Archivo mensual: junio 2010

LUTHER.


BBC | 2010
Creador y guionista: Neil Cross.
Intérpretes: Idris Elba, Saskia Reeves, Steven Mackintosh, Warren Brown, Indira Varma, Paul McGann, Ruth Wilson.
Valoración:

Alerta spoilers: Puedo revelar, bastante por encima, algunos detalles del final (en el penúltimo párrafo).–

John Luther es un detective de métodos rudos, de dudosa moral y que bordea la legalidad cada dos por tres, aspectos que le tienen siempre en el punto de mira de sus superiores, quienes le toleran por su rápida efectividad. En seis episodios Luther se enfrentará a algunos de los casos más difíciles de su vida mientras debe luchar contra una psicópata superdotada cuyo crimen no puede demostrar y contra el caos en su vida personal, pues sigue amando a su exmujer a pesar de que ya está con otra pareja.

Las historias que Luther ofrece son demasiado clásicas, en el sentido malo de la palabra: todo sabe a visto y se desarrolla por caminos muy trillados. Tener un protagonista que oscila entre la línea del bien y del mal como le da la gana es lo único moderno, pero no es que aporte algo que no se haya visto ya. Parece que para intentar ir un poco más allá los guionistas construyen tramas demasiado exageradas, tanto que la credibilidad juega en su contra algunas veces. Y por desgracia, por más que compliquen las historias estas terminan por solucionarse de formas demasiado facilonas (y a veces, con enormes agujeros de guión, como el momento –en el último capítulo- en que los policías dejan sin vigilar una escapatoria clarísima). No es un problema grave porque los episodios en sí son amenos, pero es que cualquier capítulo de CSI y sus clones tiene mucho más contenido y se desarrolla con mayor complejidad e interés.

Los personajes están bien en cuanto a resultar atractivos y carismáticos. Sin embargo se exceden con ellos: las habilidades de Luther llegan a ser increíbles (por un bostezo o la forma de andar de alguien ya sabe que es el asesino y describe toda su personalidad, y lo peor, la jefa se lo cree y le deja hacer), y la relación con la superdotada (Ruth Wilson, vista en El prisionero) es irregular, incomprensible y me sobra completamente. También debo indicar que los tiras y aflojas con la exmujer y su nuevo novio ofrecen un culebrón televisivo muy simplón.

La realización sí consigue darle de forma bastante eficaz un aire más moderno al producto. Con una correcta cámara en mano y una fotografía bastante atrevida (el rostro de los personajes aparece en la ubicación contraria a lo habitual: muy abajo y en el lado hacia donde mira) se obtiene un aspecto más original que no se consigue con las historias. Y sin embargo, a pesar de este más que logrado apartado visual, hay algunos fallos impresionante en momentos clave: un tiroteo importantísimo o un instante donde el protagonista le quita el arma a su enemigo, entre otros, son mostrados de forma tan, pero tan penosa, que no se sabe qué demonios ha pasado, cómo ha podido salirse el protagonista con la suya. Esos errores han sido pocos, pero tan graves que me han llamado muchísimo la atención.

Lo único verdaderamente destacable es el reparto. Idris Elba impresionó en The Wire, lo que le permitió dar el salto al cine (American Gangster, RocknRolla, 28 semanas después) y al protagonismo absoluto de miniseries como esta. Su imponente interpretación encaja perfectamente en el personaje, de hecho parece construido para lucimiento propio, mientras que los secundarios son todos brillantes, destacando especialmente Steven Mackintosh, el detective Ian Reed que al final caerá en desgracia, cuya labor es espectacular: toda la tensión, el dolor y el miedo que vive el personaje en ese difícil tramo de su vida los transmite con una facilidad pasmosa.

En cuanto al nivel de los episodios individualmente, estos se mantienen en una línea de entretenimiento correcta sin más, donde solo podría destacar uno como realmente bueno y por el lado contrario otro algo flojo, de aprobado raspadillo. El mejor es el cuarto capítulo, el del violador y asesino en serie, donde, sobre todo gracias a la excelente presencia de los secundarios, se obtienen algunas escenas francamente buenas, algunas incluso perturbadoras (la mujer conociendo los crímenes de su marido deja un mal cuerpo…). El más insatisfactorio es el final, sensación acrecentada precisamente por ser el desenlace. En él Luther cae más bajo que nunca debido a falsas acusaciones y debe huir mientras intenta demostrar su inocencia. La trama está desarrollada con tanto cliché que me ha decepcionado muchísimo, pues por fin la miniserie parecía estar lanzándose hacia algo más intenso y arriesgado. Que no se explique bien un giro tan difícil como que el novio de la exmujer crea a Luther o que se resuelva el caso con el truco de la grabadora en plan Colombo dejan mucho que desear.

A pesar de mis numerosas quejas Luther es, en líneas generales, entretenida y de visionado muy fácil. Pero no entusiasma ni emociona lo más mínimo, no sorprende en ningún momento y por el contrario decepciona en muchos otros. Bastante digna, pero no lo suficiente como para recordarla.

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NI SÉ QUÉ TÍTULO PONER…

Empiezan Los Simpson. Termina su presentación, de escasos treinta segundos, y yo alegrándome porque no la hubieran cortado, como llevan haciendo años… pero no, es una trampa: termina y se van directamente a publicidad. Ni un solo segundo del episodio he llegado a ver. Y por supuesto, como me ocurre a menudo en el único momento del día en el que veo la televisión, me da tiempo a comer y todavía no ha terminado la publicidad.

No es solo la falta de respeto hacia el espectador, el sinsentido que supone y lo incomprensible que resulta que se atrevan a hacer algo tan cutre y ofensivo, sino que simplemente algo así debería ser ilegal: ¿no hay cláusulas en las normas de emisión televisiva que regulen la correcta ubicación de la publicidad?, ¿no las hay en los contratos de ventas de las producciones para evitar los abusos como estos o los recortes de episodios (no solo de los créditos, pues como he dicho en alguna ocasión a veces también recortan partes porque les da la gana)? Y sobre todo, ¿cómo puede haber gente que después de ver estas prácticas a diario sigua enganchada al televisor?

Antena 3 como siempre a la cabeza del mal hacer televisivo.

PERDIDOS – TEMPORADA 6 Y FINAL.

ABC | 2009-2010
Productores ejecutivos: Damon Lindelof, Carlton Cuse, Jack Bender.
Intérpretes: Naveen Andrews, Jorge García, Joss Holloway, Daniel Dae Kim, Yunjin Kim, Terry O’Quinn, Matthew Fox, Evangeline Lilly, Michael Emerson, Henry Ian Cusick, Nestor Carbonell, Zuleikha Robinson.
Valoración:

Alerta de spoilers: Recomiendo no leer si no se ha visto la última temporada al completo.–

Escribo esto muchos días después de haber visto el final de Perdidos, para estar más centrado (o sea, no cabreado) y tras haber meditado y compartido impresiones en foros y blogs. Pero el tiempo y la reflexión no han mejorado mi visión de lo que ha dado de sí tanto en su última temporada como en el desenlace definitivo, sino que la ha agudizado, porque se han hecho más evidentes las innumerables carencias y los aspectos que dejan mucho, muchísimo que desear.

Este final ha sido una decepción generalizada (salvo para los más fanáticos, esos capaces de inventar teorías surrealistas que dan la vuelta a todo lo visto con tal de hacer encajar este desastre en su idealista visión de la serie), porque a nadie se le escapa que ha sido el desenlace más cobarde que podrían haber montado, el engaño más burdo y ridículo que podría esperarse.

Antes de seguir, recomiendo leer el artículo Perdidos, el principio del fin, donde expongo detalladamente cómo iba siendo la sexta temporada antes de llegar a este tramo final.

Si hay algo que saben hacer bien los guionistas de Perdidos es llevar personajes de A a B de forma que el trayecto sea desde interesante hasta fascinante, y gracias a la exquisita realización el acabado del producto siempre ha sido de primera calidad. Otra cosa es qué cojones es A y B, porque está claro que muchas veces no lo han sabido y han dado muchas vueltas más o menos absurdas, sobre todo en este último año. El final magnifica este problema. Por sí solo es un buen episodio, pero no es un buen episodio de Perdidos. Hay fuerza y sentimiento, pero es un cascarón bien maquillado, porque la serie está hundida desde el final de la quinta temporada, donde los protagonistas detonaron la bomba sin saber por qué demonios lo hacían, algo que sin duda les ocurrió también a los guionistas.

Hay dos líneas narrativas que deben tratarse por separado. Una es la de los flashbacks, hasta ahora siempre coexistiendo más o menos eficazmente con lo narrado en la isla pero aquí totalmente absurda e innecesaria, y la otra es lo que ocurre en dicha isla.

En la parte de los flashbacks los guionistas creen haber sido muy hábiles a la hora de buscar una despedida para los personajes que fuera lacrimógena, que ofreciera recuerdos, detalles y emoción para jugar con el subconsciente hasta emocionar al espectador aunque fuera a costa de no contar absolutamente nada. Pero, aparte de carecer totalmente de contenido, con lo que ya es un engaño bastante notable, desemboca en un alucinante epílogo que es para llorar de risa o morirse de asco y para ajusticiar a quien pudo permitir semejante broma, y que para colmo nos indica que hemos visto dieciséis episodios donde la mitad del metraje (todos los flashbacks) no ha servido para nada, no se ha dirigido hacia nada, no ha aportado nada. Es lamentable, y debería servir como ejemplo de cómo no hacer televisión de aquí en adelante, que se haya creado una mitología, un universo tan enrevesado y fascinante y la única salida o resolución que han sido capaces de darle haya sido en plan sueño-muerte-cielo todo místico y etéreo pero en realidad totalmente cobarde y vacío (y lleno de inconsistencias: ¿por qué unos personajes sí acaban ahí y otros no?). La sinvergonzonería, cobardía y manipulación aquí orquestadas no tienen parangón, y desde mi punto de vista suponen un enorme insulto a la paciencia e inteligencia del espectador que no debería repetirse y que, aunque mi queja no sirva para nada, debería haber significado alguna especie de reprimenda o castigo para los guionistas, o mejor aún, alguien de la cadena debería haberles parado los pies hace tiempo, antes de llegar a semejante gilipollez.

En el tema de la isla, que era lo único tangible que quedaba ya de la serie y donde sí deberían haberse esforzado más, el giro hacia la fantasía más facilona ha sido también desastroso. Confluir los misterios más grandes hacia dos figuras místicas no es dar respuestas, es llevar las preguntas más allá. Concretamente el episodio de sus orígenes, con la madre y demás paranoia estulta como la luz mágica, no hace sino recalcar lo obvio: que no sabían qué narices hacían y solamente se han quitado el muerto de encima y lo han puesto en otro lado. Y el último episodio, con tapón, sustituto, peleas cutres (el momento Matrix Revolutions de Jack y Locke es de risa) y personajes que ya nadie sabe por qué actúan como actúan no hay por dónde agarrarlo.

Ha sido pues un tramo final tan poco trabajado, tan falso, tan huyendo de todo interrogante que había pendiente, buscando la lágrima facilona en vez de ofrecer algo realista y tangible, con tantos huecos, algunos vergonzosos como el tema de Sayid (su gran amor era Nadia pero acaba con Shannon), o el de Desmond y Penny (una relación tan interesante completamente dejada de lado), o los personajes supuestamente importantísimos olvidados (Faraday, Desmond, Widmore, Walt y las subtramas relacionadas -enormes muchas ellas- ignoradas como si no hubieran existido) que, reflexionando y pensando la verdad es que creo que no merece la pena buscar coherencia ni intentar hallar respuestas, porque es perder el tiempo ya que los escritores no parecen haber hecho el más mínimo esfuerzo por unir las historias y resolver los misterios. Han tenido años para plantearse cómo hacerlo, y un par de temporadas finales para darle forma de manera coherente, pero, por incompetencia o porque se les escapó de las manos, simple y llanamente han resuelto todo con el clásico y patético “lo hizo un mago”, como se veía venir desde el inicio de esta temporada. Han mareado la perdiz durante toda la sesión, y sin duda durante parte de las anteriores, para al final no decir casi nada, y lo poco que han dicho ha sido demasiado cutre e insustancial.

No se puede construir una serie como Perdidos sin saber hacia dónde van las historias. Todo prometía tanto, pero apuntaron muy alto sin saber a qué disparaban, y cuando alcanzaron su objetivo no supieron qué hacer. En resumen, yo hubiera preferido tramas más terrenales, más ciencia-ficción con respuestas, aunque estas fueran rebuscadas. En general la serie parecía apuntar hacía ahí, pero en el último tramo metieron la magia y los dos personajillos absurdos estos y todo lo que fue una gran producción de misterio acabó siendo un despropósito de fantasía infantiloide. Como conclusión no me queda otra que decir que desde mi punto de vista Perdidos acaba en la quinta temporada, porque la sexta es un timo y una vergüenza indescriptible. Ojalá, ojalá hubieran puesto un final mínimamente aceptable en aquel tramo, aunque fuera precipitado y dejara respuestas en el aire, y no hubieran apañado malamente un insufrible e innecesario año más. Es una pena que una serie tan vibrante, emocionante espectacular, por momentos brillante y en general fascinante y rompedora como Perdidos tenga una última temporada tan… tan todo lo anterior, que no se puede resumir en una sola palabra.

Muchos individuos anti-Perdidos están aprovechando para salir de su cueva e insultar a los seguidores de la serie, diciendo que tenían razón en que era una mierda y acertaron por dejarla pronto. Es entendible pero exagerado: el valor artístico de las temporadas anteriores no se resiente por este lamentable final nada más que en un aspecto, el que muestra que los guionistas metían cosas sin saber hacia dónde caminaban, pero aparte de eso el viaje nos ha dado una serie memorable. Por desgracia, como ha ocurrido mucha veces en el mundo de la TV fue mal gestionada por cadenas y guionistas, a quienes se les fue de las manos o quisieron exprimirla demasiado (más bien una mezcla de ambos). Curiosamente me vienen a la mente Babylon 5 y Expediente X, dos de las series de ciencia-ficción que más me engancharon antes de Perdidos. Una sufrió el caso de Perdidos: ofreció muchas buenas ideas sueltas pero mal desarrolladas y unidas y en consecuencia tenía un rumbo cada vez más perdido. La otra fue metódicamente estructurada, planeada al detalle, desarrollada encajando todas las piezas y, como se conocía de antemano el final, pudiendo meter parches cuando era necesario sin que todo se desmoronara. Si Perdidos la hubieran preparado y desarrollado como Babylon 5 en vez de a base de reinventar sobre la marcha y usar muchos fuegos artificiales… Pero por eso Babylon 5 es una de las mejores series de la historia y Perdidos y Expediente X tan solo obras de culto equivocada y negligentemente alargadas.

Perdidos ha sido y será comentada y estudiada durante muchos años por sus innumerables aciertos y fallos, porque por los primeros ha sentado las bases de una nueva forma de hacer y ver televisión y por los segundos ha armado mucho revuelo y generado notables decepciones. Es una lástima, una muy grande dado el nivel de conexión que muchos hemos tenido con esta serie, que sus guionistas estuvieran tan cerca de la genialidad y la maestría absolutas pero se les escapara de las manos y acabaran estrellándose tan ruidosamente, es una lástima que no haya un desenlace mínimamente decente y una despedida digna y con un mínimo de respeto para con el espectador. Sinceramente, por más vueltas que le doy no creo que fuera tan difícil hacer algo mejor.