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ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 1

Netflix | 2013
Drama, comedia | 13 ep. de 50-60 min.
Productores ejecutivos: Jenji Kohan.
Intérpretes: Taylor Schilling, Uzo Abuda, Danielle Brooks, Michael Harney, Natasha Lyone, Taryn Manning, Kate Mulgrew, Jason Biggs, Laverne Cox, Catherine Curtin, Lea DeLaria, Beth Fowler, Germar Terrell Gardner, Joel Marsh Garland, Annie Golden, Viky Jeudy, Selenis Leyva, Matt McGorry, Adrienne C. Moore, Matt Peters, Dascha Polanco, Alysia Reiner, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Yael Stone, Lorraine Toussaint, Samira Wiley, Laura Prepon, Jackie Cruz, Maria Dizzia, Lolita Foster, Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Julie Lake, Emma Myles, Dale Soules, Lin Tucci, Laura Gómez, Barbara Rosenblat, Constance Shulman, Pablo Schreiber, Lauren Lapkus, Michael Chernus, Maria Dizzia, Matt McGorry.
Valoración:

A sus treinta y pocos años Piper Kerman (en la foto) parecía una mujer normal. Blanca de clase media-alta, familia llena de titulados en la universidad, prometida a su novio… Pero resulta que años antes, decidida a disfrutar de la vida al acabar los estudios, tuvo un romance con una mujer que se dedicaba al narcotráfico. Cuando aquella fue detenida acabó arrastrada a la cárcel también, por colaborar llevando dinero, con una condena de 15 meses. Como no es un viaje muy habitual dado su estatus social, sus amigos y familiares se interesaron mucho por sus vivencias, con lo que acabó escribiendo un libro, Orange Is the New Black: My Year in a Women’s Prison (Naranja es el nuevo negro: mi año en una prisión para mujeres), de ahí saltó a a dar charlas sobre los derechos de las mujeres encarceladas, y finalmente su historia ha acabado en televisión. Jenji Kohan tomó las riendas de un proyecto que se ajustaba mucho a su experiencia, pues Weeds era otra dramedia centrada en una mujer en apariencia normal que acaba dedicándose a las drogas. La serie se produjo para Netflix, y resultó un éxito inmediato: fue la más vista en la por ahora corta historia de este canal de video bajo demanda (te suscribes y ves lo que quieres cuando quieres por internet), superando a House of Cards a pesar de no tener publicidad ni un reparto famoso ni inicialmente el beneplácito de la crítica, que suele inclinarse demasiado por las modas.

Hasta Orange Is the New Black no me había parado a pensar que no hemos visto ni en cine ni en televisión producciones llamativas que muestren la vida en las cárceles de mujeres. Es un género dominado por hombres, con las míticas Cadena perpetua (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994) y Oz (Tom Fontana, 1997) a la cabeza. Pero cuando ha llegado esta serie de repente me he dado cuenta de cuánto se echaba en falta el punto de vista femenino, vacío que llena de forma que será difícil encontrar otra producción que le haga sombra, porque apunta muy alto. Esta perspectiva expone tanto la forma en que las mujeres ven el mundo como los problemas relacionados con el género (abusos desde la parte masculina, principalmente) a través de historias muy realistas y llenas de detalles cotidianos. No falla tampoco en el análisis social y la crítica al sistema, pues saca a relucir la inmundicia de las cárceles estadounidenses y las carencias enormes del Estado y la sociedad a la hora de reconducir a los delincuentes. Como en Oz, queda claro que las prisiones son un almacén para olvidar a gente descarriada, que el gobierno no pone esfuerzo monetario y humano para arreglar las cosas y el pueblo está adormecido y no mueve un dedo para cambiar la situación. Sobre la influencia de Oz es difícil saber cuánto debe a ella y cuánto es casualidad por temática; tienen en común el tono realista, la crítica al sistema y mostrar mediante flashbacks qué hicieron las presas, entre otras cosas.

La serie ha acertado de pleno en dos formas de narración muy populares en esta era dorada de la televisión. La dramedia, es decir, comedia más drama, permite ofrecer una perspectiva de drama real pero con un tono de aventura distendida. La sonrisa es constante en cada episodio y da para carcajadas en no pocas ocasiones, y el drama es ligero pero no por ello superficial, de hecho la complejidad y profundad de todas las historias narradas es enorme, pero nunca llega a resultar un relato oscuro o duro, siempre tiene un punto socarrón y prima la aventura realista y pragmática sobre la tragedia humana.

El otro punto destacable es no mostrar buenos y malos muy marcados, sino tener protagonistas grises que pueden tanto cometer atrocidades como dar lo mejor de sí mismos. Ni las internas más peligrosas ni los guardas más duros hacen la función de villanos, es decir, de enemigos para las protagonistas y roles que odiar por el espectador, sino que son otro ejemplo de cómo la sociedad y las circunstancias y nuestras limitaciones nos moldean y nos pueden llevar a actuar desviándonos de la ética. Así, los guardias no son puestos como hijos de puta sádicos sin más, sino como seres tan falibles como los demás personajes. Cuando Healy (el más representativo en esta etapa) manda a aislamiento o maltrata psicológicamente a Chapman no se siente asco y ganas de que se vengue de él, sino indignación porque el sistema permita esa situación y lástima porque él no ha sido capaz de manejar sus problemas mejor y lo ha pagado con alguien más o menos inocente.

También ha sido muy inteligente mantener un reparto coral, no centrar el protagonismo exclusivamente en Piper Chapman (álter ego de Piper Kerman), algo esperable dado el material de origen. Su punto de vista es el principal, y como personaje central resulta memorable, pero el repertorio de secundarios es delicioso y el protagonismo está muy repartido. Todas las presas, desde la más loca a la más tranquila, tienen una personalidad definida a la perfección desde su primera aparición, y aunque por ahora no haya habido una gran evolución de personajes (exceptuando a Piper), poco a poco las relaciones y formas de ser van respondiendo a todos los eventos que van sucediendo en las numerosas tramas principales y secundarias. Es imposible no implicarse con las simpáticas Lorna y Nicky, seguir con interés la fachada de dura de Red, flipar con los tropiezos de guardas como Pornomostacho o Healy y disfrutar con los líos entre grupos (latinas, negras, blancas rednecks -paletas sureñas-).

Es difícil destacar a alguna actriz secundaria, todas son bastante desconocidas pero cumplen de maravilla mimetizándose completamente en sus personajes. La más reconocible y relevante es quien interpreta a la exnovia de Chapman (la traficante de drogas Alex Vause), Laura Prepon, quien fuera la pelirroja de Aquellos maravillosos 70, una comedia sencilla pero con bastante buen reconocimiento. Los hombres, más escasos, también cumplen (Michael Harney como Healy está soberbio), pero en este lado está el único punto negativo de la serie: el novio de Piper supone el único actor mal elegido. De verdad no sé cómo se coló en tan cuidado casting un manta como Jason Biggs (saga American Pie…), quien desaprovecha un buen personaje con su nula expresividad (se supone que está sufriendo la situación, pero su interpretación no lo refleja) y la ausencia total de química con Taylor Schilling (Piper).

Pero incluso en este rico panorama el rol principal, Piper Chapman, destaca resultando un personaje que sin duda va a hacer época. Siendo blanca, rubia, con estudios universitarios y bastante culta (las referencias a la cultura pop abundan, por cierto) da mucho la nota incluso en una prisión de mínima seguridad, y pronto su personalidad narcisista y victimista le hará pasar por varios encontronazos. Pero esa propia inteligencia y educación completa le permitirá adaptarse rápidamente y contar con ciertas ventajas. El choque de culturas y la extraordinaria situación que vive se exponen magistralmente en el episodio piloto, un capítulo memorable que atrapa por completo para el resto de la temporada. El proceso de adaptación es riquísimo en vivencias e interés, y en el tramo final empieza a plantar cara, a volverse más dura.

La interpretación de Taylor Schilling (dada a conocer en el poco exitoso drama de hospital Mercy) es la que necesitaba este rol: está plenamente sumergida en Chapman, consiguiendo un personaje fascinante desde el primer instante. Sus miedos quedan expuestos con una sola mirada, y el proceso de adaptación y superación va mostrándolo con gran habilidad. Junto a la otra gran mujer del año, Tatiana Maslany (Orphan Black), supuso toda una revelación y uno de los mejores papeles de las últimas temporadas televisivas, llegando ambas a recibir nominaciones a los Globos de Oro a pesar de que la crítica pasó bastante de sus series en favor de las más cercanas a las academias de premios. Aunque luego hicieron el ridículo dándoselo a Robin Wright por House of Cards en vez de a uno de estos dos portentos. Es una vergüenza que poco a poco el boca a boca va poniendo en su sitio: Orange Is the New Black fue probablemente la mejor serie del año y Taylor Schilling merece todas las alabanzas que se te puedan ocurrir.

Ver también:
-> Temporada 1 (2013)
Temporada 2 (2014)
Temporada 3 (2015)
Temporada 4 (2016)
Temporada 5 (2017)
Temporada 6 (2018)
Temporada 7 y final (2019)

DOWNTON ABBEY – TEMPORADA 4

ITV | 2013
Drama | 9 ep. de 49-93 min.
Productores ejecutivos: Julian Fellowes, Gareth Neame, Rebecca Eaton.
Intérpretes: Hugh Bonneville, Laura Carmichel, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Joanne Froggatt, Robb James-Collier, Elizabeth McGovern, Maggie Smith, Allen Leech, Jim Carter, Phyllis Logan, Sophie McShera, Lesley Nicol, Penelope Wilton, Kevin Doyle, Matt Milne.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describdo a fondo la trayectoria de los personajes.–

Como viene sucediendo, cada nuevo año pierde algo de energía respecto al anterior, y empiezo a preguntarme si no sería mejor ponerle fin antes de que la caída sea demasiado acusada. Esta cuarta temporada deja entrever aún más los problemillas que son patentes desde la segunda sesión: pérdida de fuerza en las tramas principales, estiramiento de las historias secundarias, personajes que poco evolucionan y quedan estancados. Pero también siguen brillando sus puntos fuertes: el ritmo excelente es capaz de disimular que no hay mucho contenido detrás, las decenas de personajes muy bien dibujados resultan encantadores, las mil y una historias del día a día siguen siendo interesantes, la excelente puesta en escena le da un aspecto muy hermoso…

Entre las tramas más largas es Edith quien más protagonismo gana. El extraño romance con el editor, la desaparición de este, el embarazo y las dudas sobre si aborta o no son bastante clásicos pero también esperables, que esto es un drama de líos familiares, y funcionan bastante bien, sobre todo a la hora de darle vidilla a la chica, que siempre quedaba muy descolgada. Cierto es que quizá se estira demasiado o va demasiado despacio, pero tiene buenos momentos, como cuando la abuela se mete en el fregado y está sorprendentemente educada y dando buenos consejos. Otra jugosa historia es la de la violación de Anna, con secuelas bien trabajadas y con el temor constante a que Bates hiciera alguna locura… como finalmente hace; el si se descubriría el pastel es tema recurrente en el tramo final del año, y el posicionamiento moral de varios personajes (Mrs. Hughes a la cabeza) entra en juego: ¿dónde están los límites entre la justicia y la venganza?

Después de perder al marido, la vida de Mary no toma un camino trágico, quizá por suerte, porque podría parecer que se ceban con el personaje. Su rechazo a pasar página dura bastante y permite jugar mucho con su cabezonería, y la presencia constante de dos nuevos candidatos a esposo también da muchas vueltas, siendo estas de desigual interés: como Edith, necesita algo de renovación, porque a la larga se nota que estiran la trama. Mi parte favorita vuelve a ser el contraste entre los estratos sociales que se ofrece a través del ascenso del chófer, Tom Branson, que no termina de encontrar su lugar en el mundo. En el último episodio, el especial navideño, hacen otra interesante comparativa, Inglaterra contra Estados Unidos, que resulta también muy lograda. Por cierto, el personaje de Paul Giamatti pide a gritos un lugar fijo en la serie. En cuanto al padre de familia, su línea es sencilla este año: sigue con los líos de las tierras y poco más. Branson y Mary al menos aportan algo de conflicto a sus ideas obsoletas, y con ello seguimos viendo como llegan los cambios a la aristocracia.

En las historias secundarias las más remarcables son las siguientes. Al principio de temporada el pasado de Carson vuelve para acosarle, mostrando que el personaje tuvo una vida antes de la mansión. Molesley lo pasa mal buscando un nuevo empleo, y Carson no se lo pone fácil. Una de mis favoritas ha sido la prima Lady Rose y sus ganas de fiesta, y la que lía cuando se enrolla con un cantante negro, un shock demasiado grande para la conservadora familia. Y por supuesto no fallan los líos de las abuelas, siempre picadas entre ellas y siempre arrastrando sus propias obsesiones; las frases de Violet como siempre resultan punzantes y tronchantes. Pero también hay algunas secciones que dejan malas sensaciones. Con Thomas es evidente que los guionistas no saben qué hacer; no se atrevieron a sacarlo del armario, dejando el asunto de la homosexualidad en eterno suspenso; que sea un cabrón resulta muy repetitivo si no ahondas en sus motivaciones; y en definitiva lo tienen ahí un tanto aparcado. Y finalmente los líos de Alfred con la joven Daisy y con lo de que si se va o no se va a estudiar para cocinero resultan harto cansinos.

En líneas generales Dowton Abbey no ha perdido tanto como para hablar de un mal año, pero ya está lejos de la calidad inicial y si no cambia, al ritmo que va, la siguiente temporada sí será decepcionante. Ahora mismo es un correcto entretenimiento, pero incapaz de conmover y asombrar como en sus mejores momentos. Necesita muchísimo una o dos tramas principales jugosas (no sensacionalistas a ser posible) que marquen un rumbo más claro y llamativo, así como renovar algunas de las historia secundarias, que se están apalancando. La realización sigue siendo sublime (imposible no señalar la fantástica fotografía y el vestuario) y el reparto está muy bien asentado en sus papeles, pero sin historias donde lucirse no destaca como podría.

Ver también:
Temporada 1 (2010)
Temporada 2 (2011)
Temporada 3 (2012)
-> Temporada 4 (2013)
Temporada 5 (2014)
Temporada 6 y final (2015)

HOMELAND – TEMPORADA 3

Showtime | 2013
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 46-63 min.
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
-> Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2014)
Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)
Temporada 7 (2018)
Temporada 8 y final (2020)

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 4, PARTE 1

AMC | 2013
Drama, zombis | 8 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Scott M. Glimpe, Greg Nicotero, Gale Anne Hurd, David Alpert.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Scott Wilson, Chad L. Coleman, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lawrence Gillard, David Morrissey, Alanna Masterson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Cito las tramas y muertes importantes de estos ocho capítulos.–

El primer arco importante de la temporada es la enfermedad que asola la prisión donde tan seguros se sentían los protagonistas. La idea en si no es muy prometedora, y de hecho no da en sí misma una gran historia, pues aunque sea una serie donde puede morir cualquiera no hay mucha sensación de peligro. La trama es una excusa para lanzar otras aventuras, para meter acción y mover personajes. El caos que surge cuando los muertos se levantan en las celdas da un buen espectáculo, y el viaje de un grupo en busca de medicamentos vuelve a meternos en el género de la supervivencia zombi de forma bastante eficaz. Lo único algo forzado es el poco empeño que parecen poner en limpiar de zombis las verjas, y eso que temen mucho que terminen cediendo; además, cuando ocurre vemos que incluso un niño con metralleta es capaz de repeler la horda. Por suerte, en las demás escenas los zombis sí causan la impresión esperada: el asalto al supermercado es impresionante, la horda enorme con que se topa la expedición acojona, y otras pequeñas historias y problemas salpican el relato aquí y allá con bastante acierto.

Resulta sin duda un tramo no especialmente trascendente, pues no se abordan grandes temas y dilemas, pero el ritmo no da respiro y los personajes sufren de lo lindo, con lo que resulta entretenidísimo. El misterio de quién mata a dos infectados en secreto para intentar evitar la propagación siembra además la sombra de la locura entre los personajes. La resolución de esta trama es magnífica: Rick, que había madurado dejando la toma de decisiones en un consejo más o menos democrático, tiene la cabeza despejada y actúa con determinación contra su nueva política: no puede sacar a la luz la decisión de Carol, el precio a pagar puede ser la destrucción del grupo. El exilio para ella es la opción que le impone. Muy bien se trabaja también la respuesta de Daryl: sufre, pero lo acepta, pues también ha crecido mucho como persona.

El segundo arco del año es la reaparición del Gobernador. Los guionistas se arriesgan mucho con esta parte, y salen muy bien parados. Reservar dos capítulos de ocho a mostrarnos el viaje redentor de un personaje secundario parece un suicidio artístico, pero funciona de maravilla. El Gobernador es un personaje enorme, y la historia en que lo sumergen resulta fantástica. Caído en desgracia, habiendo perdido todo lo que quería y sin meta en la vida, deambula hasta que el destino le pone delante una oportunidad de renacer. Lo hace, y se llega a sentir empatía por él e incluso a perdonar sus enormes pecados anteriores, tan fascinante es el personaje. Pero los guionistas van de cabrones también, y mueven las circunstancias de forma que el mal emerge de nuevo. Vuelve a convertirse en un dictador vengativo, abandona inconscientemente a sus seres queridos buscando la revancha más irracional.

El capítulo final es estupendo, probablemente el mejor de la serie (y el primero de la temporada es muy bueno también). Inquietante y tenso, espeluznante a ratos, trágico cuando cae Hershel (aunque sea de forma previsible) y espectacular cuando la batalla empieza. La única pega es que la resolución del conflicto cojea un poco: el grupo atacante tenía todas las de ganar y pierde no se sabe cómo, la muerte del Gobernador es demasiado peliculera, y la desaparición del bebé (está clarísimo que alguien lo ha cogido, si no hubiéramos visto el hecho) es demasiado sensacionalista.

Hay quien dice que si el Gobernador iba a terminar como en la tercera temporada se podrían haber ahorrado todos estos capítulos y matarlo allí… Se ve que hay quien se queda en la superficie, quien no entiende nada de lo que está viendo. Entonces no habríamos asistido a esta excelente evolución paralela de Rick y el Gobernador, de la supervivencia en plan dictadura contra la sabiduría de dejar paso a la democracia, que ha sido tema central de la serie casi desde el principio. Ni hubiéramos visto el logradísimo y emotivo viaje interior del Gobernador, donde se muestra como los humanos somos capaces de lo mejor y lo peor según las circunstancias, y como a veces estas nos superan y perdemos todo rastro de humanidad.

La temporada apunta maneras con esta primera parte tan completa. Le ha faltado algo de contenido en cuanto a los muchos temas con enjundia que se pueden sacar del género, pero se oculta bastante bien porque en lo relativo a la aventura de supervivencia la acción es constante y la evolución de personajes ha estado francamente bien. El recuerdo nefasto de aquella casi insoportable segunda temporada está cada vez más lejos.

Ver también:
Episodio piloto (2010)
Temporada 1 (2010)
Temporada 2, parte 1 (2011)
Temporada 2, parte 2 (2012)
Temporada 3, parte 1 (2012)
Temporada 3, parte 2 (2013)
-> Temporada 4, parte 1 (2013)
Temporada 4, parte 2 (2014)
Temporada 5, parte 1 (2014)
Temporada 5, parte 2 (2015)
Temporada 6, parte 1 (2015)
Temporada 6, parte 2 (2013)
Temporada 7, parte 1 (2016)
Temporada 7, parte 2 (2017)

BREAKING BAD – TEMPORADA 5, PARTE 2 Y FINAL

AMC | 2013
Drama, suspense | 8 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Steven Michael Quezada, Laura Fraser, Jesse Plemons.
Valoración:

Alerta de spoilers: Siendo la temporada final es imposible no analizarla a fondo revelando todo lo que ocurre en ella.–

LA TEMPORADA

Hacer dos temporadas de ocho episodios cada una (dieciséis en dos bloques en vez un año de trece) fue una estrategia obligada por la cadena AMC, que no quería desaprovechar el éxito de la serie en una sola tanda de episodios, pues rodar con más tranquilidad reduciría gastos y tener audiencia y premios dos años y durante más capítulos exprimiría el éxito. Nos han mareado de lo lindo a los espectadores con esta estrategia (la temporada 5 está editada en dvd, pero ahora resulta que hay otra temporada 5), y en muchos sitios se refieren a ella como temporada 6, que es lo que es (rodaje y estreno un año después, es sí o sí otra temporada), pero seguiré la designación oficial porque los sitios más importantes (imdb.com y semejantes) la usan, para no complicarlo más.

Eso sí, por suerte la cadena no impuso una disparatada opción que se presentó por sorpresa: el poderoso productor Jeffrey Katzenberg (presidente de Dreamworks) se enganchó a la serie y, creyéndose el rey del mundo (como muchos de su gremio), ofreció 75 millones de dólares (más de lo que cuesta una temporada entera de la superproducción Juego de tronos) para que realizaran aunque fueran tres capítulos más; además pretendía que se emitieran en extractos de seis minutos y cobrar por ellos para recuperar con creces la inversión. Menos mal que nadie se vendió al dinero en esta ocasión.

Vince Gilligan resolvió la quinta temporada parte 1 como pudo: se notaba que tenía bastante relleno, pero no decayó el nivel como para poner el grito en el cielo. Y se guardó todo lo bueno para el arco final, que resulta memorable, el mejor año de la serie justo cuando más difícil lo tenía y más se esperaba de ella. No se acobarda tirando por algo facilón y blando, ni se le va la pinza con el sensacionalismo barato al que muchos se inclinan para tratar de dar un cierre a lo grande, y desde luego no pierde el control sobre su criatura, sabe perfectamente hacia dónde llevarla y cómo debe hacerlo. Como en sus mejores momentos, la serie es arriesgada pero consecuente con todo lo que narra (nada de giros tramposos que luego se deshacen como si nada), y avanza con firmeza en direcciones más o menos impredecibles pero bien planificadas y teniendo siempre en cuenta que, a pesar ofrecer bastante acción y una narrativa que maneja los ritmos y emociones de forma muy visual, son los personajes los verdaderos y únicos protagonistas.

Nos encontramos, por dividir la crítica en elementos claros, ante las siguientes tramas. Una es el enfrentamiento con Hank, que no por obvio y esperado resulta menos trascendente e impactante. Otra es qué rol jugaría Jesse en esta guerra, que se presentaba como la gran incógnita del año. Otra es el conflicto familiar en el que se halla inmerso Walter, abocado a acabar mal pasara lo que pasara. Y finalmente podríamos citar como otra historia esencial el destino de Heisenberg, el cómo el rey de la droga que se esconde tras Walter White acabaría al finalizar la serie, arco que se presentaba también bastante impredecible. En todas estas secciones el año ha resultado sobresaliente, o como poco, simplemente perfecto. Solo tiene un par de claroscuros, pero no graves como para afear una sesión sobresaliente, digna de citar entre las mejores últimas temporadas de la historia.

Empiezo por lo único un tanto insatisfactorio a lo largo del desarrollo del año (los detalles sobre el capítulo final los comento luego). La empresaria Lydia no me termina de convencer. No me parece un rol con verosimilitud suficiente, ni su historia me resulta realmente llamativa o necesaria en el conjunto. Parece que querían un nuevo villano o contrincante para Heisenberg, pero entre que nace de tramas muy exageradas en la temporada anterior (todo el lío con ella y el asesinato increíble de no sé cuántos sicarios en diversas cárceles fue excesivo), que es una pija demasiado improbable en ese mundo y que su sección queda por lo general un poco descolgada, siempre he tenido la impresión de que el personaje no salió del todo bien.

El resto de lo que surge en ausencia de Heisenberg funciona de maravilla. Los nazis paletos que contrató Walter en sus crímenes han visto el potencial de su droga ahora que se ha retirado, y el chaval Todd, que trabajó Walter y Jesse un tiempo, intenta alcanzar su nivel sin lograrlo. Con la presión de conseguir un producto de la calidad esperada terminan secuestrando a Jesse. Este no tenía suficiente con su miserable vida, y ahora lo esclavizan. El dolor de ver sufriendo tanto a un personaje tan querido es palpable en cada instante, ya incluso desde antes del rapto. Su personalidad estaba casi completamente destruida tanto por el daño que causa el mundo de las drogas (desde el consumo a la violencia) como por el desgaste psicológico que sufrió al lado de Walter. Solamente quiere separarse de semejante monstruo, pero de vez en cuando cae en su maldita órbita. Imposible confiar en él, imposible creer una sola palabra de quien sólo suelta mentiras y manipula sin parar para lograr sus objetivos. Uno de los momentos más impresionantes y duros es cuando Walter le indica que es su familia y haría cualquier cosa por él, pero aun así vemos que lo intenta traer hacia su lado con engaños sutiles. Una vez encadenado, sólo quedaba esperar qué destino deparaban los guionistas para el pobre desgraciado.

El enfrentamiento con Hank, íntimamente relacionado con el lío familiar, es el plato fuerte de la temporada, y en todo momento está a la altura, de hecho está a un nivel sublime. Los primeros pasos del descubrimiento son desgarradores para Hank y Marie, y los guionistas no escatiman en lágrimas, dolor, frustración… Se vive con estos dos personajes todo lo que significaría descubrir que tus seres queridos son en realidad monstruos despiadados, criminales de la peor calaña que te han mentido durante años y te han puesto en grave peligro constantemente. El proceso de respuesta de Hank a la situación era complicadísimo, pero Gilligan lo escribe sin fallar en ninguna coma del guion. Marie cobra una fuerza y determinación que el hundido Hank tarda en recuperar, de hecho es admirable lo que ha crecido ella, cuando en los primeros años me resultaba una secundaria bastante simplona. Cuando Hank intenta pensar, las decisiones son todas demasiado difíciles y traen demasiadas consecuencias difíciles de controlar y sin duda cargadas de más dolor. La opción más lógica y ética, recurrir a la DEA, llega en su momento justo, cuando la pareja ha recorrido todo el tétrico proceso que provoca esta situación. Pero el hábil Gilligan nos da en la cara con otro sorpresón: el video de Walter no es una declaración de culpabilidad, sino un chantaje que impide a Hank moverse como esperaba.

En la familia directa, la reacción de Skyler también sigue un camino realista pero no por ello menos espectacular. Su mundo, ya de por si inestable, se empieza a derrumbar. La escena en que repite “¿Estoy detenida?” a Hank cuando él le revela que lo sabe, es demoledora. Y ella, como antes, no ve más opción que aferrarse a Walter, porque si no su familia será destruida.

A partir de cierto momento se ve como algo inevitable la caída de Hank, pero como decía, no por evidente es menos intensa y trascendente. Todo el jaleo que se monta con los barriles de dinero es brutal, y la muerte de Hank en el tiroteo resulta tremendamente impactante. Además Gilligan llena de simbolismo estas escenas: todo ocurre en el lugar del desierto donde Walter y Jesse cocinaron por primera vez en la caravana. El Walter oscuro, Heisenberg, nace y muere ahí, pues con el asesinato de Hank y el secuestro de Jesse ha fallado por completo en el único límite que se ponía: proteger a su familia. Cuando Skyler y Junior descubren lo que ha hecho, ya no hay mentiras, ni fantasías, ni esperanzas que puedan sostener una vida al lado de esa abominación. La escena en que lo rechazan, que acaba en pelea, es de las más grandes de la serie: el corazón en un puño, los brazos aferrados al asiento, la respiración contenida esperando que la mayor tragedia que ha vivido la familia no empeore mientras los golpes vuelan, los cuchillos apuntan (qué grito ahogué cuando parecía que alguien terminaría herido o muerto), los corazones se rompen y los lazos familiares se resquebrajan por completo. A Walter no le queda otra que huir.

No me olvido del apreciado secundario Saul Goodman, el abogado nervioso, ni de su guardaespaldas Huell, dos roles más sencillos pero también muy atractivos y cruciales en momentos clave. Hay que citar como excelentes detalles el momento en que el gordo Huell realiza otro sutil robo en el bolsillo de Jesse y la posterior secuencia en que Jesse, esperando el coche del tipo que le dará una nueva vida, de repente se da cuenta del asunto, le llega un momento de revelación y decide quedarse.

Tras un descanso, tras meditar aislado de todo en una cabaña perdida, Walter planea su retorno. En realidad está claro que iba a hacerlo sí o sí, pues él no se da por vencido, pero hasta que no se tranquiliza y le llega una buena idea (al ver a los amigos millonarios en la televisión) no sabía cómo hacerlo. El episodio final se inicia con el único instante en que el azar o la providencia salva al inteligente y minucioso Walter y le permite iniciar su plan redentor: la escena de las llaves cayendo del parasol es otra que consigue que aguantes la respiración durante varios minutos.

EL EPISODIO FINAL

El último capítulo, por su condición de final, obliga y limita algunas cosas, y por ello no es tan espectacular como los momentos más intensos, los grandes giros y locuras que ha dado la temporada y la serie en general. Resulta sin duda un excelente desenlace, ligeramente predecible en algunos aspectos porque el flujo lógico de acontecimientos se puede ver venir en cuanto asientan la línea narrativa que lleva a él, pero muy perdonable porque prima la coherencia y el darle una última puntada a los personajes sobre el efectismo sensacionalista. Así, quienes esperaban lo más de lo más en espectacularidad han quedado defraudados. Es lo que pasa cuando las expectativas se basan en lo más grande que puedes soñar, en vez de disfrutar del relato que se te ofrece tal y como es, sin señalarle faltas que no ha cometido. De todas formas, un par de detalles sin duda discutibles se pueden señalar.

Walter se redime por los pelos en los últimos instantes, únicamente gracias a que ha ganado un poco de autoestima en algunos de sus objetivos: el sustento de su familia y la liberación de Jesse, también considerado familia. Obligando a sus examigos triunfadores y multimillonarios Walter fuerza que Skyler y Junior acepten su dinero sin saber que viene de él, pues sino no lo querrían. Pone así un parche al rechazo y odio de su hijo, y afianza la justificación a la que se aferró durante mucho tiempo para mantener su imperio de la droga. En cuanto a Jesse, el rescate es lo único que puede hacer para reconciliarse algo con él: devolverle la vida y la libertad. También juega un papel fundamental el aceptar el camino que ha andado: seguramente porque es obvio que el perdón de sus seres queridos no puede alcanzarlo de ninguna manera, admite ante su mujer, en otra escena inolvidable, que todo lo que hizo fue por gusto, porque se sentía vivo, porque daba rienda suelta a su ego y se sentía realizado y superior. ¿Sin estas pequeñas victorias Walter habría terminado tan en paz como acaba? Yo tengo claro que no. Ahí estuvo Gilligan muy hábil: había poquísimos eventos en el mundo que pudieran sobreponerse a Heisenberg y traer de vuelta a White; por poco el guionista no se ata de manos y pies de forma que no hubiera podido escribir este final de forma creíble.

En cuanto a los aspectos criticables, son dos detalles importantes que se han comentado mucho entre los seguidores. Primero está la única concesión poética facilona que cuela el guionista en una serie que nunca ha sido de esas características. El plan de Walter para salvar a Jesse está demasiado improvisado y le sale demasiado bien, y queda todavía más forzado que mueran todos los objetivos tan rápidamente… menos los que tienen que hacerlo a manos de los protagonistas en un previsible y sensacionalista momento de venganza y liberación. También es muy evidente el recurso de la bala que alcanza a Walter, que le deja vivir el tiempo justo para redimirse ante Jesse y morir de la forma más perfecta posible. La idea subyacente a la escena, forjar la leyenda de Heisenberg como el rey de la droga (pues cae en el laboratorio donde Jesse fabricaba su producto), sí funciona a la hora de rematar la mitología del personaje y de la serie, pero es inevitable pensar que habría bastantes formas menos forzadas, más verosímiles, para llegar al mismo objetivo. También se puede argumentar que ambas secuencias simplifican tramas e ideas complejas y las centra en pocos minutos, que sirven como catalizadores del destino de los personajes de forma bastante eficaz. Así pues, queda en manos de cada espectador disfrutar más o menos de las escenas finales. En lo que a mí respecta, el rescate y la muerte de los enemigos sí me parece un tanto facilón y tramposo, pero la caída de Walter tiene fuerza de sobra para justificar cómo se produce.

El segundo punto negativo es que no queda nada claro cómo cuela Walter el sobre de veneno para Lydia. No le hace un cambio en plan trilero, porque ella no lo suelta, así que estaba ya en la mesa. ¿Adivina la mesa (juraría que no es donde ella se sienta casi siempre), o lo pone en varias, arriesgándose a que cualquiera se lo tome? Resulta un poco confuso y forzado cuando algo tan importante debería queda bien claro y creíble, y en este caso no encuentro justificación alguna, con lo que lo considero un fallo notable en un momento crucial.

Enfrentarse al final de una serie tan compleja era muy difícil, y Vince Gilligan ha estado a la altura. La trama final está muy bien expuesta, y aunque tenga esos dos deslices citados se usa muy sabiamente para llevar a los personajes hacia su destino último, y ese cierre en la vida de los protagonistas ha sido magnífico, emocionante y simbólico hasta resultar inolvidable. Hay que citar por enésima vez la extraordinaria labor de varios actores, como Anna Gunn y Aaron Paul, pero destacando sobre todo al inmenso Bryan Cranston, que ha dado uno de los mejores papeles de la historia de la televisión. También muy remarcable es la labor de los numerosos directores y equipo técnico (fotografía, localizaciones, música…) que han pasado por esta producción tan singular y arriesgada sabiendo estar siempre a la altura con una puesta en escena excelsa.

Para terminar, quiero dejar una reflexión sobre la desmedida recepción de la serie. La gente se ha entusiasmado tanto con la última temporada que la citan como una de las diez mejores series de la historia, y muchos incluso se atreven a decir que es la mejor. Basta pararse a pensar un poco, hacer una lista en plan rápido, para ver que no cabría ni en un top veinte. Quizá se quedaría a las puertas, y sin duda es una producción de enorme calidad y digna de citar como imprescindible, pero hay muchas obras maestras, y Breaking Bad no lo ha sido nunca. Parece que con este gran año final se han olvidado de que las primeras temporadas, aunque muy llamativas, distaban de ser perfectas, no digamos ya sobresalientes. Es una falta de perspectiva nada objetiva. Supongo que el tiempo la pondrá en su lugar.

Ver también:
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
-> Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

COPPER – TEMPORADA 2 Y FINAL.

BBC America | 2013
Suspense, Drama | 10 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos, Sherri Rufh.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente, Donal Logue, Alex Paxton-Beesley, Ron White.
Valoración:

Los elementos que hicieron tan interesante la primera temporada de Copper están ahí, pero en vez de madurar y crecer se han embarullado un poco. Es una pena, porque es constante la sensación de que hay una base sólida que no se aprovecha, un potencial infrautilizado. La química entre personajes, fantástica en ese primer año, se emborrona por algunos fallos. El microcosmos de personajes más o menos se mantiene, pero no va a más a pesar de que hay más capítulos, y algunos secundarios son mejorables. Los casos son menos numerosos y menos atractivos. La trama global funciona pero confluye en un villano que no está a la altura. El ritmo veloz empieza a notarse brusco. Pero también conserva intactas otras tantas de sus virtudes: excelentes protagonistas, ambiente histórico muy conseguido, una equilibrada mezcla de drama, aventura y humor…

Los personajes principales, Corcoran y Morehouse, siguen siendo muy consistentes, de hecho son roles magníficos, de los que enganchan a la primera y da igual en que aventuras los metan con tal de poder verlos desenvolverse (o estrellarse) con su estilo. El primero recuperó a su mujer… pero no es suficiente para llenar su vacío y apaciguar su dolor, pues la traición de ella con Maguire ha minado por completo la relación. Con esa atmósfera, ninguno de los dos puede curarse las heridas, y la cosa degrada rápido. El matrimonio de Morehouse ofrece otra relación muy interesante, donde tanto él como Elizabeth se dedican a placeres inmediatos (sexo y drogas) para eludir abordar la relación de forma normal; de hecho el viaje de ella con las drogas es bastante jugoso.

En los secundarios, la pareja de negros Matthew y Sarah Freeman viviendo sus primeros años en libertad gana fuerza, sobre todo cuando encuentran a la madre. El drama de vivir en tal caos de ciudad y los encontronazos con la libertad y los rescoldos del racismo resultan historias bien trabajadas, aunque se podría decir que a veces están demasiado separadas del tema policial. Sobre la chiquilla que cuida Corcoran, Annie, a pesar de que la joven actriz sigue dando un papel impresionante el personaje parecía que iba a quedarse estancado en “niñata descarriada”, pero sabiamente los guionistas no han estirado sus tramas demasiado… aunque el final parece un poco apresurado, como si se dieran cuenta de que molesta y se la quitaran de encima improvisadamente; nada grave, sin embargo. Eva queda un poco en tierra de nadie, pues toca todas las historias tangencialmente sin verse casi nunca sumergida del todo, pero es un buen personaje y su burdel es escenario de muchos buenos momentos.

Donde empiezan a fallar es en que se diluye uno de los aspectos que más me gustó del primer año, la dinámica del trío de detectives formado por Corcoran, O’Brian y Maguire. O’Brien pierde protagonismo en vez de ganarlo, y aparece menos con Corcoran, con lo que las investigaciones se hacen menos divertidas. Y lo peor, y esto supone el mayor fallo de la temporada, Maguire se pierde en una serie de tramas malogradas. Sigue ahí, sigue siendo el más sucio y pendenciero del grupo, pero el guión lo lleva por caminos inverosímiles y mal ejecutados: la revelación sobre la relación con la mujer de Corcoran fue efectiva, pero la locura de los asesinatos y el juicio que queda en nada se fuerzan demasiado. Aun así, la historia sobre que cae en desgracia ante los ojos de Corcoran y el resto de policías estaba siendo interesante, porque encaminaba al personaje hacia el lado oscuro y se preveía que se convertiría en villano… pero los guionistas se empeñan en traerlo de vuelta forzando un pseudo reset de risa. En qué quedamos, ¿es malo o no, es un superviviente o un hijo de puta? No queda claro nada, solo que parecen apañarlo sobre la marcha y resulta fatal. Al final de la temporada Corcoran y Maguire se abrazan como si nada hubiera pasado, cuando la relación no se ha visto evolucionar hasta el perdón y el retorno de la amistad.

El otro problema importante es Donovan, el nuevo gran secundario de la temporada, interpretado por el veterano Donal Logue (Terriers, Sons of Anarchy, Life). Su posición como nuevo político local funciona, y la transición hacia villano está bien lograda, pero de ahí se va a un catastrófico exceso: termina siendo una caricatura que bebe de todos los clichés de villanos cutres. El final de su trama es muy pobre, con escenas ridículas como la carrera para salvar a la testigo (que parte de la gilipollez de que Maguire la deje sola sabiendo que van a por ella) o el duelo suicida de Corcoran. Y el paso al siguiente villano (encarnado por William Baldwin) queda muy precipitado y confuso. Al menos, por lo general la trama que gira alrededor de Donovan es bastante buena y alcanza a todos los protagonistas de forma que da mucho juego: a Morehouse con los enredos políticos y económicos, a Eva con el interés en el local, a los policías con el reguero de muertos que va dejando…

Decía que los casos pierden fuerza. Sigue habiéndolos, y con ese gran acierto que supone hacer que cada investigación influya en el entorno y los protagonistas, pero si vuelvo la vista atrás lo cierto es que me cuesta recordar alguna historia secundaria realmente llamativa. Al menos pierden a favor de la trama larga, con lo que no llega a ser un problema notable, simplemente se echan de menos las emocionantes aventuras secundarias.

Sobre el ritmo, aparte de suceder las cosas a toda velocidad la serie se caracterizaba también por saltar de evento en evento sin perder el tiempo suavizando transiciones. Resultaba enormemente eficaz a la hora de acelerar tramas, porque no se dejaban huecos ni se veían trampas. Pero ahora sí hay sensación de que va a trompicones, de que se dejan cosas por aclarar. De hecho, el primer capítulo se narra de forma tan caótica que cuesta seguirlo.

El resto de cosas buenas se mantienen, destacando que el entorno trágico y violento de Five Points se describe muy bien tanto por la fantástica recreación visual (los decorados y el vestuario son magníficos, la fotografía e iluminación los captan muy bien) como por los detalles de guión que constantemente salpican el relato. Me gustaría conocer el presupuesto con el que contaban, porque quitando un par de pinturas o fondos digitales todo queda de un nivel impresionante. Eso sí, he echado de menos algo de erotismo en muchas escenas: con qué facilidad muestran sangre pero qué poco sexo enseñan a pesar de que también forma parte de la narración.

No sabía dónde meter la crítica a dos extraños episodios, así que termino con ellos. El del asalto a la comisaría (205, A Morning Song) es una fantasmada del quince que no hay quien se trague: exagerado e inverosímil hasta resultar insultante a la inteligencia del espectador en varios instantes. El otro es el episodio final. Parece que les sobraba un capítulo, y lo apañaron… muy bien. La trama grande del año ha terminado, y aunque el contexto histórico donde se sumerge la serie tiene margen de sobra para muchas aventuras, sin duda era difícil meter un caso extra que no quedara descolgado. Pues los guionistas sorprenden muy gratamente montándose una especie de mini película del Oeste con la búsqueda de los asesinos del presidente Lincoln (obviamente no los encuentran los protagonistas). Esta historia resulta muy interesante (y visualmente bastante lograda: muy bien aprovechados los paisajes) y conecta con la serie de forma genial al suponer una especie de viaje final para los personajes: se enfrentan a los fantasmas de la guerra al pasar por los sitios donde batallaron y la plantación donde Freeman era esclavo.

Por desgracia el epílogo del capítulo lo afea bastante con un cliffhanger burdo, un golpe o giro rebuscado y tramposo de serial barato con el que llamar la atención de cara a la próxima temporada: Eva desaparecida, Corcoran deberá buscarla. Pero resulta que la serie ha sido cancelada, así que se queda todo en el aire. Por suerte, es tan poco interesante la trama que pretenden abrir que no queda del todo como un final abierto: se puede interpretar que el caos sigue siendo el día a día en Five Points, y que los protagonistas han crecido, han cerrado heridas del pasado y se enfrentan al futuro con energías renovadas.

En conjunto lo que queda es una temporada muy entretenida (los protagonistas tienen bastante fuerza, el tono de policíaco adulto se agradece), pero bastante irregular y acompañada por las malas sensaciones que deja que esté algo por debajo del primer año y no sea capaz de explotar el potencial que guarda.

Ver también:
Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 6

HBO | 2013
Drama, comedia, suspense | 10 ep. de 52-59 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
-> Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)