THE KNICK – TEMPORADA 1.

The Knick
Cinemax | 2014
Productores ejecutivos: Jack Amiel, Michael Begler, Steven Soderbergh, Gregory Jacobs.
Intérpretes: Clive Owen, André Holland, Jeremy Bobb, Juliet Rylance, Eve Hewson, Michael Angarano, Cara Seymour, Eric Johnson, Chris Sullivan, Maya Kazan, David Fierro.
Valoración:

Nueva York, año 1900. El nacimiento de la ciencia médica moderna cambia el mundo por completo. Los hospitales se reinventan sobre la marcha según las novedades van apareciendo. La electricidad, máquinas y tecnologías (como los rayos X) llegan para quedarse y apoyan con fuerza el resurgir del cirujano, que basándose en el método científico descubre enfermedades, curas y técnicas a diario. Y la sociedad empieza a disfrutar las mejoras en la calidad de vida, aunque sea lentamente, porque la barrera de la pobreza y la ignorancia siempre frenan el progreso.

La serie se inspira en hechos, lugares y personajes reales. El hospital Knickerbocker, el cirujano protagonista (basado en William Stewart Halsted) y alguno de sus hallazgos más relevantes sirven como punto de partida para ofrecer un retrato de la época muy realista, que no se anda con corrección política modernista (el racismo es un tema serio, no se resuelve en un giro simplón) ni endulza las miserias, problemas y brutalidad de aquellos tiempos. Es bastante más oscura y dura que Copper y Ripper Street, por citar dos de épocas semejantes. Y como impera en la buena televisión actual, los personajes no solo están llenos de humanas contradicciones y tienen un lado oscuro, sino que pueden ser unos verdaderos hijos de puta, o unos miserables, o unos matados de la vida que sobreviven como pueden aunque sea a costa de pisotear a otros.

Estos protagonistas luchan a diario contra un sinfín de problemas y limitaciones, destacando las costumbres de la época y las propias fallas personales. La resuelta Cornelia (Juliet Rylance) puede ver frenada su prometedora carrera si se casa como obliga la sociedad y la familia. El racismo niega oportunidades a un médico tan dotado como Algernon (André Holland), y no digamos la que se lía con las revueltas, donde hasta la policía persigue a la gente de color. El dilema moral de la monja Harriet (Cara Seymour) con el aborto genera conflicto constante entre su fe y la realidad social. El gerente Barrow (Jeremy Bobb) y sus problemas monetarios lo tienen siempre al límite y en terrenos pantanosos (prestamistas de mano dura). El cirujano Gallinger (Eric Johnson) lidia con una tragedia familiar que no parece tener fin, que siempre va a peor (terrible el destino de la esposa). El joven ayudante de cirujano Bertie (Michael Angarano) trata de crecer a la sombra de un padre dominante y un cirujano jefe que anda entre la genialidad y la locura. Este líder es Thackery, el protagonista principal, un enorme Clive Owen dando vida a un visionario cuya ambición es tanto su mayor virtud como su mayor maldición. La obsesión por ser el mejor le provoca celos, manías, errores y vicios que precisamente limitan su potencial. La cocaína es su sustento, porque una carrera tan fulgurante destrozaría a cualquiera sin energías extras, y el opio su forma de desconectar y evadirse, pero el precio a pagar por esos excesos promete alcanzarlo tarde o temprano. Ni siquiera la nueva enfermera, la joven Lucy Elkins (Eve Henson), que se interesa por él, parece que pueda traerlo de vuelta al buen camino.

Todos los personajes son magníficos en su dibujo inicial y mejoran a ojos vistas con su progresión. Los primeros capítulos se basan en su empaque para mantener el interés, porque como es obvio se necesita tiempo para presentar la época, el ambiente del hospital, las relaciones entre sus habitantes, el tono del relato y las tramas que se van a desarrollar. Podían haber empezado con algún golpe de efecto que diera más ritmo, porque es cierto que empieza muy despacito, pero lo que hay basta para ganar a cualquier espectador paciente. Y el esfuerzo pronto da resultados, porque no hace falta esperar a la segunda temporada para ver desplegado todo su potencial. A partir de su ecuador ya no hay vuelta atrás, te gana por completo con la evolución trágica de sus protagonistas y el ritmo cada vez más intenso y agobiante. El tramo final es soberbio, tanto por ese capítulo casi de relleno que supone uno de los mejores del año televisivo, el de las revueltas racistas, como porque la trayectoria de los caracteres alcanza su punto álgido. La caída en desgracia de Thack es impresionante, pero los demás no se quedan atrás, sea los que se ven arrastrados con él o lo que viven sus propias miserias (la que lía Barrow para intentar salir de su bache, por ejemplo).

Si el guión de Jack Amiel y Michael Begler es certero en la descripción del entorno, la composición de personajes y la maduración de las historias, la puesta en escena de Steven Soderbergh termina de redondear la serie. El realizador dejó hace tiempo lo comercial para decantarse por el cine de autor y la experimentación variada, aunque alguna vez ambas cosas han coincidido (Contagio), y ha visto claro que una serie de televisión tiene mucho más margen que un largometraje, de hecho aquí da rienda suelta a su vena juguetona y se marca una puesta en escena realmente atrevida y arriesgada. Desde los primeros planos se ve que hace suyo el producto… pero ni mucho menos se impone sobre el material escrito, pues lo capta con respeto y cuidado. La puesta en escena apuesta sin miedo por la cámara en mano, los encuadres inclinados o desde alturas no habituales, la música es en apariencia anacrónica (Cliff Martinez mantiene la onda electrónica de Contagio)… pero todo ello se hace con gran dominio de la narrativa, con un objetivo y unos resultados claros, de forma que, aunque de primeras pueda parecer un envoltorio excesivo, pronto se ve que da buenos resultados, de hecho muy buenos, pues se consigue un aura de irrealidad que funciona muy bien a la hora de trasladarnos a una época remota y un ambiente malsano lleno de tragedias.

Por cierto, el plano final es una verdadera genialidad del humor negro.

EL PRISIONERO – TEMPORADA ÚNICA.

The Prisoner
ITV | 1967
Productores ejecutivos: Patrick McGoohan, David Tomblin.
Intérpretes: Patrick McGoohan.
Valoración:

Alerta de spoilers: La sinopsis no contiene spoilers, pero en los comentarios revelo prácticamente todo, de otra forma la opinión y el análisis quedarían muy cojos.–

Para una visión y análisis global de la serie os remito a la presentación, aquí analizo por capítulos.

En la red encontraréis varios órdenes distintos para la guía de episodios, siendo la mayor parte erróneos. Ni el orden de producción ni el de emisión eran fieles a la escasa continuidad de la trama, y me temo que no hubo confirmación oficial de ningún tipo hasta que en la edición en dvd se contó con la opinión de los clubs de fans y se formalizó una.

Cuatro capítulos más estaban escritos pero se quedaron sin rodar. En los extras de las ediciones en dvd y bluray se incluyen los guiones de dos y las sinopsis de los otros dos. No llegó a emitirse en España pero sí en Latinoamérica, doblaje que no recomiendo porque la traducción se inventa la mitad de los diálogos; de hecho he optado por hacer una traducción más fiel de los títulos.

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TRUE BLOOD – TEMPORADA 7 Y FINAL.

True Blood
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Brian Buckner, Gregg Fienberg.
Intérpretes:Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgard, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Kristin Bauer, Carrie Preston, Deborah Ann Woll, Joe Manganiello, Lauren Bowles, Anna Camp.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad, incluidas muertes importantes.–

Última temporada de True Blood. ¿Qué esperar de ella? Pues lo mismo de siempre, porque incluso sin Alan Ball a las riendas siguió en su estilo y con las mismas virtudes y limitaciones. Las aventuras originales, alocadas y con un genial humor negro, los protagonistas deliciosos, los actores fantásticos, la puesta en escena brillante… y también las tramas con algunos deslices en el ritmo, las historias secundarias irregulares, los caminos algo fallidos de algunos personajes.

El final de la sexta temporada pegaba un salto y nos introducía de lleno en los eventos de la séptima. La crisis de la hepatitis-V es el desencadenante final del conflicto entre humanos y vampiros, y se traduce en una guerra sucia, una guerra sin líderes ni objetivos, sino de caos y supervivencia. La trama va a gran velocidad, dejándonos sin aliento en una situación extrema donde cualquier personaje está en peligro constante. Y están todos presentes en todo momento, porque casi no hay ni tiempo para historias secundarias, de esas que más veces de las deseables resultaban poco satisfactorias (solo está la de Tara, que luego comentaré). Hasta Sam se mantiene en primera línea y es apartado en una correcta despedida cuando ya no pinta nada ahí; aunque seguro que nadie se acuerda de su aburrida novia. Eso sí, hay un giro extraño: el novio vampiro de Jessica es convertido por arte de magia en un personaje completamente distinto. Ahora es un homosexual que no tiene interés en ella, cuando el romance que nos mostraron era de flechazo. Así entiendo que el actor se cabreara y largara y fuera sustituido por otro. No sé qué pretendían los guionistas con este giro, si se les fue de las manos sin querer o pensaban que tendría sentido; menos mal que es un rol menor; lo malo es que Lafayette pierde bastante protagonismo, y apareciendo con el tipo este no recupera mucho interés.

Hasta secundarios de toda la vida, como la petarda de la madre de Hoyt, están metidos en el embrollo hasta el cuello. La elección de bandos, las implicaciones morales de cada acción, los tumultos, los intentos de mantener la civilización… todo se va acumulando en un clímax que probablemente sea el mejor de la serie, y que termina en la espectacular batalla en el bar de Eric, donde una banda de vampiros infectados se hizo fuerte. Pero no todo es perfecto, porque el reguero de muertos es desigual. Varios secundarios caen, pero alguno se celebra con gusto (la citada madre), y sobre todo cabría esperar que más personajes importantes acabaran asesinados, para terminar esta serie de corte generalmente macabro a lo grande. Pero solo lo hacen dos, y son dos muertes muy discutibles. La de Tara es directamente estúpida. Un personaje que no muere en primer plano es un personaje que sin duda estará vivo… Pero tras varios capítulos mareando la perdiz resulta que definitivamente ha sufrido la muerte verdadera. Y aparece como fantasma en la única trama secundaria o de relleno del año que encontramos, una historia de redención fantasmal incomprensible, intrascendente, aburrida… vamos, completamente olvidable. ¿Pero a qué jugaban, cómo trataron tan mal al personaje? Por extensión su madre y su primo Lafayette pierden algunos puntos al verse arrastrados con ella. Por suerte ocupa poco tiempo.

La muerte de Alcide es la otra polémica, y la que marca el punto de inflexión en la temporada. Una vez la tormenta pasa sobre Bon Temps (aunque el miedo a que vuelva sigue presente) la narración se inclina principalmente hacia los personajes. Y empieza con el giro descarado de volver a poner a Sookie y Bill juntos, sin duda para finalizar la serie con el clásico círculo cerrado, con la pareja inicial. La jugada funciona porque a estos dos personajes los guionistas los tratan muy bien y la relación va bien encaminada hacia un desenlace romántico-trágico bastante efectivo, pero desde luego lo de que se dieran cuenta de que Alcide molestaba y lo eliminaran sin disimulo no queda bien.

También es cierto que el inicio de este segmento final asusta por la reaparición de un viejo personaje, Hoyt. De primeras me pareció un retorno innecesario a un culebrón ya caduco, pero pronto se ve que los guionistas tienen un plan (como con Bill y Sookie) y lo desarrollan con sumo cuidado. La idea es dar un cierre a todos los protagonistas, y Hoyt sirve como un nexo estupendo para varios. La relación de Jason con Brigette se expone de maravilla, de hecho es de lo mejorcito del año y tiene momentos sublimes, y el reinicio de la relación entre Jess y Hoyt es creíble y bonito. En el resto de personajes solo los Bellefleur, con la búsqueda cansina de la niña-hada, dan alguna vuelta más de la necesaria. Eric y Pam arrasan como siempre, él con su carisma, ella con su boca malhablada, él con su pasotismo ablandado (florece la compasión ante las gentes de Bon Temps), ella con su fidelidad incansable; y el flashback de ambos resulta memorable. El retorno de Sarah Newlin no podía ser mejor: la loca está más loca que nunca y encima ahora es la cura andante de la Hep-V, lanzando así el final de la trama central con un toque de humor negro demencial.

Como todos los años, lo que no falla un ápice es la excelsa puesta en escena, donde destaca lo bien que ruedan las escenas nocturnas (más les valía, claro), y el inconmensurable reparto, uno de los mejores de los últimos tiempos, que brilla especialmente en esta última temporada porque los personajes viven momentos clave. Así, Anna Paquin (Sookie) está de nuevo pletórica y Deborah Ann Woll (Jessica) se luce más que nunca (qué injusticia no haberse llevado ningún premio). No se quedan atrás Ryan Kwanten como el mejor y más complejo papel de tontorrón que he visto (Jason), el eterno carisma de Stephen Moyer (Bill), Alexander Skarsgård (Eric) y Kristin Bauer (Pam), los secundarios magníficos por doquier, encabezados por Chris Bauer (Andy) y Carrie Preston (Arlene), y la breve pero intensa presencia de Anna Camp (Sarah Newlin). Este año han estado menos llamativos Sam Trammell (Sam) y Nelsan Ellis (Lafayette), pero por su presencia más limitada.

Acabamos con el mundo rehaciéndose gracias a la cura y los personajes retomando su camino con toda la experiencia adquirida. Más o menos todos consiguen lo que buscaban en la vida, o todos han madurado para saber cómo enfrentarla sin tanto sufrimiento. Quizá es un final muy sensiblero y clásico para una serie tan macarra, pero es indudablemente efectivo. Se centra en los personajes, no desbarra con tramas absurdas y giros innecesarios, y solo puede criticarse desde una perspectiva subjetiva: esperando que fuera más agridulce u oscuro, o que ofreciera una trama final apoteósica. Y está claro que esto último no encajaría, porque True Blood no es una serie de tramas complejas, sino de personajes enfrentando situaciones. Simplemente los guionistas han pensado que tras tanto viaje los protagonistas y el espectador merecían un final feliz. O te gusta o no, pero no es motivo para hablar de una mala temporada, porque ha sido de las buenas.

Ver también:
Temporada 6. – Temporada 5.
Temporada 4. – Temporada 3.
Temporada 2. – Temporada 1.

THE LAST SHIP – TEMPORADA 1.

The Last Ship
TNT | 2014
Productores ejecutivos: Steven Kane, Bradley Fuller, Andrew Form, Hank Steinberg, Michael Bay.
Intérpretes: Eric Dane, Rhona Mitra, Adam Baldwin, Charles Parnell, Travis Van Winkle, Marissa Neitling, Christina Elmore, John Pyper-Ferguson.
Valoración:

Un virus deja a la humanidad al borde de la extinción. Los protagonistas son los tripulantes de un destructor de la marina estadounidense que lleva una carga muy valiosa, la doctora que más sabe del mismo y más posibilidades tiene para conseguir la cura.

Estamos ante aventura de supervivencia post-apocalíptica con un pie en el mundo zombi (imposible no pensar en la novela Guerra Mundial Z) y otro en la ciencia-ficción con calado al estilo Battlestar Galactica (más problemas socio-políticos y éticos que fantasía), y cómo no, se adereza con algunas gotas de Expediente X. Lo tiene todo para empezar deslumbrando a cualquier fan del género. Pero como señalé, el episodio piloto asustaba. Luego remonta bastante… aunque no hasta lograr una buena serie. Ronda entre el suspenso justito y el aprobado por los pelos (de ese que das por lástima), y solo vale como entretenimiento si pones las expectativas al mínimo y te ríes con sus flagrantes limitaciones. Hacía muchísimos años que no tenía un “placer culpable”, una serie manifiestamente mediocre que tiene algo que te engancha.

Los capítulos abordan las mismas tramas de siempre, algunas de hecho resultan tan anticuadas que dan risa, como la del barco ruso que persigue y acosa al destructor con su capitán Tópico que es malo porque sí. Tendremos los líos habituales con el virus, las peleas con grupos hostiles que aprovechan la situación para imponer su ley, los conflictos internos de rigor como los soldados cobardes que luego buscarán redención, etc. Algunos tramos resultan más interesantes, aunque sean obvios también, como la desconfianza en la doctora, los problemas del capitán para mantener alejados de la tripulación el miedo y la disensión (al menos no tenemos el viejo y cansino motín), o algunos temas de supervivencia, como problemas mecánicos o de abastecimiento. Las peores partes son las relativas a los conflictos de los rangos bajos: los soldados confusos o acobardados y los conatos de romances dan historias muy pobres. Por suerte en algo aciertan los guionistas: todo está entrelazado, ninguna sección se deja aparte como mero relleno, con lo que una acción o problema afecta al todo. También me ha gustado que se ve que intentan crear un gran repertorio de personajes secundarios: terminamos la temporada conociendo a medio barco; la pega, claro está, es que el guión no da la talla para lo que pretenden alcanzar, y no consiguen buenos caracteres, algunos incluso son bastante insoportables.

El ritmo es francamente bueno, incluso en los tramos donde el guión anda más flojo los acontecimientos avanzan a buen paso, no se producen grandes tropiezos y como decía no hay secciones intrascendentes o mal ubicadas. Sin duda tener solo diez capítulos ha eliminado el relleno, donde escritores tan poco inspirados (forma educada de decir malos) sí que podrían haberse estrellado a lo grande. De hecho la trama avanza en un único sentido, los problemas se van acumulando y aunque no vayamos a ver la atmósfera de los mejores momentos de Galactica algo de ambiente insano sí encontramos. Los personajes van perdiendo fuerza y cordura, la situación general del navío y del mundo se degrada, y el episodio final ofrece un giro sorprendentemente inteligente comparado con el nivel previo, con un conato de falsa civilización en plan distopía muy logrado. Lo suficiente para que la siguiente temporada me atraiga también, me temo.

La puesta en escena no deslumbra, pero tampoco resulta tan irregular como apuntaba el piloto. El barco y los exteriores (tanto en el mar como en tierra) la dan un aspecto de superproducción televisiva bastante correcto, y las escenas de acción cumplen de sobras. Pero la categoría que gana aquí se pierde con los actores. John Pyper-Ferguson (el mercenario) tiene cierta gracia (en parte porque tiene los mejores diálogos), y Eric Dane (el capitán) termina resultando simpático, pero de ahí vamos para abajo. Algunos puede que no den mucho de sí por sus limitados personajes (como el segundo -Adam Baldwin- o el contramaestre -Charles Parnell-), pero el resto de los importantes tienen papeles más complejos y no es que no den la talla, es que dan ganas de decirles que se dediquen a otra cosa. Pasando por una ingente cantidad de jóvenes sin experiencia que pululan por el barco (técnicos, soldados, cada cual peor intérprete) llegamos a una que sí tiene bastante experiencia, Rhona Mitra, la doctora protagonista, la peor actriz que recuerdo haber visto en mi vida. ¿Cómo alguien así pasa el casting para protagonista de una producción en la que parecen haber echado bastante dinero? Solo cambiando gran parte del reparto la serie ganaría bastantes puntos.

THE KILLING – TEMPORADA 4 Y FINAL.

The Killing
Netflix | 2014
Productores ejecutivos: Veena Sud, Søren Sveistrup, Ingolf Gabold, Mikkel Bondesen, Piv Bernth.
Intérpretes: Mireille Enos, Joel Kinnaman, Gregg Henry, Tyler Ross, Joan Allen, Jewel Staite,
Valoración:

La temporada anterior, a pesar de su solidez en conjunto, tuvo un cierre que no me convenció del todo por eso de salir de un giro de telefilme barato. La revelación de quién era el asesino de las niñas (el personaje recurrente menos probable, nada más y nada menos que el teniente Skinner) y su ejecución sólo se salvaban gracias a que el cómo viven la situación los dos excelentes protagonistas transmite más fuerza y verosimilitud de la que un desenlace tan forzado y facilón puede ofrecer. La pena es que la serie fue cancelada, por segunda vez además, dejando a nuestros dos queridos detectives en una posición muy peliaguda y al espectador con la decepción de no ver desarrolladas las consecuencias. Por suerte Netflix muy amablemente nos ha ofrecido una temporada corta (seis episodios) que se esmera en dar un final definitivo, y el resultado difícilmente podría ser mejor.

La esencia de la serie sigue intacta, y de hecho este año el equilibrio entre sus tres ingredientes principales es mucho más fluido y consistente. Está presente el sombrío thriller criminal con una investigación pausada pero metódica y realista que resulta enormemente intrigante. El drama humano que nace del crimen que da pie al caso de la temporada sigue siendo de primera calidad, con los personajes secundarios de turno sufriendo la tragedia y las consecuencias de los peores momentos de sus vidas. Y cómo no en primer plano tenemos el conflicto de dos protagonistas atormentados y depresivos, Sarah Linden y Stephen Holder, que luchan por salir adelante en su lastimera existecia.

La temporada empieza justo donde acaba la anterior, en el punto de inflexión que dejaba el destino de los detectives en el aire. Linden y Holder, siempre lidiando con sus demonios internos y con la maldad del mundo, han terminado sumergiéndose de lleno en el infierno con la ejecución de Skinner, amante de Sarah, teniente de policía y asesino en serie. Las consecuencias se notan en ambos en seguida, la presión de la ética humana y policial y el miedo a ser descubiertos se transforman en un estrés constante que los tiene a punto de derrumbarse. Dando tumbos sobreviven el día a día como pueden, y más ahora que están empezando otro caso de extrema violencia y gran carga sentimental: una familia aparentemente modelo ha sido cruelmente asesinada, y el principal sospechoso es el hijo superviviente. Los roles interpretados por Joan Allen (la directora del centro de internamiento) y Tyler Ross (el joven que se ve en el ojo de la tormenta) son tan sólidos y atractivos como cabe esperar, y en ningún momento pierden fuerza en detrimento de la pareja protagonista a pesar de que la narración se centra más que nunca en el viaje interno de Linden y Holder. Los demonios que arrastran, el drama familiar, los choques constantes contra sus limitaciones y errores, los detonantes sociales y laborales que modelan sus personalidades y la fascinante relación entre ambos han ofrecido de nuevo un drama intenso, cercano y realmente emocionante sumergido en un thriller hipnótico a la par que agobiante. Algunos grandes instantes se marcan en la memoria: la caída al abismo de Linden, que acaba apuntando con su arma a Holder, el hallazgo del coche de Skinner en la casa del lago, el recorrido inicial por la casa de la familia asesinada…

Por si fuera poco el tramo final enlaza y cierra toda trama, personaje y detalle de forma magistral. Los desenlaces de las etapas previas tuvieron todos algún desliz o parte más floja que produjo descontento en numerosos espectadores, pero aquí los guionistas han dado lo mejor de sí. Especialmente sorprendente y efectiva es la inesperada relación emocional de la resolución del caso con uno de los protagonistas, pero el inesperado giro con que acaba el asunto Skinner también te deja a cuadros. Además una vez cerradas las dos investigaciones se dedica un largo epílogo a mostrar la vuelta a la vida de Holder y Linden tras tanta miseria y problemas, con lo que el final de la serie, además de un cierre de gran nivel para las tramas resulta muy acertado también con los personajes. Y es ineludible citar el de nuevo fantástico trabajo interpretativo de Mireille Enos y Joel Kinnaman y la excelente labor de dirección (crucial a la hora de forjar la atmósfera tétrica tan característica).

Ver también:
Temporada 3.
Temporada 2.
Temporada 1.

CROSSBONES – TEMPORADA ÚNICA.

Crossbones
CBS | 2014
Productores ejecutivos: Neil Cross, Ciaran Donnelly.
Intérpretes: John Malkovich, Richard Coyle, Claire Foy¸Yasmine Al Massri, David Hoflin, Chris Perfetti, Tracy Ifeachor, Peter Stebbings, Julian Sands.
Valoración:

Altas expectativas generó esta serie. Parecía la respuesta seria a Black Sails. John Malkovich le daba un toque de primer nivel, por eso de ser un actor de cine bastante famoso y peculiar. La cadena CBS no será arriesgada y adulta cual canal de cable, pero su prestigio ganado con producciones de todo género y estilo es bien merecido. Y el piloto apuntaba maneras. La lucha intelectual entre el pirata Barbanegra (Malkovich), medio retirado pero con ambiciosos planes para asentarse en una utópica nación libre, y el hábil espía británico Tom Lowe (Richard Coyle), que debe frenar sus planes y matarlo, prometía un relato menos inclinado hacia la aventura y más hacia la intriga política. Y los dos actores ofrecen un recital bastante intenso, de hecho el desconocido Coyle sorprende con un carisma arrollador.

Pero ahí se quedó la propuesta. En los dos siguientes episodios el nivel baja considerablemente, apenas manteniendo un precario equilibrio como entretenimiento inofensivo sin trascendencia ni nada genuino o destacable como para resultar recordable. Se ve que en el primer capítulo estaban inspirados. Y mucho me temo que ahí muere la serie. El resto, hasta nueve eternas entregas, cae en lo cutre y lo ridículo de una forma espectacular, hasta ser una de las peores series de los últimos años. La cadena lo vio venir, la relegó como relleno veraniego y no le dio más temporadas.

Lo que ofrecía de inteligente y seria, destacando el pulso intelectual entre los dos protagonistas, se desvanece rápido. La trama se sustenta sobre malabares, empeñándose en forzar la tensión con historias ridículas y giros que dan vergüenza ajena, porque no pueden matar a Barbanegra tan pronto y la estancia de Lowe sin cumplir su objetivo se justifica con excusas baratas. En todo capítulo Lowe tiene que estar al borde de ser descubierto y de la muerte, tiene que haber un amago de motín que quite el poder a Barbanegra, los secundarios deben sufrir aunque en realidad no les pase nada realmente grave. Esa es otra: los personajes secundarios son de risa. Se salva el aprendiz que acompaña a Lowe, por simpático, y el drogadicto tenía potencial, sobre todo porque el actor es bastante competente, pero no llegan a ofrecer ninguna historia digna de señalar. El resto dan ganas de que mueran cruelmente desde que empezamos a conocerlos. La chica florero que está en todo pero no pinta nada ahí resulta cansina. La amante de Barbanegra es insoportable. La chica negra que sirve para rellenar un par de episodios se olvida en cuanto cambian de plano. Y rematamos con un par de piratas que no causan ninguna impresión.

Y qué tramas les ponen, joder, qué tramas. De culebrón barato. Ahora me lío contigo, ahora quedo embarazada, ahora me peleo por unas joyas, ahora me enfado por una memez, ahora soy fiel hasta la muerte porque sí… Los juegos de intrigas y traiciones, de cutres y forzados resultan increíbles (por mediocres además de inverosímiles). Los sueños de Barbanegra aburren. El villano termina siendo tremendamente caricaturesco, y el lío con la mujer prisionera se va de madre. En todo este caos sin sentido la premisa inicial se difumina hasta casi desaparecer para relanzarse desbarrando a lo grande: Lowe termina luchando al lado de Barbanegra no se sabe por qué, para luego querer matarlo otra vez no se sabe tampoco debido a qué. La pelea final con los ingleses tiene algo de ritmo, pero los personajes y tramas han caído tan bajo que no me importaba un comino cómo acabaría la cosa: el duelo de rigor con el villano, el giro más esperable con Lowe tomando el puesto de Barbanegra, las muertes que tenían que haber ocurrido hace muchos capítulos…

La puesta en escena tampoco da la talla. La dirección es enormemente irregular a pesar de tener buenos directores contratados (hay momentos de auténtico cine cutre, como esa espada “clavada” entre el brazo y el tórax), la ambientación algo pobre en decorados y vestuario y la música es horrenda, un organillo de culebrón que resulta lo peor que ha parido la televisión en años (da lástima compararla con la magnífica banda sonora de Black Sails). Y exceptuando los buenos papeles citados anteriormente, el resto de actores también parecen sacados de un culebrón latino, por físico y nulas dotes interpretativas.

Para enterrar y fingir que no ha existido.

ORANGE IS THE NEW BLACK – TEMPORADA 2.

Orange Is the New Black
Netflix | 2014
Productores ejecutivos: Jenji Kohan, Liz Friedman.
Intérpretes: Taylor Schilling, Laura Prepon, Michael Harney, Yael Stone, Natasha Lyonne, Kate Mulgrew, Danielle Brooks, Jason Biggs, Annie Golden, Elizabeth Rodriguez, Nick Sandow, Lea DeLaria, Laverne Cox, Uzo Aduba, Selenis Leyva, Matt McGorry, Alysia Reiner, Dascha Polanco, Matt Peters, Nick Sandow, Samira Wiley, Jackie Cruz, Maria Dizzia. Kimiko Glenn, Diane Guerrero, Emma Myles, Beth Fowler, Barbara Rosenblat, Lorraine Toussaint.
Valoración:

Después de la arrolladora y memorable primera temporada Orange is the New Black vuelve a lo grande marcándose otro capítulo inicial de infarto, de los de contar entre los mejores del año. Como el ingreso en la cárcel, el misterioso traslado sin previo aviso que sufre Piper Chapman es una auténtica pesadilla que se contagia magistralmente al espectador. Minuto a minuto sufrimos la indefensión de la mujer, el temor por su destino (todo apunta a una cárcel de máxima seguridad, por la agresión a la loca religiosa) y las penurias que sufre por el camino (guardias hostiles, ninguna información, situaciones incómodas e injustas -se le niega algo tan básico como hacer sus necesidades -). La creadora y guionista Jenji Kohan nos ofrece otro turbador viaje a través de la inmundicia del sistema penitenciario estadounidense desde la perspectiva de un personaje muy humano e interpretado con enorme intensidad por Taylor Schilling.

El destino no es el que esperábamos, pero tampoco es agradable. Testificar en el juicio del narcotraficante para el que trabajaron ella y Alex Vause mina la relación entre ellas porque el peligro de que puedan tomar represalias según lo que digan las pone en una situación muy delicada. Alex saldrá de la cárcel, pero fuera estará peor que dentro, temiendo día a día que vayan a por ella. Piper vuelve a su encierro de mínima seguridad, lo que supone a estas alturas una vuelta a la normalidad muy de agradecer. Sí, allí las cosas no son fáciles, pero podría ser peor y ya está bastante adaptada. La serie rebaja mucho el tono tras el demoledor inicio, dejando atrás el drama e inclinándose cada vez más por la aventura distendida y la comedia. No hay pérdida de calidad, pero a mí me ha apenado un poco, porque es impresionante lo que puede escribir Kohan cuando se pone dura.

También Piper pasa bastante a un segundo plano, pues el protagonismo está cada vez más repartido. Esto también me fastidia porque es un personaje que me trae loco, pero tampoco hay pérdida de calidad, el repertorio de habitantes de la cárcel mantiene el nivel e incluso mejora al conocerlos más a fondo. Los flashbacks que narran la situación que llevó a las mujeres a cumplir condena son cada vez más importantes, y algunos resultan muy impactantes al dar nuevas lecturas a protagonistas muy queridas, como el de Lorna Morello, que resulta espectacular y algo triste. No me voy a parar a describir cada historia con detalle porque no acabaría nunca con tantos personajes (entre veinte y treinta, todos imprescindibles en el conjunto y maravillosos individualmente), pero es ineludible decir que sus vidas cruzadas se narran con una habilidad pasmosa. El ritmo es siempre activo y atractivo, no hay un solo momento en que haya metraje que no aporte algo esencial, de hecho muchos capítulos rozan la hora de duración, de tantas cosas que hay para contar. Hasta los detalles cotidianos (humorísticos muchos de ellos) y las tramas más secundarias (por ejemplo el campeonato de ver quién folla más) aportan capas poco a poco.

Solo un fallo tiene la temporada, y queda pronto equilibrado: Vee. Esta veterana de las cárceles, narcotraficante de poca monta con aires de grandeza y afán de controlar el cotarro resulta algo cargante, arquetípica también, y su lucha por ser la más fuerte y poderosa se aleja un poco del tono verosímil habitual. Pero a cambio sirve como nexo alrededor del que hacer evolucionar un montón de caracteres. El grupo de afroamericanas se ve muy beneficiado al ganar protagonismo y poner puntos de conflictos importantes, y Red mantiene el tipo en una guerra que a veces peca de sensacionalista.

Mis partes favoritas del año, aparte de todo lo que atañe a Piper, serían las siguientes. Los intentos de Healy por servir para algo y superar sus limitaciones. Joe Caputo ganando a la corrupta Figueroa. El viaje loco de Lorna a la casa de su ex. El previsible pero efectivo romance entre el novio de Piper y su mejor amiga. Los viajes a quimioterapia de Rosa. El concurso de prepararse para entrevistas de trabajo. El drama que supone ser anciana en un sistema penitenciario y sanitario de risa. Y destaco también que nunca había visto tanta franqueza y naturalidad a la hora de hablar de sexo y relaciones femeninas.

Como la primera temporada, se presta a visionado maratoniano porque cada capítulo es solo parte de un todo y con su ritmo trepidante, sus personajes adorables y las historias tan humanas contadas con un tono de humor negro muy conseguido se hacen cortos y dejan siempre con ganas de ver más. Orange is the New Black es una orgía de emociones, capaz de hacerte pasar del lagrimón a la risa descontrolada, manteniéndote siempre inmerso codo con codo en las vivencias de las protagonistas. Es la serie más adictiva y que mejor recuerdo deja del momento (no solo te diviertes, te hace vibrar y también pensar), y obviamente de nuevo se alza como una de las mejores del año.

Ver también:
Temporada 1.