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LA MALDICIÓN DE HILL HOUSE – MINISERIE

The Haunting of Hill House
Netflix | 2018
Drama, terror | 10 ep. de 43-70 min.
Productores ejecutivos: Mike Flanagan.
Intérpretes: Michael Huisman, Carla Gugino, Henry Thomas, Elizabeth Reaser, Oliver Jackson-Cohen, Kate Siegel, Victoria Pedretti, Lulu Wilson, McKenna Grace, Paxton Singleton, Julian Hilliard, Violet McGraw, Timothy Hutton, Anthony Hutton, Annabeth Gish, Robert Longstreet.
Valoración:

Alerta de spoilers: Sin datos reveladores de ningún tipo. —

Una familia compra una vieja mansión para reformarla y ganar un buen dinero vendiéndola. Viven de eso hasta que puedan permitirse “la casa para siempre”. Pero está encantada, y padre, madre y los cinco hijos empiezan a sufrir el acoso de diversos fantasmas hasta que algo grave ocurre y salen huyendo. Pero, ya de adultos, vemos que el crecimiento de los niños ha estado lastrado por esa infancia traumática, arrastrando todos alguna falla importante en su personalidad que los impide ser felices. Y las cosas se complican cuando la casa empieza a llamarlos de nuevo.

A nadie se le escapará que la premisa es bien vieja. No en vano, la novela homónima de Shirley Jackson en que se basa es de 1959, y desde entonces el género ha sido explotado de diversas formas en la literatura y el cine. No tanto en televisión, donde esta miniserie ha deslumbrado alzándose como una de las más exitosas y mejor valoradas del año. En el drama también he encontrado una influenia obvia, pues recuerda bastante a uno de los grandes referentes, A dos metros bajo tierra (Alan Ball, 2001): la vida alrededor de una gran casa y una funeraria y la descripción de personajes heridos de diversas formas la traen a la memoria en varias ocasiones. Entonces, ¿cómo ha podido causar tanta sensación? Pues mediante un truco viejo también: contar las cosas bien. Y en este caso hablamos de muy, muy bien. Pocas veces una serie ha logrado acojonar tanto, y más partiendo de algo tan poco original, pero en el drama es magnífica también.

Para provocar terror es esencial una narrativa muy cuidada. La historia debe ser coherente dentro de su fantasía para que podamos tener un marco de referencia al que aferrarnos, los personajes deben respirar vida propia para contagiarnos sus miedos, y la consecución de atmósferas adecuadas han de primar sobre los sustos sonoros cutres. Por desgracia, en el cine por lo general no se trabajan debidamente los personajes, se abusa del efectismo barato en las historias y de los sustos forzados. El creador Mike Flanagan se ha curtido en este ámbito con algunos títulos menores llenos de estos vicios pero que aun así tuvieron cierto éxito, porque por alguna razón el género es capaz de vender chorradas sin problemas. Sólo he visto la infame Oculus (2013), así que espero que Absentia (2011), Hush (2016), Ouija (2016) y El juego de Gerald (2017) sean algo mejores. Sea como sea, desde aquella a la presente muestra una maduración impresionante.

Rodeado de colaboradores habituales en el equipo técnico Flanagan hace gala de una narrativa inteligente y metódica. La fotografía de Michael Fimognari juega sabiamente con la oscuridad y las sombras, pero no forzando oscuridad, sino todo lo contrario, aprovechando al máximo la riqueza del escenario de la mansión. La música de los hermanos Newton es sencilla pero efectiva para darle la última puntilla a cada situación, aunque se mueven mejor en lo melancólico que en lo tenebroso.

Encontramos una armonía admirable entre la construcción de atmósferas inquietantes y la llegada de los sustos con el desarrollo de los personajes, todo ello además jugando con dos épocas distintas que se retroalimentan de maravilla. Porque los episodios combinan pasado y futuro (algo que el realizador ya probó brevemente en Oculus), presentando a los protagonistas y sembrando los misterios con cuentagotas, eso sí, sin abusar del “sigue mirando que luego te lo cuento”; sólo con la puerta roja se pasa un poco en ese aspecto. Además, por lo general centra cada capítulo en un personaje, aunque como su relación es estrecha se avanza con todos y con la historia global en todo momento. Los intérpretes (algunos también viejos conocidos del realizador) se dejan todo en personajes muy exigentes. Flanagan los muestra destrozados y abandonados, y poco a poco nos expone cómo han llegado ahí, y cómo son incapaces de superar sus problemas. Imposible destacar tan sólo un par de actores, hasta los chiquillos están impecables.

Con este buen trabajo delante y tras las cámaras la serie resulta conmovedora y sobrecogedora a partes iguales, sólo necesitan unas pocas escenas para contagiarnos la pesadumbre de los protagonistas y el ambiente malsano de la mansión, de forma que acabas ya desde el primer capítulo con mal cuerpo y unos cuantos sustos de los gordos. Y sí, hay muchas veces que sabes que viene una escena de fantasma… pero te acojona igual. Por cierto, atentos a la infinidad de espectros ocultos que salpican cualquier plano y a alguna estatua que cambia de postura sutilmente.

Ahora bien, el equilibrio de la fórmula se resiente un poco en el tramo final, de forma que es probable que a algunos espectadores les deje malas sensaciones. Flanagan deslumbra en los tres primeros episodios, cuando parece que va a aflojar el ritmo nos recupera en el quinto con el primer gran giro inesperado (La mujer del cuello torcido, aunque largo, efectivo) y a continuación nos deja anonadados con uno de los mejores capítulos de los últimos años, Dos tormentas. Este se compone de unos pocos planos secuencia de diez minutos o más donde se juntan todos los protagonistas, los dos escenarios principales (la funeraria y la mansión) y las dos líneas temporales en un colofón sin parangón. El rodaje fue una pesadilla, pero el resultado es un hito asombroso.

Sin embargo, desde esa altura caemos bastante. La confrontación final con la casa no sólo falla a la hora de dar el esperado subidón final de infarto, sino que en comparación con el resto de la miniserie queda un peldaño por debajo. Es buen final en concepto, pero a la hora de plasmarlo Flanagan y supongo que también los productores han cometido el error de alargarlo demasiado. Con ocho episodios y un cierre de aúpa podríamos estar hablando de una obra maestra. Pero el octavo baja la intensidad, y el noveno es descaradamente relleno para cumplir con los diez, todo el metraje son conversaciones que repiten lo ya conocido, además en escenarios muy parcos (coches sobre todo), como para descansar del esfuerzo del sexto capítulo. Así que abordamos el desenlace habiendo perdido esa atmósfera tan intrigante, y como optan por una solución blanda, emotiva, dejando el terror completamente de lado, puede decepcionar a más de uno. Lo cierto es que cierra bien la historia de cada personajes, tiene buenas sorpresas, y aunque algún giro se pueda intuir está bien ejecutado. Pero parece el epílogo tras un clímax que nunca llega.

Pero aun contando con ese bajón, La maldición de Hill House es una serie excelente, con picos extraordinarios, digna de citar como una de las grandes del año. Para los amantes del terror, desde luego es un visionado obligatorio.

EXPEDIENTE X – TEMPORADA 10

The X Files
Fox | 2016
Suspense, ciencia-ficción | 6 cap. de 45 min.
Productores ejecutivos: Chris Carter, Glen Morgan.
Intérpretes: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, Joel McHale, Annet Mahendru, William B. Davis, Lauren Ambrose, Robbie Amell, Annabeth Gish.
Valoración:

El retorno de Expediente X abría muchas preguntas bastante obvias. ¿Era necesario extender una serie en la que ni el más acérrimo de sus seguidores negará que se estiró demasiado en su momento, llegando a tener tres temporadas y dos largometrajes prescindibles para la gran mayoría? ¿Abordarían de nuevo la fallida trama seriada, que acabó sin pies ni cabeza y no fueron capaces de arreglar en esas dos películas? Y también, ¿por qué tratar de recuperar un mito cuya esencia (estilo narrativo, éxito y repercusión) está firmemente anclado a una época y situación concretas? Es decir, la televisión y el espectador han evolucionado, ¿qué sentido tiene exprimir una fórmula que no parece muy adecuada a las circunstancias actuales? De hecho, el único cambio viene forzado por la forma de la televisión actual: serían seis capítulos en vez de veintitantos.

No sé los demás cómo abordarían el visionado, pero yo fui sin expectativas. Una vez resuelta la primera pregunta, mis esperanzas se vinieron abajo: seguirían tirando de la gastada y descarriada conspiración en vez de aprovechar el potencial y atractivo de las historias sueltas, fueran independientes o a través de una trama más continuada durante esos pocos episodios. Pero llegó el estreno y todos los viejos seguidores nos lanzamos a verla, porque era difícilmente evitable la curiosidad y las conversaciones posteriores. ¿El resultado? La palabra decepción es la que más se lee. La audiencia ha sido buena (aunque no sé si habrá atraído a nuevas generaciones), y apuesto que habrá más mini-temporadas como esta. Pero ojalá los productores miraran también las impresiones generales que ha tenido la gente y, o no hagan más, o si lo hacen que sea tratando de evitar los muchos fallos cometidos. Yo prefiero lo primero: como decía, Expediente X ya tuvo su momento. ¿Es que nadie es capaz de escribir obras originales hoy en día?

El primer problema es el citado: otra vez nos dan la tabarra con una trama que tenían que haber zanjado o al menos planificado mejor desde mediados de la serie, porque empezó a perderse mucho antes de esas temporadas donde el nivel cayó en picado. Su creador y guionista principal, Chris Carter, trata de actualizarla y redirigirla, pero hay demasiados tropiezos. El ritmo de la historia (desarrollada en los capítulos primero y último y olvidada por completo en los demás) es precipitado, intentando dar interés más por velocidad que por cuidar la narrativa, tanto desde el guion como en la puesta en escena. Por un lado, los clichés cansinos siguen ahí: el fumador, las cosas sin explicar, las deducciones mágicas de Mulder y Scully… Por el otro, los intentos de actualización no sirven, porque llegan tarde y lo único que hacen es poner más capas de caos encima.

Los otros cuatro capítulos también se quedan muy cortos. Obviamente tratan de emular el estilo de antaño, pero con guiones que no dan la talla y algunas decisiones bastante malogradas. Lo primero que salta a la vista es que a nadie le ha contentado que en cuatro episodios fuercen dos auto paródicos, por muy buenos que salieran ocasionalmente en los viejos tiempos. Y para colmo, uno de ellos es tan malo que muchos ya lo consideran como el peor de la serie. De los más centrados o serios, un caso es tan anodino que se olvida en seguida, mientras que el otro me ha parecido francamente bueno, pero claro, no basta para sostener la temporada. Por si fuera poco, en los dos últimos hacen un amago de renovar la saga con nuevos personajes… Pero la cagada es monumental. Esa especie de imitación y parodia que hacen de Mulder y Scully con dos jóvenes parecidos (más bien iguales) a ellos en los inicios de la serie es de un ridículo e inmadurez que espanta.

En cuanto a la ejecución, también arrastra muchos más peros que aciertos. Gillian Anderson está muy implicada, logrando un papel muy intenso, pero David Duchovny va con el piloto automático puesto, como si no tuviera ganas de estar ahí. En la puesta en escena Carter trata de seguir el estilo de la serie… un estilo de hace veinte años: la narrativa encorsetada en conversaciones basadas en primerísimos planos ofrece como es obvio un aspecto demasiado anticuado y limitado. Sólo en el cuarto y en el sexto se nota algo más de ambición o buen hacer, abriendo un poco más el encuadre y jugando mejor con el entorno. La atmósfera depende de una combinación de guion y dirección, y como sólo funciona realmente en el cuarto episodio, sólo en él tenemos un ambiente sombrío, intrigante y con dosis de misterio y terror como las que nos hacía vivir la serie cuando todavía era buena.

Tras el salto incluyo un análisis por capítulos.
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SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 7 Y FINAL


FX | 2014
Acción, drama | 13 cap. de 50-80 minutos
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, Paris Barclay.
Intérpretes: Charlie Hunnam, Katey Sagal, Kim Coates, Mark Boone Junior, Tommy Flanagan, Theo Rossi, Dayton Callie, Jimmy Smits, Drea de Matteo, David Labrava, Niko Nicotera, Michael Ornstein, Annabeth Gish.
Valoración:

Alerta de spoilers: Temporada final, spoilers a cascoporro.–

La última temporada de los Hijos de la Anarquía nos acerca a la caída al infierno de Jax Teller tras la cruel muerte de su amada, y su fiel club se ve arrastrado con él. El ataque de ira hace olvidar todos los planes de salir del crimen y dedicarse a negocios legales, dejando una temporada con regusto muy amargo: qué cerca estuvo, y qué bajo cae. El guionista Kurt Sutter nos sumerge en puro caos y tragedias donde las esperanzas por ver al club resurgir y a los personajes expiar sus pecados se desvanecen conforme avanza el año. Y aun así el tío es capaz de dar forma a un final de serie muy poético, gracias al simbolismo con que impregna el último tramo del fatídico viaje de Jax, por no decir que a pesar de su tono oscuro deja muy grato recuerdo gracias a que estamos ante otra temporada magistral.

En pocos días Jax ataca a todo el mundo, pero manteniendo la suficiente inteligencia como para no ir de frente como un loco, sino moviendo hilos de forma que las facciones se enfrenten entre sí, debilitándose. Todo forma parte de su objetivo de acabar con los chinos, en quienes recae la sospecha por el asesinato de Tara, y de paso con los negros de Augustus, enemigo principal de la zona y el único que puede oponérsele. La guerra supone una escalada de violencia brutal que no parece tener fin, todo Charming y el condado se estremecen.

Y mientras, Gemma arrastra sus remordimientos y miedos. Qué cruel es Sutter haciendo que ella sea artífice de la caída en desgracia de Jax. Mientras el club deja un reguero de muertos se mantiene la intriga por cómo y cuándo saldrá a la luz la verdad sobre la querida madre, porque indudablemente tendría que conocerse tarde o temprano. El segmento final efectivamente se lanza a cerrar esta dura historia: ¿puede seguir viviendo Jax sabiendo que fue Gemma quien mató a Tara en un arrebato de locura?, ¿puede ella sobrevivir a tan imperdonable crimen?, ¿se deshará el club con esta revelación? El desenlace es trágico en la vena shakesperiana habitual de la serie: muere hasta el apuntador.

El resto de protagonistas también da lo máximo de sí en esta etapa. La neutralidad de Wayne Unser es puesta a prueba con la desmedida respuesta de Jax. La otra gran traición por pagar, la de Juice, da muchísimo juego y no se libra de ser realmente triste, porque es difícil no cogerle cariño al chaval. La nueva sheriff como los anteriores resulta un pedazo de personaje: sus inclinaciones a jugar con el lado criminal para tratar de controlarlo un poco y la relación que forma con Chibs son muy interesantes. Los fieles Tig, Bobby y Happy se mantienen en su línea, alguno trayendo algo de luz (el romance gay de Tig aporta humor y sensibilidad en su justa medida) y otros oscuridad total (el destino de Bobby le estalla a Jax en la cara). Mi gran favorito tras Jax vuelve a ser Nero Padilla, en parte por el carisma nato de Jimmy Smits, en parte porque el personaje es una delicia. Por cierto, no entiendo cómo, siendo un protagonista principal desde hace varias temporadas, siguen sin poner al actor en los créditos como tal.

No me olvido tampoco de otros menos importantes pero igual de atractivos y que redondean uno de los grandes repertorios de personajes que ha dado la televisión. Chucky es un encanto. Wendy vuelve a cobrar protagonismo. Los miembros secundarios del club nunca se dejan como figurantes o pijamas, siempre se pone esfuerzo en darles algo de vida: Rabtoy y demás. Y con los de otras bandas igual: mejicanos, negros, etc. siempre son muy cuidados, nunca usados como simples objetos de la trama.

Kurt Sutter se marca otra temporada de infarto donde mueve todas las piezas del puzle de forma magistral: los numerosos personajes, sus relaciones y evoluciones, los distintos bandos, las tramas entrecruzadas una sobre otra hasta tener cuatro o cinco líneas encadenadas donde el movimiento de una afecta a las demás… El ritmo no es trepidante, es que llega a ser agobiante: ocurren tantas cosas a la vez, todas cruciales para los protagonistas, y la tensión es tan grande, que no puedes dejar de ver un episodio tras otro. Y de nuevo algunos superan la hora de longitud… y se hacen cortísimos.

Pero como también es habitual algún defecto de forma sí se puede señalar. El más conocido es su afán por siempre ir más allá, que a veces provoca giros exagerados y otras resulta demasiado teatrero. Pero aun así pocas situaciones de esta categoría se pueden citar, y sólo recuerdo dos que me hicieran chirriar los dientes: la masacre de negros que supone otro avance en las negociaciones de Jax (capítulo 706) está muy mal ejecutada, con todos disparando en círculo hacia el interior de forma que un tiro que no da en su objetivo es casi seguro que irá a uno de los tuyos; y la salida final de Jax del club fingiendo su ejecución y huida es manipuladora hasta decir basta, y desentona en un desenlace por lo demás redondo.

Y vaya si es redondo. Sutter hasta se atreve a distorsionar la barrera de la realidad: el número imposible de coches de policía persiguiendo a Jax, el camión fatídico con el conductor presentado tangencialmente, los cuervos, la vagabunda que sale en todas las temporadas (fantasma -real o figurado- de eventos pasados del club)… Todo se remata cerrando el círculo (Jax sigue los pasos de su padre) con gran emotividad, de forma que la fuerza narrativa del capítulo final pone la guinda a otra temporada gloriosa de una de las mejores series de los últimos años.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
-> Temporada 7< (2014)