JUEGO DE TRONOS – 803 – LA LARGA LA NOCHE


803 – The Long Night
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: Miguel Sapochnik.
Valoración:

Sinopsis:
La batalla contra la Larga Noche tiene lugar en Invernalia.

Resumen:
El ejército de los muertos del Rey de la Noche desborda las tropas de los dothraki, los norteños y los inmaculados, y ni con los dragones consiguen mantenerlos a raya. El Rey de la Noche alcanza a Bran sin que Theon pueda defenderlo y Jon llegar para luchar contra él. Pero de la nada sale Arya y lo derrota de una puñalada con una daga valirya. Todos los Caminantes Blancos y zombis mueren de golpe.

De los personajes conocidos, en el combante sólo han caído secundarios como Beric Dondarrion, Edd el Penas, Jorah Mormont, Theon Greyjoy y Lyanna Mormont.

Mejores frases:
-Beric: ¡Clegane, te necesitamos! No puedes abandonarnos.
-El Perro: ¡Vete a la mierda! No podemos vencerlos. ¿No lo ves, cabrón estúpido? ¡Luchamos contra la Muerte! No se puede vencer a la Muerte.

Comentario:
Después de los dos aburridos y pastelosos capítulos introductorios, como si hiciera falta a estas alturas una introducción, y más gastando dos de los seis de los que consta el año, por fin entramos de verdad en la esperada octava temporada, más concretamente en el episodio que prometía traernos la primera gran confrontación contra el Rey de la Noche (lo de Casa Austera fue la presentación). Los productores nos anunciaban una batalla épica que les costó rodar dos meses, nos vendían un final agridulce, esperábamos que pusiera todo patas arriba, que hubiera muertes, sorpresas y destrucción y el futuro de los Siete Reinos quedara más en vilo que nunca… Y la decepción es enorme. El capítulo es por sí mismo muy entretenido y espectacular, pero como parte de un relato más grande queda como un vulgar trámite sin tragedias ni secuelas y sí con giros entre estúpidos e insultantes. Tras casi ochenta minutos de fuegos artificiales sin contenido real, el Rey de la Noche es despachado como si fuera una trama secundaria temporal y no la gran historia cocida a fuego lento en un plano secundario prometiendo sobreponerse en algún momento a todo lo demás. Ocho años de serie diciendo que el juego de tronos era una distracción fatal mientras el gran enemigo recobraba fuerzas, y ahora resulta que es al revés, este enemigo es anecdótico y lo importante es otra pugna más por este o aquel trono y título.

Ya lo he comentado varias veces en las últimas temporadas, pero hay que reincidir en ello porque en esta está explotando por completo. El desequilibrio entre formas de entender y escribir la serie que se iba viendo desde la quinta etapa cada vez pesa más, pues va imponiéndose la fórmula narrativa más simplona en detrimento de la fiel a los libros y a las primeras temporadas, compleja y muy sólida. Cuando eran fieles a George R. R. Martin, cada personaje contaba su historia y aportaba su grano de arena al conjunto, todas sus motivaciones, planes, aciertos y fracasos quedaban claros, iban viéndose paso por paso y afectando a los acontecimientos globales de formas imprevistas y sorprendentes pero muy verosímiles. Ahora tiran más por el serial de acción barato, con escenas complacientes para la masa de espectadores, giros trampa, sensacionalismo… Los personajes parlotean mucho pero no exponen sus planes, y mucho menos vemos su desarrollo, sino que saltamos al final para intentar impactar con la sorpresa; mientras tanto, se rellena más de la cuenta con encuentros emotivos sensibleros, tirando del recorrido previo de los protagonistas pero sin sustancia en relación con los nuevos acontecimientos. Y para el avance de las historias prima más el espectáculo conseguido a base de billetes que las tramas bien trabajadas.

La puesta en escena es magnífica, de forma que tenemos un episodio impresionante que supone otro hito televisivo de los que hacen época. Hay que agradecer el esfuerzo monetario y personal que supone esta serie, y el intento de superarse después de muchos capítulos épicos memorables. La batalla tiene momentos heroicos, momentos de tensión y momentos de aguantar la respiración. Los distintos frentes se combinan con bastante fluidez, sabes en todo momento dónde están los personajes aunque son muchos, intentan mostrarnos distintos escenarios de la lucha… Los primeros cuarenta y cinco minutos te mantienen en vilo, casi eclipsando los primeros fallos importantes. Por ejemplo, la carga de los dothraki es absurda, pero su destino pone los pelos de punta.

El trabajo del director Michael Sapochnik y del equipo técnico es digno de cualquier alabanza. Incluso hay que defenderlos de los ataques injustificados de que “es demasiado oscuro y caótico así que no se ve nada”, lo cual sólo es cierto si lo ves con mala calidad o la televisión o el reproductor mal calibrados. Es cierto que al parecer la HBO y Movistar emiten un streaming con poca calidad, pero nos olvidamos de que la gran mayoría de televidentes lo son por inercia social, no son verdaderos amantes del cine o las series, y ven las cosas por modas o porque la costumbre es tener la televisión encendida. Si de verdad los amasen se preocuparían por verlos bien: la gente no calibra la imagen ni ecualiza el audio, dejándolo todo plano. El brillo, la saturación, la temperatura de color que vienen de serie suelen ser inadecuados, y luego tenemos el ahorro de energía y otros filtros absurdos que ponen según marcas; además, el entorno también hay que tenerlo en cuenta: la iluminación de la sala cambia todo. Y a eso sumamos los que piratean bajando el episodio que menos ocupa, quizá pensando que eso no influye en la calidad de imagen, y lo ponen en una pantalla de 30 a 60 pulgadas; o incluso peor, hay quien ve cine y series en los móviles y se atreve a decir que se ve bien. En cualquier obra que exija algo más de la imagen, en estas condiciones inadecuadas se verá muy mal, como está ocurriendo con este capítulo.

La realidad es que Sapochnik y el director de fotografía Fabian Wagner se han arriesgado con un estilo visual complicado y han logrado muy buenos resultados. La oscuridad en que nos envuelve la Larga Noche provoca pavor por lo que no se puede ver (el ejército de muertos escuchado antes que visto), caos por que sólo disciernes tu entorno cercano (los primeros planos de la lucha son agobiantes, pero porque consiguen que te metas en la piel del personaje enfocado, no porque no se entienda nada), y los momentos más caóticos y oscuros están bien justificados: la parte de Dany y Jon volando a ciegas enseña lo justo de cada silueta para saber qué pasa. Hay un buen puñado de planos entre bellos y sobrecogedores fruto de marcar contrastes con la luz y la oscuridad: los dragones arrasando con fuego, la tormenta sobre los ejércitos, el vuelo por encima de las nubes… Muchos se han perdido gran parte de la elaborada fotografía y la estupenda atmósfera que han logrado, pero no es culpa de los realizadores.

Lo único que se queda muy por debajo de la media es el compositor Ramin Djawadi, quien de nuevo ofrece una banda sonora muy básica y machacona, remarcando en exceso emociones obvias. La parte final, con una tonadilla simplona que parece cogida de Westworld, me sacó bastante de quicio. Por otro lado, me he pasado todo el rato esperando ver las arañas de hielo que mencionan en los libros, pero al final nada de nada; podían haberlas incluido para tener alguna novedad.

Pero el guion es un desastre que lastra demasiado al capítulo, de hecho hasta hundirlo por completo para muchos seguidores. Cada minuto que piensas en él, que lo analizas con objetividad, es aumentar la decepción, porque encuentras otro agujero, otra mala elección, otra falta de nervio y riesgo por parte de los escritores y productores principales, David Benioff y D. B. Weiss, otra ocasión en la que han tirado por la borda el potencial que tenían los libros y que durante al menos cuatro temporadas la serie estaba a punto de alcanzar para luego ir diluyéndose cada vez más. En el Juego de tronos que yo conocía escribirían cada escena para contar algo y entre todas sumarían algo más. Aquí, todas las situaciones, acciones y estrategias obedecen únicamente al calado emocional que estén buscando en cada momento, y la coherencia global de trama y personajes es dejada completamente de lado.

La lógica y verosimilitud en la planificación y ejecución de la batalla no existen. Los personajes deambulan de acá para allá sin motivos ni destino claros. Los que no tienen calado argumental aparecen únicamente en situaciones de peligro muy forzadas, y los que finalmente lo tienen dan muchas vueltas en círculos antes de saltar precipitadamente al destino que les han improvisado.

Teniendo una fortaleza bastante aparente, esperar con los ejércitos fuera de las murallas es una gran imprudencia. Pero el sinsentido se remata con los dothraki cargando contra la oscuridad sin venir a cuento, supongo que para poner tensión sobre un enemigo intangible en gran parte de la serie. Es penoso el destino del khalasar, un pueblo que les ha importado un pimiento a los escritores y lo han mantenido primero porque estaba en los libros y luego porque era un ejército de relleno. No sé cómo pretenden prender fuego a una trinchera llena de leña en pleno invierno, sin protegerla de la humedad, sin combustible alguno, y hacerlo además justo cuando las tropas enemigas están llegando. Dejarlo todo a que un dragón esté disponible en ese momento es un riesgo demencial. Y qué me decís de Jon, que lo ve todo desde la muralla con el dragón y no hace nada, ni encender la trinchera ni atacar los lugares por donde entran los muertos. Cuando se retiran a Invernalia, todo el mundo pasa de todo: no hay gente en los muros, ni arqueros siquiera, hasta que los llaman a última hora y tienen que ir apurados. ¿Pero no eran Jon, Jaime, Tyrion y demás consejeros unos grandes estrategas y comandantes? Ya desde que nos los ponen en primera línea de combate, en vez de en lugares donde puedan dar órdenes, vemos que los guionistas se han olvidado de su posición y experiencia.

También tenemos inconsistencias numerosas en las capacidades del enemigo. Los muertos hasta ahora ardían como antorchas al acercarles fuego, pero de repente cambia la cosa, son capaces de tumbarse encima de la trinchera incendiada y apagar las llamas para que pasen sus compañeros. También rompen tumbas de piedra para salir, pero no son capaces de atravesar puertas de madera. El fuego del dragón-zombi es capaz de derribar el Muro, la muralla de Invernalia… pero Jon se esconde tras un cacho pared medio derruida y no pasa nada.

Y más importante aún, el propio sentido de la batalla y las motivaciones del Rey de la Noche se me escapan. Por qué hemos de aceptar que Bran es un gran rival para el enemigo, si no se explica ningún poder o conocimiento que pueda indicarnos que supone un peligro. Por lo tanto, no se entiende por qué el enemigo está tan empeñado en él y por qué todos asumen que lo está sin pruebas concluyentes. Para rematar, este archienemigo no parece tomarse muy en serio el matarlo. Se entretiene peleando con los dragones, a pesar de que luego queda claro que no pueden hacerle daño, y derriba la muralla y entra andando por ella, exponiéndose a numerosas armas de acero valiryo, en vez de posarse con su dragón al lado de Bran, y se queda plantado mirándolo un buen rato en vez de darle muerte de una vez.

Los personajes principales tenían un plan concreto (y bien simplón: Bran como cebo para el Rey de la Noche), pero todos los implicados, en especial Jon y Dany, se olvidan de él desde el principio y se van a hacer otras cosas improvisadas sobre la marcha, poniéndose en peligros absurdos constantemente. Nada más iniciarse la confrontación se dan cuenta de que reservar a los dragones es un error, porque necesitan el fuego contra el ejército de zombis. ¡Quién lo iba a pensar! Luego Jon embiste repetidas veces contra el Rey de la Noche a pesar de la clara situación de inferioridad (a ciegas en la tormenta creada como defensa, en tierra rodeado de muertos)… No, este no es el Jon que yo conocía. Dany también se comporta como una idiota de cuidado. Ve que el fuego del dragón no puede con el Rey de la Noche, pues que lo atrape con la boca y que venga Jon o algún otro y lo maten sin problemas. Pero una vez libera a Jon de los zombis para que este persiga al Rey de la Noche no hace nada. Al menos, si no quiere acercarse por si tiene más lanzas, que limpie el terreno para Jon. Pero no, prefiere posarse mirando cómo su novio actúa, olvidando que está rodeada de zombis… así que se le suben encima.

Sansa y Tyrion no empiezan mal, con un par de escenas emotivas que no se alargan más de la cuenta… pero cuando se alzan los muertos de las criptas (el único giro inteligente en lo que llevamos de temporada) hacen algo rarísimo con ellos. Toda la escena en que se esconden tras una tumba, sacan una daga y se despiden indica que van a suicidarse… pero de repente aparecen andando por ahí a salvo sin más. ¿Han querido engañarnos o la escena les ha salido así de mal? Por otro lado, Varys, Missandei y Gilly no tienen ningún momento útil dedicado a ellos, así que parecen simples extras.

Bran sigue siendo un fallo de concepción importante. No entiendo nada de lo que estén intentando hacer con él: no aporta nada con sus frases crípticas, al final sólo sirve como cebo. En vez de hacer algo se va de paseo metiéndose en los cuervos. Por qué no se mete en la mente de un dragón o de Fantasma o hace cualquier otra cosa que sea útil, que justifique su viaje y aprendizaje de poderes a lo largo de tantas temporadas. Melisandre igual. ¿Por qué se fue y por qué vuelve? ¿Ahora sí está segura de la visión que haya tenido… fuera de pantalla? ¿Ahora sí tiene poderes en cantidad? ¿Por qué no usó el fuego para salvar al ejército de Stannis de la congelación? Es más… ¿¡por qué no prende fuego al ejército de los muertos!?

El resto de protagonistas, y son muchos, sólo sirven para intentar poner un poco de la emoción que no son capaces de conseguir al no estar narrando algo concreto. Desde el comienzo del combate, en cada aparición todos están a punto de morir, rodeados de enemigos y música lacrimógena demasiado acentuada, en vez de verlos sudar haciendo algo tangible y sufrir mientras enfrentan peligros verosímiles. Recalco esto, porque tenemos planos y planos y planos de personajes rodeados por decenas de muertos, aplastados por ellos, con algunos lanzándose a mordiscos a escasos centímetros de sus cuerpos… Es decir, los das por muertos en segundos… pero pero ahí siguen, imbatibles escena tras escena. También cabe señalar que en cada pareja se salvan el uno al otro en alguna escena metida con calzador, algunas lamentables, como el Perro parándose en plena huida a la desesperada para buscar quién lo ha salvado con una flecha: Arya.

Los que por fin mueren en este relato tan inesperadamente blando y complaciente son roles terciarios o secundarios que tenían el destino escrito en la frente desde hace tiempo, pero además caen tras eternas cámaras lentas y planos de teatral agonía que en vez de provocar lágrimas sólo consiguen lo contrario, saturar de melodrama barato de forma que no se siente natural ni trágico, sino manipulador. De Juego de tronos se esperan sorpresas y contundencia, no obviedades tan cursis. Lyanna está ahí sólo para tener una muerte épica. Sola, sin protección, atacando como una demente… ¡a un gigante! ¿Y por qué a ella la dejan estar en la batalla y a Sansa, Tyrion y Varys no? Jorah tiene que salir en una misión suicida porque Dany es tan tonta como para posarse con el dragón y ponerse a mirar el panorama mientras se le suben los muertos encima; pero además, él intuye el peligro por arte de magia, porque no ha visto la situación de su amada reina. Edd el Penas debería haber muerto defendiendo el Muro con Tormund, para dar más garra a la llegada del Rey de la Noche y que no se concentrara todo en una sola confrontación, pero aquí sabe a trámite tardío y por tanto tampoco emociona, y más cuando patanes como Sam y Jaime (que no sabe luchar con la zurda) continuan vivos. También tenemos falsas muertes o situaciones muy confusas: ¿pero mueren los dragones o no?, ¿y qué pasa con Fantasma, por qué va con los dothraki en vez de estar al lado de Bran, que sería lo más lógico?, ¿y sobrevive o no? Y finalmente, un detalle extraño: ¿y Yohn Royce, del Valle? No se le ve el pelo.

Pero lo más decepcionante, lo peor planteado y desarrollado, es el desenlace de la batalla… y de la Larga Noche en general. Acabar la guerra en el tercer capítulo, en la primera batalla al sur del Muro, con un villano que se muestra tan resistente en unas ocasiones y tan frágil en otras, y con la pobre justificación de que muerto él muertos sus ejércitos, tiene las de defraudar incluso al que fuera con las expectativas más bajas, pero construir este final con el giro más manipulador y forzado de todos los que llevamos hasta ahora, y la lista va siendo bien larga, no puede recibirse de otra forma que como un insulto a la inteligencia y paciencia del seguidor.

El problema no es que sea Arya la que acaba con el Rey de la Noche, sino cómo lo desarrollan y justifican. Si es ella la que más aporta al final, ¿por qué nos sacar únicamente a Jon?, ¿por qué perdimos el tiempo en la biblioteca y los pasillos anteriormente en vez de mostrar las dificultades actuales de Arya para llegar al Rey de la Noche, que es lo relevante? Porque se basan en el golpe de efecto fugaz, y mientras tanto deben rellenar minutos y hacer malabares para distraer nuestra atención. La parida de Jon plantándose ante el dragón es para amagar con que se ha librado de él y sorprendernos con Arya. No pierdas el tiempo preguntándote cómo ningún zombi ni Caminante Blanco ve a la chica a pesar de estar por todas partes, ni cómo pretenden que nos creamos ese salto de dibujos animados. Todo es una mezcla ridícula de sensacionalismo y trampas argumentales. Si es que los mismos guionistas lo admiten, diciendo que no querían que fuese uno de los héroe principales porque sería demasiado obvio, sino alguien que en ese momento no tuviera el foco.

Es decir, ellos mismos confirman que ahora escriben en base a sorpresas burdas y el resto, toda la profundidad y coherencia que tenía la serie, ya no importa, pretenden que satisfacer con ganchos fáciles al espectador menos exigente para así atraer a masas de audiencias. Se cargan el concepto de la serie, se ríen de los espectadores que se ganaron con ello, y se ríen en la cara del propio George R. R. Martin, que tiene como uno de sus principios más importantes de la escritura el no engañar estando miles de páginas con una historia y darle la vuelta en dos líneas con un giro absurdo sacado de la manga.

Para el dichoso golpe de efecto olvidan hasta el recorrido previo de los personajes implicados, no ya el de las temporadas anteriores, sino el de minutos atrás. Arya es capaz de cargarse como a diez muertos en pleno caos de la batalla, pero no se atreve a enfrentarse a los pocos zombis patosos que hay en la biblioteca. Estos oyen las gotas de sangre caer de su frente, pero los Caminantes Blancos, tan inteligentes y capaces, no la escuchan correr entre ellos. ¿Por qué, si nos muestras que está agotada hasta la extenuación, de repente tiene tanta determinación y fuerza? ¿Por qué no pensó antes en ir a por el Rey de la Noche? ¿Por qué la presencia de Melisandre la convence repentinamente? Y ya que estamos: sale corriendo de la habitación donde está con el Perro y Melisande… ¿sabe que hay una salida… y no se la indica a ellos? El tiempo perdido por los pasillos debería haberse usado para explicar su repentino interés en esa misión suicida y luego mostrar el esfuerzo de darle alcance esquivando muertos, donde de hecho podría haberse hecho pasar por muerto con una máscara, para que las dos temporadas que pasa entrenando con los Hombres sin Rostro hubieran valido para algo más que para vengarse de los Frey.

Para colmo, los autores van de listos diciendo que han sembrado pistas aquí y allá, como en la tercera temporada, cuando Arya y Melisandre se encuentran y la bruja dice lo de los ojos verdes, marrones y azules… pero luego afirman que tenían previsto que fuera Arya desde hace sólo tres temporadas. Así que es evidente que se han encontrado con ese diálogo por casualidad y les ha servido de apaño; de hecho, lo más gracioso es que la presencia de Melisandre en las Tierras de los Ríos (con un viaje de esos de teletransporte) ya de por sí era improvisada para meter a Gendry en la trama de Stannis. Y la dichosa daga también les ha caído encima sin más, pues si la recuperaron fue para la trama de Meñique. Vamos, que en vez de construir un final sólido escribiéndolo bien, pierden el tiempo rapiñando pobres justificaciones.

Ya sabemos que las profecías y visiones no tienen gran peso en la serie (apenas tibias menciones al Príncipe Prometido y a Azor Ahai que no llegan a hilar nada concreto), pero de ahí a elegir quién mata al Rey de la Noche al azar hay un buen trecho. No he visto nada parecido desde Battlestar Galactica 2003, donde después de cuatro temporadas anunciando el gran plan Cylón, los productores tuvieron la desvergüenza de admitir que el desenlace lo improvisaron a última hora. Al menos cállate y no nos insultes, como hicieron los de Perdidos.

Luego dirán que no entienden cómo la gente está decepcionada e incluso cabreada. Sin ir más lejos, los propios actores implicados han soldado pestes sobre la decisión. Maisie Williams dice que “Inmediatamente pensé que todo el mundo lo odiaría (…). El villano no puede ser tan malo si una chiquilla de 45 kilos aparece y lo apuñala“, y Kit Harrington que “Estaba muy cabreado de que no fuera yo el que mataba al Rey de la Noche“, como toda profecía y toda la trama apuntaba.

Fuera con lo más previsible o con una sorpresa, había que contarlo bien, no intentar engañar al espectador.

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