JUEGO DE TRONOS – 401 – DOS ESPADAS.


401 – Two Swords
Escritores: David Benioff, D. B. Weiss.
Director: D.B. Weiss.
Valoración:

Sinopsis:
Tyrion recibe a la comitiva Martell que llega para la boda de Joffrey. Pero el cabeza de familia, Doran, no viene, ha enviado a su polémico hermano Oberyn, cuyas asias de venganza sobre los Lannister son bien conocidas: ellos asesinaron a su hermana Elia y los hijos de ésta cuando arrebataron Desembarco del Rey a los Targaryen, pues estaba casada con Rhaegar, hijo del rey Aerys.

Tyrion discute con Shae porque la tiene dejada de lado. Sansa mantiene su espíritu a duras penas. Margaery elije joyas para la boda. Jaime se adapta a su nuevo puesto como comandante de la Guardia Real mientras Cersei se mantiene fría y distante porque está dolida por su larga ausencia. Dany continúa su marcha hacia Meereen. Daario intenta ganarse su favor. Jon Nieve enfrenta las acusaciones de sus superiores.

Frases:
-Sansa: ¿Me disculpáis, mi señor? Me gustaría visitar el bosque de dioses.
-Tyrion: Por supuesto, por supuesto. Rezar puede resultar de ayuda, por lo que se dice.
-Sansa: Ya no rezo en absoluto. Es el único sitio al que puedo ir sin que la gente se ponga a hablarme.

-Jaime ¿Crees que quería que me hicieran prisionero?
-Cersei: No sé lo que querías. No estabas aquí. Me dejaste sola.
-Cada día que fui prisionero planeaba mi fuga. Cada día. Asesiné a gente para poder estar aquí contigo.
-Tardaste demasiado tiempo…
-Yo… ¿Qué tratas de decir?
-Digo que tardaste demasiado tiempo.

-Brienne: Hicisteis una promesa.
-Jaime: Llevar a las hijas de Stark de vuelta con su madre, que ahora está muerta.
-Mantenerlas a salvo.
-Bueno, Arya Stark no ha sido vista desde que su padre fue ejecutado. ¿Y dónde os pensáis que está? Apostaría a que está muerta. Se está bastante seguro estando muerto, ¿no creéis? Y Sansa Stark es ahora Sansa Lannister. Un pequeño contratiempo.
-Un contratiempo no os exime de un juramento.
-¿Qué pretendéis que haga? ¿Que secuestre a mi cuñada? ¿Y que me la lleve adónde? ¿Dónde estará más segura que aquí?
-Miradme a los ojos y decidme que creéis que estará a salvo en Desembarco del Rey.

-Arya: ¿Te pasa algo en la pierna, chico?
-Polliver: ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
-¿Puedes caminar? ¿Tengo que llevarte?
-¿Llevarme?
-Buena espadita. Quizás me limpie los dientes con ella.

Comentario:
Estupendo capítulo de inicio de temporada, de transición entre etapas. Aparecen las secciones más importantes el tiempo suficiente para recolocar las piezas en el tablero. Nada sobra, nada falta. Hasta pequeñas apariciones, como la de Brienne, encajan a la perfección: ni olvidan personajes ni fuerzan su presencia con contenido intrascendente.

Solo hay dos detalles negativos que citar. El primero es la forzada escena de pseudo-terror con Sansa y Dontos. No queda bien, deja la sensación de ser excesivamente sensacionalista. El segundo es Daario. Alguno se habrá sorprendido, otros ya lo sabíamos por las noticias: el actor que interpretaba a Daario fue cambiado. Ed Skrein podría haberse ido a rodar una película, o quizá los realizadores vieron que no valía. El nuevo intérprete es Michiel Huisman, dado a conocer en Treme. Es una putada tener que cambiar un actor, porque el espectador es probable que no lo tome bien. Yo estuve cabreado mucho tiempo, pero al final no queda otra que tragar. De todas formas es inevitable pensar que siendo Daario un secundario, un mercenario más, no costaba nada mover su historia a un personaje nuevo. Además con este cambio se acrecienta la impresión de indefinición del personaje. No se sabe de qué va, tanto en motivaciones como en forma de ser. No tiene el exotismo y carisma de las novelas, y sus acciones son caóticas: en su presentación (cuando era rubio y feo) parecía un paleto chulo y de lealtad cambiante (¿cómo pudo Dany confiar en alguien que mata a sus compañeros?), luego resulta ser un niñato (la apuesta de las espadas es muy tonta), y a continuación nos lo ponen como galán inteligente (con el juego de las flores). Es un rol demasiado impreciso, como si no supieran qué hacer con él e improvisaran su escritura.

La forja de nuevas espadas a partir del espadón de Ned es muy simbólica: es el último golpe a los Stark. También sirve como base de la conversación entre Tywin y Jaime, muy descriptiva sobre ambos personajes y bastante divertida. La disputa con Cersei es estupenda también: ella lo rechaza porque se siente traicionada por su larga ausencia. La vida ha seguido sin él, adónde va exigiendo un hueco en ella. La conversación con Brienne no se queda atrás: ella le recuerda sus votos y promesas, y él intenta hacerle ver que no todo es blanco o negro. Todos estos diálogos tienen un punto de humor muy conseguido, rematado con el chiste de despedida a Qyburn con la mano postiza.

Resulta un episodio que exprime muy bien a Jaime, y el actor Nikolaj Coster-Waldau está estupendo. Por cierto, la armadura de la guardia real es distinta, le han quitado el blanco y el metal es más dorado; antes parecía de chapa barata, ahora es algo mejor, quizá porque el color le da más realismo… pero su diseño sigue sin gustarme, parece hecha de sobras y con piezas muy pequeñas que no garantizan mucha protección. También podemos criticar el hecho de que los realizadores improvisen también en estas cosas de mala manera, pero bueno, podría justificarse con que han rehecho las armaduras como ha forjado Tywin nuevas espadas; solo que no se indica en ningún momento.

La presentación de Oberyn Martell y Ellaria es magnífica. El personaje arrasa en su primera aparición, y el actor Pedro Pascal se ve muy cómodo en su papel. Ella (Indira Varma, vista en Rome) probablemente quede en bastante segundo plano, pero tampoco es que necesite más, y también causa buena impresión. De nuevo pasamos por otra escena de sexo… pero esta es de las más justificadas. Describe a los personajes, sus intereses e ideales, y enlaza con el resto de su presentación: en la disputa con los Lannister se expone el contexto histórico entre las dos familias.

Tyrion está asqueado de la corte, y Shae lo sufre, abriéndose una brecha entre ambos. Pensábamos en cómo encararían los guionistas el cambio de situación entre ambos, porque la relación ha sido bastante realzada (repitiendo más de la cuenta cuánto se aman), y aquí empezamos a vislumbrar la respuesta. Margaery se prepara para la boda, Olenna está espectacular como siempre. Y Sansa sigue hecha polvo; su escena con Dontos es importante de cara al futuro.

Dany no tiene escenas de gran importancia, pero es necesario mostrar su camino a Meereen, en el que enfrenta nuevos retos: Daario le da una valiosa lección, pero ella a él también, y además descubre hasta dónde puede llegar el reinado de terror de los esclavistas, lo que refuerza su determinación.

Jon enfrenta un juicio por su posible traición y ruptura de votos, teniendo que aguantar al estricto Allyser Thorne acompañado ahora además por otro miserable y rencoroso, Janos Slynt. Con ayuda del Maestre Aemon se defiende bien. La escena es intensa y aunque sale airoso está claro que Jon seguirá teniéndolo muy difícil. Además se muestra de forma clara evolución en el personaje: su maduración y seguridad son evidentes. No nos olvidamos de los Salvajes. Por fin los guionistas se toman en serio dotar al grupo de Tormund de efectivos bien justificados, que antes crecían y decrecían en número según el capítulo lo necesitara, algo imperdonable en una serie de este calibre. Eso sí, me parece un tanto exagerada la presentación de los thennitas, con la fantasmada del canibalismo, que abre un montón de preguntas: ¿sólo comen carne humana?, ¿solo la de otras tribus de salvajes o se matan entre ellos?, ¿y Mance y demás aceptan a ese tipo de gente?, ¿o solo es un ritual o capricho casual que se toman con los enemigos del sur del Muro? Espectacular e inquietante no tiene por qué equivaler a inverosímil.

Y acabamos con una secuencia muy larga pero deliciosa: Arya y el Perro congeniando de forma fantástica como siempre. En menuda pareja de secundarios se han convertido, no cómicos pero sí de relax aventurero entre tanta intriga política. Estupendos diálogos y gestos de complicidad (de nuevo deslumbra la joven Maisie Williams) ofrecen algunos momentos geniales: los pollos, la vena psicópata de Arya, el final de Polliver mientras ella le recita las frases con las que mató a Lommy…

Termino con un detalle: no entiendo la cosa extraña que hacen en los créditos para ir del Muro a Meereen, lo único que consigue es marear y confundir al espectador, pues con esa vuelta caótica no hay quien se ubique en el mapa. ¿Por qué cambiar lo que funcionaba?

LOS TUDOR – TEMPORADA 4 Y FINAL.

The Tudors
Showtime | 2010
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Henry Cavill, Tamzin Merchant, Sarah Bolger, Joely Richardson, Max Bron, David O’Hara, Joss Stone, Anthony Brophy, Torrance Coombs, Joanne King, Simon Ward, Rod Hallett.
Valoración:

La cuarta y última temporada de Los Tudor se desarrolla con tres partes muy diferenciadas entre sí, estando además algo alejadas del tono habitual de los años anteriores. Las tres etapas tienen su presentación, nudo y desenlace, con lo que da la impresión de que la temporada intenta arrancar varias veces. Al no haber un nexo o trama que dirija todos los episodios hacia un destino tangible se genera la sensación de irregularidad y el ritmo se resiente. Además es obvio que Michael Hirst no tenía muy claro cómo enfrentar los últimos años de Enrique, y se traduce en algo de indefinición en el arco final.

En cuanto a personajes, se sigue notando la fuga de algunos actores. Mencionan a Cranmer como arzobispo, y debería haber estado en varias de las tramas importantes. El duque de Norfolk, ausente desde la primera temporada, formó en realidad parte de todas las intrigas palaciegas, salvándose por los pelos para continuar al lado de María cuando ella reinó. Y Sir Francis Bryan (el del parche) se esfuma como apareció, sin explicaciones. Por el otro lado los que tenemos crecen bastante y los nuevos son muy atractivos.

Edward Seymour gana protagonismo bastante bien, aunque el actor Max Brown no destaque mucho. Su oposición a la guerra y su intento de controlar a Eduardo (hijo del rey pero familiar suyo también) mantienen la intriga política correctamente, aunque ésta no alcance el nivel de las temporadas previas. Charles Brandon da lo mejor de sí, y Henry Cavill está a la altura (atención a cómo da edad al personaje con los gestos): se muestra muy bien el cambio que sufre, pasando de estar psicológicamente agotado a descubrir de nuevo el amor y la felicidad con la joven francesa. El obispo Gardiner ha llegado a primer plano casi sin darnos cuenta, permitiendo que Simon Ward deslumbre con una interpretación inquietante (su mirada de sapo rabioso ayuda mucho). Es una pena que no tuviera la esperable réplica de Cranmer, su opuesto en ideología. Así, la intriga religiosa también pierde algo de fuelle, aunque en la parte final remonta bastante cuando decide ir a por la reina. La gran incorporación del año es Henry Howard, conde de Surrey (y heredero de Norfolk), un aristócrata obsesionado con la pureza de la familia y la sangre noble y eternamente enemistado con los hombres nuevos, lo que le lleva a meterse en mil disputas, andando siempre en la cuerda floja hasta que todos se hartan de él y es ejecutado tras una pantomima de juicio. El carisma arrollador del actor David O’Hara realza muchísimo un personaje de por sí muy interesante, siendo desde mi punto de vista quien más huella deja en esta sesión.

Catalina Howard sigue siendo un torbellino de emociones, y Tamzin Merchant se adapta perfectamente al personaje. Vivaz, inmadura, caprichosa… Hace lo que le viene en gana sin pensar en las consecuencias, y así acaba. Thomas Culpepper, el criado del rey conocido por ser quien mantuviera el romance con ella, está en manos de un correcto Torrance Coombs. El chico es algo desagradable (altivo y pagado de sí mismo, con violación de una campesina incluida), pero no se le coge asco porque su descripción de niñato encaprichado es muy creíble y se mantiene bien la intriga de cuándo se descubrirá la traición. Catalina Parr es opuesta a su precursora. En ella encontramos una mujer curtida e inteligente que rechaza ser reina por miedo a cómo podría acabar, pero una vez que está ahí decide esforzarse por hacer algo para su causa. La pena es que la gran actriz Joely Richardson no tiene mucho tiempo para ser recordada a pesar de su excelente papel. Hablando de actrices destaca de nuevo la brillantez de la joven Sarah Bolger, soberbia en cada una de sus escenas; la pega es que con su rostro juvenil parece que María es siempre una adolescente, cuando acaba la serie con unos treinta años.

La primera sección del año se centra en la apasionada relación entre Enrique y la jovencísima Catalina Howard. El rey, feliz, la colma de regalos, y ella vive en un mundo de ensueño. Pero todo lo bueno llega a su fin. Mientras él realiza una gira por el norte para mantener la paz entre los recién rebelados y además se empieza a cansar de su presencia (tanto que se va a jugar a las cartas con Ana de Cleves), ella, impaciente, hiperactiva e insaciable en el sexo, empieza a aburrirse y se enamora de Culpepper. La fiel Lady Rochford es la única del séquito que pone un poco de freno a las andanzas de la reina y demás damas, pero al final cede y apoya el romance en secreto. Cuando aparece Dereham, uno que estuvo de parranda con Catalina antes de la boda real, la situación empieza a resquebrajarse en escenas de gran tensión.

Este es un tramo de pasiones, sexo y engaños centrado en unos pocos personajes, olvidando prácticamente por completo las habituales intrigas políticas donde diversas facciones mueven hilos varios para mantenerse en el poder. De esta forma el relato pierde algo de densidad, oscuridad y misterio, dando la sensación de que nos están contando poca cosa en comparación con las grandes conspiraciones anteriores. No quiere decir eso que el trío amoroso no esté muy bien narrado y sea realmente interesante, pero sí puede dar la impresión de que, en comparación con las otras temporadas, es una trama ligera y además algo estirada. Los capítulos previos a la ejecución son de hecho algo lentos. Pero cuando se descubre el lío la serie vuelve a deslumbrar. Interrogatorios, investigaciones y ejecuciones no son nuevas, pero confluyen en un episodio inolvidable: el capítulo El fondo del pozo (405) es el mejor del año. Las ejecuciones de los implicados y finalmente de Catalina resultan tan memorables como las de Ana Bolena, Tomás Moro y Thomas Cromwell.

No tarda nada el rey en encontrar una nueva reina. Catalina Parr será su sexta y última esposa. Sin embargo, comparada con las anteriores no se trabaja tanto el proceso de acercamiento y enamoramiento. No queda claro si Enrique se casa por amor o por cumplir, y por ello el inicio de la relación no es muy llamativo. Los conocidos roces entre ambos en materia religiosa funcionan mejor. En el tramo final se llega a temer por su vida, pues mientras Enrique se torna más moderado ella ataca al papado. Pronto encuentran un equilibrio y se llevan bien. Ella es incluso capaz de mantener a María cerca evitando la enemistad por sus diferencias religiosas. Hablando de María, con el paso de los años y la presión de Jane Seymour y ahora Catalina Parr, ha terminado acercándose de nuevo a Enrique, siendo su presencia en la corte habitual. Sin embargo la pobre pierde a Chapuys, el embajador imperial, quien fuera su mejor amigo todos estos años. Isabel también aparece, teniendo la presencia justa para señalar brevemente sus tendencias de cara al futuro (no casarse y continuar con la reforma religiosa). Por cierto, no sé por qué el embajador francés llega a salir en los créditos iniciales a pesar de su escasísima relevancia y Chapuys o Gardiner no lo hacen.

Tras el reciente matrimonio con Parr, Enrique, ávido de acción y deseoso de realizar alguna proeza antes de su muerte, se empeña en ir a alguna guerra. Lo consigue con los nuevos roces entre Francia y el Imperio, aliándose esta vez, para sorpresa de todos, con Carlos V, después de años de distanciamiento. Su objetivo, recuperar las tierras de Francia que pertenecieron a Inglaterra. El asedio a Bolonia es magnífico en todos los sentidos, sobre todo el visual. La recreación de la ciudad y del asedio con las murallas, los cañones, el campamento, los túneles… Todo ofrece un nivel de calidad insólito para una serie. Obviamente llega a verse alguna limitación (lo digital se nota, por ejemplo), pero hay que ponerse en situación: dinero, dificultad… El resultado es digno de alabanza: no solo la HBO (Roma, Deadwood) se atrevía a realizar superproducciones de tal calibre. Además no se descuida nada el guión. Las tramas, tanto las personales (el romance de Brandon es muy interesante, la obsesión de Enrique también) como las políticas (el conflicto entre reinos) y la bélica (las vicisitudes del asedio se desarrollan con sumo detalle) son muy completas para los pocos capítulos que se les han dedicado. Da la sensación de que es una temporada dentro de otra, pero funciona de maravilla.

El entusiasmo del rey decae con la dificultad de la guerra, y se recluye en la corte. Pero como comentaba, este tramo final baja bastante el nivel, dejando una clara sensación de que no sabían muy bien cómo cerrar la serie. Destaca el intento del cardenal Gardiner de derribar a la reina y los roces de esta con Enrique, que no dan para mucho. Mientras, el complot por controlar a su heredero no despierta pasiones, y solo merece recordar al conde de Surrey, con sus últimas rebeldías y el juicio.

La vejez de Enrique aburre, dando un último episodio bastante decepcionante. Del capítulo final de una serie se espera mucho, pero el de Los Tudor no ofrece nada llamativo, solo es un recordatorio sentimentaloide de eventos pasados, con visitas de novias-fantasma a través de unas visiones horrorosas y sin sentido aparente. Además le sumamos otras escenas oníricas y queda un batiburrillo de existencialismo barato. Ni si quiera se dignan en mostrar la muerte del rey (¡y eso que el episodio se llama Muerte de un monarca!), dejando un no-final bastante frío e insípido. Por si fuera poco el aspecto de joven de Rhys Meyers termina por explotar del todo, a pesar de que su interpretación es tan esforzada y eficaz como de costumbre. El salto a rey viejo es torpe: en un capítulo se desmaya y para el siguiente parece que han pasado un montón de años, cuando no es así. La negativa del actor a ponerse un traje de obeso, sumada a su rostro infantil que no han sido capaces de ocultar con maquillaje y a su espantosa voz disimulada, alejan aún más la figura de la serie del rey real, aunque los productores se justificaron diciendo que un protagonista feo no gusta y que es ficción y entretenimiento antes que documental. Lo de la voz de hecho es mosqueante: a lo largo de toda la temporada finge en unas escenas pero se olvida de hacerlo en otras, como si no hubiera control de los productores y directores y el actor improvisara.

Como es de esperar la serie acaba sin extenderse en las historias del hijo y las hijas de Enrique VIII, pues se centraba en su figura y si se ponen a añadir no acabarían nunca. Pero sí resumen en texto sobre la pantalla los aspectos más relevantes de los reinados que vinieron tras la breve vida de Eduardo. Lady María sacó toda su ira reprimida y se dedicó a quemar gente a lo loco, y Lady Isabel, opuesta a la anterior en forma de ser y pensar, sobre todo en el aspecto religioso, se convirtió en la gran dama de país, forjando la llamada Edad Dorada. Este personaje se ha mostrado en cine varias veces, siendo ineludible citar las dos películas escritas por el propio Michael Hirst e interpretadas por Cate Blanchett.

Ver también:
- Temporada 3.
- Temporada 2.
- Temporada 1.

THE WALKING DEAD – TEMPORADA 4, PARTE II.

The Walking Dead
AMC | 2014
Productores ejecutivos: Scott M. Glimpe, Greg Nicotero, Gale Anne Hurd, David Alpert.
Intérpretes: Andrew Lincoln, Steven Yeun, Chandler Riggs, Norman Reedus, Melissa McBride, Lauren Cohan, Emiliy Kinney, Chad L. Coleman, Danai Gurira, Sonequa Martin-Green, Lawrence Gillard, Michael Cudlitz, Josh McDermitt.
Valoración:

Alerta de spoilers: Obviamente no se recomienda leer si no la has visto.–

Viendo que prácticamente cada mitad de temporada es una temporada distinta, al final he optado por tratarlas así, dedicando el comentario a cada sesión y sin esperar al conjunto para darle la nota, porque de un tramo a otro puede variar bastante.

El ataque del gobernador da pie a un nuevo cambio de juego. The Walking Dead inicia otro ciclo, y en este definitivamente se ha asentado como una buena serie. Y ya sé que he dicho esto más de una vez, pero es que sigue sorprendiéndome para bien. Con el sueño de vida sedentaria destruido, nuestros protagonistas salen en desbandada en grupos pequeños o incluso en parejas. El actual showrunner, Scott M. Glimpe, se marca otro órdago de cuidado después del comentado periplo del Gobernador (muy atractivo a pesar de que bastantes espectadores no supieron apreciarlo): centrar cada capítulo en uno de esos grupos, o como mucho en dos. Difícil mantener el ritmo y el interés, complicado gustar a todos los seguidores por igual… Pero lo consigue con creces. Salvo las críticas absurdas a Still (412), probablemente el mejor episodio de la nueva etapa y que muchos han puesto a parir (mientras al resto no, a pesar de estar en la misma onda), la gente ha recibido bastante bien este arriesgado estilo. La razón es clara: por fin se ha dedicado tiempo a explorar a fondo cada personaje. Ya era hora, que estamos en la segunda parte de la cuarta temporada. Hasta los que parecían de pegote ganan atractivo al adquirir profundidad: Beth resulta encantadora, Michonne ya no es solo la tipa molona de la catana y los demás secundarios no son solo figurantes.

El relato de cómo Michonne acaba con los zombis “amaestrados” es escalofriante, y su encuentro con una casa con una habitación para niños muy triste. A partir de ahí es fácil entender la conexión con Carl. La reaparición de Carol no sorprende, pero el capítulo dedicado a las dos niñas es muy intenso. Que la chavala estaba fatal de la cabeza y terminaría haciendo daño a alguien se veía venir, pero yo esperaba que hiriera a Carol, no que se cargara a la hermana. El momento es espectacular, duro y demoledor como debe ser una serie que narra los peores momentos de la humanidad. Y la situación permite el perdón de Tyreese a Carol, otra escena de gran fuerza.

Daryl sigue creciendo, siendo de hecho desde hace años el más atractivo de todos. Su individualidad se diluye ya por completo por el sentimiento de pertenencia al grupo. El citado Still es delicioso, dos personajes completamente perdidos reencontrándose consigo mismo y uniéndose para superar la adversidad tras dejar atrás definitivamente todos los fantasmas internos. Pero el secuestro de Beth destruye el idilio, y Daryl cae momentáneamente en un grupo de desalmados egoístas. ¿Desharán lo que había andado o conseguirá sobreponerse? Que no deje tiradas a las víctimas de ese gurpo es la respuesta. En cuanto a Beth, desde que dice que no piensa llorar más me tuvo ganado después de temporadas donde era una secundaria de adorno. Decide dejar de ser una niña para vivir mirando hacia adelante.

Maggie y Glenn me gustan menos, y la obstinación cabezona por encontrarse el uno al otro no termina de funcionar como historia romántica (de hecho el reencuentro en el túnel no es nada emocionante), pero enriquecen su presencia con un nuevo grupo de secundarios. El militar que no es solo un flipado de las armas y de la misión y el nerd antisocial evoluciona muy bien; además prometen una buena trama de cara al futuro (el tema de conocer algo de la enfermedad) y una pizca de humor: el friki se marca unas frases gloriosas, donde se roza la parodia pero sin patinar. Sasha y Bob por un lado y la dulce Tara por otro son relativamente nuevos y todavía no me han ganado por completo, pero por ahora van bien encaminados, y su aventura de supervivencia, enfrentados tanto a ellos mismos como a la situación, es efectiva.

Por primera vez The Walking Dead consigue que me interese por los personajes hasta el punto de que me inquiete el porvenir casi todos, salvo Rick, que sigue siendo bastante limitado, sobre todo gracias al penoso actor (el momento en que amenazan al hijo es de vergüenza ajena y la cansina pareja enamorada, que aparte de amorío ñoño no dan mucho más ), de sí. En cuanto a la trama seriada tenemos lo de Terminus (la terminal). Está claro que el viaje por las vías es una excusa para mostrar el viaje interno de los personajes, pero el ofrecer un destino concreto siempre viene bien para tener un punto sobre el que hacer girar los acontecimientos. Terminus se presenta inquietante, pues a estas alturas todos estamos acostumbrados a esperar lo peor, y de hecho resulta ser una trampa.

El último capítulo no es espectacular, la dualidad entre el Rick duro y el Rick civilizado queda demasiado remarcada, con flashbacks a todas luces innecesarios, puestos ahí para forzar la lágrima fácil rememorando personajes fallecidos, y el desenlace es algo predecible (sabemos que saldrán de ahí), pero tampoco es que hubiera muchas formas de terminar la temporada reuniendo a la gente y dando un cierre abierto e impactante. Además el tema de la secta caníbal pone de manifiesto de nuevo que el hombre sigue siendo el peor enemigo del hombre, y trata otro de los muchos temas interesantes que un apocalipsis de la humanidad puede ofrecer. No será un gran episodio final, pero la cohesión y calidad de la temporada (ambas partes, en esta ocasión no hay irregularidad) son más que suficientes para esperar con interés el próximo año.

Ver también:
- 4-I.
- 3-II | 3-I.
- 2-II | 2-I.
- 1 | Piloto.

LOS TUDOR – TEMPORADA 3.

The Tudors
Showtime | 2009
Productores ejecutivos: Michael Hirst, varios.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Henry Cavill, James Frain, Annabelle Wallis, Max Bron, Joss Stone, Anthony Brophy, Joanne King, Alan Van Sprang, Gerard McSorley, Max von Sydow.
Valoración:

En la tercera temporada tenemos otros actores desaparecidos. Aunque no he encontrado información concreta sobre por qué los intérpretes se largaron o dejaron de estar disponibles, parece indudable que se ausentaron, que no fue decisión de Michael Hirst prescindir de los personajes. Sin ir más lejos, algunas veces se nota que hace malabares para tratar las tramas que se veían afectadas por alguno de estos: mencionan a Norfolk y Cranmer en varias ocasiones, incluso como si estuvieran ahí. Así pues, no sé cómo Hirst sacó adelante Los Tudor sin desfallecer en el intento.

No tenemos más a Hans Matheson, el arzobispo luterano Thomas Cranmer. Como vimos en la segunda temporada fue importante en el ascenso de Enrique como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, y seguiría siéndolo en otros momentos relevantes. Otro ausente es Peter O’Toole como el Papa Pablo III, quien sin duda continuaría siendo importante en la opisición del papado a Enrique, y más cuando entra en juego Reginald Pole. A cambio nos ponen a un cardenal encarnado por otro veterano de gran nivel, Max von Sydow. Otra sorpresa es que cambian a la actriz de Jane Seymour: en la segunda sesión era Anita Briem y ahora Annabelle Wallis, aunque ciertamente se parecen mucho. Tampoco he encontrado razones concretas del cambio, pero esto pone de manifiesto lo obvio: ¿por qué no buscaron otros actores para esos otros personajes indispensables? Norfolk era esencial, y Cranmer casi también. Ambos son cruciales en la presentación y caída de Catalina Howard (que además era familia del primero), y Norfolk fue uno de los principales artífices de la caída de Cromwell.

Con este panorama da la sensación de que en cada temporada perdemos personajes muy atractivos que son sustituidos por otros con algo menos de sustancia. No causa esto un bajón notable porque las tramas principales mantienen un nivel excepcional, pero obviamente se echan de menos esos protagonistas que quitaban la respiración en cada escena, como Wolsey, Moro, los Bolena o Norfolk. Los hermanos Syemour no resultan tan fascinantes como esos, y la incoporación de Sir Francis Bryan (el del parche) no se hace bien: aparece en la corte sin más, sin que se explique quién es y por qué todo el mundo le trata como si llevara toda la vida ahí. Además éste prácticamente solo sirve para algunas tramas secundarias: los amoríos aburren, pero la odisea tras Pole por suerte es más interesante; y para colmo desaparece en la próxima temporada, pero era tan poco llamativo que ni te das cuenta.

Enrique se casa con Jane Seymour (o Juana según algunos) y si bien la convivencia tiene sus baches (la espera porque se quede embarazada pone nerviosa a media corte), la reina es muy inteligente y hábil y queda claro que podría sobrevivir a cualquier cosa. Su ambición no ciega su precaución: es dulce y amable, aguanta todo lo que le echa el rey encima, incluso las amantes, cosa que de hecho fomenta para mantenerlo contento. Y no reniega del catolicismo pero tampoco lo airea. Con sus buenas maneras se hace amiga de todos y cae bien a todo el mundo, incluso al espectador, pues el personaje está muy conseguido y resulta adorable. Pero va y se muere de parto. Eso sí, deja al heredero, Eduardo VI, que reinaría tras Enrique. El rey desespera, cae en una depresión que le cuesta horrores superar. Todo un capítulo lo dedican a ello, con su aislamiento con el bufón. De ahí salió (al menos según la serie) la ida del olla del palacio de Nonsuch (algo así como “El que no existe”), una barbaridad que solo se pudo pagar porque Cromwell había llenado las arcas del Estado a costa de saquear templos e iglesias. La pena es que de este fastuoso castillo no queda nada, solo algunos bocetos y piedras.

Mientras, hemos visto también el alzamiento del Norte. Los abusos de Cromwell tenían que explotar en algún momento. Unos pocos nobles llevan las reivindicaciones del pueblo, y si no son escuchados habrá guerra. Enrique hace aquí gala de su autoritarismo de forma bastante rastrera: mediante engaños descabeza la rebelión. Charles Brandon es quien se hace cargo del proceso, y además debe dar ejemplo ejecutando a cientos de plebeyos. Desde este evento el Duque de Suffolk no será el mismo, acosado por el dolor y la vergüenza. El actor Henry Cavil mejora mucho respecto a las primeras temporadas, mostrando muy bien como el personaje se oscurece y se ve perseguido por esos fantasmas.

Para animar al rey le buscan un nuevo matrimonio. Las pesquisas dan bastante de sí, exponiendo en poco tiempo todos los pasos y trámites de la época. Finalmente la elegida es Ana de Cleves, pero el entusiasmo del rey se viene abajo cuando la conoce y no le gusta nada. Aquí hay que hacer un acto de fe, porque otra vez los productores (o quizá el propio Hirst) se empeñan en poner una persona atractiva en un personaje que no debe serlo. La Ana de Joss Stone es prácticamente tan guapa y dulce como lo fue Jane. ¿Por qué el rey dice que es fea como un caballo? Porque Ana de Cleves lo era, al parecer, y además tendría cicatrices de la viruela. Por suerte este matrimonio también se narra muy bien. Centrando mucho el punto de vista en la dulce y tímida chica consiguen un capítulo muy sentimental y trágico; las escenas donde el Rey la rechaza y ella no aguanta el olor de la úlcera de la pierna son demoledoras. Sorprendentemente, para suerte de Ana, Enrique no vio agravio en la situación y a pesar de su desagrado procedió a anular el matrimonio sin buscar excusas para cargársela. Luego además la trató como a una amiga o hermana.

No nos olvidamos de Lady María, quien no tiene una trama importante pero está siempre por ahí pululando y sufriendo por todo y todos, porque como buena fanática todo lo que no se ajustaba a sus normas resulta diabólico. Sarah Bolger es de nuevo, a pesar de su edad, una de las grandes intérpretes de la temporada. Y Lady Rochford (Joanne King), quien fuera la esposa florero de Thomas Bolena, sigue ganando protagonismo como dama del séquito de las reinas.

Tras el cuarto matrimonio de Enrique vendría el quinto. Los Seymour proponen a una chica cercana a su familia (y también a la de los Norfolk, como decía), Catalina Howard (o Katherine si no lo traducimos). Aparece solamente al final, pero con unas pocas escenas te gana por completo, pues Tamzin Merchant deslumbra con su erotismo y jovialidad: sus ruiditos y risitas son encantadores. Con la joven alocada llena de vida y sensualidad Enrique ve colmado sus deseos sexuales y afectivos, pues la chica es muy fácil de complacer en los segundos e insaciable en los primeros. Aquí de nuevo tenemos el problema con Rhys-Meyers: al final de la temporada Enrique tiene 48 años, pero aparenta menos de treinta, con lo que el contraste con la adolescente de Catalina casi no existe. Por lo demás, su interpretación sigue siendo muy buena, mostrando correctamente los numerosos altibajos del rey.

Entre la rebelión y el fallido enlace con Ana los nobles se posicionan en contra de Cromwell. Es demasiado extremista y tiene demasiado poder, así que se lo quitan de en medio con un complot. James Frain arrasa en los últimos capítulos, mostrando con enorme intensidad el final de otro de los grandes personajes de la serie. Pero aquí hay una pega. Aunque el equilibrio de poder de Cromwell está inestable desde principios de la temporada (genial cómo se aferra al matrimonio con Ana para mantenerse cerca del rey), el complot da la sensación de ir muy rápido y me pareció que no quedaba claro cómo consiguen que alguien tan poderoso caiga tan fácilmente. Sea como sea, su ejecución es memorable. Los Tudor es capaz de mostrar cuatro finales de personajes importantes con decapitaciones (contando la próxima de Catalina) y no dejar la sensación de que se repite un esquema o recurso o que pierde fuerza.

La realización sigue siendo exquisita, con una dedicación espectacular en la ambientación donde destaca el insuperable vestuario y la excelente iluminación en tonos naturales, pero este año también se ha puesto mayor empeño en mostrar exteriores (los castillos digitales han mejorado mucho), destacando los grandes paisajes y despliegues de extras en la rebelión del norte. En otras palabras, el presupuesto cada vez luce más y se aprovecha muy bien a la hora de rodar.

Aunque es indudable que arrastra algunos pequeños problemas (el complot contra Cromwell, el casting de Ana y las ausencias forzadas de personajes relevantes), la temporada no llega a resentirse. En el primer capítulo se presentan y empiezan a desarrollar todas las tramas del año, y de ahí al final (esta vez ocho episodios en vez de diez) no hay un momento de respiro en una vorágine de acontecimientos expuesta con enorme fuerza y calidad.

Ver también:
- Temporada 2.
- Temporada 1.

HELIX – TEMPORADA 1.

Helix
Syfy | 2014
Productores ejecutivos: Steven Maeda, Brad Turner, Ronald D. Moore.
Intérpretes: Billy Campbell, Hiroyuki Sanada, Kyra Zagorsky, Mark Ghanimé, Meegwun Fairbrothre, Jordan Hayes, Luciana Carro.
Valoración:

En las primeras impresiones hice una larga descripción del estilo y calidad de la serie, y me temo la temporada al completo no se aparta mucho de aquella opinión. Seguimos teniendo una premisa con gran potencial que los poco hábiles guionistas no saben explotar correctamente. Al menos queda claro que han aprendido de Perdidos. Los misterios se explican pronto, los giros y sorpresas no son humo. Le ha beneficiado mucho ser escrita sabiendo que iba a ser una temporada centrada en un solo caso. Lo malo es que han llevado esto al otro extremo. Las sorpresas te las han escupido en la cara una detrás de otra, sin exprimirlas bien, sin rodearlas del halo necesario para que impacten. En trece episodios hay más chicha que en varias temporadas de Perdidos o Expediente X, pero apenas se aprecia. El ritmo es vertiginoso y la mayor parte de los capítulos resultan entretenidos, pero la velocidad deja atrás la consistencia y profundidad: no hay tiempo a que el argumento cale, las sorpresas sorprendan, no se trabajan los personajes, la mitad de las cosas parecen ocurrir porque sí…

Para colmo, conforme se acerca el final de temporada en vez de ganar consistencia e interés pierde algo de fuerza. La trama adquiere complejidad, dando más trascendencia que un simple “hay un virus y luchamos”, pero la conspiración de la mega corporación oscura y el tema de la gente inmortal se exponen de forma embarullada, arrastrando inconsistencias numerosas. Así, el año acaba incluso decepcionando a pesar del bajo nivel inicial.

Lo peor son los personajes. No han pasado de ser comodines de la trama. Se presentaban como científicos del CDC, pero al final han sido de todo menos de lo suyo. Qué hacen organizando la seguridad cuando hay un equipo para ello en vez de estar en el laboratorio… Pero claro, el estudio en microscopio no da para buenas escenas de acción, así que los protagonistas se meten en todos los fregados y al virus realmente dedican muy poco tiempo, y cuando lo hacen las soluciones llegan por arte de magia, no a través de una investigación tangible. Ningún personaje hay para rescatar. El Doctor Alan Farragout es cansino, sobre todo gracias al tono de voz susurrada de Billy Campbell. Hatake es imposiblemente falso. Julia es un coñazo, y su paseo en solitario un tostón. Sarah una criaja increíble en su posición de gran científica, y el tema del cáncer sentimentalismo barato. Y sobre todo me pregunto qué pinta Balleseros en todo esto: no se sabe para quién trabaja, qué pretende, por qué se alía con unos u otros… El viaje al pueblo esquimal ha sido un sopor: si un Miksa era cargante, dos ni te cuento, y súmale la hermana petarda.

Tonterías, salidas de madre y las citadas inverosimilitudes hay un puñado en cada episodio. Hatake, el director del complejo, se mantiene en su estilo toda la temporada, con su pose críptica y su incomprensible manía de guardar secretos mientras todo se viene abajo y llora porque su proyecto sale mal: ¡pues ayuda hombre, ayuda! Al final aparece gente porque sí: el niño con la hoz es de un sensacionalismo que espanta, la madre metida en una caja es la muestra definitiva de que aquí las sorpresas cuentan más que la más mínima lógica narrativa. Hay infinidad de escenas que te hacen torcer el gesto, pero se lleva la palma la gilipollez de que cuatro pringados se acerquen de frente a un ejército de motos de nieve como excusa para forzar la sorpresa de que son teledirigidas y tienen explosivos. Pues vale, has mandado unas bombas rodantes a una base medio enterrada y las haces explotar por ahí fuera… ¿Qué sentido tiene? De ninguna manera iban a lograr que entraran, se vería por las cámaras el truco. Por no decir que si los malos tienen recursos para desperdiciar cien motos, ¿por qué luego atacan la base en grupitos e improvisando? Para rematarlo todo tenemos la broma final, con el plano de Julia en la cúpula de Illaria. Ridículo.

Otro título de ciencia-ficción que se convierte en polvo en las manos de los fans.

CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE – TEMPORADA 9 Y FINAL.

How I Met Your Mother
CBS | 2013
Productores ejecutivos: Carter Bays, Craig Thomas, Pamela Fryman.
Intérpretes: Josh Radnor, Jason Segel, Cobie Smulders, Neil Patrick Harris, Alyson Hannigan, Cristin Milioti.
Valoración:

Alerta de spoilers: Obviamente está lleno de datos reveladores sobre el final de la serie.–

Cuando anunciaron que dedicarían toda la última temporada a contarnos únicamente el fin de semana de la boda de Robin y Barney no sabíamos qué esperar. Luego resultó que no era para tanto. La serie tira más que nunca de saltos temporales y narraciones entrelazadas, de forma que los pocos días se estiran sin problemas. Bueno, es un decir. En realidad la falta de chispa de los guiones, la pérdida paulatina de calidad empezada en la quinta temporada, siguió aumentando, dando la que es la temporada más floja y aburrida de todas. Nada digno de mención ocurre en las tramas principales, todas estancadas en historias personales agotadas. Y menos aún tenemos en las secundarias, que las salva Barney como es habitual. ¿Capítulos para recordar? Este año menos todavía. Prácticamente sólo el de las bofetadas (914, Slapsgiving 3: Slappointment in Slapmarra), el único original y arriesgado (y curiosamente, el más denostado por los fans, algo que soy incapaz de entender), y el dedicado a la trayectoria de la madre (916, How Your Mother Met Me).

Lilly y Marshall se ven limitados a secundarios cómicos de relleno, con el cansino cuento de irse a Italia alargado demasiado; Alyson Hannigan se ha apalancado en el personaje cosa mala: su interpretación resulta cansina en los últimos años, con esa voz de falsete horrible; y el viaje de Marshall hacia la boda, acompañado de una petarda de mujer, ha sido de una cutrez lamentable. Ted… Ted… no recuerdo nada que hiciera Ted, salvo dar más vueltas alrededor de Robin en los obsesivos y enormemente aburridos capítulos antes del final. Robin y Barney, con más protagonismo, son los que mejor parado salen, pero el formato de la temporada también los exprime demasiado: ¿cuántos problemas y miedos de último momento hemos de tragarnos? Por no decir que dedicar una sesión entera a la boda (más los líos previos en las dos anteriores) para luego deshacerla en una sola escena en el final ha levantado ampollas.

Todos esperábamos ver desarrollada a fondo la historia de cómo conocen a la madre, primero el resto del grupo y finalmente Ted. Pero aquí nos dan en la frente con otra elección narrativa fallida y decepcionante. Aparece como secundaria brevemente aquí y allá, dejándonos con la miel en los labios, y lo peor, las idas al futuro mostrándonos los momentos clave de la relación con Ted no son ni la mitad de interesantes que los encuentros con los demás. En esa relación sólo se salva el capítulo dedicado a ella, donde nos muestran los casi encuentros que tuvieron ambos durante varios años. En él enlazan muy bien con el resto de la serie, tirando de nostalgia y estando atinados en la conexión emocional con el espectador. Pero eso es todo, porque de ahí al final llegan los peores capítulos, y el desenlace no ha contentado a muchos.

Entiendo que haya gente que se ha sentido estafada. El doble capítulo final da para dos lecturas, sin que sea fácil decantarse por una o ver cuál es la que pretendían los guionistas que calara. Por ejemplo, es comprensible que muchos hayan pensado que al final la madre queda relegada, infrautilizada e incluso insultada porque su historia, después de nueve años, resulta ser una excusa o trampa argumental y que el verdadero amor es Robin. Pero se puede ver de otra forma, que es como lo veo yo. Ted ha contado la historia de cómo después de mil traspiés y desencantos conoció cómo es el amor verdadero con la madre… Pero una vez fallecida ésta la vida sigue, y hay cerca otra persona con la que tiene buena conexión. Por ello el relato a los hijos es también una maduración (el soñador Ted admite que puede haber más de un amor en la vida) y una petición a los hijos, pues sutilmente les pregunta si aceptarían que pasara página y se fuera tras una vieja conocida.

El problema no son las tramas pensadas para el final, sino cómo lo han mostrado todo: condensando historias que piden a gritos más recorrido, mientras la temporada ha sido toda ella un quiero y no puedo donde no narraban nada digno de mención, donde daban rodeos postergando lo inevitable. De esta forma, les ha salido un episodio demasiado precipitado y bastante tocado por errores previos. Años con amagos de que algunos se van a trabajar a otra parte, unos por seguir su sueño, otros porque no les queda otra, y no pasa nada, todo vuelve a la normalidad tras algún giro facilón. Pero en el último capítulo todo eso ocurre de golpe, y de rápido y forzado queda muy tristón, no emocionante ni bonito como cabría esperar de una comedia que se acercaba a los instantes más felices de los protagonistas. Y lo peor, genera confusión, porque la transformación de algunos personajes es repentina y no tiene tiempo de calar en el espectador, con lo que muchos se llevan una impresión equivocada.

En el ejemplo de irse con Robin pesan considerablemente los eventos previos: nos han dicho por activa y por pasiva que Ted y ella se separan definitivamente, que no se ven compatibles, que tras tanto intentarlo está claro que no pueden estar juntos, mientras a la vez nos han machacado con la boda con Barney durante años… No puedes darle la vuelta en un minuto, necesita una exposición adecuada. Además también arrastra el efecto saturación. Tres años flojos donde los dos personajes han andado en círculos y los guionistas han reincidido tanto sobre su tormentosa relación han terminado agotando a los espectadores. Llega un nuevo rol, la esperada madre, y es novedosa y encantadora, y tiene una química con todos que ya no tienen estos entre sí (empezando por Ted y Robin), y el espectador obviamente se entusiasma con la chica. Pero de golpe nos cuelan a Robin de nuevo. Hubiera sido más claro y efectivo si hubieran dado más protagonismo a Tracy (el nombre de la madre, que me lo aprendí leyendo artículos en la red, porque en la serie de la poca presencia que tiene ni queda claro) mientras a la vez hubieran sido más sutiles con la relación entre Robin y Ted, sobre todo dejándola más abierta. Una queda muy relegada mientras la otra ve aumentada su presencia de forma equivocada, y así lo que pretendían los guionistas en el desenlace no hay quien lo entienda, solo podemos elegir una de las opciones que he comentado y decidir si nos gusta o no.

El otro problema con Robin es que lo precipitado de la ruptura con Barney y su separación del grupo provoca la sensación de que se ha convertido en una mujer fría y distante, y no se sabe si acaba siendo una solterona amargada o una mujer realizada a través de su sueño de triunfar en su trabajo. Esta trama también era para desarrollarla a lo largo de esta o varias de las últimas temporadas. Colada de sopetón en el último momento le hace más daño que bien al personaje. Con Barney lo mismo. Tres temporadas madurando paulatinamente para en última instancia forzar un repentino reset y volverlo una caricatura ridícula de sí mismo, para en un par de frases tratar de convertirlo en un padrazo. El espectador difícilmente puede asumir tanta información de golpe, y más si no se desarrolla bien. Si hubieran expuesto esa recaída (es lógico que tras la ruptura estuviera un tiempo perdido) y su posterior encuentro con una nueva forma de madurez a lo largo del todo el año habría quedado más claro, más creíble.

Con Marshall y Lily no han hecho ningún requiebro, han seguido por donde venían andando, es decir algo sosos pero al menos coherentes. Y estos dos dejan claro que hay momentos en que se puede ser predecible y otros en que no. El desenlace de una serie tiene que ser acorde a lo que se estaba mostrando, no puedes dar un giro repentino porque tiene todas las de resultar un desastre y enfadar a gran parte de los seguidores.

Ver también:
Temporadas 8 | 7 | 6 | 5

GIRLS – TEMPORADA 3.

Girls
HBO | 2014
Productores ejecutivos: Lena Dunham, Judd Apatow, Jennifer Konner.
Intérpretes: Lena Dunham, Allison Williams, Adam Driver, Jemina Kirke, Zosia Mamet, Andrew Rannells, Alex Karpovsky.
Valoración:

Alerta de spoilers: Hay unos cuantos spoilers importantes.–

Nueva etapa en la vida de estas jóvenes neoyorquinas enfrentadas al proceso de maduración, de búsqueda de un lugar en el mundo. Nueva temporada de la dramedia más inteligente y sutil que hay ahora mismo en televisión. No será la más divertida, pero es la más compleja y profunda. Mucha gente sigue sin ser capaz de verlo y la pone a partir, aunque este año parece que son menos, de hecho algunos dicen que la serie está creciendo muy bien a pesar de que la temporada es exactamente igual en tono y calidad que la anterior. De hecho incluso se puede decir que se echa en falta esos capítulos atípicos y extraordinarios que hubo en aquella. Más bien parece que por fin han entendido de qué va, que se han hecho a su peculiar estilo.

Siguen destacando los diálogos llenos de capas y capas que describen magistralmente a los personajes, donde Lena Dunham no da nada mascadito, pues esto no es una telecomedia simplona, hay que estar al tanto de las sutilezas, las acciones que dicen mucho más de lo que parece, los gestos que expresan cosas no dichas… Un gran ejemplo está en cómo Hannah va a ver a Adam antes de su función, soltándole noticias gordas en un momento en que puede desconcentrarle, lo que de hecho provoca la ruptura de la relación liberándola de ataduras de cara a su nueva meta. ¿Lo ha hecho ella a propósito o inconscientemente? El espectador es quien decide.

También es destacable su capacidad para ir desgranando una a una las limitaciones de los jóvenes, con un problema detrás de otro, con un tono generalmente desesperanzador pero de forma que no cae nunca en un drama lacrimógeno, sino consiguiendo que cada resbalón sea una lección aprendida, alimento para el enriquecimiento personal. Las protagonistas rara vez son realmente felices, las situaciones casi nunca dan solo luz. Si hay una esperanza al final del túnel se ha llegado a ella sufriendo varios golpes. Incluso la muerte de la abuela se presenta como un paso más en la vida, no como una tragedia. El final de temporada expone esto magistralmente: Hannah es aceptada en una escuela de alto nivel para escritores, pero ir allí supone romper con todo lo que le daba algo de seguridad actualmente.

En cuanto a la trayectoria concreta de cada personaje, como se veía venir poco a poco los secundarios van ganando espacio, incluyendo los hombres, que al principio se centraba la cosa más en el grupo de amigas. Es difícil hacer una serie coral con formato corto (25-30 minutos) y temporadas cortas (diez las dos primeras, doce ésta), por eso todas las dramedias se basan en una figura central muy fuerte. La gente se quejaba demasiado de que Lena Dunham iba de estrella copando todo el protagonismo, lo cual es una gilipollez propia de la ignorancia. Simplemente no hay tiempo para más, hay que ir poco a poco. Si repartes el tiempo equitativamente no hay manera de definir bien a ningún personaje. Californication o El séquito valen como ejemplo: son dos de las dramedias con más secundarios con importancia y calidad, pero estos fueron creciendo paulatinamente. Si algo me jode de algunas críticas (con esto de internet cualquier tonto puede escribir y tener seguidores) es que se señalen fallos que no son tales o que se esperen cosas que una serie ni siquiera intenta ofrecer.

Adam ya no es solo el novio rarito y el nuevo pilar sobre el que Hannah se apoya. Conocemos más a fondo su forma de ser y lo que espera y desea de su entorno. Hannah le gusta, pero es un torbellino de emociones con altibajos enormes, y se ve que se esfuerza por aguantar ese lado malo, aunque a veces una mirada dice claramente “pero que se calle de una vez”… Me encanta cuando explota soltando verdades como puños. A la que ya no aguanta ni una es a su hermana, más vagabunda que hippie y realmente insoportable. Dunham es capaz de hacer que sus personajes sean repelentes a veces, pero aquí se explaya de lo lindo. Ray a su manera también es más maduro que las chicas (por edad y experiencia), pero obviamente no es perfecto y tiene sus propios temores. El avance de su carrera laboral le da seguridad, pero no suficiente para saber cómo enfrentar a Marnie. Con Shoshanna ya pasó página: no va aguantar más chiquilladas.

Hannah sigue dando tumbos sin encontrar una dirección que le dé seguridad y la encamine hacia su realización como escritora. A veces no sabe lo que quiere ni lo que esperar del mundo. El trabajo en la revista le da dinero y por tanto estabilidad en la sociedad, pero por dentro está llena de dudas: aquí no evoluciono como escritora. Los momentos en que se va o no se va son fantásticos, y la salida sin aceptar su indecisión, sino tirando de su egoísmo, es tronchante. La posterior cena con los colegas del teatro de Adam es uno de los grandes momentos del año: todos hablan de su buena situación y ella, celosa, le da la vuelta para dirigirlo todo hacia su enooorme tragedia de haber dejado un buen trabajo que no le gustaba; las caras de asombro de todos son impagables; dan ganas de abofetearla mientras te ríes por la magnífica composición del personaje y de la escena.

Marnie se quedó sin novio y sin trabajo, y por lo tanto sin sustento emocional. Ya hemos visto como se deshace y es incapaz de recomponerse si no es realizándose a través de otros. Lo intenta con Ray, lo intenta con el compañero de Adam, el que toca la guitarra. Aquí también tiramos de sutilezas excelentes: ¿reniega del video musical o lo ve como un logro donde demuestra al menos ser buena en algo? Sus numeritos con el playback del bar señalan más bien eso último. Por la música establece una conexión con este tipo, pero él tiene novia… Flipante cuando se queda escondida mirando cómo pelean por su culpa, anhelando que la deje por ella.

Shoshanna es la más joven e inmadura. Ni siquiera ha terminado de definirse a sí misma, tirando de estereotipos (Sexo en Nueva York es su referencia principal). La carrera es lo único que tiene en mente, y si falla ahí se vendrá abajo, como vemos al final. Aparte de eso su evolución no es muy destacable, pero ya le tocará. La que gana este año tras su ausencia en el anterior es Jessa. Ella es de ir por la vida a lo bestia, cogiendo una tendencia y siguiéndola hasta el final. Así el matrimonio se fue al garete, porque realmente no tenían nada en común, solo era otra locura. Después de ese fracaso se sumerge en las drogas. La estancia en desintoxicación es divertidísima, su salida hacia la nada (sin trabajo ni objetivos) la aburre soberanamente, y la recaída se ve venir. En la parte final entre estas dos logran otro de los instantes del año: Shoshanna localizando a la hija del amigo drogadicto y estampándoles en la cara a él y a Jessa que están jodiendo sus vidas. Elijah, el amigo gay de Hannah (y ya de toda la pandilla) es muy interesante también, y supongo que tarde o temprano le darán más protagonismo.

En cuanto a episodios concretos decía que no hay ninguno que como en la anterior sesión destaque por un estilo diferenciado o por ser más intenso, pero puestos a señalar alguno elegiría el de las vacaciones en la casa de la playa. Se juntan todos los amigos fingiendo normalidad hasta que la cosa explota y se lanzan frases hirientes pero en el fondo sinceras, hasta que parece que se odian y se van a separar. Pero como en la vida misma, al final se perdonan y se aceptan muchos errores, porque todos los tenemos. El plano donde empiezan a bailar al unísono basta para expresar que la amistad y la vida siguen adelante indistintamente de los baches que nos ponga el entorno o nosotros mismos.

Ver también:
- Temporada 2.
- Temporada 1.