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BANSHEE – TEMPORADA 4 Y FINAL

Cinemax | 2016
Acción | 8 ep. de 45-60 min.
Productores ejecutivos: Jonathan Tropper, Adam Targum.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Matt Servitto, Lili Simmons, Matthew Rauch, Tom Pelphrey, Chris Coy, Eliza Dushku, Frederick Weller, Casey LaBow.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo cuáles son las tramas principales, que empiezan con un pequeño salto temporal y un protagonista que aparece muerto: no lo considero spoiler porque es la primera escena del año, la premisa de la nueva trama principal, pero quien no quiera saber absolutamente nada no debe leer.–

El inicio es un tanto desalentador y confuso porque pega un salto temporal inesperado y caótico. Justo cuando Rebecca estaba en el punto álgido de su maduración, cuando por fin protagonizaba una aventura interesante que la alejaba de la mujer florero que era inicialmente, la convierten de mala manera en menos que una secundaria, en un macguffin inerte, o sea, el elemento sobre el que gira la historia. Aparece muerta y deben investigar quién fue. Sólo la vemos en sosos flashbacks que no desarrollan el personaje, sino que son de apoyo para otros. El primero es nuestro amado antihéroe, Lucas Hood, que estaba más que retirado aislado, huido del mundo tras culparse del secuestro de Job. Sobre él recaen las sospechas y debe volver al juego ante las miradas y resentimientos de casi todos, en especial de Proctor, con lo que de nuevo la relación se pone tensa. Lo bueno es que al ser una investigación policial permite sacar buen partido de las gentes de la comisaría: Brock continua ganando protagonismo y conocemos más a Bunker y sus líos familiares, lo que termina de introducir también el conflicto nazi. La que no funciona es la nueva agente: su juego a dos bandas podía haber dado más de sí.

Por otro lado, Carrie trata de salir adelante después de todo el caos, pero nos la presentan en una situación que muestra que no ha abandonado del todo su lado criminal (va cazando delincuentes para soltar adrenalina) y que tarde o temprano acabará enfrentada a Proctor también. Job sigue en un plano inferior pero mantiene su carisma: su viaje emocional evoluciona bien, y además su destino sirve como el otro misterio inicial.

La sección del asesino en serie sobre la que gira casi todo es la más floja. El villano, aunque en manos de un actor interesante, Frederick Weller (Al descubierto), no da miedo alguno, y al lado del imponente indio del año anterior resulta poco interesante; la agente del FBI que llega para apoyar en el caso tampoco es muy llamativa, y Elizha Dushku (Dollhouse) sigue pareciéndome una actriz muy limitada pero ahora además difícil de ver por lo anoréxica que está; y finalmente, la resolución de la investigación es muy básica. Pero se desarrolla con buena velocidad, entreteniendo en todo momento, que la serie no ha pretendido nunca ser otra cosa que una de acción adulta pero ligera. Y sobre todo, el conflicto interno de los protagonistas está bien expuesto: Lucas y Brock salen muy bien parados, con algunas escenas muy potentes como la de Hood sincerándose por fin o la frustración del sheriff con el caso.

El lío nazi no llega a ser tan épico como soñábamos, quedando casi en una disputa entre hermanos. Sí, Proctor está ahí metido, pero su línea es muy exagerada. En una de las paridas más grandes de la serie, ahora este criminal tan duro y ambicioso es el alcalde, y se dedica a montar la red de transporte de drogas más importante de la zona, dejando guerras y muertos que no despiertan sospechas entre la población. Pero aquí tampoco hay tiempo para el aburrimiento y tiene tramos buenos, como la tensión que sufre Kurt, en especial por el destino de la mujer de su hermano, víctima de esta loca familia de nazis (atención a cuando el padre sale de la cárcel). Y el propio hermano resulta un psicópata más inquietante que el asesino en serie, en parte por el buen intérprete elegido, el camaleónico Chris Coy (comparadlo con su papel de periodista blandengue en Treme). Pero aunque el desenlace funciona en lo emocional, porque pone a los protagonistas implicados en momentos muy difíciles, apena un poco que los guionistas no hayan usado esta línea para montase una guerra más grande y elaborada como muchos veníamos anhelando.

Los roces de Lucas y Carrie con Proctor tampoco deslumbran, da la sensación de los escritores también lo abordan porque había que cumplir con ello después de tanto anunciarlo, pero sin mucho esfuerzo por evitar que sea vaya a trompicones, no muy bien justificado y con giros un tanto forzados (como el secreto de Clay, el guardaespaldas). Pero de la misma manera tiene sus momentazos (la pelea en casa de ella) y de una forma u otra sirve para mover a los protagonistas por su viaje interno: la vida de violencia, las mentiras, los lazos amistosos y familiares son puestos a prueba, tienen que enfrentarse a sus demonios, tomar decisiones, cerrar puertas y abrir otras.

Así pues, la temporada se queda a medias en las tramas, pero no tanto como la segunda etapa, que sí flojeó bastante, y en cuanto a los personajes supone un cierre bastante bueno. Después del gran nivel e intensidad del año anterior esperaba más, pero no creo que pierda tanto como para hablar decepción.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
-> Temporada 4 y final (2016)

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JUSTIFIED – TEMPORADA 6 Y FINAL

FX | 2015
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 50 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Sam Elliott, Mary Steenburgen, Garret Dillahunt, Justin Welborn, Natalie Zea, Rick Gomez, Jeff Fahey, Kaitlyn Dever, Jonathan Tucker, Jonathan Kowalsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la trayectoria final de los protagonistas con sumo detalle.–

Estaba claro que en la última temporada nos ofrecerían por fin el esperadísimo duelo final entre Raylan y Boyd, que con tanta habilidad habían ido posponiendo los guionistas sin caer en giros tramposos, sin estirar burdamente la situación. Y lo desarrollan con el mismo buen hacer: sin trucos rebuscados y a la vez sin tirar por caminos predecibles. La verdad es que esperaba alguna las dos cosas, pero por suerte el desenlace está muy bien cuidado, tiene algunos momentos inesperados muy acertados entre otras despedidas más clásicas pero muy efectivas.

Un claro sello de la serie es el villano sobre el que hacer girar la temporada y los demás malhechores del lugar. Avery Markham (Sam Elliott) es otro gángster poderoso e inquietante muy bien descrito, y sus secuaces resultan todos atractivos y dan mucho juego. El más destacado está en manos de Garret Dillahunt, uno de esos secundarios que siempre está muy cómodo como malo de la función, pero casi le gana la partida Jonathan Tucker con un personajillo perturbador, Boon, aunque eso sí, su presentación amenazando a ciudadanos en un restaurante fue un tanto forzada. La órbita de Markham atrae a viejos conocidos, como el sobreviviente Wynn Duffy, y enlaza con otros más nuevos, como Katherine Hale (Mary Steenburgen), y por su puesto Boyd acaba metido en guerra con ellos. La trama del año es si conseguirá Boyd asaltar la atestada caja fuerte que tiene este terrateniente, y si los Marshal, con Raylan a la cabeza, lo pillan en pleno acto para poder encasquetarle por fin un crimen que lo deje en la cárcel de por vida.

El conflicto evoluciona con el habitual humor negro y las aventuras secundarias variadas y siempre entretenidas. En el primer caso tenemos los esperables giros geniales, como la carnicería en la caravana de Duffy, el experto en cajas fuerte que acaba explotando, el montañero que se presentaba como la salvación de Ava pero acabó muerto en su soledad… En el segundo, como ha venido ocurriendo con la maduración de la serie, las historias más breves se decantaban cada vez más por tener relación directa con el arco del año: las compras de tierras y el acoso de los secuaces de Markham en el proceso han sido esenciales para cimentar la sensación de que este mafioso estaba alterando, desde el lado del crimen, la vida en Harlan. Cabe destacar que me ha encantado cómo la temporada trata con valentía un tema muy actual: la legalización de la marihuana podría llegar a la zona, dejando de criminalizar el único negocio que tienen muchos pobres del lugar. Markham intenta hacerse, por la fuerza si es necesario, con todas las tierras posibles antes de que los paletos se den cuenta de la llegada de una salida a su marginalidad económica y legal.

Entre medias los guionistas también aprovechan el factor nostalgia, recuperando brevemente a unos cuantos habitantes míticos de la serie, como Dickie Bennett, Bob el vigilante tontaina, o Limehouse, y darle un final a otros tantos que siempre han estado ahí: Dewey Crowe (cómo se traga la trampa de Boyd), Mike (el guardaespaldas de Duffy)… Aunque la que más destaca por tiempo y relevancia es la chiquilla Loretta McCready, que se mete contra Markham en un par de escenas magistrales. Pero en cambio vuelve a dar la sensación de que no consiguen obtener de los otros marshal el protagonismo que piden a gritos, aunque esta vez no quedan relegados hasta dar penita como otras veces. El pequeño retiro del jefe y el ascenso de Rachel saca más partido de ella; los roces con Raylan y sus métodos son muy divertidos, por ejemplo. Pero Tim, aunque también tenga sus momentos, sigue pareciendo un gran secundario muy desaprovechado. Aparte, Winona, la ex de Raylan, aparece lo justo para estirar lo de que se quiere ir a Florida para cuidar de la hija en común.

En la trama global, el enfrentamiento entre los dos protagonistas con Ava de por medio, hay muchísima tensión y drama en el ambiente. Que Ava sea un topo de Raylan pone la sombra de la guadaña sobre su cabeza en prácticamente todos los capítulos. Y cuando Boyd la descubre… madre mía, cómo acojona el paseo por el bosque. Pero en realidad nadie lo tiene fácil. Raylan está de nuevo en sospecha ante sus jefes, porque de nuevo se juega muy bien con su lealtad ambigua y su estilo en plan salvaje Oeste: ¿se liará con Ava, se saltará la ley para acabar con Boyd? Mientras, Boyd vuelve a comprobar que ser un rey del crimen te deja sin amigos: traiciones y problemas en fila uno detrás de otro.

Creo que el único modo de escapar de nuestra ciudad con vida es no haber nacido allí -Boyd.

Yo daba por sentado que alguien moriría de los tres, que siguiendo el tono melancólico y trágico de la serie esto acabaría en desastre, que los guionistas no se arriesgarían a hacer nada extraño que tuviera posibilidades de disgustar a los seguidores. El tiroteo en la noche en el bosque maximiza esa sensación: esto tendrá un final oscuro. Pero para mi sorpresa se trabajan un final más complejo, con diversos clímax (fugas y tiroteos en cantidad) muy bien planteados, huyendo de lo previsible con inteligencia y mucho tacto. Sí, al final también acabamos con una despedida amarga, con la melancolía tradicional en plan “la vida es un asco aunque tomes buenas decisiones, pero si las tomas malas sufrirás las consecuencias”. Pero ofrece menos sangre de la esperada, se inclina más por poner a los personajes ante un nuevo ciclo de sus vidas, uno muy atado a su camino y decisiones recientes.

Después de todo eso aún mejora la cosa, con los epílogos entre Raylan y Ava y luego entre Raylan y Boyd, que poseen una carga dramática y emocional enorme, mostrando todo lo que han vivido los personajes y señalando que la existencia seguirá siendo dura y difícil: Raylan y Winona están separados, Boyd en la cárcel como empezó, incapaz de sobreponerse a su lado oscuro, Ava huyendo constantemente de un pasado tormentoso. Las mentiras de Raylan a Boyd para alejar a Ava de su mente y mantener al hijo en secreto, que probablemente no se cree pero acepta como única posibilidad de redención, dan una escena de cierre sublime para uno de los mejores capítulos finales que he visto. Me mantuvo con el corazón en un puño en todo momento, y tras el fundido en negro me dejó con la sensación que debe dejar una buena serie y un buen final: la de haber vivido una pequeña parte de mi vida al lado de personajes que casi he podido tocar. Extrajimos carbón juntos.

Justified termina por todo lo alto, en su mejor año. Y además se va, según creo yo, como una serie de culto, pues no ha tenido un gran éxito de crítica y público, ni tampoco se puede decir que haya sido una obra de primera división (sólo el último capítulo resulta excelso), pero tiene un férreo grupo de admiradores enamorados de su encanto especial, de su estilo único y de sus personajes tan carismáticos o todo lo contrario, tan patéticos y fracasados. Cuando empecé a verla me pareció una tontería, y ahora la voy a echar muchísimo de menos.

Ver también:
Temporada 5.
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

DARK MATTER – TEMPORADA 1

Syfy, Space | 2015
Ciencia-ficción, acción, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Joseph Mallozzi, Paul Mullie, varios.
Intérpretes: Marc Bendavid, Melissa O’Neil, Anthony Lemke, Alex Mallari Jr., Jodelle Ferland, Roger R. Cross, Zoie Palmer.
Valoración:

Seis tripulantes despiertan de la estasis en una nave que no reconocen… de hecho no recuerdan ni quiénes son, no tienen memoria de sus vidas. En seguida se ponen nombres según fueron apareciendo (Uno, Dos… hasta Seis) y descubren que sí mantienen memoria automática de sus habilidades: pilotaje, armas, lucha cuerpo a cuerpo, etc. Su objetivo inmediato es, aparte de sobrevivir a los recelos y discrepancias entre ellos, descubrir quiénes son y qué los llevó a acabar sin recuerdos. Pronto se les une la Androide de abordo, que también tiene fallas de personalidad pero será vital para mantener la nave, llamada la Raza, en pie ante un universo que no ha olvidado las pasadas acciones de la tripulación.

Creada por dos productores de la franquicia Stargate, Joseph Mallozzi y Paul Mullie, Dark Matter es una combinación de aventura espacial y thriller. Eso sí, primero plasmaron sus ideas en un cómic, hasta que consiguieron más tarde que un canal de televisión los financiara. No aspira a ser una gran serie, o al menos eso parece en esta temporada, pues predomina la acción y el misterio sobre la construcción de un universo y una trama de mayores proporciones y alcance. Pero conocen sus bazas y limitaciones y las exprimen francamente bien, sin intentar aparentar más de lo que es. Las andanzas de los tripulantes tienen muy buen ritmo y numerosos giros que mantienen el interés alto, y cada capítulo añade poco a poco sustrato a la evolución de los mismos.

En la dinámica entre protagonistas reina una atmósfera que recuerda en seguida a Farscape (las peleas a bordo de la nave, la desconfianza, los intentos de aliarse unos contra otros) y Firefly (los roles de mercenarios tan marcados: el matón, la chica rara, el capitán rígido pero sensato), y sin embargo, aunque no sea ni novedoso ni deslumbrante, este grupo engancha rápido. Sus formas de ser son claras, los roces dan mucho juego, y la evolución como digo es dinámica y bastante efectiva. Aun así no se libra de algún patinazo, como la historia del asiático. Primero, asusta el topicazo de tener un asiático con espadas; segundo, cuando le dan una explicación, su pasado resulta el único momento en que la serie patina apuntando más alto de lo que debería: esa intriga familiar resulta un cliché muy sobado y a la vez exagerado. También puedo decir que hay algún instante donde cae más bajo de la cuenta, como unos conatos de romance y sexo, que resultan bastante infantiles. Pero aun con estos dos deslices notables este carismático grupo protagonista supone la mejor baza de la serie. Con unos diálogos por lo general muy ágiles, llenos de humor y puyas constantes, se consigue sacar bastante juego de cualquier situación. Además sus problemas y relaciones se mantienen siempre en primer plano, con lo que hasta la historia más secundaria gana fuerza. En esto juega a su favor que con trece capítulos no hay lugar a rellenos insulsos, de esos que hasta las más grandes del género, Farscape y Babylon 5, tenían en gran cantidad.

El universo planteado no es especialmente novedoso (corporaciones con más poder que los gobiernos, experimentos secretos, mercenarios, colonias pobres…), pero se va explicando poco a poco, sin saturar y conforme las tramas lo requieren. Además tiene un buen factor de admiración por lo desconocido, algo esencial en el género: ansiamos conocer más de ese futuro ficticio. Así, tenemos una base lo suficientemente sólida y atractiva donde desarrollar las distintas aventuras de la tripulación: casos antiguos que los acosan, empleadores que les exigen resultados, conflictos con las peligrosas corporaciones…

Y sorpresas, muchas sorpresas, porque los guionistas apuestan por ir hacia adelante sin miedo, revelando poco a poco los misterios, no dejándolos para el final de temporada. ¿Quién es cada uno? ¿Qué harán cuando desentrañen su oscuro pasado? ¿Cómo cambiará la relación entre ellos cuando los secretos vayan saliendo a la luz? Pero sus creadores también se obstinan un poco más de la cuenta con la idea de meter más y más revelaciones que llevan a nuevos misterios, de forma que a veces fuerzan un poco las cosas. Aquí juega en su contra que el canal canadiense para el que se ha producido (Space; para EEUU emite Syfy) obliga a un esquema televisivo realmente anticuado: el de poner ante cada corte de publicidad y final de capítulo un giro que supuestamente deje con ganas de más. Pero soportar tantas veces la musiquita intrigante tan evidente y los primeros planos a personajes con cara de pez, pues termina cansando.

La puesta en escena es básica pero cumple, en especial a la hora de dar ritmo a la narración. Se podrían mejorar bastante las peleas, que siempre acaban a puñetazos a pesar de la cantidad de armas que llevan todos, pero está claro que es una producción de bajo presupuesto, y planificar combates de calidad es complicado porque requiere tiempo y dinero. También se ven limitaciones en los escasos escenarios secundarios (los que sólo aparecen en un capítulo), pero el interior de la nave está bastante trabajado, fallando solo en las consolas de controles, bastante parcas. Los efectos en el espacio (naves, planetas) dan el pego muy bien, pero sus apariciones son muy breves, lo que me apena, pues soy un enamorado de las naves espaciales. El diseño de la Raza no es muy original pero cumple de sobras, pero el de la lanzadera en cambio es muy raro, porque es calcadísimo a las de Farscape.

El reparto funciona sin carencias notables. Obviamente no estamos ante un casting de alto nivel, y se ve claramente que han buscado gente guapa para atraer al público joven, pero todos captan bien la esencia de sus personajes. Marc Bendavid (Uno) es el único un poco más seco en su registro, ese tipo de rol requería a alguien más carismático. Y de primeras me rechinó Anthony Lemke como Tres, el matón, pero luego le coge el punto cabrón muy bien. La mejor me ha parecido la joven Jodelle Ferland (Cinco), pues precisamente es la que más experiencia tiene. Melissa O’Neil (Dos) no está mal tampoco, y eso que parece demasiado atractiva y algo bajita para cumplir como líder nata… y más te asustas si miras su currículo: es su primer papel relevante tras darse a conocer en Canadian Idol (el Operación triunfo de turno). Roger R. Cross (Seis) como el reflexivo y afable y Alex Mallari Jr. (Cuatro) como el tipo silencioso y críptico están más que correctos. Y no me olvido de Zoie Palmer con su peculiar interpretación para la Androide, quien gana presencia poco a poco.

Comparado con las últimas mierdas que hemos sufrido (Falling Skies, Helix, Defiance, Terra Nova…), es una pequeña esperanza para los amantes de la ciencia-ficción. Tiene su gracia, es muy entretenida, y sobre todo guarda bastante potencial. Eso sí, también hace recordar con nostalgia a Firefly, de la que parece una imitación realizada con mucho menos talento.

PD: El misterio más grande es el título de la serie, que no tiene nada que ver con lo que se ha visto en esta temporada.

JUSTIFIED – TEMPORADA 5

FX | 2014
Drama, acción, suspense | 13 ep. de 45 min.
Productores ejecutivos: Graham Yost, Michael Dinner, Timothy Olyphant.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Joelle Carter, Nick Searcy, Jere Burns, Jacob Pitts, Erica Tazel, Michael Rapaport, James Le Gros, Damon Herriman, Alicia Witt, Natalie Zea, Jacob Lofland, Amy Smart.
Valoración:

Empezamos justo donde acabó la cuarta temporada, con Ava y Boyd en un punto de inflexión importarte en su odisea criminal. El protagonismo que toma Boyd sigue creciendo, hasta el punto de que en este año parece el personaje principal en detrimento de Raylan. Los líos de Ava en la cárcel, las disputas familiares, la pugna constante por mantener su dominio criminal… Es un no parar, con varias tramas paralelas cada cual más jugosa.

Decía en la etapa anterior que los guionistas habían encontrado el tono, que la serie había alcanzado su madurez después de tres años irregulares. Aquí se mantiene el nivel, y eso que repiten la fórmula de forma bastante descarada e incluso con algo de torpeza al principio. Incluyen una nueva familia de criminales de poca monta en cuyas fechorías andará Raylan fastidiándolos cada dos por tres, pero de primeras asusta, porque su aparición inicial es algo fallida. Ese viaje a Florida es un tanto forzado, y la presentación de los nuevos caracteres resulta torpona, por precipitada y mal explicada. Pero en cuanto los llevan a Harlan y los meten en jaleo con los Crowe la cosa cambia. De nuevo tenemos una buena historia de crímenes con un estilo peculiar, pues el drama rural mezclado con el humor negro sigue funcionando a las mil maravillas. De una escena de gran tensión (todos tan locos y violentos que puede liarse parda en cualquier momento) pasamos a un chiste cínico de cuidado, en la notable parodia del mundo del crimen que mantiene la serie: los paletos criminales fallan más por su incompetencia que por las habilidades de Raylan.

Volviendo al Marshal, está algo apartado en aventuras un poco de relleno, más ligeras y ajenas a los líos de familias en el condado, pero la mayoría son bastante amenas, aunque eso sí, la falta de trascendencia hace que se olviden muy rápido. El romance con la asistente social es interesante, el tema de la casa del rico es un puntazo, el viaje con el chaval y su padre no está mal tampoco. Y en pequeñas dosis va creciendo la rivalidad con los nuevos enemigos, donde como digo los guionistas tiran de lo que saben que funciona (las típicas entradas chulas de Raylan) pero lo hacen de forma tan hábil que la temporada resulta tan intensa y entretenida como la anterior.

Aparte de las limitaciones inherentes a la serie (la puesta en escena de bajo nivel y lo desaprovechados que están los compañeros de la ley en contraposición con los amplios y fascinantes grupos criminales), el único fallo es que los viajes a Chigaco, los tejemanejes con las mafias de allí, terminan siendo un tanto rebuscados y exagerados. Por ello el tramo antes del desenlace pierde un poco de equilibrio: se deja de lado la aventura gamberra en pos de una trascendencia bastante impostada, con toques de Tarantino poco eficaces (la habitación de hotel con Boyd, Duffy y los de Chigaco). Por suerte el final de temporada sí cierra todo bien, y sobre todo, cuando aquí se lanzan a un drama más serio (el niño obligado a mentir), logra ser bastante emotiva.

PD: Elmore Leonard, el autor de los relatos en que se basa la serie, falleció antes del estreno de esta temporada de un infarto cerebral a los 87 años de edad.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Primeras impresiones.

DAREDEVIL – TEMPORADA 1


Netflix | 2015
Acción, drama, suspense, superhéroes | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Drew Goddard, Steven S. DeKnight, varios.
Intérpretes: Charlie Cox, Deborah Ann Woll, Elden Henson, Vincent D’Onofrio, Toby Leonard Moore, Vondie Curtis-Hall, Bob Gunton, Ayelet Zurer, Rosario Dawson.
Valoración:

Matt Murdock es un abogado que al quedar ciego en la juventud adquirió superpoderes con los que puede sentir y “ver” lo que hay a su alrededor como ningún otro, pero también creció en él una visión personal de la vida muy concreta: hacer de su barrio algo mejor. Hell’s Kitchen (la cocina del infierno) es una zona de Nueva York que no levanta cabeza, llena de crimen y miseria, y Matt pretende cambiar las cosas. Como hombre de ley luchará desde dentro del sistema, pero como héroe enmascarado perseguirá a los criminales a golpes bajo el amparo de la oscuridad.

Sus compañeros en el despacho que acaba de formar son el abogado Foggy Nelson, su mejor amigo desde la universidad, y Karen Page, que toma el puesto de secretaria cuando estos la ayudan en su caso contra una oscura corporación. Esta investigación los llevará hacia la estela de Wilson Fisk, un empresario ambicioso que parece ser también el capo más poderoso de la zona. La mano derecha de este último es Wesley, fiel hasta la médula y lleno de recursos, mientras que los héroes se apoyarán en el periodista Urich, especialista en historias de mafias. Hay algunos secundarios más, pero sólo son realmente relevantes Vanessa, el amor de Fisk, y Claire, la enfermera que ayuda a Matt.

El creador de la serie es Drew Goddard, quien creció como guionista con Joss Whedon en Buffy, la cazavampiros (1996) y Angel (1999) y terminó de formarse colaborando en Alias (2001) y Perdidos (2004). Pero no tardó tiempo en hacerse un nombre en el cine también, con Monstruoso (2008) y La cabaña en el bosque (2011), siendo además director en esta última. Desde entonces no deja de enlazar producciones de alto nivel, como las adaptaciones de las novelas Guerra Mundial Z (2013), The Martian (2015, dirigida por Ridley Scott nada menos). Vamos, que se ha convertido en uno de los guionistas más respetados y solicitados… hasta el punto de que la factoría Marvel lo sacó de la serie para escribir Sinister Six (Los Seis Siniestros), con intenciones de que la dirigiera (aunque al final el proyecto quedó en el limbo). Con Goddard dejando la producción en plena gestación, Steven S. DeKnight tomó las riendas como showrunner, acompañado eso sí por numerosos productores ejecutivos. DeKnight es otro que salió de Buffy y Angel, y luego pasó por Smallville (2001) y Spartacus (2010), tanto escribiendo como produciendo.

El plan Marvel es iniciar una saga de series interconectadas que terminarán uniéndos en otra. Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage e Iron Fist tendrán su temporada, o temporadas si el éxito acompaña, y darán lugar a The Defenders, como en el cine las películas se juntan en Los Vengadores (Joss Whedon, 2012). También llamativo es que se han inclinado por un tono adulto y oscuro, algo muy de agradecer en un género que, salvo excepciones como el Batman de Nolan, suele andar falto de esas cualidades. Por ello sus creadores se inspiran más en los thrillers de los años setenta y ochenta (SerpicoSidney Lumet, 1973-, French ConnectionWilliam Friedkin, 1971- o Taxi DriverMartin Scorsese, 1976- son las más evidentes) que en la onda de héroes, magia y los tópicos habituales. La corrupción del sistema, la ciudad inmersa en un caos criminal y las solitarias figuras que emergen en las sombras para luchar contra ello copan las tramas, dejando la fantasía más pura de los superhéroes más poderosos para las películas de Los Vengadores.

Desde sus primeras escenas se puede ver el mimo puesto en la producción, la intención de buscar algo más serio y de primera calidad. La fotografía e iluminación que juega con las sombras y los contrastes es una elección arriesgada, pero con el virtuosismo del que hacen gala los realizadores tenemos una impronta muy característica y realmente impactante donde controlan muy bien que la atmósfera sea tenebrosa y deprimente pero se vea con claridad la acción y el rostro de los protagonistas. El tempo narrativo es contenido, se busca no sólo exponer a través de los personajes, sino hacer que la escena luzca bien, de forma que cautive. Así, se esfuerzan mucho en las conversaciones de personajes sentados, algo esencial porque son mayoría, pero explotan por completo en las de acción, que tienen además un extra de dificultad, porque aquí se lanzan sin miedo hacia la consecución de ese sello de calidad que los haga resonar en la exigente televisión actual. Las coreografías elaboradas y rodadas con maestría son la tónica habitual, pero de vez en cuando se permiten unos vaciles impresionantes. La lucha en el pasillo del segundo capítulo sin duda queda para los anales de la historia televisiva, un plano secuencia de insólita complejidad, aunque quizá no tanta originalidad, porque se inspira claramente en la pelea principal de una película coreana de culto, Old Boy (Oldeuboi, Chan-wook Park, 2003). Pero no es la única remarcable, hay otras tantas escenas espectaculares que te dejarán a cuadros. Aquí hay que señalar el magnífico uso de dobles, donde sólo si afinas mucho puedes llegar a notarlos en un par de planos (y porque Scott Glenn -Stick- es un viejales y los movimientos tan ágiles no cuadran). Redondean el acabado una sutil música que es quizá muy sencilla pero funciona bastante bien, y unos títulos de crédito hipnóticos.

Otro aspecto vital son los actores. Charlie Cox (Matt Murdock), Deborah Ann Woll (Karen Page) y Elden Henson (Foggy Nelson) se hacen enseguida a sus roles y muestran una estupenda química entre ellos, transmitiendo verosimilitud desde las primeras escenas. Siendo un relato que se sumerge bastante en la mente de los protagonistas era crucial tener intérpretes que se luzcan en el campo de las emociones, y no falla ninguno. A Ann Woll la conocía por True Blood (2008) y no tenía ninguna duda sobre sus habilidades, Cox mostraba carisma en Boardwalk Empire (2010), pero hasta verlo aquí no sabía si podría aguantar un personaje principal tan exigente, y Henson me era totalmente desconocido. Ahora bien, incluso en este buen nivel el veterano Vincent D’Onofrio (Ley y Orden -2001-, La chaqueta metálica -1987-) te deja sin aliento con su imponente, hosco y temible Wilson Fisk. La frase “No soy un monstruo… ¿verdad?” es de las que hacen época. Este se ve rodeado por dos secundarios que también clavan sus personajes, Ayelet Zurer como Vanessa y Toby Leonard Moore como Wesley. Él consigue una interpretación llamativa en un personaje serio en extremo, y ella no se queda atrás: resulta sutil y erótica a pesar de la sobriedad que emana. Y para rematar, hay que señalar que el casting no descuida ni a los matones de Fisk, donde no cogen a simples extras, sino a actores muy competentes y carismáticos.

Los escritores son conscientes tanto de las limitaciones del género como de esta historia en concreto, e intentan que las bases del relato sean muy sólidas. Se trabajan con esmero a los personajes, haciéndonos partícipes muy de cerca de sus problemas, anhelos, dificultades, vaivenes emocionales… Vivimos codo con codo con Matt y su deseo de hacer un mundo mejor, acompañándolo en el dilema de cuáles son los límites de la violencia y conociendo al detalle otros muchos recovecos de su personalidad. Con Karen y Foggy casi lo mismo, pero al ser más realistas resultan incluso más humanos: casi te convences de que son tus propios amigos. Cabe destacar la simpatía contagiosa de Foggy y la candidez de Karen, ambas conseguidas por el gran papel de los intérpretes y la excelente conexión que mantienen. Fisk se presenta fascinante, nunca se había realizado una aproximación a la piscología de un villano tan detallada y profunda. Como con los demás protagonistas, vemos de primera mano sus ambiciones y deseos, pero aquí cobran importancia sus puntos frágiles y sus desviaciones, llegando a vislumbrar y entender qué lo lleva a actuar de una forma u otra. Además la gama de sensaciones que transmite al espectador, oscilando entre la pena, el asco y el miedo, garantizan que no dejará frío a nadie… aunque puede llegar al extremo de provocar rechazo, de lo perturbador que resulta. Y para redondearlo tenemos la relación amorosa con Vanessa, que es excitante en todo momento: los tanteos, los miedos, las sutilezas, el acercamiento gradual… Acaba siendo mucho más interesante que la dinámica entre Foggy y Karen, que casi parece de relleno al lado de esta. Hay que señalar también los detalles más o menos velados sobre el pasado y posible futuro de personajes varios (¿tiene Karen secretos oscuros?, ¿qué pretende Stick y para quién trabaja?), que resultan intrigantes para el no lector de los cómics y buenos guiños para los fans.

Pero una vez salimos de la descripción y desarrollo de los personaje el guion no llega a ser redondo, porque el entorno donde los sumergen y el progreso de la trama fallan en algunos aspectos clave: le falta ritmo y vitalidad, y no queda del todo justificado por qué Fisk es el gran villano que dicen que es.

En el primer punto resulta obvio que hay largos tramos a los que no consiguen otorgarles suficiente ritmo, dejando la impresión de que a pesar de todo el potencial (espléndido aspecto visual, grandes personajes) la serie no avanza con la fluidez y fuerza suficientes como para aprovechar plenamente esas bases. Hay pasajes algo faltos de garra y que dan vueltas en círculos (cuántas veces Foggy y Karen se mantienen en pantalla con la excusa de salir a emborracharse, pero realmente no están haciendo nada; cuánto habla ella con Urich pero qué poco avanzan), y otras partes son bastante predecibles, porque al final, a pesar de tanto esfuerzo, no han sido capaces de esquivar el lastre de algunos estereotipos obligados por el género: la infancia de Matt no tiene mucha pegada y va perdiendo fuelle, y cuando llega la parte de Stick se vuelve bastante previsible y cargante; pero es que el salto al pasado de Fisk sólo sirve para presentar el detalle del cuadro, que sí, es genial, pero el resto son clichés obvios que bastaba con señalarlos sutilmente; y ahí incluyo el destino del padre, que puede ser trascendental en su crecimiento pero se ve venir tan de lejos que deja la sensación de que era innecesario remarcarlo tanto.

La falta de vitalidad del entorno remarca estas carencias de ritmo, porque no parece pasar nada realmente importante a pesar del empeño en transmitir eso con el tono serio y ligeramente pretencioso del relato. ¿Es que nadie más vive en Hell’s Kitchen excepto los pocos protagonistas y unos cuantos criminales? No hay un entramado de personajes que nos recuerde que estamos en una gran urbe llena de gentes e historias, y casi la totalidad de escenas son en el despacho o en callejones y solares vacíos, dando la impresión de que no luchan realmente por nadie salvo por ellos mismos. Los realizadores se esfuerzan en darle personalidad a los secuaces y matones de Fisk, pero en cambio los héroes no parecen tener vida más allá del enfrentamiento con aquel: ni familia, ni amigos… ni otros casos. Por una vez me tengo que quejar de que a una serie le falte algo de procedimental. Estoy convencido de que le habría venido de perlas meter algunos casos secundarios para tapar estos agujeros. Servirían para mostrar la dinámica de trabajo (evitando tener que repetir las citas tontas -tontísimas- de Karen y Foggy), para justificar su sueldo (pero cómo se sustenta esta gente), y sobre todo para mostrar mejor el alcance de la organización de Fisk. La cansina anciana Elena, de la que te alegras de que muera de lo petarda que resulta, ejemplifica muy bien esta indefinición: es la única ciudadana que sufre las supuestas maldades infinitas de Fisk, el único caso que tienen contra él, y casi la única vez que los vemos batallar por alguien (Matt salva a unas pocas personas -las putas, el niño- en los dos primeros episodios, pero es una excusa para presentar sus habilidades).

De esta forma, me temo que Fisk, pese a resultar por sí mismo un personaje memorable, no funciona realmente como villano. Primero, queda un tanto ambiguo su objetivo: ¿es un mafioso que quiere controlar el mundo del crimen o un tirano con una visión de romper el sistema para moldearlo a su gusto? Dice que quiere cambiar las cosas pero no es más que un capo con dinero comprando y vendiendo inmuebles. En su discurso de presentación al público habla de combatir crimen y pobreza como si se presentase a un puesto importante (concejal, fiscal o alcalde), algo que no hace, con lo que simplemente parece estar reforzando su fachada para seguir como hasta ahora. En otras palabras, su plan no se llega a concretar, ni siquiera se señala con claridad si se basa en el caos o en la dominación. Pero sobre todo, no se justifica claramente por qué los héroes lo consideran tan rápido como el archienemigo de la ciudad, si sólo tienen contra él algún roce con matones (Karen y la anciana) que creen asociados a él, pero sin pruebas tangibles. ¿Dónde está el plan megalómano, la siembra de crímenes numerosos y horrendos por todo el barrio o la ciudad? Como mucho, Matt descubre, persiguiendo delincuentes por la calle, que estaría implicado en el narcotráfico. Pero eso tampoco parece suficientemente probado como para llegar a la conclusión irrevocable de que Fisk es el mal último que asola el lugar. Y para colmo, cuando se convierte en una figura pública se cagan patas abajo, cuando en realidad no ha cambiado nada; es más, si acaso se volvería más vulnerable, porque cualquier cosa podría dañar su imagen.

Así pues, hay un desequilibrio importantísimo entre Fisk como persona y Fisk como villano (Kingpin), y la verdad es que me resulta sorprendente dada la evidente dedicación que han dedicado en dibujar protagonistas complejos y humanos. Parece que poniendo tanto el foco en cosas concretas han perdido un poco la perspectiva global. No hay una gran trama con pegada que exprima y dirija mejor la dualidad héroe-villano, de hecho da la sensación de que lo poco que ofrecen además se explota tarde y mal, pues el giro que lleva a Fisk a la cárcel es endeble y repentino después de ir de forma tan vaga y lenta con la investigación.

Además, hay otros detalles que pueden parecer poca cosa, pero son de esas casualidades y pequeños agujeros que se van sumando y terminan molestando. Qué conveniente que la mujer de Urich tenga la cabeza perfecta en el capítulo final para conseguir una escena de perdón lacrimógena. Por qué dicen que la vieja Elena no tiene a nadie y se encargarán ellos del entierro cuando capítulos antes nos han dicho que se llevaba tan bien con los vecinos que hasta se ayudaban con la comida. Qué oficina más lastimera tiene el periódico a pesar de que se supone que es uno importante en la ciudad (por cierto, no pudo ser The Daily Bugle por cuestión de derechos). Resulta bastante exagerado que Matt pueda escuchar todas las conversaciones de la policía desde una azotea, teniendo en cuenta lo grande que es la ciudad y la de ruidos que habrá interfiriendo; por ejemplo, que halle así a su objetivo en el episodio final resulta bastante forzado, no costaba nada que nos lo mostraran capturando a uno de sus hombres y robándole la radio, como ha hecho otras veces al buscar información. Y cabe preguntarse si se quedaron sin tiempo de rodaje o sin ideas en el desenlace, porque la pelea de Daredevil con Fisk está muy por debajo de las otras que hemos visto en la serie, con lo que después de la espera decepciona bastante.

Daredevil apunta muy alto, y aunque cojea un poco, la madurez que aporta al género es digna de alabanza y ofrece muchas esperanzas para su futuro.

PD: Con la de idiomas que se hablan en escenas enteras (español, ruso, japonés y obviamente inglés) se hace más evidente que nunca el sinsentido del doblaje. Supongo que en el paso al castellano convertirán a Elena en brasileña, como han hecho en otras muchas obras cuando hay personajes hablando nuestro idioma.
PD2: Eso de que decenas de chinos se queden ciegos voluntariamente para tener un trabajo de mierda es demasiado exagerado.

Saga The Defenders:
-> Daredevil – temporada 1 (2015)
Jessica Jones – temporada 1 (2015)
Daredevil – temporada 2 (2016)
Luke Cage – temporada 1 (2016)
Iron Fist – temporada 1 (2017)
The Defenders (2017)
The Punisher – temporada 1 (2017)
Jessica Jones – temporada 2 (2018)
Luke Cage – temporada 2 y final (2018)
Daredevil – temporada 3 y final (2018)
Iron Fist – temporada 2 y final (2019)
Jessica Jones – temporada 3 (2019)

JUSTIFIED – TEMPORADA 4

FX | 2013
Drama, suspense, acción | 13 ep. de 40-45 min.Productores ejecutivos: Graham Yost, Elmore Leonard, Michael Dinner, y otros.
Intérpretes: Timothy Olyphant, Walton Goggins, Nick Searcy, Joelle Carter, Jacob Pitts, Jere Burns, Mike O’Malley, Erica Tazel, Natalie Zea, Ron Eldard, Jim Beaver, Abby Miller.
Valoración:

Justified vuelve a encontrar el tono tras un tercer año que deshacía lo andado en el segundo, redondeando la fórmula hasta conseguir la temporada más equilibrada, fluida y emocionante hasta ahora. Sigue sin verse por ninguna parte la gran serie que algunos se empeñan en defender, pero como entretenimiento cumple de sobras. De hecho algunos de sus fallos siguen ahí, empezando por la puesta en escena regulera que falla en momentos clave (los tiroteos pierden bastante por el mediocre montaje, las conversaciones dentro de coches en movimiento son horribles) y el poco partido que sacan de algunos secundarios.

Lo primero a destacar es como siempre Raylan Givens, el marshal de culo inquieto con tendencias justicieras que se mete en fregado tras fregado para desesperación de su jefe. El carisma de Timothy Olyphant sigue siendo esencial para realzar un personaje que podría haber sido mítico si la serie hubiera alcanzado mayores cotas de calidad e influencia. Desde el primer capítulo empieza deslumbrando con la captura de un fugitivo y el trato que le da, pero momentos con su estilo hay otros tantos, como cuando busca enfrentarse con el ex de su actual novia o cuando dispara a un sheriff sospechando que era un impostor. Lo que sigue sin funcionar del todo es la exmujer. Sí, ella y el embarazo sirven para darle a Raylan algo de trasfondo y de humanidad, pero los guionistas no terminan de llegar a ninguna parte con la relación entre ambos, parece que ni siquiera buscan la típica relación en tensión, porque de hecho ella cada vez tiene menos protagonismo. Sale tan poco ni recuerdo cómo acabó embarazada ni qué fue del novio que tenía. Además al final se van al lado contrario, forzando cosa mala su presencia en la trama, porque el desenlace con la familia en peligro es predecible y sensacionalista.

En la comisaría tenemos los otros personajes desaprovechados, y sigo sin entender por qué los mantienen en los créditos como principales. Supongo que en algunas investigaciones es más verosímil que vaya acompañado de otros agentes, pero historias concretas con ellos sólo tenemos la de Tim con los veteranos de guerra, que no está nada mal pero no termina de darle vida al personaje, y algunos roces divertidos de Raylan con el jefe. Rachel continúa sin levantar cabeza, quedando relegada a un par de escenas en toda la temporada.

Más relevancia se le da a los villanos secundarios (Duffy, Augustine) y al séquito de Boyd, donde el juego a dos y tres bandas del primo Johnny y las meteduras de pata de Colton mantienen bien la intriga sobre si Boyd caerá por sus propios hombres. Y este gran Boyd Crowder por fin está aprovechado plenamente en historias propias y líos con Raylan sin parecer una presencia forzada en ningún instante. La dinámica entre ambos se mantiene muy bien, y esto es una sorpresa, porque mantener la rivalidad durante tantos capítulos, alternando entre momentos de calma y momentos de tensión pero sin llegar a un punto en que no fuera verosímil postergar el enfrentamiento final, es algo muy difícil de conseguir y de hecho anteriormente no lo lograban. Las veces que se cruzan tememos que pase algo de una vez entre ellos, pero cuando las cosas se medio solucionan no da la sensación de dar tramposas vueltas en círculos. Hasta las tramas secundarias de Boyd, como la del religioso que le quita clientes, funcionan de maravilla. De hecho la forma de vencer a este tipo es fantástica. De ahí pasamos a los jaleos con los ricos (donde hace gala de gran inteligencia, pero también excesiva ambición), los jaleos con Duffy y Detroit, el miedo a que descubran el cadáver que dejó Ava, el lío en que se va metiendo la puta tontita Ellen May… Es un no parar de aventuras muy bien enlazadas y con giros bien trabajados, algunos incluso con buenas sorpresas, en especial al final cuando le devuelven alguno de sus golpes o cuando nos dicen por fin quién es Drew Thompson, el misterioso fugitivo tras el que todos andan.

Y eso es lo mejor de la temporada: todas las tramas, y son bastantes, tienen su tiempo bien medido y denotan buena planificación, de forma que se combinan muy bien, porque de una forma u otra casi todas las cosas acaban conectadas. El hallazgo de la bolsa, el interés de varios grupos en ella y las andanzas particulares de Boyd son los troncos principales, pero ramificaciones hay muchas. Hasta los casos sueltos ya se alejan completamente de parecer el caso del día (el fugitivo negro da mucho juego, por ejemplo). Otro gran logro es que consiguen hacer relevantes (y temibles) a personajes que no llegamos a ver, como el mafioso jefe de Detroit, Theo Tonin. Es cierto que eso complica a veces saber de quién están hablando, o que la guerra entre sus herederos queda un poco rara al mencionarse de pasada, pero se manejan muy bien los miedos y repercusiones de estos grandes mafiosos en los criminales locales.

La otra gran virtud es que la serie se encontró su tono hace tiempo y este sigue siendo esencial para conseguir una serie con cierta personalidad: la combinación de humor negro e ironía a la hora de tratar a los paletos sureños y los criminales ofrece muchos buenos momentos de humor.

PD: fatal el casting de una treintañera para hacer de adolescente de dieciséis o así (la que entra en casa de Raylan).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

BANSHEE – TEMPORADA 3

Cinemax | 2015
Acción, suspense | 10 ep. de 46-58 min.
Productores ejecutivos: David Schickler, Jonathan Tropper, Greg Yaitanes, Peter Macdissi, Alan Ball.
Intérpretes: Antony Starr, Ivana Milicevic, Ulrich Thomsen, Frankie Faison, Hoon Lee, Rus Blackwell, Matt Servitto, Trieste Kelly Dunn, Ryann Shane, Lili Simmons, Geno Segers, Matthew Rauch , Tom Pelphrey, Langley Kirkwood, Odette Annable.
Valoración:

Parece que los guionistas de Banshee (David Schickler y Jonathan Tropper a la cabeza) han sido conscientes de las limitaciones de la segunda temporada y se han puesto las pilas. Y vaya si el esfuerzo ha dado resultado, porque la serie ha llegado más alto de lo que esperaba. Tiene todas su llamativas virtudes en su máximo esplendor, y a la vez no se ven prácticamente ninguno de sus fallos. El ritmo vuelve a ser trepidante, sin rellenos ni recesos con poca sustancia, ofreciendo dos tramas importantes que denotan planificación y esfuerzo a la hora de desarrollarlas. Los protagonistas sencillos pero carismáticos son puteados al límite en un sinfín las historias de rivalidades, peleas y crímenes, teniendo así mejor recorrido, en especial los secundarios, que ya no parecen desaprovechados; incluso conocemos nuevos personajes que resultan fascinantes.

El conflicto con los indios explota del todo con el loco de Chayton dirigiendo su cruzada contra el hombre blanco invasor. Estamos ante un villano arquetipo como se espera en esta serie, y en ese estilo resulta ejemplar: cerrado de miras, temible y tan peligroso que se lo pone muy difícil a los protagonista. El actor lo han clavado: Geno Segers es imponente y su voz acojona. La guerra va con un ritmo estupendo, avanzando a través de escaramuzas, huidas y demás jaleos que impiden que la trama pierda fuelle. El momento álgido, el ataque a la comisaría, es memorable, y el tramo final en Nueva Orleans está muy bien también. Pero se puede señalar un ligero patinazo, la única escena malograda del año: el asalto de Lucas al campamento indio antes que llegue el FBI y le quite de sus manos la venganza es realmente absurdo incluso en alguien tan impetuoso como él, por no decir que los guionistas no atan bien los cabos: ¿ninguna secuela ni denuncia por parte del FBI? No hay quien se lo crea.

La otra gran historia es la del atraco monumental que planea la banda. El campamento militar que hay cerca de Banshee está apunto de trasladarse y llevarse consigo los millones y millones traídos de las giras en Irak y Afganistán. Es una locura de misión, pero cuándo eso ha frenado a Lucas, Job, Carrie y el ya considerado nuevo miembro Sugar. Los planes y preparativos son de lo más variado, y el robo resulta espectacular en la línea de la serie: una exageración casi en plan cómic. Pero no queda ahí la cosa, porque las repercusiones no tardan en llegar, regalando otros tantos capítulos de infarto donde no se ve salida para nuestros protagonistas. Aprovechan aquí para meter algunos flashbacks, como hicieron en las otras temporadas, pero esta vez son mucho más certeros a la hora de describir a los personajes y resultar entretenidos. Todo esto acaba con el clásico golpe de efecto final de un compañero secuestrado, para levantar la expectación de cara a la próxima etapa y exprimir un poco más la aventura.

En otro plano está Kai Proctor, con el que ya sabemos que irán postergando el enfrentamiento final con la policía, o más concretamente con Lucas, hasta probablemente el final de la serie. Pero por ahora siguen manejando muy bien la dinámica entre ellos: intrigas, roces, peleas puntuales… No, no podemos quejarnos de que lo mantengan en suspenso de mala manera. Y de nuevo salta a primer plano la posibilidad de que la enemistad se convierta en una relación laboral inquietante entre Kai y Lucas. Además su propia sección ha cobrado interés, tanto en lo personal (los líos con los padres) como en los tratos con el crimen, donde Rebecca en sus ansias de crecer la caga a lo grande y acaban teniendo una guerra contra otras mafias. Además esta parte da para que Lili Simmons demuestre que no está ahí sólo por el físico. Y no me olvido de destacar al guardaespaldas Clay Burton, inquietante y letal y quien que nos regala la mejor escena de la temporada y una de las más grandes del año televisivo: la pelea con la india Nola es un vacile visual sin igual que te dejará flipando.

Entre todas estas historias los personajes avanzan muy bien. La caída al abismo de Brook, los líos de confianza entre todos los policías, los problemas para asimilar tanta violencia, los intentos de Ava y Gordon por rehacer sus vidas, el rumbo desbocado de Deva (genial cuando Lucas hace más de mentor en los robos que de padre)… Hay muertes trágicas, tramas paralelas interesantes (Brook y su ex) y nuevos secundarios muy atractivos, como el indio metido a policía, o realmente deslumbrantes, como ese nazi, Kurt Bunker, que arrasa de forma espectacular en el poco tiempo que aparece: qué carisma, qué historia más prometedora, qué papelón hace Tom Pelphrey (y aquí se nota otra vez que el actor principal, Antony Star, va algo justito). El año que viene espero que lo expriman bien, porque supongo que se centrará por fin en los nazis.

Cómo no, la puesta en escena es impresionante y sin duda tiene detrás un trabajo largo y complicado. La planificación y el rodaje de tiroteos y peleas a puños, todas muy rebuscadas, tienen que suponer un quebradero de cabeza, sobre todo a la hora del montaje. Cabe destacar la incomparable lucha del guardaespaldas con la india, un ejercicio de coreografía y edición soberbio. Pero en líneas generales la serie es visualmente una gozada, con una fotografía fantástica llena de planos muy elaborados y un ritmo narrativo encomiable. Hay que citar también el extraño enredo en el asalto al campamento militar, narrado a través de cámaras: es un poco excesivo (en la onda de la serie, eso sí), pero bastante efectivo. Sólo una pega le puedo poner, y es que en tan excelente conjunto no se entiende esa chapuza que han hecho cuando los protagonistas montan en moto: una cutrísima pantalla de fondo. Desentona tanto que casi parece un chiste.

Banshee no sólo vuelve a recuperar el tono tras esa irregular y por momentos aburrida segunda temporada, sino que crece hasta meterse en la primera división, donde no esperaba que ni pretendiera llegar dado su tono de divertimento intrascendente. Es evidente que su estilo de acción desenfadada, descacharrante e histriónica sigue sin ser apta para todos los públicos, pero precisamente esas formas tan características combinadas con la alta calidad que está alcanzando quizá logren convertirla en una serie de culto.

Ver también:
Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
-> Temporada 3 (2015)
Temporada 4 y final (2016)