EL MANDALORIANO – 108 – REDENCIÓN


108 – Redemption
Guion: Jon Favreau.
Dirección: Taika Waititi.
Valoración:

Sinopsis:
El mandaloriano y sus compañeros se enfrentan a los imperiales.

Resumen:
Acorralados Mando, Greef y Cara por los imperiales, buscan desesperadamente una salida por las alcantarillas, pero sólo logran hacerlo con la llegada del robot IG pegando tiros y cuidando de Yoda. En la huida, este termina sacrificándose para salvarlos, y Mando lucha contra el líder imperial Moff Gideon. El grupo logra salir airoso, pero el imperial también sobrevive.

Notas:
-Gazapo: la armadura del pecho de Moff Gideon invierte los colores de los círculos de un plano a otro justo antes de empezar el flasback, sin duda debido a que han espejado la imagen para que mire para donde venía mejor.
-Bajo la máscara de uno de los soldados en moto está Jason Sudeikis, un actor y cómico bastante famoso: Saturday Night Live, El último hombre en la Tierra; el otro es Adam Pally, no tan conocido pero tampoco un don nadie.

Comentario:
Alerta de spoilers: Describo bastantes aspectos relevantes del final, pero es todo tan facilón y previsible que no hay sorpresa alguna. —

He llegado al término de la temporada con una desgana total. Viendo que las escasas pero prometedoras virtudes del primer episodio se desvanecieron pronto y la serie descarriló, no iba a importar mucho si a estas alturas recupera momentáneamente las formas. Y además, no lo hace.

La batalla final sigue ahogada en la narrativa simple y saturada de tópicos y momentos forzados. Los primeros son tantos que el relato aburre, se ve venir todo de lejos sin que se note en ningún instante una pizca de esfuerzo por aportar algún giro que le otorgue nueva savia. Las situaciones, acciones y conclusiones tan medidos añaden más laste a la sensación de previsibilidad, y esta vez además también generan incongruencias enormes. El universo La guerra de las galaxias, el presupuesto desorbitado y el toque western de nuevo quedan desaprovechadísimos.

El imperativo del robot es proteger al crío… y se mete en zona de guerra con él en una mochila en vez de largarse con la nave de Mando o esconderse en otra parte del planeta. En el poblado se enfrentan a por lo menos un centenar de soldados sin pestañear, en el río de lava una decena son considerados un obstáculo insalvable, todo para forzar el sacrificio de turno. Cara no es capaz de levantar a Mando y cargar con él, para que así tengamos el momento de redención con el robot… y luego sí carga con él como si nada.

Los tiempos tan estudiados para unir a los personajes y lanzar la acción son muy evidentes y chapuceros. El malo se pone a hablar en vez de sacar el arma grande de una vez, los buenos se lamentan en vez de buscar salidas desde el primer momento; luego el montaje del arma se estira para, ahora sí, dar tiempo a que busquen escapatorias; los soldados imperiales que llevan a Yoda se paran para hacer tiempo a que las demás líneas estén maduras para la entrada en acción del robot; etc. Para colmo, hacemos un larga pausa para tratar de dar forma al villano a última hora mediante un flashback que lo une con la historia de Mando. Este es bastante cargante, una repetición a cámara lenta de lo ya visto para que finalmente no aporte nada que no se intuyera ya a la vida de Mando y no le confiera al villano la necesaria aura de tipo peligroso. Con tanta espera y un desarrollo tan encorsetado, la tensión nunca llega a hacer acto de presencia, y sí lo hace el aburrimiento y la decepción.

Las peleas, cuando por fin llegan, son completamente inverosímiles. Los personajes se meten en un círculo de incontables soldados a pegar tiros, a sabiendas de que cada disparo es un enemigo caído mientras los malos no dan ni una o se acercan con armas de fuego a gente medio desarmada para que puedan incapacitarlos a tortas. Aunque no están mal rodadas, con ello se impide que resulten un espectáculo grato, amén de que es desperdiciar el talento de Taika Waititi, el director de Thor: Ragnarok. La escena de Mando subiéndose en el caza es la única que aporta algo novedoso, y dentro de la fantasía ante la que estamos, su exageración es más que aceptable.

El desenlace se ve venir de lejos en todos sus aspectos, incluso que el villano por supuesto sobrevive en un plano final con musiquita chunga y los secundarios deciden quedarse o irse a otro lado para que el mandaloriano continúe su periplo en soledad, o sea, para que todo vuelva al statu quo.

Aparte, hay otras muchas cosas que no me convencen. Greef ahora es un amigo simpático, menudo comodín de personaje. La relación entre Cara y Mando era interesante, pero podía dar más de sí: no me creo nada que lo deje herido, cuánto daño hace el obligar a que ciertas escenas sucedan. La conversación de los soldados en moto tiene momentos graciosos, como el pique de disparar y no atinar una, pero se extiende hasta resultar ridícula y cargante. La religión mandaloriana, con tonterías como sacrificarse para recoger unas cuantas armaduras de fallecidos y no quitarse el casco ni en caso de extrema necesidad, no resulta nada creíble.

Pero después de todo, pesar de sus notables carencias El mandaloriano ha enganchado a un montón de seguidores y se ha llevado bastantes buenas críticas, así que extenderán la agonía y espérate tú que no apliquen el mismo listón tan bajo a las siguientes series…

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