A VUELTAS CON LAS FANTASMADAS DE LOBATO.

De nuevo el partidismo y el fanatismo de Antonio Lobato han sido de un nivel tan molesto como vergonzoso. De nuevo su desconocimiento del deporte que narra ha quedado patente de una forma tan clara como patética. No me entra en la cabeza cómo este tipo puede llevar tantos años al frente de las retransmisiones de Fórmula 1 sin que su carrera se haya ido al garete, pues es evidente que no sabe del tema y no es nada objetivo e imparcial.

En el tramo final del Gran Premio de Corea recién disputado Fernando Alonso iba quinto, a un segundo de Button, quien cerraba un grupo de tres corredores (Button, Webber, Hamilton) en liza por las dos posiciones de podio que Vettel tiene la decencia de compartir con sus oponentes. Ante la posibilidad de meterse el español en esa confrontación Lobato tiene un momento de excitación de los suyos, donde se le nubla el poco juicio que posee y se vuelca en Alonso como una quinceañera en un concierto de Bisbal… ¡Le otorga la segunda posición, ve asegurado el podio, casi llora de emoción por ello! No le importa negar lo obvio, que quedan cinco vueltas, ni analiza la situación, es decir, no estudia lo más mínimo las posibilidades de que ocurra una hazaña tan complicada. Él solamente ve corredores inferiores molestando a Dios en su resultado merecido.

Pero llega la vuelta final y Alonso no ha conseguido realizar no uno, sino tres adelantamientos a coches mejores que el suyo, a oponentes enfrascados en un esfuerzo de pilotaje como se ha visto pocas veces (alucinante el duelo Webber-Hamilton). Entonces Lobato pasa de estar agitando el champán al odio irracional. Debe encontrar culpables para que lo que iba a ocurrir no haya ocurrido. Y como no tiene la más mínima idea de F1 es incapaz de hacer una valoración racional y objetiva, de tener una visión en conjunto de los hechos y estrategias que se han desarrollado en su cara durante dos horas. Tiene que buscar un objetivo más fácil. Y lo encuentra en Massa. Se ha tirado la última vuelta entera llorando y atacando a Massa, repitiendo como poseído sentencias sin sentido: ese piloto inferior, mediocre, que en el principio de la carrera parece haber jodido la carrera de Alonso a propósito, que le ha impedido alcanzar el podio… No tiene palabras para definir la injusticia cometida de nuevo contra Alonso.

La realidad es bien distinta. No hace falta ser un especialista en Fórmula 1 para verlo, está al alcance de cualquier seguidor mínimamente atento. Si en el primer tercio de la carrera Alonso no alcanzó el ritmo que tenía en el tramo final no es porque Massa estuviera delante frenándole. Si Alonso no le sobrepasó es problema suyo, no del otro. No tenía ritmo para hacerlo, era obvio, pues ni siquiera hubo conatos de adelantamiento. Neumáticos al mismo nivel que los de Massa, depósito de combustible a tope, un ritmo de tiempos muy estable por parte del brasileño… Las circunstancias en las frenéticas vueltas finales eran muy concretas también, y muy distintas. Los neumáticos de Alonso estaban en mejor estado que los de los pilotos de delante, tenía el depósito al mínimo y esos contrincantes estaban disputándose posiciones entre ellos, con lo que sus tiempos no eran perfectos. Así pues, fueron las circunstancias habituales de la carrera las que colocaron a Alonso en una posición determinada, la quinta, una más realista que la soñada por el exaltado de Lobato, y no un piloto concreto en unas vueltas concretas.

Es desesperante tener tal retransmisión, tan lejana de la objetividad y del deporte del que precisamente versa.

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