TOP OF THE LAKE – MINISERIE.

Top of the Lake
Sundance Channel | 2013
Productores ejecutivos: Jane Campion.
Intérpretes: Elisabeth Moss, Thomas M. Wright, Peter Mullan, David Wenham, Holly Hunter, Jacqueline Joe.
Valoración:

Sundance Channel, reconvertido en SundanceTV en 2014, es un canal de cable y satélite filial de AMC (antes lo fue de Showtime) dedicado a emitir películas de cine independiente y cortos, así como documentales de mayor calado que otros canales. Por ello mismo sorprende que iniciara sus andaduras en el mundo de las series con Top of the Lake, una co-producción con la BBC que resultó una obra bastante típica y comercial. En cambio en su segunda serie y ya completamente propia, Rectify, sí se mantuvieron fieles al tono independiente y alternativo.

Aunque lo hiciera en colaboración con Gerard Lee en el guión y Garth Davis en la dirección, su principal artífice es Jane Campion, realizadora neozelandesa conocida por la famosa película El piano. De hecho quería a Anna Paquin, quien se dio a conocer en aquel filme, para el papel de protagonista, pero estaba embazada y acabó en manos de Elisabeth Moss. Que no tuviera una protagonista nacional (Paquin tampoco lo era) molestó al canal australiano con el que iban a co-producir, pero la filial local de la BBC, UKTV, llegó para salvar los trastos. Se rodó en Nueva Zelanda, usando Queenstown y exteriores varios (el lago Wakatipu) para recrear la pequeña ciudad ficticia de Laketop. Nació como miniserie, y así la quería Jane Campion, pero tuvo bastante éxito y la cadena hará una segunda temporada.

Mientras Robin (Moss) está de visita en su pueblo natal para estar con su madre moribunda, una niña de 12 años intenta suicidarse al descubrirse embarazada. Como es detective colabora en la investigación con la reducida policía local, donde ser joven y mujer le garantizará el rechazo de los pueblerinos, aunque el sargento Al (David Wenham) intenta suavizar las cosas. La investigación sacará a la luz miserias y vicios conocidos y tolerados por todos en un clásico entorno rural empobrecido y lleno de paletos: familias rotas y peleas entre vecinos, drogas, miseria, etc. La mayor parte de estos problemas emergen de uno de los hombres más temidos y poderosos, Matt (Peter Mulan), que resulta ser el padre adoptivo de la chica y por obvia extensión el principal sospechoso en el caso. Pero además Robin se enfrentará a fantasmas del pasado que harán peligrar su equilibrio mental.

Campion busca un tono entre The Killing (sea la original o la estadounidense) y Twin Peaks, es decir, oscuro, deprimente, trágico y perturbador en una onda que roza la locura, porque los personajes secundarios oscilan entre lo estrafalario y lo surrealista. Tanto la atmósfera como la investigación se presentan prometedoras en el primer capítulo, y los protagonistas aunque no deslumbran resultan atractivos. Pero la fuerza y coherencia del relato empiezan pronto a fallar, para terminar cerrando una miniserie que hace aguas por todas partes. Campión orquesta una trama y personajes enormemente irregulares, está muy torpe a la hora de construir un drama y un thriller profundo y sobrecogedor como buscaba, y es clara su inclinación por las trampas burdas y el sensacionalismo de folletín. El guión es tan poco inteligente que pretende ir de feminista y hace el ridículo, primero por la simpleza de los topicazos sobre el machismo en la llegada de Robin al caso, segundo por recalcar en exceso la independencia de mujeres con la absurda comuna y la obsesión de Robin de hacerlo todo sola y tragarse las penas, y tercero porque a la vez se pone a los hombres como tontitos y los únicos capaces de cometer atrocidades.

La puesta en escena sin ser notable resulta efectiva, y los paisajes exóticos de Nueva Zelanda se aprovechan bien con numerosos planos aéreos… tantos que se pasan un poco, pero bueno. En el reparto sólo destacan dos nombres, porque el resto de personajes no ofrecen material para buenas interpretaciones (qué irreal está Holly Hunter, qué sosos David Wenham y Thomas M. Wright -Jonno, el amigo de Robin-). Peter Mullan es uno de esos numerosos veteranos ingleses de enorme talento y poca fama (atención al papelón que hizo en The Fear), y está muy bien en el rol de mafiosillo local de poca monta pero inquietante. Pero quien arrasa hasta el punto de levantar bastante el nivel de la serie es Elizabeth Moss, que se dio a conocer en El Ala Oeste como la hija pequeña del presidente y empezó a destacar en Mad Men. Su papel es de los que quitan la respiración, un torrente de emociones, de dolor contenido, de pesares que transmite con gran intensidad a través de miradas melancólicas, respiraciones entrecortadas y gesto apesadumbrado.

De Top of the Lake se habló bastante (Moss se llevó el Globo de Oro) y aunque tuvo críticas muy polarizadas la mayoría eran a su favor, hasta el punto de que algunos la consideraron incluso entre las mejores del año, algo que me cuesta entender dado su flojísimo nivel global. Me pareció un despropósito de serie por sus excesos y bajones, cargante por abuso del melodrama, y aburrida por lenta, predecible y tener subtramas anodinas (el romance de Matt sobra por completo). Una crítica que me gusta mucho es la de Quinta Temporada, que la pone en su sitio como merece.

Alerta de spoilers: A partir de aquí spoilers a mogollón, incluido destripe del final.–

Son tantos los huecos y trampas que no puedo recordarlos todos, porque se me hizo cuesta arriba y la voy olvidando rápido, ni citar demasiados, porque hay gran cantidad de fallos, tanto en cosas importantes como en detalles. Empieza a chirriar la cosa con la comuna de mujeres que se presenta en la zona, donde la guionista juega tanto con los excesos (todas las mujeres arrastran historias rebuscadísimas) como con lo gratuitamente críptico (Holly Hunter y su peluca en un personaje delirante), y todo para aportar más bien nada, porque sólo sirven como parada temporal de algunos personajes. El primer golpe sensacionalista y el primer patinazo con las intrigas y sorpresas escondidas y estiradas de mala manera vienen con la violación de la protagonista cuando era joven, que se mete sin ton ni son al tercer capítulo o por ahí y luego se añaden capas cada vez más amarillistas. La coincidencia con el caso y que los implicados y el follamigo que pudo estar ahí o no sean conocidos subraya el drama de forma bastante innecesaria, y para colmo Robin en vez de plantarse y preguntar al novio de una vez qué pasó, lloriquea, se va, vuelve, sufre… todo para intentar mantener el secreto y la expectación de cara al espectador. ¡Se acuestan como tres veces mientras ella llora por lo que él pudo hacer o dejar de hacer! Por favor, qué poca coherencia y qué poco respeto a la inteligencia del espectador.

El caso va a trompicones también, con pausas clásicas metidas con calzador, como el tramo en que ella se ve apartada de la investigación por una falta grave (le da una paliza a un tipo) y luego vuelve como si nada, como si todos hubieran olvidado una transgresión que podría significar el despido o incluso ir a juicio. ¿Que hemos visto mil veces este tipo de giro? Da igual, hay que cumplir con el género. La información y los hallazgos igual, con clichés y escondidos de mala manera o dejados de lado para retomarlos en otro capítulo, que los guionistas no quieren gastar los cartuchos muy pronto y también está claro a estas alturas que no saben manejar la intriga. El colmo de estas sandeces llega cuando encuentran pruebas de que la niña está viva en el bosque y no relanzan la búsqueda acotándola mejor. Claro, es que si no se acabaría la serie muy pronto. Pero es que lo rematan con Robin y el amigo parándose a fornicar entre árboles mientras dicen estar buscándola. ¡Qué empeño le ponen! Así la niña se tira toooodo el embarazo por ahí perdida, en una narración que gestiona el paso del tiempo de forma pésima: parece que no han pasado más de un par de semanas. Pero hay muchas escenas con esta tónica, como las fotos de la orgía que todos olvidan porque sí como si no fueran relevantes, o la foto de la cafetería que revela el final del caso a la protagonista, que pese a estar donde miró antes repetidas veces no la vio… ni la cámara la enseñó porque era descaradamente obvia. Cómo no los sospechosos llegan en fila y tirando de topicazos. ¡No falta ni el pederasta que luego resulta no estar implicado! Tanto cliché metido a martillazos satura.

Paridas hay a montones, como que el villano, que era interesante en principio, de repente resulta que se autoflagela (a pesar de no ser religioso), como para señalar que está zumbado y es peligroso, por si todavía no te habías enterado. Y por si no teníamos suficiente con los personajes salidos de madre, hacia el final aparecen el viejo demente y el niño rarito que no habla porque no quiere, con lo que todo lo que sabe, que parece ser mucho, queda en misterio. ¿Por qué cuando sospechan que podría conocer dónde está la niña no le hacen un seguimiento completo? Porque Robin también se para a practicar sexo, dejando que el chaval desparezca… Supongo que esto va en consonancia con la liberación de la mujer: practicar sexo cuando les plazca sin que nadie las critique… ¿Ni siquiera cuando faltan a sus responsabilidades ni cuando se provocan daño emocional?

El remate viene en el demencial desenlace. La escena más vergonzosa que he visto en años, en muchos años, es la de la niña cayendo por el precipicio, con grito incluido, pero que luego resulta ser el amigo disfrazado. ¿No les da reparo cometer tan flagrante manipulación? ¡Se oye claramente que es ella! ¿Y tenemos que creernos que los perseguidores, a pocos metros, no los distinguen? ¿Y que se cambiaron tantas ropas en un suspiro? No termina la cosa ahí, porque el tramposo drama alcanza cotas alucinantes: al señalar que era ella la fallecida nos lo ponían como una gran tragedia… cuando se descubre que es el chaval es como una liberación, lo entierran rápido y a otra cosa. Pero se ve que no teníamos bastante manipulación emocional, porque todavía queda. Entonces llega lo de la foto de la cafetería, que apunta a uno de los buenos como culpable en un giro inverosímil típico de telefilme barato y rebuscado. Y de ahí pasamos al manido asalto final a tiros de la protagonista en solitario (eso de pedir refuerzos es para blandos) contra el malo imposible.

En los últimos capítulos estaba deseando que acabara, pero como cae en la cutrez de forma tan sonrojante al menos me despedí de ella riéndome.

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