JUEGO DE TRONOS – 402 – EL LEÓN Y LA ROSA.


402 – The Lion and The Rose
Escritor: George R.R. Martin.
Director: Alex Graves.
Valoración:

Alerta de spoilers: Es un episodio con giros y muertes importantes.–

Sinopsis:
Roose Bolton llega a su hogar y descubre que Bran y Rickon están vivos, con lo que su dominio del Norte peligra. Bran tiene una visión que le indica el camino a seguir. Stannis sigue sin saber cómo continuar la guerra. Jaime entrena su mano izquierda.

La boda de Margaery y Joffrey se lleva a cabo. El banquete está protagonizado por los desmanes de Joffrey, y quien más lo sufre es Tyrion. Pero sus traumas solo acaban de empezar: Joff muere envenenado y Tyrion es acusado por ello. Sansa escapa con ayuda de Dontos.

Frases:
-El grupo Sigur Rós aparece en la boda cantando una versión de Las lluvias de Castamere.

Frases:
-Roose: ¿Quieres demostrar que eres un Bolton? Reúne todos los hombres que puedas y cabalga a Foso Cailin. Llévate a esa criatura tuya. Quizás sea de utilidad.

-Olenna: Ahora no, Mace. Lord Tywin y yo estamos charlando.

-Obery: Hola.
-Tyrion: Hola.
-Oberyn: No iba para vos.

-Cersei: Él ha envenenado a mi hijo, vuestro rey. Apresadlo. ¡Apresadlo!

Comentario:
En el capítulo anterior decía que nos ponían en situación con las secciones más importantes de forma que nada cojeaba, pero aquí encontramos algunos deslices en el equilibrio narrativo. Algunos de los personajes que quedaban por salir parece que los han incluido por obligación, sin poner el esfuerzo necesario en sus escenas, dando la impresión de que el episodio se construye únicamente para la boda, y esta ocupa mucho pero no es especialmente interesante hasta el tramo final.

Bran… ¿alguien se acuerda de Bran diez segundos después de su aparición? Parece que vamos a tener la misma dinámica que en la tercera temporada: por un lado escenas hinchadas a base de diálogos demasiado largos mientras otras que requieren más exposición se quedan en poca cosa. Bran necesita un acercamiento más completo a su psicología para hacer interesante su viaje (tanto interno como externo). Y Stannis y Davos repiten un patrón que empieza a parecer abusivo. Se pelean entre ellos por la religión por enésima vez, y aunque dan más protagonismo a Selysse queda claro que su escena es improvisada para que no nos olvidemos de ellos, pues no avanza ni aporta nada. Además la visita de Melisandre a Shireen, la hija de Stannis, así de primeras no se entiende de qué va, veremos si en el futuro cobra algún sentido.

La sección de los Bolton y Theon/Hediendo es quizá algo larga (¿de verdad era necesaria la parte de la cacería?) para tratarse de personajes bastante secundarios, pero el esfuerzo que ponen en hacer una escena muy visual y que trabaja a los personajes poco a poco da sus frutos: resulta intensa y define muy bien la posición de cada rol, exponiendo además las tramas que van a desarrollarse en el Norte (Foso Cailin y la búsqueda de los niños Stark).

Fuimos testigos de cómo entre Shae y Tyrion se abre una brecha, pero no esperaba que él rompiera con ella (aunque fuera para protegerla), y más de forma tan dura. Esto es un cambio importante en lo que está por venir… veremos si lo encajan bien o decepcionan. Lo malo es que la escena está mal rodada, con primeros planos mal encuadrados y un montaje caótico, con lo que queda un poco confusa y agobiante; queda más rara cuando se observa que el resto del capítulo es mucho más complejo pero está mejor dirigido. Siguiendo con Tyrion, la escena con Jaime es breve pero muestra bien la amistad entre ambos y la evolución de Jaime con sus problemas. A partir de ahí, el enano pasa un día de perros. Su cara de asco, de paciencia forzada y de odio hacia Joffrey es todo un poema.

El desayuno familiar se alarga mucho y la escena de los regalos es muy poca cosa, por no decir que no aporta nada a lo que se expone de nuevo en la boda: Joffrey siendo cabrón y molestando a todos, en especial a Tyrion. La propia boda tarda en arrancar. Cada personaje tiene una escena hecha a su medida, hasta el punto de que parece que se cumple con el cupo por obligación. Olenna y Tywin nos deleitan con diálogos ingeniosos, Cersei es una perra, Loras un amargado, Sansa está medio muerta por dentro, Oberyn suelta sus puyas… Pero ninguno deslumbra en una fiesta excesivamente larga y superficial. Al menos todo está muy bien rodado. Alex Graves maneja un gran número de personajes y extras en conversaciones que fluyen muy bien, sin perder nunca de vista la posición de cada uno de ellos. Pero tampoco se libra de fallos. Dos gazapos cantan mucho: uno es que la forma en que Joff coge la copa que le ofrece Tyrion hubiera acabado con todo el vino vertido, con lo que se ve que está vacía; el otro es que a pesar de que Cersei echa a Pycelle de la boda vemos que éste sigue ahí como si nada.

Pero cuando empieza el numerito de los enanos la tensión de la situación crece de golpe. Joffrey pretende divertirse a costa de molestar a los demás, actitud que ofende a todos los presentes. Todos miran con cara de asco y resignada educación, hasta el punto de que cabe preguntarse por qué Cersei o sobre todo Tywin no hacen algo al respecto; mostrar que controlan al loco del rey es un gesto político imprescindible en esa situación, pero se ve que los guionistas querían forzar el malestar que genera el joven. Tyrion es el que peor parado sale en los desmanes del inmaduro dirigente. Se sufre mucho viendo al apreciado enano siendo humillado, y la sensación de agobio, de que algo va a pasar, es creciente. Finalmente ocurre algo inesperado para el no lector, y muy esperado para el lector: Joffrey se ahoga, sin duda envenenado. Qué escena más bruta pero a la vez satisfactoria. Y ahora a elucubrar con quién lo hizo. Se han cuidado de mostrar algo del proceso conforme a las novelas, pero sin ser descarados, para que sólo cuando conozcamos lo que ha ocurrido la escena cobre sentido. El final con Tyrion siendo objetivo de la acusación, en un giro que cambia por completo el porvenir de uno de los protagonistas preferidos, es otra sorpresa de las que te dejan pasmado.

Es indudable que el capítulo se recordará por este golpe de efecto final. Las reacciones son parecidas a las de la Boda Roja: sorpresas inesperadas, muertes violentas, personajes con su trayectoria truncada y cambio repentino del tablero de juego han provocado intensas emociones en los espectadores. Pero hay que ser objetivos. El resto del episodio falla ligeramente en ritmo e interés, el anterior fue más completo y redondo.

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