BOARDWALK EMPIRE – TEMPORADA 3.

Boardwalk Empire
HBO | 2012-2013
Productores ejecutivos: Terence Winter, Timothy Van Patten, Martin Scorsese, Howard Korder, Mark Walhberg, Stephen Levinson.
Intérpretes: Steve Buscemi, Kelly McDonald, Shea Wigham, Michael Shannon, Charlie Cox, Jack Huston, Bobby Cannavale, Gretchen Mol, Stephen Graham, Vincent Piazza, Michael Kenneth Williams, Anthony Laciura, Anatol Yusef.
Valoración:

Alerta de spoilers: Describo la temporada a fondo.–

Para mí la tercera temporada de Boardwalk Empire es la mejor que ha dado la serie. Después de dos etapas donde no parecía terminar de desplegar todo su potencial y librarse de algunos lastres, aquí se marcó un año con menos fallos y una narrativa más cohesionada e intensa que hacía renacer las esperanzas en que por fin estaba encontrando su camino y seguiría creciendo hasta dar la obra maestra que esperábamos. Pero en vez de eso en la cuarta temporada perdió fuerza y volvió a caer en algunos errores, y viendo que las audiencias y el prestigio no acompañaban a la serie, la HBO le dio fin en una corta quinta sesión que tampoco satisface del todo.

Su mayores aciertos son usar un enemigo de nivel alrededor del que hacer girar casi todas las tramas, centrarse más en Nucky y sacar de las secciones secundarias lo justo.

Se ve que los guionistas intentan materializar mejor la intriga política y potencian la confrontación directa de Nucky con fuerzas más tangibles (Gyp Rosetti y toda la tormenta que arrastra). Sigue habiendo saltos a las altas esferas para mostrar la influencia del protagonista y sus contactos, pero es evidente que ponen esfuerzo en hacerlo más claro y llamativo. Reducen el número de nombres y personajes, que antes había tanta gente alrededor de Nucky que te perdías. Salen unos pocos altos mandos (de los departamentos de hacienda y justicia) en escenas más largas y poniendo mayor énfasis en sus formas de ser, para que nos quedemos con quiénes son y qué hacen: Daugherty, Gaston (el que habla pausado y raro) y Andrew Mellon (el imponente James Cromwell). Aun así, no se libra de cierta dificultad para estar al tanto de todo, porque a veces parecen secciones intrascendentes, pero cuando menos te lo esperas resultan esenciales: Nucky se salva de parte del jaleo final con unas simples llamadas a estos individuos, lo que peca de anticlimático en el sentido del ritmo y la acción, y quizá demasiado enmarañado en cuanto a la trama. La agente del FBI que vimos en temporadas pasadas también aparece brevemente, en las mismas condiciones. Así pues, hay mejoras en la narrativa, pero siguen pecando de querer abarcar demasiado y perder fuerza por ello.

En cuanto a las demás secciones, algunas siempre en un plano tan secundario que parecen no llegar a nada, hay mejoras también, aunque tampoco se alcanza la perfección. Sea porque la guerra de Nucky ocupaba mucho tiempo o porque lo quisieron así los guionistas, los otros personajes de Atlantic City y los de Chicago y Nueva York aparecen menos, y cuando lo hacen están más cerca de la trama central. Capone tiene menos minutos pero va al grano a la hora de trabajar su gradual maduración con historias muy entretenidas. Además acaba enlazándose con Nucky, aunque sea momentáneamente, con lo que no parece una serie paralela. Luciano y Lansky en cambio no se libran de transmitir esa sensación, pero también salen menos lo largo del año, con lo que no desvían tanto la atención; eso sí, en los capítulos finales se empeñan en meterlos con una pobre historia de venta de cocaína que acaba en un incomprensible plan entre Masseria y Rothstein. ¿Alguien entendió algo? Y Chalky está prácticamente desaparecido (unos pocos líos familiares para acordarnos de él) hasta que vuelve al juego siendo esencial para Nucky, algo que se mantendrá en la siguiente temporada muy bien, donde por fin se convierte en otro personaje principal y no solo en un rol que parecía estar para cumplir con los negros en ese empeño de los guionistas de mostrar todos los ángulos del entramado criminal de la época. Rothstein se mantiene en su línea. Este siempre ha estado más trabajado, su importancia en el tablero de juego se nota aunque sea un secundario, y cuando es esencial en la trama se sabe bien por qué y cómo. Solo falla ese enredo final de la cocaína. Masseria en cambio no se libra de parecer un objeto de la trama que causa poca o ninguna impresión a pesar de la importancia que se le pretende dar. De nuevo está la sensación de que intentan abarcar demasiado.

Aparte de todo está la aventura de Van Alden, que sigue resultando completamente ajena al resto (aunque lo acercan tímidamente a Capone). Pero su sección cada vez está más centrada en contar algo concreto: sus problemas para salir adelante (trabajar para mantener a la familia) y su cómica entrada paulatina en el mundo del crimen resultan muy amenos, y como siempre la gran labor Michael Shannon aumenta el interés.

En cuanto a los protagonistas principales, estos como siempre van bastante por separado pero sus vidas se van viendo afectadas unas a otras en el desarrollo global de acontecimientos.

La evolución de Margaret sigue siendo la que mejor funciona, pues su proceso de aprendizaje y toma de decisiones queda muy bien mostrado. Continua con su idea de aportar algo de bien al mundo (el curso de reproducción sexual) aprovechando el poder de su posición como esposa de Nucky Thompson, lo que le enseña también a defenderse en la sociedad. Casi da la sensación de que piensa abrazar esa forma de vida, o que incluso podría acercarse de nuevo a Nucky (la cena en casa de Eli), pero retoma el romance con Owen, redescubriendo así el amor, y en el magistral capítulo nueve (The Milkmaid’s Lot), donde Nucky está afectado por el atentado, ve la verdadera cara criminal y asesina de éste y comprende que debe romper con todo eso.

Richard sigue ganando importancia, estando ya en primer plano. Su personalidad es magnética, el bonito romance que vive y la relación que mantiene con Tommy (el hijo de Jimmy) y Gillian da mucho juego, y termina explotando en un final memorable en el asalto que se monta al burdel para rescatar al chiquillo de la guerra entre bandas. Mientras, Gillian sufre la pérdida de Jimmy, y se las ve negras para sacar adelante su proyecto de la casa de putas: las ambiciones de los hombres siempre se interponen. Su plan para obtener la herencia de Jimmy matando a un pobre chaval que se le parece es inquietante. Y cuando llega Rosetti lo poco que estaba consiguiendo se viene abajo. Estas dos han sido mis historias favoritas del año, y además seguirán por buen camino en la cuarta temporada.

A estos les sigue Owen, que resulta fascinante por la combinación de asesino competente, inteligente y fiel y compañero amable y cercano. Así, como guardaespaldas de Nucky es muy interesante (desde admirable a inquietante), y como amante de Margaret resulta enternecedor. Ahora bien, esto es Boardwalk Empire, y no puede acabar bien. Su caída en medio de la guerra es impactante, sobre todo por el trauma que supone a Margaret. Sin embargo aquí hay que señalar una trampa argumental bastante gorda y que, leyendo en internet, pocos parecen haber visto, pues queda eclipsada por el golpe de efecto. La muerte de Owen es muy forzada, casi insostenible. Resulta que Luciano y Lansky, para cerrar un trato con Masseria, le chivan que Nucky va a atentar contra él; se deduce que incluso le dan la fecha y lugar exacto, si no sería información inservible, porque todos están esperando que Nucky reaccione, que ataque o se esconda. ¿Cómo lo sabe Luciano? Se entera por un comentario de Arnold Rothstein: no hagáis nada, que Nucky va a atacar y con la guerra los negocios se resienten. No les da más datos, ni fecha ni dirección. Dice lo obvio y lo que Masseria ya sabe. Y finalmente se muestra como si Masseria supiera efectivamente el momento y lugar donde iban a atentar contra él, con lo que queda todo muy cogido por los pelos. No costaba nada poner una escena de Masseria inesperadamente duplicando su guardia en previsión de un movimiento de Nucky y otra del ataque saliendo mal. Pero fuerzan la trama para que parezca una cadena de acontecimientos y chivatazos que realmente son absurdos, imposibles. Y para rematar nos cuelan otra trampa descarada: justo tras el atentado contra Nucky, cuando están todos en alerta máxima, llega una caja anónima de ochenta kilos… ¡Y la meten en el hotel y la abren como si nada! Ridículo, verdaderamente ridículo. Pero como digo, este acontecimiento da inicio a la guerra abierta y separa definitivamente a Nucky y Margaret con un giro trágico, con lo que el espectador es engañado de forma que no ve los agujeros.

Llego por fin al gran Nucky en la temporada que mejor lo exprime. Le pasa de todo. Empieza con los coletazos de los envites anteriores (la oposición de Jimmy, la pérdida de muchos contactos y del puesto de tesorero), y cuando parece que puede remontar aparece Gyp Rosetti, un jefe de barrio de Nueva York que resulta ser un loco demente que ha llegado a donde está por la fuerza, no por inteligencia, y disfruta guerreando y sintiéndose ofendido por cualquier tontería como excusa para atacar. El inesperado papelón de Bobby Cannavale es para enmarcar, consigue un personaje más que imponente acojonante. Así, Nucky sale del lodo para caer al pozo. El conflicto pone otra vez de manifiesto que los compañeros de negocios no son amigos y pueden darte la espalda a la mínima. Se siente cómo Nucky va hundiéndose poco a poco, cómo se cierran puertas y salidas, cómo puede perderlo todo, incluso la vida. Solo puede sobrevivir de dos formas, suplicando y usando su inteligencia. Esta carrera por la supervivencia con épicas batallas ofrece unos cuantos capítulos enormes que te dejan clavados al asiento.

Muy interesante es también su nuevo romance, donde se empeña en salvar a otra chica desvalida; la joven Billie Kent es un encanto gracias a la interpretación de la desconocida actriz Meg Chambers Steedle. Y mientras, la odisea de Eli a la sombra de su hermano mantiene el tono habitual. Su intento por ser fiel y crecer a su lado mientras también está harto de sus mangoneos evoluciona muy bien.

Es indudable que no se libra de aspectos mejorebles y algún fallo digno de mención, pero también que la presente es la temporada más redonda de Boardwalk Empire: la más fluida, intensa y espectacular, la que mejor trata a los personajes principales y relega mejor a secundarios que no terminan de funcionar, la que ofrece historias más llamativas y tramos más impactantes. Momentos para el recuerdo hay un largo número, destacando el sobrecogedor primer intento de matar a Gyp, donde sale desnudo a pegar tiros; todo el enorme capítulo donde Nucky sufre las consecuencias del atentado y muestra algunas debilidades; los tiroteos que hacen huir a Nucky; el acercamiento de Van Alden al crimen: desde el asesinato accidental a su aparición junto a Capone; la espeluznante pero heroica incursión de Richard en el burdel, él solo contra toda una banda; etc.

Ver también:
Temporada 2.
Temporada 1.

MASTERS OF SEX – TEMPORADA 1.

Masters of Sex
Showtime | 2013
Productores ejecutivos: Michelle Ashford.
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald, Beau Bridges, Teddy Sears, Nicholas D’Agosto, Allison Janney, Julianne Nicholson.
Valoración:

La creadora y guionista Michelle Ashford parte de la novela de Thomas Maier para abordar su propia versión sobre el trabajo realizado por los investigadores Williams Masters y Virginia Johnson, quienes desde finales de los años cincuenta revolucionaron los conocimientos sobre sexo.

Williams Masters es metódico y muy exigente en su trabajo, y también un visionario que sigue con ímpetu su obsesión por estudiar un tema tabú como es el sexo, por romper la percepción que se tiene de él en la sociedad y en la ciencia. Pero su dominio de la ciencia choca con su ingenuidad y limitaciones personales: no siente deseo por su esposa, su noción de la familia es prácticamente cumplir con lo que dicta la sociedad (la vio como esencial si quería labrarse una reputación como ginecólogo), y sus aptitudes sociales en general no son su fuerte. Inesperadamente encuentra en la secretaria que contrata un opuesto que le complementará y enseñará muy bien. Virginia Johnson es joven pero muy madura, no en vano ya ha vivido un par de matrimonios y tiene dos hijos, experiencia que le ha servido para decidirse por vivir la vida a tope: trabajar y estudiar para llegar a no depender de un marido, relacionarse con quien quiera importándole bien poco el qué dirán. Pronto su energía y valentía y facilidad para aprender la convierten en una colaboradora de la investigación.

Como es esperable el estudio traerá complicaciones de todo tipo, siendo las primeras la relación entre ambos, que pasa por todo tipo de situaciones. La incapacidad de Masters para expresar sentimientos y pedir las cosas con educación lo hacen difícil de tratar, de hecho la serie juega mucho a mostrarlo repulsivo para el espectador, pero siempre de forma que entendemos por qué y nos apiadamos de él: quieres que cambie, que trate bien a Virginia, a su mujer y a sí mismo; y a la vez esperamos que ellas se sobrepongan a los baches que él va sembrando, que no son pocos. Los problemas de financiación son los siguientes en la lista. El rector del hospital podría ceder al ser un viejo amigo, pero los ricos que aportan el dinero son otro cantar. Y Masters juega en la cuerda floja con semejante estudio.

Hay un puñado de secundarios, pero francamente, ninguno me ha llamado la atención especialmente, parecen haber puesto todo el esfuerzo en la pareja protagonista y dejado el resto un poco de lado. Así, aunque nunca llegan a desentonar, las subtramas como los amoríos de los otros dos doctores no alcanzan el mismo interés y trascendencia. Solo salvaría la historia de la homosexualidad oculta del rector, que aporta un drama más intenso y tiene muchas buenas escenas, además de estar mucho más ligada al argumento de la serie.

Personajes tan complejos y potentes son muy jugosos para cualquier actor que busque labrarse un nombre en la televisión, y los dos elegidos son todo un acierto. Las interpretaciones de Michael Sheen y Lizzy Caplan resultan memorables, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esos roles: los silencios, las miradas y las emociones contenidas son cruciales en todo momento para darles vida a ellos y sentido a la escena. Indistintamente de los premios a los que optaran (ella ni siquiera fue nominada a los Globo de Oro), estamos hablando de dos interpretaciones dignas de citar como inolvidables. Eso sí, en cuanto a mejor actriz del año la competencia fue de nivel, de hecho yo me quedaría con Taylor Schilling en Orange is the New Black.

ero hay más actores, y aunque los jóvenes queden muy eclipsados el veterano Beau Bridges sí destaca: está fantástico como homosexual reprimido. Pero en cambio Allison Janney como su esposa no me convence tanto, está sorprendentemente apagada, sobre todo comparada con su gran trabajo en El Ala Oeste.

En lo visual estamos ante una producción de primer nivel. No será ambiciosa en cuanto a ambientación de la época, pues no salimos del hospital y las casas de los protagonistas, pero eso no frena a sus realizadores a la hora de perseguir la línea de televisión de calidad actual, es decir, trabajarse un aspecto cinematográfico. Así, llama rápidamente la atención por su magnífica fotografía y termina de atraparte con su tempo narrativo modélico (aunque obviamente este tenga mucho que ver también con el guión).

La temporada fluye sin fisuras, altibajos o huecos, todo está colocado con precisión milimétrica para que la trama y los personajes avancen a la par con un ritmo templado pero absorbente, para que cada nuevo paso y giro de acontecimientos vaya aportando poco a poco nuevas capas. Pero la obsesión por colocar cada pieza destrás de la anterior se traduce en que resulta predecible, pues no deja espacio a la sorpresa inesperada, a que el universo crezca por su cuenta de forma más natural. No hay giro, destino y escena que no se pueda intuir de antemano, ningún evento llega de forma que nos coja desprevenidos. Y aunque se acepte que la trama esté limitada porque quieren relatar algo muy concreto y se perdone porque la construcción de personajes es exquisita, la falta de vidilla y riesgo termina perfilando una narración demasiado encorsetada. Ni siquiera en el tramo final se atreven a sorprender. Huelga decir que las obras bien escritas y bien ejecutadas tienen su valor, y más si no hay fallos notables que mencionar, pero es obvio también que para dejar huella hay que arriesgar e innovar aunque sea un poco.

THE SPOILS OF BABYLON – MINISERIE.

The Spoils of Babylon
IFC | 2014
Productores ejecutivos: Andrew Steele, Matt Piedmont, Will Ferrell.
Intérpretes: Tobey Maguire, Kristen Wiig, Will Ferrell, Tim Robbins, Haley Joel Osment, Jessica Alba, Val Kilmer.
Valoración:

Esta miniserie cortísima, pues además de solo seis capítulos estos son de veinte minutos, es una parodia de las producciones de los años setenta y ochenta que narraban grandes epopeyas-drama generalmente basados en largas y exitosas novelas (El pájaro espino, Raíces, etc.). El emprendedor hecho a sí mismo en su lucha en solitario contra hombre y naturaleza, el romance complicado y con tintes de culebrón (los hermanos se enamoran), la historia de largo recorrido (de padres a nietos), las guerras que rompen familias, los hijos bastardos, las traiciones y asesinatos, el reflejo de la época (guerras, crisis, movimientos culturales y sociales), los secretos que te llevan a la tumba, ambiciones que rompen familias, amores y despechos, distanciamientos y reencuentros… The Spoils of Babylon lo ridiculiza todo con un humor absurdo estilo Aterriza como puedas, Top Secret y los programas de sketches (números cómicos tipo Vaya semanita) de los que precisamente vienen sus creadores, entre ellos el actor Will Ferrel.

Guión y puesta en escena se confabulan en esta visión delirante del género (atención a las maquetas y la cutre guerra), pero su pilar básico son los personajes, unas representaciones completamente pasadas de rosca de los clichés más clásicos. Will Ferrel interpreta al autor de la novela y realizador de la serie, una versión exagerada de esos novelistas orondos y directores reservados e imponentes que son característicos del género; sus introducciones y epílogos son tronchantes. El padre de familia que como luchador incansable llega de la miseria a la riqueza está en manos de Tim Robbins, quien capa muy bien el tono burlesco (geniales sus miradas a la cámara). Un también hábil Tobey Maguire es el protagonista principal, el hijo adoptado que vivirá de todo hasta que la muerte le alcanza y se pone a relatar su vida. Igual de acertada está Kristen Wiig como la hermana cuya pasión por él le lleva a cometer actos de locura. Haley Joel Osment (o el tipo que se comió a Haley Joel Osment), que no levanta cabeza desde el éxito de El sexto sentido, está fantástico en la parodia de hijo repelente y egoísta.

Empieza fuerte en los dos primeros capítulos, estampándote en la cara su humor absurdo sin límites, sus personajes tan llamativos y una serie de chistes muy acertados. El hallazgo de petróleo, la esposa tontita que se echa el protagonista para distanciarse (¡un maniquí!), los celos de la hermana ante su presencia, la maduración de él en la guerra y algunas otras escenas son divertidísimas.

Pero se desinfla rapidísimo, algo imperdonable viendo su escasa duración. Una vez expuestas las bases del relato los guionistas se quedan sin inspiración. Los episodios siguientes se sustentan por la calidad de los personajes, pues las historias solo ofrecen un par de chistes estirados de mala manera durante veinte minutos. El capítulo que representa el viaje emocional del protagonista entre drogas, música y cine, con mil referencias cultas metidas con calzador, es un coñazo que además desentona mucho, y de ahí en adelante apenas se recupera, solo la aparición del rol de Haley Joel Osmen da para alguna buena situación. Otros secundarios como Jessica Alba pasan sin pena ni gloria. Los giros finales, las esperables revelaciones y muertes trágicas, era inevitables, pero no les sacan partido. La serie termina rozando el aburrimiento a pesar de que apuntaba maneras. Quizá valiera para emitir a trozos como sketches dentro de otro programa, pero como producción independiente no tiene densidad suficiente para dejar huella.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 5, PARTE 1.

The Walking Dead
AMC | 2014
Productores ejecutivos: Scott M. Glimpe, Greg Nicotero, Gale Anne Hurd, David Alpert.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Chad L. Coleman, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lawrence Gillard, Michael Cudlitz, Josh McDermitt, Seth Gilliam, Alanna Masterson, Christine Woods.
Valoración:

Alerta de spoilers: Repaso a fondo la trama y algunas muertes.–

Empezamos con los caníbales de Terminus. Como cabía esperar nuestros protagonistas se escapan, y como también se veía venir es un episodio de acción intensa. Debería haber mostrado más intriga, pero ahí falla bastante al no saber forjar inquietud por el destino de los protagonistas. Escenas tan cutres como la de su ejecución interrumpida o la facilona redención de Carol echan por tierra ese aspecto.

Pero al menos no es un final cerrado donde se pasa a otra cosa sin más, sino que, primero, deja secuelas en los personajes, y segundo, todavía hay supervivientes que atosigarán al grupo en su huida. El final de Bob es impactante, y la aparición del cura muy interesante (en especial por la gran interpretación de Seth Gilliam -The Wire-). Además la pausa en la iglesia dura poco, porque enseguida continuamos con las tramas pendientes: el destino de Beth y la búsqueda de la cura en Washington.

La estancia de Beth en el hospital, como prisionera más que invitada, produce bastante congoja. Para los pocos capítulos con los que contaban se han montado otra distopía postapocalíptica inquietante y que en ningún momento recuerda a la del gobernador aunque el objetivo sea el mismo: subyugar a la población con una falsa realidad y fingidas esperanzas. La pequeña dictadura del grupo de policías es oscura e inestable, y Beth cuelga de la cuerda floja en cada capítulo, transmitiéndose bien al espectador el temor por su destino. El tramo final aborda su intento de rescate, que da bastante de sí en la evolución de los personajes (incluyendo los habitantes del hospital, algunos muy atractivos: la policía que dirige el cotarro, el médico, el joven amigo), pero que carece de garra en cuanto a contenido y acción. De hecho el golpe de efecto final puede considerarse sensacionalista, porque está claro que los guionistas se cargan a uno de los favoritos del público para forzar la conmoción; aunque también es cierto que funciona en el sentido de seguir remarcando que aquí puede morir cualquiera.

Por el otro lado, se hace patente que la cohesión del grupo no es tan sólida como quisiera Rick, pues está el sueño de Washington, donde el tipo raro de Eugene afirma que puede ayudar a encontrar la cura. El carisma de Abraham (que emerge principalmente del actor Michael Cudlitz) y el juego casi de parodia que se traen los guionistas con el friki de Eugene sustenta la parte de los que quieren seguir ese camino, donde hay caracteres que cada vez tienen menos valor: los cansinos Maggie y Glenn. El giro con Eugene es brutal, y supone un punto de ruptura para los personajes muy logrado.

En la parte de Rick, él y su hijo son los aburridos, y Carol, Daryl y en menor medida Tyreeese quienes mantienen el interés. La búsqueda de Beth da para una buena aventura de supervivencia, recordando lo peligrosas que son las ciudades, tanto por los muertos vivientes como por los humanos. Pero como decía, al final se desinfla en un cierre de temporada de mucho hablar y poco hacer que intenta basarse únicamente en una sorpresa trágica. Su falta de garra sin embargo no empaña los capítulos previos, algunos bastante buenos.

Esta mitad de temporada termina suponiendo un punto y aparte completo, porque no queda una trama abierta como en etapas previas o como la que dio comienzo a esta. Lo único que sé es que la veré. Ya sé que no va a conseguir llegar a más de lo que ha dado estos dos últimos años, pero con eso basta para tener un buen entretenimiento. Soñar con una gran serie a estas alturas es absurdo, solo queda esperar que no vuelvan a dar un patinazo.

Ver también:
Temporada 4, parte 2.
Temporada 4, parte 1.
Temporada 3, parte 2.
Temporada 3, parte 1.
Temporada 2, parte 2.
Temporada 2, parte 1.
Temporada 1.
Episodio piloto.

BROADCHURCH – TEMPORADA 1.

Broadchurch
ITV | 2013
Productores ejecutivos: Chris Chibnall.
Intérpretes: Olivia Colman, David Tennant, Jodie Whittaker, Andrew Buchan, Jonathan Bailey, Arthur Darvill, Adam Wilson, Charlotte Beaumont, Pauline Quirke, Vicky McClurem, Simone McAullay, David Bradley.
Valoración:

La emisión de la producción inglesa Broadchurch tuvo muy buenas audiencias y críticas, cosechando varios premios (BAFTA incluidos) y convirtiéndose en todo un fenómeno al estilo Twin Peaks, con la gente ansiosa por saber quién sería el asesino. Pronto se exportó a varios países, incluyendo España, donde se volvió a demostrar el poco gusto y respeto por la televisión de calidad, pues Antena 3 reeditó algún episodio a su antojo. También alucinante es que la FOX la compró pero no para estrenarla en EE.UU., sino que se montó un remake (llamado Gracepoint) en modo clonación, es decir, copiando escena a escena. Para rematar el absurdo contrataron al mismo actor principal. Como es esperable la han puesto a parir por ser una imitación sin alma. Mientras, la original nació como miniserie pero explotarán su éxito con más temporadas.

En una pequeña ciudad costera aparece muerto un niño de once años, y como ahí nunca ocurría nada el evento causa conmoción. El caso lo lleva un detective nuevo en el lugar, famoso porque se le señala como causante del fracaso de otro caso semejante, y le acompaña una detective local, no acostumbrada a investigaciones de esta índole. Vemos también la forma en que la tragedia afecta a la familia y a sus allegados, quienes además serán los principales sospechosos.

Lo primero que se observa al empezar el visionado es que es una serie para el gran público. No esperéis complejidad, inteligencia o profundidad como en The Killing o True Detective, los referentes más recientes del género. Es una producción facilona, directa y previsible. Entiendo que haya obras para todos los espectadores, pero como ocurre en más ocasiones de la cuenta aparece la eterna cuestión: ¿por qué se sigue tratando al gran público como estúpido e ignorante? La respuesta está en las audiencias. Ha sido un exitazo. Y con tal recepción me esperaba una gran serie. Iluso de mí, que vivo en una burbuja. Podría aceptar que fuera solo un entretenimiento ligero, que no se inclinara por complejas reflexiones ni pidiera un bagaje cultural inalcanzable para la masa de espectadores, pero es que se va al extremo de parecer un panfleto de la derecha más rancia y casposa. Su tono simplón, manipulador y conservador es exasperante a veces, sobre todo en el capítulo final: el vidente queda como bueno, el cura y la religión unen al pueblo y curan heridas, los periodistas se vuelven buenos, las familias se unen ante la adversidad, todo el mundo tiene su momento de redención…

Si no se te atraganta ese estilo, lo que queda es un thriller básico bastante aceptable y entretenido, aunque cualquier espectador curtido verá sus costuras rápidamente. La trama es de manual, de primero de carrera de guionista, como se suele decir, con lo que arrastra obviedades y giros previsibles en tal cantidad que nada va a sorprender. Cada episodio se centra en un falso sospechoso que es presentado en el capítulo previo en las escenas finales con música inquietante y será despachado en el presente cuando, tras mucho marear la perdiz, por fin se destape su secreto que lo sacará de toda sospecha. Y se pueden acertar todos (el que hace la tira fue acusado de pederasta, la señora misteriosa, fea y arisca, el amigo rarito, el cura solitario, el marido distante…) y todos sus secretos (el que estaba con la amante, el que esconde un pasado que pondría al pueblo en su contra, el que estaba robando -y prefiere que lo acusen de asesinato antes que de hurto menor, por lo que se ve-, etc.). Y claro está el culpable finalmente será el más improbable de todos.

Agujeros también hay. La investigación halla pistas solo cuando el guionista quiere avanzar, siendo algunas realmente absurdas, como el pelo encontrado en un barco carbonizado. Situaciones cogidas por los pelos cuando no directamente increíbles también se encuentra en cantidad: el detective que va sufriendo infartos mientras anda, la reunión post-entierro montada en el local de un personaje solo porque es personaje, porque ahí no pintan nada viendo la relación de este rol con la familia, etc.

La pareja de detectives y algún secundario como la madre del fallecido son el alma de la serie. La evolución de la relación entre ellos y ver cómo enfrentan la situación es lo único realmente logrado, porque el caso es poca cosa (y se va desinflando) y arrastra al resto de personajes, que quedan como objetos de la trama. Alec Hardy y Ellie Miller son prácticamente opuestos. Ella es sencilla y cercana a la gente, él frío e implacable, y trabajar juntos no será fácil. Las peleíllas, incluidos algunos toques de humor, son muy interesantes. Y los actores Olivia Colman (con una larga carrea en Reino Unido) y David Tennant (conocido por Doctor Who) están francamente bien, aunque con el éxito se ha sobrevalorado su labor, sin ir más lejos Tennant estuvo bastante mejor en su reencarnación del Doctor Who. Por otro lado Beth Latimer (Jodie Whittaker), madre del chico asesinado, vive una tragedia que, aunque a veces tire de sensacionalismo, aporta un drama humano bastante certero. Pero más allá hay poco que disfrutar. El marido es un cliché andante y el actor muy flojo, y el resto de secundarios son mero relleno; sólo salvaría al anciano tendero, el único que aporta una subtrama más completa y seria.

No puedo terminar sin decir que si buscáis un thriller de corte realista realmente bueno no hay que salir de Reino Unido: la mítita Principal sopechoso (Prime Suspect) cumple todos los requisitos del género con notable alto.

FARGO – TEMPORADA 1.

Fargo
FX | 2014
Productores ejecutivos: Noah Hawley.
Intérpretes: Billy Bob Thornton, Martin Freeman, Allison Tolman, Colin Hanks, Bob Odenkirk, Keith Carradine, Joey King, Oliver Platt, Susan Park, Joshua Close.
Valoración:

En algún momento alguien dijo, “vamos a hacer una serie de Fargo“, y en seguida saltaron las alarmas. ¿Cómo vas a coger un título de culto como éste, una obra de referencia de los hermanos Cohen, y vas a conseguir mantener su originalidad, su estilo, su esencia y fuerza? Parecía destinado al fracaso. Olía a sacar réditos de una obra de renombre. Y la sorpresa fue mayúscula cuando se estrenó. La creación del poco conocido guionista Noah Hawley (Bones, The Unusuals) logra ser fiel y a la vez novedosa, mantiene todas sus características sin saber a imitación barata. Es una adaptación excelente a la par que una reinvención genuina, y otro ejemplo del buen estado de las series de televisión.

Su inicio es muy potente, enlazando varios capítulos magistrales que enganchan con tal contundencia que acabarás viendo la temporada en modo maratón. Quien fuera con las garras afiladas buscando compararla con el original y ponerla a parir se quedaría a cuadros. Desde los primeros minutos se ve el tono y la atmosfera captados a la perfección. Los personajes raritos, medio lelos o salidos de madre, el pueblo donde no pasa nada y todo va despacio, los crímenes llevando a los protagonistas por un sendero de maldad sin aparente retorno, los diálogos extraños (ese “heck” en vez de “fuck” -algo así como “córcholis” en vez de “joder”-), el humor negro único… Y se remata todo con numerosas referencias al particular universo de los Cohen, como el cartel con el ruso blanco (la bebida favorita de El gran Lebowsky) o la escena del aparcamiento que homenajea a la propia Fargo, entre otros.

El elemento que más sobresale es sin duda su grupo de personajes. El dibujo es complejo y detallista, de forma que hasta gestos sutiles y situaciones del entorno (historias del pasado, relaciones) son imprescindibles para ir definiendo y moldeando sus personalidades a través de evolución muy bien expuesta. Y en ellos destaca ese punto socarrón, ese humor negro deudor del original y tan bien captado: todos son peculiares, excesivos en algún sentido, lo que los hace realmente característicos y carismáticos. Lester no es el primer ser humano en caer en los crímenes pasionales, ni Lorne Malvo el primer asesino despiadado, ni Molly la primera policía competente en una comisaría llena de patanes y vagos. Pero todos tienen algo que los convierte en personajes únicos que enamoran desde sus primeras apariciones. Incluso el temible psicópata de Malvo se gana admiración eterna a pesar de su vena hijoputa, su afán por cachondearse y torturar psicológicamente a la gente. Suyas son muchas de las mejores escenas, como cuando es capaz de espantar al joven policía solo con palabras amenazantes, cuando finge ser un cura, cuando asusta al niño con historias de fantasmas…

Martin Freeman está bien en su rol, pero quien haya visto más del actor verá que en los últimos años no hace sino repetir los mismos tics, como si hubiera llegado a un tope. Puedes coger una escena de El Hobbit o de Sherlock y ponerla en medio, que no se notaría diferencia en la interpretación. Por suerte ese histrionismo es justamente lo que necesita Lester Nygaard, y funciona francamente bien aunque en algunas escenas sobreactúe demasiado. Billy Bob Thornton como Lorne impone respeto a la vez que divierte con su vena gamberra, mostrando un carisma impresionante. Y la desconocida Allison Tollman (la agente Molly) arrasa con una interpretación muy natural y creíble gracias a su extraordinaria capacidad para traslucir lo que está pensando y sintiendo solo con el gesto y la mirada. Por cierto, ¿por qué ese empeño en presentarla a los premios de la temporada como actriz secundaria? ¡Es la maldita protagonista! Aunque sabiendo el sinsentido que son me da igual si al final gana o no: su papel quedará para la posteridad con o sin Globos y Emmys.

El resto de personajes no se quedan atrás, resultan todos deliciosos. El joven policía cobarde (Gus, muy bien interpretado por Colin Hanks) y su simpática hija, el padre de Molly (Keith Carradine), el nuevo jefe de policía (un fantástico Bob Odenkirk -el abogado de Breaking Bad-), el gran Oliver Platt como el rey del supermercado, la espectacular Kate Walsh como zorra atontada… Hasta la aparición más secundaria y anecdótica tiene algo que aportar en estilo y gracia, como por ejemplo los compañeros de trabajo de Lester.

En lo visual también alcanza muy buen nivel, con una labor de dirección completamente cinematográfica apoyada en una fotografía soberbia. La banda sonora es peculiar y con personalidad, realzando precisamente la gran personalidad que logra la serie en su conjunto. Solo pondría como pega que algunas escenas resueltas con efectos especiales digitales (la niebla, la nieve -nunca moja, oye-, los peces, la sangre) cantan bastante y sin duda hubieran quedado mejor con trucajes clásicos.

Pero no todo son maravillas, pues algunas pequeñas imperfecciones son evidentes, sobre todo porque estamos ante un producto por lo general cuidado hasta el más mínimo detalle. Hay algunos gazapos y trampas argumentales que no me han gustado. Por ejemplo: en el crimen que da pie a la trama, ¿qué hace Nygaard con los cartuchos de escopeta que tenía en la mano?… no los esconde, desaparecen sin más; el agujero que hace el taladro de hielo es mucho más grande que su diámetro, porque sino no cabía el cuerpo… podían haberlo disimulado mejor; me sobra el mensaje de hechos reales en cada capítulo, que resulta cansino… el chiste ya está hecho, deja de exprimirlo; a veces ponen flashbacks para tontos, de esos que te dan mascadita la unión entre escenas, aunque la escena anterior haya ocurrido hace diez minutos (menos mal que ocurre pocas veces); en el final, la pistola de Lester debería haber disparado, no es necesario sacar cada casquillo cual escopeta, con lo que queda como un truco barato y tramposo para que el otro personaje siga vivo.

Pero el problema más importante es que conforme avanza la temporada da la impresión de que se va estirando el argumento, dando más vueltas de la cuenta sobre algunas tramas. Por ejemplo el tema del rey del supermercado está demasiado alargado para ser algo tan secundario o ajeno al resto, y la introducción de los agentes del FBI podría haberse agilizado. Termina resultando evidente con el salto temporal, a partir del cual parece otra temporada u otra historia. El guionista se empeña en añadir más en vez de en rematar bien lo que había, y la intriga y la fuerza del relato se diluyen bastante. Llega al punto de tener un episodio de transición aburrido con unas pocas escenas completamente sobrantes, como el cuento del inmigrante perdido, que resulta tedioso y no aporta nada. Describir la nueva situación de Lester y Lorne y lo lentamente que se relanza la aventura va minando el interés, y cuando por fin llega a algo resulta además predecible, porque llevamos varios capítulos viendo a los personajes dirigirse hacia esas situaciones.

Con mejor ritmo, los giros de la trama y los pasos finales de los protagonistas habrían impactado más, pero me temo que se empeñan en hacer una miniserie larga (diez en vez de cinco o seis capítulos). Eliminando ese cambio de juego innecesario y con un cierre más potente probablemente hubiera sido una obra maestra. He dudado mucho sobre qué nota darle. Por un lado, es original hasta resultar única, sus personajes son inolvidables, la puesta en escena excelente, el tramo inicial memorable. Por el otro, se estira hasta acabar casi decepcionando, casi rompiendo el hechizo. Al final me parece que se puede considerar sin problemas como una “genialidad imperfecta”, que tiene cualidades de sobra para considerarla una de las grandes del año y un visionado imprescindible para cualquier seriéfilo.

Su éxito ha empujado a que rueden otra temporada, pero por suerte no exprimirán las mismas situaciones y personajes, sino que será otra aventura distinta pero del mismo estilo, como American Horror Story o True Detective.

BOARDWALK EMPIRE – TEMPORADA 5 Y FINAL.

Boardwalk Empire
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Terence Winter, Timothy Van Patten.
Intérpretes: Steve Buscemi, Michael Shannon, Kelly McDonald, Shea Whigham, Stephen Graham, Vincent Piazza, Michael K. Williams, Jeffrey Wright, Gretchen Mol, Anatol Yusef, Patricia Arquette, Marc Pickering, John Ellison Conlee, Ben Rosenfield.
Valoración:

Alerta de spoilers: Final de serie, spoilers en cantidad.–

Sensaciones encontradas y cierto sabor agridulce me dejado la última temporada de Boardwalk Empire, y por ello la crítica podría ser algo subjetiva. Siempre ha sido una serie que no terminaba de convencer del todo, de encontrar su camino. Todo en ella apuntaba alto, todo parecía llevar a otra gran obra con el sello HBO, pero salvo en su tercera temporada, por espectacular más que por algún salto cualitativo notable, nunca ha llegado tan lejos como se esperaba. Siendo escasa la audiencia que lograba mantener y no habiendo alcanzado el prestigio esperado, la cadena decidió ponerle fin antes del plan de seis o siete temporadas que tenía en mente su creador Terence Winter. Si bien los seguidores nos hemos salvado de una cancelación lo cierto es que la temporada corta (ocho capítulos en vez de doce) que le han dejado rodar para darle un cierre digno no me ha resultado del todo satisfactoria. Sin duda es mejor tener esto que nada, pero resulta un epílogo algo forzado donde el destino final de los protagonistas no es tan redondo como el de otros que fueron terminando sus historias en etapas previas. Salvo el de Nucky, ningún desenlace me ha causado tanta impresión como los de Jimmy Darmody, Richard Harrow o incluso Owen Sleater.

El principal problema es que cuesta entrar en el relato. Para acercarse al final que buscaban sus autores han de pegar un salto temporal hasta los momentos finales de la Ley Seca, y ello arrastra varias consecuencias. La primera es la sensación de desapego. La posición de algunos personajes es más o menos la misma (Margaret sobre todo), pero la de la mayoría no, y el cambio brusco descoloca. Tener que adaptarse a una nueva dinámica cuando lo que esperas es el final es un caldo de cultivo para que te cueste conectar con lo narrado. Hay casos sangrantes y casi insultantes hacia el espectador, como el de Arnold Rothstein, que muere fuera de pantalla, pues su caída ocurre años antes de empezar este tramo. Si con Nucky decidieron apartarse de la realidad para poder moverse con más facilidad, ¿por qué con este no? O simplemente meter un flashback a su caída. No creo que fuese tan difícil. Lo que no puede ser es que uno de los principales jugadores desaparezca del tablero sin más justo cuando por fin estaba resultando más interesante.

La sensación de que la narración se torna arrítmica también es importante. Siempre ha sido una serie más lenta que pausada donde el cambio gradual en los personajes se desarrollaba despacio y sutilmente. Al Capone tarda cuatro temporadas en empezar a ir por su cuenta. Luciano y Lansky quedaban tan relegados como trasfondo que, aunque resultaban entretenidos, te olvidabas de ellos cuando pasábamos a otra escena, y además no daban la impresión de ir a ninguna parte. Van Alden también dio mil vueltas sin un destino claro. Y ahora empezamos con todos en lo alto de sus carreras, para en pocos capítulos verlos cambiar de golpe otra vez. En el primer ejemplo incluso se agradece, pues la trayectoria de un secundario como Capone, siempre muy alejado de las tramas principales, se agiliza muchísimo, dando más fuerza y ritmo a su sección, corrigiendo un error previo del que siempre me he quejado: la falta de energía en algunas historias secundarias. Pero con Van Alden la sensación que me transmite es contradictoria. Por un lado queda como un secundario casi cómico, un mero relleno, cuando por tiempo en pantalla se esperaba algo importante de él desde hace muchas temporadas. Por el otro, su aventura con Eli se torna muy emocionante hacia el final y tiene un par de giros espectaculares… aunque también alguno un tanto absurdo, como el lío de Eli con la mujer de Van Alden.

Por suerte con Lansky y Luciano, una vez pasado el bache de la nueva situación, hay que decir que su sección da bastante juego, aunque sea la clásica trama de mafias enfrentadas. Es sin duda porque conecta con el hilo principal, es decir, con Nucky, con lo que adquiere mayor relevancia e interés. Pero también mosquea un poco que de repente tengamos a Lucky Luciano metido en las grandes familias y pasando a la ofensiva para hacerse con el trono, cuando era poco más que un traficante local la última vez que lo vimos. Volviendo al lado bueno, su plan para acabar con Nucky está bien desarrollado y su victoria es uno de los grandes momentos de la serie: Nucky de rodillas, suplicando por su vida.

Luego tenemos los finales que no terminan de ser realmente jugosos. Chalky era ya un personaje principal más, pero aquí su trama vuelve a ser algo secundario, casi irrelevante. El periplo como preso a la fuga es intrascendente, y cuando por fin llega a algo tangible parece muy forzado. ¿Pero por qué se deja matar? ¿Por qué no se carga a Narcisse como tantísimas ganas tenía de hacer? Su cambio de opinión y su sacrificio por la chica no resultan nada creíbles. Date a la fuga con ella, sácala de ahí… pero la negociación chapucera con su archienemigo y su forma de dejarse aplastar con cuatro palabras me parece un despropósito.

En medio de la nada está Margaret. No acaba mal, porque muestra bien su evolución: siempre ha sido el personaje que más ha ido cambiando, y terminamos su viaje con su maduración total. Ahora es independiente, sabe jugar con la ambigüedad moral del mundo sin hacerse un lío o sufrir más de la cuenta, y vuelve al círculo de Nucky con un giro hábil de guión. Pero entre su ausencia en la etapa anterior (por el embarazo de la actriz) y los pocos capítulos de ésta parece que no han sido capaces de volverla a poner en un primer plano llamativo. No tiene ni una trama (el rollo de la bolsa aburre) ni un final que impresione, que deje huella, que haga recordable su presencia. Pasa sin pena ni gloria.

Nucky también empieza un poco raro. ¿No se suponía que quería dejarlo todo, no había encontrado solaz en Cuba con su nueva amante? Ahora resulta que sigue empeñado en ser alguien importante. ¿Ha estados siete años de vacaciones y empieza a moverse ahora, o ha estado luchando y agonizando (está casi en la ruina) todo este tiempo? No queda claro. Lo que sí es evidente es que nos acercamos al final de su historia, y los guionistas tiran de melancolía y sentimentalismo para atrapar al espectador en sus últimos momentos. Aunque el Enoch real vivió muchos años, todos sabemos que esta versión tiraba más por la ficción y dábamos por sentado que la serie acabaría con su muerte. Y resulta evidente que será así cuando abordan la temporada alternando el presente con el pasado, mostrando su crecimiento como persona en las etapas claves de su vida.

En principio no me convencía este ejercicio más cercano al sensacionalismo predecible que al buen drama. Lo que nos cuentan ya lo conocemos de sobra (su situación familiar en la infancia, su acercamiento al Comodoro y a las prácticas criminales, el tema Gillian), y el ritmo de esos flashbacks es más bien moroso. Pero también sirve, aunque sea un recurso de manual, para dar más realismo o humanidad al rol principal, y a la larga vemos que va todo bien encaminado: hacia el final de la temporada la conjunción de presente, pasado, intentos de redención, fracasos… todo se va uniendo dando forma a un drama trágico de buen nivel. Y con los actores para Nucky de niño y de joven/adulto lo han clavado, en especial con el segundo. Solo hay algún detalle que no me gusta, pero es totalmente opinión personal: el final de Gillian es demasiado duro, me ha resultado hasta desagradable. ¿De verdad era necesario cebarse tanto con ella?

La muerte del gran Nucky llega cuando se esperaba, pero al menos lo hace con un giro impactante, la venganza inesperada de Tommy Darmody, el niño que vivió en el tormento porque Nucky arrastró al infierno a su padre Jimmy y a su abuela Gillian. Alguno lo intuyó antes, sin duda; no es mi caso, no veía en él más que un secundario más que formaba parte del intento redentor de Nucky. Luego echo la vista atrás y me pregunto por qué el chaval no se lo cargó antes con todas las oportunidades que tuvo, o si es verosímil la suerte que ha tenido de llegar en un tris a ser su principal sirviente. Pero son minucias: podía estar tanteando el terreno, viendo si merecía el perdón, podría haber llegado ahí por suerte y haberse topado de repente con la posibilidad de hacerlo; además, matar la primera vez no es fácil, y más con fuerte conexión emocional de por medio. Terminamos con un fundido en negro, dejando a Nucky abrazando una muerte llena de violencia, es decir, tal y como ha vivido. Sin embargo me sobraba en plano lírico Nucky de niño cogiendo la moneda, me resulta poesía barata.

Para terminar he de decir que la puesta en escena no parece tan cuidada como de costumbre. Quizá contaban con menos dinero y tiempo, porque los realizadores dan la impresión de ir siguiendo el manual, sin buscar con tanto ahínco la expresión artística. Por todo ello la última temporada de Boardwalk Empire resulta la más irregular de todas, donde el ritmo, del que siempre ha ido justito, más se resiente. Además le sumamos que no todos los personajes tienen un buen cierre, con lo que no me sorprendería que muchos la consideren decepcionante. Para mí nunca decae tanto como para hablar de una sesión completamente fallida, pero vuelvo al principio del artículo: se esperaba amucho de ella, tenía potencial para mucho más. En los dos o tres capítulos finales da lo mejor de sí, y la caída de Nucky es realmente buena, pero no basta para levantarla. Boardwalk Empire llegó con muchas miradas puestas en ella, no deslumbró y se va sin hacer mucho ruido.

Ver también:
Temporada 4.
Temporada 3 (pendiente de escribir).
Temporada 2.
Temporada 1.