LAST RESORT (ÚLTIMO DESTINO) – TEMPORADA ÚNICA.

Last Resort
ABC | 2012
Productores ejecutivos: Shawn Ryan, Kevin Hooks, Marney Hochman, Karl Gajdusek.
Intérpretes: Andre Braugher, Scott Speedman, Daisy Betts, Camille De Pazzis, Dichen Lachman, Daniel Lissing, Autum Reeser, Jessy Schram, Rober Patrick, Sar Ngaujah.
Valoración:

Con un episodio piloto magistral, de esos que te dejan aplastado en el asiento por su ritmo brutal, su espectacular trama lanzada sobre tu cara sin contemplaciones y sus personajes muy bien presentados y puestos en situaciones límite, se presentó Last Resort. El submarino nuclear USS Colorado, bajo el mando del capitán Marcus Chaplin (Andre Brauger en una intensa interpretación), se niega a obedecer una orden de lanzamiento nuclear sobre Pakistán que no llega por el canal de comunicación principal. Ante la respuesta del gobierno estadounidense de destruir el submarino Chaplin no ve otra opción que usar su armamento nuclear para, mediante la amenaza, impedir que sean atacados y conseguir refugio en una isla cercana. A partir de aquí comienza una difícil odisea donde Chaplin lucha por mantener el honor y el bienestar de la tripulación ante los envites de un gobierno al que ya no reconoce como suyo, los intereses de otros países (China principalmente), los problemas de la isla (mercenarios locales, falta de suministros, etc.) y sobre todo debe enfrentar el problema más cercano: las grietas que se abren a toda velocidad en la lealtad de su tripulación y sus oficiales.

En los primeros episodios, aunque el impresionante nivelazo del piloto no se mantiene (básicamente porque es casi imposible), la narración camina con paso firme. Los personajes están siempre al borde de su resistencia, situación que se muestra y desarrolla muy bien y arrastra al espectador en una serie de acción trepidante que no pone los fuegos artificiales por encima de los protagonistas. Los conflictos entre el capitán, líder fuerte, inteligente y valiente, y el contramaestre, un hombre de acción con una visión simple del mundo (se limita al yo y el ahora) que se alza como la voz de los marineros, provocan situaciones no por previsibles menos interesantes: la tripulación quiere volver a casa, se pelea o se mete en problemas en la isla o en el propio submarino (conatos de rebelión incluidos). Con sus oficiales mantiene otra pugna constante: la moral, las normas, la obediencia y otros dilemas de corto y largo plazo saltan a la palestra cada dos por tres. Y ante cada revés (principalmente ante los intentos del gobierno de acabar con el submarino) deben reaccionar con presteza y determinación sin olvidar que la lucha no es contra sus hermanos marines, sino contra los dirigentes del país.

Si bien los personajes de la isla tienen poco que aportar, la sección en Washington resulta muy llamativa y la misión secreta de los SEALS es intrigante. Entiendo la presencia del dictadorzuelo local como elemento que aporte unión y roce con los lugareños, pero su descripción obedece a demasiados clichés y las aventuras en que lo sumergen pecan de rebuscadas y poco verosímiles. ¿Cómo va a dejar el capitán, tan cuidadoso como es, que ese terrorista de pacotilla ande secuestrando a los suyos y paseándose por ahí metiendo baza constantemente? A la primera de cambio lo deberían haber enterrado. El triángulo amoroso del Primer Oficial Sam Kendal con la francesita (mientras echa de menos a su mujer) aburre, y aunque la chica me cayera bien realmente no aporta nada. Y la camarera y su romance con uno de los SEAL no pinta nada tampoco, salvo dar un motivo a la presencia de éste mientras su trama secreta está en suspenso. Lo bueno es que ese misterio prometía bastante, aunque luego no tuviera tiempo para desarrollarse del todo. Lo poco que se ve (el flashbacks a la misión secreta en Pakistán, principalmente) resulta muy interesante, y es una pena que con la falta de tiempo los SEALs con protagonismo quedaran en segundo plano. En principio parecía que lo de Washington, con la mujer de Sam llorando por un lado y la empresaria armamentística que creó parte de la tecnología empleada en el submarino por el otro, estaba un poco descolgado, pero poco a poco esta sección cobra interés. La parte de la mujer por aportar un toque de realidad, por ofrecer la repercusión de los eventos allá en casa. La de la empresaria porque se sumerge en la conspiración gubernamental, amén de que el personaje es bastante interesante.

En la primera mitad de la temporada la única pega notable que puedo señalar es que la realización es bastante flojita para los tiempos que corren. No se nota en el piloto, que está dirigido por Michael Campbell (Casino Royale, La máscara del Zorro) con muy buen arte, pero sí en el resto. Las escenas de tiroteos y peleas a veces resultan más que mediocres horribles, algo que en una serie de acción echa por tierra algo básico: que su aspecto visual resulte impactante. The Chigaco Code o The Shield no tenían problemas para ello.

Pero conforme avanza el año la escritura va perdiendo fuelle, rumbo y calidad a marchas forzadas. Hay subtramas malogradas, como el episodio en que se desmayan, que tiene un guión muy flojo, o el precipitado y absurdo secuestro de la mujer de Sam, que acaba desmadrándose cosa mala en un sinsentido tras otro. Pero lo más grave es la sensación de que historia y protagonistas se van desinflando, difuminando. En el tramo final y más aún en el fallido desenlace las tramas y los personajes están ya tan disipados y embarullados que cuesta ver lo que se nos había presentado al inicio de la temporada.

Los motines sobre motines resultan extremadamente confusos: no se sabe quién está con quién, y más grave aún, cuáles son las motivaciones de cada grupo. Aparecen personajes que llevaban mucho tiempo sin entrar en escena, los secundarios no se sabe dónde encajan, los principales están desvirtuados o desaparecidos. ¿Qué es lo que defiende Chaplin? Ya no se sabe. ¿Hacia qué ha cambiado el Primer Oficial? Ni idea, no queda claro. ¿En qué situación está Grace? El guión la esconde en una cubierta sin ponerla en juego, sin tomar partido por los bandos, cuando en toda la temporada su posicionamiento era igual de importante que el de otros roles principales. Y el contramaestre igual: ¿por qué lucha? Hace episodios que se han olvidado de mostrar un motivo y unos objetivos. Se remata todo con la precipitada y aparatosa resolución del jaleo de Washington, donde no hay quien entienda nada (¿hay golpe de estado o no?, ¿por qué se suicida el Presidente de la Cámara?), y con los dos SEALS que se pasean de acá para allá metiendo las narices en varias cosas sin que se sepa qué hacen realmente (con soluciones incomprensibles, como el rescate de la mujer del Primer Oficial).

Cuando la cancelación llegó les dio tiempo para arreglar el guión del último episodio de forma que funcionara como cierre, lo que justifica en cierta manera que el fin de temporada sea tan apresurado… pero no perdona que los capítulos previos fueran más o menos igual de irregulares y torpes a la hora de desarrollar la narración. Así pues, es indudable que Shawn Ryan no ha estado atinado con esta serie, sensación que se agrava en cuanto te paras a pensar que la temporada hubiera sido de veintidós episodios. El visionado de Last Resort deja dos claras impresiones. Primero, que debería haberse creado como miniserie. Segundo, que quizá la ABC no era la cadena adecuada para algo tan del estilo de FX o Showtime, y desde luego, como dijo Ryan en la cancelación, emitirla los jueves contra lo más visto de los últimos años (Big Bang Theory, The X Factor) es absurdo.

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