JUEGO DE TRONOS – 601 – LA MUJER ROJA


601- The Red Woman
Guion: David Benioff, D. B. Weiss.
Dirección: Jeremy Podeswa.
Valoración:

Sinopsis:
La Guardia de la Noche enfrenta un destino incierto. Tyrion y Varys apenas mantienen el orden en la ciudad de Meereen mientras Dany está desaparecida. Cersei sufre las consecuencias de los desmanes de Serpientes de Arena de Dorne. Sansa y Theon huyen a la desesperada. Arya enfrenta la prueba más dura de su entrenamiento.

Resumen:
Alerta de spoilers: En los resúmenes describo a fondo los episodios.–

Davos, Edd y otros fieles encuentran a al Lord Comandante Jon Nieve muerto y tratan de salvar el pellejo mientras Ser Alliser se hace con la Guardia de la Noche. Sansa y Theon corren por la nieve huyendo de los soldados y perros de los Bolton; Brienne llega al rescate con Pod, ofreciendo de nuevo su juramento de servirla, lo que esta vez acepta.

Las hijas de Oberyn, las Serpientes de Arena, y su amante Ellaria, ejecutan su plan de hacerse con Dorne y oponerse a los Lannister: cuando Myrcella llega muerta de Desembarco del Rey ejecutan a Doran Martell y a su heredero. En Braavos, Arya es obligada a aprender a luchar con la ceguera que le han provocado los Hombres sin Rostro.

El Septón supremo sigue exigiendo que Margaery confiese. Dany descubre su destino en el khalasar que la ha tomado: será enviada a Vaes Dothrak con las demás viudades de los khal, donde pasará el resto de sus días. Mientras Jorah y Daario siguen su rastro, Tyrion y Varys no saben cómo controlar la ciudad: su flota ha sido quemada.

Mejores frases:
-Brienne: Lady Sansa, os vuelvo a ofrecer mi servicio. Seré vuestro escudo, os aconsejaré y si es necesario daré mi vida por vos. Lo juro por los dioses antiguos y por los nuevos.

Comentario:
Alerta de spoilers: Los comentarios tienen muchos datos reveladores.–

Cuando la quinta temporada de Juego de tronos llegó a su fin, la serie había cogido a las novelas de George R. R. Martin e incluso las empezaba a adelantar en alguna sección (la de Sansa y el encuentro de Tyrion y Daenerys). Muchos lectores quisimos esperar a que terminara los libros, porque en el original todo es más detallado y grandioso, y la serie nunca ha terminado de deslumbrar como podría. Pero las cosas estaban muy en nuestra contra. Por un lado, Martin ha perdido el control de su criatura. La inspiración se ha ido, el agobio lo consume, su habitual lentitud en escribir se ha convertido en un estancamiento. Si entre el cuatro y quinto libros hubo que esperar seis años a pesar de que se supone que era el mismo tomo partido en dos porque abultaba demasiado, el sexto llevamos esperándolo ya ocho eternos años. Y todavía falta al menos otra entrega, si no vuelve a cambiar sus planes. Por el otro lado, la adaptación se ha convertido en un fenómeno mundial de un alcance con el que seguramente ni sus autores ni la HBO soñaban. Pero para los que queríamos apartarla hasta tener las novelas, esta combinación ha sido un tormento. Entre la de gente que había hablando de ella y lo poco irrespetuosos que son muchos (tela con los titulares llenos datos reveladores en internet), era imposible no enterarse de la mitad de las cosas. Así que cuando llegó la séptima temporada decidí ponerme al día. Si me la van a reventar igual, mejor verla y disfrutarla.

Como vi las dos de un tirón no hice comentarios, y lo fui dejando hasta que con el estreno de la octava y última acercándose me he puesto a revisionarlas. El primer capítulo de la sexta es bastante flojo para lo que se espera de una serie de primera división, y en general la temporada es la que peor sensaciones deja. Es una serie que en vez de crecer se ha ido diluyendo un poco, con sus carencias haciéndose cada vez más evidentes. Aunque el trabajo con los protagonistas es magnífico, en el desarrollo de las historias al guion le ha faltado siempre una puntada para llegar al sobresaliente, por tramos incluso al notable, pesándole numerosas decisiones fallidas y falta de equilibrio entre secciones, además de llevar un ritmo demasiado aletargado en una narración que, si fuera más fiel, siempre he dicho que sería trepidante y extraordinaria cual capítulo de Urgencias (John Wells, 1994) en sus mejores años; también se queda algo corta en las labores de dirección, sobre lo que me extenderé luego. Pero en vez de encontrar el tono y pulir los errores con la maduración que debería traer los años, se han ido agravando. Los tramos más espectaculares han salvado las temporadas quinta y sexta, y quizá viendo este problema, en las dos últimas han decidido recortar, ir al grano potenciando el espectáculo visual. Echando toda la carne en el asador la séptima pega un subidón, y la octava promete ser épica.

Hay un error primigenio del que surgen esos problemas, algo que vi venir desde la segunda etapa y he ido comentando en casi todas: David Benioff y D. B. Weiss no se han marcado una hoja de ruta clara que concretara la trayectoria de cada Casa y personaje y su unión gradual hacia el final, antes de empezar a escribir tan siquiera un episodio. Por el contrario, han ido improvisando cada año, siguiendo a los libros según les venía la inspiración y tomándose más en serio unos personajes que otros según cuánto les gustaran o cómo los entendieran, encajando algunos de mala manera porque están en el original pero luego sin saber qué hacer con ellos. En estas temporadas que no tienen las novelas delante es evidente que han empezado a quitarse sin miramientos a algunos personajes e incluso grupos enteros de encima para poder llegar a un final donde conocen el desenlace en sí, pero no cómo llegan todas las facciones a él. No hace falta esperar al final de la serie, ya podemos mirar atrás y pensar que algunos grupos de personajes sobraban y las trayectorias de otros han sido malogradas, siendo inevitable pensar que sin ellos podían haber conseguido un relato más sólido y ágil, porque incluyéndolos no han conseguido ser más fieles sino más torpes. Ahora bien, queda por ver si no le pasa lo mismo a Martin en los libros, pues tiene muchos más frentes abiertos…

Volviendo a La mujer roja, más que de transición parece que estamos ante un episodio hecho con restos. La obsesión con cumplir con todas las secciones pesa en muchos capítulos, pero aquí se torna en un pequeño desastre. Con apenas unos minutos a cada personaje es difícil quedarse con la información dada, y mira que es poca. Quizá querían hacer una introducción, un recuento de cómo están las cosas, pero para eso está el resumen inicial (que por cierto, yo lo dejaría en los bluray, en esta y en todas las series), porque ponernos una tibia escena de “aquí estoy yo” y pasar a otra cosa es contraproducente, pues al rato la olvidarás. He tenido que hacer un esfuerzo para escribir la sinopsis y el resumen: al día siguiente de verlo por segunda vez no recordaba que aparecen Arya, Margaery, Jorah, e incluso Ellaria (y su parte es importante), ni qué nos cuentan con Cersei y Jaime.

Lo de Dorne es para analizar aparte. Este es el caso más claro de que una sección se les ha atragantado y la despachan ahora de malas maneras para poder seguir adelante sin ella. Esta Casa en la novelas aparece tarde, pero resulta fascinante y siembra la semilla de cambios importantes. El príncipe Doran se presenta como un hábil jugador en el juego de tronos, y las hijas de Oberyn prometen liarla parda… Pero aquí él es un panoli sin plan alguno mientras las Serpientes de Arena guerrean sin que haya una sensación concreta de dirección. Además, incluir a estos y no a Quentyn es una traición difícilmente perdonable. Para rematar, el cutre golpe de estado de Ellaria es lamentable.

Las únicas partes rescatables no impresionan o se quedan cortas. Tyrion y Varys es un ejemplo de cómo hacer una buena escena de transición: sin prisas, exponiéndonos bien cómo está el panorama, y con un final que avance e impacte aunque sea lo justo. La de Jon es más relevante, pero va demasiado a lo básico y pierde emoción. La de Sansa mucho más, porque es demasiado previsible. Y la de Dany es simplona pero al menos intrigante. Tampoco sé muy bien a qué viene el título del episodio, si Melisandre no tiene protagonismo… y el enredo final mostrándola como una bruja anciana no sé a qué viene, espero que tenga sentido en su trayectoria y no sea un vacile.

La falta de trascendencia y garra se nota sobre todo porque apenas encuentro diálogos épicos o ingeniosos que rescatar, cuando en prácticamente todos los capítulos había conversaciones muy jugosas o frases memorables que apuntar.

Los aumentos de presupuesto en cada temporada siguen notándose… y sin aprovecharse al 100% por los directores. Los escenarios naturales son espectaculares, las ciudades históricas elegidas se exprimen cada vez más, el vestuario es alucinante… Por todo ello se echa de menos una puesta en escena de más calidad y belleza, más cinematográfica. Siguen con las televisivas conversaciones de rostro en rostro con hombros y espaldas de por medio, desaprovechando decorados magníficos. Por no salirme de la HBO, no llega al nivel visual de Carnivàle (Daniel Knauf, 2003) o la más cercana Boardwalk Empire (Terence Winter, 2010), que eran unos portentos de cuidado. Pero esto es cosa de los productores ejecutivos, Benioff y Weiss, porque directores con talento hay de sobra, sin ir más lejos el de este episodio, Jeremy Podeswa, es capaz de mucho más, como demostró en las citadas y otras. También era una ocasión fantástica para tener una gran banda sonora, pero se empeñaron en seguir con Ramin Djawadi y no ha ofrecido nada rescatable aparte de los pegadizos títulos de crédito. En el apartado de espectáculo cumplen en otros episodios, pero en este se quedan muy cortos: qué mal editadas están las peleas de Brienne y Arya. Y es inevitable volver a comentar cómo han cantado siempre las pelucas de Emilia Clarke y Lena Headey, siendo la nueva de esta última la peor de todas, parece un Playmobil; en The Good Wife (Michelle King, Robert King, 2009) la protagonista, Julianna Margulies, lleva varias distintas durante toda la serie y no te das cuenta si no te lo dicen.

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