonistas, su viaje engancha con facilidad. A Uthred le va cayendo de todo encima y avanza como bien puede, los conflictos internos del rey son muy interesantes, las pocas disputas de la corte efectivas, las rivalidades y alianzas facilonas pero nunca vulgares, y no hay batallas con la épica de Vikingos pero lo que ofrecen es más que suficiente.

El reparto es la mar de competente. Quizá el protagonista, Alexander Dreymon, es más guaperas que un intérprete de nivel, pero cumple de sobras. Quienes más destacan son Adrian Bower, que borda a Leofric con un carisma arrollador, David Dawson, capaz de mostrar los pensamientos del rey Alfred sólo con el gesto y la mirada, Ian Hart como el pelota de Beocca, y Harry McEntire como Aethelwold, el heredero fracasado. Cabe señalar también las apariciones estelares de grandes nombres como Matthew Macfayden o Rugter Hauer, y el cuidado en elegir actores nórdicos para los vikingos.

Los capítulos son largos, casi de sesenta minutos cada uno. Alguno de los iniciales se me hizo un poco pesado, como si abarcara demasiadas historias que hubieran ido mejor por separado y en episodios más breves, y sí, también con algo menos de previsibilidad, pero una vez inmerso en la vida de los protagonistas y con todos los frentes abiertos mejora rápidamente. Pasamos de la aventura de supervivivencia a las intrigas de la corte y de ahí al romance cuando no a la acción a toda velocidad pero sin que ningún escenario ni género llegue a solaparse o ralentizarse más de la cuenta, y todo va dejando un buen poso en los personajes. En resumen, siempre hay sensación de avance, y la corta temporada tiene entidad propia a pesar de tocar muchas temáticas y dejar muchas de las historias abiertas.

El último reino es una buena recomendación para quien busque aventuras históricas entretenidas y respetuosas a la vez. Pero si se ambiciona una nueva Juego de tronos, como les ha pasado a muchos, seguramente decepcionará.