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THE WIRE (BAJO ESCUCHA) – TEMPORADA 2

The Wire
HBO | 2003
Drama, policíaco | 12 cap. de 58 min.
Productores ejecutivos: David Simon, Robert F. Colesberry, Nina Kostroff-Noble, Ed Burns.
Intérpretes: Dominic West, Chris Bauer, John Doman, Paul Ben-Victor, Idris Elba, Frankie Faison, Lawrence Gilliard Jr., Wood Harris, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Andre Royo, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Clarke Peters, Michael Kenneth Williams, Jim True-Frost, James Ransone, Pablo Schreiber, Al Brown, Delaney Williams, J.D. Williams, Tray Chaney, Bill Raymond.
Valoración:

Alerta de spoilers: Defino el argumento y posición inicial de los personajes por encima, sin contar cosas reveladoras ni giros importantes (salvo algunos detalles en el párrafo de mejores escenas).–

Si entrar en la dinámica de la primera temporada podía costar un poco por su densidad, enfrentarse a la segunda puede suponer un choque e incluso una ligera decepción, porque cambia tan de golpe el paisaje que cuesta varios episodios hacerse a la idea. Aunque vayas sabiendo que habrá un nuevo escenario no estamos acostumbrados a que una serie pegue un salto tan grande. De la comisaría y “El foso” pasamos a los trabajadores del puerto, se introduce de golpe un grupo amplio de nuevos personajes sin relación directa, en principio, con los que conocemos, y el caso policial tarda mucho en tomar forma y pasar al primer plano.

Como decía en la introducción a la serie, cada año se centra en un aspecto concreto de la lucha contra las drogas. Esta vez, a través del puerto de Baltimore, vemos cómo un grupo de ciudadanos corrientes, debido a las malas condiciones de la vida, puede acabar introduciéndose en el mundo del crimen para poder subsistir. Como es esperable estamos ante un cuadro completo de la situación: desde el currito desesperado al líder del sindicato, desde las mafias que introducen contrabando al destino final en las calles; y mientras, la policía hace lo que puede con todas las limitaciones ya mostradas en la primera temporada.

En el puerto, el trabajo alrededor del movimiento de mercancías está en uno de los momentos más difíciles de su ya de por sí complicada existencia. La economía no anda bien, y cada vez hay menos barcos. Frank Sobotka (Chris Bauer) es el líder del sindicato de estibadores, y lucha a todas horas para tratar de mejorar las condiciones del lugar, pero también para evitar que ante tal panorama sus amigos, trabajadores y también familia acaben tirando la toalla y opten por dedicarse al contrabando de drogas a tiempo completo (porque los trapicheos con electrodomésticos y otros bienes son conocidos y tolerados por todos). Sus hijos Ziggy (James Ransone) y Nick (Pablo Schreiber) son su principal preocupación. Ambos andan metidos en esos chanchullos negociando directamente con quien controla la mafia local: el griego Spiros Vondas (Paul Ben-Victor). Toda la situación explota cuando en un contenedor de carga aparecen numerosas prostitutas ilegales muertas, lo que atraerá demasiado la atención de la ley.

Como en la primera etapa, el caso no se inicia porque se haga un esfuerzo real en perseguir el crimen, sino porque los altos mandos usan sus influencias a su antojo. Es demencial cómo uno de estos jefes (el Mayor Valchek –Al Brown-, visto poco en el año anterior pero difícilmente olvidable: es uno de esos superiores despreciables) se cabrea con Sobotka por una rivalidad personal absurda y usa su poder para montar un destacamento que lo investigue para acabar con él. Así pues, con el prestigio adquirido con el caso Barksdale, Cedric tiene otra oportunidad de ir tras la droga en uno de sus puntos clave: su entrada en la ciudad y por extensión el país. El equipo que forma es el mismo: Lester, Kima, Carver, Herc, Prez… y más tarde se unirá la oficial lugareña Beadie (Amy Ryan). Mientras, McNulty está en la guardia costera, debido a todo lo que le tocó las pelotas a los jefes el año pasado (a Rawls principalmente). El destino es un chiste genial, porque ya en el primer capítulo de la serie los personajes bromeaban con que acabaría ahí. Se verá incluido en el meollo porque encuentra un cuerpo que podría estar relacionado con las otras prostitutas, y el tío, en plan venganza, en una sus míticas ocurrencias, calcula milimétricamente las fronteras juridiscionales y consigue encasquetárselo a Rawls.

Aunque muy lentamente y tras dar muchos palos de ciego, el caso toma rumbo, porque la droga apunta de nuevo al entramado de Barksdale, ahora liderado por Stringer Bell, y empiezan a acercarse también a un narcotraficante del lado Este de la ciudad, Proposition Joe (Robert F. Chew), o Joe Proposiciones. El proceso se narra de nuevo con gran realismo y exponiendo cada paso con detalle: las horas muertas mirando el programa de ordenador con el que controlan los contenedores desviados, las vigilancias constantes de esquinas y locales, las limitaciones técnicas y personales, las figuras misteriosas que no son capaces de alcanzar (los fantasmagóricos superiores de Spiros)…

Avon Barksdale sobrevive sin problemas en la cárcel, porque por su poder es intocable, y como no conoce otra forma de vida que el crimen no flaquea. Pero el joven “D” siempre ha tenido dudas, y le cuesta más mantenerse cuerdo. En la calle, el negocio peligra por la mala calidad de la droga, y Stringer plantea realizar un gran pacto con Joe Proposiciones, a lo que Avon, hombre de acción y mano dura, se opone: eso sería demostrar debilidad y ceder mucho. La tensión y diferencias entre ambos crecen cada vez más, y Stringer empieza a actuar a sus espaldas tomando algunas decisiones difíciles y peligrosas.

En un lugar más secundario siguen apareciendo Omar y su banda de asaltantes. Es una espina para Stringer, porque aparte de los robos sabe que se la tiene jurada por el asesinato de su novio. Conocemos también a un asesino a sueldo muy peligroso e intrigante: el extraño hermano Mouzone. El choque con Omar promete ser espectacular. Igualmente, aunque pasamos mucho tiempo fuera de la comisaría seguimos teniendo a Bunk y demás fauna. Y Bubbles aparece menos pero sigue siendo adorable.

Entre las numerosas grandes escenas del año cabe citar las siguientes: McNulty viendo que puede joder la vida Beadie a pesar de que le atrae; Prez siendo apaleado verbalmente por su tío y superior; McNulty incapaz de frenar a la prostituta cuando entra de incógnico en el burdel, y termina follándosela mientras lleva la escucha; Omar en el juzgado dejando en evidencia a los abogados; el destino del superior de Spiros, conocido como El Griego, así como sus conexión con altos mandos del país; aquella escena que enlaza la reacción de las parejas de varios agentes ante su elección de dedicarse al caso; el vendedor de droga blanco que viste y habla como un negro; Ziggy perdiendo la cabeza y liándose a tiros; de nuevo, cualquier conversación de Herc y Carver cogida al azar…

La temporada es de nuevo magnífica, densa, realista y dura pero a la vez muy entretenida y emocionante. Sin embargo también hay que decir lo evidente: no alcanza las cotas extraordinarias de las tres grandes temporadas, la primera, tercera y cuarta. Aun siendo soberbia, con los momentos gloriosos habituales de la serie y con sus personajes exquisitos, le pasa como a la quinta: le falta una pizca tanto de perfección como de genialidad que me permita considerarla una obra maestra. Se ve una ligera improvisación en la historia, una falta de definición que se traduce en un ritmo mejorable en su tramo inicial. O dicho de otra forma, le cuesta entrar en materia, tanto en los personajes del puerto, donde da varios rodeos hasta centrarse (vemos varias escenas en el bar que no aportan realmente mucho), como en el caso, que empieza con poca garra y algo disperso, como si David Simon no tuviera claro su desarrollo, como si pensara que no daba para la temporada entera y se viera obligado a postponerlo más de la cuenta. Tampoco ayuda que las historias estén bastante separadas: del puerto a la gente de Stringer hay un gran salto. En la tercera temporada vuelve a juntarse todo, y el relato vuelve a ser más compacto e impactante. Eso sí, huelga decir que el año es sobresaliente, que es mucho más que una obra policíaca y no hay ni una serie que se le parezca en ningún sentido: estilo, visión, acabado, alcance…

Ver también:
Temporada 1.
Presentación.

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ARRESTED DEVELOPMENT – TEMPORADA 1


Fox | 2003
Comedia | 22 ep. de 22 min.
Productores ejecutivos: Mihcael Hurwitz, Ron Howard, Brian Gazer.
Intérpretes: Jason Bateman, Portia de Rossi, Will Arnett, Michael Cera, Alia Shawkat, Tony Hale, David Cross, Jeffrey Tambor, Jessica Walter.
Valoración:

La familia Bluth vive en una fantasía hasta que la ley descubre que el padre, George, ha cometido varios delitos fiscales en su empresa. Se acabó chupar del bote, los chanchullos a costa de colar a la compañía todos los gastos y vivir sin responsabilidad alguna sobre los hombros. Michael, el único hijo con sentido común, toma las riendas de la empresa… y de la familia, porque sin un guía están todos perdidos, pues son todos unos vividores y unos inadaptados sociales de cuidado.

Lucille es una madre fría y distante (salvo para Buster, al que mima cosa mala) que solo piensa en su aspecto y sus caprichos. Buster es un adulto con mente de niño, bonachón porque es totalmente estúpido e inmaduro. Sus tímidos intentos de apartarse del dominio materno e independizarse lo meten en un entuerto tras otro, destacando el romance con la amiga de su madre, que se llama también Lucille en uno de esos requiebros rebuscados de la serie, algo que da muchísimo juego. Gob es otro perdido de la vida. Su pasión y profesión es la magia, donde no levanta cabeza. Sus relaciones amorosas son horribles. Y casi siempre se mueve por celos y envidia, sobre todo hacia Michael, el más exitoso de la familia. Michael perdió recientemente a su mujer, y además de cuidar de su hijo ahora arrastra a todos estos parásitos. Sus intentos de llevar la empresa, de tapar agujeros, de mantenerse en la legalidad y evitar que la familia se resquebraje son loables, pero destinados casi siempre al fracaso. Su hijo George-Michael se encuentra en la adolescencia, con los problemas habituales de la misma: maduración, primeras relaciones, conflictos con papá… Pero la cosa se complica cuando sus tíos vienen a vivir con ellos y traen a su atractiva prima, Maeby, de la que se enamora. Ella lidia con un hogar de padres distanciados que no le hacen caso: Lindsay (la Bluth del matrimonio) es una pija asquerosa, y su marido Tobias un paquete y un homosexual reprimido, lo que le provoca conflictos emocionales y sociales varios. Finalmente el padre de familia, George, trata de adaptarse a la vida en la cárcel mientras teme la llegada del juicio. Cayó por su ambición, y aunque ama a su familia a pesar de su egoísmo, las dos cosas se entremezclan y confunden más de la cuenta.

El reparto capta a la primera el estilo marcado y totalmente salido de madre de los protagonistas, sumergiéndose todos ellos muy bien en sus papeles e interaccionando de maravilla en grupo. Las caras de resignación de Jason Bateman como Michael son impagables. Gob, Tobias y Buster no son roles fáciles, pero Will Arnett, David Cross y Tony Hale hacen que lo parezca. Los jóvenes Michael Cera (ahora famoso por varias películas exitosas) y Alia Shawkat se desenvuelven bien, aunque a veces Cera parece como empanado y no se sabe si es cosa que buscan para el personaje o limitación actor. Jeffrey Tambor deja ver su experiencia con los cambios de humor constantes de George, y Jessica Walter consigue que Lucille sea mitad despreciable mitad penosa. Portia de Rossi es un caso aparte… Físicamente es desagradable de ver, pues arrastra la anorexia que cogieron todas las actrices de Ally McBeal (David E. Kelley, 1997), pero en su interpretación expresa muy bien los bajones emocionales de la pija creída que representa Lindsay.

Como roles secundarios hay una serie de figuras que multiplican por varios factores el absurdo que es la familia. El abogado incompetente es de mis favoritos, pero tenemos historias fantásticas a través de la abogada ciega, Lucille Austero y sus mareos, la criada Lupe, el coreano adoptado Annyong y su confuso nombre… Pero quizá el mejor de todos sea la aparición estelar de Carl Weathers haciendo de sí mismo: un actor de acción de los ochenta (el colega negro de Arnold Schwarzenegger en DepredadorJohn McTiernan, 1987-) ahora fracasado que malvive como puede.

En cada capítulo los protagonistas viven una pequeña aventura relacionada con su forma de ser y sus choques con el nuevo mundo que se abre ante sus ojos, mientras que la trama global del jaleo con la empresa avanza poco a poco, sea con detalles aquí y allá o con unos cuantos capítulos seguidos centrados en algún punto clave. Estas partes importantes son magníficas, llenas de sorpresas y giros inesperados: la secretaria Kitty, el truco de Gob y el barco hundido, la sutileza sublime del asunto de Irak metida en tus narices varias veces hasta que te das cuenta, seguida por la no menos hábil sobre el dinero en el puesto de plátanos o la aparición del gemelo de George, etc. En cuanto a otras subtramas relevantes, los líos amorosos con la novia latina de Gob son magníficos, y la parte de Gob en la cárcel es demencial también.

Esta primera temporada de Arrested Development derrocha originalidad por los cuatro costados, tiene unos personajes excelentes (mitad ridículos, mitad entrañables), un montón enorme de historias muy bien planeadas y expuestas (hay sorpresas inesperadas en cantidad: impresionante el tema de Irak), y todo ello envuelto en una narrativa única y con un tipo de humor sin igual, como describí en la presentación global de la serie.

Ver también:
Presentación
-> Temporada 1 (2003)
Temporada 2 (2004)
Temporada 3 (2005)

OZ – TEMPORADA 6 Y FINAL

HBO | 2003
Drama | 8 ep. de 54-57 min.
Productores ejecutivos: Tom Fontana, Barry Levinson.
Intérpretes: Terry Kinney, Harold Perrineau, Ernie Hudson, J. K. Simmons, Dean Winters, Lee Tergesen, George Morfogen, Rita Moreno, Eamonn Walker, Craig muMs Grant, Lauren Vélez, Granville Adams, Kirk Acevedo, BD Wong, Chuck Zito, Christopher Meloni, Scott William Winters.
Valoración:

Alerta de spoilers: Analizo a fondo cada trama y destino de personajes.–

Última temporada de Oz. El destino final de los numerosos personajes que han poblado este relato se acerca. Unos tienen un cierre concreto, otros ejemplifican que la vida sigue día a día, y unos pocos no salen muy bien parados, pues la temporada tiene algún desliz digno de mención.

Tras ser apuñalado en un atentado contra su mentor, Burr, Augustus muere. Pero sigue apareciendo en la narración hacia el espectador, aunque no es tan omnipresente. La dinámica cambia un poco de forma muy interesante: en cada capítulo aparece algún preso que ha fallecido en temporadas anteriores, contando historias como es habitual en relación con las tramas del episodio.

Para sorpresa de McManus y Said, Augustus deja un manuscrito de una novela sobre la vida en la cárcel (algo que nunca le hemos visto desarrollar, pero bueno). Ambos piensan que es material de primera calidad que debe ser editado. Said se lo toma como nueva meta en su vida, con lo que se encarrila tras un tiempo dando tumbos. Los caminos inesperados le llevan a decidir autopublicarlo e imprimirlo desde la cárcel con ayuda del resto de musulmanes. Como es esperable, el proyecto arrastrará mil y un problemas. La muerte inesperada de Said lo pondrá todo patas arriba, y Arif debe tomar de nuevo el difícil el liderato.

Álvarez sigue intentando reconciliarse con el mundo, contener los problemas que le surgen, pues las vueltas que da su vida parecen llevarlo siempre hacia el abismo, por mucho que se esfuerce. Cuando consigue poner algo de orden y sentido se da cuenta de que no todo depende de él, de que hay factores impredecibles. Al ver que no saldrá nunca porque el encargado de la condicional le tiene manía, parece abarazar la desesperación habitual en él como único modo de vida: hay que seguir hacia adelante y punto. Omar ha caído tan bajo que parece imposible volver a despegar. Sin el apoyo de McManus y de Said, menos posibilidades tiene. Intenta encontrar un sentido a su vida: primero, aferrándose a la idea de la venganza por la muerte de Said, segundo, intentando aceptar y comprender el sentido de la vida, del universo. Pero en su ignorancia y locura se equivoca al elegir un maestro que le guíe: el asesino de Said está como una regadera, y lo degüella en plena noche.

Rebadow está completamente hundido tras la muerte de su nieto, pero la vida da muchas sorpresas y termina encontrando consuelo al enamorarse de la nueva encargada de la biblioteca. Sin embargo la relación da pasos extraños cuando descubre que, como su nieto, ella puede morir de cáncer en cualquier momento. Mukada se sigue enfrentando al poder que sobre él ejerce el chaval pelirrojo que enloqueció definitivamente al matar al reverendo Cloutier. El chico ahora dice estar poseído, y Mukada afronta dilemas de fe intensos: creerle o no, aceptar para sí mismo que quería ver al reverendo muerto, perdonarse por ello y perdonar al chaval por haber perdido también su sendero, etc. Gloria por su parte se enfrenta a sus propios diablos: la posibilidad de que las celdas de aislamiento sean tóxicas la enfrenta contra la ética laboral y la política (callar o enfrentarse al sistema).

Muy interesante es la historia que involucra al Senador Devlin: un alcalde encarcelado podría soltar mierda sobre él, y decide mover hilos para cargárselo. Durante toda la temporada la trama me mantuvo en vilo: ¿por fin caería el villano más grande de todos, el político repelente, un ser más cruel que la mayoría de los presos? Me gustó mucho también la caída gradual de Robson (R. E. Rodgers), uno de los nazis más destacados. El rechazo de su grupo le lleva a ir reconociendo poco a poco la miseria de vida que ha llevado siempre (no sin antes cometer otros errores enormes), y las escenas en que se desmorona son muy intensas.

En otro de esos proyectos que pretende hacer de la cárcel algo mejor que un simple almacén de ciudadanos descarriados, se inicia un grupo de trabajo pagado. Burr, perdido tras la muerte de Augustus, lo usa para levantar su espíritu y conseguir redención: con ello podría encarrilar a su gente, alejarlos de las drogas. Como siempre en la serie, el asunto ofrece muchas vueltas y perspectivas, y resulta un estupendo análisis: se critica que las empresas usen presos con salarios de mierda, se desarrolla una buena trama de superación personal, de problemas y vicios que nos impiden realizarnos como personas y encontrar un sentido a la vida, etc.

El plato fuerte del año es sin duda el desenlace de una historia que viene de temporadas anteriores: la pena de muerte de Cyril. Capítulo tras capítulo la tragedia se va acercando mientras los protagonistas intentan todo por evitarlo. La tensión constante que enfrentan los personajes, la dureza que es vivir cada día con la sombra de la muerte de un ser querido acercándose cada vez más, la desesperación de O’Reily, la locura en que se va sumergiendo Cyril (vertiendo una doble personalidad en el calcetín-muñeco), la terapia de electroshocks (¡curarlo para matarlo!)… Todo este segmento es durísimo, desgarrador. Y los guionistas lo exprimen al máximo, generando una espiral creciente de tensión y drama con momentos sobrecogedores. La ejecución aplazada a instantes de realizarse te deja sin respiración durante toda la maldita secuencia. Los presos haciendo su protesta te llegan al alma. Y finalmente, al enésimo intento del desmoralizado y podrido sistema “democrático” estadounidense, Cyril es ejecutado, a pesar de su retraso mental y su demencia. La posterior redención de O’Reily con su padre y con Gloria es también muy emotiva.

En las historias secundarias, que huelga decir están siempre relacionadas con el resto de forma excelente, hay muchas que destacar también. La búsqueda de venganza de Dave Brass por haber quedado cojo y haber perdido su posible futuro como jugador de baloncesto (con la brutal y equivocada paliza a Morales), los intentos de Peter Schibetta, el italiano, de encontrar un hueco en una prisión donde todos le rechazan (aunque el personaje no termina de tomar un rumbo claro tampoco este año), los líos de Busmalis con su novia, la obra de teatro, etc.

Pero como indicaba al principio, la temporada tiene algunos patinazos importantes. Está lejos de ser grave, de hecho, pienso que si me ha molestado bastante es porque le tenía cariño a los personajes y esperaba mucho más, pero sin duda hay secciones que no terminan del todo bien. Primero, a base de repetir la dinámica de la vida en la cárcel llega un momento en que ya no sorprende nada. Tantas guerras entre bandas, tantas muertes, tantos problemas… Cuando los golpes de efecto (muertes principalmente) no aportan algo tangible (una crítica o análisis determinado sobre algún aspecto humano, social o político, un desenlace notable a una trama interesante) pueden llegar a resultar poco impresionantes. Segundo, en el tramo final se abusa del sensacionalismo rápido y fácil, en un fallido intento de dejar huella en el último momento.

El mejor ejemplo de ambos problemas es que desde la cuarta temporada la rivalidad entre Beecher y Schillinger da varios traspiés, con varias muertes innecesarias, y llega un momento en que tanto exagerar y forzar las cosas termina saturando al espectador. En este año llegamos a un punto en que de repente se cargan al padre de Beecher. ¿De verdad era necesario, hay motivos argumentales para ello, o es un simple golpe de efecto? Y la cosa va más allá: Beecher por fin sale de la prisión, un momento que debería haber ido acompañado de la emoción y fuerza que han tenido otros instantes clave de su vida, pero que en realidad carace del empaque esperado. Para colmo, los guionistas se empeñan en rizar el rizo: vuelve a Oz por una tontería y a partir de ahí se envuelve en una espiral de historias rebuscadas y forzadas con Keller. La trama de Keller volviéndose malvado peca de tramposa y sensacionalista, y si bien se salva porque mete un giro interesante (era su plan definitivo para acabar con Schillinger), lo cierto es que luego vuelve a empeorar en el desenlace. Hubiera quedado mucho más creíble y trágico que Beecher testificara contra él, y que así saliera de la cárcel, por no decir que de esta forma se habría mantenido más fiel a la dinámica de la relación entre Beecher y Keller en los últimos episodios. Es que joder, no puedo evitar pensar que de esa manera habrían conseguido un final trágico perfecto: Beecher libre de cárcel y purgado de los crímenes de su entorno, pero a costa de abandonar a su amado. En cambio optan por una muerte de cómic con Keller cayéndose por la barandilla. En conjunto no llega a ser una trama horrible, pero tanto altibajo y exceso deja un mal sabor de boca, y más cuando Beecher siempre ha sido mi favorito.

Pero hay más muertes que se me antojan fallidas. Después de haber visto caer de forma magistral a roles de gran calibre (Adebisi a la cabeza), es una pena que los guionistas decidieran forzar las muertes de otros personajes, como si sólo por hacerlo ya lograran un momento dramático digno de recordar. Y no es así. Como decía, sin un contexto adecuado, sin un objetivo tangible, la eliminación de caracteres sin más sabe a trampa, a sensacionalismo barato. Cabe preguntarse qué sentido tiene cargarse a Said de golpe y a través de un personaje insulso (e inverosímil: es capaz de colar una pistola en la prisión). Cabe preguntarse por qué pensaron que matar a Morales en una subtrama tan sencilla ofrecería algo interesante o impactante. Y sobre todo, hay que exclamar que a qué demonios viene asesinar a Leo Glynn en una escena tan rebuscada y tramposa. En el lado contrario está la muerte de Augustus: no me convenció por resultar precipitada y poco creíble, pero por suerte sus secuelas han sido bien trabajadas.

En una valoración global de la serie, pienso que los tres primeros años son más equlibrados e intensos, y los tres siguientes, aun siendo magníficos, tienen algunos altibajos. Esta temporada es la que mejor ejemplifica esa sensación. Por un lado, alguna muerte innecesaria y un tramo un poco salido de madre (el lío con Beecher, Keller y Schillinger), por el otro, mil historias maravillosas que componen un cuadro magistral de la condición y sociedades humanas, con tramos sublimes como la parte de la familia O’Reily. Sea como sea, Oz se despide como nació: su ritmo siempre activo que atrapa con fuerza, las mil tramas cruzadas que resultan siempre interesantes, la evolución constante en los protagonistas, bien palpable y creíble, los infinitos detalles cotidianos que embellecen un todo ya de por sí excelso… Oz ha sido un drama revolucionario, complejo y brillante como pocos se han visto.

Cerca del final, la hermana Peter Marie suelta una frase que resume muy bien la idea que siempre ha querido transmitir la serie: nada es blanco o negro, el ser humano es falible, el sistema es mejorable, etc.: Vivimos en una nación de leyes, algunas de las cuales son brillantes y otras que son terribles. Pero no podemos abandonar nuestro código moral cada vez que sea conveniente. Entonces daría igual que abriéramos las puertas de todas las prisiones.

Ver también:
Temporada 1 (1997)
Temporada 2 (1998)
Temporada 3 (1999)
Temporada 4 (2000)
Temporada 5 (2002)
-> Temporada 6 y final (2003)