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GIRLS – TEMPORADA 6 Y FINAL

HBO | 2017
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo a fondo la trayectoria final de cada protagonista. —

No entiendo qué les pasa a muchos autores a la hora de abordar los finales de sus series. La tendencia habitual se inclina demasiado hacia dos formatos: un desenlace cobarde y complaciente o uno salido de madre que sabe a traición. Los cierres que causen buenas sensaciones, que terminen por todo lo alto (y esto no tiene por qué implicar un clímax espectacular) sin faltar al espíritu de la serie, son difíciles de encontrar. En este sentido destacarían algunos como A dos metros bajo tierra, The Shield, la reciente Black SailsGirls nos trae una bajada del telón frustrante, pues precisamente toma algo de cada una de esas dos líneas tan criticables: es un poco miedica a la hora de lanzarse hacia adelante con el grueso de personajes, y a la vez toma un giro muy extraño con la protagonista principal.

Ese desilusionante desenlace no se ve venir, pues la temporada mantiene durante muchos capítulos un nivel de calidad y expectación por el destino de los protagonistas tan alto como de costumbre; incluso el tramo central aguanta el tipo a pesar de lo bajo que apunta el giro con el embarazo de Hannah. Ella continúa tratando de encontrar un objetivo en la vida que le haga sentirse realizada (principalmente, ser escritora profesional), lidiando con trabajos y situaciones de las que no termina de sacar nada que llene su vacío, incapaz de ver que el problema es casi siempre ella, con su inestabilidad y obsesiones. El triángulo Ray-Marnie-Desi llega sin rodeos a un punto de inflexión no por esperado menos interesante: la ruptura del matrimonio, el acercamiento a Ray. Elijah resulta un encanto, y más con su creciente protagonismo, y Shosh también es deliciosa, pero me temo que esta en cambio no termina de tener la presencia de antes. Y Adam y Jessa experimentan con sus sentimientos presentes y pasados en una relación enfermiza y caótica la mar de divertida. Así que, en líneas generales todas las historias mantienen el tono habitual: humor ingenioso y sutil, con mala leche pero también con muchas enseñanzas sobre la vida, y unos personajes muy bien dibujados, llenos de vicios y contradicciones hasta el punto de resultarles desagradables a muchos espectadores. En otras palabras, seguimos estando ante una dramedia única, con una visión de los treintañeros inteligente y a la vez visceral que no deja indiferente a nadie.

El punto álgido del año, ese capítulo alternativo, distinto, que siempre destaca y da que hablar, esta vez ha causado más sensación que de costumbre, agitando las redes a lo grande, tanto en blogs de series como en medios feministas o de tendencias sociales en general. La influencia de Lena Dunham desde los comienzos de la serie es innegable, y se despide por todo lo alto con American Bitch (Zorra americana, 603). Lo que empieza pareciendo una aventurilla intrascendente de Hannah pronto va dejando ver su mensaje crítico, aunque tan velado que a muchos se les habría escapado si no fuera por la de artículos que le han dedicado. La descripción que hace Dunham del abuso sexual y el machismo invisibles pero inherentes a la sociedad, esos menospreciados e ignorados a pesar del daño que hacen, es magistral. El famoso que dice no ser un abusador pero que engaña hasta a la lista y arisca Hannah con sus camelos y palabras bonitas nos pone ante los ojos situaciones cotidianas que muchas mujeres han sufrido y muchos hombres toman por normales, y poco a poco va calando la sensación de indefensión y asco ante tales injusticias, soltándonos bofetada tras bofetada: el relato de Hannah del profesor sobón, el momento en que te das cuenta de lo que está pasando de verdad (yo, en algún momento en que están en el sofá, él soltándole alabanzas sobre lo bien que escribe), cuando por fin se quita la máscara sacándose el pene… Y se remata con una de las mejores escenas de la temporada televisiva: el giro a la normalidad, con el tipo adorando a su hija mientras relega a Hannah, la última conquista, a la nada. El plano es sutil como él sólo, pero si lo pillas resulta tan natural como inquietante. En cambio, como escena final abraza lo directo y bruto a lo grande: la riada de chicas entrando en su piso.

Pero conforme nos acercamos al tramo final, a los últimos cuatro capítulos, empieza a pesar la sensación de que parece que no es el final de la serie, de que faltan episodios dedicados a varios personajes, pues estos van quedando en suspenso o son relegados y rematados con prisas. Yo daba por sentado que los protagonistas darían el paso último a su maduración con una historia original, moderna, profunda, ingeniosa, mordaz, en línea con la visión que la serie estaba haciendo de los jóvenes de entre veinte y treinta y pocos años (la generación millennial, se empeñan en llamarla). Pero Lena Dunham ha tomado unos caminos y decisiones decepcionantes, y aunque realmente no hay un bajón acusado hasta este segmento, no puedo decir que haya sido una temporada final satisfactoria.

El principal problema, del que nacen todos, es que se centra demasiado en Hannah (el dichoso ego de Dunham…), y además en una trama inesperada y contradictoria. Apena mucho que una obra tan inteligente, rompedora de clichés y con multitud de certeros análisis sociales, la mayoría obviamente centrados en la mujer, acabe aferrándose tanto al tópico de que la madurez y la realización de esta sólo puede llegar teniendo hijos y trabajo. Lena Dunham, icono feminista moderno (rayano lo feminazi: muchas veces parece decir que los hombres no sirven), de repente se gira a lo más tradicional, y además con unos guiones bastante endulzados, con tramas forzadas, previsibles, cursis… Se podría decir que muestra contradicciones reales, como sus propios personajes a lo largo de toda la serie, pero se aparta tanto del estilo y la originalidad previos que choca bastante. Le pone a su alter ego, Hannah, algunos dilemas y problemas encima, pero son muy básicos (dudas típicas del embarazo, estrés y ansiedad: oh, el niño no quiere mamar), carecen de lecturas novedosas y profundidad como se espera, y la impresión de que, una vez embarazada, el mundo cambia para complacerla, cuando antes le llovían hostias y se daba ella misma otras cuantas, pesa demasiado. Si es que está triunfando por fin como escritora, sin que sepamos muy bien por qué, y para rematar le cae un trabajo maravilloso del cielo (¿ahora vuelve a querer ser profesora?).

De los demás, sólo Marnie y Elijah tienen presencia y recorrido, y sólo él un cierre más determinado, y aun así sabe a poco, porque siempre era un secundario de apoyo, no conocíamos su vida y aspiraciones como con los demás, así que el que encuentre un proyecto que le entusiasma y le da fuerzas para enfrentar el futuro no llega como habría llegado con cualquier otro, por no decir que el cambio no sale de dentro, de su crecimiento como persona, sino de una oportunidad casual de la vida. Marnie empieza por fin a ver su egocentrismo infantil, de hecho, la escena de la casa de empeños resulta tronchante aunque sea muy clásica, y su trayectoria mantiene muy bien la intriga: ¿será capaz de salir de su eterno ciclo de ensoñación y desencantos? Pero en el tramo final se estanca, pues aunque se mantiene en pantalla acompañando a Hannah, lo hace sin motivos claros, no llegamos a ver que retome o lance por fin su vida. Por cierto, la actriz se ha quedado anoréxica y da penita verla.

Ray, el hombre más completo e interesante, también es desaprovechado a pesar de empezar su sección con buen tono. Por fin consigue a su amada Marnie, pero entonces ve que es un cascarón vacío, una niña tonta, y la relación dura bien poco, aunque nos deja unas pocas grandes escenas. Y su trabajo, maltrecho de por sí, sufre un giro inesperado con la muerte de su admirado jefe. Así que se encuentra de repente un poco perdido, cuando siempre había sido el más adulto y centrado… Pero esto no lleva a nada. Nos dejan a medias con un amago de un proyecto personal (lo de entrevistar a ancianos, que me pareció bastante trivial e instrascendente) y un chispazo con la conocida de Shoshanna (la secretaria obesa), sin terminar de decirnos si esto llena su vacío, si encarrila su vida o no después de un bache tan notable. Shoshanna aparece testimonialmente en los primeros capítulos y luego no sabemos nada de ella hasta el final. Podríamos decir que ya se había encontrado a sí misma y entrado en el mundo adulto, pero se la echa mucho de menos, y la sorpresa que nos lanzan a la cara en el final resulta demasiado forzada: lo único que le faltaba al personaje era encontrar pareja estable, deshaciéndose de sus miedos y excentricidades en cuanto a las relaciones… y tachán, aparece prometida a un tipo que ni llegamos a conocer. Pero además nos quedamos con la duda de si el rechazo a sus amigas, por dañinas, es fruto de su maduración, o si es la idea de abrazar una vida de ensueño como la de sus antiguas amigas, ahora triunfadoras, lo que la ha llevado a tomar estas decisiones (la boda y el rechazo) de forma precipitada. Es decir, es un final repentina e inesperadamente demasiado ambiguo para un personaje parecía haber asentado la cabeza, con lo cual tampoco deja buenas sensaciones.

Adam y Jessa, cuando parecía también que andaban en una dirección clara, son rebajados, usados únicamente para complementar a Hannah. Pensé que el tener que cuidar al bebé de la hermana de Adam los haría unirse y crecer como personas, pero esta línea no se retoma, todo lo que hacen ahora tiene que ver con Hannah, y cuando ya no son útiles para ello son dejados de lado. Incluso los momentos más relevantes e intensos, como la pelea de Hannah y Jessa y el arrebato de Adam de volver con Hannah, son olvidados al final, como si nada hubiera ocurrido, y no se vuelve a construir una trama propia para ellos que les dé un cierre conciso y atractivo. Es una pena, sobre todo porque Adam apuntaba muy alto, muchos ya lo consideraban uno de los personajes más grandes de la época, pero se fue estancando hasta quedar en poca cosa. Desi es mandado tomar por culo limpiamente, sin visos de que sea capaz de levantar cabeza, pero aquí me da igual, porque era un secundario, un motor para Marnie. Al final los únicos que han dado un vuelco a sus trayectorias son los que menos pintan aquí: los padres de Hannah logran salir de la dinámica que los ahogaba, aceptando cada uno lo que han hecho con sus vidas y agarrando el presente por las pelotas.

El episodio final, este sí bastante flojo, muy aburrido y superficial, maximiza todos los problemas, porque abandona por completo a los demás protagonistas y se hunde en ese camino ñoño, anticlimático, ajeno a la fórmula que conocíamos. Sólo tiene una escena con la esencia de antaño, con su ingenio y mala baba, pero son unos pocos minutos en un conjunto tedioso: la bronca a una niñata fugada nos recuerda momentáneamente ante qué serie estamos, mostrándonos el paso de Hannah de adolescente a adulta con una concisión y agudeza que se estaba empezando a echar mucho de menos en un momento clave. Pero también queríamos ver ese cambio, ese crecimiento, en los demás personajes, que Girls ha dicho a las claras desde el principio que trataba sobre ello, así que la desilusión copa el desenlace y puede eclispar bastante las virtudes del resto del año y quizá incluso dejar un recuerdo poco grato de una serie muy valiosa. Es cierto que Girls nunca ha sido una obra redonda, pero un final redondo podría haber dejado más huella, haber afianzado una fama ganada más por las polémicas y reflexiones que lograba provocar que por alabanzas a la propia producción. Sea como sea, Lena Dunham sí ha dejado bastante huella en distintos ámbitos, algo muy complicado de lograr con una serie, y más con su corta edad, pues empezó este viaje con 26 años.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

GIRLS – TEMPORADA 5


HBO | 2016
Drama, comedia | 10 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach, Jake Lacy, Corey Stoll.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay bastantes detalles reveladores. —

El grupo de chicas sigue andando el caótico camino de la vida. La iniciación en el mundo adulto continúa trayendo muchos palos, y de ellas depende aprender de ellos, sacarles algún provecho, o hundirse. Quizá la que mejor lo ejemplifica es Soshanna, la que tiene un trabajo más normal… dentro de lo que cabe, porque se fue hasta Japón. El exotismo nipón la tiene en una nube, el haber roto con todo y abrazar una nueva vida la empuja a pensar que ha madurado más que su círculo de amigas… pero de repente la nostalgia emerge y choca con los problemas que empieza a tener tanto en el trabajo como en las relaciones amistosas y románticas. Acaba volviendo a New York, pero allí muestra que la experiencia sí ha hecho que crezca mucho, con esas estupendas escenas en que saca de la miseria la cafetería de Ray.

Marnie por el lado contrario se muestra como la más inmadura, pues se lanza a la boda creyendo que es un paso obligatorio en su desarrollo como mujer, soñando que le traerá automáticamente un mundo perfecto. Pero la realidad le explota en la cara bien pronto: la relación con Desi no estaba bien asentada, ninguno de los dos tenían claros sus propios sentimientos. Jessa está en un limbo en cuanto a su situación personal, y se plantea estudiar de nuevo, un proyecto a largo plazo que parece no encajar en alguien tan impulsiva, pero los líos con las drogas parece que le han forzado a sentar la cabeza. En esta elección también pretendía huir de relaciones dañinas, y pensaba que la atracción entre Adam y ella apuntaba a eso, pues podría herir a Hannah, pero él insiste hasta que acaban juntos, con la consecuente pelea entre ambas y los remordimientos en Jessa. ¿Podrá llevar una relación sin sacrificar la otra?

En cuanto a los hombres, estos han terminado teniendo la misma prominencia que las mujeres. El estrafalario y caótico Adam mantiene su carisma y sinceridad bruta. Ray, el mayor y también el más maduro, lidia con el dolor de ver a Marnie echar su vida a perder, pero también de tener su trabajo hundiéndose (delirante la cafetería de hipsters que se lleva su clientela). Elijah, como Marnie, vive un sueño breve: el amorío con un famoso (un entregado Corey Stoll) pasa del idilio a la farsa en un abrir y cerrar de ojos. Desi es un torbellino, como un crío que no entiende sus sentimientos y pasa de la euforia a la depresión y la pataleta de golpe. Y Fran es el ejemplo de chico bueno y responsable, todo seriedad y cordura, lo que a veces lo hace un poco invisible para los demás.

Hannah continúa deambulando sin encontrar algo que la haga sentirse realizada y feliz. Su subconsciente boicotea la relación con Fran y el trabajo de profesora constantemente, como poniéndolos a prueba para ver si son lo bastante buenos para ella. Y cuando revelan que sí lo son, sale huyendo, pues no está preparada todavía, de hecho, aún parece estar lejos de ser una mujer completamente funcional. Entre sus grandes pifiadas deja algunas míticas, como el borrado de las fotos del móvil de Fran, la huida de la caravana en la que iba de vacaciones con él, la pelea con el examen (donde usa a una cría para atacarlo), la mamada en la furgoneta de Ray…

Como siempre, todas estas aventuras analizan y satirizan con gran inteligencia las relaciones humanas, el proceso de crecimiento, la lucha diaria por sobreponernos a las zancadillas de la sociedad y de nuestros propios errores y vicios. El capítulo de la boda (501), el mejor del año para mí (otros se quedan con la odisea por Central Park) define con maestría toda la esencia de la serie, su certera sutileza y profundidad, mediante una infinidad de sentimientos fingidos, explosiones de pánico, pullas, manías, sueños, choques contra la realidad… Momentos geniales tiene un montón, como la conversación sin palabras, la revelación de que no es el primer intento de boda de Desi, los líos con la peluquera… Los otros grandes son el citado Pánico en Central Park (506), el momento de ruptura de Marnie, narrado con un tono de cuento; Hello Kitty (507), con la original obra de teatro en un bloque de pisos entero; y la nueva recaída de Hannah en sus clásicas huidas de la vida real, De vuelta a casa (508), que se remata con Adam y Jessa cargando con el bebé de la hermana de aquel.

Pero esto es Girls, y mantiene todavía su irregularidad. El receso de Hannah y su madre en un retiro (505) trata de parodiar la tontería esa de las convenciones de superación personal y demás, pero en cuanto a humor y progresión de los personajes es un bache de interés bastante grande. La historia del padre saliendo del armario no me convence, resulta un poco artificial, y la situación de la madre en cambio es muy mundana y no consiguen darle el toque de humor cabrón habitual. Tampoco cambia el ego de Lena Dunham, que otra vez fuerza la presencia de su personaje en momentos que no debe: el capítulo de la boda se cierra con un largo plano sobre ella que nadie sabe qué quiere decir (está como pensativa), cuando es el momento de mostrar a Marnie, que es la que se casa, o al menos a todas juntas, que para eso son una pandilla; y el final de temporada nos cuela un plano congelado de su cara, como si pretendiera remarcar la importancia de su presencia cuando precisamente en esos momentos es el personaje menos relevante. Y eso por no hablar de la nueva tanda de desnudos injustificados con lo que se empeña en demostrar que sus muchos kilos de más no le dan vergüenza.

Queda una temporada para finalizar la serie. Dado su tono realista (aunque con una vuelta de tuerca ácida e irónica única), apuesto a que nos dejarán un final abierto, en plan la vida sigue, que en forzar giros bonitos que pongan a los personajes en un rumbo más idílico. Pero desde luego algunas cuestiones supongo que a todos los fans nos gustaría ver más o menos cerradas. Por ejemplo, yo agradecería ver la recuperación de la relación de Jessa y Hannah y conocer la posición de Adam en ella, y que Marnie deje atrás tanta tontería; porque en cierta manera Sosh parece haberse encontrado a sí misma ya, Ray lo logró hace tiempo, y el resto son más secundarios y no espero nada concreto más allá de que tengan un final interesante.

GIRLS – TEMPORADA 4

HBO | 2015
Drama, comedia | 10 ep. de 20-30 min.
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky, Peter Scolari, Becky Ann Baker, Ebon Moss-Bachrach.
Valoración:

Alerta de spoilers: Comento a fondo la trayectoria de los personajes.–

Es raro encontrar una serie centrada en los jóvenes que relate el paso a la madurez de sus personajes, todas se estancan en la etapa donde hayan empezado, o si avanzan (por ejemplo del instituto a la universidad) realmente cambian poca cosa del statu quo. Buffy, la cazavampiros, sería el mejor ejemplo, pues aunque tuviera una base de fantasía, su historia central era el crecimiento de los protagonistas, y este tuvo un buen recorrido. Ahora toca la perspectiva más inteligente y profunda, pero también ácida hasta rozar la comedia loca, de Girls. Las chicas, tras mucho deambular en el limbo entre los estudios y el trabajo, empiezan a encontrar quizá no su lugar en el mundo, pero sí situaciones en las que están más cómodas, pues van aprendiendo a superar sus limitaciones personales.

Como protagonista principal, Hannah tiene la trayectoria más compleja e interesante. Su viaje a una universidad sureña, donde parece que va a cumplirse su sueño de estudiar para escritora profesional, se inicia con la dificultad de dejar a su amado Adam atrás y continúa con los problemas de adaptación. Pero la cosa va yendo a peor hasta que su sueño le explota en la cara… o más bien, como siempre, lo explota ella inconscientemente. Las escenas de ella contra todos los demás estudiantes e incluso contra la profesora son brutales, con esa combinación de vergüenza ajena y situaciones delirantes marca de la casa. No encaja, no acepta errores, en su mundo todos menos ella son los que se equivocan. Además el receso con Elijah le hace recordar dónde están sus amigos y su zona de confort. Así que vuelve a casa desistiendo de su gran sueño, esperando encontrarse con Adam (otra vez) con los brazos abiertos, para estamparse en la realidad: él ha seguido con su vida. El capítulo 405, centrado la crisis emocional de Hannah, con todos los colegas pasando por su piso para intentar ayudarla, es fantástico.

Pero poco después, en un requiebro inesperado en ella, encuentra un trabajo que le hace sentirse bien: de profesora temporal en un instituto. Tiene sus patinazos, como la amistad con una alumna (genial el director intentando que entienda los límites en las relaciones y formas de ser, y Hannah ni se entera), pero ahí encuentra un lugar donde se siente útil y apreciada. Además la relación con el compañero tranquilo y maduro empieza con baches, pero le ayuda a sentar la cabeza. Madura tanto que es capaz de digerir un golpe de efecto que antes le habría supuesto un duro revés: la tardía salida del armario de su padre.

En segundo lugar no sabría elegir un favorito entre Marnie y Ray. Ella está enfrascada en su incipiente carrera musical con Desi, también su pareja sentimental, pero se la ve con muchas dudas y miedos. Ray descubre que todavía siente algo por ella y que Desi es un patán que no la merece, e intercede de forma bastante descarada. Es interesante ver cómo él, el más maduro y directo, suele marcar sacar de apuros al grupo muchas veces. El caso es que el otro la planta y Marnie termina cantando sola, superando todos sus miedos, en una escena muy clásica pero efectiva.

Por su parte Ray acaba canalizando sus críticas y quejas de forma inesperada: en la política, presentándose para un puesto local esperando cambiar cosas en el barrio. Su discurso ante la junta es una de las mejores escenas del año, para mí la mejor, porque muestra en un solo instante toda la grandeza de la serie: resumir con maestría cosas que todos vivimos de una forma u otra (en este caso la dejadez de la administración, pero se tocan muchos temas obviamente), darles un punto de ironía que roza la vergüenza ajena, conseguir sacar una sonrisa (en este caso una sonora carcajada) a la vez que lleva a la reflexión.

Shoshana está enfrascada en la búsqueda de trabajo, un paso crucial y temido en nuestras vidas. Se topa con lo esperable: empresas de todo pelaje, gente más o menos educada, puestos que la atraen más o menos pero necesita para seguir adelante. La maduración paulatina es evidente, hasta que choca con un salto enorme: ¿irá a Japón?

Adam queda en un plano más secundario y con una transformación más limitada, pues ya era bastante maduro, dentro de lo cabe en sus excentricidades. El amorío con Mimi-Rose es alucinante y da para varias historias jugosas sobre relaciones amorosas: el aborto, los exnovios, la fidelidad, etc. El tipo se traga todo como bien puede, y no sé si hubiera salido de ahí si no es por Jessa, que es más impulsiva. En cuanto a Jessa, sigue siendo la más desaprovechada del grupo, no tiene una historia propia de largo recorrido, queda como un personaje secundario, eso sí, muy atractivo. Elijah en cambio nació así, como rol de apoyo, y en esa posición sigue estando fantástico.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.