SENSE8 – TEMPORADA 2 Y FINAL.

Netflix | 2017
Drama, aventuras, ciencia-ficción | 11 ep. de 55-120 min.
Productores ejecutivos: J. Michael Straczynski, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, varios.
Intérpretes: Doona Bae, Jamie Clayton, Tina Desai, Tina Desai, Tuppence Middleton, Toby Onwumere, Max Riemelt, Miguel Ángel Silvestre, Brian J. Smith, Freema Agyeman, Naveen Andrews, Eréndira Ibarra, Alfonso Herrera, Max Mauff, Purab Kohli, Terrence Mann, Daryl Hannah, Ness Bautista, Paul Ogola, Anupam Kher.
Valoración:

Alerta de spoilers: Destripo bastante, aunque realmente no pasa gran cosa, nada que no se viera venir.–

La esperadísima segunda temporada de Sense8 me ha supuesto una decepción bastante grande. El primer año me cautivó sobremanera presentando una serie única, tanto por su originalidad como por su contagiosa energía y belleza: era emocionante y hermosa como poca series he visto. Es cierto que los episodios iniciales eran algo lentos, pero había sensación de dirección, de crecimiento, y mientras tanto las vivencias personales mantenían el interés alto. Y además pronto se vio que es mucho más de lo que parecía, que no es sólo una más de ciencia-ficción con conspiraciones y los protagonistas tratando de desentrañarlas, sino que es un drama que habla del ser humano en general, tratando con una delicadeza y profundidad insólitas los sentimientos, la sexualidad, las culturas… en otras palabras, el qué nos define, qué nos mueve, qué nos diferencia y qué nos une. Además, la historia global, el vínculo que surge entre ellos y la persecución a la que los someten misteriosos individuos, tenía su intriga y prometía unir a todos los personajes al final. Quizá el rescate de Gorski fue un tanto facilón, pero es evidente que era una excusa para presentar la trama, y lo importante era ver el florecimiento y la unión de los ocho sensates. Las situaciones en que trabajan juntos, explorando la conexión mental, y momentos puntuales memorables, como la escena de los partos y la revelación sobre Riley, nos regalaron un tramo final magnífico que dejaba enganchadísimo, porque como es obvio prometía seguir yendo más allá.

Pero en esta segunda etapa la sensación que se transmite, del primer episodio al último, es la de que sus autores han trabajado con desgana, sobre todo en el guion, pero también un poco en la puesta en escena, de que han perdido la pasión y la inspiración iniciales y van con la inercia, cumpliendo con los preceptos establecidos en la premisa y ya está. La narrativa resultante está estancada, es monótona en cuanto a las aventuras personales y de lejos insuficiente en la intriga, pero sobre todo se queda muy corta en su mejor virtud: es bastante superficial en lo relativo al aspecto humano. Aclaro aquí que la ausencia de Lilly Wachowski no sé si pudo influir ni cuánto. Dejó el trabajo indefinidamente por temas personales (estaba en plena transformación de género), pero parece que se ocupaba más del día a día de la producción y de la dirección que del guion, que es de donde vienen la mayoría de los problemas.

Los personajes se han quedado en su definición inicial, dando vueltas en círculos en la historia que sirvió para describirlos. Sí, todos los protagonistas resultaron encantadores y sus odiseas deliciosas. Pero no puedes quedarte ahí plantado durante toda la siguiente temporada. Algunos de hecho se hunden en un bucle total, sin dar si quiera un paso lateral que disimule un poco. Si al menos la parte de la conspiración hubiera emergido a primer plano y ofrecido algo llamativo… pero me temo que apenas avanza en un par de datos bastante elementales y narrados también con esa falta de garra.

Kala y su matrimonio están todo el año en el mismo punto de que si funciona y lo consuman o que si no. Sabemos de sobra que acabará con Wolfgang (a menos que algún giro lo impida), no puedes retrasarlo si no logras una historia que lo justifique bien y que resulte interesante. Y al final por arte de magia parece decidirse por fin en ir a buscarlo… ¡pero si en ella no ha cambiado nada, todas las dudas y baches son los mismos todo el rato! Y por supuesto el encuentro queda en el aire, después de todo un año posponiendo lo que se espera desde los primeros capítulos de la primera temporada. Por el lado contrario, el alemán es el mejor ejemplo de paso lateral, del relleno con el que ir matando el tiempo hasta que todo esté maduro para lanzar su arco… El problema es que nada madura, ni el resto de personajes ni la trama. El lío de mafias es eso, relleno intrascendente. No añade ninguna nueva capa al personaje, apenas vale como excusa para dar presencia a los otros grupos, clanes o clústeres de sensates, y por sí sólo no es especialmente atractivo o entretenido, de hecho ni me parece verosímil.

Gorski sirve para avanzar en la conspiración y exponer lo que va haciendo el clúster para huir y aprender de Whispers y la BPO, la Organización de Preservación Biológica que parece estar tratando de controlar a los sensates con algún oscuro propósito, presumiblemente la dominación mundial. Como buen agente, sabe investigar, deduce cosas… pero apenas veo una sombra de aquel joven capaz pero a la vez afligido por penas presentes y pasadas. Sufre un poco con las drogas y con el padre, todo bastante facilón además, y no hay más movimiento en su psique. Pero lo peor es que arrastra a Riley, antes mi favorita, pero aquí un cero total en interés. Sólo sirve para ponerle encima la investigación cuando él no puede salir de su escondite (el viaje a Chicago), y esto ocupa poco, es muy predecible, y tampoco aporta nada al personaje. La única escena donde se ve una persona realmente viva y en movimiento es cuando decide pinchar para tratar de localizar a otros sensates. Una sola escena en todo el año.

La intriga que nos van exponiendo se mueve tan poco que parece un engaño digno de Expediente X, donde mareaban la perdiz temporadas enteras con el tema ovni. Apenas llegan a mostrarnos un poco de información nueva, la mayor parte nada original y carente de suspense, y desde luego nada que nos haga esperar con ansia más revelaciones, porque no parece haber mucho donde rascar: los persigue la típica corporación poderosa con tipos chungos, y de ahí no salimos. La fascinante idea de que se conectan las mentes después de todo no se llega a explorar mucho, no hay tensión, giros que añadan sorpresas efectivas, ni soluciones ingeniosas. Gorski se esconde y se droga para que Whispers no lo vea, lo que parece más una excusa para ir con cuentagotas que para generar una atmósfera de inquietud constante.

El único momento que amagan con buscar un giro que obligue a replantearse las cosas son los recuerdos del clúster de Angelica y Jonas, pero tampoco hay nada que sorprenda: gente cobarde, gente que cambia de bando, la BPO acosándolos. Nada que no hayamos visto ya en cualquiera del género, con la reciente Orphan Black a la cabeza. En cuanto al desenlace, no es que sea flojo, es que resulta realmente chapucero. Cuando creía que el capítulo final iba a acabar sin avanzar nada de la conspiración, sino centrándose únicamente en la última historia personal que quedaba pendiente (para colmo, la cansina y exagerada de Sun), saltan de golpe a un giro demencial donde aparecen metidos todos en la guarida de Whispers por arte de magia para salvar a Wolfgang, que fue encontrado por Whispers repentinamente después de gastar toda la temporada sin lograr transmitir miedo alguno por si cogería a alguien. Cuándo ha planeado eso el grupo, cómo lo han ejecutado, cómo han entrado y salido… No se explica nada, resulta tan forzado y mal narrado que me dejó muy malas sensaciones. En vez de estar todo el año dando vueltas en círculos y soltar cuatro datos sin garra, ¿no podían haberse metido de lleno en las dificultades de ese plan? Se da más relevancia al lío de Sun en la fiesta que a esto.

Las historias de Sun y Capheus se centraban sobre todo en su solitaria batalla contra el mundo, donde descubrían que se tenían el uno al otro y establecían una relación muy bonita. Pero esa conexión parece haber desaparecido, si interactúan entre ellos y otros del clúster es para compartir habilidades, no para encontrar apoyo emocional. Y por separado no ofrecen tampoco nada llamativo. En cierta manera Capheus sí avanza, porque se hace famoso y cae en la política, lo que le podría poner en bandeja el tratar de hacer un mundo mejor, que es lo que parecía ir con él… Pero la aventura en sí es muy básica y previsible, y se narra sin la intensidad que transmitía antes. El entusiasmo del personaje era contagioso, el intérprete Aml Ameen reflejaba con un carisma nato a un joven que vivía en la miseria pero poniendo siempre buena cara y con un espíritu de esperanza inquebrantable, y así enfrentaba esta nueva situación: abrazándola con pasión y aprovechándola al máximo. Pero el nuevo actor*, Toby Onwumere, pega más en un rol de panoli, y encima eso es lo que parecen haber hecho con el personaje: le va cayendo de todo encima sin que nada cale en él, agacha la cabeza y sigue adelante aunque no parezca querer estar ahí. No veo al Capheus que yo conocía.

Sun sigue siendo Sun, pero si la intriga corporativo-familiar era predecible, con el agotamiento de ideas se hunde más el interés. Su estancia en la cárcel se limita a repetir varios intentos de asesinato, su fuga se salva porque el detective que la persigue es un personaje con cierta solidez y su relación aunque muy clásica resulta agradable, pero el tramo final no se sostiene por ninguna parte. Los guionistas se empeñan en que busque venganza contra su hermano mediante la violencia, y no cuela que ella sea tan tonta y cabezota, ni mucho menos que los otros siete no sean capaces de juntar una neurona para deducir que, en un país del primer mundo, atentar a lo bruto en público contra un millonario, cuando eres la principal sospechosa de matar al padre y te buscan por tu fuga, es una gilipollez monumental. En serio, teniendo al infalible trío Nomi-Amanita-Bug, capaces de infiltrarse en aparatos electrónicos que parece imposible que estén conectados a internet (desde semáforos a… atención, la máquina de tickets de un aparcamiento, que te deja incluso hablar por el micrófono desde tu casa), es increíble que no se planteen hackear al hermano y la compañía para buscar pruebas, y si no las encuentran, para tenderle una trampa. Así pues, la justificación de la entrada en la fiesta y la persecución final, más que endeble es lastimera, y encima acaba con la ridícula escena en que parece que va a matar al hermano (delante de un montón de policías y testigos) pero lo deja libre no sé por qué. Si es tan idiota como para haberse metido en ese lío, por qué no llega hasta el final.

Estos dos muestran otro de los problemas de la temporada. La puesta en escena no logra una serie tan embriagadora y asombrosa. En parte es culpa del guion, que no consigue buen ritmo ni incluye tantas escenas moviditas, sean de acción pura o de líos personales (el culebrón de Lito era la mar de ajetreado), pero también se nota cierto bajón, como una falta de interés o de capacidad para alcanzar ese aspecto visual arrebatador. Ojo, calidad hay de sobra, pero de ahí a dejarte alucinando hay un trecho, y las partes de acción, otrora dignas de superproducciones para cine, han decaído bastante. Las peleas de Sun no están bien editadas: ni la de la cárcel donde intentan ahorcarla ni la del cementerio con el detective pasan el corte exigible en comparación con lo visto previamente. Es ponerlas al lado de las peleas en que Sun se metía en Capheus para salvarlo de los matones, y se nota bastante la diferencia: la fluidez de la escena, la claridad de los golpes (muchos se notan falsos ahora), la agilidad con que cambian de personaje. Las persecuciones son escasas y muy inferiores. Lo de Corea parece un paseo si recordamos los jaleos de Capheus que acabaron en una colosal persecución por las carreteras de Nairobi. Con Wolfgang, el otro que copaba elaboradas secuencias de acción, ocurre igual: se limita a algún tiroteo trivial. Sólo destacaría la pelea en el restaurante donde Lila trata de atentar contra su vida, porque tiene más gracia al jugar con cómo se reparten las hostias entre los distintos sensates.

Al menos la idea de incluir algún gran evento relacionado con las temáticas tratadas se mantiene: la fiesta del Orgullo Gay de São Paulo se aprovecha bien en unas pocas escenas espectaculares. Pero en líneas generales, Sense8 es una serie que rompió esquemas con su arrebatador nivel visual en una época con gran competencia, mientras que este año no ha dejado huella alguna. Se nota incluso en el apartado musical: en la primera temporada las canciones formaban parte intrínseca de los sentimientos y vivencias de los personajes, y las pocas veces en que había un “momento videoclip” te dejaban anonadado con la fuerza de las imágenes. Pero ahora me encuentro con lo de siempre: se usan como apaño narrativo de adorno o para sintetizar escenas de forma facilona. Hay demasiadas canciones, varias por capítulo, con sus cámaras lentas y su posicionamiento de personajes, pero sólo dos o tres del total establecen cierta conexión, y únicamente por la letra.

Lito y Nomi, acompañados por los adorables Amanita, Hernando y Daniela, eran los principales catalizadores de la parte más reivindicativa, porque Sense8 nunca ha disimulado nacer como homenaje y a la vez cruzada de la diversidad sexual y también de paso de la diversidad cultural en general. Pero Nomi está en modo Gorski, sólo sirve como comodín para resolver cosas por el ordenador, y de su vida y la de Amanita vemos poco material con gancho. Antes la pareja estaba todo el día peleando por hacerse un hueco en un mundo intolerante, empezando por los padres de Nomi, y para poner las cosas más difíciles le caía la persecución de Whispers encima, con lo que estábamos sudando en cada capítulo con si saldrían adelante y si podrían ser felices. Ahora se supone que están en una situación semejante, pero no se transmite en ningún momento el esfuerzo y las penas. El acoso del agente del FBI es anecdótico, lo de esconderse de Whispers y a la vez buscarlo se olvida por completo en largos tramos de la temporada, hasta el punto de que parecen estar viviendo una vida normal y pasándoselo bien como si nada las afectara. Y la boda de la hermana va directa a cumplir con los dos tópicos, el de la intolerancia y el de sale todo bien en un giro bonito. El camino de Lito es aún más predecible, paso a paso sabemos lo que ocurrirá, no es como en la primera temporada, donde le daban la vuelta a cada cliché con ingenio y sentido del humor de forma que incluso aunque pareciera la sección más intrascendente solía resultar la más divertida. En cuanto se empieza a ver que la industria de Méjico no lo quiere estaba cantado que acabaría en Hollywood. Al menos su viaje interno es muy completo, el más trabajado de los ocho de hecho: en todo momentos sabemos lo que está sufriendo, y conocemos al personaje lo suficiente para seguirlo con cierto interés aunque la historia en sí sea de lo más trillada.

Con ellos llegamos al último elemento en el que ha perdido mucho fuelle. Donde antes lograban una hermosa oda a la tolerancia, a las distintas formas de ver y entender el mundo, que nunca parecía forzada incluso en los momentos más excesivos, fueran los visuales (escenas de sexo gay sin tabúes) o argumentales (exprimiendo a lo grande algunos tópicos), ni farragosa a pesar de meterse en muchos ambientes y ángulos (nos sumergíamos en la espiritualidad hinduista de Kala y también en los conflictos religiosos y sociales de la India), ahora veo una serie más bien del montón, que trata estos temas como si tuviera que cumplir con ellos, quedándose en la superficie, ahogada en unos pocos clichés de los que no es capaz de sacar algo más natural, más conmovedor, quedando lejos de la originalidad y profundidad que mostró en la primera temporada, con tantas capas de historias y personajes ofreciendo innumerables perspectivas de los sentimientos, relaciones, sexualidad, cultura, religión… y luego abordando con tanta delicadeza cómo en todo hay algo que nos une.

Volviendo a los nuevos sensates, estaba claro que aparecerían nuevos clústeres, pero sólo vemos a dos personajes, bastante atractivos por sí solos inicialmente, pero son promesas que no llevan a nada. El vejete simpático explica un poco cómo funciona el mundo sensate, pero son todo obviedades: la unión que deben mantener en la sombra y muchas veces incluso aislados para que los malos no los alcancen. La sensual alemana, Lila (Valeria Bilello), sirve para… para… incluir algo de erotismo y sexo, nada más. En realidad vemos a muchos, a demasiados sensates nuevos, hasta parecerme excesivo: ahora resulta que medio planeta son sensates, o que da la casualidad de que tienen una relación de uno o dos grados con nuestros protagonistas. El traficante de poca monta que le vende drogas a Riley, la novia del mafioso con el que trata Wolfgang (Lila), ¡el novio de la hermana de Nomi! (¿será gratuito o tenían algo planeado?)… Incluso el simpático anciano es presentado de mala manera: ¿qué pinta este pueblerino escocés en una rave electrónica? Pero para rematar, ¿qué hace el camello de Riley paseando en moto por Seúl y cayendo justo donde Sun lo necesita en el momento clave? El momento me produjo muchísima vergüenza ajena.

Los episodios iniciales (empezando por las dos eternas horas del primero) se me hicieron bastante pesados, deseaba que acabaran de una vez para ver si en el siguiente empezaban a contar algo de una vez. En el tramo central mejora un poco y casi recupero la esperanza, pero para el final va disipándose, hasta acabar sin haber dado ningún avance relevante y estimulante. Así pues, la decepción que me ha dejado Sense8 después de apuntar tan alto es bastante grande. Se sostiene por el sólido lazo emocional establecido con los maravillosos personajes, y es justo decir que desarrollar tantas líneas narrativas distintas, cada una en un lugar y con sus personajes secundarios propios, sin caer en el caos o parecer que no hay vinculación argumental entre ellas, parece realmente difícil de escribir y de rodar, y han salido bastante airosos. Pero antes deslumbraron a lo grande y ahora han dado varios pasos atrás, no logran transmitir la misma emoción contagiosa.

Y nos quedaremos sin saber si remontaría, porque Netflix la ha cancelado. Aunque haya cierto culto alrededor la serie, no es lo que se dice un éxito para lo cara que resulta y el grandísimo esfuerzo que cuesta rodarla, y la compañía ha decidido no continuar. Esto rompe un poco la impresión de que Netflix sólo iba a cancelar producciones realmente fallidas, y a plantear la cuestión de si, teniendo tanto dinero y anunciándose como la cadena que no cancela, no sería lo más lógico y respetable darle un cierre digno, con unos pocos capítulos, o incluso uno solo de hora y media o dos horas. Es la esperanza a la que nos agarramos sus seguidores. Yo incluso agradecería también que resumieran esta temporada en dos o tres episodios a lo sumo…

PD: El primer episodio lo adelantaron a fechas navideñas, cuando el estreno de la temporada ha sido en mayo, supongo que para crear expectación, porque entre una etapa y otra han pasado dos años, fruto del complicado rodaje que supone un proyecto tan ambicioso.
PD2: Como nombre del grupo de ocho sensates juraría que en la traducción española usan “clan”, que suena a grupo cultural o de amigos más que a una unión más bien biológica, donde para mí encaja mejor “clúster”. Aunque es cierto que la RAE no la acepta todavía, supongo que todo el mundo conoce su significado.
PD3: No sé por qué ese empeño en sacar a Doona Bae en ropa interior en todos los capítulos, a veces con excusas bastante cutres.
*Todo parece apuntar a que echaron a Aml Ameen por homófobo, ¿es que no sabía dónde se metía?

Ver también:
Temporada 1.

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3 Respuestas a “SENSE8 – TEMPORADA 2 Y FINAL.

  1. Saludos Warren. Espero que Netflix no ponga de moda esto de cancelar series a cascoporro, es la segunda que me cancelan ya, la primera fue Marco Polo. Me parece una tomadura de pelo dejar esos cliffhangers si estas seguro de que no vas a renovar. Y para colmo lo comunican días después de lanzar la nueva temporada, asi, a lo zorretes totales.

  2. ¿Veías Marco Polo? ¿Qué tal la segunda respecto a la primera? Porque la primera me pareció bastante tonta y no seguí.
    Costaba como 90 millones y decían que podía ser la serie menos vista del canal. La renovación por una segunda fue un milagro. ¿Dices que no tuvo un final? Porque deberían haber sabido que probablemente no habría más.

  3. Saludos de nuevo Warren. Bueno, con respecto a la segunda de Marco Polo, mejora sustancialmente el guion, sigue siendo muy predecible y sobretodo simple en su planteamiento y repleta de cliches, pero no se, llámalo placer culpable pero la verdad es que visualmente me parecio espectacular y dentro de lo que cabe me resultaba entretenida y atractiva. Eso si, la serie no termina de aprovechar ni de rematar bien muchas tramas que daban para mucho mas. Quedo bastante abierta, con un cliffhanger muy intrigante que obviamente nunca veremos. Honestamente me hubiera gustado como minimo otra temporada mas para cerrar la cosa y ya. Por supuesto no podemos compararla con GOT ni con Black Sails pero para pasar el rato molaba. Dale un try a la segunda y encantado estare de leer tu opinión. Saludos.

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