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FRIDAY NIGHT LIGHTS.

NBC | 2006
Productores ejecutivos: Brian Gazer, Sarah Aubrey, John Connor, David Nevins.
Intérpretes: Kyle Chandler, Connie Britton, Gaius Charles, Zach Gilford, Minka Kelly, Taylor Kitsch, Adrianne Palicki, Scott Porter, Aymee Teegarden, Jesse Plemons.
Valoración:

Friday Night Lights (FNL) es un retrato de las pequeñas ciudades de Estados Unidos (una ficticia en Texas, en este caso), aquellas en las que la vida de casi todo el pueblo gira en torno al deporte nacional que practican los jóvenes del instituto, el fútbol americano. Todos los sueños y todos los problemas giran en torno a esta actividad, tanto para los que lo practican (donde todos quieren llegar a ser estrellas o como poco utilizar su éxito para pagarse la Universidad) como para los que les rodean: las familias, los negocios, los amigos… y por supuesto las animadoras.

Esta serie ha tenido problemas para conectar con el público, y a duras penas ha conseguido una segunda prueba con una breve segunda temporada. Mi apuesta es que no llegará muy lejos, pero quién sabe. Es imposible conocer qué mueve al voluble público y qué satisface a los productores (a parte de ganar dinero), pero desde mi punto de vista observo dos fallos principales en el concepto de FNL a la hora de conseguir buenas audiencias: el primero, su puesta en escena en exceso moderna y llena de filigranas técnicas encaja en los partidos de fútbol, pero no le funciona en el drama, y la serie es principalmente esto último; segundo, está a medio camino entre la típica producción para adolescentes y el drama adulto más inteligente y serio, sin terminar de decantarse por uno o por otro, con lo que no tiene un objetivo (el famoso target de edad) bien definido y le es más difícil resultar atractiva a un colectivo sólido de espectadores.

Entrando en materia, NFL comienza con la llegada de un nuevo entrenador con su familia. Marido, mujer e hija deberán adaptarse a su nueva vida mientras él toma las riendas del equipo juvenil y se enfrenta a una temporada muy complicada en la que cualquier desliz puede poner a todo el pueblo en su contra. Estos tres personajes, sobre todo los adultos, son los más sólidos, los que mejor funcionan y con mayor eficacia son ubicados en las tramas. Sin embargo, el resto del amplio plantel, compuesto de varios jugadores y algunos familiares y amigos, es otro cantar. La presentación de prácticamente todos ellos es torpe, se tarda muchos capítulos sólo en captar el nombre, y no digamos ya su papel y su rumbo u objetivo en el conjunto. Algunos de ellos deambulan sin saberse qué pintan ahí y prácticamente son usados como comodines, otros sufren en su personalidad cambios forzados por las nuevas tramas (el negro que se esfuerza tanto por volver a jugar tras doparse y en su primera oportunidad se larga por un tema de insultos racistas que ni le interesaba; el hermano de Riggins que desaparece cuando no saben qué hacer con él; esa Tyra que sale y entra de la historia sin venir a cuento hasta que por fin deciden hacer algo con ella, etc.). Por si fuera poco, a pesar de que son actores que cumplen (aunque exceptuando a Kyle Chandler y Connie Britton ninguno pasa de correcto o interesante más allá de su atractivo físico), la selección en muchos casos es poco menos que equivocada: salvo algún caso aislado (Saracen, su amigo y Julie) el desajuste entre la edad del personaje y la del actor es un gran problema para la credibilidad. Por ejemplo, resulta absurdo ver a un supuesto adolescente Riggins acostarse con una ama de casa y que los personajes destaquen la diferencia de edad como inconveniente cuando él está claramente más cerca de los treinta que de los dieciocho. Pensaba que ver actores que pasan de lejos la veintena en caracteres menores de edad no ocurría desde por lo menos hace un par de décadas (no cuenta la mierdera producción nacional, claro).

Sin embargo, entre previsibles y a veces forzadas tramas clásicas de las series de adolescentes (amoríos, fiestas, peleas tontas, sentimentalismos aburridos… ¡ni siquiera falta la enferma mental que por supuesto se vuelve loca durante un tiempo!), se obtienen también algunos momentos bastante más serios que son tratados con mucha delicadeza. El mejor ejemplo es la parálisis de uno de los protagonistas, desde quien se viven las historias más interesantes y mejor acabadas de la temporada, aunque la tensión que sufre el entrenador (proveniente del equipo, del pueblo y de la familia) también está muy bien ilustrada.

En cuanto a la realización, es una lástima que la puesta en escena sea equivocada. La cámara en mano demasiado inquieta con fotografía muy cerrada y montaje rapidísimo es más propio de un drama de acción intensa (tipo 24 o Battlestar Galactica) que de un drama tan tranquilo como éste. Como decía al principio, funciona bien cuando suceden los partidos, mostrando muy bien el encuentro y todo lo que se produce a su alrededor (las emociones del público, los espectáculos de las animadoras, etc.) a través de un excelente trabajo de edición, pero en el resto de las historias es contraproducente. Conversaciones íntimas y tragedias que deberían rebosar sentimientos se echan a perder por un caos de cambios de rostros, una agitación mareantemente innecesaria en la imagen y una falta total de control sobre el tiempo narrativo (todo se rueda igual, no hay lugar para manejar la tensión o la emoción a través de la construcción de escenas). No soy experto en cómo se rueda una obra de cine o televisión, pero es de cajón que cada escena requiere un tratamiento distinto, y en FNL lo que en el guión puede ser dramático se rueda de forma tan esquemática que las sensaciones que podría transmitir se pierden. En consecuencia, la serie resulta demasiado fría, estática a pesar del caos de imágenes sucediéndose sin parar. A medida que avanza la temporada van reduciendo el insistente ajetreo de la cámara, pero a mi modo de ver el estilo necesita ser mucho más pulido, manejado con más tacto.

No sé qué tendrán las series centradas en adolescentes que es tan fácil caer en su embrujo y liarse a ver capítulo tras capítulo a pesar de que siempre (salvo contadísimas excepciones) muestran las mismas historias. Cuando llevo tiempo diciendo que estoy cansado de ellas me engancho sin darme cuenta a alguna (antes de FNL fue The O.C. –donde las tramas centradas en los adultos también eras las mejores-). Lo bueno de este tipo de producciones es que cuando dejas de verlas porque se cancelan o le pierdes el rastro en la vorágine programación de las cadenas no las echas de menos, pues son un entretenimiento pasajero que no deja huella.

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