Archivo de la etiqueta: 2013

HOMELAND – TEMPORADA 3

Showtime | 2013
Suspense, drama, acción | 12 ep. de 46-63 min.
Productores ejecutivos: Michael Cuesta, Alex Gansa, Howard Gordon.
Intérpretes: Claire Danes, Damian Lewis, Mandy Patinkin, Morena Baccarin, Morgan Saylor, Rupert Friend, Sarita Choudhury, F. Murray Abraham, Nazanin Boniadi.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo y destripo la temporada al completo.–

La segunda temporada de Homeland, magistral de arriba a abajo y con momentos sublimes, acabó con un golpe de efecto que ponía todo patas arriba y nos dejaba sin idea alguna de cómo podía continuar la historia. La CIA atacada en su sede, Carrie en un limbo laboral y emocional, y sobre todo Brody visto como culpable y a la huida. El tercer año empieza fuerte, sin la trampa de olvidar el golpe de efecto o dejarlo de lado para seguir como si nada, táctica infame que detesto. Los guionistas abrazan con determinación la situación en que se han metido y la llevan hacia adelante, mostrando todas sus consecuencias con habilidad y con conocimiento claro de hacia dónde van. Además, con otro giro sorprendente a mitad de sesión las cosas cambian de nuevo bruscamente. No todo es perfecto, pero sí lo suficiente espectacular como para hablar de otro gran año. Y sumando también la incomprensible polémica que se han empeñado en levantar sobre la nada muchos espectadores, tenemos una temporada que da para escribir muchísimo.

Las implicaciones y ramificaciones que causa el atentado y el descabezamiento de la CIA se tratan con gran realismo, ofreciendo una perspectiva compleja y detallada del asunto, manteniendo muy bien una trama política y de espionaje que ya venía con mucha fuerza del año previo. Saul es el personaje que se come todo este marrón, y lo aguanta de forma fenomenal: se ha convertido prácticamente en el protagonista de la serie. Su lucha por sacar adelante su maltrecho equipo, los envites del senador que pretende ser director de la organización, la presión de los medios, los líos familiares acosándole por detrás y el problema de Carrie mantienen a Saul en constante alerta, estresado, dando el máximo de sí mismo.

Carrie recorre un camino duro y fascinante también. De nuevo vuelve a verse en medio de unos acontecimientos que casi la superan, pero si recae esta vez es por la persecución en la que parece estar envuelta por parte de la CIA y Saul. Nos sumergimos de lleno en sus problemas, cada nuevo paso en su lucha resulta intenso y absorbente… y justo cuando empiezas a preguntarse si saldrá de una vez del hospital, cuando parece que se están excediendo en sus penurias, resulta que es un montaje en el que es colaboradora. El giro no se ve venir, de lo bien que se esconde, y te estampa en la cara la genialidad de los guionistas: todo es parte de un plan de Saul para ponerla en la mira de los enemigos, para intentar sacar a la CIA del hoyo en que se encuentra dando un golpe maestro a la inteligencia iraní.

En cuanto a los secundarios, estos son pocos pero muy interesantes, figuras misteriosas de las que siempre quiero ver más pero aparecen lo justo para complementar a los escasos principales, dejándote con la miel en los labios. Peter Quinn tiene sus propios fantasmas internos que lo llevan a dudar de su lugar en el mundo del espionaje, pero como digo no terminan de darle todo el protagonismo que merece. Dar Adal es aún más frío: sí, se nota una buena dinámica y compañerismo con Saul (y no faltan las breves dudas de lealtad, clásicas del género), pero no sabemos nada de él y no evoluciona hacia nada llamativo. Y este año conocemos a la joven Fara Sherazi, cuya introducción, apareciendo en plena CIA con el pañuelo en la cabeza, es memorable. La chica se hace querer rápidamente, pero siempre queda algo descolgada, y además su labor a veces se exagera: ¿es que nadie más trabaja en la CIA aparte de los personajes con nombre? Por desgracia también pierde mucho protagonismo en el tramo final. El senador, un político conservador estrecho de miras, define bien esa figura habitual del panorama político estadounidense, y resulta odioso pero creíble.

Mientras, no nos olvidamos de que la serie es también un drama, y también de corte realista. La familia de Brody, después de todo lo que ha pasado con el retorno de aquél y la campaña política que puso demasiada atención sobre ellos, da un lógico vuelco con la caída en desgracia del héroe. Ahora se enfrentan al rechazo social más grave imaginable: tu familia albergó al enemigo número uno del país. No me gustó la elipsis del intento de suicidio de Dana (vamos directos a su salida del psiquiátrico), pero luego la acepté, porque lanza con rapidez y eficacia el arco de este año relativo a la chica y por extensión de la familia (aunque es cierto que pasan totalmente de mostrar cómo lleva la situación el hermano). Como es esperable, la familia está destrozada, y Dana en concreto ha llegado a su límite emocional. La única forma de recuperarse es dejar todo eso atrás. Para Jessica seguramente será volver con Mike Faber (no se expone directamente, pero se intuye), quien le dará seguridad como hizo durante la primera ausencia de Brody.

Para Dana el cambio debe ser mayor, porque el simple hecho de estar en esa casa le recuerda la tragedia. Así pues, su intento de huida, que no es más que una ruptura con lo establecido, aunque muy criticado por los espectadores impacientes y que se quedan en la superficie de lo que ven, es imprescindible en la maduración del personaje. Ahí ve que debe independizarse. De ahí a la despedida final con Brody no vuelve a salir mucho, pero tampoco hace falta, han dedicado el tiempo justo y necesario para relatar su trayectoria. Se podría decir que se echa de menos ver las reacciones de la familia ante el retorno de Brody (cuando aparece en televisión desde Teherán), pero sería reincidir en el hecho ya de sobras constatado de que lo odian y rechazan, y viendo que no hay redención de Brody (qué jodidamente cruel es la serie) queda claro que el papel de la familia ha terminado en esta historia.

El nivelazo de los capítulos iniciales, más concretamente los tres primeros, es abrumador, alcanzando el listón de los mejores momentos de la segunda temporada. Te mantienes pegado al asiento constantemente, esperando que en cualquier momento todo se venga abajo, sudando con los personajes y temiendo de lo lindo por Brody, protagonista principal desaparecido durante varios capítulos enteros. Su reaparición en un episodio exclusivo para él es fantástica. Se resume su viaje a través de su estado mental más que con hechos, y su nuevo cautiverio remata las pocas esperanzas que tuviéramos con verlo remontar el vuelo.

Una vez llegamos al ecuador y con el plan de Saul en marcha, como decía la dinámica cambia bastante, demostrando de nuevo la valentía y habilidad de los guionistas. En el primer año dije que el argumento de Homeland tenía enorme potencial pero no pareciera que fueran a salirse de unas líneas muy clásicas, pero el subidón de la segunda sesión me abrió los ojos por completo, y esta etapa confirma que es la serie más arriesgada de estos años tras Breaking Bad.

La forma de llevar a Carrie hacia el enemigo para traer el enemigo hacia nuestro bando está muy lograda. Se exponen con maestría las dificultades del proyecto, lo lejano y complicado que resulta tal objetivo y lo beneficioso que sería lograrlo (geniales las luchas de Saul con el senador). La captura de Majid Javadi y el chantaje para usarlo como topo mantienen el nivel esperado. Los datos sobre que Brody no sería culpable te dan en toda la cara, devolviéndote la esperanza de verlo redimido, pero su retorno es difícil también, pues su lugar en el plan de Saul resulta otra enorme sorpresa. Su recuperación y entrenamiento se sintetiza muy bien en poco tiempo, y los soldados resultan personajes interesantes a pesar de su poca relevancia. Finalmente se despide de Dana y casi de Carrie (porque es una misión casi suicida) y despegamos hacia el desenlace…

Sin embargo, aquí el riesgo y la valentía no van de la mano con una ejecución perfecta. Sí, el gran giro abre nuevas perspectivas que caminan con paso firme durante varios episodios, pero lo cierto es que una vez el plan coge forma y se dirige hacia sus momentos finales, la temporada pierde mucha intensidad, se torna previsible y se cierra de forma bastante convencional. Los tres últimos capítulos, a pesar de tener bastante acción, no se acercan a la fuerza inicial del año ni a lo bien que funciona el segmento central, dejando la sensación de que no se ha rematado como se esperaba algo preparado con tanto esmero.

Las tribulaciones de Brody y Carrie en el curso a Teherán se ven venir de lejos, las dificultades allí sufridas son bastante predecibles, y finalmente casi todo se resuelve como cabría esperar. No hay gran sensación de peligro, porque la narración fluye demasiado lineal, y cuando todo acaba, aunque agradeces que Saul vea llegar a buen término su plan y que Brody parezca librarse de tantas penurias, no se produce en el espectador un gran suspiro de tensión liberada. Ni la muerte de Brody provoca una gran catarsis, pues se ve como un paso muy lógico.

A todas estas historias les falta un envoltorio que genere la atmósfera necesaria, una del estilo del finalazo de la primera sesión o del glorioso episodio Q&A de la segunda. Ojo, no resulta excesivamente grave… pero sí lo suficiente para afear un año que iba camino de ser magnífico también. Es evidente que la estancia en Teherán necesitaba el doble de episodios, dándole más profundidad y alcance. Es como si hubieran cancelado prematuramente la serie y hubieran tenido que resumir las cosas, algo que evidentemente no ha ocurrido. Simplemente los guionistas, en el momento cumbre de la temporada, han estado algo faltos de inspiración, perdiendo un poco el tono habitual de la serie.

Por lo menos el cierre de las tramas personales de Carrie y Saul se lleva su tiempo, aunque también deja un regusto amargo: todo parece tan finalizado y a la vez abierto que no se espera nada concreto para la próxima etapa, pues puede ir sobre cualquier cosa pero será una historia nueva, con lo que empezará con el interés algo mermado.

En cuanto a la polémica, me ha resultado tan sorprendente como molesta, por absurda, incomprensible y, viendo algunos comentarios, casi fanática. Resulta que muchos espectadores rechazan el primer tramo de la temporada y aprecian el final… Justo al revés de lo que la lógica dicta, justo al revés de lo que la temporada es. Esta errónea perspectiva surge de algo que resulta evidente desde el inicio de la serie: la gente espera una de acción plana y sensacionalista, tipo 24, y al tercer año se han cansado de esperar y han empezado a soltar bilis de forma espectacular por la red. Homeland tiene sus virtudes y fallos, o puede gustar más o menos por género y estilo, pero no puedes machacarla por ser diferente a lo que sueñas, es de un ridículo e inmadurez que espanta. Así, las críticas que se suelen ver están llenas de memeces impresionantes, porque es difícil defender la exigencia de que dejaran de lado toda la trama de política y espionaje y el drama para pasar a los tiros. Si te sobra todo lo que la serie es, qué demonios haces soportándola. Lo único bueno de todo esto es que finalmente dicen (más bien lloriquean y exclaman a los cuatro vientos, como si fuera un gran paso) que dejarán de verla, pero lo malo es que se van haciendo mucho ruido y dañando su imagen inmerecidamente.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
Temporada 2 (2012)
-> Temporada 3 (2013)
Temporada 4 (2014)
Temporada 5 (2015)
Temporada 6 (2017)
Temporada 7 (2018)
Temporada 8 y final (2020)

Anuncios

COPPER – TEMPORADA 2 Y FINAL.

BBC America | 2013
Suspense, Drama | 10 ep. de 42 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson, Willi Rokos, Sherri Rufh.
Intérpretes: Tom Weston-Jones, Kyle Schmid, Anastasia Griffith, Ato Essandoh, Kevin Ryan, Dylan Taylor, Kiara Glasco, Tessa Thompson, Franka Potente, Donal Logue, Alex Paxton-Beesley, Ron White.
Valoración:

Los elementos que hicieron tan interesante la primera temporada de Copper están ahí, pero en vez de madurar y crecer se han embarullado un poco. Es una pena, porque es constante la sensación de que hay una base sólida que no se aprovecha, un potencial infrautilizado. La química entre personajes, fantástica en ese primer año, se emborrona por algunos fallos. El microcosmos de personajes más o menos se mantiene, pero no va a más a pesar de que hay más capítulos, y algunos secundarios son mejorables. Los casos son menos numerosos y menos atractivos. La trama global funciona pero confluye en un villano que no está a la altura. El ritmo veloz empieza a notarse brusco. Pero también conserva intactas otras tantas de sus virtudes: excelentes protagonistas, ambiente histórico muy conseguido, una equilibrada mezcla de drama, aventura y humor…

Los personajes principales, Corcoran y Morehouse, siguen siendo muy consistentes, de hecho son roles magníficos, de los que enganchan a la primera y da igual en que aventuras los metan con tal de poder verlos desenvolverse (o estrellarse) con su estilo. El primero recuperó a su mujer… pero no es suficiente para llenar su vacío y apaciguar su dolor, pues la traición de ella con Maguire ha minado por completo la relación. Con esa atmósfera, ninguno de los dos puede curarse las heridas, y la cosa degrada rápido. El matrimonio de Morehouse ofrece otra relación muy interesante, donde tanto él como Elizabeth se dedican a placeres inmediatos (sexo y drogas) para eludir abordar la relación de forma normal; de hecho el viaje de ella con las drogas es bastante jugoso.

En los secundarios, la pareja de negros Matthew y Sarah Freeman viviendo sus primeros años en libertad gana fuerza, sobre todo cuando encuentran a la madre. El drama de vivir en tal caos de ciudad y los encontronazos con la libertad y los rescoldos del racismo resultan historias bien trabajadas, aunque se podría decir que a veces están demasiado separadas del tema policial. Sobre la chiquilla que cuida Corcoran, Annie, a pesar de que la joven actriz sigue dando un papel impresionante el personaje parecía que iba a quedarse estancado en “niñata descarriada”, pero sabiamente los guionistas no han estirado sus tramas demasiado… aunque el final parece un poco apresurado, como si se dieran cuenta de que molesta y se la quitaran de encima improvisadamente; nada grave, sin embargo. Eva queda un poco en tierra de nadie, pues toca todas las historias tangencialmente sin verse casi nunca sumergida del todo, pero es un buen personaje y su burdel es escenario de muchos buenos momentos.

Donde empiezan a fallar es en que se diluye uno de los aspectos que más me gustó del primer año, la dinámica del trío de detectives formado por Corcoran, O’Brian y Maguire. O’Brien pierde protagonismo en vez de ganarlo, y aparece menos con Corcoran, con lo que las investigaciones se hacen menos divertidas. Y lo peor, y esto supone el mayor fallo de la temporada, Maguire se pierde en una serie de tramas malogradas. Sigue ahí, sigue siendo el más sucio y pendenciero del grupo, pero el guión lo lleva por caminos inverosímiles y mal ejecutados: la revelación sobre la relación con la mujer de Corcoran fue efectiva, pero la locura de los asesinatos y el juicio que queda en nada se fuerzan demasiado. Aun así, la historia sobre que cae en desgracia ante los ojos de Corcoran y el resto de policías estaba siendo interesante, porque encaminaba al personaje hacia el lado oscuro y se preveía que se convertiría en villano… pero los guionistas se empeñan en traerlo de vuelta forzando un pseudo reset de risa. En qué quedamos, ¿es malo o no, es un superviviente o un hijo de puta? No queda claro nada, solo que parecen apañarlo sobre la marcha y resulta fatal. Al final de la temporada Corcoran y Maguire se abrazan como si nada hubiera pasado, cuando la relación no se ha visto evolucionar hasta el perdón y el retorno de la amistad.

El otro problema importante es Donovan, el nuevo gran secundario de la temporada, interpretado por el veterano Donal Logue (Terriers, Sons of Anarchy, Life). Su posición como nuevo político local funciona, y la transición hacia villano está bien lograda, pero de ahí se va a un catastrófico exceso: termina siendo una caricatura que bebe de todos los clichés de villanos cutres. El final de su trama es muy pobre, con escenas ridículas como la carrera para salvar a la testigo (que parte de la gilipollez de que Maguire la deje sola sabiendo que van a por ella) o el duelo suicida de Corcoran. Y el paso al siguiente villano (encarnado por William Baldwin) queda muy precipitado y confuso. Al menos, por lo general la trama que gira alrededor de Donovan es bastante buena y alcanza a todos los protagonistas de forma que da mucho juego: a Morehouse con los enredos políticos y económicos, a Eva con el interés en el local, a los policías con el reguero de muertos que va dejando…

Decía que los casos pierden fuerza. Sigue habiéndolos, y con ese gran acierto que supone hacer que cada investigación influya en el entorno y los protagonistas, pero si vuelvo la vista atrás lo cierto es que me cuesta recordar alguna historia secundaria realmente llamativa. Al menos pierden a favor de la trama larga, con lo que no llega a ser un problema notable, simplemente se echan de menos las emocionantes aventuras secundarias.

Sobre el ritmo, aparte de suceder las cosas a toda velocidad la serie se caracterizaba también por saltar de evento en evento sin perder el tiempo suavizando transiciones. Resultaba enormemente eficaz a la hora de acelerar tramas, porque no se dejaban huecos ni se veían trampas. Pero ahora sí hay sensación de que va a trompicones, de que se dejan cosas por aclarar. De hecho, el primer capítulo se narra de forma tan caótica que cuesta seguirlo.

El resto de cosas buenas se mantienen, destacando que el entorno trágico y violento de Five Points se describe muy bien tanto por la fantástica recreación visual (los decorados y el vestuario son magníficos, la fotografía e iluminación los captan muy bien) como por los detalles de guión que constantemente salpican el relato. Me gustaría conocer el presupuesto con el que contaban, porque quitando un par de pinturas o fondos digitales todo queda de un nivel impresionante. Eso sí, he echado de menos algo de erotismo en muchas escenas: con qué facilidad muestran sangre pero qué poco sexo enseñan a pesar de que también forma parte de la narración.

No sabía dónde meter la crítica a dos extraños episodios, así que termino con ellos. El del asalto a la comisaría (205, A Morning Song) es una fantasmada del quince que no hay quien se trague: exagerado e inverosímil hasta resultar insultante a la inteligencia del espectador en varios instantes. El otro es el episodio final. Parece que les sobraba un capítulo, y lo apañaron… muy bien. La trama grande del año ha terminado, y aunque el contexto histórico donde se sumerge la serie tiene margen de sobra para muchas aventuras, sin duda era difícil meter un caso extra que no quedara descolgado. Pues los guionistas sorprenden muy gratamente montándose una especie de mini película del Oeste con la búsqueda de los asesinos del presidente Lincoln (obviamente no los encuentran los protagonistas). Esta historia resulta muy interesante (y visualmente bastante lograda: muy bien aprovechados los paisajes) y conecta con la serie de forma genial al suponer una especie de viaje final para los personajes: se enfrentan a los fantasmas de la guerra al pasar por los sitios donde batallaron y la plantación donde Freeman era esclavo.

Por desgracia el epílogo del capítulo lo afea bastante con un cliffhanger burdo, un golpe o giro rebuscado y tramposo de serial barato con el que llamar la atención de cara a la próxima temporada: Eva desaparecida, Corcoran deberá buscarla. Pero resulta que la serie ha sido cancelada, así que se queda todo en el aire. Por suerte, es tan poco interesante la trama que pretenden abrir que no queda del todo como un final abierto: se puede interpretar que el caos sigue siendo el día a día en Five Points, y que los protagonistas han crecido, han cerrado heridas del pasado y se enfrentan al futuro con energías renovadas.

En conjunto lo que queda es una temporada muy entretenida (los protagonistas tienen bastante fuerza, el tono de policíaco adulto se agradece), pero bastante irregular y acompañada por las malas sensaciones que deja que esté algo por debajo del primer año y no sea capaz de explotar el potencial que guarda.

Ver también:
Temporada 1.

TRUE BLOOD – TEMPORADA 6

HBO | 2013
Drama, comedia, suspense | 10 ep. de 52-59 min.
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Amelia Rose Blaire, Jurnee Smollett-Bell, Robert Kazinsky, Todd Lower, Arliss Howard, Lucy Griffiths, Anna Camp.
Valoración:

El primer año de True Blood sin Alan Ball a las riendas no ha perdido ni un ápice de su esencia, con lo que tenemos la misma propuesta alocada, original y entretenidísima a pesar de algunos tramos irregulares que desaprovechan su amplio y fascinante grupo de protagonistas. Brian Buckner, uno de los guionistas principales desde el principio de la serie, ha estado a la altura de lo esperado.

La historia del gobernador, que es el punto culminante del conflicto entre humanos y vampiros, es el plato fuerte de la temporada y no decepciona lo más mínimo. El peligro en que pone a nuestros vampiros favoritos es palpable durante todo el año, sobre todo cuando empezamos a introducirnos en la horripilante cárcel, donde se monta la de dios. El retorno de la loca religiosa de Sarah Newlin es impresionante, y el de Steve divertidísimo. La implicación de Jason en el tema después de lidiar con el abuelo resulta muy eficaz. La nueva vampira, Violet, es muy atractiva (si no que se lo digan a Jason). Los serios problemas en que se encuentran Eric y su hermana dan los momentos más intensos y dramáticos. Los líos de Jessica con un noble vampiro son muy interesantes, y ya venía con fuerza de la historia de las hadas del sheriff. Pam está como siempre pletórica, y bien acompañada por Tara, que como dije en su momento, tuvo que ser convertida en vampira para resultar interesante.

Y al final se enlaza todo muy bien con la trama de Lilith+Bill, el intrigante Billith, historia que no se sabía por dónde podía tirar. Finalmente vemos que aquí no hay un desenlace sorprendente, sino uno más sencillo, más terrenal que fantasioso, que por suerte funciona bien: ha primado el conflicto interno de los personajes ante el efectismo barato con los poderes adquiridos por Bill. Muy interesantes han sido los temas sobre la responsabilidad, con vueltas inesperadas tras el lío de las jóvenes hadas, y los roces entre Bill y Sookie; de hecho me supo mal ver a Sookie pasando de ayudar, harta de todo, pero es consecuente con la situación: Bill debería haberla llevado a rastras a ver lo que sucedía en la cárcel, sólo así se conmovería.

El punto negativo es que Sookie ha quedado un poco despegada del resto, y al ir por libre con un personaje poco sustancioso como Warlow parece que hace poco. Warlow es efectivamente un problema, aunque no grave: deambula demasiado, y cuando se define su objetivo y salen a la luz sus motivaciones, después de darle tanto énfasis a un vampiro que ha resultado tan poca cosa, no tiene la fuerza esperada. Tampoco se puede decir que la presencia del mítico Rutger Hauer encarnando al abuelo Stackhouse haya sido muy impactante.

Como viene siendo habitual, lo complicado es que nos gusten a todos por igual las tramas secundarias. Este año hay menos enjundia, para mal (menos personajes en acción y menos historias locas) y para bien (menos subtramas estiradas más de la cuenta o de menor interés), limitándose la cosa a Alcide con los líos de manadas y Sam metiéndose en fregados varios con cambiapieles varios. Ninguna de las dos me gusta, porque están muy descolgadas, aportan poco a lo ya visto y avanzan despacio. Al menos no tenemos más recesos cansinos de vudús y fantasmas con Lafayette y Terry respectivamente. De hecho la parte de los Bellefleur (Andy, Terry y Arlene) sale muy bien parada al centrarse exclusivamente en los personajes y no desvariar en historias paralelas largas. Lo de las niñas hadas parece un poco improvisado y puesto al servicio de la historia, pero es divertido y da para buenos encontronazos entre protagonistas. Los líos emocionales de Arlene funcionan bien, sobre todo tras el emotivo final de Terry.

El capítulo final es un poco desconcertante, al ser más un epílogo y lanzamiento de la próxima temporada que el cierre de las tramas del año, que ocurre en el penúltimo. Como es un anexo tras el plato fuerte sabe a poco; como pega un salto muy repentino en las historias descoloca. Pero el avance brusco en los personajes funciona, porque todo lo que nos muestran se puede enlazar con lo que veníamos viendo (como Sookie con Alcide, por ejemplo). La escena-sorpresa final en cambio si la veo forzada: no puedes matar un personaje principal así, como chiste es rizar el rizo con poco tacto; es de suponer que se entierra a toda velocidad y punto.

La HBO ha confirmado que la séptima será la última temporada. No observo un desgaste acusado, y este universo puede ir creciendo sin parar, pero también pienso que la serie ya no puede sorprender y nos arriesgamos a que se estire más de la cuenta: mejor terminar a tiempo y bien.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
-> Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

LOS BORGIA – TEMPORADA 3 Y FINAL.

The Borgias
Showtime | 2013
Drama, histórico | 10 ep. de 45-55 min.
Productores ejecutivos: Neil Jordan, James Flynn, Sheila Hockin, Steve Matthews.
Intérpretes: Jeremy Irons, François Arnaud, Holliday Grainger, Lotte Verbeek, Peter Sullivan, Gina McKee, Sean Harris, Sebastian De Souza, Joanne Whalley.
Valoración:

La tercera temporada sobre el papado de Alejandro VI, o Rodrigo, cabeza de la famosa familia Borgia, ha terminado siendo el último año de la serie de forma un poco inesperada. Al parecer, el creador Neil Jordan vio que no tenía material para hacer una temporada más, y la cadena tampoco estaba convencida para otro año, así que el relato termina aquí. Eso sí, la propuesta de Jordan de hacer un telefilme que cerrara definitivamente las cosas no ha llegado a buen puerto, pues en Showtime no han estado por la labor de soltar la pasta necesaria (que la producción era carilla). Es una pena, porque nos perdemos el capítulo final de la trayectoria de la familia, es decir, su estrepitosa caída.

Como en los años previos, considero a Los Borgia una correcta serie histórica que probablemente guste a cualquier fan del género, pero su calidad no es tal como para impresionar ni dejar huella. De nuevo las tramas son normalitas, bastante previsibles y algo lentas para lo poco complejas que resultan, pero también distan de resultar mediocres o aburridas, simplemente no estamos ante una producción de primer nivel, como su comparación más obvia, Los Tudor.

Entre lo mejor de esta etapa destaca otra vez la roba planos de Lucrezia con sus líos matrimoniales. Por fin eligió marido, pero los problemas no acaban ahí, pues las luchas políticas la ponen en el centro de una tormenta muy interesante, y ella madura rápido y sortea los conflictos con una gracia de la que carece su hermano. Seguramente el problema es que la actriz Holliday Grainger tiene un carisma del que carece por completo François Arnaud, porque las historias de Cesare son también interesantes, pero el actor es tan acartonado y aburrido que no les saca todo el partido posible. Los mejores momentos los han dado cuando estaban juntos, con su romance incestuoso, que termina con la escena donde Lucrezia se ve obligada de una vez por todas consumar el matrimonio con Alfonso de Aragón mientras Cesare es forzado a mirar. Micheletto fue la sorpresa de la segunda temporada y aquí sigue por buen camino. Además estamos en una situación semejante a la de Lucrezia: la fascinante presencia e interpretación de Sean Harris realza un personaje secundario que en principio no parecía que pudiera ofrecer tanto, y de hecho se nota que los guionistas han visto potencial en él, porque cada vez tenía más protagonismo; el romance homosexual con el espía es muy atractivo, con momentos de intriga (descifrar la carta) y drama (enfrentar la traición) muy conseguidos.

En cuanto al Papa, su trayectoria ha sido un poco irregular, como viene siendo también habitual. Hay mucha conspiración en el Vaticano, pero no todas son igual de atractivas. La recuperación del envenenamiento y su posterior venganza contra la falta de fidelidad del obispado se desarrolla bien, de hecho el truco de la orgía es espectacular. Su contrincante principal, Giuliano Della Rovere, desaparece de forma un tanto abrupta, pero bueno, no había mucho margen si no querían faltar a la historia real y forzar su presencia cuando sus bazas ya estaban agotadas. Interesante hubiera sido ver cómo, después de su exilio, llega a Papa tras la caída de Rodrigo, pero como decía nos hemos quedado sin el arco final de la serie. Menos interesante resulta el romance trampa que lo mete en problemas, pues realmente no lleva a nada; y siguiendo con las relaciones, he tenido la sensación de que su ex mujer ha quedado muy olvidada, y también que la reconciliación con Cesare no da todo lo que debería pese a ser el momento más importante entre ambos protagonistas. En medio de ninguna parte tenemos la pequeña historia de las reliquias religiosas falsas, que resulta muy divertida.

Un destacable punto negativo es que a este año le ha faltado bastante épica. La lucha contra Caterina Sforza se ha extendido demasiado, prometiendo arrancar varias veces sin llegar a hacerlo. Las uniones de familias contra el Papa no ha sido una trama que haya llegado a tener la intensidad que cabría esperar de semejante complot, pues no hay sensación de peligro sobre los protagonistas en ningún instante; además, Cesare contraataca con planes muy eficaces que le cuesta muy poco llevar a cabo. Sin duda al proceso le hacía falta un poco más de intriga para resultar más verosímil e intenso. Y la batalla definitiva, cuando por fin llega, sabe a poco comparado con lo visto en las temporadas anteriores. También he tenido la sensación de que han recortado en presupuesto: ya no tenemos tantas escenas fastuosas y espectaculares, y la puesta en escena es más comedida.

Sumando los pros y contras me parece claro que el año ha estado por debajo de los anteriores, con lo que la serie se marcha incluso con menos fuerza de la que iba mostrando. No pasará a los anales del género histórico, pero resulta un visionado más que aceptable.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

THE BIG C (CON C MAYÚSCULA) – TEMPORADA 4 Y FINAL.

The Big C
Showtime | 2013
Drama, comedia | 4 ep. de 60 min.
Productores ejecutivos: Darlene Hunt, Jenny Bicks, Vivian Cannon.
Intérpretes: Laura Linney, Oliver Platt, Gabriel Basso, John Benjamin Hichey, Gabourey Sibide, Alan Alda.
Valoración:

Las audiencias de The Big C decaían, y Showtime aceleró su desenlace. Pero la decisión es extraña: en vez de diez capítulos de media hora tenemos cuatro de una hora, es decir, como si fueran ocho dobles. El cambio en la narración se nota: entre el distinto ritmo que obliga esta duración y el cambio que efectúa su creadora Darlene Hunt, la serie se distancia bastante de sus orígenes. La comedia alocada se ha reducido al mínimo, aunque sigue habiendo algunos buenos chistes, y el tempo del relato es más pausado. Es decir, The Big C ha girado considerablemente hacia el drama familiar sencillo.

No entiendo que a gran parte de los seguidores no les gustase el final de la tercera temporada, pues fue magnífico, uno de los mejores capítulos de la serie y donde se terminaba de exponer todo lo que se fue desarrollando durante la temporada. Lo del barco fue un viaje poético y existencialista donde se trabaja muy bien el distanciamiento de Cathy respecto a su familia, el uso del cáncer como excusa para evadirse de todo, el matrimonio resquebrajado… Por desgracia, parece que ese lado oscuro de Cathy no gustó al pubíco, y quizá por ello la guionista decidió dar un vuelco al relato en este tramo final. El reset es palpable desde el primer minuto del primer episodio, que se inicia como si la estancia en el barco hubiera sido un sueño (¡!) de escasa trascendencia. Las únicas secuelas son que Cathy ve a Angel en escenas donde no se sabe muy bien qué quieren decirnos. El resto de la trayectoria del personaje se ha omitido, olvidado e incluso dado la vuelta. El sendero de autodestrucción y aislamiento se esquiva descaradamente. De repente todo es bonito y se lleva bien con todos. La separación del matrimonio casi no se trata, y en breve hacen las paces, sin que haya habido una progresión tangible de los protagonistas. En otras palabras, los guionistas, con Darlene Hunt a la cabeza, han tirado por lo fácil y lo cobarde: centrarse en la penita que da Cathy muriéndose.

Así pues, Cathy ha aceptado su destino, y no hay mucho más conflicto que ver. El relato se centra en los problemas familiares y los sentimientos estándares y esperables en esta situación. La vitalidad que mostraba la serie antes, toda las lecturas sobre cómo enfrentarse a la vida y los conflictos de Cathy con el mundo, casi han desaparecido. El único momento de ruptura llamativo que recuerdo es la bonita forma de despedirse como profesora. Por suerte, el drama es sencillo pero consistente, y su vida sigue siendo interesante aunque no alcance las cotas espectaculares de antes. El paso por el hospicio para moribundos es intenso, su obstinación por no morir en casa y marcar a su familia con el estigma de “aquí murió mamá” emociona, algún altibajo familiar llega con fuerza…

Otro aspecto ligeramente negativo es que al estar todo centrado en Cathy las historias de los otros personajes son breves y poco sustanciosas. Los estudios de moda de Andrea aburren, y el desenlace de su sección es previsible. La vida del marido se ha reducido casi a la nada, salvándose únicamente por los conflictos con el hijo. El riñón de Sean no sé muy bien si es relleno (como toda su parte en la anterior temporada) o pretenden decirnos algo con ello. Y Adam quizá sea el que peor parado sale, pues todo el tema adolescente, otrora tan jugoso, desaparece.

La esperada escena de la muerte queda un tanto rara, y por extensión resulta algo fallida, incapaz de dejar la huella que debería. El intento de sorprender no funciona, resulta sensacionalista y tramposo, y para rematarlo el epílogo onírico es una chorrada que no viene a cuento. Da la sensación de que no sabían muy bien cómo ejecutar el momento clave. Menos mal que el previo es precioso, de terminar con los ojos humedecidos durante muchos minutos, porque si no el desenlace hubiera resultado muy pobre. La reunión familiar y el reencuentro con el padre, la gran sorpresa de la graduación de Adam, el juego que se traen con las últimas palabras… Todo resulta precioso, dando un tramo final emotivo y simpático como la serie ha sabido conseguir en sus mejores momentos.

Debo aclarar que mi comentario parece más negativo de lo que pretendía. La caída en calidad e interés no es tan grave como para hundir la temporada. Sí, se ha perdido algo de fuerza, la comedia ha perdido acidez y la vorágine de vida que llevaba Cathy se ha estancado un poco, pero lo cierto es que el drama de sus últimos días ofrece una odisea familiar bastante emotiva y entrañable. El problema es que The Big C nació con una primera temporada magistral, fue perdiendo algo de fuelle paulatinamente y, cuando cabría esperar que en el tramo final remontara, no lo hace y además toma un camino bastante discutible donde pierde parte de su esencia original. Así pues, diré que es un desenlace correcto, pero facilón y poco arriesgado.

PD: Darlene Hunt aparece como actriz brevemente, haciendo de la administradora del hospicio.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

UTOPIA – TEMPORADA 1.

Channel 4 | 2013
Suspense | 6 cap. de 48-60 min.
Productores ejecutivos: Dennis Kelly, Jane Featherstone, Karen Wilson.
Intérpretes: Fiona O’Shaughnessy, Alexandra Roach, Adeel Akhtar, Nathan Stewart-Jarrett, Anna Madeley, Paul Higgins, Oliver Woolford, Emilia Jones, Stephen Rea, Neil Maskell.
Valoración:

Utopia es un extraño y arriesgado thriller que trata sobre la aparición de una segunda parte de un cómic de culto enmascara una conspiración política en la que varias facciones (incluyendo miembros del gobierno y espías) y varios individuos dispares quieren hallarlo antes que el resto porque oculta alguna clase de información vital. En esta cadena de acontecimientos se ven envueltos de lleno unos jóvenes fans que se conocen por internet y ahora deberán luchar por sus vidas.

El comienzo de la serie impresiona bastante gracias a su arrebatador aspecto visual, con un estilo artístico hipnotizante y una fórmula narrativa centrada en obtener la escenificación más rebuscada y fascinante. La fotografía de planos amplísimos (casi todos los encuadres son de cuerpo medio o entero) se apoya en una selección de localizaciones estupenda. La búsqueda de patrones y colores, de encuadres mágicos, de escenas cautivadoras es constante y no por sensacionalista resulta menos asombrosa. Rematando el acabado con una extraña y acertada música se logra un experimento cinematográfico tan llamativo que entra por los ojos de forma rápida y contundente: cada plano es una pequeña maravilla por sí misma, y la construcción de muchas escenas resulta embelesadora de manera que hasta la violencia y la sangre, y hay cantidad de ambas, parecen hermosas.

Sin embargo, si no en el primer capítulo sí en el segundo se ve rápidamente que no hay nada más en la serie aparte de su vanguardismo visual. Es más, me resulta evidente que el producto nace como engañabobos, que pusieron todo su esfuerzo en lograr algo atractivo por fuera con lo que llamar la atención, porque el guion no se ha trabajado como la puesta en escena. El libreto se limita a buscar un momento espectacular en cada episodio mientras se descuida por completo el resto del metraje. Algunas de estas secuencias además son inaceptables, por inverosímiles incluso en el contexto rebuscado que se propone. Por ejemplo, la matanza del colegio evidencia claramente las intenciones de sorprender e impactar, pero olvidando cualquier atisbo de credibilidad y consistencia con la trama.

La historia es simple cuando no estúpida, y aburrida, muy aburrida. La trama es horrible, el tempo narrativo pésimo, los personajes poco interesantes. El desarrollo de la conspiración va a trompicones, con mucho artificio y poca consistencia. Las sorpresas cuando llegan se ven como trampas argumentales muy cutres. El desenlace es mitad previsible mitad paridas absurdas: llega un momento en que no importa la conspiración, porque lo que puede entenderse es trivial por mucho que se muestre de forma rebuscada, y no se trabaja lo más mínimo su trascendencia, su impacto, su verosimilitud, pues hace agua por todas partes. El destino de los personajes no llegó a importante, son marionetas de la trama, pues aunque en principio no estuvieran mal descritos conforme avanza la temporada se estancan y terminan perdiendo todo atractivo.

Utopia es infumable cuando no ridícula. Y ha tenido éxito, muchos espectadores han caído ante un hechizo que es semejante al de Lost (Perdidos) en sus delirantes temporadas finales: un misterio sin nada detrás y unos cuantos fuegos artificiales que tapen un poco los huecos a los ojos de espectadores fáciles de engañar. De hecho, a pesar de su forma de miniserie cerrada, su buena recepción ha garantizado una segunda temporada. Con un poco de suerte aprenderán de sus errores y darán más peso a la escritura, pero lo más probable es que expriman el éxito repitiendo la jugada.

BLACK MIRROR – TEMPORADA 2

Channel 4 | 2013
Ciencia-ficción, drama | 3 ep. de 42-48 min.
Productores ejecutivos: Charlie Brooker, Annabel Jones.
Intérpretes: Hayley Atfield, Domhnall Gleeson, Lenora Crichlow, Tuppence Middleton, Chloe Pirrie, Jason Flemyng, Tobias Menzies, Daniel Rigby.
Valoración:

El fervor causado por Black Mirror con su sombría visión de nuestro inmediato futuro fue impresionante, y Channel 4 lo ha aprovechado encargando otra temporada. El formato y estilo es el mismo: tres capítulos independientes cuya única relación es que todos analizan el impacto negativo de las nuevas tecnologías en la sociedad. Pero la calidad media ha bajado bastante, me temo…

201. Vuelvo enseguida
Be Right Back


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Owen Harris.
Valoración:

Sinopsis:
Una joven pareja se retira al campo para huir del ajetreo de la ciudad. En uno de los viajes del traslado el chico fallece, y la desconsolada novia se enfrenta a la soledad y la pena hasta que una amiga le propone que utilice un programa informático que, recopilando toda la presencia de la persona objetivo en internet, genera una simulación de la misma con la que chatear. Más adelante también se le ofrece la posibilidad de crear un robot de apariencia humana que imite a esa persona.

Comentario:
Dicho en palabras parece poco creíble que alguien se vuelque en una versión informática de su ser amado, pero el capítulo lo expone todo de forma que resulta bastante creíble. La pena por la pérdida de un ser querido, la soledad, la necesidad de encontrar algo que te ate a la realidad que conocías y que no quieres perder… Se abren interesantes dilemas y problemas que ofrecen un capítulo donde las emociones fluyen muy bien. Es imposible no conectar con Martha (ayuda bastante la correcta labor de Hayley AtwellLos pilares de la Tierra-), vivir su desolación y comprender por qué se aferra a una ilusión. Los altibajos de la nueva situación están muy bien desarrollados: el sexo es un alivio, las conversaciones íntimas están abocadas al desastre al no simularse del todo bien, etc.

Hacia el final queda claro que todo ha sido una mala idea, que el robot es un pobre sustituto, y el episodio podría haber terminado muy bien en la escena del acantilado (con un fundido en negro tras el grito que deja la situación abierta a interpretaciones), pero por alguna razón el guionista añade un epílogo que rompe ese aura de realismo y que en vez de dejar la historia abierta a lo que queramos imaginar pone un cierre malogrado, primero por innecesario y segundo porque tira por el único camino que no es verosímil atendiendo a la historia que hemos visto.


202. Oso blanco
White Bear


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Carl Tibbetts.
Valoración:

Sinopsis:
Una chica despierta desmemoriada y ninguno de los muchos curiosos que la observan parece querer ayudarla.

Comentario:
El salto de fe que hay que hacer para entrar en la dinámica de la serie es grande en todos los episodios, pero sólo en Quince millones de méritos dificultaba muy ligeramente la conexión del espectador con el argumento. Sin embargo, en este Oso blanco el choque contra la barrera de inverosimilitud total que desprende el capítulo me ha impedido conectar lo más mínimo con él, hasta el punto de resultarme insoportable.

El problema es que carece de todo lo que hace bueno al resto, todo lo que daba vida, trasfondo y por extensión realismo a la trama. El episodio está construído únicamente alrededor un golpe de efecto muy simple. La exposición de caracteres, siempre correcta cuando no excelente, aquí desaparece: los protagonistas son cascarones vacíos, y además repelentes. La narración con intenciones de romper esquemas, remover conciencias y dejarte reflexionando no aparece hasta el momento de revelación final… y no funciona, porque la credibilidad hace aguas por todas partes y el mensaje se da tan machacado que parece que nos toman por tontos. El desarrollo de la historia, antes siempre con buen ritmo y un rumbo muy definido donde se describía el mundo presentado con bastante habilidad, aquí tampoco da la talla, pues la odisea de la protagonista es una carrera sin rumbo llena de trampas argumentales y visuales demasiado evidentes.

Oso blanco es un episodio que no se acerca al nivel mínimo esperable no sólo para esta serie, sino para cualquiera.


203. El momento de Waldo
The Waldo Moment


Escritor:
Charlie Brooker.
Director: Bryn Higgins.
Valoración:

Sinopsis:
Una caricatura animada llamada Waldo hacer furor entre el público, y la cadena empuja a su creador a que exprima el éxito. La llevan incluso a participar en la campaña política local, presentándola a las elecciones. Los políticos tradicionales se topan con esta criatura anárquica que les saca los colores cada dos por tres, y la gente se vuelca en Waldo haciendo tambalear el sistema.

Comentario:
Quitándome de encima la decepción brutal que supuso el anterior capítulo, aquí volvemos a la esencia de la serie: una idea potente que se expone con claridad y energía, y sobre todo haciéndola encajar hábilmente en la realidad. Son un tema actual y candente los conatos de revolución contra el sistema político inmovilista, ineficaz y corrupto que campa a sus anchas por toda Europa, y el argumento lo lleva más allá, analizando lo que las modas en internet son capaces de arrastrar. ¿Qué pasaría si el descontento de la población se canaliza en una caricatura en vez de en una respuesta real? La gente se desahoga señalando los errores pero sin ofrecer alternativas, con lo que realmente no hay cambio ninguno, como mucho una degradación mayor. Cuando el protagonista ve la luz ya es tarde, la avalancha es imparable. El desenlace, aunque un poco exagerado, pone de manifiesto muy bien el tono pesimista de la serie: ofrece siempre la perspectiva más sombría de las ideas que propone, para que veamos lo bajo que podemos caer y pensemos en cómo podríamos evitarlo.

Como en el resto de episodios, el pequeño grupo protagonista se describe muy bien y muestra una evolución palpable y creíble con la que el espectador puede conectar, pero aunque tanto estos como la trama resultan bastante interesantes lo cierto es que anda algo falto de ritmo e intensidad, por no decir que todo resulta muy lineal y previsible, desde el romance al desenlace, pasando por todas las acciones del personaje y sus repercusiones. O dicho de otra forma, no veo en él capacidad para impactar y dejar huella en la memoria, no hay un solo instante donde sorprenda o impresione. Pero al menos es entretenido y promueve unas cuantas reflexiones muy potentes.

Ver también:
Temporada 1 (2011)
-> Temporada 2 (2013)
Especial: Blanca Navidad (2014)
Temporada 3 (2016)
Temporada 4 (2017)
Especial: Bandersnatch (2018)