JUEGO DE TRONOS – 805 – LAS CAMPANAS


805 – The Bells
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: Miguel Sapochnik.
Valoración:

Sinopsis:
La batalla por el Trono de Hierro toma un cariz trágico.

Resumen:
Alerta de spoilers: Os recuerdo en los resúmenes describo a fondo los episodios.–

Varys es ejecutado por traicionar a la reina Daenerys. A pesar de los intentos de Tyrion de encontrar soluciones pacíficas, Dany sucumbe a la ira y arrasa Desembarco del Rey. Jaime encuentra a Cersei, pero es tarde y mueren juntos. El Perro lucha contra su hermano, la Montaña, y mueren juntos. Arya corretea por el caos en la ciudad sin hacer nada concreto. Jon es incapaz de frenar el frenesí, y sus hombres participan en la matanza.

Comentario:
Alerta de spoilers: Os recuerdo que la crítica tiene muchos datos reveladores.–

El capítulo anterior recuperaba un poco el tono después de la flojísima trayectoria de la temporada, y deseaba que apuntara a una remontada final aunque era consciente de que los problemas que arrastra la serie vienen de largo y todavía podían afectar más de la cuenta al desenlace. Así ha ocurrido en la esperada batalla por el Trono de Hierro. Todo lo malo explota en un relato que olvida lo andado por los personajes y la coherencia de las tramas para forzar los encuentros, finales y giros que les vienen en gana a los guionistas David Benioff y D. B. Weiss. Estos últimos años se han obsesionado con contentar a los fans con conclusiones o puntos y aparte de historias facilones y supuestamente agradables, o quizá sin el material original están muy perdidos y cada vez más cansados y optan por lo más simple y fácil y lo apañan con prisas. Sólo el abismo que se abre ante Dany y Jon y el estupendo acabado visual dan la talla, pero no como para salvar un conjunto que acumula vergüenza ajena y decepción hasta dar la sensación de que hemos perdido el tiempo siguiendo ocho años de serie.

No empieza del todo mal la cosa, pues el ambiente está tenso en espera de ver si Dany mantendrá la compostura o se dejará llevar por la impaciencia y la ira y acabará cayendo al lado oscuro, con lo que se truncará su idílico reinado, las aspiraciones de todos los personajes que la acompañan, y veremos un amargo final en el que tendrán que traicionarla e incluso luchar contra ella. Así ocurre, y me alegro de que no tengamos un desenlace fácil ni blando.

Pero para mi sorpresa, la única historia digna de esta última temporada tiene muchos detractores. Primero están los que todavía no se han enterado de qué va Juego de tronos y exigen que los escritores sean suaves y condescendientes con los personajes para no sufrir traumas con sus destinos. Ya hemos tenido mucha mano blanda, de hecho, este capítulo está desbordado, celebremos que al menos una parte mantiene el tono cruel y trágico. Luego tenemos los que dicen que este giro se ha dado de forma forzada en los dos últimos episodios. Y no es así. No sé hacia dónde han estado mirando mientras veían toda la serie. La locura está latente desde que mencionan en los primeros capítulos que los Targaryen son una lotería, sale uno normal y otro demente y tirano, y va matizándose conforme avanza su trayectoria: la ira, la poca paciencia, la afición a quemar y castigar mientras dice ser humilde y querer salvar el mundo han estado presentes en cada etapa de la vida de Daenerys. En la séptima temporada se adentraron más en esa turbia senda, con sus desmanes y Tyrion cada vez más inquieto por su deriva. Ya entonces hace comentarios directos sobre que considera al pueblo de Desembarco del Rey cómplices de Cersei por no aceptar su llegada y derrocarla. Y en esta última toca fondo de manera muy bien justificada y desarrollada, toda situación que enfrenta va poniendo una nueva carga encima, hasta que pierde el norte. Eso sí, no sé por qué espera a que toquen las campanas para arrasar, en vez de continuar justo tras destruir las defensas; primero, porque se arriesga a quemar a sus tropas, segundo, porque nos la ponen mirando con rabia a la Fortaleza Roja (su objetivo, se supone) pero antes de ir se entretiene un buen rato con la ciudad. Parece otro intento de forzar la sorpresa de qué hará hasta última hora, en vez de ir a por todas sin enredos. También cabe pensar que el dragón no se cansa nunca de escupir fuego.

Pero la ilusión inicial dura poco. La batalla empieza de pena y no levanta cabeza, por mucho que el trabajo visual sea excelente. Las grandes ballestas demostraron ser un arma temible contra los dragones, a pesar de que todo en los libros y la serie indicaba que eran animales formidables casi invencibles. Con las murallas y la flota de Euron repletas de ellas, Desembarco del Rey parecía quedar fuera del alcance del último dragón… Pero ahora repentinamente estas armas son inútiles. La puntería de los hijos del hierro y su habilidad para cargar con presteza han desaparecido, los que están en las murallas se quedan esperando sin hacer nada, y Daenerys arrasa con todo sin que haya la más mínima incertidumbre porque su ataque suicida pueda salir mal. Las murallas y edificios parecen de barro, se derrumban a la primera llamarada. La Compañía Tostada, perdón, Dorada, al final ha resultado ser solamente un número para igualar fuerzas, y ahora ni eso, porque a la hora de la verdad apenas vemos un centenar, y el final de su comandante sin nombre es un mal chiste. Me pregunto qué hace Davos en primera fila si no es combatiente. Sólo salvo algunos momentos de la tragedia que vive la ciudad, como Jon incapaz de contener a sus hombres en el frenesí del combate. Pero esto también tiene su lado malo, el exceso de sensacionalismo es contraproducente: el caos y la gente muriendo por doquier eran suficientes, no necesito quince primeros planos de madres y críos lloriqueando.

Cersei nunca ha sido el personaje de los libros, sino el más cambiado, pero ha funcionado bastante bien, salvo por el débil papel de Lena Headey. Con la Lannister de los libros me creería que se echara a llorar a los brazos de un hombre cuando ve que todo está perdido, pues no es especialmente inteligente ni dura sino una arpía que usa el sexo y el poder para hacer y deshacer según sus caprichos. Pero en la serie nos han desarrollado a una hábil jugadora del juego de tronos, una mujer fría y controladora, dispuesta a todo por mantener a flote su familia, tanto que tenía claro en la batalla del Aguasnegras que sacrificaría a sus hijos y se suicidaría antes que ser derrotada y humillada. Así que ese llanto final no tiene ni pies ni cabeza, parece que han intentado humanizarla en el último momento sin importar si encaja en su forma de ser. A eso hay que sumarle que en esta temporada ha sido la villana del año sin más trascendencia: tiene unas pocas apariciones y diálogos que no hacen justicia a un personaje principal en su etapa final. Alucinante también que Headey haya cobrado medio millón de dólares por episodio… por unas pocas escenas mirando por la ventana.

Tyrion, sobradamente inteligente, capaz de sondear la mente de todo ser humano y sobrevivir en cualquier situación, manipulando a la gente si es necesario, ahora es un buen rollista cegato e incompetente, incapaz de prever y controlar nada. Al menos Peter Dinklage lo borda y los planos en que ve la devastación son demoledores. Varys, el genio jugador desde la sombra, capaz de cambiar de bando, retirarse, esconderse o dar la cara según mejor le convenga, traiciona a la nueva reina… y se queda esperando que vayan a por él en vez de estar ya en Invernalia. Si entendemos que estaba intentando envenenar a Daenerys con la niña de las cocinas y la comida, bien podría haberlo hecho escondido fuera de la fortaleza, o desde un barco, preparado para salir pitando en secreto; es un riesgo, pero no la estupidez que hace aquí. No queda claro si ha enviado cartas anunciando a Jon Targaryen, pero tampoco tendría mucho sentido, ya no hay casas secundarias con protagonismo, quedaría muy mal que de repente tuviéramos a gente de Dorne y otros sitios alzándose.

Jon, marginado pero competente superviviente, muchos temíamos que acabara convertido en el estereotipo de “Mary Sue“, el personaje mimado por los guionistas, al que todo le sale bien sin esforzarse mucho. Pero en cambio se están yendo hacia el otro lado: no hace absolutamente nada en todo el año, lo han castrado, la experiencia y redaños que había adquirido se han esfumado; ni siquiera piensa en interceder en la ejecución de Varys, se queda calladito por temor a que la novia lo riña. Espero que la disputa con Daenerys aporte una historia con más garra.

Arya, otrora obsesionada con la venganza y cumplir con su lista, dejó todo eso atrás cuando se reencontró con su familia y volvía a tener razones para hacer una vida normal. Ahora de repente se obsesiona con Cersei de nuevo y se mete en todo el meollo sin plan alguno. Y luego, repentinamente, cambia de idea y se da la vuelta. Pero además, vemos que es idiota y torpe, olvidando todo lo aprendido con los Hombres sin Rostro sobre infiltración y asesinatos. Vamos, lo que se supone que usaría para matar al Rey de la Noche (y no vimos). Allí fue capaz de esquivar zombis y Caminantes Blancos y aquí tropieza con todo el mundo y no es capaz de llegar a ninguna parte. Y de verdad que no entiendo por qué los guionistas han pensado que tenerla dando tumbos por la ciudad era interesante o crearía expectación sobre su destino, y menos enlazando tres o cuatro falsas muertes chapuceras. Pero la escena del caballo al final ya se me escapa por completo.

No mejor queda el Perro, Sandor Clegane. Si su historia lo llevó hacia el camino de la redención, de reencontrarse con la humanidad y huir de mierdas de la corte, por qué de repente se encabezona con matar a su hermano. De haberlo hecho tendría que haber sido cuando desertó como guardia real años atrás, cuando rompió con todo. Ahora no tiene lógica, no encaja en su nueva vida. Para rematar, tenemos un enfrentamiento final en plan cine comercial del malo. Además, cabe preguntarse cómo se cuelan Arya y el Perro en la Fortaleza Roja. Una cosa es que dejen entrar al pueblo al patio, otra que todo esté abierto y se pasee gente armada por los pasillos de la corte.

Jaime es el único que tenía un poco más de sentido, pero termina sin deslumbrar, sin tener un final que deje huella, por culpa de otros personajes implicados en su historia. Como etapa última de su redención debía enfrentarse a Cersei, abandonando a Brienne en una misión muy peligrosa y dura: convencer a su hermana y reina para acabar con la guerra o asesinarla. Me hubiera gustado ver esto último y que volviera con Brienne, o al menos, de tener un giro, que no fuera tan cutre. El encuentro casual con Euron es ridículo a más no poder, y forzar un nuevo acercamiento romántico y un final trágico con Cersei, los dos muriendo juntos, es desandar lo andado con el personaje. Y hay que añadir la expectación creada por Bran, que parecía señalar que esperaba a Jaime como si hubiera visto en sus visiones que tiene una misión vital pendiente, pero luego no hace nada concreto.

Decorados, vestuario, efectos digitales, fotografía y dirección son impresionantes. Los planos de batalla y caos quitan al aliento. Sólo me puedo quejar de nuevo de la paupérrima banda sonora de Ramin Djawadi. La serie tenía potencial para deslumbrar en este apartado, pero ficharon a uno de la factoría Zimmer, que compone a base de samplers y bibliotecas. El momento de tensión a lo Insterstellar es penoso.

Ya puede ser el último episodio bien bonito y épico (que lo dudo), porque ni con esas se salva el desastre y la decepción de cómo ha acabado Juego de tronos tras crear tanta expectación.

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2 Respuestas a “JUEGO DE TRONOS – 805 – LAS CAMPANAS

  1. Fernando.

    Sinceramente me alegro de no haber visto todas las temporadas de esta serie. Estoy viendo los capítulos de esta última temporada y la verdad como entretenimiento para ver la tele un rato vale, pero nada más. Nada que ver con los libros, serie penosa en cuanto a historia, parece una película romántica cualquiera donde todo el mundo se quiere y todo acaba bien, se ve venir de lejos todo lo que va a pasar.

  2. Coincido en no poco. Saludos.

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