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EL SÉQUITO – TEMPORADA 3

Entourage
HBO | 2006, 2007
Comedia, drama | 20 ep. de 25-30 min.
Productores ejecutivos: Mark Wahlberg, Doug Ellin, Rob Weiss, Stephen Levinson, Eric Weinstein.
Intérpretes: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven, Rex Lee, Debi Mazar, Perrey Reeves, Rhys Coiro, Emmanuelle Chriqui, Constance Zimmer, Malcolm McDowell, Beverly D’Angelo.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo la temporada a fondo.–

La tercera temporada en realidad son dos tandas de doce y ocho capítulos emitidos con unos ocho meses de separación, y luego editados en dvd por separado también. Es de suponer que hubo alguna triquiñuela legal, seguramente con los contratos de lo actores, es decir, si fuera una temporada nueva tendrían que subir salarios. En el guion se nota mucho la estructura, pues cada tramo tiene sus tramas principales.

La premisa global es la persecución del largometraje sobre la vida de Pablo Escobar, Medellín (llamado así obviamente por el cartel que dirigía), pues Vince tiene ya asentada su carrera (Aquaman es un éxito) y estima que puede conseguir el papel que más desea antes de que se lo quiten otros. Con este nuevo objetivo en el horizonte seguimos ahondando en esta particular visión, mitad comedia mitad drama, de la vida y negocios en el mundo del cine en Hollywood, combinando ágilmente una infinidad de historias del día a día con tramas seriadas de gran atractivo.

En la primera parte nos centramos en los baches más grandes del proceso. Las exigencias de los estudios que encumbraron a Vince y lo quieren para las secuelas de Aquaman, las peleas con el agente, Ari, por rechazar millones en favor de una cinta maldita, la carrera en pos de financiación y apoyo, las puertas cerradas, los egos cabrones, las elecciones difíciles y las alternativas arriesgadas… Mientras persiguen con tesón el filme, la relación con Ari se resiente, pues sienten que no se esfuerza lo suficiente. Se va generando una brecha creciente que acaba en un subidón tremendo, pues de nuevo tomamos un camino inesperadamente oscuro: acaban fatal, llegando a despedirlo.

El séquito en su conjunto tiene sus propias aventuras personales, ligues, fiestas y demás, que se ven renovadas y magnificadas por la presencia de Dom (Domenick Lombardozzi, de The Wire), un viejo amigo que acaba de salir de la cárcel y no tardará en sembrar la cizaña en el grupo, aunque a la larga sirve para dejar más claro que Tortuga y Drama no son simples rémoras como él, sino amigos sin los que Vince no podría vivir. Con ello la serie clava el otro tema que suele tratar: la amistad, la vida de los jóvenes, aunque en este caso sea a lo grande porque son famosos adinerados.

Por otro lado, Ari continúa trabajando incansablemente para estar en la cima del mundo de los agentes de cine, lo cual no será nada fácil debido a la reciente y tumultuosa salida de la compañía. Intentará poner en marcha la suya propia, lidiando con la poderosa competencia, los problemas económicos, las traiciones… Y todo ello de nuevo salpica su matrimonio, aunque también hay que sumar su machismo recalcitrante que lo mete en una encerrona tras otra. No me olvido de la dinámica caótica con Lloyd, pues los guionistas vieron la química entre ellos y no dudan en aprovecharla.

En la segunda parte empezamos en un ambiente nuevo para la banda, en especial para Vince y Eric, pues han crecido en el mundillo bajo la batuta de Ari. Además, la elección del nuevo agente pronto empieza a traer problemas, el primero, que es una mujer muy atractiva (Carla Gugino ni más ni menos) y hay gran tensión sexual no resuelta con Vince. Luego empiezan a llegar otros: la falta de entendimiento y comunicación, las peleas con Ari, que no va a rendirse sin presentar batalla, y todo como es obvio se ve salpicado por las demás malas artes del gremio, con los productores egoístas e impredecibles a la cabeza. Así, la lucha por Medellín es encarnizada. Con tantos líos y trabas, Eric y Vince deciden lanzarse a una nueva etapa en sus vidas, lo que nos lleva a otro aspecto clave del mundo del cine: el paso de actores a productores. Esto los sumerge en una búsqueda de financiación aún más desesperada (el judío, el árabe), y a volver a colaborar con el inestable Billy Walsh (Rhys Coiro).

La odisea de Ari es muy ajetreada también, y avanza con varios giros inesperados muy eficaces: la resolución de la riña con su antiguo socio (Malcolm McDowell) le da un buen dinero, pero no es suficiente para montar el gran negocio que desea… hasta que llega otro de los personajes secundarios para salvar los trastes: Barbara Miller (Beverly D’Angelo) será su nueva socia. Drama, después de tanto traspiés, consigue un avance crucial en su vida y carrera: entrar en el reparto principal de una serie. Por supuesto no le ha resultado fácil llegar ahí, ni lo será manteneterse, sobre todo porque él mismo con sus manías se pondrá mil trabas. Su obsesión por el qué dirán los demás lo lleva a meterse en varios líos delirantes en el set. Tortuga por su parte no vio cumplido su sueño de ser el mánager de un cantante de rap, así que seguirá chupando de Vince. En esta subtrama tenemos el único fallo de la temporada: tienen la historia en suspenso, como si se hubieran olvidado de ella, durante muchos capítulos. Al menos el cierre funciona bien.

Entre los mejores capítulos tenemos algunos de los más grandes de la serie, no en vano esta es la mejor temporada: el viaje al valle (la parte no rica de Los Ángeles) para ver el estreno de Aquaman (Un día en el valle, 302); Lo siento, Ari (312), donde explota el mal ambiente con Ari; Lunes loco (315), donde Ari tiene una crisis emocional mientras Eric y Vince lidian con la nueva agente; y otros tantos, porque la verdad es que no hay ni uno descartable. Momentos concretos geniales también tenemos un gran número, como Drama tirando por tierra su primera audición para la serie, Billy y Vince echando pestes del destroce que hacen los productores con Queens Boulevard, el trío de Eric, Ari yendo desesperadamente tras Lloyd, hasta el punto de acabar en una fiesta homosexual, Drama buscándose piso (lloré de risa con la negociación de precios), Eric lidiando con el anciano productor que chochea (interpretado por el gran Martin Landau), Drama masturbándose para poder relajarse en su primera escena, sin saber que el micro sigue abierto…

PD: Parece ser que Debi Mazar (la publicista de Vince) iba a tener un papel mayor, pero debido a su embarazo tuvo que reducir la carga de trabajo. Esto pudo empujar el aumento de protagonismo de Lloyd y la mujer de Ari. En los créditos no se vio reflejado, pues ella sigue apareciendo en los iniciales y Rex Lee y Perrey Reeves están relegados a los de cierre.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 4

The Wire
HBO | 2006
Drama, policíaco | 13 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, John Doman, Frankie Faison, Aidan Gillen, Robert Wisdom, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, Corey Parker Robinson, Glynn Turman, Chad L. Coleman, J.D. Williams, Jamie Hector, Felicia Pearson, Gbenga Akinnagbe, Jermaine Crawford, Maestro Harrell, Julito McCullum, Tristan Wilds, Reg E. Cathey, Robert F. Chew.
Valoración:

Alerta de spoilers: Presento las tramas y personajes lo justo para poder hablar de los temas y mensajes de la temporada.–

En el cuarto año de The Wire David Simon sigue ampliando las miras y objetivos de su titánico análisis sobre las sociedades del primer mundo, pues como he indicado en artículos previos, a pesar de que retrate un país y ciudad concretos la mayor parte de lo mostrado es extrapolable a muchos otros lugares. Esta vez nos lleva a las entrañas del sistema, a los dos sectores clave en el funcionamiento del modelo social vigente: las escuelas que deben formar a los futuros ciudadanos y los políticos que en teoría trabajan para el pueblo.

Para mostrar los aspectos negativos del sistema escolar Simon elige como es lógico un ejemplo de colegio público de los que están muy afectados por el negocio de la droga y la ineficiencia gubernamental. En este lugar el nuevo grupo de protagonistas, profesores también pero sobre todo alumnos, servirá para reflejar una gran gama de situaciones, inspiradas en hechos reales como siempre, desde las que analizará todas las carencias y fallas de la administración (en todo su rango, desde las escuelas y el ayuntamiento al Estado de Maryland) tanto en la educación como en la lucha contra las drogas, pero sobre todo señala nuestro fracaso como sociedad en general. Los numerosos chavales que ahora comparten protagonismo con los policías y criminales ya conocidos nos enseñarán cada uno un modelo de las vidas de este mundo, pero todos tendrán con un punto en común: un futuro prácticamente negado por un sistema podrido del que es casi imposible salir.

Uno puede decir qué día es por sus caras. El mejor día es el miércoles. Es cuando están más lejos de casa, de lo que esté pasando en las calles. Entonces se ven sonrisas. El lunes hay ira. Los martes, están atrapados entre lunes y miércoles, así que podría ir en cualquier dirección. Los jueves sienten que llega el fin de semana. El viernes de nuevo es malo. -Una profesora.

Duquan (Jermaine Crawford) crece en la pobreza en un país con ayudas sociales escasas e inefectivas, y aunque es inteligente y aplicado, de nada sirve si tienes todas las papeletas de acabar cayendo por las grietas. Randy (Maestro Harrell) parece un buen sobreviviente en un ambiente sin violencia, en especial por su habilidad para los pequeños negocios, pero en esta cultura que exige ser siempre implacable y desalmado muestra sus debilidades: una cobardía aquí, un chivatazo allá, y estarás marcado de por vida. Namond (Julito McCullum) se forma en la droga, pues su padre, Wee-Bey, es de los grandes del negocio, y su madre está acostumbrada a vivir montada en el dólar sin dar un palo al agua, así que con el esposo en la cárcel le exige que continúe su negocio. Pero el chicho es gentil, amigable, y rehúye la violencia. A veces el entorno no consigue doblegar la personalidad, y veremos si es capaz de aprender como se le pide o cae en el intento, porque salir de ese mundo en las condiciones existentes, como digo, es algo en lo que ni pierden el tiempo soñando. Michael (Tristan Wilds) es el más maduro y duro, tanto que llama la atención de los narcos del barrio; pero no quiere seguir un camino de violencia, con lo que se enfrenta a una disyuntiva semejante al anterior, aunque con una perspectiva muy distinta. Por supuesto hay muchos más, porque Simon no escatima a la hora de incluir más de una decena de personajes nuevos, ampliando el nivel de complejidad, profundidad y realismo del relato. El niño que roba coches, el chiquinajo que da miedo, el grupo que va al aula especial de Colvin, los profesores que lidian como pueden con el desastre…

Se podría decir que desde ves el viaje en que están embarcados los chicos se puede intuir bastante bien la ruta que seguirán, pero es evidente que la idea es representar los estereotipos más comunes del panorama, igual que en la primera temporada Stringer, Barksdale y D’Angelo ejemplificaban las distintas formas de entender el negocio del narcotráfico. Y además hablamos de The Wire y David Simon. El dibujo de todos ellos es complejo y profundo, muestra unas figuras tan humanas que parece que estamos viendo un documental en el que han grabado vidas reales. Nunca se ha visto en cine o televisión un reflejo tan verosímil de la juventud y adolescencia… y resulta demoledor, porque estamos ante casos muy tristes. Además hay que destacar el papelón que consiguen todos. Es increíble el trabajo de casting y dirección de actores que han logrado los realizadores, pero sobre todo lo bien que se adaptan los críos a sus papeles a pesar de no tener mucha experiencia: ninguno se queda corto a la hora de ofrecer una interpretación de gran naturalidad y llena de matices.

El tono de gran parte de la temporada es melancólico, más trágico que de costumbre. Nunca la miseria que nos ha ido mostrado Simon llega tan hondo como en esta etapa, porque viendo este ensayo sobre el crecimiento y formación de las personas eres más consciente que nunca de que son eso, personas, de que nadie nace siendo un asesino o un narcotraficante, sino que en su mayor parte es el entorno el que dirige nuestras vidas y pocas veces nuestras decisiones son tomadas en total libertad, conciencia y conocimiento de lo que nos deparará lo elegido. Todos los niños están atados a un negro porvenir por muchos factores: el barrio donde han crecido, la familia (espeluznante la madre de Namond mandándolo a la esquina y la de Michael pidiéndole dinero para drogarse) y sobre todo el sistema, que no es capaz de ofrecerles un camino mejor y termina abandonándolos. Los procedimientos de acogida dan miedo. Todos temen acabar en una residencia social, que es el salto final a la selva: rodeado de cientos de menores desamparados y violentos, casi parece más segura la esquina, donde al menos tienes a tu banda. Los colegios son un desastre terrible, ni tienen dinero ni un modelo eficaz, y el entramado de administración y gobierno es incapaz de dar soluciones. Lo que se hace es parchear, rebajar expectativas, disimular la realidad con diversas técnicas.

-Si les enseñamos a los chicos las preguntas de examen, ¿qué se evalúa con ello?
-Nada. Nos evalúa a nosotros. Si las notas de los exámenes suben, pueden decir que las escuelas están mejorando. Si las notas siguen bajas, no pueden.
-Es manipular las estadísticas.
-¿Cómo dice?
-Convertir los robos en hurtos, hacer desaparecer las violaciones… confunde las estadísticas y los Mayores se vuelven Coroneles. Ya había estado aquí.
-Adondequiera que vayas, allí estás.

-Prez y otra maestra.

-La escuela recibe cierta cantidad de dinero por cada chico que aparece un día en septiembre y un día en octubre.
-¿Un día?
-Después de eso, no pierden el dinero del gobierno, así que terminamos.

-Cutty y el Oficial de novillos.

Con este panorama se encuentra Roland Pryzbylewski, Prez para los amigos y Prezbo para los alumnos, quien después de fracasar como policía se mete a profesor. Parece que los niños se lo van a comer vivo, de lo blando que es. Sorprendentemente consigue cierta conexión tratándolos con cercanía y sinceridad… pero claro, se topa con todas las barreras del sistema y poco puede hacer. En vez de enseñarles cosas con las que puede despertar su interés debe machacarlos con tests repetitivos para falsear las estadísticas. Hay que señalar que el viaje de Prez, así como gran parte de las historias, está directamente inspirado en el segundo guionista de la serie, Ed Burns, pues pasó de agente desencantado a profesor para ver si podía hacer más bien a la sociedad, pero vio que no y terminó escribiendo con David Simon (empezando con el libro The Corner) para denunciar toda esta mierda.

A las escuelas llega también Bunny Colvin, el que se montó el experimento de legalizar las drogas. Se encuentra con un proyecto universitario bien subvencionado que pretende buscar un modelo alternativo para los chicos más problemáticos. Así, Simon tanteará con qué se podría hacer para mejorar las cosas, pero como siempre ofrece una perspectiva diversa y verosímil. Separan a los chavales con más problemas para darles un toque más cercano y personal, para tratar de entenderlos y sacar algo de ellos. Al poco de estar ahí Bunny se da cuenta de lo obvio, y suelta una demoledora frase que define muy bien la situación:

Sabéis que esto, toda la maldita escuela, el modo en que os comportáis, es entrenamiento para la calle. El edificio es el sistema, nosotros somos la policía. Venís aquí todos los días y practicáis escaparos, tratáis de ejecutar distintos tipos de planes. Es práctica para la esquina, ¿no? No hay verdaderos policías. No hay verdadero peligro. Pero todos sacáis algo de esto. -Colvin.

Pero en el otro gran arco argumental de la temporada aparece una gota de esperanza. En el año previo conocimos a los altos mandos policiales y el ayuntamiento. En esta etapa se acercan las elecciones, y el concejal Thomas Carcetti tiene una versión fresca, incorrupta y decidida para la ciudad. Trae muchas promesas, sobre todo para el maltrecho cuerpo de policía… Pero eso si gana las elecciones. El alcalde Royce es un duro rival, tiene a la ciudad bien agarrada con sus largos tentáculos de amiguismo y corrupción. Así, la campaña es larga y jodidamente complicada.

En esta historia conocemos más a fondo cómo funciona la política estadounidense, que a la hora de la verdad es tan corrupta e incompetente como la española, pero también es bastante más democrática que aquí, más centrada en personas concretas que en partidos, y más cercana al pueblo (las presidenciales son un mundo aparte, eso sí). Vecinos, comunidades, religiones, gremios y otros tantos grupos defienden los intereses de sus zonas y miembros, y tanto los cargos electos como los que se presentan tienen que mantener el contacto y las promesas con ellos, escucharlos y ganarse su respeto si quieren que estos apoyen sus nombres para que el ciudadano termine votándolos. En España un concejal y un alcalde puede ser presionado por la asociación de comerciantes local, pero poco más, y desde luego más arriba de la cadena la separación es ya total: aquí un diputado autonómico vive en otro mundo, sin contacto con las bases, sólo se debe a su partido.

No nos olvidamos por supuesto de los dos grupos protagonistas desde el inicio de la serie, los policías y los narcotraficantes. Marlo es quien domina ahora el Oeste, pues de la banda de Barksdale sólo queda Bodie en las calles. Es insaciable e intratable, y a Proposition Joe le cuesta llegar a él para exponerle su idea de la cooperativa, eso de que cada rey de la droga de Baltimore se reúna con los demás para compartir beneficios: la mejor droga, defensa común ante nuevos jugadores, buenos contactos, etc. Chris y Snoop siguen siendo sus fieles perros de presa y dos personajes que a pesar de ser asesinos resultan entrañables. El plan de esconder los cuerpos en casas desocupadas y tapiarlas de nuevo está dando frutos, pero las técnicas policiales son conocidas también en otros ámbitos: ya no usan teléfonos móviles.

Como los cuerpos no aparecen, a pesar de que sin duda se ha ganado su posición por la fuerza, la Unidad de Delitos Mayores anda muy perdida. Lester sigue trabajando incansablemente, pero el grupo está reducido a Sydnor y Kima. Y como siempre, las trabas políticas y las agendas de los altos mandos ponen en peligro al grupo, hasta el punto de desbaratarlo de nuevo. Lester y Kima acaban en homicidios, algo nuevo para ella (creció en narcóticos), con Bunk y otros secundarios que siempre andan por ahí aunque no recuerdes sus nombres (el sargento Jay el más destacable). McNulty está de patrullero y saliendo con Beadie (la agente portuaria de la segunda temporada), y ha aplacado sus demonios internos: la ira por un trabajo difícil y sin resultados reales lo empujaba al alcoholismo. Herc no es capaz de ascender estudiando (el pobre es bastante cortito) y espera que trabajando como chófer en el ayuntamiento lo consiga… pero tendrá tanto golpes de suerte como grandes meteduras de pata. Carver en cambio sigue demostrado ser un buen policía y va escalando la cadena de mando. Y mejor oficial es Cedric Daniels, quien poco a poco va aprendiendo a jugar con la política, y en quien se fija Carcetti para tener a alguien igual de incorrupto entre los altos mandos, porque Burrel y Rawls le lamen los pies al alcalde o guerrean entre ellos. La fiscal Rhonda continúa siendo el contacto con los tribunales, y su futuro también le depara sorpresas.

En la calle tenemos otros pocos muy queridos que terminan de redondear este inconmensurable y fascinante mosaico de tramas y personajes. Omar acaba enfrascado en otro pique personal con el rey de turno, Marlo. El vagabundo Bubbles sobrevive el día a día con sus miserias: la pobreza y la adicción. Toma un joven pupilo bajo su cargo, pero la cosa no termina de ir bien, sobre todo cuando un matón empieza a acosarlos. Y Dennis Wise, alias Cutty, está triunfando con el gimnasio para jóvenes de la calle que se montó, aunque como era de esperar se enfrenta a problemas que traen estos de fuera.

Entre los muchos grandes momentos me resultan especialmente inolvidables los siguientes. La escena inicial del año, con Snoop comprando una pistola de clavos hablando de pegar tiros ante el atónito dependiente. La cena de Colvin con los alumnos del grupo especial, mostrando cómo el entusiasmo choca con las barreras sociales. McNulty haciéndose amigo de Bodie. La cadena de acontecimientos que acaba jodiendo la vida de unos de los niños (el ataque a su casa). Lester deduciendo sobre las casas abandonadas y cerradas. El agujero que se encuentra Carcetti en los presupuestos y que condiciona todas sus promesas. Bubbles tocando fondo. Los destinos de todos los chicos, la mayoría horribles…

El equilibrio de relato es como siempre impecable, pues a pesar de su indescriptible complejidad y profundidad resulta más que entretenido adictivo, te atrapa con todas las historias personales, te conmueve con la certera descripción del mundo. Pero esta vez, como indicaba, el tono es más oscuro que de costumbre, llegando a tener momentos desoladores.

Cuándo cambiará esta mierda -Colvin.

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.
Presentación.