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EL SÉQUITO – TEMPORADA 5

Entourage
HBO | 2008
Comedia, drama | 12 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Perrey Reeves, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Beverly D’Angelo, Gary Cole, Jamie-Lynn Sigler.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo.–

Después de que la cuarta temporada pareciera relegar las tramas largas centradas en el mundo del cine en pos de aventuras más ligeras, aunque no por ello perdiera fuelle, la quinta abraza de lleno otro de los puntos clave en la vida de muchos actores: la caída en desgracia, el fracaso. Medellín se estrella en Cannes, a nadie le gusta y nadie quiere distribuirla, lo que arrastra la carrera de Vince. Así que Eric, Ari y Vince luchan a diario por encontrar papeles en una industria que pasa de mimarlo a rechazarlo, ofreciéndonos, El séquito su año más oscuro.

Aunque ya conocíamos bastante sobre las disputas entre agentes, productores y estrellas de Hollywood para sacar adelante los proyectos, aquí nos lanzamos a primera línea de las trincheras, sufriendo problemas y desencantos de todo tipo, extendiendo la guerra con Adam Davies, rivalizando ahora también con Amanda Daniels (la que fuera agente de Vince por poco tiempo), y volviendo a tener duras negociaciones con Dana Gordon y Alan Gray, y finalmente con el jefe del estudio, John Ellis. Cuando por fin consiguen avanzar hacia algo prometedor deben tomar decisiones difíciles o sacrificar mucho. Eric se encuentra ante la tesitura de tener que elegir entre el guion de sus clientes y el futuro de Vince, Ari lidia entre su ego (ascender aplastando a los contrincantes) y ser fiel a Vince, y el propio Vince debe plantearse dar un paso atrás, coger papeles menores, de secundario incluso.

El capítulo en que van a drogarse con setas al desierto para tratar de disipar las dudas de si aceptar la película sobre los bomberos o no es un inciso muy llamativo, pero también resulta un descanso breve, porque en el rodaje Vince las pasa putas con un director cada vez más exigente que mina su ya de por sí escasa autoestima. Así nos adentramos también algo sólo vislumbrado anteriormente: el rodaje de las películas. Actores caprichosos, directores difíciles de tratar y como siempre detalles aquí y allá muestran historias sencillas, quizá no sorprendentes, pero narradas con una pasión contagiosa.

El tramo final, con la película yéndose al traste, pues los productores deciden terminar con el jaleo antes de perder más dinero, es trepidante y mantiene la tensión a flor de piel, y supone la puntilla a la carrera de Vince. Así que a él y los chicos no les queda otra que volver a casa de sus madres en Queens, y a mendigar por papeles desde allí sin muchas esperanzas. La tensión llega a tal punto que vemos lo impensable: Vince estallando de frustración y rabia, la amistad con Eric resquebrajándose. Pero esto es El séquito, una serie con una visión de la vida más bien luminosa, alegre. La crisis se solventa en los últimos minutos de la temporada con Eric consiguiéndole a Vince un papel en una película de Martin Scorsese después de haberse dejado la piel de despacho en despacho, y recuperando así su amistad.

Eric, aparte de luchar por levantar la carrera de Vince, trata de llevar la suya propia como agente. Con el prometedor guion de par de jóvenes sureños y la comedia que vende otro recibe palos por todos lados y sufrirá infinidad de quebraderos de cabeza, pero no pierde la esperanza. Drama, inesperadamente, tiene estabilidad y algo de fama con el papel en la serie Five Towns, aunque sus manías y tics lo meten en apuros varias veces (delirante la entrevista en televisión, algo amargo el fin de la relación con la fan de Viking Quest). Tortuga no tiene una historia larga, aunque no pierde presencia ni interés. Y al final presentan la del año que viene: se liga a Jamie-Lynn Sigler, una actriz bastante conocida, sobre todo en esa época (la hija de Los Soprano). Por su parte, Ari tiene como es habitual sus propias historias secundarias, que son las mismas de siempre (las peleíllas con su mujer y con Lloyd) pero tampoco acusan desgaste, y al final se inicia una nueva: quiere darle trabajo a un amigo suyo que no levanta cabeza, Andrew Klein, interpretado por el gran Gary Cole, lo que permite también recuperar los líos con su socia, Barbara Miller.

Entre los mejores momentos del año tenemos la fiesta de cumpleaños de una adolescente, donde Vince se rebaja a ir por ganarse un dinero fácil, los reencuentros de E con Sloan, y con Seth Green de por medio fastidiando, el retorno de Dom, que parecía una trama gastada pero ofrece unos giros muy logrados, Tortuga haciendo de ayudante de Drama en el set, las peleas entre Ari y Adam Davies, las negociaciones con Amanda, el infarto de Alan Gray (el ejecutivo cabrón), las disputas con el director alemán, y las mencionadas setas alucinógenas, que cada personaje vive de una forma distinta.

Ver también:
Temporada 1 (2004)
Temporada 2 (2005)
Temporada 3 (2006)
Temporada 4 (2007)
-> Temporada 5 (2008)
Temporada 6 (2009)
Temporada 7 (2010)
Temporada 8 y final (2011)
La película (2015)

EN TERAPIA – TEMPORADA 1

In Treatment
HBO | 2008
Drama | 43 ep. de 22-30 min.
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Melissa George, Mia Wasikowska, Josh Charles, Embeth David, Diane West, Michele Forbes, Mae Whitman, Glynn Turman.
Valoración:

Basándose en una serie israelí llamada BeTipul (de Hagai Levi), que supongo tendría bastante éxito o llamaría la atención por su estilo y calidad, Rodrigo García y Paris Barclay crean en la HBO su versión occidental, cambiando según se dice por internet lo mínimo, sólo aspectos culturales. Es la primera serie de emisión diaria de la cadena, y como era esperar la apuesta es atrevida y arriesgada como pocas. In Treatment (En terapia) sigue el día a día de un terapeuta con sus pacientes, mostrando casi únicamente esos personajes y la habitación donde trabaja. Nos centramos en un paciente al día (cinco por semana) al que seguimos en cada cita semanal hasta completar el ciclo de su vida que estamos viendo (llegando a la asombrosa cifra de cuarenta y tres episodios). Los capítulos son en formato corto, de 25-30 minutos.

Los protagonistas son de lo más dispares, resultando unos más atractivos que otros según las preferencias del espectador, aunque estoy seguro de que a la larga todos terminan con un huequecito en nuestro corazón. Siempre queremos saber más, queremos ahondar en sus problemas y en las razones subyacen en su psique y su pasado que les han llevado hasta estos momentos difíciles de sus vidas. Lleva la terapia Paul Weston (Gabriel Byrne), conocido por ser de los mejores del gremio, aunque pronto vemos que está extasiado, agobiado y distraído por sus propios fantasmas personales: la relación con su familia es prácticamente inexistente, y su mujer, Kate (Michele Forbes, que aparecerá puntualmente), inicia una aventura con otro. Así pues, decide ir a terapia él mismo, acudiendo a su vieja amiga y mentora los viernes (Gina, Diane West).

Los lunes nos encontramos con Laura (Melissa George, vista en Alias), una treintañera hermosísima con problemas para relacionarse con los hombres, con quienes no es capaz de conectar más allá del sexo desenfrenado del que luego suele arrepentirse. Hará tambalear los cimientos de la vida y trabajo de Paul cuando declara su amor por él, pues sus sentimientos hacia ella son también intensos y sobre todo conflictivos con su ética profesional.

Los martes nos visita un piloto de combate, Alex (Blair Underwood), altivo y pagado de sí mismo pero también muy dotado y exigente con lo que espera de sí mismo y de los demás. Es quien peor me caía al iniciar la serie, por su chulería y frialdad, y porque me daba la sensación de que su historia aportaba menos. Sin duda es el más difícil, porque es quien más guarda sus sentimientos; por ello mismo conforme vamos conociéndole se hace mucho más interesante: ¿pero qué le pasa a este tío, cuáles de las historias que transmite están realmente las relacionadas con sus penas? Los episodios en que por fin explota y admite tener serios problemas son sobrecogedores, y el desenlace de su historia y la aparición de su padre resultan memorables.

Los miércoles tenemos a Sophie (Mia Wasikowska), quien enamora desde la primera escena y se alza desde entonces como la favorita del público (todo artículo que he leído la reclama como tal). Es una gimnasta adolescente que parece haber intentado suicidarse y cuyo cerebro es un caos de sentimientos y conflictos. De estar pletórica y alegre pasa a la más profunda de las depresiones en un instante. Sus sesiones son las más intensas, caóticas e imprevisibles y sus historias las esperaba con un ansia que no se veía defraudada, porque la evolución del personaje es magistral. El tramo final es precioso, y la parte central, cuando Paul empieza a llegar al fondo de su mente, demoledora.

Los jueves la crisis del matrimonio de Jack y Amy (Josh Charles, Embeth David) zarandea hacia un lado (él, obsesivo y controlador) u otro (ella, distante y dañina para consigo misma) y, como la de parte de Alex, puede costar entrar en su dinámica, entender sus motivaciones, pero precisamente esa es la idea: no es fácil llegar al fondo de asuntos tan complejos, y no es hasta casi el final cuando se empieza a entenderles mejor; hasta entonces sus aventuras son menos centradas en los sentimientos y más en el conflicto directo: peleas, problemas paralelos, etc. Es la sección que me llegó con menos fuerza, pero lo cierto es que en ningún momento se me hizo pesada o pensé en saltar episodios para llegar a mis partes favoritas.

En terapia es todo diálogo, personajes exponiendo sus miserias, cataratas de sentimientos, luchas internas mientras Paul intenta introducirse en sus mentes y hacerles ver sus errores y cómo pueden salir adelante. Pero que no asuste su formato y estilo, pues en el fondo no difiere demasiado de un drama de personajes estándar. Quien espere acción obviamente no la va a encontrar, pero a pesar del limitado número de protagonistas el ritmo es siempre intenso, lleno de diálogos y situaciones que constantemente están transmitiendo algo o yendo en una dirección bien palpable y atractiva. En pocas frases se definen personajes y relaciones que no vemos (o lo hacemos de refilón, como los hijos de Paul) pero llegan a interesarnos y desde luego son cruciales para entender a los protagonistas. Los propios pacientes calan hondo rápidamente, tan bien construidos, mostrados y desarrollados se nos presentan, y los episodios saben a poco, pues siempre nos dejan queriendo saber más del carácter que acabamos de acompañar. Así, la mayor parte de las veces que me ponía a ver algún episodio me ventilaba una semana de golpe.

Siendo una serie centrada totalmente en los personajes, el reparto debía ser elegido con cuidado. Y qué mejor cadena a la hora de escoger actores que la HBO. Todos son perfectos para sus roles, todos están comprometidos al máximo y ofrecen unas interpretaciones excelentes, pero como es habitual alguno termina destacando sobre los otros. El primero en hacerlo es Gabriel Byrne, quien consigue una labor inmejorable en un personaje muy difícil, pues constantemente debe expresar dudas, vacilaciones, tensión o rabia de forma que los pacientes no lo noten pero el espectador sí lo haga, y todo ello evitando dar la sensación de que resulta forzado. Melissa George capta de forma magistral todos los matices de su carácter, que según estado de ánimo que se encuentra seductora o frágil, animada o ahogándose en un mar de lágrimas. Y en un mundo justo Mia Wasikowska habría arrasado en todos los premios televisivos, pero ya sabemos cómo son. Su papel es el más completo y espectacular. La joven muchacha llena la pantalla de forma arrolladora con una vitalidad increíble; sus largos discursos en llanto descarnado, sus rabietas impredecibles, sus explosiones de emociones o su hosca hostilidad consiguen como indicaba que el personaje sea el más fascinante del conjunto.

Como suele pasar, calidad y audiencias no van de la mano, y si le sumamos que el proyecto no es fácil de llevar a cabo (muchos episodios, y Gabriel Byrne, que aparece en todos, acabó quemado), En terapia ha sido otra más de la HBO aclamada por los espectadores exigentes pero poco vista, y tras su tercera temporada se le ha puesto fin.

Ver también:
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 y final (2015)

SONS OF ANARCHY – TEMPORADA 1

FX | 2008
Drama, acción | 13 ep. de 46-59 min.
Productores ejecutivos: Kurt Sutter, John Linson, Art Linson.
Intérpretes: Ron Perlman, Charlie Gunnam, Katey Sagal, Mark Boone, Maggie Siff, Tommy Flanagan, Kim Coates, Johnny Lewis, Theo Rossi, William Lucking, Ryan Hurst, Dayton Callie, Taylon Sheridan, Ally Walker.
Valoración:

Sons of Anarchy (Hijos de la anarquía) es un club de moteros de California que funciona como grupo criminal organizado, haciendo cumplir en su zona la ley del más fuerte por encima incluso de las autoridades del Estado. La línea que separa el poder de la muerte es fina y cambiante, y por ello cada día los protagonistas deben luchar para mantener a raya los egos de otras bandas, esquivar las fuerzas de la ley (las locales compradas, las federales temidas) y por supuesto lidiar con las rencillas internas, muchas veces más peligrosas que cualquier otro factor externo.

Todas las historias relatadas en esta primera temporada las he visto mil veces. No hay ninguna sorpresa, giro o desarrollo de tramas que sorprenda o se distancie de lo más previsible: los cadáveres a ocultar, la sombra del FBI a esquivar, la sospecha de traidores, los líos amorosos que ponen todo en peligro, los tratos que se van al garete por la ambición de otras facciones… Igualmente los personajes son los de siempre y hacen lo que más se espera de ellos; no falta ningún cliché en esta especie de versión de Los Soprano o El padrino con motos: el líder de apariencia fuerte pero con mucha tensión y dudas sobre sus hombros, el aprendiz inteligente y dedicado pero con ideas demasiado atrevidas, los matones determinados (cada uno más o menos bruto y simpático y con sus manías concretas), los novatos, la mujer del jefe (que mueve casi tantos hilos como él) y las novias de otros (ya sean las putillas de ese modo de vida o chicas normales que dudan si acercarse a ese mundo).

Y sin embargo me ha gustado bastante, porque a pesar de todo está bien escrita, bien interpretada, bien rodada y resulta muy entretenida. Las tramas están bien trabajadas y sus desenlaces no decepcionan por ser simples o todo lo contrario, rebuscados. Prima el contar bien las cosas, paso a paso, sobre las sorpresas facilonas y la intensidad artificiosa. Entre estas historias de crímenes los caracteres danzan muy bien, con evoluciones bien desarrolladas aunque sus rumbos también sean notablemente predecibles, y por más estandarizados que puedan ser también resultan totalmente creíbles y muy simpáticos (algunos me han encantado, como la investigadora que los acosa). Sus actores han sido todos muy bien elegidos: un imponente Ron Perlman como el rudo líder, un atractivo y carismático Charlie Hunnam como el joven que heredará el trono, una altiva Katey Sagal que logra hacer de su álter ego una mujer odiosa, más una serie de secundarios muy acertados, muchos de ellos presencias míticas (Kim Coates, Tommy Flanagan, Dayton Callie, Mark Boone, Mitch Pileggi…). Por último, la realización es de primer nivel, destacando la excelente fotografía y el exquisito sentido del ritmo (los capítulos se me hacían cortos).

Así pues, a pesar de no distanciarse lo más mínimo de las mismas historias de siempre no hay sensación de simpleza o de falta de recursos, pues todas las piezas del puzzle están siempre bien colocadas y desarrolladas con atino. Sons of Anarchy no es rompedora, ni parece que pretenda serlo, es el ejemplo perfecto de que una historia bien contada y con personajes sólidos, por vista que resulte, vale mucho más que una más atrevida pero hecha a la carrera. Este primer año es más que efectivo como entretenimiento sin pretensiones, muy recomendable para quienes, como un servidor, a la hora de buscar una distracción pasajera desean algo más que el limitadísimo formato de los procedimentales.

Ver también:
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

BREAKING BAD – TEMPORADA 1


AMC | 2008
Drama, suspense | 7 ep. de 55 min.
Productor ejecutivo: Vince Gilligan.
Intérpretes: Bryan Cranston, Anna Gunn, Aaron Paul, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte.
Valoración:

Walter White es un genio frustrado de la química. Su gran mente se ve limitada por la apagada trayectoria de su vida, que lo alejó del éxito para llevarlo a las repetitivas labores de docencia en un instituto de Albuquerque. Su aburrimiento diario da un giro inesperado y brutal cuando le es diagnosticado un cáncer de pulmón que amenaza no solo con llevarse su vida en pocos meses, sino también con hundir a su familia en infinitas deudas médicas. El señor White decide entonces garantizar un sustento a su familia para cuando no esté con ellos, y la salida con la que prácticamente se encuentra sin esperarlo es muy poco ortodoxa: dirige sus conocimientos de química hacia la manufactura de metanfetaminas, una droga cada vez más popular en la zona. Entra así en el peligroso mundo del narcotráfico, y sus primeros pasos no son nada fáciles, pues se enfrenta a conflictos y dilemas que le llevan a plantearse el asesinato a sangre fría.

Su primera temporada es brevísima por el golpe de la huelga. Tiene solo siete episodios, pero basta ver el primero para admirar muchísimas de sus cualidades y probablemente acabar enganchado irremediablemente a la serie. Pasó bastante desapercibida en su estreno, pero poco a poco se ha ido ganando la admiración de un público que actualmente con la tercera temporada se ha entusiasmado incluso más de lo que merece.

Breaking Bad no hace concesiones ni argumentales ni visuales. Se mete de lleno en el mundo de la droga sin escatimar en descripciones, por duras que sean estas. Hay drogadictos, muertes, cárteles sanguinarios, policías que acaban perturbados y desquiciados por los acontecimientos y daños colaterales terribles (amantes, familia, niños destrozados e incluso muertos). Se juega hábilmente con los límites y cambios de la moral en la sociedad (¿por qué el alcohol es ilegal y otras drogas no?) pero sin intentar justificar las horribles acciones de Walter, sino dejando que el espectador entre en el juego con sus propias ideas. Detaca también un tono de humor irónico con respecto a la violencia que me recuerda a Los Soprano, pero con mucha más sangre.

La realización es magnífica, brillante por momentos. La música tan bien utilizada, la hermosa fotografía (excelente aprovechamiento del colorido de los paisajes desérticos de Nuevo Méjico), la sutil cámara en mano que consigue un correcto toque de realismo y las sólidas labores de sus directores ofrecen un aspecto visual arrebatador. Parece que estamos ante una producción de la HBO, pero no, es de AMC, una cadena pequeña pero ambiciosa (Mad Men, El prisionero). Solo una queja tengo, y es que los prólogos suelen parecerme innecesarios, por no aportar nada, por ser tramposos o limitarse vaciles exagerados de enredos visuales.

En cuanto al elenco, estamos ante una figura muy a tener en cuenta: Bryan Cranston, antes conocido por ser el padre de Malcom en aquella genial comedia para todos los públicos (Malcom in the Middle). Su conversión en el personaje de Walter White, patente desde el primer episodio, es de esas dignas de alabar sin miramientos, de recordar como algo antológico en el mundo de la interpretación. Pocos, muy pocos papeles he visto tan perfectos, tan completos, complejos y sublimes. No se quedan atrás las otras dos figuras principales de este pequeño reparto: una hermosa Anna Gunn como su mujer y un excelente Aaron Paul como el joven yonki asociado de White. Y en un plano más secundario tenemos al correcto RJ Mitte como el hijo discapacitado de la familia, a un muy acertado Dean Norris como el cuñado de la DEA y a su insoportable mujer, una Betsy Brandt un tanto sosa.

Breaking Bad es sumamente atrevida, directa y a la vez sutil y está magníficamente confeccionada e interpretada. Habrá quienes la encuentren desagradable tan solo viendo a su egocéntrico y descarriado protagonista, probablemente el personaje más sucio y bestia que he visto en televisión. Incluso hoy día, donde los personajes cabrones tienen un hueco y bastante éxito, el Señor White sobresale de forma notoria.

Ver también:
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5, parte 1 (2012)
Temporada 5, parte 2 y final (2013)
El Camino: Una película de Breaking Bad (2019)

TRUE BLOOD – TEMPORADA 1

HBO | 2008
Drama, comedia, suspense | 12 ep. de 50-58 min.
Productores ejecutivos: Alan Ball, Gregg Fienberg.
Intérpretes: Anna Paquin, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Carrie Preston, William Sanderson, Jim Parrack, Stephen Moyer, Alexander Skarsgård, Todd Lowe, Kristin Bauer.
Valoración:

Como indiqué en su momento, el pre-air más que efectivo episodio piloto fue injustamente menospreciado, quizá por sus tramas atípicas y su tono un tanto excéntrico. Pero la llegada de la serie regular no tardó mucho tiempo en acallar las malas críticas, y al final se ha ido convirtiendo silenciosamente en el estreno más remarcable del año. Sin embargo, no se puede negar que True Blood no pasa de ser un entretenimiento muy bien confeccionado, y dudo que dadas sus características llegue a deslumbrar como una gran producción (sobran las comparaciones con A dos metros bajo tierra, por ejemplo). La creación del ya mítico Alan Ball tiene tanto puntos a favor como puntos en contra ciertamente remarcables, aunque el equilibrio entre ambos ofrece una obra fresca, original y sobre todo muy atractiva.

A su favor el punto más fuerte es el sólido y cohesionado reparto, donde todos los intérpretes dan vida de forma muy creíble a caracteres de lo más variopinto, a individuos con poderes paranormales o directamente monstruosos (vampiros, licántropos, telépatas), a extravagantes, paranoicos y demás bichos raros (el ligón imbécil, la chica fuerte por fuera y débil por dentro, el homosexual libertino que no se amilana ante la sociedad retrógrada donde vive, etc.). Entre todos ellos cabría mencionar el brillante y carismático papel de la siempre excelente Anna Paquin, de la que tengo que decir que su personaje es difícil de asimilar y hay a quienes les resulta cargante, pero eso no es excusa para atacar su magnífica labor. No se quedan atrás otros como Ryan Kwanten (su hermano Jason), quien también ha tenido menos reconocimiento del merecido por tener en sus manos un tipo de personaje que parece más cómico que otra cosa (el citado ligón tontaina). Su interpretación es exquisita, y más si tenemos en cuenta lo difícil que es hacer creíble a semejante individuo.

Muy logrado es también el ambiente en que se enmarcan los acontecimientos, esa sociedad sureña conservadora que poco a poco abre las puertas a la modernización social, a la aceptación de otras formas de vida. El choque cultural de la homosexualidad no es nada comparado con el vampirismo, con lo que la serie goza de un humor ciertamente cínico y surrealista, un clásico sello de Alan Ball.

La realización es de gran nivel, siendo lo que más impronta deja la excelente y a ratos bellísima fotografía. Mención especial para las escenas de suspense o las correctas inclusiones del citado sentido del humor, que mantienen el interés constante en las historias a pesar de que algún personaje pueda no atraernos tanto como los demás (a mí se me atragantó Tara y su historia de exorcismos, por ejemplo).

En el lado malo el aspecto más notable es la aburrida trama central, aquélla que versa sobre el asesino en serie. Si bien da para lanzar interesantes subtramas y para meter en el juego a todos los personajes que aparecen, estos mismos caracteres y el día a día en sus vidas terminan siendo más relevantes que dicha historia. Por si fuera poco la resolución de la misma es poco menos que mediocre y es el principal factor en la pequeña pérdida de ritmo y fuerza que aparece en los dos o tres episodios finales.

True Blood es en conjunto una producción original que ofrece un agradable visionado, y si le sumamos el sello de calidad de la HBO, que garantiza un nivel intelectual alto y una realización de gran nivel (amén de sangre y desnudos por doquier), tenemos lo que se dice un entretenimiento de primera.

Ver también:
Episodio piloto (versión pre-emisión) (2008)
-> Temporada 1 (2008)
Temporada 2 (2009)
Temporada 3 (2010)
Temporada 4 (2011)
Temporada 5 (2012)
Temporada 6 (2013)
Temporada 7 y final (2014)

JOHN ADAMS – MINISERIE

HBO | 2008
Drama, Histórico | 7 ep. de 63-92 min.
Productores ejecutivos: Kirk Ellis, Tom Hanks, Gary Goetzman, Frank Doelger.
Intérpretes: Paul Giamatti, Laura Linney, Stephen Dillane, David Morse, Sarah Polley, Samuel Barnett, Danny Huston, Tom Wilkinson, John Dossett.
Valoración:

Me topé con ella por casualidad. Nadie hablaba de esta miniserie en los blogs que suelo leer, todos bastante centrados en los temas de moda y las series más vistas, y aún no había pegado fuerte en los algunos premios televisivos como los Emmy (donde a pesar de la nula objetividad de los mismos arrasó de tal manera que dejó impresionado a medio mundo). Ni siquiera sabía quién era John Adams, algo que ahora me resulta increíble. ¿Por qué la historia apenas habla del segundo presidente de los EE.UU. y uno de los principales fundadores del país, así como una importante figura en la política mundial de la época? La novela del famosísimo David McCullough (editada en 2001 y que le propició su segundo premio Pulitzer) y ahora esta sensacional adaptación sirven para poner remedio a esa injusticia.

A lo largo de siete episodios seguimos la vida familiar y laboral de John Adams desde sus primeros escarceos con la política de las colonias inglesas en Norteamérica hasta su fallecimiento, pasando por supuesto por su mandato como Presidente de los recién forjados Estados Unidos. Es esta propia idea de abarcar toda su vida el único pero notable que se le puede poner a la serie, pues como era de esperar hay periodos de poca relevancia y por tanto algunos tramos de los largos capítulos ven mermados su interés. Es importante indicar que hay un gran desequilibrio entre la primera mitad de la miniserie (los dos o tres primeros episodios) y el resto: mientras que el nacimiento de los Estados Unidos es fascinante, de una intensidad abrumadora, con ese segundo capítulo extraordinario (una hora y veinte minutos de diálogos densos, de dioses de la interpretación comiéndose la pantalla), a partir de ahí la cosa va en descenso, para terminar en un final melodramático (la vejez y muerte de los protagonistas) un tanto aburrido e innecesariamente largo.

Por lo demás estamos ante una superproducción de altos vuelos que aun viniendo de la HBO (Rome, Hermanos de sangre…) sorprende por su fastuosa puesta en escena. El vestuario y el detallismo de los escenarios es fascinante, pero los grandes planos de edificios, ciudades, puertos, etc. son prácticamente indescriptibles. No se sabe dónde acaba lo real y comienzan las maquetas y lo digital (fantástico añadido de fondos por ordenador) y todo resulta tan realista y espectacular que resulta imposible apartar la mirada de las imágenes. Y como era de esperar en una obra de esta cadena la realización está a la altura de las circunstancias: las labores de dirección, fotografía e interpretación son más que sobresalientes, son casi antológicas. Destaca especialmente la fotografía por su arriesgadísimo estilo que puede confundir a más de un espectador. En una narración histórica sobre dramas familiares y política cabría esperar una puesta en escena sobria, tranquila… pero sorprendentemente optaron por formas artísticas rebuscadas: cámara en mano, constantes juegos con los ángulos (casi siempre el cuadro está inclinado)… En un principio puede descolocar por la falta de costumbre de ver algo así, pero una vez estamos introducidos en la trama la atmósfera que se vislumbra es tan perfecta como hermosa. Por lo general esta fotografía ofrece escenas y planos muy logrados, pero hay numerosos momentos en los que se obtienen imágenes sublimes que en varias ocasiones atrapan más que la propia historia que se está narrando.

Sobre el reparto no puedo sino verter halagos infinitos. Paul Giamatti es uno de los mejores actores del momento, y la amplia lista de secundarios está repleta de intérpretes brillantes. Destacan obviamente los que tienen más protagonismo: Stephen Dillane (Thomas Jefferson), que otorga al personaje un aire inquietante y distante fantástico, Laura Linney (Abigail Adams, una de las primeras damas más influyentes e inteligentes de la historia del país), tan enérgica y trágica como su álter ego lo requiere, un inmenso David Morse (George Washington), que quita la respiración a pesar de las pocas apariciones que tiene, y un siempre impresionante Tom Wilkinson como Benjamin Franklin.

Es John Adams quizá demasiado densa y lenta para el público normal, pero el seriéfilo más avezado seguramente la disfrutará, sobre todo por su inconmensurable puesta en escena, mientras que los aficionados a la historia tienen una cita ineludible.

GENERATION KILL


HBO | 2008
Bélico | 7 ep. de 70 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Ed Burns.
Intérpretes: Alexander Skarsgård, James Ransone, Lee Tergesen, Jon Huertas, Stark Sands, Billy Lush, Chance Kelly, Rudy Reyes, Eric Nenninger, Brian Wade.
Valoración:

Auspiciada por el sello de la HBO y presentada como la nueva producción de los genios que nos regalaron la obra maestra The Wire, David Simon y Ed Burns, llega esta miniserie de siete episodios que relata las aventuras de un grupo de soldados a los que siguió un reportero de la revista Rolling Stone. El potencial del tema (pocos se han atrevido todavía a abordar la polémica guerra de Irak), la alargada sombra que dejó la indescriptiblemente espectacular Hermanos de sangre (Steven Spielberg, Tom Hanks, 2001), los excelsos autores, los infinitos medios que pone la cadena… Todo estaba exclamando a gritos que íbamos a tener otra serie antológica. Sin embargo, Generation Kill se queda en una mera anécdota, en una miniserie de alto presupuesto rodada de forma magistral pero prácticamente vacía.

Empezaré por lo bueno: la realización. Sublime es decir poco. Hay imágenes que te dejan sin respiración. La perfecta fotografía saca el máximo partido de los paisajes desérticos (fue rodada en Sudáfrica), aunque lo mejor que puedo decir es que jamás he visto escenas nocturnas tan bien rodadas, tan creíbles. El montaje, los despliegues de extras, vehículos, vestuario, escenarios naturales, el atinado reparto… todo es aprovechado al máximo por los directores, ofreciendo un recital de calidad que hoy día igualan pocas películas para el cine.

Pero… ¿qué importa que la factura sea sobresaliente si no se utiliza para narrar algo? Porque Generation Kill es un producto hueco, insípido, banal. No hay una historia que sustente los capítulos, ni siquiera hay pequeñas aventuras amenas y mínimamente trascendentes. Lo único que hacemos durante siete horas es pasear por el desierto junto a unos personajes que parecían interesantes pero cuyo potencial se desaprovecha por completo al no vivir acontecimientos dignos de mención. Lo poco que hay se repite demasiado: problemas con los superiores y algunos detalles sobre la supervivencia en el desierto, cosas además nada nuevas. No hay drama, no hay tensión, no hay acción (salvo en un capítulo en una escena para quitarse el sombrero: A Burning Dog)… y para colmar la decepción que me ha supuesto, el riesgo, la crítica al sistema político y bélico que cabría esperar al tratar semejante guerra, no existen.

¿Cómo catalogar Generation Kill ante semejante desequilibrio entre la forma y el contenido? Pues no estoy muy seguro, porque según veía los episodios (siempre esperando algo que no llegaba nunca: que pasara algo) no podía apartar la mirada por la belleza de las imágenes, pero suspiraba cada dos por tres por el tedio que transtime la narración. La mejor definición que se me ocurre es la de producción desaprovechada, recursos ilimitados tirados en unos guiones que deberían haber sido reescritos varias veces.

Llegados a este punto casi me veo obligado a recomendar la prematuramente cancelada Over There (Steven Bochco, Chris Gerolmo, 2005). Esta sí se metía de lleno en historias duras (por reales) y bastante críticas. Llegó demasiado pronto (el público no estaba aún preparado para abordar un tema tan delicado) y fue demasiado explícita en los temas a tratar, así que no duró ni medio asalto, pero la corta temporada que hay es una pequeña maravilla incomprendida.