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EL SÉQUITO – TEMPORADA 5

Entourage
HBO | 2008
Comedia, drama | 12 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Beverly D’Angelo, Gary Cole, Jamie-Lynn Sigler.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo.–

Después de que la cuarta temporada pareciera relegar las tramas largas centradas en el mundo del cine en pos de aventuras más ligeras, aunque no por ello perdiera fuelle, la quinta abraza de lleno otro de los puntos clave en la vida de muchos actores: la caída en desgracia, el fracaso. Medellín se estrella en Cannes, a nadie le gusta y nadie quiere distribuirla, lo que arrastra la carrera de Vince. Así que Eric, Ari y Vince luchan a diario por encontrar papeles en una industria que pasa de mimarlo a rechazarlo, ofreciéndonos, El séquito su año más oscuro.

Aunque ya conocíamos bastante sobre las disputas entre agentes, productores y estrellas de Hollywood para sacar adelante los proyectos, aquí nos lanzamos a primera línea de las trincheras, sufriendo problemas y desencantos de todo tipo, extendiendo la guerra con Adam Davies, rivalizando ahora también con Amanda Daniels (la que fuera agente de Vince por poco tiempo), y volviendo a tener duras negociaciones con Dana Gordon y Alan Gray, y finalmente con el jefe del estudio, John Ellis. Cuando por fin consiguen avanzar hacia algo prometedor deben tomar decisiones difíciles o sacrificar mucho. Eric se encuentra ante la tesitura de tener que elegir entre el guion de sus clientes y el futuro de Vince, Ari lidia entre su ego (ascender aplastando a los contrincantes) y ser fiel a Vince, y el propio Vince debe plantearse dar un paso atrás, coger papeles menores, de secundario incluso.

El capítulo en que van a drogarse con setas al desierto para tratar de disipar las dudas de si aceptar la película sobre los bomberos o no es un inciso muy llamativo, pero también resulta un descanso breve, porque en el rodaje Vince las pasa putas con un director cada vez más exigente que mina su ya de por sí escasa autoestima. Así nos adentramos también algo sólo vislumbrado anteriormente: el rodaje de las películas. Actores caprichosos, directores difíciles de tratar y como siempre detalles aquí y allá muestran historias sencillas, quizá no sorprendentes, pero narradas con una pasión contagiosa.

El tramo final, con la película yéndose al traste, pues los productores deciden terminar con el jaleo antes de perder más dinero, es trepidante y mantiene la tensión a flor de piel, y supone la puntilla a la carrera de Vince. Así que a él y los chicos no les queda otra que volver a casa de sus madres en Queens, y a mendigar por papeles desde allí sin muchas esperanzas. La tensión llega a tal punto que vemos lo impensable: Vince estallando de frustración y rabia, la amistad con Eric resquebrajándose. Pero esto es El séquito, una serie con una visión de la vida más bien luminosa, alegre. La crisis se solventa en los últimos minutos de la temporada con Eric consiguiéndole a Vince un papel en una película de Martin Scorsese después de haberse dejado la piel de despacho en despacho, y recuperando así su amistad.

Eric, aparte de luchar por levantar la carrera de Vince, trata de llevar la suya propia como agente. Con el prometedor guion de par de jóvenes sureños y la comedia que vende otro recibe palos por todos lados y sufrirá infinidad de quebraderos de cabeza, pero no pierde la esperanza. Drama, inesperadamente, tiene estabilidad y algo de fama con el papel en la serie Five Towns, aunque sus manías y tics lo meten en apuros varias veces (delirante la entrevista en televisión, algo amargo el fin de la relación con la fan de Viking Quest). Tortuga no tiene una historia larga, aunque no pierde presencia ni interés. Y al final presentan la del año que viene: se liga a Jamie-Lynn Sigler, una actriz bastante conocida, sobre todo en esa época (la hija de Los Soprano). Por su parte, Ari tiene como es habitual sus propias historias secundarias, que son las mismas de siempre (las peleíllas con su mujer y con Lloyd) pero tampoco acusan desgaste, y al final se inicia una nueva: quiere darle trabajo a un amigo suyo que no levanta cabeza, Andrew Klein, interpretado por el gran Gary Cole, lo que permite también recuperar los líos con su socia, Barbara Miller.

Entre los mejores momentos del año tenemos la fiesta de cumpleaños de una adolescente, donde Vince se rebaja a ir por ganarse un dinero fácil, los reencuentros de E con Sloan, y con Seth Green de por medio fastidiando, el retorno de Dom, que parecía una trama gastada pero ofrece unos giros muy logrados, Tortuga haciendo de ayudante de Drama en el set, las peleas entre Ari y Adam Davies, las negociaciones con Amanda, el infarto de Alan Gray (el ejecutivo cabrón), las disputas con el director alemán, y las mencionadas setas alucinógenas, que cada personaje vive de una forma distinta.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

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SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 1

FX | 2008
Drama, acción | 13 ep. de 46-59 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, John Linson, Art Linson.
Intérpretes: Ron Perlman, Charlie Gunnam, Katey Sagal, Mark Boone, Maggie Siff, Tommy Flanagan, Kim Coates, Johnny Lewis, Theo Rossi, William Lucking, Ryan Hurst, Dayton Callie, Taylon Sheridan, Ally Walker.
Valoración:

Sons of Anarchy (Hijos de la anarquía) es un club de moteros de California que funciona como grupo criminal organizado, haciendo cumplir en su zona la ley del más fuerte por encima incluso de las autoridades del Estado. La línea que separa el poder de la muerte es fina y cambiante, y por ello cada día los protagonistas deben luchar para mantener a raya los egos de otras bandas, esquivar las fuerzas de la ley (las locales compradas, las federales temidas) y por supuesto lidiar con las rencillas internas, muchas veces más peligrosas que cualquier otro factor externo.

Todas las historias relatadas en esta primera temporada las he visto mil veces. No hay ninguna sorpresa, giro o desarrollo de tramas que sorprenda o se distancie de lo más previsible: los cadáveres a ocultar, la sombra del FBI a esquivar, la sospecha de traidores, los líos amorosos que ponen todo en peligro, los tratos que se van al garete por la ambición de otras facciones… Igualmente los personajes son los de siempre y hacen lo que más se espera de ellos; no falta ningún cliché en esta especie de versión de Los Soprano o El padrino con motos: el líder de apariencia fuerte pero con mucha tensión y dudas sobre sus hombros, el aprendiz inteligente y dedicado pero con ideas demasiado atrevidas, los matones determinados (cada uno más o menos bruto y simpático y con sus manías concretas), los novatos, la mujer del jefe (que mueve casi tantos hilos como él) y las novias de otros (ya sean las putillas de ese modo de vida o chicas normales que dudan si acercarse a ese mundo).

Y sin embargo me ha gustado bastante, porque a pesar de todo está bien escrita, bien interpretada, bien rodada y resulta muy entretenida. Las tramas están bien trabajadas y sus desenlaces no decepcionan por ser simples o todo lo contrario, rebuscados. Prima el contar bien las cosas, paso a paso, sobre las sorpresas facilonas y la intensidad artificiosa. Entre estas historias de crímenes los caracteres danzan muy bien, con evoluciones bien desarrolladas aunque sus rumbos también sean notablemente predecibles, y por más estandarizados que puedan ser también resultan totalmente creíbles y muy simpáticos (algunos me han encantado, como la investigadora que los acosa). Sus actores han sido todos muy bien elegidos: un imponente Ron Perlman como el rudo líder, un atractivo y carismático Charlie Hunnam como el joven que heredará el trono, una altiva Katey Sagal que logra hacer de su álter ego una mujer odiosa, más una serie de secundarios muy acertados, muchos de ellos presencias míticas (Kim Coates, Tommy Flanagan, Dayton Callie, Mark Boone, Mitch Pileggi…). Por último, la realización es de primer nivel, destacando la excelente fotografía y el exquisito sentido del ritmo (los capítulos se me hacían cortos).

Así pues, a pesar de no distanciarse lo más mínimo de las mismas historias de siempre no hay sensación de simpleza o de falta de recursos, pues todas las piezas del puzzle están siempre bien colocadas y desarrolladas con atino. Sons of Anarchy no es rompedora, ni parece que pretenda serlo, es el ejemplo perfecto de que una historia bien contada y con personajes sólidos, por vista que resulte, vale mucho más que una más atrevida pero hecha a la carrera. Este primer año es más que efectivo como entretenimiento sin pretensiones, muy recomendable para quienes, como un servidor, a la hora de buscar una distracción pasajera desean algo más que el limitadísimo formato de los procedimentales.

Ver también:
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 (2014)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 1

HBO | 2008
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

Como indiqué en su momento, el pre-air más que efectivo episodio piloto fue injustamente menospreciado, quizá por sus tramas atípicas y su tono un tanto excéntrico. Pero la llegada de la serie regular no tardó mucho tiempo en acallar las malas críticas, y al final se ha ido convirtiendo silenciosamente en el estreno más remarcable del año. Sin embargo, no se puede negar que True Blood no pasa de ser un entretenimiento muy bien confeccionado, y dudo que dadas sus características llegue a deslumbrar como una gran producción (sobran las comparaciones con A dos metros bajo tierra, por ejemplo). La creación del ya mítico Alan Ball tiene tanto puntos a favor como puntos en contra ciertamente remarcables, aunque el equilibrio entre ambos ofrece una obra fresca, original y sobre todo muy atractiva.

A su favor el punto más fuerte es el sólido y cohesionado reparto, donde todos los intérpretes dan vida de forma muy creíble a caracteres de lo más variopinto, a individuos con poderes paranormales o directamente monstruosos (vampiros, licántropos, telépatas), a extravagantes, paranoicos y demás bichos raros (el ligón imbécil, la chica fuerte por fuera y débil por dentro, el homosexual libertino que no se amilana ante la sociedad retrógrada donde vive, etc.). Entre todos ellos cabría mencionar el brillante y carismático papel de la siempre excelente Anna Paquin, de la que tengo que decir que su personaje es difícil de asimilar y hay a quienes les resulta cargante, pero eso no es excusa para atacar su magnífica labor. No se quedan atrás otros como Ryan Kwanten (su hermano Jason), quien también ha tenido menos reconocimiento del merecido por tener en sus manos un tipo de personaje que parece más cómico que otra cosa (el citado ligón tontaina). Su interpretación es exquisita, y más si tenemos en cuenta lo difícil que es hacer creíble a semejante individuo.

Muy logrado es también el ambiente en que se enmarcan los acontecimientos, esa sociedad sureña conservadora que poco a poco abre las puertas a la modernización social, a la aceptación de otras formas de vida. El choque cultural de la homosexualidad no es nada comparado con el vampirismo, con lo que la serie goza de un humor ciertamente cínico y surrealista, un clásico sello de Alan Ball.

La realización es de gran nivel, siendo lo que más impronta deja la excelente y a ratos bellísima fotografía. Mención especial para las escenas de suspense o las correctas inclusiones del citado sentido del humor, que mantienen el interés constante en las historias a pesar de que algún personaje pueda no atraernos tanto como los demás (a mí se me atragantó Tara y su historia de exorcismos, por ejemplo).

En el lado malo el aspecto más notable es la aburrida trama central, aquélla que versa sobre el asesino en serie. Si bien da para lanzar interesantes subtramas y para meter en el juego a todos los personajes que aparecen, estos mismos caracteres y el día a día en sus vidas terminan siendo más relevantes que dicha historia. Por si fuera poco la resolución de la misma es poco menos que mediocre y es el principal factor en la pequeña pérdida de ritmo y fuerza que aparece en los dos o tres episodios finales.

True Blood es en conjunto una producción original que ofrece un agradable visionado, y si le sumamos el sello de calidad de la HBO, que garantiza un nivel intelectual alto y una realización de gran nivel (amén de sangre y desnudos por doquier), tenemos lo que se dice un entretenimiento de primera.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

JOHN ADAMS – MINISERIE

HBO | 2008
Drama, Histórico | 7 ep. de 63-92 min.
Productores ejecutivos: Kirk Ellis, Tom Hanks, Gary Goetzman, Frank Doelger.
Intérpretes: Paul Giamatti, Laura Linney, Stephen Dillane, David Morse, Sarah Polley, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, John Dossett.
Valoración:

Me topé con ella por casualidad. Nadie hablaba de esta miniserie en los blogs que suelo leer, todos bastante centrados en los temas de moda y las series más vistas, y aún no había pegado fuerte en los algunos premios televisivos como los Emmy (donde a pesar de la nula objetividad de los mismos arrasó de tal manera que dejó impresionado a medio mundo). Ni siquiera sabía quién era John Adams, algo que ahora me resulta increíble. ¿Por qué la historia apenas habla del segundo presidente de los EE.UU. y uno de los principales fundadores del país, así como una importante figura en la política mundial de la época? La novela del famosísimo David McCullough (editada en 2001 y que le propició su segundo premio Pulitzer) y ahora esta sensacional adaptación sirven para poner remedio a esa injusticia.

A lo largo de siete episodios seguimos la vida familiar y laboral de John Adams desde sus primeros escarceos con la política de las colonias inglesas en Norteamérica hasta su fallecimiento, pasando por supuesto por su mandato como Presidente de los recién forjados Estados Unidos. Es esta propia idea de abarcar toda su vida el único pero notable que se le puede poner a la serie, pues como era de esperar hay periodos de poca relevancia y por tanto algunos tramos de los largos capítulos ven mermados su interés. Es importante indicar que hay un gran desequilibrio entre la primera mitad de la miniserie (los dos o tres primeros episodios) y el resto: mientras que el nacimiento de los Estados Unidos es fascinante, de una intensidad abrumadora, con ese segundo capítulo extraordinario (una hora y veinte minutos de diálogos densos, de dioses de la interpretación comiéndose la pantalla), a partir de ahí la cosa va en descenso, para terminar en un final melodramático (la vejez y muerte de los protagonistas) un tanto aburrido e innecesariamente largo.

Por lo demás estamos ante una superproducción de altos vuelos que aun viniendo de la HBO (Rome, Hermanos de sangre…) sorprende por su fastuosa puesta en escena. El vestuario y el detallismo de los escenarios es fascinante, pero los grandes planos de edificios, ciudades, puertos, etc. son prácticamente indescriptibles. No se sabe dónde acaba lo real y comienzan las maquetas y lo digital (fantástico añadido de fondos por ordenador) y todo resulta tan realista y espectacular que resulta imposible apartar la mirada de las imágenes. Y como era de esperar en una obra de esta cadena la realización está a la altura de las circunstancias: las labores de dirección, fotografía e interpretación son más que sobresalientes, son casi antológicas. Destaca especialmente la fotografía por su arriesgadísimo estilo que puede confundir a más de un espectador. En una narración histórica sobre dramas familiares y política cabría esperar una puesta en escena sobria, tranquila… pero sorprendentemente optaron por formas artísticas rebuscadas: cámara en mano, constantes juegos con los ángulos (casi siempre el cuadro está inclinado)… En un principio puede descolocar por la falta de costumbre de ver algo así, pero una vez estamos introducidos en la trama la atmósfera que se vislumbra es tan perfecta como hermosa. Por lo general esta fotografía ofrece escenas y planos muy logrados, pero hay numerosos momentos en los que se obtienen imágenes sublimes que en varias ocasiones atrapan más que la propia historia que se está narrando.

Sobre el reparto no puedo sino verter halagos infinitos. Paul Giamatti es uno de los mejores actores del momento, y la amplia lista de secundarios está repleta de intérpretes brillantes. Destacan obviamente los que tienen más protagonismo: Stephen Dillane (Thomas Jefferson), que otorga al personaje un aire inquietante y distante fantástico, Laura Linney (Abigail Adams, una de las primeras damas más influyentes e inteligentes de la historia del país), tan enérgica y trágica como su álter ego lo requiere, un inmenso David Morse (George Washington), que quita la respiración a pesar de las pocas apariciones que tiene, y un siempre impresionante Tom Wilkinson como Benjamin Franklin.

Es John Adams quizá demasiado densa y lenta para el público normal, pero el seriéfilo más avezado seguramente la disfrutará, sobre todo por su inconmensurable puesta en escena, mientras que los aficionados a la historia tienen una cita ineludible.

TRUE BLOOD – PRE-AIR EPISODIO PILOTO

True Blood (Original Pilot)
HBO | 2008
Drama, suspense, comedia | 55 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball.
Guion: Alan Ball.
Dirección: Alan Ball.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Brook Kerr, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

En un pequeño pueblo de Louisiana las cosas están a punto de cambiar para sus habitantes. La creciente aceptación de los vampiros en la sociedad por fin llega a este rincón tan apartado y causará tanto expectación como problemas varios. Sookie, una joven que tiene la capacidad de leer las mentes, se interesa especialmente en un misterioso vampiro que aparece en el bar donde trabaja.

¿Cómo definir el género y argumento de True Blood? Porque decir “va sobre vampiros” es tan cierto como injusto, pues con el cliché de los géneros al ver una etiqueta todos pensamos en las mismas historias de siempre. Atendiendo a esas barreras que producen los estereotipos cabe realizarse otra pregunta: ¿qué demonios hace Alan Ball, uno de los máximos exponentes del análisis crítico de las sociedades humanas en el cine (la espléndida American Beauty) y en la televisión (la aún mejor A dos metros bajo tierra) confeccionando una serie sobre vampiros? El visionado del pre-air (versión de prueba) del episodio piloto responde esas cuestiones y supone un curiosísimo y por ahora muy prometedor cruce de géneros.

True Blood es, en pocas palabras, una especie de A dos metros bajo tierra pero sustituyendo la homosexualidad por el vampirismo. Aquí no son los homosexuales el colectivo que tras muchos años de represión por fin goza de libertad y creciente respeto, sino los temidos e incomprendidos chupadores de sangre. La sociedad se encuentra ante un punto de inflexión donde florecerán nuevos sentimientos y problemas, donde el odio lidiará con la aceptación, donde habrá que luchar por ganarse el respeto o incluso por la supervivencia ante los más crueles fanáticos (en este caso, los que saben que la sangre de los vampiros es una poderosa droga). Los protagonistas son un grupo de amigos y familiares que suelen encontrarse, por amistad o trabajo, en un bar típico del centro-sur de Estados Unidos, entre los que destaca la joven Sookie, quien tiene el poder de leer las mentes. La presencia de los vampiros cambiará sus vidas para siempre.

True Blood es por tanto un drama de sociedad y personajes donde la fantasía solamente se utiliza para aportar un contexto distinto. Ahora aparecen nuevas preguntas: ¿calará esta extraña propuesta entre el público de la HBO y entre los numerosos seriéfilos de Internet? Veo en IMDB y TV.com que el piloto está siendo machacado por el público estadounidense, y si la cosa no cambia con el estreno de la temporada veremos si dura más de un año. A mí por el contrario esta presentación me ha gustado bastante. A la originalidad de la idea hay que sumarle el buen hacer de Ball en la construcción de personajes (todos muy bien presentados y descritos y además muy interesantes) y la elaboración de situaciones y diálogos creíbles, nada previsibles y sí muy originales y absorbentes. Además, una buena dirección (también de Ball), el carisma y la atípica belleza de Anna Paquin, y sobre todo la inquietante presencia de Stephen Moyer, el vampiro más vampiro que he visto nunca (y sin maquillaje alguno), son otros buenos alicientes. Se podría decir, sin que lo considere un fallo, que el episodio no ha relatado nada relevante, pues no se ha decantado por ofrecer sorpresas impactantes o tramas de altos vuelos, sino que ha sentado con tranquilidad las bases (o sea, ha presentado los personajes) de un drama muy suculento. Veremos qué da de sí la serie, pero desde luego promete bastante y la espero con muchas ganas.

Ver también:
-> Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)