TREME – TEMPORADA 1.

HBO | 2010
Productores ejecutivos: David Simon, Eric Overmyer, Nina Krostoff-Noble, Carolyn Strauss.
Intérpretes: Khandi Alexander, Rob Brown, Kim Dickens, Michiel Huisman, Melissa Leo, Lucia Micarelli, Clarke Peters, Wendell Pierce, Steve Zahn, John Goodman.
Valoración:

Es difícil hablar de Treme, describir su estilo y su calidad, hacer notar que una serie que en un primer vistazo puede parecer sencilla, fría y lenta, sea tan  profunda, apasionante y adictiva una vez te sumerges por completo.

No es un drama al uso, de historias construidas siguiendo estructuras típicas. Como en The Wire, del mismo autor, u otras pocas producciones de esta edad de oro de la televisión (Los Soprano, A dos metros bajo tierra), todos los episodios rondan la hora completa y la narración se expone a través de los personajes, no por un guion con una forma predeterminada para contar algo en unos pasos concretos y una realización que también siga unos patrones que busquen obtener la emoción esperada. Simon pone las cámaras delante de los protagonistas, y estos son tan realistas, están tan vivos y tan bien interpretados que uno no puede apartar la mirada del cuadro que van formando sus vidas. Es como un documental social, como un Gran Hermano que sabe tomar únicamente a los individuos más interesantes y sus momentos más atractivos para que en conjunto formen un elaborado y sutil ensayo sobre la temática elegida. De esta forma The Wire exponía complejas tramas policíacas con un trasfondo de crítica social y política, y Treme hace lo propio, aunque de forma bastante menos compleja, con el mundo de la música de New Orleans tras el huracán Katrina. La vida de sus gentes tras este doloroso punto de inflexión ofrece un drama humano de gran profundidad: las historias personales son verosímiles y tienen gran pegada, la detallada descripción sobre la sociedad permite abordar un análisis social muy inteligente y con cierta carga crítica.

Los artistas, sean músicos de jazz y rithm and blues (vividores callejeros o genios de sesiones en locales) o creadores de espectáculos variados (no conocía la fascinante costumbre del carnaval indio), tratan de rehacer sus vidas intentando seguir viviendo de su pasión, que es también en muchos casos lo poco que saben hacer con destreza. A duras penas les da para llevar el día a día, mucho menos para arreglar sus maltrechas casas. Treme se centra así en una historia rara vez contada: la vuelta a la vida tras una catástrofe. Los medios suelen olvidarse poco tiempo después de los desplazados y las infraestructuras derrumbadas, de las familias deshechas y el intento de volver a la normalidad, así que la serie ofrece un punto de vista muy atractivo y sobre todo lo hace desde una perspectiva muy intimista.

Personajes hay para todos los gustos, y están interpretados por un reparto de primerísimo nivel. Tenemos perroflautas adorables (la melancólica violinista Annie –Lucia Micarelli, que por cierto era músico y no actriz, pero lo hace genial-) o cansinos (su novio Sonny –Michiel Huisman-, un matado de la vida que siente celos de las habilidades de ella); encontramos gente con objetivos muy claros y dedicación plena (Albert Lambreaux, interpretado por quien fue el gran Lester en The Wire: Clarke Peters) y otros que avanzan más o menos torpemente (Antoine Batiste, en manos de Wendell Pierce, también aprovechado de las historias de Baltimore: era Bunk); hay quienes arrastran heridas no cerradas (Ladonna –Khandi Alexander, quien fue la forense en CSI: Miami– y la búsqueda de su hijo) y quienes luchan contra los innumerables fallos del sistema (la abogada Toni Bernette y su marido Creighton –Melissa Leo y John Goodman-, cada uno con desigual suerte). Y mis favoritos son la cocinera Janette (la actriz Kim Dickens me cae bien desde su participación en Deadwood), porque la serie no estaría completa sin mostrar la famosa gastronomía de la ciudad, y su caótica pareja Davis McAlary (Steve Zahn), un músico medio acabado que va tirando con trabajos que detesta; las aventuras de estos dos, quizá por su manera de enfrentarse a las penurias del mundo (manteniendo la cabeza alta, sin perder la sonrisa, dejando atrás los sueños de sus vidas -como el restaurante- si es necesario para sobrevivir), son las que más hondo me llegaron. Pero como decía, hay personajes para satisfacer a todos y una cantidad enorme de actores con los que deleitarse.

Como en The Wire (voy a gastar la expresión, pero me resulta inevitable usarla), la dedicación que David Simon pone en el desarrollo de la obra, heredada del periodismo de calidad (si leéis algunas opiniones y artículos suyos, como esta entrevista donde habla sobre el periodismo moderno, veréis que no lo digo por decir) queda bien patente en el resultado final. Se introduce plenamente en el ambiente de la ciudad y su pequliar multiculturalidad, mostrando con una fidelidad asombrosa la vida y costumbres del lugar, captando el alma de los barrios, la forma de ser de la gente, cómo se vive la música y cómo se vive de ella. Así pues, como Baltimore en su momento, New Orleans y el barrio Treme se convierten en un protagonista más, en una urbe con vida propia, y casi sentimos que pertenecemos a esa comunidad a pesar de los peligros y la miseria que la acosan. Y centrando el foco sobre sobre todo en barrios marginales (o sea, de negros), donde la tragedia azotó con mayor fuerza y donde la desidia y errores del gobierno (acrecentados por temas raciales) se ceban con mayor fuerza incluso bastantes meses después del trágico suceso, Simon aprovecha de nuevo para lanzar críticas muy realistas y completas.

Treme mantiene una narración pausada y aparentemente deslavazada, como indicaba sin una estructura directa, facilona. El estilo es contemplativo, semidocumental. Tienes que ver la temporada completa para poder dar forma a la trayectoria del personaje y lo que nos están contando con él (la descripción y/o crítica de un aspecto social y cutural), y aunque algunos cierran su trama o un ciclo aquí, con otros muchos tienes que ver más temporadas para llegar a una conclusión. No es apta para todos los públicos, sin duda. Que se joda el espectador medio, como dice Simon. Es para gente exigente, paciente y capaz de saborear lo que necesita una deglución sin prisas… Y tuvo unas audiencias mínimas, así que no fuimos muchos. Sólo la HBO se atreve a gestar algo así. Quien le dé una oportunidad y se haga a su estilo se encontrará con un fascinante crisol de personajes, caerá rendido a la magia y música de New Orleans y terminará cada episodio deseando ver más.

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