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EN TERAPIA – TEMPORADA 3 Y FINAL.


In Treatment
HBO | 2010
Productores ejecutivos: Paris Barclay, Hagai Levi, Stephen Levinson, Mark Wahlberg, Anya Epstein, Dan Futterman.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Amy Ryan, Dane DeHaan, Irrfan, Debra Winger.
Valoración:

El tercer asalto a la vida del terapeuta o psicólogo Paul Weston supone un bajón considerable de calidad e interés en una serie que venía siendo magnífica, ofreciendo una temporada con tramos fallidos o poco sustanciosos y unos personajes mucho menos interesantes que sus predecesores. Sin duda se debe a que este remake de una producción israelí ya no se basa directamente en los personajes y capítulos escritos por Hagai Levi, sino que es una extensión que parte de cero donde por si fuera poco el principal artífice de la versión, Rodrigo García, parece que también dejó la serie en manos de su segundo, Paris Barclay, y me temo que los escritores de esta ronda no solventan el reto con el nivel de calidad necesario como para estar a la altura de los años anteriores. Esta temporada además consta únicamente de cuatro citas cada semana, dos emitidas los lunes y otras dos los martes, reduciendo así aún más el número de episodios con respecto a las etapas anteriores (28 en vez de 35 y 43).

Empezamos la semana con el paciente llamado Sunil, un indio que tras el fallecimiento de su mujer es traído a Estados Unidos por su hijo, quien está casado con una estadounidense. Dos desencadenantes principales hunden a Sunil en una depresión: el fallecimiento de su esposa, que le ha dejado sin el centro de su vida, y el aislamiento y choque de culturas que vive en su nuevo hogar. A Paul le cuesta llegar a él, y poco a poco descubre otros aspectos cruciales de su vida, como un amor arrebatado antes de la boda obligada por la cultura hindú. Sus sesiones son cada vez más intensas, pues empieza a indicar una conducta más que hostil hacia su nuera y Paul teme que se vuelva violento. El final de esta trama, por intentar ser original, queda un poco raro y forzado, pero el personaje resulta el más intenso e intrigante del año, y el actor Irrfan se marca otro de esos enormes papelones que ha dejado la serie.

Frances es una actriz bastante famosa, tanto en teatro como en cine. Su vida es un caos de sentimientos porque no sabe enfrentar muchos aspectos de su vida: el distanciamiento de su hija, el recuerdo de su madre que murió tras una larga enfermedad que ahora ataca a su hermana, la posibilidad de haber heredado ese cáncer de pecho y el miedo a que averiguarlo cuanto antes llevaría a la terrible decisión de si extirparse los senos o no… Pero todo esto no lleva a nada. Demasiada ambigüedad y demasiado frente abierto que no termina de centrarse nunca. Sus sesiones fueron las menos gratificantes de toda la serie, de hecho la mayoría resultaban aburridas y algunas un verdadero coñazo. Termina su terapia sin transmitir la sensación de haber contado algo, de haber llevado el personaje a alguna parte. Como es esperable, la conocida actriz Debra Winger lo hace de maravilla.

Jesse es un adolescente que de los problemas que arrastra no sabe qué lugar ocupa en el mundo, qué se espera de él y adónde se dirige. Por ello muestra una conducta errática, depresiva unas veces y autodestructiva otras. Ser gay en un mundo homófobo casi es poca cosa comparado con no recibir amor de los padres y descubrir además que es adoptado y los biológicos quieren ponerse en contacto con él. Dane DeHaan es otro actor que borda su interpretación, ofreciendo unas sesiones que oscilaban entre interesantes e intensas pero lidiando también con otras que aportaban muy poca cosa. Al personaje le faltó un poco más de garra y un rumbo más definido. Su final sabe a poco, con lo que acrecienta la sensación de que tampoco termina de ser una historia al nivel de las temporadas anteriores.

Tras acabar bastante mal con Gina y aumentar su distanciamiento con la lectura del libro que ella publica y donde se ve muy mal descrito en un personaje, Paul opta por buscarse otra terapeuta. Lo necesita, pues duerme fatal y todavía arrastra viejos temores (que su trabajo no sirva para nada y no esté ayudando a sus pacientes) y secuelas sobre el tema paterno (le obsesiona la posibilidad de haber heredado el párkinson). La cosa no empieza bien, porque entra en la dinámica de la terapia con arrogancia (qué joven es ella) y cerrando sus sentimientos, pero Adele, como buena profesional, termina cazándole y sacando cosas a la superficie. Paul, a trompicones, evoluciona… aunque sus incipientes sentimientos hacia ella (¿amor, dependencia, necesidad?) provocan nuevos problemas.

Las sesiones con Adele han sido para mí las más esperadas de este año, porque eran las que ofrecían un rumbo más claro y una carga dramática más tangible que ha sido muy bien manejada. Además, la actriz Amy Ryan (The Wire, The Office), una de mis favoritas de la tv (por belleza tanto como por calidad), está impecable en su rol y supone una gran réplica a Gabriel Byrne. Resulta una doctora simpática, no como Gina, que me caía bastante mal, pero también hay que decir que las sesiones están a un nivel algo inferior al de aquellas.

En cuanto a la trama personal del propio Paul, aparte del tema de su posible enfermedad tiene durante un tiempo a su hijo menor en casa y otras veces aparece una nueva novia, pero lo cierto es que estos dos caracteres aportan bien poco. Así, su historia no resulta tan completa y atractiva como el enamoramiento de la primera temporada o la denuncia de la segunda, con lo que da la sensación de que no hay una gran aventura que dirija al personaje central. Lo único que da juego son sus sesiones con Adele, de las que, como con el resto de personajes, ni todas son perfectas ni el desenlace termina de llenar del todo, sobre todo si la comparamos con la calidad ofrecida otros años o tenemos en cuenta que es el final de la serie y como cierre queda algo pobre.

In Treatment (En terapia) ha sido una producción arriesgada y atrevida incluso para la televisión de hoy día, muy abierta a experimentos de toda clase. Ha supuesto un acertadísimo remake de una serie tan lejana a nuestra cultura que probablemente nunca la hubiéramos conocido (y de hecho no hay quien la encuentre, probablemente no se ha editado ni emitido fuera de Israel -y como anexo, otros países han hecho sus versiones-). Pero también fue difícil de rodar (requiere muchos capítulos, muchísimas líneas de diálogo e interpretaciones muy complejas; por lo visto Byrne acabó quemadísimo) y difícil de encajar en la parrilla de forma que llegase bien al público, porque también es una serie que no llama la atención fácilmente y que requiere esfuerzo, paciencia y un seguimiento constante. Incluso para la HBO ha sido una producción demasiado cerrada e exigente que no ha llegado a mucha gente. Por ello no pasó de tres temporadas, arrastrando durante poco tiempo rumores de que se pretendía seguir con Adele de protagonista. Y sin embargo, todo el que la ha visto habla maravillas de ella. Porque una vez introducidos en su dinámica se descubre una joya en bruto. Pocas veces he visto personajes ficticios tan de cerca, y muchas menos una serie tan aparentemente lenta y difícil me ha atrapado tanto. Así, aun con su tercera temporada decepcionante, la considero totalmente imprescindible para el espectador que busca calidad y riesgo artístico. Una obra de culto a reivindicar.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

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EN TERAPIA – TEMPORADA 2.

In Treatment
HBO | 2009
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Stephen Levinson, Mark Wahlberg.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Hope Davis, John Mahoney, Dianne Wiest, Alison Pill, Aaron Grady Shaw, Russell Hornsby, Sherri Saum, Glynn Turman.
Valoración:

Ha pasado tiempo desde el último episodio. Paul se ha divorciado y mudado. Tiene una nueva consulta en Brooklyn, donde se formó como psiquiatra, pero vuelve los fines de semana para ver a sus hijos y para su sesión con Gina, su maestra y terapeuta. Trata a sus nuevos pacientes mientras aún colean las repercusiones de la muerte del piloto de combate en el año anterior. El padre de aquél ataca a Paul con una denuncia que podría poner fin a su carrera, y en esa situación de estrés las pasa putas para conseguir mantener la cabeza fría y no tirar todo a la mierda.

En cuanto a sus nuevos pacientes, la semana empieza con Mia, a quien trató hace muchos años. Se conocieron cuando ella, entrando en la universidad, se enfrentó al dilema de si tener el bebé que esperaba y formar una familia o abortar y seguir estudiando para labrarse un futuro profesional. Optó por lo segundo y ahora, siendo una abogada cuarentona de éxito, se siente muy sola y enfrenta el final de su fertilidad con miedo. Mia resulta el personaje menos atractivo del año. Sus problemas parecen poca cosa y su cabezonería por ser triste sin motivos de gravedad no llenan tanto como el resto de protagonistas. Adquiere un interés extra por la simpatía y el papelón de la actriz Hope Davis, quien sabe encandilar en cada plano, pero nunca da la sensación de que su historia vaya a alguna parte o resulte especialmente trascendente.

April es una joven incapaz de asimilar que tiene cáncer, y eso puede suponer su muerte. No sabe enfrentarse a sus sentimientos, ni aceptar que ella es la enferma esta vez, y no su hermano autista. Paul desespera ante la posibilidad de que ir retrasando el tratamiento ponga en peligro su vida, y lidia con el problema ético de si forzarla él mismo o avisar a su familia. La situación llega a momentos muy tensos y dramáticos en varias sesiones. Diría que es el equivalente a Sophie, la chica de la temporada anterior: me moría por ver más y saber qué iba a pasar con ella, sufría con su agonía y la impotencia que sentía Paul. La actriz Alison Pill (Los pilares de la Tierra) lo hace de maravilla, y la réplica de Gabriel Byrne es no menos intensa.

Oliver (Aaron Grady Shaw) es un chaval que se enfrenta a la separación de sus padres. En cierta manera recuerda a las sesiones del caótico matrimonio de la primera temporada: en su presentación se hacen pesados y cuesta entrar en su dinámica, pero luego te atrapan por completo. Al principio los padres resultan deleznables, casi molestos, y esa es claramente la intención, pero claro, prefieres ver personajes con los que tienes más empatía. Pero conforme avanza la temporada se va comprendiendo mejor su situación, lo difícil que es hacer frente a esos sentimientos y problemas, y terminas casi queriéndoles ayudar a salir del bache. Y Oliver es la personificación de la esperanza perdida. El tramo final de esta historia es trágico y terriblemente demoledor, sobre todo porque sabes que es un trauma al que se enfrenta mucha gente: divorcio, nuevo hogar y colegio, terror a lo desconocido y a perder el amor de los padres… Paul se muere de asco intentando ayudar a Oliver, pero no hay mucho que pueda hacer.

Walter (John Mahoney) es un anciano empresario de éxito con una compañía enorme. Paul pronto ve que reprime todo sentimiento, que el estrés los ha escondido muy hondo y explotan de vez en cuando en ataques de ansiedad. Cuando la empresa se enfrenta a una crisis con fallecidos, Walter entra en una espiral de desgracias. Poco a poco Paul va desgranando qué eventos de su vida (traumas de la infancia, sobre todo) han forjado a este hombre. Mis sensaciones con el anciano fueron semejantes a las que tuve con el piloto del año anterior. Al estar tan cerrado en sí mismo al principio no parecía llevar a nada, pero conforme te introduces en él quieres saber más, y la intriga sobre su destino, sobre cómo Paul podrá entrar en él y sacarle de sus pesares, es constante. Diría que ha sido mi segundo personaje favorito del año. Y su tramo final también es trágico, con su intento de suicidio.

Paul expone sus problemas ante Gina (Dianne Wiest). En unas terapias cada vez más tensas ella intenta que él enfrente los sentimientos de odio y distanciamiento hacia su padre, quien le abandonó cuando era un crío. La proximidad del fallecimiento del mismo aumenta la desazón en Paul, llegando a entablar acaloradas discusiones con Gina que no parecen sacarle de su pozo de oscuridad. Además, el acoso del padre del piloto fallecido pone una gota extra de tensión usada con maestría: Paul está muchas veces al borde de la más absoluta desesperación.

El año tiene menos epsiodios con respecto al anterior (35 en vez de 43) debido a la dificultad logística de rodar tantos, y se emitieron dos cada domingo y tres cada lunes, al contrario del capítulo cada día laborable de la primera temporada. Quizá en la HBO pensaron que las bajas audiencias se debían a la forma de emitirla, pero esto tampoco funcionó.

Este recorte de dos semenas por paciente se nota ligeramente en las historias. No supone un bajón notabe con respecto a la primera temporada, pero sí se ve que no hay tiempo para desarrollar tramas tan largas y densas como la de Sophie. Habilmente alguna línea narrativa queda en suspenso (el tratamiento, al igual que la vida, sigue adelante), pero eso implica que se echa de menos un cierre más concreto y conocer el destino de personajes con los que el espectador se implica profundamente. Sea como sea, es otra temporada inmensa, de las que no se olvidan, y no puedo dejar de agradecer a Paris Barclay y Rodrigo García el esfuerzo de adaptar la serie original de Hagai Levi.

Ver también:
Temporada 1.

EN TERAPIA – TEMPORADA 1.

HBO | 2008
Productores ejecutivos: Rodrigo García, Paris Barclay, Hagai Levi, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Gabriel Byrne, Melissa George, Mia Wasikowska, Josh Charles, Embeth David, Diane West, Michele Forbes.
Valoración:

Basándose en una serie israelí llamada BeTipul (de Hagai Levi), que supongo tendría bastante éxito o llamaría la atención por su estilo y calidad, Rodrigo García y Paris Barclay crean en la HBO su versión occidental, cambiando según se dice por internet lo mínimo, sólo aspectos culturales. Es la primera serie de emisión diaria de la cadena, y como era de esperar la apuesta es atrevida y arriesgada como pocas. In Treatment (En terapia) sigue el día a día de un terapeuta con sus pacientes, mostrando casi únicamente esos personajes y la habitación donde trabaja. Nos centramos en un paciente al día (cinco por semana) al que seguimos en cada cita semanal hasta completar el ciclo de su vida que estamos viendo (llegando a la asombrosa cifra de cuarenta y tres episodios). Los capítulos son en formato corto, de 25-30 minutos.

Los protagonistas son de lo más dispares, resultando unos más atractivos que otros según las preferencias del espectador, aunque estoy seguro de que a la larga todos terminan con un huequecito en nuestro corazón. Siempre queremos saber más, queremos ahondar en sus problemas y en las razones subyacen en su psique y su pasado que les han llevado hasta estos momentos difíciles de sus vidas. Lleva la terapia Paul Weston (Gabriel Byrne), conocido por ser de los mejores del gremio, aunque pronto vemos que está extasiado, agobiado y distraído por sus propios fantasmas personales: la relación con su familia es prácticamente inexistente, y su mujer, Kate (Michele Forbes, que aparecerá puntualmente), inicia una aventura con otro. Así pues, decide ir a terapia él mismo, acudiendo a su vieja amiga y mentora los viernes (Gina, Diane West).

Los lunes nos encontramos con Laura (Melissa George, vista en Alias), una treintañera hermosísima con problemas para relacionarse con los hombres, con quienes no es capaz de conectar más allá del sexo desenfrenado del que luego suele arrepentirse. Hará tambalear los cimientos de la vida y trabajo de Paul cuando declara su amor por él, pues sus sentimientos hacia ella son también intensos y sobre todo conflictivos con su ética profesional. Los martes nos visita un piloto de combate, Alex (Blair Underwood), altivo y pagado de sí mismo pero también muy dotado y exigente con lo que espera de sí mismo y de los demás. Es quien peor me caía al iniciar la serie, por su chulería y frialdad, y porque me daba la sensación de que su historia aportaba menos. Sin duda es el más difícil, porque es quien más guarda sus sentimientos; por ello mismo conforme vamos conociéndole se hace mucho más interesante: ¿pero qué le pasa a este tío, cuáles de las historias que transmite están realmente las relacionadas con sus penas? Los episodios en que por fin explota y admite tener serios problemas son sobrecogedores, y el desenlace de su historia y la aparición de su padre resultan memorables.

Los miércoles tenemos a Sophie (Mia Wasikowska), quien enamora desde la primera escena y se alza desde entonces como la favorita del público (todo artículo que he leído la reclama como tal). Es una gimnasta adolescente que parece haber intentado suicidarse y cuyo cerebro es un caos de sentimientos y conflictos. De estar pletórica y alegre pasa a la más profunda de las depresiones en un instante. Sus sesiones son las más intensas, caóticas e imprevisibles y sus historias las esperaba con un ansia que no se veía defraudada, porque la evolución del personaje es magistral. El tramo final es precioso, y la parte central, cuando Paul empieza a llegar al fondo de su mente, demoledora.

Los jueves la crisis del matrimonio de Jack y Amy (Josh Charles, Embeth David) zarandea hacia un lado (él, obsesivo y controlador) u otro (ella, distante y dañina para consigo misma) y, como la de parte de Alex, puede costar entrar en su dinámica, entender sus motivaciones, pero precisamente esa es la idea: no es fácil llegar al fondo de asuntos tan complejos, y no es hasta casi el final cuando se empieza a entenderles mejor; hasta entonces sus aventuras son menos centradas en los sentimientos y más en el conflicto directo: peleas, problemas paralelos, etc. Es la sección que me llegó con menos fuerza, pero lo cierto es que en ningún momento se me hizo pesada o pensé en saltar episodios.

In Treatment es todo diálogo, personajes exponiendo sus miserias, cataratas de sentimientos, luchas internas mientras Paul intenta introducirse en sus mentes y hacerles ver sus errores y cómo pueden salir adelante. Pero que no asuste su formato y estilo, pues en el fondo no difiere demasiado de un drama de personajes estándar. Quien espere acción obviamente no la va a encontrar, pero a pesar del limitado número de protagonistas el ritmo es siempre intenso, lleno de diálogos y situaciones que constantemente están transmitiendo algo o yendo en una dirección bien palpable y atractiva. En pocas frases se definen personajes y relaciones que no vemos (o lo hacemos de refilón, como los hijos de Paul) pero llegan a interesarnos y desde luego son cruciales para entender a los protagonistas. Los propios pacientes calan hondo rápidamente, tan bien construidos, mostrados y desarrollados se nos presentan, y los episodios saben a poco, pues siempre nos dejan queriendo saber más del carácter que acabamos de acompañar. Así, la mayor parte de las veces que me ponía a ver algún episodio me ventilaba una semana de golpe.

Siendo una serie centrada totalmente en los personajes, el reparto debía ser elegido con cuidado. Y qué mejor cadena a la hora de escoger actores que la HBO. Todos son perfectos para sus roles, todos están comprometidos al máximo y ofrecen unas interpretaciones excelentes, pero como es habitual alguno termina destacando sobre los otros. El primero en hacerlo es Gabriel Byrne, quien consigue una labor inmejorable en un personaje muy difícil, pues constantemente debe expresar dudas, vacilaciones, tensión o rabia de forma que los pacientes no lo noten pero el espectador sí lo haga, y todo ello evitando dar la sensación de que resulta forzado. Melissa George capta de forma magistral todos los matices de su carácter, que según estado de ánimo que se encuentra seductora o frágil, animada o ahogándose en un mar de lágrimas. Y en un mundo justo Mia Wasikowska habría arrasado en todos los premios televisivos, pero ya sabemos cómo son. Su papel es el más completo y espectacular. La joven muchacha llena la pantalla de forma arrolladora con una vitalidad increíble; sus largos discursos en llanto descarnado, sus rabietas impredecibles, sus explosiones de emociones o su hosca hostilidad consiguen como indicaba que el personaje sea el más fascinante del conjunto.

Como suele pasar, calidad y audiencias no van de la mano, y si le sumamos que el proyecto no es fácil de llevar a cabo (muchos episodios, y Gabriel Byrne, que aparece en todos, acabó quemado), In Treatment ha sido otra más de la HBO aclamada por los espectadores exigentes pero poco vista, y tras su tercera temporada se le ha puesto fin.